jueves, 13 de diciembre de 2018

Estampido final en los periódicos

Por: . 3|8|2018
"Rafael Alcides es uno de los poetas más representativos de la poesía cubana del siglo XX y de la generación de los 50 a la que pertenece.”
“Rafael Alcides es uno de los poetas más representativos de la poesía cubana del siglo XX y de la generación de los 50 a la que pertenece.”
EPITAFIO
Un pañuelo, unas aspirinas,/ dos o tres palabras misteriosas,/ pero suficiente/ en la ciudad. Ningún vaso de agua./ Eso os dejo. Lo demás/ es mi secreto, mi derecho./ Mi estampido final en los periódicos.
Lo anterior es el epitafio que a modo de poema, para el día en que ya no estuviese vivo, se escribió Rafael Alcides Pérez, cuando lejos estaba de saber que el 19 de junio de 2018 moriría aquí, en La Habana, víctima de cáncer. No fui amigo suyo, nunca lo conocí en persona. O tal vez sí, fui su amigo pues de algún modo dialogué intensamente con él a través de la lectura de su poesía. Porque eso fue Rafael, un poeta, y uno de los más grandes surgidos en Cuba durante la segunda mitad del pasado siglo XX. Lo demás, no importa, o al menos a mí, no me importa. Sucede que como escribiese Virgilio López Lemus en un sentido obituario publicado en el Portal Cubarte tras el fallecimiento de este poeta y  narrador: “Él tuvo el derecho de renunciar a lo que quisiera, nosotros no tenemos derecho a renunciar a él y a su hermosa obra”.
Aunque uno admire a Antonio Machado por su proyección personal, así como por su literatura, nadie que sea amante de la buena poesía y se respete podrá denostar a su hermano Manuel como hacedor de hermosos versos, más allá de que en lo político estuviese de parte del régimen de Francisco Franco. Y con Alcides ocurre algo similar.

Los que no se dan cuenta de que valores como la familia y la cultura están por encima de todo, y cuando digo todo, es todo, podrán obviarlo so pretexto de que fue alguien que en un momento dado de su vida, decidió ponerse en contra del sistema sociopolítico cubano. La historia de la literatura nunca podrá ser la historia de lo políticamente correcto, ni en términos escriturales ni de proceder de los autores.
A tono con lo anterior, si amamos de verdad la esencia de lo que es el arte y la literatura, uno pasa por alto la proyección política de alguien como Rafael Alcides, de ahí que  asumo como mías las palabras escritas sobre él por León de la Hoz, a propósito de su fallecimiento:
“Alcides era uno de los apodos de Hércules y el diminutivo de Alceo que significa valor, disciplina, sinceridad, amor y fuerza. Por si esto fuera poco, además de poseer todas esas virtudes, tan escasas en nuestros días, Rafael Alcides es uno de los poetas más representativos de la poesía cubana del siglo XX y de la generación de los 50 a la que pertenece.”
***
CARTA A RUBÉN
Hijo mío,/ harina, ternura/ de mis ternuras,/ ángel más leve que los ángeles:/ desde hoy en adelante/ eres el exiliado,/ el que bajo otros cielos/ organiza su cama y su mesa/ donde puede,/ el que en la alta noche/ despierta asustado y presuroso/ corre por la mañana/ a buscar debajo de la puerta/ la posible carta/ que por un instante/ le devuelva el barrio,/ la calle, la casa/ por donde pasaba la dicha como un río,/ el perro, el gato,/ el olor de los almuerzos del domingo,/ todo lo bueno y eterno,/ lo único eterno,/ cuanto quedó perdido/ allá atrás, muy lejos/ cuando el avión como un pájaro triste/ se fue diciendo adiós./ El que deambula y sueña/ lejos de la patria, el extraño,/ el tolerado –y, a veces,/ con suerte, el protegido/ al que se le regalan abrigos/ y los zapatos que se iban a botar./ Pero nosotros, /nosotros los solos,/ los tristes, / los luctuosos,/ los que medio muertos/ hemos visto partir el avión/ —sin saber si volverá/ ni si estaríamos entonces–,/nosotros, esos desventurados/ que fuman y envejecen/ y consumen barbitúricos,/  esperando al cartero,/ nosotros, ¿dónde,/ adónde,/ en qué patria estamos ahora?/ ¿La patria, lejos de lo que se ama…?/ ¿La patria, donde falta un cubierto a la mesa,/ donde siempre sobra una cama…?/ Dios y yo y el sinsonte/ que cantaba en la ventana/ lo sabemos, niño mío, que fuiste a dar tan lejos:/ donde se vive entre paredones y cerrojos/ también es el exilio, y así,/ con anillos de diamantes/ o martillo en la mano,/ todos los de acá/ somos exiliados. Todos./ Los que se fueron / y los que se quedaron./ Y no hay, no hay/ palabras en la lengua/ ni películas en el mundo/ para hacer la acusación:/ millones de seres mutilados/ intercambiando besos, recuerdos y suspiros/ por encima de la mar./ Telefonea,/ hijo. Escribe./ Mándame una foto.
***
Duele que en nuestros medios de comunicación apenas se haya hecho mención a la muerte de este imprescindible de las letras cubanas y de quien tenemos que sentirnos orgullosos por su condición de notable poeta, en virtud de su imaginación, ingenio  y capacidad de reflexión en relación con la vida nacional. Semejante silencio noticioso es una falta de respeto para los que disfrutamos de su poesía con suma pasión y fervor pero, sobre todo, para la historia de nuestra literatura.

Ese negativo proceder resulta expresión, por una parte, de la acción de quienes se esmeran en hacer realidad lo que proclamaba desde su título aquel viejo libro de Aldo Baroni: Cuba, país de poca memoria; y por otra, de los problemas que imperan hoy entre nosotros, cuando figuras de poca monta desde el prisma de sus valores artísticos (por encima de que en el pasado hayan gozado de algo tan efímero como la popularidad) y ya venidos a menos en el mercado, al visitarnos son recibidos por acá a todo bombo y platillo, tanto por la prensa cultural como por representantes de distintas instituciones, con lo cual se le concede el beneficio de un segundo aire a personajillos que no son más que cadáveres fuera de caja.
En relación con dicha falta de atención y del no calibrar la dimensión de una figura como Alcides, Roberto Manzano escribió en Facebook:
“El martes 19 de junio, en horas de la tarde, murió en La Habana el notable poeta cubano Rafael Alcides. La cultura cubana ha sufrido una gran pérdida. Amó entrañablemente a su país. Toda su obra poética es un testimonio vivo de ese amor. Cuando un poeta cumplido se marcha, la construcción subjetiva que ha elaborado a través de su arco vital se clausura, y si el sistema de cultura a que pertenece no se ha encontrado atento puede ocurrir que no se calibre su auténtica estatura. Si además de esa falta de atención necesaria, de apertura humanista amplia, se añaden otras desatenciones, llenas de desdén o suspicacia, el sistema de cultura que cree protegerse de ese modo merma ostensiblemente, en todos los sentidos. Los que han leído su obra, y han estado atentos a su legítima configuración interior, mirándola con simpatía y desprejuicio, saben que la poesía de Rafael Alcides lo sobrevivirá con creces, y por encima de todos los contratiempos.”
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EN EL ENTIERRO DEL HOMBRE COMÚN
A Raúl Luis
Cuando un entierro con dos máquinas solas/ pasa y nadie se fija, yo tiemblo, me estremezco,/ palpito; siento miedo de ser un hombre./ Pero me sobrepongo./ Algo muy importante acaba de suceder en el mundo/ y empiezo a tararear el himno nacional./ A estas alturas mi corazón no puede más./ Había seguido con la vista el entierro./ De pronto echo a correr,/ me reúno con los que están junto al hoyo,/ tomo valor yo también para dejar caer el terrón./ Ese muerto es para mí el triunfo de la especie,/ ese muerto anónimo que fue el alma del combate/ sin embargo,/ pero, ahora,/ ese muerto solo:/ sin más victoria que el silencio./ Y lloro militarmente en la tumba de mi único general.
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Nacido en 1933 en Bayamo, otrora provincia de Oriente, hay quienes recordarán a Rafael Alcides por haber sido productor, director y guionista de un antiguo programa radial denominado En su lugar, la poesía. Pero lo fundamental en su trayectoria es que él ha sido considerado por varios representantes de nuestra crítica literaria como el más coloquialista de los poetas cubanos. Vale la pena resaltar que el coloquialismo es uno de los movimientos poéticos de mayor trascendencia en nuestra literatura e incluso puede afirmarse que entre nosotros llega a ser una suerte de proceso estético, que a la mitad del siglo anterior devino corriente hegemónica. Así, en la poesía de Alcides, de uno u otro modo encontramos los lenguajes de la vida cotidiana y los problemas del ciudadano de a pie, sin abandonar un remarcado trasfondo existencial.
Rafael Alcides fue integrante de la segunda promoción de la llamada Generación Poética del 50 y, por tanto, su nombre se asocia a los de Fayad Jamís, Pablo Armando Fernández y Antón Arrufat. Sus primeros libros publicados fueron los cuadernos Himnos de Montaña, de 1961; y Gitana, de 1962. Aunque su obra poética abarca otros materiales, entre ellos Noche en el recuerdo (1989), Y se mueren y vuelven y se mueren (1989), Nadie (1993), hay consenso entre los especialistas de que el libro suyo que le aseguró el pase a la posteridad fue el titulado Agradecido como un perro y que viese la luz en 1983.

Por entonces yo estudiaba en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y recuerdo el impacto que ese poemario causó entre quienes recorríamos las aulas del edificio Dihigo. La emotividad e ingeniosidad de aquellos poemas (junto al carácter autobiográfico que siempre caracterizó la obra de Alcides) nos atrapó sin remedio y, de hecho, se convirtieron en referentes obligados para toda una generación de jóvenes poetas de esos ya lejanos días.
Los elogios a aquel libro, y en especial al poema “El agradecido”, del que brota el nombre del volumen, fueron abundantes y así, el crítico e investigador Virgilio López Lemus afirma en relación con dicho poema: “resulta una obra de arte de la palabra conversacional, propio de la línea emotivo-especulativa o emocional y meditativa que él arrojó dentro de la corriente poética comandada por su generación: el coloquialismo”.
Por su parte, Marilyn Bobes en un texto suyo para rendir homenaje al fallecido Rafael Alcides asegura:
“Aunque se aventuró alguna vez en la prosa con su novela Contracastro que obtuviera mención en el concurso de la Casa de las Américas, en 1965, y con la colaboración que hizo a El Cazador del también poeta Raúl Luis, es indiscutible que Alcides era fundamentalmente un hombre de versos cuya autenticidad y carácter convencional lo llevaban a tocar, con un trasfondo semi-filosófico, todo lo relativo a temas como la realidad social, el amor, la amistad y la vida cotidiana sin reparar en el tono levemente antipoético que él asumía con ejemplar magisterio.”
LOS MINISTROS
Cada vez que oigo hablar de un amigo/ al que van a hacer ministro,/ alguien borra una parte de mi vida./ Me quedo solo en el parque Aguirre/ con aquella camisa Mc Gregor que jamás llegué a tener,/ conversando en la noche con nadie./ El poder no siempre corrompe a los hombres,/ pero los separa./ Entre un ministro y yo hay algo más que un escritorio/ de por medio:/ Los ministros sueñan./ Avanzan en su máquina cargados de sueños,/ con sueño. Sin tiempo siquiera/ para poseer a su mujer, acariciar a sus hijos./ Un ministro no es un tipo cualquiera del pasado,/ es alguien que ya está en la Historia./ De él depende todo el día de mañana./ Y sueña./ Firma documentos./ Discute. Toma su corazón y lo pone de maquinaria/ donde hacían falta piezas de repuesto./ No sale al teléfono./ No tienen derecho a estar tristes los ministros./ No beben cerveza/ en público. No van al cine./ Jamás los encontramos en un ómnibus./ Un ministro es tal vez el ser más infeliz del mundo./ El más solo./ Sus amigos de antes, los más desgraciados./ La memoria no debiera alimentarse del recuerdo./ Los ministros debieran nacer ministros,/ es mi última palabra. Entre las lágrimas.
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La evocación que hoy he realizado en estas páginas acerca de la figura de Rafael Alcides Pérez, viene dada por la sencilla razón de que cuando se piensa que los cubanos no somos un pueblo milenario sino que tenemos una historia bastante joven, apenas cinco siglos, hay que concluir que no podemos darnos el lujo de no incentivar la memoria cultural y perder del patrimonio nacional a figuras que, al margen de posturas políticas o de vivir en disímiles puntos del planeta, son glorias de nuestro devenir artístico literario. Porque, por encima de cualquier expresión del síndrome de idiotismo censor, ¿quién se atrevería a afirmar que la literatura de este escritor no nos pertenece?
La acción de preservar el patrimonio cultural de la nación, del que la literatura llevada a cabo por el poeta y narrador fallecido en la tarde del pasado 19 de junio de 2018 es parte consustancial, implica guardar y proteger nuestra memoria como un arca, conscientes de que Cuba es una confluencia telúrica y misteriosa, que alcanza dimensiones místicas y mágicas de reductos extraños, raros y guarecedores de la belleza, aunque haya quienes no se percaten de ello.
Como afirmase Cintio Vitier en un ensayo suyo sobre el tema de la identidad: “Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos.”
De ahí que más allá de que Rafael Alcides disintiese de la política del Estado cubano, el legado de su obra, con un estilo inconfundible y que marcó a tantos, permanece vivo como parte de eso que nos trasciende a todos por encima de nuestras proyecciones políticas: la cultura cubana. Por ello, poemas de Alcides como el que a continuación reproduzco, permanecen vivos en la antología personal de amantes como yo de nuestra poesía de ayer, hoy y siempre:

EL AGRADECIDO
A Nati Revuelta
Toda mi vida ha sido un desastre/ del que no me arrepiento./ La falta de niñez me hizo hombre/ y el amor me sostiene./ La cárcel, el hambre, todo;/ todo eso me ha estado muy bien:/ las puñaladas en la noche,/ y el padre desconocido./ Y así de lo que no tuve/ nace esto que soy:/ bien poca cosa, es verdad,/ pero enorme, agradecido como un perro

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Muere el escritor mexicano Fernando del Paso

El autor de ‘Noticias del Imperio’ fue galardonado con el premio Cervantes en 2015


Fernando del Paso
El escritor Fernando del Paso en Madrid.
Fernando del Paso ha muerto este miércoles a los 83 años en su casa de Guadalajara, la ciudad donde se asentó con su familia a partir de 1992, tras más de dos décadas de carrera diplomática entre Londres y Paris. El último premio Cervantes mexicano, 2015, transformó el paradigma de la novela histórica con obras como Palinuro de México o Noticias del Imperio, donde dibuja una cartografía literaria de su país con la escuadra y el cartabón del cosmopolitismo y la vanguardia.
Heredero de tótems de la literatura mexicana como Juan Rulfo o Juan José Arreola, fue literalmente su alumno durante los sesenta en el Centro Mexicano de Escritores. De esa formidable incubadora –germen de la Generación del Medio Siglo, compartida con Salvador Elizondo o José Emilio Pacheco– salió su primera gran novela, José Trigo, una búsqueda fantasmal emparentada tanto con el Pedro Páramo de su maestro, como con el Ulises de Joyce. Como él mismo se definió en más de una ocasión: “Soy parte de la cola del boom"
Su aversión por las vísceras y la sangre le impidió terminar las carrera de Medicina, pero ese bagaje le sirvió para perfilar al estudiante que detona la trama de Palinuro de México, un collage barroco y onírico con la represión juvenil de Tlatelolco de 1968 como telón de fondo y el lenguaje como verdadero protagonista. Ya en este tiempo, los setenta, compaginaba la escritura con su trabajo como productor y locutor de radio. Primero fue la voz de la BBC en Londres, luego de Radio Francia Internacional. Para muchos españoles de la generación de la Transición, fue la linterna que alumbraba música, literatura, pintura, una apertura cultural entre tanta oscuridad.
Una tarde de enero, al salir de la embajada mexicana en París, Fernando del Paso le contó al mundo la muerte de su maestro Rulfo en 1986. “Perdóname Juan si no te escribí nunca, pero como me dijeron que tu nunca respondías las cartas, pues para qué. Y ahora me arrepiento”. Así empezaba la locución de Carta a Juan Rulfo, un programa que ganó el premio Radio Nacional de España. Un año después, publicaría su gran obra, otro derroche polifónico y erudito volcado esta vez en la historia amagada y efímera del Segundo Imperio mexicano narrada por la emperatriz Carlota “Un emperador rubio que fusilamos y su mujer que se volvió loca”, sintetizó en una entrevista.
Acompañado de su esposa Socorro, sus cuatro hijos, sus yernos, sus nueras y sus nietos, Del Paso recogió en 2016 el premio Cervantes. Con la voz quebrada por un infarto cerebral que le había mermado el habla y la coordinación, en 2013, Del paso habló de su relación con la literatura española y lanzó uno de sus habituales dardos a la política mexicana: “Estamos ante el principio de un estado totalitario que no podemos permitir”.
Una década antes de recibir el premio, había publicado su propio homenaje a la gran obra cervantina. Un ensayo con ritmo de novela donde los personajes son Ortega y Gasset, Dostoievski, Américo Castro, Rubén Darío, Borges o Nabokov debatiendo sobre aquella obra que leyó por primera vez a los 15 años y lo conmocionó. La última edición, al calor del premio, incorporó además otra de las facetas de Del Paso: la pintura. Un tríptico quijotesco de colores chillones como sus trajes: Don Quijote de las Manchas, Don Quijote de la verde mar, Don Quijote en casa
Era un fijo en la Feria del libro de Guadalajara. Montado en su silla de ruedas, con barba y melena blanquísimas y sus rimbombantes trajes a cuadros de dandy anglosajón y parnasiano, siempre fue una de los autores más queridos del festival. En 2015, en pleno huracán político por la desaparición de 43 estudiantes en uno de las territorios más pobres de México, el aristócrata de la literatura alcanzó a gritar desde su silla: “Todos somos Ayotzinapa”.
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lunes, 1 de octubre de 2018

Muere Charles Aznavour a los 94 años

El último gigante de la canción francesa del siglo XX ha vendido más de 100 millones de discos a lo largo de ocho décadas de carrera

Aznavour en un concierto en 2017.
No tenía buena voz. No era guapo. Ni siquiera alto. No tenía nada para triunfar sobre un escenario y así se lo dijeron los críticos cuando comenzó su carrera. No los escuchó, e hizo bien. Más de 1.400 canciones grabadas, 800 de ellas compuestas por él mismo, casi 300 discos publicados, más de 100 millones de álbumes vendidos y salas de conciertos llenas para escucharle bien pasados los 90 años, además de una extensa carrera en el cine, demuestran que tenía razón. La voz de Charles Aznavour (París, 1924) se ha apagado en la madrugada de este lunes en el sur de Francia a los 94 años, pero lo ha hecho, como todo en su vida, a su manera.
“No es importante ser recordado. Lo importante es saber que mi trabajo será recordado”, decía cuando desveló su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en 2017. A los 93 años que sumaba entonces, le temblaban ya algo la voz y el pulso, pero aún siguió subiéndose incansable a escenarios en todo el mundo. Porque era lo que más le gustaba, junto a componer. Y aunque hace una década evocó la posibilidad de retirarse algún día, como señalaba en su canción J’abdiquerai (Abdicaré), ese día tardó en llegar y Aznavour siguió cantando en todo el mundo casi hasta su último aliento. De hecho, tenía previsto actuar el 26 de octubre en Bruselas y pasarse el otoño de gira por Francia.
La bohème, Venecia sin ti, La mamma, y Emmenez-moi figuran entre sus canciones más destacadas de un repertorio de marcado tono nostálgico. Compuso además para artistas como Edith Piaf, y como actor, participó en unos 80 filmes.
Una energía y un amor por lo que hacía que le permitieron conquistar a varias generaciones durante una carrera que se extendió décadas y por todos los continentes. Charles Aznavour cantó en media docena de idiomas. Era reverenciado en lugares insospechados como Cuba, donde grabó un disco hace una década junto a Chucho Valdés. En Armenia, país del que era originaria su familia —su nombre real era Shahnour Vaghinag Aznavourian— y del que fue nombrado embajador permanente ante la ONU, tiene dedicadas estatuas y hasta un museo.
Su trayectoria artística se compone de 1.200 canciones. Seguía componiendo  y tenía previsto actuar el día 26 en Bruselas
En 1998, la cadena CNN lo declaró el “artista del entretenimiento del siglo”. Otros lo llamaban el Frank Sinatra de Francia. En su país, porque Francia siempre fue su país, era, sencillamente, el "patrón" de la música francesa.
“Me gusta escribir lo que los demás no escriben”, explicaba a EL PAÍS cuando ya había cumplido los 90 años. Y no tenía tabúes. Escribió —y cantó— sobre la homosexualidad cuando casi nadie se atrevía. “Como en la literatura, la pintura, la fotografía o los artistas que se lo permiten todo, en una canción se puede decir de todo, a condición de que se sea sincero, esté bien escrita y no sea vulgar”, decía al respecto.
Aun así, en varias ocasiones dijo lamentar que, si bien se había valorado su carrera como cantante, su faceta de compositor, como “escritor de la canción”, como decía, había quedado algo ensombrecida. “Tengo la impresión de que jamás se me ha leído. Se me escucha. Cuando un joven artista me trae un disco, siempre le digo: ‘Dame también las letras para que las lea’”, explicaba en una entrevista en 2007.
Una de las primeras películas en las que apareció fue 'Disparen al pianista'. En el filme, interpreta a un hombre que intenta alejarse de su problemática familia tras la muerte de su esposa.
Una de las primeras películas en las que apareció fue 'Disparen al pianista'. En el filme, interpreta a un hombre que intenta alejarse de su problemática familia tras la muerte de su esposa.
Con todo, como reconocía él mismo, no lo hizo nada mal “para un chaval que salió del colegio a los diez años y medio sin pena ni gloria”. Lo que sabía, como tampoco se cansaba de contar, lo aprendió en buena parte de su padre, Mischa Azna­vou­rian, un barítono que junto con su madre, Knar Bagh­das­sa­rian, actriz, huyó del genocidio armenio en 1915. La idea de la pareja era llegar hasta Estados Unidos, pero acabaron instalándose en París, donde su hijo Charles nacería el 22 de mayo de 1924. En el restaurante que regentaban, Charles Aznavour empezó a codearse desde muy pequeño con los múltiples artistas que visitaban el local y donde su padre, cuando se ponía a cantar en algunas ocasiones, “hacía llorar” a las mujeres que estaban en la sala. Hoy es Francia la que llora por la muerte del último gigante de la canción francesa.
Muere Charles Aznavour a los 94 años ampliar foto
Entre las reacciones, destaca la del presidente francés, Emmanuel Macron: "Era profundamente francés, aferrado visceralmente a sus raíces armenias, reconocido en el mundo entero, Charles Aznavour acompañó las alegrías y las penas de tres generaciones. Sus obras maestras, su voz, su influencia única le sobrevivirán largo tiempo”. Macron lo había invitado, hace solo dos semanas, a la recepción ofrecida en el Palacio de Versalles al príncipe heredero de Japón. La muerte del hombre que “calentó los corazones de cienos de millones de personas durante 80 años” constituye una “pérdida universal”, dijo por su parte el primer ministro armenio, Nikol Pachinian.
Los homenajes a un “cantante popular”, según el líder del Partido Comunista Francés, Pierre Laurent, e “inmenso” que deja a “todos los franceses en duelo por su talento”, como dijo la ultraderechista Marine Le Pen, se encadenaron, unánimes, desde toda la esfera política gala.
También el mundo de la cultura lloró la muerte de alguien que supo, como pocos, cantar “sobre el amor, el tiempo que pasa, las alegrías y decepciones de una vida, sus instantes felices, una dulce melancolía”, como recordó la ministra de Cultura, Françoise Nyssen. “Uno de los nombres más grandes de la canción francesa nos ha dejado, un artista conocido, admirado y amado en el mundo entero”, agregó. “Qué tristeza estar sin ti… Gracias por todo”, tuiteó el cantante Patrick Bruel. “Era nuestro as inmortal, nuestro as de los poetas”, escribió por su parte Brigitte Bardot en un comunicado remitido a la Agencia France Presse. "Aznavour era Francia", sostuvo por su parte la cantante Mireille Mathieu, para quien el cantante se merece unos "funerales nacionales". Algo que le habría hecho probablemente mucha gracia al propio Aznavour, poseedor de un gran humor. Preguntado hace solo unos meses, durante una entrevista televisada, qué le gustaría que figurara en su epitafio, no dudó un instante: "Encore des vers", respondió con una sonrisa, contento del juego de palabras que significa tanto Más versos como Más gusanos.

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jueves, 16 de agosto de 2018

Muere a los 76 años Aretha Franklin, la reina del soul

La última gran diva de la edad de oro de la música afroamericana, con éxitos legendarios como ‘Respect’, había suspendido sus escasos conciertos de este año por motivos de salud

Una actuación de Aretha Franklin en 1969.
La reina del soul, Aretha Franklin, ha fallecido este jueves en Detroit a los 76 años. Hija de un conocido reverendo, comenzó a cantar en el coro de la iglesia de su padre y sacudió el panorama musical de los 60 al introducir los recursos del góspel en la música secular, con éxitos hoy legendarios como Respect o (You make me feel) A natural woman. Tuvo una vida precoz y turbulenta, con su primera maternidad cuando era apenas una niña, un matrimonio violento y un considerable historial de desavenencias y desdichas. En 2010 sufrió un cáncer de páncreas y su salud había empeorado hace unos meses. El representante de la artista confirmó el fallecimiento, según la agencia AP, a causa del cáncer de páncreas. Con ella desaparece la última gran superviviente de la era dorada de la música negra estadounidense.
El mundo de la música se volcó inmediatamente en demostrar su admiración por el legado que dejó la artista. Sir Paul McCartney fue uno de los primeros en compartir su agradecimiento a la cantante a través de Twitter: "Tomemos un momento para dar gracias por la hermosa vida de Aretha Franklin, la Reina de nuestras almas (souls, en inglés), que nos inspiró a todos por muchos años. Se la extrañará, pero el recuerdo de su grandeza como músico y un buen ser humano vivirá con nosotros para siempre”. Siguieron su ejemplo Elton John, quien afirmó que "su piano estaba subestimado" y declaró que era una de sus pianistas favoritas. Barbra Streisand también publicó una reflexión: "Es difícil concebir un mundo sin ella. No solo fue una cantante excepcionalmente brillante, sino que su compromiso con los derechos civiles tuvo un impacto indeleble en el mundo".
En 2015, Franklin participó en un homenaje a la artista Carole King, donde cantó (You Make Me Feel Like) A natural woman. Su interpretación hizo llorar al entonces presidente Barack Obama, presente en el evento. King, se despidió este jueves compartiendo un vídeo de esa canción: "¡Qué vida. Qué legado! Mucho amor, respeto y gratitud", expresó la artista en Twitter. El mismo mensaje que publicó Liam Gallagher, una de las estrellas del pop mundial. Por su parte, el exmandatario, en una declaración conjunta con su esposa Michelle Obama, hicieron un breve y profundo repaso de la vida de la estrella musical. "América no tiene realeza. Pero tenemos la oportunidad de obtener algo más duradero", rezaba la misiva en referencia al legado de la cantante. "En su voz, podíamos sentir nuestra historia, toda ella y en cada sombra: nuestro poder y nuestro dolor, nuestra oscuridad y nuestra luz, nuestra búsqueda de la redención y nuestro respeto, duramente ganado", sostuvieron.
El actual presidente de Estados Unidos Donald Trump también se refirió a la muerte de la artista, previo a comenzar una conferencia de prensa. Afirmó que "la conocía bien" y que trabajó para él en numerosas ocasiones: "Ella trajo alegría a millones de vidas y su extraordinario legado prosperará e inspirará a muchas generaciones por venir", declaró el mandatario. En otra representación del mundo político, el exmandatario Bill Clinton y la excandidata presidencial Hillary Clinton afirmaron que "siempre será la Reina del Soul y mucho más para todos los que la conocieron personalmente y a través de su música. Nuestros corazones están con su familia y sus innumerables admiradores".
Franklin nació en 1942 en Memphis (Tennessee), pero creció en el mismo lugar que le ha dicho adiós, Detroit (Michigan), la otrora próspera capital de la música y el automóvil. La suya fue una de las muchas familias afroamericanas que en los 40 emigraron del sur al norte al calor del boom industrial. El esplendor del jazz y otros ritmos en ciudades como Chicago o la citada Detroit se entienden a partir de ese fenómeno económico y demográfico; el declive del mismo, también. Una incipiente clase media afroamericana que se había formado en el cinturón industrial entró en barrena. Pero cuando el motor se gripó, Aretha ya se había convertido en una artista reconocida. Su padre, además, era Clarence LeVaughn Franklin, un pastor muy conocido e influyente, amigo de Martin Luther King, cuya voz resultaba tan musical que sus sermones acabaron editados en discos.
Fue en el coro de la iglesia de su padre donde la artista comenzó a cantar, al igual que sus hermanas, y fue en su propia casa cuando entró en contacto con el movimiento de los derechos civiles. Pero lo privilegiado de su hogar -dentro de la comunidad afroamericana- no le libró de una infancia dura y, sobre todo, muy breve. El reverendo C. L. Franklin, bebedor y acusado de maltrato en su biografía, había tenido otros hijos fuera del matrimonio y su esposa Barbara, la madre de Aretha, los abandonó. A los 12 años, quedó embarazada de un chico de una escuela y a los 15 ya había tenido su segundo hijo con otro hombre. Ambos llevan el apellido Franklin. Se casó a los 19 con Ted White, que fue violento con ella, y se divorció ocho años después. Tuvieron un chico. Años después se casaría (y divorciaría) de nuevo y tendría un cuarto vástago. El reverendo Franklin murió en el 84 tras pasar cinco años en coma a consecuencia de un tiroteo cuando se enfrentó a unos ladrones.
Muchos de los episodios turbios de su vida quedaron recogidos -para su disgusto- en una biografía de 2014 (RESPECT: The life of Aretha Franklin) publicada por David Ritz, quien años antes había trabajado para ella como escritor fantasma (o negro, como se dice en España) de una autobiografía que la artista se encargó de edulcorar. Como su música, Aretha era peleona y trataba de arrinconar en su historia la parte más dura. Decía su productor de Atlantic, Jerry Wexler, que sus ojos luminosos cubrían la angustia y que sus depresiones podían llegar a ser “tan profundas como el mar oscuro”.
Aunque había comenzado grabando en Columbia Records, los grandes éxitos llegaron en Atlantic, con Wexler. A temas tan célebres como Respect o Natural woman se sumaron rápidamente otros imborrables, como Think o Say a Little prayer. A finales de los 60, ya se había convertido en uno de los iconos de la comunidad afroamericana, con canciones que transpiraban reivindicación femenina y racial. Cantó en el funeral de Martin Luther King, al que había conocido de niña en su casa, en el 68, y lo hizo también en enero de 2009 cuando Barack Obama tomó posesión y se convirtió en el primer presidente negro de la historia estadounidense. Hace pocos años, en un acto público, la reina del soul dijo que aquel había sido el momento más emocionante de su carrera.
Ganadora de 18 premios Grammy y con 10 millones de discos vendidos, llevaba desde los años 80 sin viajar fuera de Estados Unidos debido a su también legendaria fobia a volar. Esta limitación, aunque le privó de veladas de gloria en vivo, no limitó el alcance internacional de su carrera ni su consagración como reina del soul. Se le atribuyen celos de diva contra otras artistas que en algún momento la superasen en ventas -como Barbra Streisand o Whitney Houston- y, de hecho, fue público y morrocotudo su enfado cuando en la entrega de los premios Grammy de 2008, a Beyoncé no se le ocurrió otra cosa que presentar a Tina Turner como “la Reina”. Franklin se ofendió y lo consideró un golpe bajo de los guionistas para generar polémica.
Franklin anunció su retirada a principios de 2017 con la idea de limitar su agenda a actuaciones escasas y muy escogidas, aunque muchas de estas tuvieron igualmente que cancelarse por recomendación médica este año. Así, no pudo actuar el pasado marzo en Newark, como estaba previsto, ni tampoco el pasado abril en el festival de jazz de Nueva Orleans. Su última actuación tuvo lugar el pasado noviembre, en Nueva York, con motivo del 25 aniversario de la fundación contra el Sida de Elton John. Su influencia musical, sin embargo, pervive para la opinión de los expertos en artistas de generaciones posteriores, como Mariah Carey o Beyoncé.
Decía Obama en un artículo de David Remnick de 2016 en The New Yorker, que si tuviese que llevarse unos pocos discos a una isla, su admirada Aretha Franklin figuraría en esa lista. “Porque me recordaría mi humanidad. Lo que es esencial en todos nosotros. Y simplemente: suena puñeteramente bien”.

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viernes, 20 de julio de 2018

Carta de León Trostki al Presidium del PCUS, acusándolo del suicidio de su hija

Trostky con Zinaida Volkova

11 de enero de 1933

A todos los miembros del Comité Central del Partido Comunista de la URSS
Al Presidium del Comité Ejecutivo Central de la URSS
A todos los miembros de la Comisión de Control Central del Partido Comunista de la URSS 



Trostky, su esposa Natalia Sedova,
y su hijo León Sedov, asesinado en
París por orden de Stalin. Turquía,
Alma Ata.
    Considero necesario informarles cómo y por qué se suicidó mi hija.
    A fines de 1930 ustedes accedieron a mi pedido de autorizar a mi hija Zinaida Volkova, enferma de tuberculosis, a venir por un tiempo a Turquía, acompañada de su hijo Vsevolod, de cinco años de edad, para hacerse un tratamiento. No sospeché que detrás de esta actitud liberal de Stalin se ocultaba un motivo ulterior.
     Mi hija arribó a este lugar en enero de 1933, sufriendo de neumotórax de ambos pulmones. Tras diez meses de residencia en Turquía, logramos obtener -a pesar de la oposición permanente de los representantes soviéticos- un permiso para que fuera a tratarse a Alemania. El niño se quedó en Turquía con nosotros para no molestar a la enferma. Pasado un tiempo, los médicos alemanes creyeron posible curar el neumotórax. La enferma empezó a recuperarse y soñaba tan sólo con volver con su hijo a Rusia para reunirse con su hija y con su esposo, un bolchevique leninista exiliado por Stalin. 
León Sedov, hijo de Trostky,
con su propio hijo
     El 20 de febrero de 1932 ustedes publicaron un decreto en virtud del cual, no sólo mi esposa, mi hijo y yo, sino también mi hija Zinaida perdíamos la ciudadanía soviética. En el país extranjero al que ustedes le permitieron viajar con pasaporte soviético, mi hija se ocupó únicamente de su tratamiento. No participó en la vida política, no podía haberlo hecho debido a su estado de salud. Evitó todo lo que podría provocar "sospechas" en su contra. El hecho de privarla de su ciudadanía fue un miserable y estúpido acto de venganza en mi contra. Para ella, este acto de venganza significaba romper con su hijita, su esposo, su trabajo y todo lo que constituía su vida normal. Su salud mental, ya perturbada por la muerte de su hija menor y por su propia enfermedad, sufrió un nuevo golpe, tanto más atroz cuanto que fue totalmente sorpresivo y de ninguna manera provocado por ella. Los psiquiatras declararon unánimemente que sólo el retorno a su situación normal, con su familia y su trabajo, podría salvarla. El decreto del 20 de febrero coartó precisamente esta posibilidad de salvarla. Todos los demás intentos fueron, como ustedes saben, en vano. 
Trostky, con su hija Zinaida, que se
suicida con 29 años de edad
     Los médicos alemanes insistían en que si se le permitía, al menos, reunirse con su hijo lo antes posible, había una posibilidad de devolverle su equilibrio mental. Pero las dificultades del traslado de Estambul a Berlín se multiplicaron puesto que el niño de seis años también perdió la ciudadanía soviética. Durante seis meses realizamos esfuerzos constantes, pero inútiles, en diversos países europeos. Sólo mi viaje inesperado a Copenhague nos brindó la oportunidad de llevar al niño a Europa. Con la mayor dificultad, éste realizó la travesía a Berlín en seis semanas. Pero no había estado con su madre siquiera una semana, cuando la policía del general Schleicher, de común acuerdo con los agentes stalinistas, resolvió expulsar a mi hija de Berlín. ¿Adónde? ¿A Turquía? ¿A la isla de Prinkipo? Pero el niño debía ir a la escuela. Mi hija tenía necesariamente que recibir atención médica permanente y condiciones de trabajo y una vida familiar normales. Este nuevo golpe superó la capacidad de resistencia de la enferma. El 5 de enero se asfixió con gas. Tenía treinta años.
Natalia Sedova,
esposa de Trostky
En 1928 mi hija menor Nina [Nevelson], cuyo marido fue encarcelado por Stalin hace cinco años y todavía se encuentra incomunicado, debió ser hospitalizada, poco después de que yo fuera exiliado en Alma-Ata. Se le diagnosticó una tuberculosis aguda. Me dirigió una carta puramente personal, sin la menor mención de cuestiones políticas; ustedes la detuvieron durante setenta días, de modo que cuando le llegó mi respuesta ella había muerto. Tenía veintiséis años.
     Durante mi estadía en Copenhague, donde mi esposa inició un tratamiento para curarse de una grave enfermedad, y donde yo me preparaba para someterme a una cura, Stalin, por intermedio de la agencia TASS, ¡denunció falsamente a la policía europea que en Copenhague iba a celebrarse inminentemente una "conferencia trotskista"!. Eso le bastó al gobierno socialdemócrata danés para hacerle a Stalin el favor de expulsarme con premura febril, con la consiguiente interrupción del tratamiento que mi esposa necesitaba. Pero en éste, como en tantos otros casos, la unidad de Stalin con la policía capitalista obedecía a objetivos políticos. Aun así la persecución de mi hija no tuvo ni un asomo de sentido político. La pérdida de la ciudadanía soviética y, con ello, la única esperanza de volver a un ambiente normal y recuperarse, junto a su expulsión de Berlín (indudablemente un servicio que la policía alemana le prestó a Stalin) no constituyen más que un acto de venganza miserable y estúpido. Mi hija conocía perfectamente su situación. Sabía que no podía estar segura en manos de la policía europea, que la perseguía a pedido de Stalin. Era consciente de ello, y murió el 5 de enero. Se califica a esa muerte de "voluntaria". No, no fue voluntaria. Stalin la obligó. Me limito a informar, sin sacar conclusiones. Ya vendrá el momento de hacerlo. El partido regenerado lo hará.[1]


[1] Permítame el lector tomarme la licencia de dedicar la edición de esta carta, con mucha admiración y no poca melancolía, al historiador Lepoldo Moscoso Saravia, gran amigo de mi juventud universitaria, militante entonces de la L. C. R.  y un excelente y culto conversador. Esta durísima carta, en la que levanta la voz contra ese animal devastador que fue Josep Stalin, apareció publicada originalmente en The Militant, el 11 de febrero de 1933. Sobre las circunstancias descritas en es asesinato de su hijo, en la red podéis encontrar “El asesinato del hijo de Trotsky, León Sedov”, de Antonio de la Serna, en el que merece la pena detenerse.




León Trotsky


TOMADO DE: http://cartasenlanoche.blogspot.com/2012/01/carta-de-leon-trostski-al-presidium-del.html

martes, 17 de julio de 2018

Arqueólogos griegos creen haber encontrado el extracto más antiguo conocido de ‘La Odisea’

Las estimaciones preliminares fecharon la placa de arcilla, que econtraron arqueólogos griegos y alemanes en la antigua Olimpia, antes del siglo III d.C

La Odisea extracto
Versos de la 'Odisea' de Homero en una placa de arcilla.
Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Grecia lo que podría ser el extracto más antiguo de uno de los primeros poemas de la historia de Occidente: La Odisea de Homero. La placa de arcilla en la que fueron grabados 13 versos de una de las rapsodias del poema épico fue hallada en los alrededores del santuario de Olimpia, en la península del Peloponeso, donde se encuentran restos de la época romana. Los especialistas creen que fue precisamente en ese periodo cuando fue grabada la tableta, ya que sus estimaciones preliminares fecharon el hallazgo antes del siglo III d.C.
“Si se confirma la datación, la placa podría ser el hallazgo escrito más antiguo de la obra de Homero jamás descubierto” en Grecia, aseguró ayer el Ministerio de Cultura del país helénico. El descubrimiento se realizó en el marco de la investigación geoarqueológica El sitio multidimensional de Olimpia, que durante tres años ha estudiado los alrededores del santuario con la participación de arqueólogos griegos y alemanes. El extracto proviene del canto 14 de la obra –de los 24 que componen el poema— en el que Homero narra el retorno de Ulises a su isla, Ítaca, el reencuentro con Eumeo, su porquero que lo cree muerto. Pese a no reconocer a su amo, que se presenta ante él bajo el aspecto de un mendigo, Eumeo lo cuida y le da cobijo.
La Odisea cuenta la historia de Ulises, rey de Ítaca, que viaja durante diez años tratando de llegar a su isla natal después de la caída de Troya. La obra atribuida a Homero, —se supone que el autor la compuso a finales del siglo VIII a.C—, fue en un primer tiempo transmitida de forma oral durante los banquetes o en algunas cortes, “hasta que en Atenas, en el siglo VI a.C, se decidió fijar el poema por escrito”, cuenta por teléfono Óscar Martínez, traductor de Homero (La Ilíada, en Alianza Editorial) y presidente de la delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Asegura que no quedó nada de aquella primera edición.
"Otra fase de la transmisión fue cuando se hicieron las copias de la obra sobre papiros en Alexandria" en torno al siglo III a.C, relata Martínez. La Biblioteca de Alexandría conservaba entonces numerosas copias del texto homérico que provenían de diferentes regiones de Grecia. Una de ellas, en la que figuran partes del canto IX y X, fue hallada en Egipto en el 1900. Conservada en la actualidad en el Instituo de Papirología de la Sorbona, la copia está fechada en el último cuarto del Siglo III a.C.
“Podemos suponer que no se encontrará toda la Odisea copiada pero [el trozo encontrado en Grecia] es muy valioso en términos epigráficos”, ahonda Martínez, al que llamó mucho la atención que se tratara del canto XIV de la epopeya y que se encontrara la placa de arcilla en Olimpia. “Era un sitio muy dado a recibir peregrinos, un centro panhelénico donde acudían muchos visitantes y en el que tratar bien al que venía era una prioridad”, explica.
El entusiasmo provocado por el descubrimiento no sorprende Martínez que destaca el carácter fundamental de la aportación de Homero a la literatura universal. "Tanto La Ilíada como La Odisea, que surgen aisladas en el tiempo con una belleza inigualable, han sido un referente para la literatura posterior”. Todos los elementos que aparecen en la obra como las sirenas, el cíclope, la maga Circe —e incluso los que no figuran en ella y que se asocian al mito creado en torno a Homero, como el caballo de Troya o el talón de Aquiles— llevan siglos “llenando toda la imaginación occidental. Es probablemente una de las obras más influyentes de toda la literatura occidental”.

TOMADO DE:   https://elpais.com/cultura/2018/07/11/actualidad/1531301394_545353.html