LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 13 de septiembre de 2010

OBRAS PÓSTUMAS DE AUTORES FAMOSOS




Publicaciones Literatura póstuma
Escritores fantasmas

Las obras póstumas de autores famosos suelen generar cuestionamientos: ¿son aportes o inventos editoriales? Entre las más recientes están las de Nabokov y Bolaño.  

Patricio Tapia  Si un personaje más o menos conocido -algún tipo de celebridad: un actor o un político- que no obstante carecer de ganas o talento para escribir decide publicar una obra de índole literaria (desde memorias hasta novelas), siempre tendrá la opción de contratar a otro que lo haga por él, probablemente sin muchas ganas ni mucho talento: un escritor "profesional" dispuesto a renunciar al reconocimiento a cambio de un pago, esto es, recurrir a un "negro" literario o, según la idea anglosajona ( ghostwriter ), un "escritor fantasma".
Pero hay otro tipo de escritores "fantasmas": aquellos cuyas obras aparecen cuando ya han muerto. No son un fenómeno paranormal, sino uno más bien normal: la publicación póstuma. Nunca han faltado quienes, por diversas razones, no publicaron en vida y se hicieron escritores célebres una vez muertos. La hilarante La conjura de los necios (1980), de John Kennedy Toole sólo se publicó por la insistencia de su madre, varios años después de su suicidio. Es el caso de Stieg Larsson y su trilogía Millennium (2005-2007).
La situación más común es la del escritor ya famoso del que se encuentran inéditos. Y no se trata de diarios o epistolarios, sino de su obra literaria. En algunos casos surge una suerte de industria de póstumos: ocurrió con Ernest Hemingway o las aparentemente infinitas historias de la Tierra Media que el hijo de Tolkien, Christopher, ha entregado a la imprenta.
El fenómeno también se da en castellano: los poemas de Almácigo (2008), de Gabriela Mistral, Papeles inesperados , de Julio Cortázar (2009); o el recientemente descubierto fragmento de Borges. Pero en el mundo anglosajón es llamativo. En 2009 apareció, casi 100 años después de su muerte, un cuento de Mark Twain, además de una compilación de relatos y ensayos inéditos. El mismo año apareció serializada en una revista una novela inconclusa de Graham Greene. A comienzos de 2010 se han publicado novelas de Ralph Ellison y Jack Kerouac, y en 2011, más de dos años después de su suicidio, aparecerá la novela inconclusa de David Foster Wallace.
¿Publicar o no publicar?
Un escritor famoso muere. Sus herederos encuentran en un cajón (o en su computador) un manuscrito completo y corregido, nunca entregado a un editor. ¿Será una obra maestra? Tal vez no es un heredero el afortunado, sino un erudito, o peor, un agente. O tal vez el manuscrito no está completo ni corregido, son sólo apuntes o fragmentos. ¿Publicarlo o no? He ahí el dilema.
Movidos por el amor filial, el amor filológico o el amor financiero, herederos, estudiosos y editores entregan esas obras a la letra impresa. Y tienen lectores, movidos por el deseo de abarcar todo lo escrito por ese autor.
Ejemplos recientes son El Tercer Reich , de Bolaño, y El original de Laura , de Nabokov. Jorge Herralde, el editor de Anagrama, donde ambos libros se han publicado en castellano, señala cuándo decide publicar los escritos póstumos: "Cuando pienso que enriquecen el conocimiento del autor. Y teniendo muy en cuenta, claro, a los fans y a los estudiosos".
De Bolaño, ya se habían publicado póstumamente 2666 (2004) y otros dos libritos en 2007, pero su agente Andrew Wylie, anunció en 2008 la existencia de El Tercer Reich (2010): el diario de un joven alemán que pasa junto a su novia unas vacaciones en España. Es fanático y estudioso de un "juego de guerra" y a través de las personas que conoce, la historia de aparente placidez estival se transforma en el relato de una degradación. Estaba terminada y corregida, ya en 1989, aunque Bolaño, al parecer, estaba insatisfecho con ella. Herralde decidió publicarla.
-¿Por qué?
-Enseguida vi (al igual que después casi todos los críticos) que era una excelente novela del primer periodo narrativo del autor. Publicable sin ninguna duda.
-¿Es distinto si hay voluntad expresa del autor de no publicar?
-Hay mucha bibliografía al respecto. Una pregunta recurrente: ¿por qué no lo destruyó el autor? Y una consideración extrema: sin la "traición" de Max Brod, casi toda la obra de Kafka hubiera desaparecido.
Últimos deseos
Diecinueve siglos antes de Kafka ya hay ejemplos de publicar contra los deseos del autor. Poco antes de un viaje, el poeta Virgilio había encargado a dos amigos que, si algo le ocurría, debían quemar el manuscrito inacabado de La Eneida . Al regreso de su viaje, murió Virgilio, pero el propio Augusto impidió que se cumpliera su último deseo. Emily Dickinson publicó unos pocos poemas en vida e instruyó a sus hermanas para quemar todas sus cartas y poesías, órdenes sólo en parte cumplidas.
El original de Laura (Anagrama, 2010), la novela que Vladimir Nabokov había comenzado a escribir cuando enfermó y luego murió, se compone de 138 fichas. Su autor dejó instrucciones expresas de que el manuscrito fuera destruido si él moría sin terminarlo. Su esposa, Vera, y luego su hijo, Dmitri, no lo hicieron y éste, 30 años después, lo publica. La califica de "obra maestra embrionaria", y es quizá demasiado embrionaria. Algún argumento se esboza: una mujer infiel y bella, casada con un obeso neurólogo dedicado a la "autodesaparición"; alguien escribe una novela en clave con la historia de ella. No es una "novela en fragmentos" como uno de sus subtítulos sugiere, sino únicamente fragmentos. Con la reproducción fotográfica de las fichas (que en la edición inglesa es más exacta y pueden incluso desprenderse para jugar a ser Nabokov) es una forma de acercarse al modo de trabajo de Nabokov, una incursión en su "taller".
Si un escritor llega a ser lo suficientemente conocido, debe considerar que todo lo que deje escrito, aunque inacabado, podrá ser publicado. Los editores buscan los inéditos de autores famosos, pues tienen un público cautivo. Así, de Bolaño ya se habla de otras dos novelas...
 http://diario.elmercurio.com/2010/05/09/al_revista_de_libros/_portada/noticias/A20EF321-4E8D-4D57-AF7B-991B9BB17C96.htm?id={A20EF321-4E8D-4D57-AF7B-991B9BB17C96}

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