LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 12 de noviembre de 2017

'La casa verde': todo lo prohibido, todo lo prohibido

Mario Vargas Llosa y a su izq. Julio Cortázar. (POETASDELFINDELMUNDO)
La ciudad y los perros encendió en 1963 las luces. Puso los reflectores sobre el joven periodista peruano Mario Vargas Llosa, que había publicado en Lima un racimo de buenos cuentos y se aparecía ahora con una novela escrita con una música particular, hecha con las guitarras de siempre pero con sus cuerdas afinadas de otra manera.
La casa verde (1965) demostró que aquel resplandor era definitivo y reafirmó que la prosa de la lengua española sería más laberíntica y universal gracias a la explosión de una bomba preparada en Hispanoamérica que todavía no había estallado. Ni se llamaba Boom.
La segunda novela de Vargas Llosa, mostró que los cambios formales y las aventuras y rejuegos con el tiempo y las palabras de su primer libro se intensificaron, se hicieron tan hondos y difíciles que llegaron hasta niveles escandalosos para algunos críticos, que acusaron de inmediato al intelectual de hacer tan misteriosas y raras las vías de su relato que los pobres lectores no lo podrían comprender.
Con todas sus exigencias y rigores, se hizo popular. La historia avanza por diferentes espacios y tiempos que se alteran y pueden ser parte de la realidad o de la imaginación del autor y con solo prestar atención (y dejarse llevar por las indicaciones de Vargas Llosa) cualquiera que se adentra en sus páginas puede armar la estructura de la novela, enterarse de todo, disfrutarla, recibir sus mensajes y conocer en persona a Don Anselmo y la atmosfera densa de la casa que abrió en los arenales de Piura.
El español Juan Goytisolo se lanzó de lleno en la polémica sobre los encontronazos de la lectura de la novela con este párrafo lúcido y esclarecedor: "Navegar por el río de palabras de La casa verde es una incitante aventura. El relector va de sorpresa en sorpresa, arrimándose a sus orillas para tomar aliento y recapitular acerca de lo leído antes de emprender una nueva etapa de su periplo. La ambición creadora de su autor, difícilmente aprehensible en una somera lectura, se nos desvela entonces con nitidez. La reconstrucción de rompecabezas es tarea ardua pero su recompensa aguarda a quienes no se arredran ante la dificultad y apuestan por el triunfo final de la literatura".
Vargas Llosa ha contado que los recuerdos de una choza de tablas pintada de verde que vio en 1946 y la deslumbrante Amazonia que conoció en un viaje 12 años después por el Alto Marañón le dieron los personajes y las historias de la novela. Y que la mayor deuda que contrajo con esa obra fue, precisamente, por los aportes formales, con William Faulkner, "en cuyos libros descubrí las hechicerías de la forma en la ficción, la sinfonía de puntos de vista, ambigüedades, matices, tonalidades y perspectivas de que una astuta construcción y un estilo cuidado podían dotar a una historia".
El primero en hacer un examen sincero y a degüello a La casa verde fue un amigo de Vargas Llosa que vivía en Europa, un argentino implacable y sagaz que se llamaba Julio Cortázar. El peruano le envío por correo el manuscrito y su compañero se lo devolvió con una carta que, fuera de dos o tres asuntos personales y saludos para conocidos, era una crítica literaria acompañada por violines. "Vos sos América", le dice a Vargas Llosa el autor de Rayuela, "la tuya es la verdadera luz americana".
"La novela me interesa profesionalmente", escribe, "hay algo que tengo que decirte de entrada y sin el menor regateo: en el plano técnico, La casa verde es maravillosa". Cortázar añade: "Yo, que soy melómano incurable, no encuentro otra manera de decirte hasta qué punto la trama de tu libro me parece una especie de potenciación, de proyección hacia ese plano de la arquitectura sonora, sin la cual ninguna obra humana (plástica, literaria o poética) puede superar sus limitaciones".
Esa novela, con la memoria de sus viajes al Perú profundo y con la presencia asimilada de las hechicerías de Faulkner, recibió en 1967 el primer Premio Rómulo Gallegos, convocado por las autoridades culturales de Venezuela. La casa verde, que se había publicado en Barcelona, y el nombre de su autor, pasaron de repente a los principales espacios de la prensa de América Latina y España y de cualquier lugar del mundo donde se moviera el interés por la literatura.
El galardón con el nombre del maestro venezolano, recibido hace 50 años por La casa verde, consolidó y universalizó al autor peruano y comenzó la promoción de lo que sería después el Boom latinoamericano porque los dos siguientes premios Rómulo Gallegos recayeron sobre Gabriel García Márquez por Cien años de soledad y Carlos Fuentes por Terra nostra.
Vale la pena volver sobre este libro escrito hace más medio siglo para comprobar, después del arduo ejercicio de la lectura, que Mario Vargas Llosa lo firmó anoche, lejos de Perú, en una pequeña habitación de París.

Este texto apareció originalmente en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

TOMADO DE:     
 http://www.diariodecuba.com/de-leer/1510137295_35172.html
 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

El presidente, los intelectuales y ‘la muñeca tetona’

El periodista mexicano Diego Osorno presenta un nuevo documental sobre las relaciones entre cultura y poder en su país a partir de una foto kitsch de 1987



Desde la izquierda, de pie: el periodista Benjamín Wong, el economista Iván Restrepo, la escritora Elena Poniatowska, la promotora cultural Margo Su, el periodista Héctor Aguilar Camín; sentados: el escritor Carlos Monsiváis, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el expresidente Carlos Salinas y los escritores Gabriel García Márquez y León García Soler, en 1987.
Desde la izquierda, de pie: el periodista Benjamín Wong, el economista Iván Restrepo, la escritora Elena Poniatowska, la promotora cultural Margo Su, el periodista Héctor Aguilar Camín; sentados: el escritor Carlos Monsiváis, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el expresidente Carlos Salinas y los escritores Gabriel García Márquez y León García Soler, en 1987. Cuartoscuro
A Gabriel García Márquez le llamó una noche para pedirle que hablara con su amigo Fidel Castro de un asunto que le preocupaba a Bill Clinton. De Héctor Aguilar Camín aún recuerda de memoria su número de teléfono, y Elena Poniatowska cuenta que le llamaba a menudo, directamente, pero ella al escuchar su nombre al otro lado de la línea decía, “sí, y yo soy la Virgen de Guadalupe”. Y colgaba.
Carlos Salinas de Gortari, presidente de México de 1988 a 1994, y un grupo de intelectuales son los protagonistas del nuevo corto documental del periodista Diego Enrique Osorno y Alexandro Aldrete. En apenas 30 minutos, y con un torbellino de anécdotas, testimonios y datos, La muñeca tetona, indaga en las relaciones entre el poder político y el mundo de la cultura en su país.
Todo empieza con una foto en el salón de una casa de la capital en 1987. Nueve periodistas, promotores culturales y escritores: Elena Poniatowska, Margo Su, Iván Restrepo, Carlos Monsiváis, Benjamín Wong, Héctor Aguilar Camín, Miguel Ángel Granados Chapa, Gabriel García Márquez y León García Soler. Todos alrededor de un sillón, arropando a Carlos Salinas, por entonces secretario de Presupuestos, y que un mes más tarde se destaparía como candidato. En una esquina del sofá, una extravagante figura de lana con unos pechos desproporcionados con el resto del cuerpo.La muñeca estaba allí, pero en el documental funciona como un Mcguffin, un truco para disparar la trama, y a la vez, como un elemento de extrañeza, un símbolo de esa misma relación extraña entre cultura y poder político. Como también es un símbolo Carlos Salinas, “el presidente más habilidoso y controvertido del México moderno”, según Osorno, que presentó la cinta esta semana en unos cines de la capital. 
El camino presidencial de Salinas arrancó con la sombra de un pucherazo y terminó marcado por el asesinato de su delfín político. En medio, dio entrada a toda una nueva generación de tecnócratas formados, como él mismo, en universidades estadounidenses. Fue el padrino de la gran privatización del Estado priísta –bancos, minas, puertos, telefonía– y del tratado de libre comercio con EE UU y Canadá. El hombre “de la Perestroika mexicana”, como le llamó Gorbachov en un visita a Moscú, acabaría arrollado por una fuerte crisis política y económica, con su hermano encarcelado por corrupción y saliendo del país por la puerta de atrás para no volver durante años.
La foto es el recuerdo de las reuniones que cada 15 días aquel grupo de intelectuales mantenían con un secretario de Estado, y una vez al año con el presidente. “Eran reuniones no palaciegas, sino críticas, pero a la vez muy cordiales y con respeto hacia el invitado”, explica Restrepo ante la cámara. Osorno reclutó para la pieza a “todos los que aún están vivos –incluido Salinas–, salvo García Soler y Aguilar Camín, quien comentó que no se acordaba. En el caso de los que ya habían fallecido, decidí buscar a figuras del mundo intelectual de hoy que pudieran ser consideradas como expertos o incluso herederos, en cierta forma, de los protagonistas fallecidos de la foto”.
Para Jaime Abello, presidente de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por García Márquez, la propuesta del documental “es interesante, porque visto en perspectiva, ningún otro país cuenta con una institucionalidad cultural como México, un programa tan grande de becas, premios, apoyos a creadores”. El escritor Fabrizio Mejía, “representante” de Carlos Monsiváis, quizá el invitado a aquellas reuniones con una voz más crítica, sitúa esas relaciones en la lógica del clientelismo: “Era un sistema muy eficaz basado en construir clientelas, igual sirve un saco de cemento, que las ayudas en el medio cultural”.
El documental también lanza preguntas sobre el momento actual. Según el director de la cinta, “en esa época, el PRI buscaba legitimar su régimen autoritario acerándose a los intelectuales. Ahora Peña Nieto es un presidente que no sabe ni citar tres libros que haya leído. El gobernador de Nuevo León, se hace llamar El Bronco: desde el apodo está apuntando a una postura anti intelectual. Creo que ahora estamos en un momento político anti intelectual, pragmático y bárbaro.
En una primera versión aparecía Diego Osorno como director del documental. La pieza ha sido co-dirigida por Alexandro Aldrete
 
TOMADO DE:  https://elpais.com/cultura/2017/11/03/actualidad/1509672870_513780.html


domingo, 5 de noviembre de 2017

Favio: la estética de la ternura
por Jesús Dueñas Becerra
jesus@infomed.sld.cu
 
Favio: la estética de la ternura, del realizador venezolano Luis Alejandro Rodríguez Ruiz, es el título del documental que, filmado para honrar la memoria del cineasta Leonardo Favio, fuera estrenado en la trigésimo séptima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Dicho audiovisual en colores y con retrospectivas en blanco y negro, de 95 minutos de duración, y estructurado en imágenes de archivo y actuales, así como en los resultados de entrevistas a directores, actores y personal técnico, así como al ilustre intelectual suramericano. Profesionales del séptimo arte que, a lo largo de su fecunda existencia terrenal, establecieron con él sólidos lazos profesionales y afectivo-espirituales.
En las secuencias fílmicas correspondientes, se muestra lo mejor de su talento, porque Favio, tan versátil como indispensable en la cinematografía de nuestra América, tenía “duende”, al decir del poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca, y que, en buen cubano, no es otra cosa que estar tocado por el “ángel de la jiribilla”, según el poeta, escritor, crítico y periodista, José Lezama Lima.
Como ningún otro autor escudriñó en el alma popular a través de personajes inocentes, marginados o incomprendidos frente a un medio social, en ocasiones brutal y en extremo despiadado hacia esas personas, a quienes se les privara del tesoro más importante que —después de la vida y la salud— posee el homo sapiens: la dignidad y el decoro.
De acuerdo con los testimoniantes, en la producción intelectual y espiritual de Leonardo encontramos una aguda crítica social, pero enfocada con evidente ternura, y desde una óptica ético-humanista e ideo-estético-artística por excelencia.
En las obras que Fabio le aportara a la pantalla grande latinoamericana y universal siempre hay víctimas y victimarios y un marcado interés por llevar al celuloide los problemas sociales que afectan no solo a los pueblos de nuestro hemisferio, sino también a los de todas partes del orbe.
En la filmografía de Leonardo Favio hay —al parecer— un componente autobiográfico, porque procedía de una familia de escasos recursos socio-económicos, de extracción muy humilde, y por ende, tuvo una niñez y una adolescencia traumáticas por la influencia directa de uno de los flagelos sociales que le han hecho tanto daño a la humanidad, en la misma medida que las secuelas de los conflictos bélicos y el azote del VIH-SIDA: el morbo del tener, el cual ha desplazado al ser.
De ahí, que los audiovisuales salidos de su genio e ingenio sustenten tesis filosófico-antropogénicas, y en consecuencia, analicen —con afilado bisturí— las causas de los problemas que, desde épocas inmemoriales, afronta la existencia del hombre, como consecuencia de los efectos desintegradores de esa enfermedad social que socava las bases del amor, el perdón y la paz; pilares fundamentales en que, para Favio, descansa la gran familia humana.
Homenaje que estoy seguro dejará una honda huella en la mente y en el alma de quienes tuvimos la suerte de ver y disfrutar el documental Favio: la estética de la ternura, como homenaje póstumo a ese gigante de la cinematografía latinoamericana.

FAVIO La Estética de la Ternura (2015) ★ TRAILER Oficial

Teaser: Favio, la estética de la ternura

 

Nos fuimos a ver "Favio, la estética de la ternura"

 

A los 74 años falleció Leonardo Favio

Jesús Dueñas Becerra - psicólogo, crítico y periodista
jesus@infomed.sld.cu
 
Publicado, originalmente, en la web de la UNEAC http://www.uneac.org.cu/ - La Habana, 4 de diciembre de 2015
 
 
En Letras-Uruguay ingresado el presente trabajo el día 5 de diciembre de 2015

Autorizado  por el autor, al cual agradecemos.
 
Editado por el editor de Letras Uruguay
 
Ir a índice de periodismo

Ir a índice de Jesús Dueñas Becerra

Ir a página inicio

Ir a índice de autores

jueves, 2 de noviembre de 2017

Muere María Martha Serra Lima, la voz argentina más vendedora de la historia

La cantante no superó dos complejas operaciones en su espina dorsal

María Martha Serra Lima junto al trío Los Panchos.Ampliar foto
María Martha Serra Lima junto al trío Los Panchos. FACEBOOK
María Martha Serra Lima, la cantante argentina que más discos vendió en la historia de su país, murió hoy a los 72 en Miami, Estados Unidos, donde residía desde hace algunos años. La artista no pudo superar dos operaciones en su espina dorsal a las que se sometió hace un mes. Dijo entonces que estaba “muy asustada” con la intervención, pero tomó la decisión de ir al quirófano para no quedar paralítica. María Martha Serra Lima fue la artista argentina que más discos vendió en la historia de su país, icono de la música romántica de los 80 y una de las primeras mujeres en saltar a la escena internacional desde Buenos Aires. Su voz sonó en el Madison Square Garden en Nueva York y sus discos fueron un éxito en España, Puerto Rico, México, Venezuela y Chile.
“O me opero o no camino más”, había dicho Serra Lima cuando ya tenía decidido entrar al quirófano. "Tengo miedo, son intervenciones muy difíciles, vi en Internet que es dificilísima y complicadísima. Yo no tengo 15 años y uno siempre tiene miedo", reconoció. Las operaciones se realizaron a finales de septiembre en el Aventura Hospital de Miami. Su productora, HPU International Production Lic, advirtió en aquel momento que “la cirugía requiere de una rehabilitación importante, por lo que estará fuera de los escenarios por un término prudencial de tiempo, que lo determinaran los médicos intervinientes”.
La cantante padecía insoportables dolores lumbares y en sus piernas desde hacía años. Hoy, la misma productora confirmó la muerte de la artista desde su cuenta oficial en Facebook: “Ha partido físicamente de esta vida, a las 2.30 AM, dejándonos lo más lindos recuerdos de su paso por esta vida, con su personalidad, su don de gente y sus maravillosas canciones, ejecutadas con todo ese sentir que ella tenía en su voz".
La marca personal de Serra Lima fue una entonación perfecta y su voz baja, con la que interpretó los boleros más famosos hasta convertirse en una estrella. Su primer disco se publicó en 1978, y desde entonces nunca se detuvo. En 1981 editó con el Trío Los Panchos Esencia Romántica, una placa que vendió cinco millones de copias, en momentos en que las cifras de ventas eran el termómetro del éxito o el fracaso de un cantante.
En una de sus últimas entrevistas recordó que su carrera comenzó cuando ya tenía 34 años, por la oposición férrea de su familia a que se dedicara al espectáculo. “Recién empecé cuando murió mi papá”, dijo. La demora no le impidió editar más de cuarenta álbumes, que le valieron quince Discos de Oro y 35 de Platino. Sus interpretaciones más recordadas fueron Algo contigo, Cosas de la vida, Usted y Cenizas, por nombrar sólo algunos de sus éxitos.
Participó en películas y tuvo un recordado romance con Sandro, el cantante más popular de Argentina, quien le dedicó la canción Cosas de la vida. "Cómo olvidar cuando en una reunión, rozamos nuestra piel y el mundo se detuvo. La confusión nos invadió a los dos, tratando comprender, qué estaba sucediendo”, le escribió Sandro. Los restos de Serra Lima serán cremados y sus cenizas arrojadas al mar Caribe, escenario de sus boleros más famosos.
TOMADO DE:  https://elpais.com/cultura/2017/11/02/actualidad/1509632186_355614.html

martes, 31 de octubre de 2017

¿Os acordáis de Picasso?

El Thyssen junta obras del artista malagueño y Lautrec para mostrar la relación entre estos dos maestros de la modernidad

'Mujer desnuda recostada' (1965), de Picasso.
'Mujer desnuda recostada' (1965), de Picasso.
Antes de que el arte fuera lo que —institucional, oficialmente— es hoy: un medio dizque de acción política (de las que por lo demás no suelen lograr representación parlamentaria) o una ocurrencia que insiste, aunque ya como un banalizado intercambio comercial de contraseñas, en la insoluble aporía duchampiana de ser arte y antiarte a la vez, museo y realidad; antes, quiero decir durante el siglo XX, el paradigma artístico fue Picasso. El título de Cabanne —Le siècle de Picasso— era por eso exacto. Y la colección del MOMA hasta no hace tanto tuvo a Picasso por eje explicativo.
Durante la vigencia de ese modelo, un arte, pues, que había abandonado la mayúscula romántica pero no había caído todavía en la mayúscu­la contemporánea, retenía aún de las artes particulares sus propios protocolos, en cuyo ejercicio se comprobaba la efectividad de cada una como mediación con el mundo, con la realidad. El amor —carnal hasta el éxtasis— que mostró siempre Picasso, en concreto, por la pintura, fue incontestable, tanto como lo ajeno que le podía resultar un arte de nuevo mayúsculo, expandido, o sea, desprotocolizado. Quedó de manifiesto cuando por los años sesenta los llamados precisamente nouveaux réalistes y el pop se propusieron derogar al fin esa naturaleza mediadora o gramatical de las artes y disolverla o expandirla en la realidad (poco más o menos como ha ocurrido ahora con la ley en Cataluña).
'La cama' (1898), de Toulouse-Lautrec. ampliar foto
'La cama' (1898), de Toulouse-Lautrec.
Pero Picasso siguió pintando, obediente a la ley de la pintura, aunque aparte ya de la legalidad institucional. Y uno de los protocolos gramaticales propios de la pintura que ejerció con más ahínco fue el de la representación gráfica, lo que genéricamente diríamos el dibujo. De Picasso se dijo siempre: “Gran dibujante”. De ahí la pertinencia, además de la excelencia, de la exposición del Thyssen Picasso/Lautrec, que, comisariada por Francisco Calvo Serraller y Paloma Alarcó y con obras de más de 60 colecciones de todo el mundo, pone en relación a Picasso con Toulouse-Lautrec, precisamente. Porque la apropiación que de las maneras de Lautrec —dechado de dibujantes, cartelistas y caricaturistas modernos— hizo Picasso apunta justamente a ese corazón gráfico de su arte y a la importancia de la caricatura, que Baudelaire había ascendido a la consideración artística y publicaciones como Gil Blas o Le Chat Noir habían hecho extraordinariamente popular, en la práctica picassiana, o sea, en la de su amado arte de la pintura como instancia de mediación con el mundo. Y esto no sólo durante aquellos primeros tiempos parisienses, los de los rostros de burdel iluminados con luz de inframundo, o durante los periodos azul o rosa, sino —como la exposición da a ver y es uno de sus grandes méritos— siempre, hasta el fin de la vida del pintor, del pintor último que, así pues, estaba Picasso llamado a ser, por lo menos oficial, institucionalmente.
Lo vio muy bien, quizá el primero, Gustave Coquiot —aquí tenemos su mefistofélico retrato—, quien organizó en 1901 la célebre exposición chez Vollard, cuando habló de un periodo Steinlen (otro célebre caricaturista de Montmartre) y de periodo Lautrec. Picasso conocía a Lautrec de los tiempos de Els Quatre Gats, por Rusiñol y Casas. A los vagabundos, las putas, las bebedoras de ajenjo, los saltimbanquis —los saltimbanquis a quienes dedicó Rilke, a la vista del famoso cuadro de 1905, su quinta elegía— los vio Picasso en Lautrec tras haberlos previsto en Barcelona y acaso en los días madrileños de la revista noventayochista Arte Joven.
Lo caricaturesco y deforme era la representación convenida para lo particular, diferenciador y exagerado de las criaturas vivas, tan lejanas de las abstractas bellezas ideales. Por eso la caricatura y el cartel abocaban a una representación subversiva, transvaloradora. Y por eso no es extraño que el gran experto Werner Hofmann, al final de su libro La caricatura. De Leonardo a Picasso, quisiera reconocer en la Mujer llorando con pañuelo, de Picasso, a “la nueva Medusa de nuestra época”. Pero también concluía Hof­mann: “Una época en la que absolutamente todo cabe en un museo anula la protesta artística, no prohibiéndola, sino momificándola”. Y esa es la aporía del vigente orden político del arte o de su orden Duchamp, que nada quiere saber, claro está, de Picasso.
‘Picasso/Lautrec’. Museo Thyssen-Bornemisza. Hasta el 21 de enero de 2018.

domingo, 29 de octubre de 2017

 

Retrato de mi asesino

Se publica una biografía de Stalin en gran parte inédita que Trotski escribía cuando fue asesinado

“Stalin se divertía en su casa de campo degollando ovejas o vertiendo queroseno en los hormigueros y prendiéndoles fuego. Kámenev me dijo que, en sus visitas de ocio sabatinas a Zubalovka, Stalin caminaba por el bosque y continuamente se divertía disparando a los animales salvajes y asustando a la población local. Tales historias sobre él, procedentes de observadores independientes, son numerosas. Y, sin embargo, no faltan personas con este tipo de tendencias sádicas en el mundo. Fueron necesarias condiciones históricas especiales antes de que estos instintos oscuros encontraran una expresión tan monstruosa”.
Retrato de mi asesino
Estas palabras forman parte de una biografía singular. Por la relevancia de sus protagonistas, dos de las figuras prominentes de la Revolución Rusa, enfrentadas por una de las rivalidades más encarnizadas del siglo XX. Y porque el perfil quedó inconcluso después de que el retratado ordenara la muerte de su biógrafo. Stalin, la obra que León Trotski escribía cuando fue asesinado por Ramón Mercader en México en agosto de 1940, ha permanecido dormida durante más de siete décadas. Y después de muchas peripecias, mutilaciones y añadidos, vuelve a ver la luz en un volumen de casi mil páginas, en gran parte inédito, coincidiendo con el centenario de la llegada al poder de los bolcheviques.
La historia de este libro merecería la publicación de otro que la contara. Trotski, exiliado en México tras serle denegado el asilo en varios países, se sabía sentenciado por el líder de la Unión Soviética Josif Stalin. Pero no tenía particular interés en escribir la vida de su antiguo camarada. “No fue una venganza. Escribir esta biografía no entraba en los planes del abuelo. Estaba centrado en acabar otra sobre Lenin”, explica Esteban Volkov, nieto del revolucionario, en conversación telefónica desde Ciudad de México, donde reside. “Pero necesitaba dinero y la editorial Harper & Brothers de Nueva York le hizo una oferta generosa”.
Volkov, a punto de cumplir 92 años, ha sido durante décadas el guardián de la memoria de su abuelo. También es director de la Casa Museo León Trotski, entre cuyos muros fue asesinado el revolucionario en agosto de 1940 por un golpe de piolet del agente estalinista Ramón Mercader. El mismo escenario donde se presentará la versión en español del libro, publicada por la editorial mexicana Fontamara, el día 11, coincidiendo con el aniversario de una Revolución de Octubre que por diferencias entre los calendarios gregoriano y juliano, sucedió en noviembre para el resto del mundo. La obra se publicó hace un año en inglés en una editorial marxista de Londres y fue traducida después al italiano y al portugués, pero la noticia no tuvo repercusión en los grandes medios.
Harper & Brothers publicó una versión incompleta del libro en inglés en 1946. Antes no era posible, porque EE UU y la Unión Soviética eran aliados contra Alemania. Pero la viuda de Trotski, Natalia Sedova, pleiteó en los tribunales sin éxito para que fuera retirada. Sus objeciones se dirigían, sobre todo, contra el editor y traductor de la obra. “Hizo una deficiente edición del libro, con mutilaciones y múltiples añadidos de su cosecha muy alejados del pensamiento político del abuelo”, explica Volkov. El propio Trotski nunca tuvo demasiada confianza en su traductor, y había montado en cólera cuando supo que había enseñado algunos originales a terceras personas. “Parece tener al menos tres cualidades: que no sabe ruso, que no sabe inglés y que es tremendamente pretencioso”, escribió en una carta al periodista estadounidense Joseph Hansen. 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sangre sobre papel
 
JORGE F. HERNÁNDEZ
La biografía más trascendental de Joseph Vissarionovich, tristemente celebrado aún por algunos por su apodo: Stalin, es un retrato minucioso del diabólico dictador ruso en 890 páginas, escrito nada menos que por León Davidovich Bronstein, que conocemos como Trotski. Parece increíble que al publicarse en inglés hace un año no haya provocado titulares a ocho columnas o revuelo en las redes ni reseñas diversas. Vivimos en amnesias funcionales que creen saciarse con 140 caracteres donde al menos dos generaciones sólo saben algo de León Trotski por las películas, postales, cafeteras y demás productos que circulan desde que Frida Kahlo se convirtió en marca registrada.
La inmensa biografía firmada por uno de los principales líderes de la Revolución Rusa desmenuza quirúrgicamente la demencia increíble de un sanguinario traidor de esa misma Revolución: un animal que parecería indescriptible de no contarse con miles de documentos, fotografías (incluso las alteradas “por el bien de la Historia”), testimonios, sobrevivientes de las purgas, náufragos del Gulag, proscritos redimidos y seguidores arrepentidos que incluso desde el primer triunfo bolchevique dejaron constancia de su reguero de desgracias y compendio constante de crímenes. Entre los párrafos que pergeñaba Trotski durante su exilio incansable en su frágil fortaleza de Coyoacán, estaban sobre la mesa los papeles que serían su lápida, cuya redacción se interrumpió en cuanto Ramón Mercader clavó su piolet de montañista en su cráneo.
Trotski forcejeó con el enviado, sabiendo que su verdugo se hallaba sonriente en el Kremlin y quizá durante su agonía pensó que al menos gran parte de la escrupulosa biografía del verdugo de él y de casi toda su familia, de millones de seres humanos y de no pocas ilusiones utópicas estaba prácticamente terminada. Había aceptado escribirla por el jugoso pago que prometió una editorial americana, cuyo traductor tuvo a bien mal-traducir, editar e incluso, enmendar y añadirle párrafos de su propia cosecha. Eso ya quedó corregido y contamos ahora con la publicación de un retrato del Diablo hecho en prosa sobre papeles… manchados de sangre.
Pero una parte de la obra no llegó nunca a manos de la editorial. Cuando se supo sentenciado, Trotski envió a la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, muchos de sus documentos para su custodia. “Los archivos salen esta mañana en tren”, había escrito el revolucionario el 17 de julio de 1940, un mes y tres días antes de su asesinato. Y allí se acumularon 20.000 documentos que ocupaban 172 cajas de artículos, fotografías y papeles manuscritos, mecanografiados, traducidos y sin traducir, con gran cantidad de correcciones que demostraban lo extraordinariamente meticuloso que era con su trabajo.
Capítulos enteros del libro sobre Stalin permanecieron así dormidos hasta que en 2003 el historiador galés Alan Woods comenzó a indagar en la montaña de documentos para rescatar la versión más amplia e íntegra posible del libro. Y después de más de diez años de trabajo el resultado fue una obra un tercio más extensa que el libro publicado en los años 40, sin los añadidos del primer traductor y, ahora sí, con las bendiciones de la familia de Trotski.
Woods coincide con Volkov en que Trotski no quería escribir este libro. “Pero una vez que se puso a ello, lo hizo concienzudamente, con mucha documentación y detalles incluso del periodo más desconocido de la vida de Stalin, su infancia. Para cualquier lector es un estudio psicológico fascinante”, explica desde Londres, donde reside. El historiador es un activo miembro de la Corriente Marxista Internacional. Participó en la lucha contra el Franquismo en España y fue firme defensor de la revolución bolivariana y amigo personal de Hugo Chávez, aunque en los últimos tiempos se ha distanciado de la deriva del Gobierno venezolano.
Los dirigentes del Partido Bolchevique eran en general gente muy capacitada, y entre ellos brillaba Trotski, que dominaba cinco idiomas y escribía varios libros a la vez. Stalin aparece en cambio retratado por su gran rival político como un hombre de horizontes limitados. Ese perfil mediocre coincide con el que hicieron otros observadores, como el periodista estadounidense John Reed, que en su crónica Diez días que estremecieron al mundo menciona a El hombre de acero solo dos veces y a Trotski nada menos que 67.
Pero, por lo que se cuenta en el libro que ahora se presenta, las cualidades de Stalin eran otras:  la astucia y el arte de la manipulación. “La técnica de Stalin consistía en avanzar gradualmente paso a paso hacia la posición de dictador, mientras que representaba el papel de un defensor modesto del Comité Central y de la dirección colectiva. Utilizó a fondo el período de enfermedad de Lenin para colocar a individuos que le eran devotos. Se aprovechó de cada situación, de cada circunstancia política, de cualquier combinación de personas para promover su propio avance que le ayudara en su lucha por el poder y lograr su deseo de dominar a los demás. Si no podía elevarse a su altura intelectual, podía provocar un conflicto entre dos competidores más fuertes. Elevó el arte de manipular los antagonismos personales o de grupo a nuevas alturas. En este campo desarrolló un instinto casi infalible”.
Sin embargo, Woods no atribuye la llegada al poder de Stalin a su carácter. “Era un niño maltratado por su padre, rencoroso y con tendencias sádicas. Pero no todos los maltratados se vuelven monstruos. Como no todos los artistas fracasados se vuelven Hitler”. Y propone un argumento marxista para explicar su ascenso. “En todas las revoluciones hay un periodo que necesita héroes, gigantes. Cuando llega a un periodo de declive, necesitan mediocres. La degeneración burocrática hubiera tenido lugar sin o con Stalin, porque Rusia era un país aislado y atrasado. Pero en este caso la burocracia se encarnó en un personaje sanguinario”.
¿Pudo acelerar el libro el asesinato? Stalin estaba muy bien informado de lo que hacía su rival. Cada mañana tenía los últimos artículos de Trotski sobre su mesa. Y Volkov recuerda cómo Robert Sheldon Harte, guardaespaldas de su abuelo a quien se atribuye la traición que facilitó un primer atentado contra él en mayo de 1940, le preguntaba siempre por la marcha de la obra. “Como cualquier criminal tenía que eliminar los testigos”, coincide Woods.

Esteban Volkov: “Uno de los grandes crímenes de Stalin fue mutilar la memoria”

Esteban Volkov, en su casa de Ciudad de México en 2016.
Esteban Volkov, en su casa de Ciudad de México en 2016.
B. M.
Esteban Volkov (Yalta, entonces Unión Soviética,1926), nieto de León Trotski y heredero de su legado, prepara estos días los actos para conmemorar el centenario de la Revolución Rusa en Ciudad de México, donde preside la Casa Museo en la que fue asesinado su abuelo. Allí llegó en 1939 para acompañarle en su exilio siendo apenas un adolescente, después de que su padre desapareciera en el Gulag y de que su madre muriera acosada por los sicarios de Stalin. Fue herido en un pie en el atentado que el pintor David Alfaro Siqueiros organizó para acabar con la vida del revolucionario en mayo de 1940 y pocos meses después fue testigo de la agonía de su abuelo tras ser atacado por Ramón Mercader. Pese a los terribles acontecimientos que ha presenciado, mantiene un espíritu sereno y un humor envidiable y a sus 91 años dice que espera vivir muchos más “para compensar todos los años que Stalin arrebató a sus familiares”.
Ha dedicado gran parte de su vida y de sus energías a defender la memoria de su abuelo. ¿Qué le ha movido a hacerlo?
Fui testigo de su asesinato y de la campaña de calumnias y difamaciones contra él de la prensa estalinista. Mentiras que muchos se encargaban de repetir una y mil veces para tratar de convertirlas en verdades. Uno de los más grandes crímenes de Stalin ha sido mutilar la memoria histórica. Si es un delito darle un mapa falso a un explorador que va a entrar en el Amazonas, dar falsos planos a la humanidad es un crimen aún más grave, dejar con una venda en los ojos al género humano entre profundos abismos es uno de los peores crímenes que se puede cometer.
¿Qué valor tiene la publicación de su biografía de Stalin tantos años después?
No era el libro que mi abuelo quería escribir, y lo hizo acuciado por las estrecheces económicas. Pero es muy interesante, porque fue escrito en la época de mayor madurez política de Trotski y cuenta el entorno en que un personaje de las características de Stalin, que rebasa la escala ética de cualquiera, puede llegar al poder. No hay duda de que fue un individuo sui generis, de una crueldad como pocas veces se ha visto en la historia. Personajes como Nerón o Atila se quedan chiquitos a su lado. Y por ello posiblemente aceleró la sentencia de muerte que había lanzado contra mi abuelo cuando supo que se estaba escribiendo su biografía.
¿Qué queda del pensamiento de Trotski cien años después de la Revolución Rusa?
Mi abuelo dejó un arsenal de ideas políticas para cambiar la sociedad. Para construir un mundo que vele por el ser humano y no por la codicia. Estudió a fondo el proceso estalinista y la contrarrevolución. Y predijo con 70 años de antelación la caída del totalitarismo burocrático en la Unión Soviética.
Fe de errores
En este artículo se ha modificado la imagen que lo ilustraba en un primer momento ante las dudas para identificar a las personas que aparecían en ella

Más información