LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 25 de octubre de 2010

La lengua uniformada Nelson Rivera TOMADO DE: EL NACIONAL - Sábado 23 de Octubre de 2010

EL NACIONAL - Sábado 23 de Octubre de 2010 Papel Literario/1
 

Papel Literario

La lengua uniformada Nelson Rivera

NELSON RIVERA


L a palabra infamante ha alcanzado su cúspide.

La lengua ha cumplido, otra vez con terrible eficacia, la función que el poder le ha encomendado: abrir una brecha visible y cotidiana en la sociedad venezolana. A los expertos corresponde validar o desmentir esta afirmación, medir si se trata de una zanja superficial o de una herida más profunda que atraviesa al cuerpo social en su anchura. Pero lo cierto, lo amargo, es que por encima de contradicciones y conf lictos, un corte universal se ha superpuesto a nuestra existencia: vivimos, en mayor o menor med ida, bajo la conciencia de ser un país dividido en dos (o más gravoso aún, bajo el supuesto de ser ahora dos países).

Un breve ejercicio podría llenarnos de perplejidad: basta volver a unas pocas de las centenares de crónicas escritas por reporteros que nos han visitado en los últimos seis o siete años: en todas se habla del carácter escindido, de la Venezuela partida. Luce oportuno añadir todavía una verificación más: la ansiedad, la obsecración, la sonoridad de cascarón con la que hablamos de unión: la pronunciamos como quien habla de una cosa extraviada que posiblemente no volverá a reaparecer (la idea de "lo unido" ha ido adquiriendo una personalidad fantasmal, la de algo que aparece y desaparece).

La unión es nuestro objeto perdido, el jarrón del comedor hecho trizas.

Precarizar al contrario a nombre del pueblo: en ello consiste la ruindad de la operación ejecutada por el poder (hablo de "ejecutada", convencido de que la división ha sido ya consumada; ahora mismo se trata de un hecho cumplido: vivimos en un tiempo posterior a la realidad de la zanja cavada). La lengua ha logrado convertir lo diferente en incitación a la violencia. Nos afirmamos como oponentes. El persistente látigo de la lengua del poder puede rastrearse en las otras lenguas que ella ha catalizado: la lengua binaria del nosotros-y-ellos; la lengua cara-y-no-cruz de la denuncia sin remedio; la lengua-lágrima instalada en el juego de su lamento cíclico; la lengua-retrovisor que anhela un acto mágico que la devuelva al pasado; la lenguabota que desconoce los relieves y los colores intermedios de nuestra realidad.

La impostura, la hipérbole Una lengua que distorsiona el pasado, que niega el presente y somete el futuro al vértigo de la incertidumbre; que no nombra sino que imposta una realidad: la lengua puesta en circulación por el régimen vigente hunde sus raíces en las experiencias totalitarias del siglo XX, sustentada en la práctica indiscriminada del superlativo, tal como ha sido descrito, en un ensayo que es testimonio pero también oficio de un notable pensador, por ese humanista formidable que fue Victor Klemperer .

1 Lengua que nombra las mismas realidades para crear la apariencia de lo radicalmente nuevo (una gacetilla de prensa proclama la existencia de asfalto socialista). Lengua que se gratifica a sí misma en el uso de las más falaces generalizaciones (todo ciudadano disidente de la política gubernamental es un burgués o un agente del imperialismo); que infla sus realidades numéricas o cualitativas hasta el extremo de lo absurdo (se ha proclamado hasta la saciedad la existencia de una dimensión que sería la infinita felicidad del socialismo, cuya durabilidad se estima hasta el final de los tiempos); que funciona bajo un riguroso principio de contrariar la realidad: cuanto peores son los hechos, cuanto más aumenta el deterioro, más estentórea, abultada y mentirosa resulta la lengua del régimen.

Este principio de absurdidad tiene su fundamento en la pretensión de totalidad que es inherente al objetivo de controlar el conjunto de la sociedad. Escribe Klemperer: "Total también es un valor numérico máximo, tan lleno de significado en su impenetrabilidad realista como `innumerable’ e `inimaginable’ en cuanto a excesos románticos. Las terribles consecuencias que para Alemania tuvo la guerra total anunciada de forma programática por ella misma están en la memoria de todos. No obstante, lo total se encuentra por doquier en la lengua del Tercer Reich, incluso fuera del ámbito bélico: en un ensayo publicado en el Reich se ensalzaba `la situación educativa total’ reinante en una escuela nazi de muchachas; en un escaparate vi un juego de mesa calificado como el juego total".

A esta premisa de totalidad está asociado el objetivo de propagar la supresión de los límites de la duración: el régimen totalitario se propone como carente de final. De la revisión de los discursos de Mao, Stalin, Hitler, Ceaucescu y Chávez, una conclusión salta de inmediato: todos usan el adjetivo "eterno" para sugerir la escena donde se escenificarán sus propósitos.

En ese escenario de eternidad redentora, es donde la apocalíptica Victoria final de Hitler, analizada por Rosa Sala Rose,
2 o el Patria, socialismo o muerte de los comunistas, se levantan como la última bandera de lo totalitario ante el ciudadano: o sometimiento o sangre; o muerte política o muerte física.

No más que 300 palabras La incesante campaña que se propone hacer de nuestra lengua un instrumento de limitados horizontes avanza, no sin consecuencias: la lengua corriente pierde su capacidad de hacerse permeable a lo distinto; la ignorancia se instala como trabazón que hace inviable el mutuo reconocimiento; se acepta, con mínimas resistencias, que el diálogo se ha roto en medio de una larga tormenta, sin que puedan recuperarse los lazos que nos aseguraban que teníamos un país común, con sus resquebrajaduras e intereses en conflicto, pero no un gobierno-Estado que arremete contra la lengua de la convivencia y formula políticas cuya base anímica es la discriminación sin disimulos.

Precarizar el universo político-moral venezolano: tal es el programa en curso.

Hay en todo esto algo terrible, pero también embarazoso. Verdaderamente embarazoso, porque hasta donde lo presiento, la decisión de dividir y polarizar la vida cotidiana del país se ha convertido en experiencia diaria, tangible. Como si fuesen especies de la misma familia, al deterioro de la gestión pública, a la potenciación de las formas de la corrupción de los asuntos públicos, parece corresponder una cierta banalidad, un cierto decaimiento de nuestra lengua, que es el único instrumento que tenemos para pensar e intentar comprender al país de nuestros empeños y vacilaciones.

A la banalidad del yo consumista ha venido a sumarse la improbidad del sujeto revolucionario: entre uno y otro la lengua se erosiona a un estado de poca cosa: vidas que transcurren, dentro y fuera de la política, en un ambiente de relativa conformidad, con un instrumental que a menudo no sobrepasa las trescientas palabras. No sólo en el plano de un posible universo político-moral venezolano, también en el vínculo del sujeto apenas ocupado o desocupado de los asuntos públicos, parecen estar en mengua los recursos de la lengua necesarios que le permitirían a la voluntad democrática avanzar, encontrar los cabos rotos de la convivencia venezolana.

Canetti aconsejaba: no conviene acostumbrarse a ninguna muerte: ni a la muerte de los seres queridos ni a la muerte del espíritu ni tampoco al desmoronamiento de las palabras que intercambiamos con el mundo. Cierto es que esa lengua que percibo en lento desmoronamiento tiene sus magníficos espacios de excepción: leo alguna de la más reciente poesía de Rafael Cadenas, radical en la búsqueda de sentido y sonoridad de cada palabra, conciencia plena del hecho poético, y me digo: una lengua del comienzo (de la excitación de comenzar otra vez) podría constituirse como distinta a la lengua uniformada, conectada ella a la restitución de las libertades y a la compleja práctica de la vida en común. Que ante eslóganes y frases hechas tengamos a mano la alternativa de las palabras con sentido.

Que ante la posibilidad cierta del cambio social, no sea impertinente traer a cuento estos dos pulcros versos, que son un poema del mismísimo Cadenas: "Uno sólo espera de los poetas / un óbolo que nos sirva para el trayecto".


Notas 1 La lengua del Tercer Reich tor Klemperer. Editorial Minúscula. España, 2001.

2 Diccionario crítico de mitos y
símbolos del nazismo . Rosa Sa- la Rose. Editorial El Acantilado.

España, 2004.

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