LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 6 de septiembre de 2010

"Perón viene del fascismo" Raquel San Martín (desde Buenos Aires) TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/08/20/cultural_508856.asp

Tradición autoritaria en la Argentina

"Perón viene del fascismo"

Raquel San Martín
(desde Buenos Aires)
El historiador Federico Finchelstein explica, en su reciente libro Fascismo transatlántico, por qué la ideología totalitaria de Mussolini se convirtió en parte de la cultura política de Argentina.

Benito Mussolini
El fascismo, aunque tiene fecha, lugar de nacimiento (marzo de 1919, Milán) e inspiración nacionalista italiana, mostró desde sus orígenes una intención expansiva y globalizadora. Sin embargo, y a pesar de las intenciones en contrario de los primeros fascistas, no fue un producto de exportación sencillo: quienes lo adoptaron, en Europa y del otro lado del Atlántico, lo transformaron a su gusto, exacerbaron algunas de sus ideas, minimizaron otras y, en algunos casos, lo hicieron perdurar en el trasfondo de su cultura política hasta la actualidad.
Un ejemplo es la Argentina, sostiene Finchelstein, experto en fascismo. Nacido en Buenos Aires pero residente en los Estados Unidos (doctorado en la Universidad de Cornell), desde hace diez años él recorre archivos, documentos, personajes y circunstancias del fascismo. Ha revisado particularmente el modo en que los argentinos de las primeras décadas del siglo XX se apropiaron de esa ideología de rechazo a la democracia, de violencia y totalitarismo, hasta constituirla en una "forma extrema de religión civil". El autor demuestra cómo "el fascismo en Argentina tuvo la más alta proporción de adherentes en relación con el total de la población entre 1930 y 1940" y, sobre todo que "continúa siendo una fuerza intelectual y política".


Juan Domingo Perón
Profesor e investigador de la New School, en Nueva York, Finchelstein explica que en la Argentina, el fascismo venido de Italia resonó en "tradiciones autoritarias" que ya existían para terminar dando forma a una cultura política que explica buena parte de la historia del siglo XX en ese país, incluido el peronismo. "Para mí, el peronismo no es fascista, pero el fascismo es parte importante de sus orígenes", dice, y aclara que, aunque la creación política sui generis de Juan Domingo Perón no muestre ni la idea radical de enemigo ni el belicismo que son clásicos en el fascismo, sí instaló una "idea totalitaria de la política donde todo tiene que ser peronista". En ese sentido, "el peronismo es inclusivo pero presenta esta inclusión como una obligación: o se es peronista o no se es argentino". El legado más duradero del fascismo a la Argentina está en la idea del "enemigo interno", tan cara al nazismo, que alimentó la maquinaria de tortura y muerte en la última dictadura, entre 1976 y 1983.
EL RECHAZO DE LA RAZÓN.
-¿Cómo se puede definir al fascismo?
-El fascismo a nivel global es un rechazo absoluto del legado de la Ilustración y de la democracia. Es el énfasis en la dictadura y en un liderazgo extremo y totalitario, con un Estado que elimina todas las libertades individuales y una noción radical y extrema de la violencia. La violencia siempre existió en la historia del mundo, pero la originalidad nefasta del fascismo es considerarla como fin. En el fascismo la violencia no sólo es necesaria, sino que es lo que hace a la política sagrada y lo que crea poder político. Se hace política cuando se es más violento, cuando se vulnera la corporalidad del enemigo creado, se lo tortura o se lo elimina. Y, ante todo, el fascismo es una forma de conseguir el poder del Estado.
-El carácter global del fascismo que usted enfatiza, ¿es parte de esa definición?
-Es parte de la definición de fascismo tal como el propio fascismo se define. En general, no se estudia el fascismo de manera global por una razón lógica: la mayor parte de los que estudiamos el fascismo no somos fascistas, y por eso no pensamos en términos de intuiciones y sentimientos, sino que confiamos en la razón para interpretar, algo que el fascismo rechaza. Por eso vemos una contradicción donde el fascismo no la ve: el fascismo es un nacionalismo extremo, que no puede ser más nacionalista y xenófobo, pero a la vez es global. Si uno piensa que una nación está `por encima de todo`, como todavía hoy dice el himno alemán, ¿cómo se pueden plantear alianzas internacionales a un nivel de relativa igualdad ideológica? Un fascista diría que eso es una contradicción sólo para gente racional que se mueve en el ámbito del pensamiento democrático, pero para ellos se puede ser nacionalista extremo y a la vez internacionalista. Para el fascismo, la identificación tiene que ser a través de la percepción y no de la reflexión, del corazón y no de la cabeza.
-¿Cuál le parece que es la clave de la reapropiación argentina de este fascismo italiano?
-Otra forma de plantearlo es por qué Argentina resultó ser tan fascista. Era algo ciertamente inesperado. Si uno pudiera ir hacia atrás, al Centenario de 1910, y le contara a los argentinos todo lo que pasó en las décadas siguientes, en gran parte en clave fascista, la mayor parte de la gente de esa época se sorprendería, incluso quienes más tarde adhirieron al fascismo, y que no lo eran en ese momento. Dado que no aparecen cosas de la nada o caen del cielo, uno tiene que pensar en que hay raíces subterráneas en esta tradición autoritaria en la Argentina.
-¿Cuáles son?
-Son muchas. El fascismo surge con ese nombre en Italia, pero no hay que pensar que luego todo es imitación de ese modelo. Tanto en Alemania como en Argentina, en el mismo momento en que Mussolini empieza a pensar este tipo de cosas, hay gente que ya está pensando en la misma clave de rechazo de la democracia. La diferencia con Argentina, que realmente frustraba a Mussolini (que pretendía que los fascistas fueran exactamente lo que eran en Italia en todo el mundo) es que en Argentina hay una construcción distinta de lo sagrado. El fascismo en todos lados es una religión política que tiende a endiosar y divinizar la figura del líder, pero en Argentina se da una vuelta más: si para los fascistas italianos el Duce es Mussolini, para los argentinos, el Duce es Jesucristo. El fascismo argentino, como todos los fascismos, tiene la idea de eliminar la democracia y reemplazarla por una soberanía popular secular pero sacralizante. Pero en Argentina esto se combina de forma extrema. La idea de que el fascismo representa lo que el pueblo quiere se radicaliza porque esta soberanía popular está basada en la voluntad de Dios.
CIUDADANOS Y DIRIGENTES.
-Hay una pregunta que usted hace en su libro: ¿por qué Argentina, que junto con Uruguay fue uno de los países más secularizados de entonces, desarrolla uno de los movimientos católicos más fuertes y de extrema derecha de América Latina?
-La primera respuesta es que en Argentina se da un corte, un repliegue de la sociedad civil, que tiende a tener hábitos críticos y democráticos que se diferencian de la política oficial, de la política de Estado. En ese punto, hasta se podría hablar de dos Argentinas: la de la política y la de una sociedad civil que enfatiza las mejores cosas que ha producido la modernidad, como el pensamiento crítico.
-Se da una distancia entre los dirigentes y los ciudadanos.
-Sí, ya en ese momento. En Argentina hay tradiciones autoritarias de la política oficial que vienen de antes. Uno puede preguntarse por qué desde el Estado ha habido tan poca resistencia a regímenes que enfatizaron la violencia y lo autoritario. Aunque la democracia formal estaba afianzada en el Centenario argentino, con sus problemas, el hecho de que la democracia haya sido luego eliminada por tantos golpes de Estado, apoyados por todas las fuerzas políticas, demuestra que esta democracia no era la más fuerte. Y también explica este repliegue de la sociedad civil, que mantiene en términos personales lo más interesante de Argentina, aún hoy. Con esto no quiero tener una imagen condescendiente de nuestra sociedad civil, porque por falta de opciones o por propia incapacidad de generar otras, termina votando por alternativas autoritarias. No hay una sociedad inocente, pero se dan situaciones en el ámbito de lo literario, lo artístico y el pensamiento que tienden a ser progresistas, democratizantes y basadas en el legado de la Ilustración y la democracia, todo lo que el fascismo rechaza.
-Los fascistas, ¿tenían esta distancia entre gobiernos y sociedad civil en mente cuando intentaban hacer propaganda en la Argentina?
-Los fascistas rápidamente advirtieron en Argentina que la idea de que el fascismo expresa la soberanía popular no implicaba que era necesario que se lo votara. Luego de intentos infructuosos por este lado, a partir del golpe de 1930 y hacia finales de esa década, los fascistas se dan cuenta de que la forma de dominar esta sociedad civil que no los quiere, no es a través de decisiones electorales sino de alianzas con el Ejército y la Iglesia Católica, es decir, con estamentos importantes del Estado. Son las dos grandes corporaciones que aceptan esta oferta teórica de los fascistas porque muchas veces participan de ese medio de pensamiento por conveniencia, o por ser fascistas claramente. Si en Argentina los militares hubieran estado en contra del fascismo, no se hubiera dado el crecimiento en términos de hegemonía política, cultural y educativa que tuvo.
FASCISMO Y PERONISMO.
-¿Qué lugar tuvo el fascismo argentino en la construcción del peronismo?
-Para mí, el peronismo no es fascista, pero el fascismo es parte importante de sus orígenes. El peronismo absorbe variables de izquierda y de extrema derecha y presenta algo sui generis, pero tiene un origen parcial en el fascismo. Perón viene claramente del fascismo. Es un personaje que hace política en la segunda dictadura argentina, es uno de los artífices de ese mundo político. Una vez que logra eliminar a la parte pro aliada del campo político de la dictadura, elimina a los sectores de extrema derecha y nacionalistas del Ejército. Primero elimina a la izquierda, después a la derecha y luego hace lo que quiere. Y lo que quiere es una conjunción de muchas variables, de las cuales el fascismo no es una menor. Pero en el peronismo no veo dos cosas centrales del fascismo. Una es la idea radical del enemigo. Si bien suprime libertades y eventualmente se vulnera la corporalidad de algunos individuos, en el gobierno peronista no se está hablando de asesinatos, de campos de concentración, de tortura como luego se la conoció. Y la otra es que está ausente la noción de violencia con sus correlatos lógicos, que son guerra e imperialismo. El peronismo no es guerrero, no es belicista, no es imperialista como el fascismo transnacional. Es un régimen autoritario, contradictorio, que amplía las libertades sociales de alguna manera pero suprime las libertades políticas.
-¿Hay alguna comparación posible entre Perón y Mussolini?
-Perón dijo que él se sentía un alumno de Mussolini y que iba a aprender de sus errores. Mussolini termina yendo a una guerra -que nadie en Italia quiere- porque no se siente verdaderamente poderoso si no lo hace. Perón surge con el total apoyo de la Iglesia y del Ejército, y logra alienar a estos dos sectores con esta idea totalitaria de la política donde todo tiene que ser peronista. Es moderado si uno lo compara con Mussolini, pero a Perón no le importa crear con una lógica facciosa dos grupos enfrentados entre sí. No se entiende la política como diálogo. El peronismo, a diferencia de todos los fascismos, no es racista, no es antisemita, pero sí impone la obligación de que los judíos argentinos tienen que ser peronistas. El peronismo es inclusivo pero presenta esta inclusión como una obligación: o se es peronista o no se es argentino. Los jóvenes ya no pueden participar de las juventudes católicas, sino que tienen que ser de las juventudes peronistas. Esta lógica totalitaria termina incluso alienando a sus enemigos, y a grupos que en principio lo apoyan.
-La noción de enemigo interno, propia del fascismo, ¿es parte del legado del fascismo en la cultura política argentina?
-Claramente viene de allí. La última dictadura argentina no fue fascista en términos generales, pero sí al interior de los campos de concentración. Si uno analiza la práctica y la teoría fascista de los años 30, encuentra el tipo de discurso que se reproduce en los cuerpos de las víctimas en esta dictadura. Desde la lógica fascista que estos militares heredan, la tortura no es un momento para producir información, sino para confirmar verdades. Lo que se pretende es que las víctimas digan lo que los perpetradores saben porque se los dijo la ideología. Si hay una conspiración según el mandato ideológico fascista, ellos van a buscar que las víctimas lo confirmen. Es claramente el momento cúlmine del fascismo a la Argentina, porque este tipo de prácticas y asesinatos son formas de matar por la Patria. Dios y la Patria representan esta imagen totalitaria de la política. Las fuerzas armadas se integran al aparato represivo, en una tradición que viene de lejos.
-¿Ve algún legado fascista en la política argentina hoy?
-No veo en los grupos mayoritarios de la política argentina gente que reivindique este legado. Pero esta es una cuestión que debería ser de chequeo constante. Hay que recordar que una lógica del legado fascista es la predilección por los estamentos del Estado, particularmente por las fuerzas de seguridad y otros estamentos corporativos. En la medida en que muchos integrantes hoy de las fuerzas de seguridad fueron formados por gente que participó de la represión, uno no tiene que estar tranquilo.
FASCISMO TRANSATLÁNTICO. Ideología, violencia y sacralidad en Argentina y en Italia, 1919-1945, de Federico Finchelstein. Fondo de Cultura Económica, 2010. Buenos Aires, 376 págs. Distribuye Gussi.

Estudiar al enemigo

CABE PREGUNTARSE cómo hace un investigador para ocuparse científicamente de algo que desprecia. Con su abordaje del fascismo, que define como "una aberración política y ética", Finchelstein quiere dejar una reflexión epistemológica. "Para entender al enemigo, hay que entender por qué hace lo que hace", sostiene. "Una forma de no negar la consideración política que tengo del fascismo, pero a la vez no dejar que afecte el análisis, es presentarla claramente al principio de un libro, de un artículo y hasta de esta charla. Como historiador, no creo que un adjetivo me ayude a entender las razones que permitieron el fascismo, por qué estas personas tuvieron seguidores, qué motivó sus creencias y sus sentimientos. Si quiero entender por qué pasa lo que pasa, pensar que estos personajes eran malos tipos no me ayuda a entender. No es aceptarlos, sino entender su lógica". El historiador cree que, para tener una distancia saludable con el objeto de estudio, hay que reconocer lo que uno piensa y entonces sí, tratar de dejarlo a un lado. Y no acostumbrarse. "Los textos que uno lee no son agradables, postulan la necesidad del asesinato y de la tortura, y uno corre el riesgo de habituarse a esas ideas. Hay que mantener el extremismo que tienen las fuentes".
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/08/20/cultural_508856.asp

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