LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

sábado, 11 de febrero de 2017

LAS ARTES
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Einstein, el vidente
Publicado 20/09/2015

Óscar Aguirre Gómez*
Albert Einstein, el científico que revolucionó el mundo del siglo XX, sigue campante en medio de la crisis que constituye el maremágnum del siglo XXI. A partir de sus descubrimientos, la humanidad no sería la misma: encontró la manera de crear y destruir. De escindir el átomo y de remontar el tiempo. Einstein concluyó que el universo es un espacio de cuatro dimensiones: las tres de lugar o posición y otra que fija el tiempo o el momento. Fue un hombre sencillo. Iba al fondo de las cosas. Amaba la belleza. Una vez le dijo a alguien: no soy un hombre de comprensión rápida. ¡Él, que aceleró el tiempo!

Nacido en 1879, en Ulm, ciudad alemana, aprendió solo el cálculo infinitesimal. Sus profesores enfrentaban sus preguntas un tanto inquietantes. Leyó a David Hume. Las ideas de Kant acerca del espacio y el tiempo también influyeron en el científico. Sobre todo la relación entre el espacio físico y la geometría y del tiempo con la aritmética, aunque las observaciones de Kant tenían que ver más con el mundo de Newton que con el que mostraría Einstein. Tuvo además influencias de Henri Poincaré y de Hendrik Lorentz. Así mismo, de Nietzsche y de Schopenhauer.

Su teoría

En 1905 produjo su famosa teoría de la relatividad y su teoría de la luz, basada en la teoría de los cuantos, de Planck. Ambas hipótesis revolucionarias, aunque contradictorias. El 6 de noviembre de 1919, en una sesión conjunta de la Royal Society y de la Royal Astronomical Society, se hizo pública la comprobación de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Al día siguiente, el Times de Londres ofrecía al público la sorprendente noticia: el edifico de Newton era sustituido por el de Einstein. Los periódicos de Europa y América hicieron eco al sensacional informe.

 “La historia de la bomba atómica tuvo sus orígenes, en alguna medida, cuando en 1806, el francés Becquerel descubrió la radioactividad del Uranio y cuando los Curie aíslan, en 1902, el radio; pero la clave teórica que posibiltó este trágico invento la dio Einstein en 1905 al inventar su Teoría de la Relatividad y, sobre todo, E= mc2, en la que vinculaba la masa con la energía e indicaba la enorme cantidad de energía encerrada en un simple átomo”, anota Ernesto García Camarero. Einstein sabía adónde iba. “Su poder de concentración tenía una intensidad y una profundidad fantásticas –dice Banesh Hoffmann-.
Cuando luchaba con un problema recalcitrante, lo acosaba como un animal acosa a su presa. A menudo, al encontrarnos frente a una dificultad aparentemente insuperable, recorría la sala a grandes pasos, mientras se enrollaba en el dedo índice el mechón de su larga cabellera grisácea. Una mirada soñadora y distante, pero vuelta hacia dentro, aparecía en su rostro. No había en él apariencia alguna de concentración, ningún fruncimiento del ceño, sino tan sólo una plácida comunión íntima.
Pasaban los minutos, y de pronto Einstein se detenía y varía su expresión en una suave sonrisa. Había encontrado la solución del problema. A veces era muy sencilla…”. 
Una magia invisible obraba en el interior del genio, mediante un proceso impenetrable. El científico ejecutaba sus tareas en silencio, lejos del torbellino de la multitud. Mientras los demás se perdían en la algarabía, él creaba calladamente para luego compartir sus asombrosos hallazgos. La genialidad de Einstein consistió en captar fenómenos que para el común de las gentes son inadvertidos. Con su imaginación ahondó en causas desconocidas para concretar efectos.

FILOSOFÍA OCULTA
El padre de la física moderna, creador de la teoría científica más importante del siglo XX, fue también un aficionado a lo místico. Pocos saben que Einstein pudo obtener su inspiración, o al menos los primeros indicios de la idea que lo llevó al descubrimiento de la fórmula clave, en la lectura y estudio de La doctrina secreta, de Helena Petrovna Blavatsky, quien fundara en 1875 la Sociedad Teosófica.

Einstein dijo: “La función más importante del arte y la ciencia consiste en despertar y mantener vivo el sentimiento religioso en quien tiene la capacidad de recibirlo. El ser humano tiene una necesidad vital de participar en una búsqueda espiritual o científica de las cosas. La persona inquieta intelectualmente intensifica este sentimiento y lo lleva inherente en toda su existencia. Uno se halla inclinado a tratar de definir su propio concepto del universo, de acuerdo a un sentimiento cósmico religioso difícil de explicar a quien no lo haya experimentado, ya que no lleva anexo ningún concepto antropomórfico de Dios”. No concibe pues a la Mente Universal a imagen y semejanza humanas. Místico a su manera, la filosofía de Einstein es una mezcla de Pitágoras y Spinoza, donde el Cosmos está presidido por un orden central, que puede ser captado por el espíritu a través de la unión mística.

El estudio del átomo estaba casi que estancado desde hacía más de 24 siglos. En 1888 la Editorial Kier, de Buenos Aires, publicó La doctrina secreta, de Blavatsky. 
En la página 219 del tomo II se lee: “La ciencia entera se basa en la doctrina de la naturaleza ilusoria de la materia y la divisibilidad infinita del átomo. Ella abre horizontes ilimitados a la sustancia, animada por el soplo divino de su alma en todo estado posible de tenuidad, estados no soñados aún por los químicos y físicos más espiritualmente predispuestos…”.

Según declaraciones de la sobrina de Einstein, éste tenía una copia de La doctrina secreta en su escritorio, la cual consultaba con frecuencia. En una entrevista de 1935, Einstein declaró sobre la obra: “Es un libro muy extraño y le he dicho al profesor Heisenberg, mi compañero en los estudios de física, que adquiera una copia y la tenga en su escritorio. Le he urgido a que se sumerja en su lectura cuando esté abrumado por algún problema. La extrañeza de su contenido quizá pueda relacionarlo o posiblemente lo inspire”. 

Recomienda
¡Esto es extraordinario! Una de las mentes más brillantes de la ciencia moderna, recomienda la lectura de un texto de ocultismo para inspirarse en la solución de problemas matemáticos! Durante la entrevista, el sabio tomó un tomo de La doctrina secreta y lo abrió en una página señalada y expresó: “Por ejemplo, he aquí algo que me intriga. Yo estoy asombrado de cuánto puede significar esto en la física moderna”. Con voz emotiva, continuó: “Basta esto para mostrar cuán absurdas son las admisiones simultáneas de la no divisibilidad y de la elasticidad del átomo. El átomo es elástico, luego el átomo es divisible, y debe estar compuesto de partículas o de subátomos ¿Y estos subátomos? O no son elásticos, y en tal caso no presentan importancia dinámica alguna, o son elásticos también, en cuyo caso están igualmente sujetos a la divisibilidad.
Y así ad inifinitum. Pero la divisibilidad infinita de los átomos resuelve a la materia en simples centros de fuerza, esto es, excluye la posibilidad de concebir a la materia como una sustancia objetiva…”. El maestro concluyó que hay otras afirmaciones muy significativas. Einstein, como los poetas, encontraba en la contemplación del universo materia inspiradora. Y para ello acudía entonces algunas veces a otros visionarios que le habían antecedido en su especulación, con la cual logró adentrarse en los misterios de la energía y de la materia.

“Así pues -dicen Pedro Landestoy y Salvador Hernaez-, a la primera mente del mundo científico le intrigaban y asombraban las afirmaciones que una mujer, carente de todo tipo de estudios universitarios, había realizado en un texto publicado más de cien años antes… En dicho libro ya se esbozaba la idea de que la materia y la energía son una misma cosa, sólo que el tema se enfocaba desde un punto de vista meramente espiritual”. Einstein, finalizan los autores, tradujo a fórmulas matemáticas aplicables a la ciencia física lo que la filosofía oculta, o sea la metafísica, ya conocía.

Una sola realidad
Una de las afirmaciones de la teoría de la relatividad coincide con otra que se encuentra en La doctrina secreta: la idea de que el tiempo y el espacio no son independientes uno del otro, sino más bien aspectos de una sola realidad cuatridimensional.

“La relatividad es un concepto central dentro de las enseñanzas de la fundadora de la teosofía –anotan Landestoy y Hernaez-, aunque ella la denominaba maya. Este concepto proclama que ‘nada en este mundo es lo que parece ser. Esto es así, porque nada tiene una naturaleza absoluta. Todas las cosas en este mundo tienen identidad sólo si son relacionadas con otras’. Añade Blavatsky que ‘maya o ilusión es un elemento que entra en todas las cosas finitas, ya que todo lo que existe tiene sólo una relativa, no una absoluta, realidad, ya que la apariencia que el escondido Nuómeno asuma depende del poder de cognición del observador de turno’. Esto es pura filosofía o, si se quiere, metafísica; pero pudo muy bien servir de pauta a Einstein para que éste arribara a su fórmula matemática”.

Parece ser que no hay nada nuevo bajo el Sol: Einstein tradujo al idioma tangible de la ciencia un conocimiento abstracto que era conocido por los adeptos del esoterismo a través de las edades. Sólo que a Einstein está vivo por su descubrimiento, mientras madame Blavatsky yace en el olvido.
Einstein falleció el 18 de abril de 1955 –hace 60 años-. No quiso tener un funeral que fuera un espectáculo. Rodeado de un pequeño grupo de familiares y amigos. El doctor Otto Nathan, albacea testamentario del difunto, leyó una estrofa que Goethe escribiera para las exequias fúnebres de Schiller:

“Todos quedamos enterados y felices.
El mundo le agradece lo que él le ha enseñado.
Ya hace tiempo que se expande entre las multitudes
Lo más suyo, que sólo a él pertenece.
Brilla entre nosotros como un cometa que desaparece
Esparciendo luz infinita con su luz”.
*Director de la revista Iris

Fuentes
- Pedro Landestoy y Salvador Hernáez, Einstein: Misticismo por ciencia (Año Cero, N° 40).
- Peter Michelmore, Einstein, perfil de un hombre.
- Ernesto García Camarero, Einstein.
- Hoffmann Banesh, Einstein.http://www.eldiario.com.co/seccion/LAS+ARTES/einstein-el-vidente1509.html
TOMADO DE:  

viernes, 10 de febrero de 2017

Muere el premio Nobel alemán Günter Grass a los 87 años

Desaparece una gran figura de la literatura europea tras la Segunda Guerra Mundial

El escritor, en su casa de Lübeck el pasado 21 de marzo. . REUTERS-LIVE! / JULIÁN ROJAS
Günter Grass, quizás el escritor más famoso, polémico y a la vez representativo de la segunda mitad del siglo XX alemán, murió ayer por una infección en un hospital de Lübeck, la ciudad del norte de Alemania donde vivía. Alcanzó el éxito masivo con su primera novela, El tambor de hojalata,publicada en 1959, y cuatro décadas más tarde logró el primer Nobel de Literatura en 27 años para un autor alemán —antes lo había obtenido Heinrich Böll— por “haber dibujado la cara olvidada de la historia con vivas fábulas negras”, según la explicación que dio entonces la Academia sueca. Ese mismo año, 1999, recibiría el Príncipe de Asturias de las Letras.
La vida de Grass está ligada de forma inseparable a los acontecimientos que sacudieron Alemania durante el siglo XX. Nacido el 16 de octubre de 1927 en Gdansk —la entonces Ciudad Libre de Danzig y hoy territorio polaco—, fue reclutado en 1944 por la unidad de élite nazi Waffen-SS y, tras la Segunda Guerra Mundial, estudió en la Academia de Arte de Düsseldorf.
El tambor de hojalata, que narra la vida del niño-hombre Oskar Matzerath, irrumpió en la Alemania de posguerra y recibió tantos elogios como críticas de aquellos que veían en el libro un espejo demasiado real y descarnado del surgimiento del nazismo y de la guerra. La popularidad de esta obra, por la que fue a los tribunales acusado de pornógrafo y blasfemo, aumentó en 1978, cuando Volker Schlöndorff la llevó al cine y ganó el Oscar a la mejor película extranjera y la Palma de Oro en Cannes. “De repente, superó la anticuada norma de las novelas alemanas y ofreció una conexión con la narrativa moderna europea. Supuso un chorro de aire fresco”, resumía ayer al teléfono Roland Berbig, profesor de Literatura Alemana de la Universidad Humboldt de Berlín. “Lo que, por amor, no le había ahorrado a mi país, fue leído como si ensuciara mi propio nido”, respondió Grass a sus críticos en su discurso de aceptación del Nobel.
Pese a que dejó de escribir novelas el año pasado, Grass, gran defensor del canciller socialdemócrata Willy Brandt, no rehuyó casi ningún asunto espinoso hasta el final de su vida. En 2012, publicó el poema Lo que hay que decir, en el que acusaba al Estado de Israel de poner en peligro la paz mundial por su capacidad para producir bombas atómicas. El Gobierno israelí reaccionó declarándole persona non grata y prohibiéndole la entrada al país. En ese poema, el escritor aseguraba que estaba escribiendo con su “última tinta”.
Grass, quien pese a su cercanía a Brandt y a otros líderes socialdemócratas terminó distanciándose del SPD, participó en buena parte de los debates políticos de las últimas décadas. En 1990, se mostró contrario a la unificación alemana. “La espeluznante e incomparable experiencia de Auschwitz excluye la posibilidad de un solo Estado alemán”, decía el autor en febrero de 1990, tan solo ocho meses antes de que la República Democrática Alemana se disolviera. Grass abogaba entonces por una confederación de Estados alemanes.
En 1989, firmó la carta que reclamó al entonces presidente de Estados Unidos George Bush (padre) un diálogo con Nicaragua. También fue implacable crítico con la política seguida por su hijo, George W. Bush, al que consideraba una amenaza para la paz mundial por su actuación en la guerra de Irak. Defendió a Salman Rushdie cuando recibió amenazas de muerte del régimen iraní por su obra Versos satánicos. Criticó con dureza en 1997 el suministro alemán de armamento a Turquía y la denegación de asilo al pueblo kurdo. Mantuvo una larga y fructífera enemistad con Marcel Reich-Ranicki, el gran crítico literario de la Alemania de posguerra, quien murió en septiembre de 2013.

TODOS LOS GÉNEROS

- Novela. Trilogía de Danzig: El tambor de hojalata (1959), El gato y el ratón (1961)y Años de perro (1963). Anestesia local (1969). El rodaballo (1977). Encuentro en Telgte (1979). La ratesa (1986). Malos presagios (1992). Es cuento largo (1995). Mi siglo (1999). A paso de cangrejo (2002).
- Teatro. Los plebeyos ensayan la revolución (1966). - Poesía. Del diario de un caracol (1972).
- Ensayo. Partos mentales o los alemanes se extinguen (1980).
- Memorias. Pelando la cebolla (2007). La caja de los deseos (2009). De Alemania a Alemania. Diario (1990-2009).
Grass continúo opinando —y molestando a muchos con sus opiniones— hasta el final de sus 87 años. Hace solo dos meses, se preguntaba si, de una forma u otra, no estamos ya viviendo una Tercera Guerra Mundial. “En los últimos tiempos oímos continuamente avisos para impedir una nueva catástrofe como la de la Primera o la Segunda. Me pregunto desde hace tiempo si no ha empezado ya de una forma paralela en Ucrania, Siria y otros lugares”, afirmó.
“Deja un legado inmenso, del que todavía queda bastante por publicar o por traducir en España”, asegura en una conversación telefónica Miguel Sáenz, su traductor y miembro de la Real Academia Española. Entre su vastísima obra, que incluye narrativa, teatro, ensayo y poesía, destacan El gato y el ratón y Años de perro, que junto con El tambor de hojalata constituyen la denominada Trilogía de Danzig; así como El rodaballo (1977), En el cuarto trasero (1982), Un vasto campo (1995), Últimas danzas, novela que publicó en 2003; Mi siglo, una recopilación de sus reflexiones sobre cada uno de los años del siglo XX, incluida una sobre el bombardeo nazi de Gernika en la Guerra Civil, y ensayos políticos como Alemania: una unificación insensata.
Sáenz, quien lo trató en las reuniones que Grass organizaba con los traductores de sus obras a distinas lenguas, lo recuerda como un gigante de la literatura y un hombre del Renacimiento que, además de escribir, esculpía, pintaba acuarelas, hacía grabados... “Los encuentros con los traductores, que podían durar una semana, no solo eran muy fructíferos porque tratábamos con él directamente sobre los problemas con los que nos encontrábamos en nuestro trabajo. También eran auténticos festines en los que jugábamos a los bolos, él cocinaba una sopa de pescado buenísima y en los que a él le encantaba pasárselo bien y reírse”, recuerda.

EL ANTINAZI QUE FUE MIEMBRO DE LAS SS

Ficha de filiación de Günter Grass a las Waffen SS en mayo de 1945.
La bomba estalló el 11 de agosto de 2006. “Por qué rompo mi silencio”, se titulaba la entrevista con Günter Grass que ese día publicaba el gran diario conservador alemán, el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Ya se sabía que el gran escritor y premio Noble se había alistado en las Juventudes Hitlerianas como voluntario y que a los 17 fue llamado a filas por el Ejército nazi. Pero durante la presentación de su autobiografía Beim Häuten der Zwiebel(“Pelando la cebolla”), confesó haber pertenecido en su juventud a las Waffen SS, las unidades militares del cuerpo de élite del partido nazi, a las órdenes de Heinrich Himmler y particularmente activo en la perpetración del Holocausto. A los 17 años, Grass sirvió en Dresde en la Décima División Blindada Frundsberg.
De poco sirvieron sus explicaciones de que su ingreso no fue voluntario y que no pegó un tiro. Grass recibió fortísimas críticas de aquellos que consideraban un hipócrita al escritor de izquierdas, destacado antifascista y poco menos que guardián de la moral alemana en las últimas décadas. Le acusaban no tanto de haber cometido un error en su adolescencia como de haber tardado 60 años en hablar de su pasado en una de las divisiones más asesinas del régimen nacionalsocialista. Su explicación es que en todo ese tiempo no “había sabido como decirlo”.
El expresidente polaco Lech Walesa pidió que devolviera su condecoración como ciudadano ilustre de Gdansk (Danzig en alemán), la ciudad polaca en la que nació y en la que se desencadenó la II Guerra Mundial.
La entonces recién nombrada canciller Angela Merkel también criticó al premio Nobel de Literatura. “No me extraña que ahora le critiquen, porque él nunca se mantuvo al margen en las discusiones públicas. Comprendo las críticas y habría preferido que [su pasado] se supiera desde el comienzo”, decía entonces la líder democristiana y jefa de Gobierno. La misma que ayer mostró su “profundo respeto” y consternación por la muerte de Grass, un escritor que, según Merkel, “marcó como pocos la historia de Alemania, desde el final de la II Guerra Mundial hasta hoy, con su compromiso personal, literario, político y social”.