LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Entrevista Escritora cubana exiliada en París Zoé Valdés: "El mundo entero ha cambiado, menos Cuba" FOTOGRAFÍA TOMADA DE: http://3.bp.blogspot.com/_76eD_0GSN5Y/TDF9FVWavAI/AAAAAAAAC5A/VsrYKc_DpTU/s1600/zoe+valdes.jpg TOMADO DE: http://diario.elmercurio.com/2010/11/07/al_revista_de_libros/_portada/noticias/F4E86E4E-40DC-485A-88B1-16BBC97D2A8B.htm?id={F4E86E4E-40DC-485A-88B1-16BBC97D2A8B}



 
Entrevista Escritora cubana exiliada en París
Zoé Valdés: "El mundo entero ha cambiado, menos Cuba"

Con El todo cotidiano , novela que acaba de lanzar en España, vuelve a la carga una de las plumas más afiladas de Cuba en el exilio. La escritora pone al día la situación de sus compatriotas, dentro y fuera de aquella isla "que quiso construir un paraíso y creó un infierno".  

Marilú Ortiz de Rozas  Tras veintiún novelas, cinco poemarios y cuatro libros de relatos, Zoé Valdés persiste en su estilo mordaz, cargado de humor, erotismo y también de la más negra desesperanza, en El todo cotidiano (Planeta), una nueva novela donde aborda las últimas peripecias de su pueblo, Cuba. "Una sigue colgada de ese país -explica Zoé Valdés en un bistró de París, ciudad donde se exilió en 1995-, porque como decía José Lezama Lima: 'Sólo lo difícil estimula'. La situación allá es tan angustiante que uno vive pendiente de todo lo que pasa".
Desde hace años, tiene un sueño recurrente, que es casi como una pesadilla: "Sueño todos los días que regreso y mamá está en la casa, la casa familiar, aquella de calle Muralla, en La Habana Vieja... Entonces ella me mira sorprendida y me dice ¿Cuándo llegaste? Y yo le contesto, mamá, acabo de llegar".
Algo que ya no sucederá, porque Gloria Martínez, su madre, que fue la fuerza impulsora de esta novela, falleció en París el 5 de agosto del 2001, apenas dos años después de haber llegado a la nueva patria de su hija, tras enfermar de cáncer. Está enterrada en la división 59 del cementerio Père Lachaise.
"Yo ya no podría irme de aquí y dejarla sola. Ya no me voy", dice con melancolía. La visita a menudo, le rocía la tumba "con un buche de ron", y le pone música de Celia Cruz. Lo mismo hace Yocandra -la protagonista de El todo cotidiano -, con su madre, "la Ida", y es que varios capítulos de esta historia le pisan los talones a la autobiografía.
En realidad, El todo cotidiano es la segunda parte de La nada cotidiana , que se publicó en 1995. Retomó esa novela a partir del personaje de la madre, una mujer que sale vieja al exilio y debe aprender lo que es un cajero automático y se fascina mirando girar una lavadora de ropa o recuperando el aroma de un jabón que ella conoció antes de la Revolución. "Todo le parecía bello, se dirigía a la gente en la calle como si hablara con cualquiera en una calle habanera", cuenta Yocandra. "Ella, al igual que la Ida, era un ser de mucha luz, le gustaba ayudar a todos", agrega Zoé.
A ambas les tocó parir de vuelta a su madre -sacarla de la isla fue, en efecto, como un parto-, cuidarla, protegerla. Y luego sepultarla.
"En días oscuros de invierno, me destroza el corazón saber que mi madre, una cubana como pocas, está enterrada en una tumba parisina, rodeada de una tierra extranjera y de desconocidos. Pero, al menos, tengo la certeza de que ella está ahí dentro, y de que no me la han sacado para hacer brujerías con sus huesos ni para robarle la dentadura postiza", exclama Yocandra.
Todo o nada
Al comenzar a escribir la historia de "la Ida", afloraron los otros personajes de La nada cotidiana , en particular Yocandra y el Nihilista, quince años después. Yocandra se echó al mar en una balsa hasta Miami, donde "cada vez que dice que es escritora, la gente le sale huyendo, entonces emigró hacia una ciudad donde hubiera palomas, París". El Nihilista cayó preso en la isla de la cual se negó a partir. En una articulada trama, quien captura al Nihilista es el que se casó con Yocandra -un tal Fidel Raúl, "sí, sus progenitores lo habían jodido para toda la vida llamándolo así"-, que en realidad era un espía castrista. Pero el prisionero fue canjeado bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero y, muy enfermo, transportado a España.
Zoé Valdés sostiene que El todo cotidiano es una novela más madura y de reflexión sobre Cuba y las guerras en general; mientras La nada... -que también se acaba de reeditar-, es "más catártica y tiene la frescura de una obra escrita como con metralleta". Sin embargo, ambas se leen sin respiro.
" El todo... es una novela coral, con una gran cantidad de personajes que se reúnen en esta casona de la rue Beautreillis, en el Marais -el barrio que habita ella hoy-, donde llega a vivir la protagonista, y, para su sorpresa, está llena de cubanos". La forma en que reproducen éstos su sistema de sobrevivencia, aprendido en la isla, es el nudo central de la novela. "La dictadura ha envilecido a todo el mundo", sentencia el Nihilista.
La escritora revela que está muy decepcionada de los cubanos. "Yo jamás vi un exiliado chileno o un argentino declarar que había que disculpar a sus respectivos dictadores. En cambio, ha surgido un nuevo tipo de cubano, el oportunista, que es capaz de afirmar cualquier cosa con tal de que no le quiten las casas en Cuba, o para que lo dejen entrar a la isla de vez en cuando".
Del resto de los personajes de la novela, destaca "un viejo Resistente de la ocupación nazi a París", fantasma de la Segunda Guerra Mundial. También entre los variopintos residentes de Beautreillis hay una pareja de noruegos sumamente ecológicos y graciosos, una pianista rusa, y una avezada fotógrafa que parte al Líbano, lo que conduce a otros conflictos, a otros exilios y alteran el ritmo de los sucesos. La obra incluso cobra tintes periodísticos, cuando menciona la llegada de Barack Obama. "Con él en Estados Unidos, ya se nota un cambio", expresa Zoé Valdés, "y eso se refleja también en la novela. Uno de los principios de este libro es que quince años después, todo ha cambiado en el mundo, menos aquella isla".
-¿Compartes la desesperanza que plantea "El todo cotidiano" frente a la situación de Cuba?
- El todo cotidiano resulta por momentos un libro desencantado y amargo, sin embargo, en esa amargura, en ese desencanto, en esa melancolía, los personajes encuentran la esperanza. Ya al borde, en el fondo, hallan un esbozo de luz. Hay pasajes sumamente divertidos también. Y es que mi literatura es esa mezcla entre el cine de Buster Keaton, una guaracha de Celia Cruz, un bolero de Olga Guillot, y una rumba de Ninón Sevilla.
-¿Escasea la paciencia al final del camino?
-Los cubanos hemos probado con creces tener paciencia, sobre todo con aquellos a los que hemos apoyado, bajo otras dictaduras, y que han hecho la vista gorda frente a la que nos tocó a nosotros. Lo que todos esperamos es libertad, vida y democracia.
-¿Crees, como sugieres en la novela, que Castro podría perpetuarse?
-Castro pudiera perpetuarse en la figura de cualquiera, ya lo hizo en la de su hermano. Raúl Castro pudiera hacerlo en la figura de su hijo. Incluso se comenta que lo están preparando para que asuma el poder más tarde. Del mismo modo que están programando a Mariela Castro y a Aleida Guevara. Estas últimas, las pobres, tienen algunos tornillos flojos, además de ser castrocomunistas recalcitrantes.
-En términos literarios, tu personaje Yocandra cita que "lo realmente difícil no es saber sobre qué escribir, sino cómo escribir". ¿En tu obra no se conjugan ambos?
-Esa frase es de Sándor Márai, yo cito su libro, es una frase que yo decía antes de leer a Márai, pero me pareció que él la había concentrado mejor que yo. Siempre tengo muchas dudas a la hora de escribir, inquietudes. Lo más importante es lanzarse en la escritura, es lo que siempre hago, como cuando de niña me lanzaba en una playa de Cojímar, de cabeza, sin importarme el filo de las rocas. No puedo opinar nada sobre un proceso que siempre es el mismo, y también diferente, para cada libro. Tengo mis manías, mis mañas, mis delirios. Pero no puedo definir nada en relación a lo que yo escribo. Sé que siempre tengo deseos de escribir, al menos es algo. Y siempre poseo una historia, es lo más lúcido que me ha ocurrido en la vida.
La deuda con Cuba
-¿Concuerdas con Yocandra, cuando exclama: "El mundo nos ignora olímpicamente... tiene una deuda muy grande con los cubanos"?
-Es cierto, el mundo nos ignora y esa deuda ha sido muy dolorosa de aceptar. El mundo ha ignorado, y ha sido cómplice, en buena medida, del horror castrista. Un día deberá rectificar.
-Esta historia es bastante autobiográfica. ¿Lo son todas tus novelas?
-Ésta empezó siendo autobiográfica. Hoy no sé qué fue lo que realmente viví y lo que imaginé para la novela. Lo cierto es que es una novela. Lo que importa más que mi propia vida, y por supuesto, que mi biografía. Todas mis novelas tienen mucho de mí, incluidos los personajes masculinos. Todas también son imaginativas, irreales. Porque desde Sangre azul , sigo siendo Attys, ese personaje absolutamente irreal. Es lo único que me interesa, conseguir a través de mis novelas ser una irreal.
-El humor y la amargura son, en este libro, como las dos caras de una misma moneda...
-Ciertamente, son esas caras de una misma moneda. O el ser hermafrodita platoniano, rodando hacia la luz. No podría escribir novelas que no fueran humorísticas y también melancólicas. No hay nada como reír y llorar, o llorar y reír. Ah, sí, el orgasmo.
-¿En qué proyecto literario te encuentras ahora? ¿Escribirás el epitafio de Castro?
-Estoy en varias aventuras literarias. Ya escribí el epitafio del castrismo. Se titula "La Ficción Fidel". En este libro, Castro acaba de terminar. Empezó la era de Marco Rubio, el nuevo senador de Florida. Un cubanoamericano que no se esconde para decir que es hijo de exiliados, y que defiende la libertad, la democracia, la vida, y la honestidad del trabajo y de los trabajadores.
 La Habana-París Zoé Valdés se transformó, tras la muerte de Guillermo Cabrera Infante en 2005, en la voz literaria más implacable en la crítica a Castro. Ella nació en La Habana en el año de la revolución, 1959. Estudió filología en su país y vivió por primera vez en París entre 1983 y 1988, donde trabajó en la Unesco y en la Oficina Cultural de Cuba en Francia. Regresó a La Habana, donde fue subdirectora de la revista Cine Cubano, trabajó como guionista y participó del movimiento pictórico de la isla. Partió al exilio con su marido e hija en 1995, tras una difícil salida, donde hasta último momento no sabían si lo habían logrado, pues apenas despegaron hicieron aterrizar el avión en Varadero. Ellos pensaron que los habían atrapado, "pero era para recoger a unos turistas franceses que habían quedado rezagados y se subieron todos borrachos al avión, mientras nosotros tiritábamos de los nervios".
Actualmente, Valdés se desempeña como escritora, cineasta y pintora. Con su marido, el cineasta Ricardo Vega, crearon una galería de arte en Le Marais, "Ars Atelier", donde desde septiembre de 2009 combinan las artes plásticas con las audiovisuales, la literatura y la producción cinematográfica. "Porque el arte es vida, libertad, locura e imaginación".
Zoé Valdés recibió en 1999 la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de la República Francesa, y entre sus libros más conocidos destacan, además de La nada cotidiana (1995), Te di la vida entera (1996), Bailar con la vida (2006) y La ficción Fidel (2008).
FOTOGRAFÍA TOMADA DE: http://3.bp.blogspot.com/_76eD_0GSN5Y/TDF9FVWavAI/AAAAAAAAC5A/VsrYKc_DpTU/s1600/zoe+valdes.jpg
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