LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 25 de julio de 2010

El ADN del caudillismo latinoamericano Por Luis Fernando Afanador

El ADN del caudillismo latinoamericano
Por Luis Fernando Afanador

Un fenómeno político recurrente a este lado del mundo visto a través de sus principales protagonistas.

Este libro presenta un perfil de 16 caudillos latinoamericanos. Algunos muy conocidos, como Perón, Porfirio Díaz, Anastasio Somoza, Leonidas Trujillo y Gerardo Machado. Otros menos, como Manuel Estrada Cabrera, Maximiliano Hernández Martínez y Jorge Ubico. Pero ninguno extraño a nadie gracias a nuestra literatura. José Gaspar Rodríguez de Francia no será olvidado gracias a Yo el supremo, de Augusto Roa Bastos, y Getulio Vargas vive todavía en las páginas de Agosto, del escritor brasileño Rubem Fonseca. Y cada uno de ellos -incluso Pérez Jiménez que no aparece aquí- tiene su cuota de inmortalidad en El otoño del patriarca, síntesis de los delirios del poder en América Latina.
La primera impresión que puede tener el lector de Caudillos es que se trata de un déjà vu. ¿Caudillos latinoamericanos? Ese tema ya fue chuleado por la historia y por la literatura. ¿Se atreverá alguien a retomar este tema después de tanta bibliografía, después de La fiesta del Chivo? Desde luego que sí, insiste su autor, el fenómeno del caudillismo no solo no ha desaparecido sino que es la clave para entender la historia de nuestros países. Por eso, a la hora de las efemérides y los bicentenarios, qué pena con los jefes de protocolo, no puede ser el gran ausente: "Se puede demostrar que los latinoamericanos, en estos 200 años de independencia, hemos vivido más tiempo bajo la férula de estos personajes desdeñosos de las instituciones y el constitucionalismo liberal, que administrados por presidentes obedientes de las normas".

Aunque parezca una fatalidad genética, una impronta del ADN latinoamericano, los caudillos se explican por la conformación de nuestras sociedades. Vienen de los encomenderos coloniales y de los hacendados. La hacienda sucede a la encomienda y asume el vacío de poder ante la caída de las instituciones coloniales: el hacendado posee grandes extensiones de tierra y se convierte en el único referente para los campesinos de una organización política y laboral. "El control de las autoridades coloniales era tan tenue, sobre todo en las periferias, que con frecuencia los hacendados recibían una suerte de comisión para ejercer el control por mandato real". Los aparceros de la hacienda son el germen de la red clientelista y el ámbito propicio para que florezca el caudillismo. En realidad, un bastión de los sectores tradicionalistas contra las ideas liberales y democráticas que trajo la independencia. "Los perdedores de la independencia vieron en su comando de las masas una manera de contrarrestar el avance de instituciones revolucionarias, como el voto". Por supuesto, la figura del caudillo evoluciona y se vuelve contradictoria: así como defiende el orden establecido también puede asumir en ocasiones la representación de la rebeldía. Hay caudillos liberales.

Caudillos, caciques, hombres fuertes, dictadores, tiranos. No importan los nombres, importan sus características comunes: se sienten insustituibles, salvadores, restauradores de la patria y con el sagrado derecho a cambiar la Constitución para quedarse en el poder. Para ellos, la ley es un papelito, un articulito y, como decía el dictador de Carpentier en El recurso del método, "¡Jefe con cojones no se guía con papelitos!". El hondureño Tiburcio Carías Andino se quedó 17 años en el poder porque pensaba que su pueblo "no era capaz de gobernarse por sí solo". Propició una Asamblea Constituyente para ser reelegido indefinidamente. Fantasmas que cada tanto buscan reencarnar. En Zelaya, Chávez, Fujimori, Ortega, Uribe.

Por los perfiles de los caudillos esta obra se emparenta con el periodismo e incluye inevitables dosis de humor negro y picaresca, dada la naturaleza de los personajes. Dice Gerardo Machado: "Yo quise una Cuba libre, feliz y contenta. Por ese ideal llegué a la dictadura, y cometí el error fundamental de no haber eliminado más gente de la que pude". Por su mirada de conjunto y su intención de encontrar una continuidad histórica y una respuesta, tiene algo de teoría política.

http://www.semana.com/noticias-cultura/adn-del-caudillismo-latinoamericano/141536.aspx

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