LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 17 de octubre de 2010

NABOKOV / BARRÁN / REVOLUCIÓN CONSERVADORA EN USA / LIU XIAOBO /



La literatura y el lobo

Vladimir Nabokov
LA LITERATURA no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando "el lobo, el lobo", con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando "el lobo, el lobo", sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre muchacho acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.
La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.
Volviendo un momento al muchacho cubierto con pieles de cordero que grita "el lobo, el lobo", podemos exponer la cuestión de la siguiente manera: la magia del arte estaba en el espectro del lobo que él inventa deliberadamente, en su sueño del lobo; más tarde, la historia de sus bromas se convirtió en un buen relato. Cuando pereció finalmente, su historia llegó a ser un relato didáctico, narrado por las noches alrededor de las hogueras. Pero él fue el pequeño mago. Fue el inventor.
Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor.
Al narrador acudimos en busca del entretenimiento, de la excitación mental pura y simple, de la participación emocional, del placer de viajar a alguna región remota del espacio o del tiempo. Una mentalidad algo distinta, aunque no necesariamente más elevada, busca al maestro en el escritor. Propagandista, moralista, profeta: ésta es la secuencia ascendente. Podemos acudir al maestro no sólo en busca de una formación moral sino también de conocimientos directos, de simples datos. ¡Ay!, he conocido a personas cuyo propósito al leer a los novelistas franceses y rusos era aprender algo sobre la vida del alegre París o de la triste Rusia. Por último, y sobre todo, un gran escritor es siempre un gran encantador, y aquí es donde llegamos a la parte verdaderamente emocionante: cuando tratamos de captar la magia individual de su genio, y estudiar el estilo, las imágenes y el esquema de sus novelas o de sus poemas.
Las tres facetas del gran escritor -magia, narración, lección- tienden a mezclarse en una impresión de único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento. Hay obras maestras con un pensamiento seco, limpio, organizado, que provocan en nosotros un estremecimiento artístico tan fuerte como puede provocarlo una novela como Mansfield Park o cualquier torrente dickensiano de imaginación sensual. Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entonces observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal.

El autor

Pilar González
VLADIMIR Nabokov (San Petersburgo, 1899-Suiza, 1977) escribió sus primeras obras en ruso pero se hizo internacionalmente conocido gracias a su novela Lolita, escrita en inglés. Entre otros libros, publicó también en inglés Ada o el ardor, Una belleza rusa y Habla, memoria. Residió en Estados Unidos desde 1940, y allí dio clases de literatura en la Universidad de Cornell. El texto de esta página pertenece a su Curso de Literatura Europea, que recoge esas clases.
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/10/15/cultural_521233.asp






Nuevo libro de José Pedro Barrán (1934-2009)

"La Historia es ver al otro"


EL LIBRO Itinerarios y miradas (Banda Oriental) recoge numerosos textos inéditos del historiador José Pedro Barrán. Desde un trabajo sobre "Problemas de la historiografía uruguaya", pasando por "El malestar en el psicoanálisis" hasta una carta a Julio María Sanguinetti. Hay además trabajos sobre él de Gerardo Caetano, Fernando Devoto, Teresa Porzecanski, Marcelo Viñar y Hugo Achugar, entre otros. El volumen incluye además recuerdos de Jorge Castillo, Heber Raviolo, Alcides Abella, Álvaro Díaz Berenguer y Daniel Gil. Una serie de fotografías registra diversas instancias, incluyendo su adicción a la música de Wagner. Los dos textos publicados aquí fueron leídos en la recepción de dos de los premios que recibió en su vasta trayectoria. Los subtítulos pertenecen a la redacción de este suplemento.
José Pedro Barrán
QUIERO DECIR que considero que este premio [a la Labor Intelectual] es fundamentalmente a la Historia, no porque yo sea la Historia -que todavía no he llegado a integrar el pasado total- sino porque es la disciplina más humana de todas las ciencias sociales, la más apasionante, la más "pasionante" en el sentido de que convoca las pasiones de todos nosotros, démonos o no cuenta de eso.
A pesar de que digo que es un premio a la Historia en sí misma -esto no significa que mis colegas no puedan reclamar su parte [ríe], pero verdaderamente lo siento así-, quiero agradecer sobre todo a un hombre que fue mi maestro, Juan Pivel Devoto. De él aprendí muchas cosas, no exactamente la orientación historiográfica que yo sigo, que más bien es casi la opuesta de él, pero sí la necesidad de hacerlo todo con rigor, con dedicación y con amor. Y aprendí otra cosa que no se refiere a la Historia y que es el amor a mi país. Pivel decía, usando una metáfora, que la vida de Oribe era la de un junco pintado de hierro, queriendo decir que era un hombre débil el que se aferraba a la ley, porque era lo que le daba a él fortaleza, que en sí mismo no la tenía. Y el Uruguay es igual, pero no está pintado de hierro, es un junco con hierro y es muy difícil doblegarnos entonces. Eso me lo transmitió él y siempre que pienso en mi país, en todo lo que le debo, incluyendo esto, me emociona.
Todos tienen su relato. ¿Y por qué digo que la historia está en todos nosotros? Bueno, mis amigos psicoanalistas, que no han podido sentarme en el diván -y que entonces no han podido cobrarme tampoco-, pero que me han enseñado muchísimo, me han enseñado por ejemplo que los hombres todos, ni qué decir los niños (luego llegan a ser hombres), tienen su relato, su relato de la familia, su historia personal y viven pensando en ello, rehaciéndola. ¿Cuántas veces la rehacemos y nos mentimos y nos ocultamos cosas y descubrimos otras en medio del asombro de nosotros mismos? Esa historia, esa novela que urdimos de nosotros, es Historia y es parte de la Historia y es nuestra Historia.
Con ese vínculo tan visceral, tan carnal que tenemos con nuestra novela, con nuestro pasado, es que de ese vínculo nace nuestra pasión -la mía en particular sin duda alguna- por la Historia. No es lo mismo la historia personal, la novela personal, que la Historia. Bueno, se parecen y a veces se nutren. Hay que tener cuidado con eso para no caer en el solipsismo absoluto ni hablar sólo de uno mismo porque esta historia personal siempre tiende a lo endogámico, a hacer referencia exclusiva de uno. Eso nos pasa con nuestros padres, estamos llenos del recuerdo de ellos, que a veces nos hieren y a veces -es asombroso- nos acarician y eso es así. Y si uno lo piensa es lógico. Y no sigo porque me emociona que puedan acariciarnos.
Esa historia tan subjetiva se transforma en la Historia el día que en vez de ver a nuestros padres desde nuestra óptica de hijos los vemos como ellos son, como ellos fueron. Los padres no fueron sólo padres, en algún momento fueron padres, pero antes y después fueron también ellos. Aquí está el principio de descubrir la esencia de la Historia, que es ver al otro, porque cuando uno advierte que los padres no se agotan en eso, que fueron personas, con sus pasiones, con sus crueldades, con sus amores, bueno ya llego a la Historia, porque la Historia es el otro, es también uno, pero es el otro fundamentalmente. Hay un cordón umbilical que nos ata a ellos -sobre eso los psicoanalistas siempre insisten, que hay que cortarlo- pero la verdad es que también nosotros lo urdimos cuando pensamos que ellos sólo fueron nuestros padres y no, ellos lo cortaron antes, fueron también otra cosa.
La mirada perdida. Siempre recuerdo de mi padre la mirada perdida que tenía en esos últimos años. Mi madre no tanto -la mujer es mucho más activa-. Creo que nunca tuvo la mirada muy perdida, pero mi padre sí. Es la misma que ha retratado el maestro Anhelo Hernández en mí, en el sentido de cuando él hizo un cuadro sobre mí, me pintó… [ríe] me habrá creído interesante... Lo dudo: el interesante es él, pero no yo como motivo. Lo cierto es que las miradas perdidas de mi padre fueron de las primeras que me hicieron pensar en todo lo que allí había de ensoñación, de amores no realizados o realizados... pero, bueno, en algún momento concluidos.
Recuerdo el título de una película inglesa de mi juventud, algunos la recordarán, Lo que no fue. ¿Recuerdan algunos la película? La mayoría no pero algunos supongo que sí. Era magnífica. Esas miradas perdidas que están llenas de lo que no fue y eso también es la historia. Es también lo que no fue de los individuos, no sólo lo que fue, no sólo esto y lo macro y lo económico y lo social y lo que existió. Es también lo que no pudo existir pero existe en cada uno de nosotros.
Ahora me viene a la memoria Wagner que es una de mis pasiones que comparto con mi mujer. En primer lugar, este mes -eso no lo sabe casi nadie y me alegro de poderlo decir- se cumplen 106 años de un estreno acá. Bueno, en verdad acá no se estrenó, se estrenó en Munich, pero de cualquier manera acá se vio por primera vez Tristán e Isolda en el Teatro Solís, dirigida por Toscanini nada menos, hace 106 años. La gente que salió del teatro según el diario El Día, "salió con la cabeza hecha un caos". Genial, porque la música esa era muy complicada frente a las melodías de la ópera italiana, más sencillas. En Wagner la pasión es dominante siempre, esté donde esté su música. Hay un momento en que uno de sus personajes hizo una frase que compendia todo lo que la historia tiene de pasión y puede tener de innovación, porque la historia es el estudio del cambio. Siempre estamos persiguiendo el cambio los historiadores, dónde está la novedad, dónde aparece algo distinto de lo que existió. Es cuando Woden, dios de los germanos, que está en el Walhalla le dice a Frigga, su esposa, que (como toda esposa, iba a decir, pero mi señora está presente…) no entendía la pasión (eso no es cierto): "¿Por qué no puede ser lo que nunca fue?". Y eso es la historia.
¿Por qué no puede ser lo que nunca pasó? ¿Por qué no puede pasar? Ese es el origen de la historia, el cambio, la novedad absoluta. ¿Por qué no pueden en algún momento, sin que la sociedad los estigmatice, amarse dos mujeres, amarse dos hombres o pensar en la sociedad sin clases? Son sueños, pero sueños que a veces la realidad se acerca a ellos y si no los soñamos, nunca lo que no fue va a ser. Muchas gracias.
(Discurso pronunciado el 5 de agosto de 2009, en el acto de recepción del Gran Premio Nacional a la Labor Intelectual.)

"Una hazaña por la libertad"

LA HISTORIA NO DEBE escribirse con pasión o pasiones, pero es una pasión, un arrebato que exige sudor, razón y sangre en dosis no siempre equilibradas, pues la Historia se escribe con la sangre de los otros y, más a menudo de lo que supone, con la propia. Por eso el estremecimiento impúdico, a menudo casi erótico, que nos invade a los del oficio cuando descubrimos un archivo o dentro de él ese o esos documentos que, como un tiro de revólver en el silencio de un concierto, iluminan de golpe los diversos sentidos que oculta el pasado. Es que como decía otro maestro admirado de mi juventud, Marc Bloch, el historiador husmea todo rastro de lo humano como perro de presa. Es que, como decía Don Quijote: "Para alcanzar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas".
Me referiré ahora, a la historia de los individuos como sujetos. A su privacidad, lo que pone en primer lugar del análisis la relación que la persona ha tenido con lo social, en la obra de los historiadores del siglo XX.
¿Cuál es la naturaleza del vínculo entre lo macro y lo microsocial, entre las llamadas estructuras y las formas reales de la sociabilidad, la primera de las cuales ha resultado ser en la historia de Occidente esa construcción que es el individuo? Durante casi todo el siglo XX los historiadores hemos estado fascinados por las explicaciones que atendían a lo macro, lo estructural. El marxismo y la escuela de los Annales en sus diferentes épocas, alimentaron esta verdadera obsesión. Las descripciones macroeconómicas decían dar cuenta de todos los niveles de la vida material de los hombres, y las que aludían a las estructuras sociales se postulaban como las únicas que podían volver inteligibles los acontecimientos colectivos y aun las historias personales, siempre inscriptas dentro de ellos. La Historia de las mentalidades, centrada más en lo que los hombres sentían y pensaban que en lo que producían, también afirmó que la clave de los comportamientos, los valores y las creencias, residía en la influencia del todo social, cuya existencia real nunca se puso en duda, sobre las partes, que ya por serlo (¿o designarse así?) eran protagonistas secundarias del drama humano.
Su postulado fundamental se resume en el aserto casi genial y premonitorio de Tocqueville: "Ningún hombre puede luchar fácilmente contra el espíritu de su época y su país, y aun cuando sea poderoso, es difícil que pueda moldear los sentimientos de los demás si no es siguiéndolos". Es que nadie oye lo radicalmente diferente y para modificar la realidad, hay que parecerse a ella. La idea de la supremacía de lo macro sobre lo micro se entrelazaba bien con la Historia interesada más en las permanencias y su explicación, que en los cambios y su contexto; y también con la Historia determinista y la negación del papel del azar; con la afirmación de que el devenir tenía un sentido inevitable, y que ese sentido era siempre inteligible y poseía una lógica y una transparencia que el investigador debía descubrir pues se postulaba su existencia aun antes de que se la percibiera. La interpretación del pasado era una tarea relativamente sencilla pues se partía de la base de que el pasado había sido lo único de él que llegó al futuro. De este modo todo lo ocurrido habría sido inevitable, un juego a escrutar regido por un mecanismo de relojería entre fuerzas económicas, sociales, culturales y políticas. Sólo se discrepaba sobre el vigor con que cada una de ellas participaba en la ejecución de aquel destino. No había en el acontecer espacios para la indeterminación y la diversidad, ya que las estructuras enmarcaban el campo de lo posible, a no ser algunos acontecimientos de las vidas personales.
EL SONIDO Y LA FURIA. Dejemos por un momento a los historiadores y leamos a Shakespeare y a Malraux. En el acto V, escena 5ta. de Macbeth, éste, intuyendo su fracaso, dice que la vida es "un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y de furia y que nada significa". Augusto Monterroso sostiene que en aquel inglés, "sound and fury" equivalía sencillamente a "bla, bla, bla", lo que coincidiría con la falta de sentido del discurso de un idiota. La primera versión, la del "sonido y la furia", atribuida a William Faulkner, coincide mejor con mi imagen de la vida y el pasado, pues si es opinable que la vida personal y el pasado carezcan de sentido y no sean mas que el relato de un idiota, no lo es, que la vida y el pasado, con sentido o sin él, estén cargados de sonido y furia, es decir, de pasión y emotividad, las que a veces se exponen con sordina pero siempre se sienten con fuerza.
La frase de André Malraux "el hombre no es más que un mísero puñado de secretos" halla en este contexto sus significados: míseros, porque son a menudo de escasa relevancia, secretos por cuanto son las claves de la persona que se ocultan a las diversas caras del poder, incluyendo entre los poderes a los internalizados, o sea, los secretos que el sujeto no se confiesa ni a sí mismo. Pero, secretos que son parte de la historia y de las fuerzas que la cambian.
Los grandes mitos de Occidente, el Juicio Final cristiano, el progreso ininterrumpido en el siglo XIX, la revolución proletaria en el XX, están a menudo detrás del sentido que los historiadores hemos asignado al acontecer colectivo, del postulado de su articulación lógica en pos de un fin inevitable, y de la afirmación de nuestra capacidad para volver inteligible el relato de un pasado que es ¿o debe ser? razonable. Y ese relato, esa manera de ser de la Historia escrita, no debe ser el cuento relatado por un idiota, sino la revelación del sentido que el pasado poseería de su dirección y su inevitabilidad, que sólo esperarían nuestro escudriñamiento para manifestarse. Y así, consciente o inconscientemente, los historiadores postulamos que el resultado no pudo ser otro que el que fue. Por ello el determinismo siempre nos seduce y nos acecha.
LOS FUTUROS POSIBLES. Intentemos aplicar una teoría opuesta al determinismo a las leyes del 25 de agosto de 1825. En este caso admitiríamos la riqueza de futuros posibles de los orientales en ese período, incluyendo, por cierto, el final de 1828: la independencia del Uruguay… Pero también la unión a las otras provincias e incluso el retorno al Imperio del Brasil. En aquel presente todas estas posibilidades existían aunque parecían no tener la misma adhesión en la población. Lo anacrónico y antihistórico, en consecuencia, es suponer que aquel 1825, que alguna vez fue presente, estaba determinado por su futuro. Aquel presente, como todos los presentes, todavía conservaba su indeterminación y así era vivido, y por ello se luchaba de un lado y otro para llegar al proyecto de futuro que se deseaba.
Si reducimos la escala de observación, como quiere la microhistoria de los italianos Levi y Guinzburg, y estudiamos a los protagonistas concretos de un período, el individuo, la familia, la aldea, el barrio, la empresa, estos sujetos recuperan protagonismo; la inevitabilidad de las estructuras se diluye, y crece en la misma medida el campo de lo indeterminado y la incertidumbre. A las explicaciones del pasado que reducen sus claves explicativas a la fuerza con la que la clase dominante, la economía capitalista, el estado moderno o la mentalidad colectiva modelan a los integrantes de la sociedad, es legítimo oponer la riqueza y la diversidad de la vida real. Porque son los sujetos históricos concretos los que lidiaron y lidian con las fuerzas impersonales, y es de esa lucha que surge la realidad global y es esa contienda la que el historiador no debe omitir, sin llegar a sostener que es la única contienda. Nuestro objetivo debe ser acercarnos al hombre concreto y sus experiencias interpersonales para poder observarlo como ser a priori libre de cualquier determinismo estructural, y estudiar sus estrategias -que a veces solo pueden ser estratagemas- frente a los poderes dominantes, la clase, la nación, el estado, la mentalidad colectiva, la ideología.
Los intersticios libres. Observemos algunos ejemplos en que se combinan los poderes y la rebelión personal y sus resultados, a veces la derrota del rebelde, a veces la burla a los poderes, a veces acuerdos dificultosos con estos, en otras ocasiones, el comienzo de sus ocasos. El molinero de Friuli del siglo XVI que estudió Carlo Guinzburg, al ser interrogado por la Inquisición y confesar su concepción del mundo, reveló una lectura contestataria del dogma católico y no se ciñó al orden mental e ideológico establecido. La existencia real de intersticios libres del poder dictatorial uruguayo en los años setenta y ochenta es lo que puede explicar el triunfo democrático de noviembre de 1980. Y yendo a las esferas de lo íntimo, pocos hombres y mujeres concretos hicieron caso de las recomendaciones de los médicos higienistas del Novecientos sobre la conveniencia de dormir separados los matrimonios… a fin de evitar el "surmenage" sexual de los maridos. En el plano del "cansancio" parece que las mujeres eran inmunes.
Conozco hoy tantos uruguayos de izquierda y de derecha que, por vivir como pasión personal su ideología, se obnubilan ante lo real y no lo entienden. O lo que es más interesante aún, terminan influyendo en lo real. Los hombres siempre queremos transformar nuestras añoranzas y ensueños en objetos sólidos. Y a veces podemos. Es el estudio de los sujetos históricos concretos el que permite descubrir y describir al individuo y a los grupos actuando en los espacios libres que dejan los poderes. La historia, además de dar cuenta de los poderes, debe advertir también las maniobras, estrategias y estratagemas del hombre y la mujer comunes para cuestionarlos y aun violentarlos y de ese modo modificarlos.
Ahora podemos volver a Macbeth y encontrar esperanzas en sus palabras de desaliento. El sentido que hemos asignado tradicionalmente al pasado en el relato histórico, con frecuencia ha empobrecido al pasado y al relato, pues los hemos vaciado de indeterminación y conflicto, es decir, de complejidad, diversidad y libertad. Probablemente se aplique a lo colectivo lo que podría decirse de la vida individual: es preferible construirse una vida con sentidos personales o grupales, a vivirla con el sentido que los poderes le asignan. De esta forma, el sin sentido del discurso del idiota se transforma en una lucha por la libertad. Y eso es la historia, una hazaña por la libertad.
(Discurso pronunciado al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de la República, Paraninfo de la Universidad, 12/3/2007.)
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/10/15/cultural_521218.asp


A las puertas de la revolución conservadora

Los comicios en EE UU deciden si se consagra el extremismo del Tea Party y la gobernabilidad del país

ANTONIO CAÑO - Miami.
En: www.elpais.com  /  MADRID: 17 de octubre de 2010.
Florida, escenario tradicional de batallas decisivas en las urnas, es el reflejo perfecto del panorama electoral en Estados Unidos: un consagrado político republicano desplazado por un desconocido del Tea Party, un candidato demócrata castigado por la impopularidad de la gestión de la Administración federal y ríos de dinero corriendo en la campaña como si se tratase esta de una votación crucial sobre el destino de la nación. En buena medida lo es. De lo que ocurra dentro de dos semanas depende la gobernabilidad de la primera potencia mundial y la consagración de una vía ideológica extremista que puede encontrar imitadores en otros países.
El Tea Party pone la energía; el ex asesor de Bush Karl Rove, medios y dinero
Todos los sectores radicales del Partido Republicano se unen para volver al poder
Florida es el reflejo perfecto del panorama electoral estadounidense
El elector tiende a equilibrar en las legislativas el voto de las presidenciales
En unas elecciones en las que salen a votación los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 36 escaños del Senado y 37 puestos de gobernador entran en juego multitud de factores que frecuentemente no están conectados entre sí. Pero, en su conjunto, estos comicios que se celebran en la mitad del mandato de un presidente son, históricamente, una oportunidad de valorar su gestión y corregir el rumbo. Desde la II Guerra Mundial, solo en dos ocasiones ha triunfado el partido que ocupa la Casa Blanca, lo que indica una clara tendencia de los norteamericanos a equilibrar en las legislativas su voto de las presidenciales.
Así va a ser de nuevo este año. Si no se produce una sorpresa mayúscula, los demócratas se preparan para una fuerte derrota que les hará perder la mayoría en la Cámara de Representantes y, probablemente, también en el Senado. La presidencia de la Cámara, el tercer cargo en jerarquía del país, pasará de las manos de Nancy Pelosi, una elegante progresista de San Francisco, a las de John Boehner, un ardiente conservador de Ohio.
La derrota, en sí misma, no representa un cambio dramático ni el augurio de una transformación más profunda. Bill Clinton o Ronald Reagan, por ejemplo, perdieron sus elecciones legislativas intermedias y obtuvieron después rutilantes victorias en las presidenciales. Lo que hace las elecciones de este año potencialmente mucho más trascendentes son los movimientos que se han venido dando, sobre todo en el campo conservador, en los meses anteriores a la jornada de votación.
Volvamos al ejemplo de Florida. Hace poco más de un año el gobernador del Estado, Charlie Crist, un republicano tan exitoso que sonaba como candidato presidencial, era el aspirante indiscutible al escaño del Senado vacante en esta circunscripción. Una gestión eficaz y un carácter moderado parecían la combinación perfecta para un triunfo del que nadie dudaba. Pero bastó un mero gesto de cortesía, un abrazo con Barack Obama en una de las visitas presidenciales a esta zona, para que todo se viniese abajo. El movimiento Tea Party, entonces en pleno desarrollo, le acusó de traición y decidió apoyar a su desconocido rival, el joven de origen cubano Marco Rubio. Sarah Palin, la anterior candidata a la presidencia, secundó inmediatamente esa decisión.
De repente, Rubio, un político sin ninguna experiencia anterior y con un mensaje limitado a su fe en Dios y en la patria que acogió a su familia, comenzó a subir como la espuma. Acabó derrotando en las primarias a Crist, quien, frustrado y arrinconado, decidió continuar su batalla como candidato independiente. Hoy Rubio aventaja en las encuestas por 15 puntos a Crist y por más de 20 al candidato demócrata, Kendrick Meek.
El mérito es mucho menos de Rubio, cuyo programa se reduce a repetir el lema del Tea Party -contra los impuestos, contra el Estado, contra el socialismo-, que de los apoyos recibidos. Consumado como un candidato del Tea Party, convertido casi en un símbolo de ese movimiento, Rubio recibió dinero para su campaña en proporciones jamás conocidas. En septiembre, Karl Rove creó en Florida una sucursal de su American Crossroads, una organización formalmente sin ánimo de lucro -por tanto, autorizada a mantener en secreto la identidad de sus donantes- que el antiguo consejero político de George Bush puso en pie en 2009 para aglutinar las toneladas de dinero circulante en contra de Obama.
Crossroads ha empleado aquí cientos de miles de dólares en anuncios a favor de Rubio y en contra de Crist y del presidente. Nunca unas elecciones en Florida han estado tan influidas por dinero de fuera de sus fronteras estatales. Nunca unas elecciones en ningún Estado del país han recibido antes inyecciones de dinero similares a las que se manejan hoy. En Nevada, donde el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, batalla angustiosamente por retener su escaño, casi la mitad del dinero gastado en la campaña ha sido recolectado fuera del Estado. Crossroads y sus afiliados llevan gastados, según la organización no partidista Centro por una Política Responsable, 127 millones de dólares (91 millones de euros) en propaganda, alguna de ella de una bajeza moral inconcebible. La Cámara de Comercio, la mayor organización empresarial, ha utilizado otros 75 millones de dólares en la misma dirección.
Esa combinación de la pujanza del Tea Party con la masiva afluencia de dinero constituye la gran novedad de esta campaña. El Tea Party ha puesto la energía, Karl Rove ha puesto los medios. El Tea Party aporta las ideas, Rove, el dinero. De algún modo, es el matrimonio del conservadurismo primitivo y extremo de las bases republicanas con la versión más pura del conservadurismo neocon. O más bien: la unión de todos los sectores radicales del Partido Republicano para recuperar el poder, y esta vez ejercerlo sin concesiones.
El mejor ejemplo de esa santa alianza se vio el pasado fin de semana en California. Con ocasión de la Bakersfield Business Conference, acto que reúne anualmente a distintas figuras conservadoras y en el que comparecieron juntos Sarah Palin, Karl Rove, Newt Gingrich, Mitt Romney y Dick Cheney, renacido tras su última operación de corazón. La influencia del ex vicepresidente, tanto personalmente como a través de su hija Liz, una de las figuras republicanas más poderosas del momento, crece cada día. Gingrich, aunque enemistado con ellos en el pasado, es el lazo de unión con la revolución conservadora de los noventa, y Romney acude a todas las citas por si se deciden a convertirlo en el candidato de unidad del partido.
Todas estas fuerzas cabalgan ahora sobre los lomos del Tea Party, a veces sin que el movimiento sea consciente de ello. El resultado muy probablemente va a ser lo que el profesor de la Universidad de Princeton Sean Wilentz llama "el Congreso más conservador de la historia de EE UU". Más de 30 candidatos del Tea Party pueden llegar a la Cámara baja, hasta ocho tienen posibilidades de acceder al Senado. Todos ellos con la misión de no hacer prisioneros. Llegan con la voluntad de ejecutar el sueño fanático y maximalista nacido en la América rural y antiintelectual, una América castigada y desorientada ahora por la crisis económica.
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La sonrisa encarcelada

Pekín considera uno de sus mayores enemigos al premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, el intelectual de la sonrisa tímida. Sus crímenes: haber participado en Tiananmen en 1989 y ser uno de los ideólogos clave de la Carta 08, un manifiesto a favor de la democracia. Este es su retrato

JOSE REINOSO
En: DOMINGO. Madrid: 17 de octubre de 2010. www.elpais.com 
El pasado 8 de octubre, Liu Xia se encontraba enganchada al teléfono para escuchar en directo el anuncio del premio Nobel de la Paz cuando oyó el nombre de Liu Xiaobo, su marido. La emoción la embargó, no podía dar crédito a sus oídos. "Mi vida ha estado llena de tantas cosas malas", declaró poco después. "Este premio no es solo para Xiaobo, sino para todos los que trabajan por los derechos humanos y la justicia en China", recalcó. Liu Xia no pensaba que su esposo tuviese posibilidades de lograr el galardón, debido a las continuas presiones del Gobierno de Pekín para evitar que el premio recayera en él. Pero el Comité Nobel de Oslo hizo caso omiso del peso diplomático y económico del país asiático y le devolvió la esperanza.
Liu Xiaobo está condenado a 11 años de cárcel desde diciembre de 2009 por "incitar a la subversión del poder del Estado". Su crimen, según los jueces: publicar en Internet escritos críticos con el Partido Comunista Chino (PCCh) y ser uno de los principales ideólogos de la Carta 08, un manifiesto que pide profundas reformas democráticas, entre otras la separación de poderes, el fin del gobierno de partido único y la instauración de la democracia en China. La carta fue hecha pública en Internet el 10 de diciembre de 2008, coincidiendo con el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Liu Xiaobo había sido detenido dos días antes.
El documento tenía como referente la Carta 77 de la antigua Checoslovaquia, inspirada por Vaclav Havel, y que desembocó en la caída del régimen comunista en ese país. La Carta 08 fue firmada inicialmente por 300 intelectuales chinos y ha seguido recogiendo adhesiones desde entonces, hasta rebasar las 10.000. Y precisamente uno de los principales animadores de esa iniciativa, Liu Xiaobo, es el hombre galardonado con el Nobel; por eso se ha convertido en una espina molesta para las autoridades de Pekín, que le mantienen en prisión.
Liu Xiaobo nació el 28 de diciembre de 1955 en Changchun, capital de la provincia nororiental de Jilin. Tras finalizar la escuela secundaria fue enviado a trabajar en el campo, y luego, a una empresa de construcción en Changchun. China estaba inmersa entonces en el caos de la Revolución Cultural (1966-1976), el movimiento lanzado por Mao Zedong para reavivar el espíritu revolucionario y desembarazarse de sus rivales políticos.
Al finalizar la Revolución Cultural fue admitido en la Universidad de Jilin para estudiar literatura china. Allí creó con otros compañeros un grupo de poetas: Los corazones inocentes. En 1982 inició estudios de posgrado de literatura en la Universidad Normal de Pekín, donde más tarde ocuparía una plaza de profesor y lograría el doctorado. Cinco años después publicó su primer libro, Crítica de la elección: diálogo con Li Zehou, que se convirtió en un éxito. La obra, sobre filosofía y estética, desafiaba las ideas del profesor Li Zehou, un prominente pensador con gran influencia entre los jóvenes intelectuales, que tras la matanza de Tiananmen (1989) emigró a Estados Unidos.
Fue por aquellos años, hace más de dos décadas, cuando el ahora premio Nobel conoció a alguien que iba a hacerle mucha falta para acompañarle en sus frecuentes choques con el régimen chino: el abogado Mo Shaoping, un hombre corpulento, de voz profunda y verbo fácil. Ahora no solo recuerda al Liu Xiaobo que conoció en libertad -"era profesor doctorado en la universidad, tenía ideas vanguardistas, era diferente de la mayoría de la gente"-, sino a una persona austera y directa. A Mo le encantaría volver a salir de cena con Liu y otros amigos, como hacían a veces, y volver a oír las opiniones del intelectual Liu, del que asegura que cuando alguien le gusta lo dice claramente, y cuando no le gusta, también: "Es una persona muy directa".
El activismo político de Liu Xiaobo comenzó en abril de 1989, cuando dejó su puesto como profesor visitante en la Universidad de Columbia (EE UU) y se unió a las manifestaciones a favor de la democracia de Tiananmen. El 2 de junio se sumó a la huelga de hambre de los estudiantes para protestar contra la ley marcial y pidió negociaciones pacíficas. En la madrugada del 4 de junio, cuando los tanques del Ejército Popular entraban en Pekín, gestó junto con otros líderes un acuerdo entre los manifestantes y las tropas que "permitió a muchos estudiantes salvarse del baño de sangre ocurrido en otras zonas de la capital", según la organización de derechos humanos Human Rights Watch. Tras la represión de la protesta, fue acusado de "cabecilla" y "mano negra" del movimiento. El 6 de junio fue arrestado por "contrarrevolucionario", y pasó 20 meses en la cárcel. Tras ser liberado en enero de 1991, se le prohibió dar clases y ocupar puestos académicos.
"Cuando salió de prisión sus opiniones eran muy radicales. Más tarde, se calmó y se hizo más racional. Escribió artículos de una gran profundidad. Respeto profundamente su sabiduría y sus ideas pacíficas y racionales para impulsar la democracia y la existencia de un sistema legal en China", afirma Mo, un hombre corpulento, de voz profunda y verbo fácil.
A partir de entonces, Liu trabajó como escritor independiente y continuó su lucha por las libertades, lo que le traería de nuevo problemas. Entre mayo de 1995 y enero de 1996 fue detenido sin cargos formales por sus escritos y por organizar varias peticiones al Parlamento. A finales de ese mismo año fue internado en un campo de reeducación por su trabajo y sus ensayos críticos con el Gobierno y por pedir la revisión de lo ocurrido en Tiananmen. Pasó tres años. Tras ser liberado en octubre de 1999 continuó demandando reformas y escribiendo ensayos, en su mayoría publicados en el extranjero, aunque también circulaban en China. Al principio se resistió a entrar en el mundo de Internet, pero más tarde lo definiría como "el regalo de Dios a China".
En 2008 cruzó de nuevo la línea de lo admisible para el Partido Comunista Chino, y el 8 de diciembre fue arrestado por agentes del Gobierno y fue llevado a un paradero desconocido sin notificarlo a su familia y sin permitirle el acceso a sus abogados. La Carta 08 había provocado escalofríos en las altas esferas del poder, y el Gobierno quiso darle un castigo ejemplar. Como dice el refrán chino: "Matar a la gallina para asustar al mono". El 25 de diciembre de 2009 -en plenas fiestas navideñas en Occidente-, Liu fue condenado a 11 años de cárcel.
Mo Shaoping asegura que Liu no tuvo un juicio justo. "China no es un país con un sistema judicial independiente. El tribunal no podía condenar a Liu a 11 años, fue el Gobierno quien lo decidió. La sentencia es inconstitucional y no superará el juicio de la historia", afirma Mo, quien tuvo que ceder la defensa de su amigo a Shang Baojun, otro abogado de su bufete, porque él fue vetado por las autoridades por ser también uno de los signatarios de la Carta 08.
Mo Shaoping afirma que el proceso estuvo plagado de irregularidades, que se restringió el acceso de Liu a su defensor y que el tribunal limitó a este el tiempo de intervención durante el juicio. El disidente fue condenado en una vista que duró menos de tres horas. "Es injusto", señala Mo, que defendió por primera vez al escritor chino cuando este tuvo problemas a mediados de la década de 1990. "En aquellos años, era un riesgo hacerse cargo de uno de estos casos. Muchos abogados no se atrevían", cuenta. Hoy, aunque la situación ha mejorado, muchos siguen sin osar defender a activistas y disidentes.
Liu Xiaobo ha mantenido que su sentencia viola la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la propia Constitución china, ya que esta garantiza, entre otros derechos, la libertad de expresión y la libertad de asociación. Así lo afirmó en un artículo publicado en el diario de Hong Kong South China Morning Post en febrero de 2010: "La reforma política china debe ser gradual, pacífica, ordenada y controlable, y debería ser interactiva, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Esta forma es la menos costosa y conduce a los resultados más efectivos. Conozco los principios básicos del cambio político, que el cambio social ordenado y controlable es mejor que el cambio caótico. El orden de un mal gobierno es mejor que la anarquía. Me opongo a gobiernos que son dictaduras o monopolios. Esto no es 'incitar a la subversión del poder del Estado'. Oposición no equivale a subversión".
Son las palabras de un intelectual, como le definen quienes le conocen. "Es una persona agradable y pacífica, un lector voraz, con amplio conocimiento, muy racional, con un gran sentido de la lógica y es muy claro en sus objetivos", afirma Shang Baojun, su abogado.
Desconocido por la mayoría de los chinos, Liu es respetado entre intelectuales y estudiantes, aunque no es del agrado de todos en el fracturado mundo de la disidencia china. "Aún no se ha convertido en el tipo de persona de gran inspiración que es Nelson Mandela (Nobel de la Paz en 1993)", afirmaba esta semana Wan Yanhai, un activista por los derechos de los enfermos de sida.
El régimen de Pekín asegura, sin embargo, que Liu Xiaobo es "un separatista" y "un criminal", y que su designación es "una obscenidad contra el Premio de la Paz". "Liu Xiaobo es un criminal convicto por violar la ley. Concederle el Premio Nobel de la Paz equivale a alentar el crimen en China y constituye una violación de la soberanía judicial china", ha afirmado Ma Zhaoxu, portavoz de Exteriores. El diario oficial en inglés Global Times ha calificado el premio de "muestra arrogante de ideología occidental". Las felicitaciones y las peticiones de liberación de Liu Xiaobo han llegado de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, pasando por Japón y Taiwan.
Durante décadas, el Gobierno chino ha soñado con que uno de sus ciudadanos se alzara con alguno de los Nobel que cada año rinden honor a investigadores, escritores o políticos de todo el mundo. Pekín combina el anhelo por el reconocimiento de su cultura milenaria y sus logros con el resentimiento por tener que conseguir la validación fuera de sus fronteras. Se trata de lo que Julia Lovell, profesora de historia y literatura chinas en la Universidad de Londres, denomina "el complejo Nobel de China". Pero la obsesión de Pekín con este premio ha chocado una vez tras otra con lo que considera el afán occidental de imponer su ideología al mundo, y, aún más, el deseo de atacar a China para evitar su ascenso. En 1989, el Dalai Lama, nacido en lo que hoy es la región autónoma china de Qinghai, pero exiliado desde 1959, fue galardonado con el Nobel de la Paz, provocando las protestas airadas de Pekín, que considera al líder budista tibetano como un separatista. En 2000, Gao Xingjian, un escritor y dramaturgo emigrado a Francia para huir de la censura -que luego adquirió la nacionalidad del país europeo-, recibió el Nobel de Literatura: Pekín respondió con desdén, prohibió sus libros y continúan proscritos 10 años más tarde. Y ahora le ha tocado el turno a Liu Xiaobo, un disidente encarcelado.
El comité noruego aseguró al anunciar el premio que le ha sido concedido por "su larga y pacífica lucha por los derechos humanos fundamentales en China", y acusó a Pekín de "restringir claramente" las libertades de sus ciudadanos. "El nuevo estatus de China debe ir acompañado de mayor responsabilidad", dijo. Un sonoro guantazo en público que ha provocado la furia del régimen de Pekín, que por un lado se siente ofendido, y por otro, incomprendido, porque se considera protagonista de uno de los cambios económicos y sociales más importantes de la humanidad, al haber sacado a cientos de millones de personas de la pobreza en las tres últimas décadas.
A pesar de la férrea censura aplicada por Pekín en la prensa oficial, Internet y los teléfonos móviles, la noticia del premio Nobel se ha propagado veloz. "Se lo merece, Liu Xiaobo representa algo distinto en nuestro país y en nuestra sociedad. El Gobierno debería pensar cómo afrontar su caso y plantearse: '¿Tenemos nosotros razón o tiene el mundo razón?", afirma Wu Zuolai, uno de los firmantes iniciales de la Carta 08. "No le conozco personalmente, pero he leído algunos de sus artículos. Son críticos y muy racionales. Propone cosas, pero su poder es limitado".
El Nobel de Liu vuelve a centrar la atención mundial sobre la situación de los derechos humanos en China y los casos de otros disidentes como Guo Quan (sentenciado a diez años en octubre de 2009), Tan Zuoren (a cinco años, en febrero de 2010), Hu Jia (a tres años y medio, en abril de 2008), Huang Qi (a tres años, en noviembre de 2009) o Gao Zhisheng. Desde que fue anunciado el premio, numerosos activistas han sido detenidos, interrogados por la policía o puestos bajo vigilancia en todo el país. Entre ellos, Liu Xia, la esposa del nuevo Nobel, que continúa en arresto domiciliario sin orden legal.















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