LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

viernes, 24 de diciembre de 2010

COSAS VARIAS... BUENA LECTURA



EL DISCURSO SITUACIONAL / Diego Márquez Castro



Venezuela vive uno de los momentos más difíciles de su historia republicana, de ello no cabe la menor duda. En medio del empeño siniestro de demoler a diestra y siniestra las estructuras y cimientos de nuestra sociedad, se suma ahora la fuerza de la naturaleza que no distingue entre tirios ni troyanos. La tragedia generada por un largo período de lluvias, está sirviendo como escenario para que nuevamente se haga el lucimiento de un liderazgo de carácter mesiánico que maneja un discurso que se aprovecha de la situación para hacer saber que sin su divina presencia no puede haber país porque él todo lo sabe, todo lo resuelve, todo lo puede. Él país es él. En él se centra todo el aparataje mediático del Estado, convertido en partido, para destacar sus dotes filantrópicas con dividendos políticos.
 El discurso situacional es rico en el género de los argumentos falaces. Dice el investigador Van Dijk que las falacias “son el incumplimiento de las normas y los principios de la argumentación”. Esto se traduce en la práctica del discurso situacional cuando se violan los principios de la interacción argumentativa cuando no se permite que los demás opinen, cuando se les interrumpe, se les amenaza u obstruyen. En casos como el nuestro, vale escuchar el discurso situacional para darse cuenta que el componente falaz se manifiesta con sobregeneralizaciones, analogías falsas o se asume como una verdad algo que es subjetivo. Observa Van Dijk que “de una u otra forma podemos afirmar que la gente autoritaria emplea la falacia de la autoridad. Cualquier grupo ideológico y sus miembros defienden puntos de vista por medio de sus líderes, héroes y autoridades”. El discurso situacional está estrechamente asociado al populismo como fenómeno político y dentro de ese esquema los populistas de izquierda que se identifican con el socialismo utilizan a menudo el argumento ad populum mediante el cual se manipulan las pasiones de la masa para mantenerla fiel al líder. No puede olvidarse el uso de la falacia ad baculum o de apelación a la fuerza.
 Los cultivadores del discurso situacional utilizan un tipo de retórica en principio muy similar a la enseñada por algunos maestros de la sofística griega. Con razón el enfoque socrático-platónico supo distinguir muy bien entre lo que consideraron la buena y la mala retórica. Pues a este último tipo pertenece el discurso situacional que se esmera por destacar los aspectos positivos del líder y su grupo y los negativos de quienes le adversan. Un simple repaso al discurso situacional de estos días en Venezuela le da la razón a Van Dijk: los culpables de la tragedia siguen siendo los gobiernos de la incorrectamente llamada cuarta República; los salvadores de las víctimas son los actuales gobernantes. Se trata de un juego político que centra el discurso en categorizaciones extremas que buscan destruir, excluir y desacreditar al contrario para obtener a partir de allí una aureola de gloria. Es, muy al antiguo estilo de la sofística, o mejor dicho, haciendo un burdo remedo de ésta, manipular inescrupulosamente la palabra en detrimento de la razón para persuadir y convencer al auditorio con falsas y absurdas dicotomías.
 Un elemento retórico muy propio del discurso situacional es la hábil utilización de los “topos” o lugares comunes que se usan como argumentos “preparados”. Dentro de escenarios de tragedia social se apela al manejo de valores humanitarios: solidaridad, amistad, compañerismo, patriotismo, fraternidad que repetidos muchas veces serán identificados con el líder. El discurso situacional tiene la condición de ser ideológico y no olvidemos que la función de toda ideología -en grado sumo aquella que soporta al totalitarismo- es coordinar y controlar las prácticas sociales a nivel colectivo y en tal sentido, afirma Van Dijk, “el discurso es la práctica social más importante, la única que se expresa directamente y que, por lo tanto, tiene la capacidad de divulgar las ideologías”. No perdamos esto de vista…
LA RETÓRICA DE LA EXCLUSIÓN/Diego Márquez Castro
12 de diciembre 2010



 En nuestro artículo pasado hicimos referencia a lo que hoy podría designarse dentro del marco de la elocuencia política o mejor dicho politiquera como el discurso situacional, el cual es manejado compulsiva y pasionalmente dentro y como producto de una situación de crisis, de la cual se trata de sacar provecho a favor del orador y su grupo. Esta especie de nuevo género retórico está emparentado con tipos de argumentos falaces, vale decir el argumento de la fuerza que se soporta en amenazas abiertas o veladas para convencer al contrario, el argumento de la apelación a pueblo, mediante el cual se manipulan las pasiones de la masa, el argumento de autoridad a través del que el orador se arropa y justifica con íconos de la historia, la política, la religión o la ciencia y el argumento de la misericordia que busca tocar hábilmente los sentimientos altruistas de los públicos. El discurso situacional no es aséptico en cuanto a lo que de ideología pueda esconder y es precisamente de ese trasfondo, a partir del mismo y de quien lo genera y pronuncia, como surge la retórica de la exclusión.

 Ese tipo de retórica se centra en la figura de un líder con características pseudomesiánicas; un individuo poseedor de un aura cuasidivina que le han construido sus asesores mediáticos y propagandísticos presentándolo como el salvador de turno en una sociedad, se potencia en los momentos álgidos de una crisis o de una tragedia nacional transformándose en un prodigador de promesas por una vida mejor para los afectados por la situación, mientras que se encarga de culpar a sus ya no simples adversarios sino a los que considera sus enemigos, de ser los responsables de todos los males. De esa forma, el orador único repetirá en distintos escenarios un discurso basado en un guión monotemático que será luego coreado dócilmente por sus seguidores, porque para ellos el líder siempre tiene la razón, nunca se equivoca y para salvar a la patria debe excluir y agredir verbalmente en su retórica a todos aquellos que no estén de acuerdo con él, porque… él es la patria. Tal ejercicio sin duda que es muy peligroso para una sociedad dado que esa mala retórica se solaza en promover divisiones y fracturas, generando y explotando el odio y el resentimiento social que dentro de los cálculos del líder y su grupo debería ayudar a conducir a una lucha de clases.
 La retórica de la exclusión desarrollada dentro de escenarios de crisis aparte de exhibir posturas demagógicas y populistas, le niega todo crédito y reconocimiento a otras autoridades regionales y locales que al no pertenecer a su rebaño se convierten en objeto de objeciones y descalificaciones, acompañando a tal postura con una carga de calumnias y expresiones soeces, a pesar de que esas autoridades hayan enfrentado la situación crítica con eficiencia y responsabilidad. Ante tal panorama cabe preguntarse ¿En qué ayuda tal retórica exclusionista a los perjudicados por la tragedia? ¿De qué sirve ignorar, insultar y vejar al contrario? ¿En qué favorece a la sociedad venezolana, en concreto, esa manía de estigmatizar al adversario exponiéndolo a toda clase de ataques desconsiderados? ¿Podrán resolver sus problemas los afectados con tal verborrea? ¿Hacia dónde conduce el camino de un populismo sectario y destructivo? ¿Por qué cuando se debieron tomar medidas preventivas no se hizo?
 En estos tiempos en los que soplan vientos cargados de una mediocridad pasmosa que se refleja no sólo en actos públicos marcados por la prepotencia, la intolerancia y el abuso del poder, sino en un discurso insensato que nos avergüenza ante el mundo, vale recordar las palabras de un venezolano insigne, Arturo Uslar Pietri: “No sería menos absurdo que nos hubiésemos de odiar porque entendemos de modo distinto el amor de Venezuela. El verdadero amor de Venezuela, por el contrario, es lo que debe acercarnos a todos los que lo sentimos y empequeñecer nuestras divergencias. Entendimiento y concordia es lo que los venezolanos necesitamos y lo que Venezuela pide de nosotros”. ¿Será esto posible?
Un escritor que dignifica el Nobel

Nadie que lea a Mario Vargas sale de sus libros como entró. A todos nos pica su lanceta, que hiere y da miel. Le hace frente al dolor, al odio, a la injusticia no menos que al amor y la lujuria, la soledad y la muerte.  

Marta Blanco  La Academia Sueca de Literatura no se hizo la sueca frente a la obra del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Lo macizo y diverso de su obra forma un corpus inquietante y complejo, que va desde el periodismo de opinión al teatro, al cuento, a las extraordinarias novelas que ha escrito desde que comenzó el arduo trabajo de no traicionar a las palabras sin traicionar, por ello, a la ficción. Desde La Ciudad y los Perros , una de sus primeras incursiones en la denuncia literaria, arremete contra el concepto militar de una virilidad exacerbada y cruel, el abuso y la necia autoridad, rebelándose contra ese colegio militar que alentaba a la barbarie a los muchachos que estudiaban allí. La siguen La Casa Verde , 1966, y Conversación en la Catedral , 1969. Ese año recibió el Premio Rómulo Gallegos, equivalente al Cervantes de hoy. Tenía 31 años y se colocaba entre los macizos narradores de habla castellana.
Escritor comprometido con la literatura y la humanidad, convencido de que todo es narrable si se encuentran el tono y la forma, la arquitectura de la novela, suele decir, no ha cesado de sorprendernos con sus temas, sus investigaciones y su original manera de narrar. Como "un pez en el agua" nada en el lenguaje con la pericia de un Odiseo de las palabras, buscando palabras sustantivas, su lenguaje. Así como encuentra historias capitales como la del santón de La Guerra del Fin de Mundo , o la disipada y carnal aventura de los hombres y mujeres de La Casa Verde , narra a ese oscuro y secreto personaje de su última novela El sueño del Celta , donde cuenta la vida de Roger Casement, quien se dedicó a denunciar las ignominias en el Congo Belga, la Amazonia e Irlanda.
Desde sus inicios dio muestras de una fuerza narrativa arrolladora. Hoy es un narrador maduro, sofisticado y atrevido. Vargas Llosa es el escritor más serio, divertido y talentoso que conozco. Su inteligencia y su tesón, que él llama "terquedad", van a la par con un lenguaje novedoso y leonino para reflejar a los diversos personajes en un profundo esfuerzo creativo.
Cuando publica, en 1973, Pantaleón y las Visitadoras , da otra vuelta de tuerca y brota una novela peruana que ocurre entre la Amazonia, Lima e Iquitos, asaltando al lector con un humor irresistible, una audacia narradora y una altísima precisión del lenguaje. Es imposible no reír con los diversos giros que otorga a los militares, tan precisos y reiterativos, a las cartas de amor, las órdenes y los desórdenes en que se mete el capitán Pantoja, Pantojita o Panta, para trasladar a las visitadoras en un barquito precario rumbo a los soldados ávidos de mujeres ocultos en la selva. Construye una sátira no exenta de reflexión moral y la novela se aúpa y germina en una farsa realista fulminante. Da a conocer otra faceta de su talento: el humor.
Lleva escritos 33 libros muy diversos. Posee una cabeza de órgano y un ojo hambriento del presente: parte de su obra es la opinión sobre lo que ocurre e ignoramos, lo que ocurre y no creemos, lo que ocurre y está mal.
Ha dicho que escribe para mejorar el mundo. Que la literatura es libertad y creación, pero se logra con trabajo, investigación y constancia.
Admirador de Flaubert, Joyce y Faulkner, saltó más allá, superó la expectación y la traducción, gracia de su escritura universal. Nadie que lea a Mario Vargas sale de sus libros como entró. A todos nos pica su lanceta, que hiere y da miel. Le hace frente al dolor, al odio, a la injusticia no menos que al amor y la lujuria, la soledad y la muerte.
A sus 74 años es un escritor joven, gozador del arte, el cine y la vida. Elogio para él es el elogio de su esposa Patricia al recibir el Nobel, reconociendo que su escritura está vinculada no solo al trabajo, sino al amor y apoyo de los suyos.
Es un honor para el Nobel incorporarlo a su lista de premiados. Mario Vargas Llosa lo dignifica y enaltece.

TOMADO DE: http://diario.elmercurio.com/2010/12/12/al_revista_de_libros/_portada/noticias/11F9DFF5-FE7D-42EC-840B-09D56F1EEA31.htm?id={11F9DFF5-FE7D-42EC-840B-09D56F1EEA31}
Entrevista | Víctor García de la Concha, a días de abandonar la dirección de la RAE:
"Lo que ha ocurrido con la ortografía ha sido un disparate, un error de comunicación que asumo"

García de la Concha deja el timón de la RAE, tras doce años de ejercicio. El jueves se realizó la sesión para escoger al sucesor, pero no hubo humo blanco (se requería mayoría absoluta). El 16 habrá otra votación para elegir al nuevo mandamás de la RAE, que en las últimas semanas se ha visto en medio de la controversia. 

Nuria Azancot El Cultural de El Mundo  Intentó engañar a su médico, pero el director de la Real Academia de la Lengua está seriamente enfermo y tuvo que renunciar a recibir en Guadalajara diversos homenajes "de despedida y cariño", y a ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de esa ciudad mexicana, en el contexto de su reciente Feria del Libro.
Resignado, García de la Concha (Villaviciosa, 1934) acepta la cura de humildad y aunque va a seguir siendo "un académico ejemplar", se le vienen encima, uno a uno y cargados de nostalgia, los doce años en los que ha pilotado la Academia y los cerca de 50 viajes a América que ha vivido en su período. Contesta las preguntas en su despacho, presidido por un retrato de Santa Teresa. También le amparan una falsa misiva cervantina, "que regalaron con gran pompa a la RAE en tiempos de Menéndez Pidal y que llegó a presidir el salón de actos, debajo del retrato de Cervantes".
-La aparición de la nueva ortografía ha traído a la Academia a las páginas de los periódicos. Hay polémica. A los escritores y profesores, por lo general, esos cambios no les gustan...
"Lo que ha ocurrido ha sido un disparate, un error de comunicación que asumo, aunque no tuve ni arte ni parte. Aparecieron cuatro cositas accidentales".
-¿Pero son verdad o no?
"Lo que se ha publicado son cuatro cosas sacadas de contexto que dan la impresión de que estamos haciendo una reforma de la ortografía, cuando lo importante de esta obra es que por primera vez se explica el sistema ortográfico español. Y eso ha quedado eclipsado por anécdotas como el nombre de las letras. ¿Qué más da la "ye"? ¡Si eso no es ortografía, sino onomástica!
-¿Cree que es lo mismo tomar un café sólo o solo ?
"No, no, pero desde el año 1959 en todos los escritos de la Academia, ¡todos!, el "solo" adverbio no se acentúa. No hace falta acentuarlo, pero si lo acentúa, no pasa nada. Hace años se acentuaba pára, ahóra. ¿Que surgen confusiones? Desde el contexto no hay confusiones, pero si coge el Diccionario de Dudas de Seco, esto está ahí, desde hace años. No se ha tocado una letra: lo referido a las tildes está igual que en la última edición".
-¿Y lo de la y griega, la v y la b ?
"En parte de Hispanoamérica, a la y griega se la llama "ye" y el Diccionario de 1952 también la llamaba así. Existe el yeísmo. En gran parte de América lo que nosotros llamamos b y v se llama b larga, b corta, o b alta, b baja; dado que las Academias fijaron como norma el tratar de eliminar las opcionalidades en lo posible, vamos a recomendar que se puedan unificar las designaciones de las letras. Pero todo está en el aire, porque lo que importa es la unidad del idioma".
-Ha vuelto a mencionar las opcionalidades... ¿La Academia ha renunciado a su labor normativa?
"No, pero cuando dicta normas, tiemblan los cimientos..."
-¿Puede destacar algunos hitos de estos años al frente de la RAE?
"Sobre todo, he proseguido el trabajo iniciado por Fernando Lázaro Carreter, que reformó los estatutos de la Academia y estableció de su puño y letra que el objetivo de la Real Academia ya no era pulir, limpiar y dar esplendor, sino velar por la unidad de la lengua. Heredaba una vieja preocupación, verdaderamente revolucionaria, de Dámaso Alonso, que en 1956 confirmó que esa debía ser nuestra prioridad".
La lengua de América
-¿Cómo descubrió la importancia que para la lengua podía tener América?
"Gracias a Alonso Zamora Vicente y a Alfredo Matus, el director de la Academia de Chile: cuando acabamos la ortografía de 1988-89, decidimos someterla a la supervisión de las academias americanas para incorporarlas como coautoras, y Matus me reprochó que no fuese una ortografía verdaderamente panhispánica, "ya que no la hemos hecho juntos desde el principio". Entonces me saltó la palabra 'panhispánica' y el germen de lo que podía ser una política de la Academia. Además, poco antes de que me eligieran director, Lázaro Carreter me señaló las grandes cuestiones pendientes: 'consolidar la economía de la Academia', y 'América'.
-No fueron los únicos...
"Claro que no. También Paco Ayala me lo pidió "porque en esta casa no se ve bien que la lengua es América". Y en mi primera visita al rey, don Juan Carlos me dijo: "No te voy a pedir más que una cosa, que te dediques a América. Yo te abriré todas las puertas". Y no fue una frase retórica: a mí me resultó muy fácil moverme por Hispanoamérica con semejante aval. Recorrí por primera vez las 22 academias, entre 1999-2000: empecé por Chile, de ahí fui a Argentina, a México, donde viví experiencias tan traumáticas como positivas. Me di cuenta de que muchas academias no tenían sede ni medios, y negocié con la Agencia Española de Cooperación Iberoamericana que si un Estado daba a una Academia americana un edificio con una cierta nobleza, el gobierno español contribuiría. Les donamos bibliotecas y logramos que Telefónica dotara de infraestructura tecnológica a las que lo necesitaban. Y siempre con el aval del rey ".
-La política lingüística panamericana es la que más satisfacciones le ha proporcionado...
"Sin duda. La verdadera labor hispánica, que consiste en que los tres grandes códigos en que se expresa y sustenta la unidad de la lengua; es decir, el Diccionario, la Gramática y la Ortografía, ahora son obra colectiva de todas las Academias. También hemos creado la Escuela de Lexicografía Hispánica, por la que han pasado 450 becarios de todos los países, a los que hemos formado en el trabajo filológico de la Academia y que cuando vuelven a sus países colaboran con sus Academias".
El español y la política
-El balance de su gestión es positivo, pero hay una pregunta tan incómoda como inevitable: ¿por qué el español va tan bien fuera, y tan mal dentro?
"No es un problema de incomodidad, sino de que la Academia no debe entrar en política. Siendo Lázaro Carreter el director de la Academia se hizo un escrito, animado por distintas instituciones, en defensa del español... Ahí estaban Julián Marías, Laín, Alarcos, se discutió hasta la última línea, lo mandamos a los periódicos y fue terrible, terrible. Ni un solo periódico nos defendió, todos dijeron que la Academia no tenía que entrar en política. Lección para toda la vida. Hoy tenemos una excelente relación con las Academias de las Lenguas de España, con el Institut de la Lengua Catalana, con la Academia vasca y con la Gallega".
-La calle vive el problema con normalidad, pero se echa de menos que el Instituto Cervantes o la Academia no defiendan algo tan simple como que los españoles que quieran hablar en castellano en cualquier lugar de España puedan hacerlo.
"Lo siento, pero no creo en la acción política de la Real Academia Española, porque la gente no la quiere ahí. Si la Academia entra en ese juego, la trituran".
-Muchos escritores se confiesan preocupadísimos por la decadencia de los estudios en humanidades, por la escasez de la cultura y la estupidez reinante...
"Eso es una preocupación evidente. No es la primera vez que ocurre en España, pero nunca ha sido tan grave el deslenguamiento, el aplebeyamiento, el aflamencamiento general. Estamos en un momento horrible. El otro día le preguntaron a un ex ministro por sus negocios y respondió que iban "de puta madre". A mí no me escandaliza un "de puta madre", pero es un indicador de cómo se habla y del deterioro general. Y, como decía Andrés Bello, por la corrupción del lenguaje empiezan otras muchas corrupciones...
Consenso necesario
-¿Cuál es el perfil del futuro director? ¿Tendrá que continuar su labor americana?
"Desde luego, porque no ha sido una opción personal mía, yo la desarrollé porque la Academia me empujaba. Está muy a la vista el tercer centenario de la Real Academia, la nueva edición del Diccionario, y en estas semanas vamos a presentar el nuevo portal de la lengua española, un programa digital muy ambicioso. Cada director pone siempre el énfasis en alguna cosa, pero las grandes líneas no son ocurrencias suyas".
-¿Qué le falta a la Academia?
"Un poeta, porque ya quedan muy pocos. Bueno, tampoco hay una poeta por encima de todos los demás, ¿verdad?"
-Mójese: ¿quién va a ser su sucesor, José Manuel Blecua, Darío Villanueva...?
"No lo sé, prefiero mantenerme al margen. Sé que hay dos nombres, aunque sospecho que la Academia va a preferir volcarse en uno. Creo que el director de la RAE debe tener el mayor consenso posible, porque necesita sentirse arropado".

El director de la RAE debe tener el mayor consenso posible, porque necesita senirse arropado.
 Cada sillón corresponde a una letra Fundada en 1713, la RAE tiene 46 académicos de número -elegidos de por vida por el resto de los miembros- y cada uno ocupa una letra del abecedario, que puede ser mayúscula o minúscula. En el listado no figuran, a estas alturas, ni la Ch ni la Ll . Miguel Delibes, por ejemplo, ocupaba la e, que está vacante por su fallecimiento. En la conformación actual, Luis Goytisolo ocupa la C , Luis María Ansón la ñ, Javier Marías la R, Álvaro Pombo la j , Antonio Muñoz Molina la u , Juan Luis Cebrián la V y Mario Vargas Llosa (que tiene la nacionalidad española) la L. En la página de la RAE (www.rae.es) se puede consultar la lista de académicos que han ocupado la misma letra a través de la historia.
Destacados escritores e intelectuales han sido académicos en el pasado, como Pío Baroja , Gerardo Diego, Gregorio Marañón, Julián Marías, Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, Azorín, Ramiro de Maetzu, Manuel y Antonio Machado y Gonzalo Torrente Ballester. Algunos, eso sí, fueron nominados pero no alcanzaron a tomar posesión. También lo han integrado, entre otros, los nobeles Vicente Alexaindre, Jacinto Benavente y Camilo José Cela. El único Nobel de Literatura español que no ingresó como académico es Juan Ramón Jiménez. Entre los directores más conocidos de la RAE en las últimos cien años figuran Dámaso Alonso, Fernando Lázaro Carreter, Pedro Laín y Ramón Menéndez Pidal, que ocupó el cargo en dos ocasiones.
TOMADO DE: http://diario.elmercurio.com/2010/12/12/artes_y_letras/_portada/noticias/847D56CD-CE6C-41C0-9C1E-4BF17990E573.htm?id={847D56CD-CE6C-41C0-9C1E-4BF17990E573}
Talleres literarios | Testimonios de encierro:
Poesía carcelaria de mujeres chilenas

Carolina Schmidt, poeta y gestora cultural, tiene a su haber una rica experiencia guiando talleres de creación poética en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago y otros del país. Su trabajo ha visto la luz en dos publicaciones. De su proyecto A la sombra , extractamos aquí algunos testimonios escritos por mujeres que cumplen una pena y que denuncian la realidad carcelaria. De ellos se desprende que no parece haber una discriminación de género en el trato de los reclusos de las cárceles chilenas.  

  Sombra
Las paredes te acusan
provocas agonía
sumergida en la noche
ya no hay alegría.
Fría penetrante
congelaste los huesos
atravesaste el cráneo
helados los sesos.
Cruel estadía
sienes con dolor
destapa la mollera
desgarra el corazón.
Con ojos de hielo
la frente febril
mojado escalofrío
Vivir y morir.
Ocultas saetas
instrumentos de mal
cuchillas amaestradas
ultrajo mortal.
Cola para todo
Cola para la ducha
cola para el baño
cola para que nos cuenten
cola para salir a la escuela o trabajar
cola para la cuenta
cola para tomar once y cenar
cola para lavar la ropa
cola para centrifugar
y cola para cuando nos van a allanar.
En una fila como hormigas
nos cuentan como el ganado
tres veces al día
si alguna se ha fugado
Baño
Duchas comunes
quien sabe de qué año
casi a la intemperie
cortinas y paños.
Ventanas en ruinas
sin vidrios, las rejas un espejo
se cae a pedazos
las paredes y techo.
Bañarse con apuro
en la casa del jabonero
se olvidan las ropas
también el dinero.
Bañarse con apuro
se corta el agua
todas mojadas
la que alcanza se enjuaga.
Usar el baño
el cuerpo desalojar
paredes sucias
dan ganas de vomitar.
Moscas
Mientras como garbanzos con ají
correteando moscas que
minutos antes
se posan en la caca de mis compañeras y mía,
me convenzo de lo que ellos quieren
que pierda toda dignidad
que me denigre
y sienta tan poca cosa
hasta volverme loca
correteando moscas.
Allanamientos
En la mañana la cama
Estiradita, el ase hechito
Todo limpiecito y ordenado.
Llega e encierro a las 6
Tu pieza hecha un desastre
Nada en su lugar
Hasta el basurero hurguetearon
Buscando algo ilegal.
[
En la mesa los cojines y ropa interior
En el suelo frazadas
Joyero dado vuelta
Aros, pinches
Desde la ventana a la puerta,
Menos mal la pieza es chica
Sino, cuánto tardaría en ordenar.
[
El Poet donde va la azúcar
La cama no se mueve
O sino, estaría patas pa arriba.
El colchón abierto y dado vuelta
Mis zapatillas tiradas en el baño
El ropero debajo de la cama
Y toda la pieza.
Nada en su lugar,
Para ordenar no sé dónde empezar
Empiezo por mirar,
Me quiero matar.
II
Calientito el almuerzo
Le doy la primera cucharada
Como relámpago
Gritando llegan
Salgan al patio perras
Rápidamente vueltas a la pared
El poderoso observa hiriente y se ríen
De la gente primeriza,
Algo así nunca pasó por su mente
No lo creen
Lloran impotencia
Ellos siguen el proceso
Sin la más mínima muestra de afecto.
Dicen: "pasen al taller 4 a revisarse
Una fila de 4 personas
Esperando sólo órdenes
Sácate los zapatos
Sácate los pantalones
Cuadras hasta la rodilla
Y te agachas 3 veces
Date vuelta y repítelo.
Ahora saca tu polera
Da vuelta tus sostenes
Vístete y sale.
No te acerques a nadie
Entra al comedor
Nuevamente, donde
La gente ya está revisada".
Llegas a tu asiento
La comida al frente
El apetito ha muerto.
(fragmento)
Desesperada
Tengo fuerza
Pero necesito
Más fuerza
Veo luz
Pero estoy
En la orilla
De la oscuridad
II
Pienso no puedo
Necesito no tengo
Espacio me falta
Hablo y no soy escuchada
Despojo súplica súplica súplica
II
Papeles papeles
Me diluyo
Desesperada
Me veo arrastrada
Aún no quiero
Verás una voz
Ronca fuerte
Se desvanece
II
Ya no habrá
Voz Voz Voz
Punto un dos tres
Hambre uno dos tres
O más días
Huelga me desespera
Hambre sácame de aquí
Enferma se oirá
Mi voz lejos.
La condena de la abuela
La casa de piedra
Mesa de piedra
Silla de piedra
Fría como el agua que toma
II
Camina porque tiene que caminar
Acalambrados sus huesos.
II
María Isabel
Nombre con cuerpo envejecido
70 años la rodean.
II
Jueces, fiscales
No miden perdón
Por más súplica pedida
De la mujer.
II
Ahora sonámbula camina
mitad corazón herido
muere a poco
Duerme intranquila
Las noches dicen.
Que un indulto darán.
II
Su cuerpo jorobado
Camina despacio
Sus pies arrastra
Su piel nota
El resecamiento frío, desgastado.
II
La mira una luz divina
Desde lo alto del cielo
II
Tristeza en su rostro
Por una hija con dolor
No hay cura en su cuerpo
Culpa de un avanzado cáncer.
II
No hay día, ni noche
El tiempo se borró
Por años de encierro.
Hoyo profundo
Cómo río sin caudal.
II
Juez no miraste a la abuela
No tienes compasión
Una mujer te parió
Con ella, contemplación no tuviste
II
No miraste su cara
De un pellejo descolgado
Que pide clemencia.
No miraste los años.
La laucha
Cable, cucharada, madera
Es la famosa laucha canera
Con ella todo el día aguita caliente
Tesito, un mate
Hasta una rica ducha.
Pero hay que andar aguja
Por que las funcionarias
En vez de hacer su trabajo
Parecen gatas
Tras de una lauchita.
TOMADO DE: http://diario.elmercurio.com/2010/12/12/artes_y_letras/_portada/noticias/A247E436-A2ED-4FD5-BA4F-B14769E2E8EB.htm?id={A247E436-A2ED-4FD5-BA4F-B14769E2E8EB}
Dos miradas a la última novela de David Grossman

Los desastres de la guerra

Andrea Blanqué
CUANDO SE mira a Israel desde el exterior, cuando se nos ve en la pantalla del televisor, se ve una bestia militar", declaró David Grossman a la televisión española en ocasión de la presentación de su última novela La Vida Entera. Pero aclaró: "Somos muy duros y muy fuertes, pero en lo más profundo, cada israelí se siente muy frágil, muy inseguro respecto a nuestras posibilidades de estar aquí, de ser aceptados aquí y no es paranoia".
Es de esa fragilidad que trata esta novela inmensa de 807 páginas en su versión castellana, que describe dos generaciones enteras de seres humanos sometidos a una guerra que no desean, pero en la que se ven involucrados, no ya cuando estalla el autobús que pasó en la cuadra siguiente, sino cuando la guerra llega a la propia familia, golpea la puerta de su casa e invade la célula íntima de la existencia de un individuo. La pacifista se convierte entonces en madre de un soldado que va a morir, que sin duda morirá.
UN PACIFISTA. David Grossman es junto a Amos Oz, el escritor de más prestigio en lengua hebrea. Sin embargo, cuando Grossman presenta sus libros en otros países, nadie habla de literatura: los periodistas lo atomizan a preguntas sobre el conflicto bélico árabe-israelí. Es que Grossman es un consagrado pacifista, con una autoridad moral enorme frente a sus compatriotas y frente al mundo: en 2006, su hijo Uri y sus compañeros fueron alcanzados por un misil y resultaron muertos. Días atrás, el escritor había pedido públicamente al gobierno israelí que no respondiera a los ataques que llegaban desde el Líbano llevados a cabo por extremistas. Ello no sucedió.
La Vida Entera es una novela que trata de lo que vivía Grossman en esos días aciagos. Su protagonista es una mujer, Ora, una israelí progresista a quien los árabes le inspiran una mezcla de amor, sentimientos de culpabilidad, respeto y miedo, pero que en lugar de niñas ha procreado dos hijos varones. Uno ya ha salido del servicio militar, pero el otro, el pequeño, el hijo especial, está aún cumpliéndolo.
Cuando llega el día en que su servicio militar termina -¡y aún sigue vivo!- la madre tiene programado junto a su vástago una caminata desde el Norte de Israel, Galilea, hasta Jerusalén. Trepar colinas, cruzar arroyos, mirar la antiquísima tierra y dormir a la luz de las estrellas sería una forma de conjurar la posibilidad de la infame muerte que los amenaza. Pero el chico no quiere salir del ejército y se presenta como voluntario para un movimiento militar.
Ora toma una decisión radical: no se quedará en casa esperando a que le vengan a traer la noticia de que Ofer, su hijo adorado, ha muerto. Entonces recurre a un viejo amigo/amante, Abram, para que la acompañe en esa caminata. Abram es uno más de esos israelíes que quisieron la paz pero que la vorágine lo llevó a matar para no ser matado.
Con problemas psiquiátricos desde la juventud, cuando cayó prisionero de los egipcios en la Guerra de Yom Kippur y fue torturado, violado y vejado, Abram escucha el monólogo de la madre Ora. Para conjurar la posible muerte de su hijo, durante la larga caminata, Ora -mientras aspiran la belleza de esa tierra tan hermosa como conflictiva- cuenta cada uno de los detalles de la vida del hijo, los recrea con palabras, desde el embarazo hasta el presente, cuando ya es un hombre alto y fuerte y lleno de adrenalina y olor a guerra en la mochila que trae en los permisos.
el mundo de las mujeres. Grossman focaliza la novela en una mujer, en una madre. En varias de sus novelas el escritor israelí evidencia su admiración por las mujeres en oposición al "mundo macho" de los hombres. Para subvertir el sistema, nada mejor que una mujer, Ora, que le exige a su hijo que en las batallas apunte su ametralladora hacia arriba, así no mata a ningún ser humano, pero que con terror sabe perfectamente que la posibilidad de que Israel deje de existir algún día ronda en la vida de cada uno de los seis millones de israelíes.
La narrativa de Grossman es decimonónica: cuenta historias de vida, de mujeres a lo Anna Karenina, pero a la vez muestra el mundo como Balzac. La modernidad le llega por los cambios de narrador y de tiempo, que se alternan: dado que la novela trata de "la vida entera", la voz de Ora se mezcla con la del narrador y las voces de los otros personajes que han contado su vida a Ora, como su marido, Ilan, otro de los pacifistas metido entre las bombas de Yom Kippur y cambiado para siempre.
El final es abierto. Se tiende a completar la novela con la historia real de Grossman: cuando estaba por terminar el libro le llegó la noticia de que su hijo Uri había muerto. Grossman estuvo siete días de duelo y luego se lanzó nuevamente a escribir. Y al revisar y corregir la novela, el sacrificio de su hijo, de su amado "Isaac", quizás haya teñido las páginas de ese sentimiento fúnebre, esa sensación de que por más que Ora ame, luche, camine, hable, abrace a Abram y admire con fruición la tierra de Israel, la posibilidad de que este país desaparezca está allí, perturbadora, con un gran enigma sobre el futuro.
LA VIDA ENTERA, de David Grossman. Lumen, 2010. Barcelona, 807 págs. Distribuye Random House Mondadori.

Buena traducción

Ioram Melcer
(desde Jerusalén)
LA VIDA ENTERA de David Grossman, un retrato sociológico de la burguesía israelí acomodada, es un libro aguado, impreciso, con repeticiones verborrágicas, un sin fin de ejemplos, y un alargamiento del proceso de la exposición de los argumentos que en hebreo original insume 632 páginas. Es la novela más larga en lengua hebrea de los últimos 15 años.
Como se trata de un escritor consagrado, de mucho prestigio y de probadas capacidades literarias, el lector tiene dos opciones: lamentar el desmesurado desliz, o buscar algún sentido más allá de la sociología. Porque La Vida Entera es un texto de argumento simple: pinta una sociedad harta de estar estancada.
El título original de la novela es diferente al de las traducciones: "Una Mujer Huye de Un Anuncio". Ora, una madre israelí, huye de la posibilidad que le llegue el anuncio de que su hijo murió en una operación militar. Huye, y no puede huir. Los personajes de la novela están encerrados en un país, en una cultura, en una lengua, en una situación. Es lo que en Israel se describe desde hace 60 años como "La Situación". Todos los personajes de la novela sufren, ninguno vislumbra redención: ni exterior, ni espiritual. El intento de encerrarse en un lenguaje privado fracasa. Vivir es huir de la mano negra de la duda, vivir es desear lo seguro, pero lo único seguro es la muerte.
Una mención especial se merece la traductora, Ana María Bejarano, por su heroica labor. Optó por no huir. Luchó, inventó palabras en castellano y logró descifrar una gran cantidad de términos coloquiales y populares en hebreo que no están en ningún diccionario. Algo que no ocurrió con la versión en inglés donde el traductor recortó mucho, sin advertencia al lector.
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/suplemento/cultural/los-desastres-de-la-guerra/cultural_535142_101217.html
El pensamiento de Nadine Gordimer

La mecanógrafa

Ana Fornaro
UNA TARDE, mientras sus hijos jugaban en la calle, Nadine Gordimer escribía en su cuarto propio. Hacía ya algunos años que comenzaba a ser reconocida mundialmente como una de las mayores exponentes de la literatura sudafricana. Su obra se difundía y traducía en varios países a la vez que era censurada una y otra vez en el suyo. Las autoridades locales tenían miedo y perseguían a esta escritora blanca que eligió plasmar en su obra las desigualdades sociales, los conflictos interraciales y las contradicciones humanas de una tierra dividida por el apartheid. Gordimer hacía caso omiso tanto de los festejos como de las cadenas y seguía escribiendo. Y esa tarde, cuando sus hijos jugaban en la calle, un amiguito le preguntó a uno de ellos a qué se dedicaba su madre. "Es mecanógrafa", le contestó.
Nadine Gordimer nació en 1923 en una tierra de fuego. Y no es una metáfora. Springs, provincia de Gauteg, era una población minera cercana a Johannesburgo donde la autora creció en una familia de inmigrantes de clase media. Su padre era un relojero judío que había emigrado de Lituania (en ese momento formaba parte del imperio ruso) y su madre una londinense instalada en la colonia. Su infancia transcurrió entre el sopor de una vida suburbana y el descubrimiento temprano de la literatura y de una estratificación económica y social basada en el origen y la raza.
"Crecer en una parte de un vasto país, puede ser muy diferente a crecer en otra parte. Y en Sudáfrica esta diferencia no es sólo una cuestión de geografía. La división de las personas en dos grandes razas (blancos y negros) y la subdivisión de los blancos en quienes hablan el afrikaans y el inglés, brindan una diversidad cultural que puede hacer que dos niños de distintas partes del país se sientan frente a un extranjero". Así comienza el primer ensayo de Telling Times (W.W. Norton, 2010), la reciente recopilación de la obra de no ficción de la escritora que ganó el premio Nobel de Literatura en 1991, y que aún no se ha traducido al español. Un libro donde el lector tiene acceso, por primera vez, a casi la totalidad de artículos, ensayos, conferencias y crónicas de una autora que dedicó su vida a cuestionar y narrar su tiempo. Publicados en diarios y revistas culturales de Sudáfrica, Estados Unidos e Inglaterra entre 1954 y 2008, estos textos recorren el pensamiento filosófico, literario y político de Gordimer y se transforman en piezas fundamentales para entender su producción ficcional.
CARTAS DESDE SUDáFRICA. Casi la totalidad de la obra novelesca y gran parte de los relatos de Gordimer van acompasados con la historia de su país. La situación política y social de Sudáfrica, las injusticias del apartheid, las relaciones de amor -imposibles- entre negros y blancos son los temas que vuelven, bajo distintas formas, a ser tratados y analizados por la autora.
En su primera novela, The Lying Days (1953), que no fue traducida al español, la autora narra el despertar político de una joven blanca en medio de la aparente apacible vida de un pueblito sudafricano. Esta obra -la única de corte autobiográfico- ya sienta las bases de la escritura de Gordimer. Una escritura concisa y sin adornos que investiga en los personajes mostrando sus ambigüedades, dando cuenta de las distintas relaciones de poder. Un intento de nombrar lo innombrable en un país donde el Otro es invisible, ha sido despojado de su voz.
Entre sus novelas más representativas figuran Mundo de extraños (1958), Ocasión para amar (1963), Un invitado de honor (1970), El conservador (1974) y La hija de Burger (1979). El conservador, que explora la cultura zulú y el mundo de los industriales blancos, le valió el premio Booker Prize y ha sido festejada por la crítica como su novela más densa y poética.
LOS NEGROS POR EL FONDO. Muchas de las reflexiones que aparecen como tela de fondo en su obra ficcional, ocupan el centro de los artículos de Telling Times. Ordenados cronológicamente, el lector puede hacer un recorrido por la historia sudafricana de los últimos cincuenta años.
Instalada en Johannesburgo desde los 23 años, Gordimer se convertirá en una cronista de la vida cotidiana de la ciudad y a su vez en una férrea militante política. Los artículos que aparecen en Telling Times están dirigidos, en su gran mayoría, a los extranjeros. La autora describe en ellos, de manera casi didáctica, la realidad de su país y de su ciudad, que, según ella, es donde se dan las mayores desigualdades y contradicciones de Sudáfrica. Así lo explica en el ensayo "Apartheid", que data de 1959."Los hombres no son hermanos, tienen que descubrirse unos a otros, y es este descubrimiento lo que el apartheid busca prevenir. ¿Qué es el apartheid? Depende de quién sea quien responda. Si se le pregunta a un miembro del gobierno sudafricano dirá que es un desarrollo separado y paralelo de los blancos y los negros -esta es la definición oficial y legal. Si se le pregunta a un blanco que apoya esta política responderá que es la forma de mantener blanca a Sudáfrica. Y si se le pregunta a un negro las respuestas coincidirán con las prácticas del apartheid que experimentaron ese día. Porque para las personas negras el apartheid no es ni una ideología ni una política sino un contexto en el cual toda su realidad está inmersa: su educación, su trabajo, sus relaciones."
En este artículo, Gordimer da una idea muy clara de cómo era la vida en Johannesburgo bajo esta política. La parte "blanca" de la capital sólo era accesible para los negros desde las puertas traseras de las casas. Los negros no tenían acceso ni a los bares, ni a los restaurantes ni a los museos. La vida "real" de la comunidad sudafricana estaba totalmente vedada para la mayoría de los habitantes de su país. Así, Gordimer se cuestiona cómo muchos de sus amigos negros, varios de ellos profesionales, no podían ver una película ni tomarse un café con ella en la calle. Ni siquiera tenían derecho de compartir juntos un paseo por la vía pública.
Este ensayo es el primero de una serie que podría llamarse "Vida en Johannesburgo" y que recorre todo el libro dando cuenta de la vida cotidiana y política y los cambios que va sufriendo el país. Así como la primera parte del libro está centrada en los aspectos colonialistas y de la segregación, la última está más enfocada en la violencia persistente de su ciudad, la inseguridad y el sida, una de las preocupaciones más fuertes de la autora en los últimos años.
GESTO ESENCIAL. En la obra de Gordimer, separar el aspecto político del literario no sólo no tiene sentido sino que es imposible. Estos se tocan indefectiblemente formando una trenza que podría llamarse "literatura comprometida" pero sin embargo nunca cae en lo panfletario. Esto aparece explicado en varios artículos de Telling Times donde la autora se centra más en la literatura, en las obras de sus coetáneos y sus referencias literarias y en particular en un tema que la obsesiona: la censura. Estos ensayos, muchos de ellos de corte teórico, muestran la gran erudición de la autora y su preocupación por estar al tanto del acontecer artístico de su tiempo.
En varios de estos artículos Gordimer se interroga sobre cuál es el papel del escritor y de la literatura en la segunda mitad del siglo XX y en particular qué relación debe establecer un autor con el mundo que lo rodea. De esta forma, sus artículos y conferencias van acompasados y cuestionan las modas literarias y teóricas del momento, a la vez que exponen su forma de hacer literatura, lo que ella denomina "el gesto esencial".
Gordimer, que empezó escribir a los 9 años -como cuenta en uno de los pocos artículos autobiográficos de esta recopilación "A Bolter and the Invisible Summer"- comenzó su labor literaria por la necesidad de traducir en historias lo que percibía en su entorno. Y con la narración de historias vino una "responsabilidad". Esta doble tarea, la de escribir ficción y preocuparse por la realidad, aparece descrita como un "gesto esencial" que recorre toda su obra. Gordimer se cuestiona sobre cómo el escritor puede permanecer en el "Edén de la creación" y mantener su libertad creativa y a su vez comprometerse con su tiempo e intentar ser un agente de cambio de su sociedad. "El escritor está en la eterna búsqueda de cómo articular su relación con la sociedad. En todo el mundo el escritor necesita ser dejado tranquilo a la vez que necesita una conexión vital con los demás."
Para Gordimer, esta búsqueda, que acompaña a los escritores de todas las épocas y culturas se resume en "la transformación de la experiencia". Se trata de transformar la experiencia propia y la de su entorno en obras artísticas, en una literatura que actúe como catalizador de la historia. Una tarea que Nadine Gordimer viene cumpliendo con honores hace más de cincuenta años, como se demuestra en esta nueva recopilación de sus textos en el inglés original.

En español

La suave voz de la serpiente (1956)
Seis pies de tierra (1956)
Mundo de extraños (1958)
La huella del viernes (1960)
Ocasión para amar (1963)
No para publicarlo (1965)
El desaparecido mundo burgués (1966)
Un invitado de honor (1970)
El conservador (1974)
La hija de Burger (1979)
Gente en Julio (1981)
La historia de mi hijo (1990)
Nadie que me acompañe (1994)
Un arma en casa (1998)
El encuentro (2002)
Saqueo (2004)
Contar cuentos (2007)

Historiadora del presente

Nadine Gordimer
DURANTE siglos de cultura humana, la palabra ha tomado distintos significados, tanto religiosos como seculares. Tener la palabra se ha convertido en sinónimo de autoridad, de prestigio, de grandiosidad, algunas veces de peligrosa persuasión: tener un programa de televisión en Prime Time, tener el don de la palabra o hablar en lenguas.
En el siglo XXI la palabra viaja por el espacio, rebota en los satélites, nunca estuvo tan cerca del cielo. Pero su mayor transformación para nosotros -los escritores- fue cuando, mucho tiempo atrás (y en África), se escribió por primera vez en piedras o en papiros. Cuando fue transformada de sonido a espectáculo, de ser escuchada a ser leída como una serie de signos, y viajó por el tiempo hasta Gutenberg. Y esa fue la génesis del escritor. Esa es la historia que les dio a ustedes y a mí la posibilidad de ser.
Fue, extrañamente, un doble proceso. Se creó al mismo tiempo el escritor y su tarea de escribir como una mutación de la cultura humana. Como el prisionero del cuento de Borges "La escritura de Dios" que intenta leer en las manchas de un jaguar el significado del ser, pasamos nuestras vidas intentando interpretar mediante palabras lo que leemos en la sociedad que nos tocó vivir. Este es el sentido de la inextricable, la inefable participación de la escritura. La escritura es a la vez exploración del ser y del mundo.
Los escritores en África en el siglo XX interpretaron los grandes acontecimientos de nuestro continente desde la abolición de la esclavitud hasta la caída de los regímenes colonialistas, cruzando el río que va de la opresión a la liberación.
(de "Dando vuelta la página", 1992)

Los negros eran personas

Nadine Gordimer
QUÉ QUIERE decir ser sudafricano? ¿Quién decide? ¿Qué significa para mí ser sudafricana? ¿Califico?
Por supuesto, sólo los blancos en Sudáfrica sienten alguna vez la necesidad de hacerse estas preguntas. Y esto nos lleva a la última interrogante. ¿Existe un africano blanco? ¿Quién decide? (…)
Yo nací aquí, y para mí ese es un hecho de una profunda importancia emocional, porque creo, como los jesuitas y Freud, que los primeros años de vida son definitorios y que quedan grabados en el ser humano para siempre. También creo que la confrontación con el mundo físico, el primer paisaje que uno ve, el primer pedazo de tierra en el que uno apoya los pies, las primeras caras que uno conoce, aunque pasen desapercibidas, dejan una huella en la percepción e interpretación del mundo. Cuando estoy en Europa o América, o en cualquier lugar fuera de África, el recuerdo de mi hogar -en ese estado segundo donde no existen el tiempo y la distancia- está bañado de deshechos de minas y colinas de carbón. No es una visión romántica. Ningún europeo reconocería esta imagen como África. Pero es Àfrica. Aunque lo encuentre duro y feo, y los paisajes de Àfrica ahora signifiquen otras cosas para mí, ése fue mi primer impacto; todo lo que vi tiene su punto de partida allí. Todas las preguntas que sigo intentando responder comenzaron allí.
Me he dado cuenta de que mi reivindicación de ser sudafricana por los recuerdos de mi infancia, por esa memoria anterior, es poco aceptada por las personas blancas. Puede que haya nacido aquí hace más de cincuenta años, pero eso no es un lapso suficiente. Soy hija de inmigrantes, mi madre de Inglaterra y mi padre de Lituania. No eran el tipo de personas que consideraran a Europa como su hogar, pero eso no importa. Para algunos blancos es necesario tener como ancestros a los Voortrekkers o a los British Settlers de 1820 para ser aceptados como sudafricanos.
Venir de un linaje de irlandeses pobres o de judíos que huyeron del pogromo es ser un nuevo rico. (…)
Nacer sudafricana es nacer con una serie de preconceptos de raza que tienen el mismo nivel de absoluto que la vida y la muerte. Quizás esto es lo que quieren decir los blancos cuando se quejan del resentimiento negro incluso con "las mujeres y niños blancos" (siendo las mujeres niños honorarios); y quizás por esto es que las personas negras argumentan que cada blanco es culpable, sólo por el hecho de ser blanco, de la opresión de los negros. He escrito y hablado frecuentemente sobre la especie de renacimiento que vivimos muchos sudafricanos. Renacimiento que ocurre cuando nos damos cuenta de que el hecho que un negro no pueda entrar por la puerta principal no es igual a que los muertos no puedan volver a la vida. De la misma forma, sé por los recuerdos de amigos negros y por sus escritos, que los negros atravesaron por ese estado de conciencia cuando se dieron cuenta de que era posible no llamar a los blancos "patrón".
Para mí, volverme sudafricana fue cuando pude llegar a ese estado de lucidez. Fue cuando volví a nacer. El proceso es esencialmente el descubrimiento de la mentira. El gran sudafricano miente. Y, en desacuerdo con lo que se cree comúnmente, esto no me hizo sentir culpable como se sienten muchos blancos cuando descubren "la mentira". Lo que sobrevino inmediatamente con este descubrimiento fue una revelación: no se puede sentir culpa por haber sido estafado. Descubrí que la estafa de mi sociedad consistía en ocultar que los negros eran personas. No mineros, no sirvientes, sino seres humanos."
(de la conferencia "Qué significa para mí ser sudafricana", 1977)

En el principio fue el verbo

LOS ÚLTIMOS artículos de Telling Times, tienen un punto en común: el análisis de la última década. El lector, que viene acompañando a la autora desde los años cincuenta, se encuentra ahora con una historiadora del presente. Por primera vez el tiempo de Gordimer y el de la lectura coinciden. La escritora, que tiene casi noventa años, sigue reflexionando acerca de este mundo en que le toca vivir y acerca de los escritores que le son más preciados. De esta forma, una carta al escritor japonés Kenzaburo Oé o un ensayo sobre el teórico Edward Said conviven con artículos sobre Cuba, sobre el terrorismo, los problemas del agua y del sida en el siglo XXI. Gordimer es, y siempre lo ha sido, una escritora de actualidad, y el tono de estos últimos artículos es el de una evaluación, evaluación del afuera y evaluación de su tarea literaria. En estos últimos escritos el lector se enfrenta a una escritora que, después de haber narrado el tiempo, se da cuenta de que le queda poco tiempo.
En el artículo "Our Century", Gordimer repasa el siglo XX, intenta entender qué nos dejó el siglo pasado y cómo debemos enfrentarnos al nuevo milenio. La escritora necesita hacer un balance y se pregunta: ¿Fue este el mejor o el peor de los tiempos? En el siglo XX convivieron Hitler y Einstein, Freud y la bomba atómica, Nelson Mandela y Bin Laden. Se lograron avances tecnológicos sólo vaticinados en los libros de ciencia ficción pero las desigualdades siguen en aumento. Se terminó la era colonial pero las estructuras de dominación siguen vigentes. Fue el siglo de los grandes relatos, pero también de su caída. Se logró la libertad sexual, pero esta libertad se perdió con la pandemia del sida. La lista de contradicciones parece interminable. Pero Gordimer no saca conclusiones, sólo expone los hechos y los cuestiona. Lo que le pide a siglo XXI, entre otras cosas, es que le garantice la libertad para seguir haciéndolo.
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/suplemento/cultural/la-mecanografa/cultural_535134_101217.html

La Pantera Rosa se viste de luto

Hollywood pierde a Blake Edwards - El director de 'Desayuno con diamantes', fallece a los 88 años

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
En: www.elpais.com   /  Madrid: 17 de diciembre de 2010.
Blake Edwards era uno de esos genuinos hombres de Hollywood que convivían con igual deportividad y saludable sonrisa con los éxitos más rotundos que con los sonoros fracasos. Saboreó los dos extremos de una industria que conocía al dedillo porque se crió correteando de estudio en estudio a los pies de su padre, un pionero de Hollywood, J. Gordon Edwards, que había llegado con su familia a principios de los años veinte desde Tulsa para probar suerte en la nueva tierra prometida.
Para él, el humor mantenía su salud mental en un mundo disparatado
Peter Sellers fue la histriónica máscara de sus mejores películas
Él achacaba a la comedia, el género por el que Edwards pasará a la historia del cine, el poder de mantener su salud mental en un mundo tan disparatado como el que describió en una de sus mejores y más corrosivas películas: El guateque (1968), en la que hizo gala no solo de su don para el chiste fácil sino también para una mordaz crueldad gracias a ese patético, torpe y entrañable personaje interpretado por un explosivo Peter Sellers, actor al que dirigió en su serie de La pantera rosa y con quien mantuvo una relación de amor-odio que rozaba lo patológico. "No, Peter no era un excéntrico. Oía voces, hablaba con Dios, tenía conversaciones diarias con su madre, que estaba muerta. Eso es locura", señaló en una ocasión Edwards sobre el actor británico.
Si Sellers fue la histriónica máscara de sus mejores comedias, Audrey Hepburn fue el dulce rostro de su gran comedia romántica: Desayuno con diamantes (1961). Basada en la obra de Truman Capote, Edwards dulcificó el triste relato de aquella chica que se curaba de los malos días (los rojos, que en relato de Capote eran casi todos) fantaseando de madrugada frente al escaparate de la joyería Tiffany's. Si las piernas de Marilyn Monroe abiertas de par en par a las tripas del metro de Manhattan forman parte de la iconografía del cine, el melancólico arranque de Desayuno con diamantes en una despoblada Quinta Avenida, también.
Edwards llevó a su propio terreno un género que bebía tanto del slapstic como de Preston Sturges o Leo McCarey y que él consideraba infravalorado artísticamente (sólo logró un Oscar honorífico en 2004 y una candidatura al mejor guión en 1981 por Victor/Victoria).
Sus primerizas incursiones en el drama (Días de vino y rosas) o en el thriller (Chantaje contra una mujer) se vieron eclipsadas por la gabardinas del inspector Clouseau y el solitario gato de Holly Golightly. Aunque esos personajes lastraran su carrera también le salvaron del chaparrón de millonarios fracasos, como Darling Lili o La carrera del siglo, una película difícil de olvidar (gracias a Peter Falk y Jack Lemmon) pero que fue un fiasco económico.
Edwards, que fue actor en sus primeros años, se acabó casando en 1969 con su musa: la actriz Julie Andrews, cuya bondadosa sonrisa le acompañó hasta ayer mismo.

Breve filmografía

Desayuno con diamantes (1961).
Días de vino y rosas (1962).
La Pantera Rosa (1963).
La carrera del siglo (1965).
El guateque (1968).
10. La mujer perfecta (1979).
Víctor o Victoria (1982).
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Escenas del mundo flotante

FIETTA JARQUE
En: Babelia. Madrid: 11 de diciembre de 2010. www.elpais.com
Arte. Para los japoneses premodernos el acto sexual no lleva la connotación del pecado y la culpa que ha predominado en el mundo occidental. Por otro lado, el culto clásico a la belleza del desnudo es algo ajeno a la representación artística en el antiguo Japón. Por eso las imágenes eróticas abundaron y fueron muy populares antes de su contacto más estrecho con Occidente. Y por esa razón también, los cuerpos aparecen en las estampas de la época siempre semienvueltos en ropajes. Hasta tal punto era importante para ellos esa ropa que los grabados tenían cierta función publicitaria de los diseños y artesanos textiles y hasta el mobiliario que se recreaba en las escenas de amor. A las cortesanas más famosas les gustaba aparecer en muchas de estas láminas utilizando distintos atuendos.

Poema de la almohada y otras historias.

Gian Carlo Calza
Traducción de Carme Franch Ribes
Phaidon. Barcelona, 2010
464 páginas. 39,95 euros
Las estampas y pinturas de este tipo se denominaban shunga, es decir, imágenes primaverales. Un eufemismo poético para un género que cultivaba una gran crudeza carnal. Poema de la almohada y otras historias es un libro con 450 de los más bellos e interesantes grabados eróticos japoneses de maestros como Utamaro, Hokusai, Kuniyoshi. Pertenecen al periodo Ukiyo-e, que abarca desde mediados del siglo XVII hasta finales del XIX. Ukiyo-e es el "mundo flotante", pero vendría a ser un desarrollo equivalente, aunque opuesto en su desarrollo, a las vanitas occidentales. Ukiyo es un término budista que alude a lo efímero de la existencia, solo que a diferencia de las tétricas calaveras de las pinturas cristianas, los japoneses de ese periodo expresaron su desasosiego ante la finitud de la vida mediante el disfrute del sexo sin compromiso y la vida frívola.
Los textos de Gian Carlo Calza son una guía exquisita por la época en que el reino de Edo, el Tokio actual, se convirtió en el centro de la cultura del archipiélago. A principios del siglo XVIII llegó a ser la ciudad más poblada del mundo con un millón de habitantes. Los señores feudales formaron una activa corte que amaba el lujo y las diversiones de todo tipo. Los shunga se editaban como estampas individuales pero también como libros. En el siglo XIX fueron de una enorme y hasta decisiva influencia para el desarrollo del arte europeo. Los impresionistas se fijaron ya en ellos, pero Van Gogh y Gauguin, Matisse y luego Picasso se sintieron fascinados por esas obras.
Los shunga fueron una tendencia muy extendidas y constituyen casi la mitad de todo el arte Ukiyo-e. A veces recreaban historias conocidas, pero muchas veces eran imágenes sueltas. En esta edición se reproduce íntegro el famoso libro de Kitagawa Utamaro Poemas de la almohada, que da nombre al volumen. Los apartados de cada uno de los artistas contienen una especie de libretos explicativos. Una edición exquisita, sorprendente, estimulante.
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ENTREVISTA Stefano Rodotà Coautor de la Carta Fundamental de Derechos de la UE

'Italia es el laboratorio del totalitarismo moderno'

MIGUEL MORA
En: Domingo. Madrid: 12 de diciembre de 2010. www.elpais.com
Puntal del laicismo, la democracia y el sentido común, Stefano Rodotá es un hombre exquisitamente amable. Sabio del derecho, comprometido a la antigua y heredero del activismo de Pasolini, es acaso el penúltimo humanista europeo y uno de los pocos intelectuales de referencia que quedan en esta Italia "triste y deshilachada, que solo se mira el ombligo y parece cada vez más un apéndice del Vaticano cuando se acercan los 150 años de la unidad del país".
"Italia, triste y deshilachada, solo se mira el ombligo y parece cada vez más un apéndice del Vaticano"
"Los obispos italianos no admiten el testamento biológico; los alemanes propusieron un texto más avanzado que el de la izquierda italiana"
"Necesitamos un derecho amable, no un derecho que niegue los derechos. La religión no puede domar la libertad"
"En Europa crecen la xenofobia y el racismo, y la debilidad cultural de Italia se expande por el Continente"
Profesor emérito de Derecho Civil en la Universidad de La Sapienza de Roma, Rodotà, nacido en Cosenza hace 73 años, escribe libros y artículos, asiste a congresos, dirige el Festival de Derecho de Piacenza, promueve manifiestos y da la batalla civil por un sinfín de causas, de la libertad de prensa a la ética pública y la eutanasia.
Elegido diputado por el Partido Comunista Italiano en 1979, vivió la convulsa década final de la Primera República en el Parlamento y luego fue el primer presidente del Partido Democrático della Sinistra (PDS), fundado en 1991 por Achille Occhetto a partir de las cenizas del PCI. Solo un año después, quizá profetizando la que se avecinaba, abandonó la política.
Hoy enseña en universidades de todo el mundo, y como especialista en filosofía del derecho y coautor de la Carta Fundamental de Derechos de la UE, es la "tabla" de medir libertades individuales, nuevos derechos, calidad democrática y abuso de poder. Sus textos sobre la relación entre derecho e intimidad, tecnología, trabajo, información y religión se consideran clásicos.
Ahora, Trotta acaba de traducir su libro La vida y las reglas. Entre el derecho y el no derecho, un ensayo de 2006 ampliado en 2009 en el que Rodotá replantea los límites del derecho y reivindica uno nuevo, "más sobrio y respetuoso con las múltiples y nuevas formas que ha adquirido la vida humana".
El profesor denuncia la tiranía que los nuevos popes de la ley tratan de imponer a los ciudadanos: la "casta de notables" que forman juristas y abogados, los grandes despachos internacionales que "crean las reglas del derecho global por encargo de las multinacionales", los "invisibles legisladores que secuestran el instrumento jurídico, transformando una mediación técnica en una actitud sacerdotal".
El libro traza una crítica posmarxista de la jungla de las ataduras legales que frenan las libertades que traen las innovaciones técnicas y científicas. Partiendo de Montaigne ("la vida es un movimiento desigual, irregular y multiforme"), Rodotá explica cómo el "evangelio del mercado", el poder político y la religión han coproducido "una mercantilización del derecho que abre la vía a mercadear incluso con los derechos fundamentales", según se ve en asuntos tan dispares como la inmigración, las técnicas de fertilización o los avances de la biología.
Según Rodotá, esa lógica mercantilista e invasiva es "radicalmente contradictoria con la centralidad de la libertad y la dignidad", y la privatización de la legalidad en un mundo global crea enormes desigualdades, paraísos e infiernos, "lugares donde se crean nuevos derechos y libertades y otros donde el legislador pretende adueñarse de la vida de las personas".
"La paradoja es que esa disparidad, que en teoría ayuda a extender la conciencia de la igualdad por el mundo, puede consagrar una nueva ciudadanía censitaria", explica. "Si se legisla sobre los genes, el cuerpo, el dolor, la vida, los regalos o el trabajo aplicando la represión, la arrogancia y la técnica empresarial de la deslocalización, las libertades se convierten en mercancías y solo aquellos que pueden permitirse pagar pueden acceder a ellas".
Rodotà cita por ejemplo las leyes sobre los matrimonios homosexuales o la reproducción asistida, "que en Italia han creado un flujo de turistas del derecho hacia países como España y otros menos seguros como Eslovenia o Albania". Y en el lado opuesto, "los paraísos fiscales y los países que respetan menos los derechos laborales o la legislación ambiental, y así captan empresas y millonarios".
El gran reto, afirma en esta entrevista, es "salir del derecho y regresar a la vida". O, como afirma en el prólogo del libro el profesor José Luis Piñar Mañas, "vincular vida y derecho, derecho y persona, persona y libertad y dignidad; poner el derecho al servicio del ser humano, y no del poder".
Pregunta. ¿No es paradójico que un jurista alerte contra los excesos del derecho?
Respuesta. Bueno, la mayor paradoja es que el derecho, que debe solo ser una mediación sobria y sensata, se convierta en un arma prepotente y pretenda apropiarse de la vida de la gente. Esta nueva tendencia está muy ligada a las innovaciones científicas y tecnológicas. Antes nacíamos de un solo modo; desde que Robert Edwards, el flamante premio Nobel, inventó el bebé probeta, han cambiado las reglas del juego y la ley natural no se gobierna solo por la procreación natural. Hay otras oportunidades de elegir y surge el problema: ¿debe actuar el derecho? ¿Hasta dónde? A veces, su pretensión es meter en una jaula a la ciencia, oponer derecho a derechos, usar el derecho para negar libertades. ¿Es eso lícito? A veces puede parecer que lo es, por ejemplo en la clonación.
P. ¿Y otras veces?
R. A mi juicio, el derecho debe intervenir, pero sin arrogancia, sin prepotencia, sin abusar, dejando a las personas decidir de forma libre y consciente. El caso de Eluana Englaro es un ejemplo palmario del uso prepotente de la ley y, de paso, del retraso cultural y político italiano. El poder y la Iglesia decidieron, contra lo que afirma la Constitución sobre el inalienable derecho de las personas a su dignidad y a su salud, que era preciso actuar para limitar la dignidad de esa mujer sin vida cerebral y el derecho de su padre a decidir por ella. El problema no es solo el empellón autoritario del poder político, sino el insensato desafío a la norma soberana, la Constitución, y la colaboración de la Iglesia en ese ataque.
P. La Iglesia odia también las células madre. Pero la fecundación asistida fue prohibida en Italia en un referéndum popular.
R. Algunas innovaciones científicas ponen en tela de juicio la antropología profunda del ser humano. El uso y descarte de distintos embriones en las técnicas de fertilidad es una de ellas. El derecho debe acompañar esos cambios, pero no bloquearlos. Los científicos piden reglas para saber si sus avances son moral y socialmente aceptables. Un uso prepotente de la ley limita sus investigaciones, niega el avance mismo, y al hacerlo se apodera de nuestras vidas porque nos niega todo derecho, o peor todavía, se lo niega solo a algunos. Los ricos italianos pueden ir a fertilizarse a España, los pobres no. Eso produce una ciudadanía censitaria y destruye el estado social. La vida está antes que la política y el derecho.
P. ¿La Italia actual está sometida al fundamentalismo católico?
R. Italia es un laboratorio del totalitarismo moderno. El poder, al abusar del derecho, privatizarlo y tratarlo como una mercancía, da alas al fundamentalismo político y religioso, y eso mina la democracia. Los obispos italianos no admiten el testamento biológico; los alemanes propusieron un texto más avanzado que el de la izquierda italiana. Al cumplirse un año de la muerte de Eluana, Berlusconi escribió una carta a las monjitas que la cuidaron diciendo que estaba muy triste por no haber podido salvarle la vida. Admitió públicamente que el poder había tratado de adueñarse de su vida. Ahora acaba de ofrecer un Plan por la Vida a la Iglesia. Con tal de tener su apoyo para seguir gobernando, Berlusconi ha malvendido el Estado de derecho al Vaticano por cuatro perras.
P. Y los homosexuales siguen sin derechos. Y los laicos cada vez pintan menos.
R. El Tribunal Constitucional ya ha dicho al Parlamento que debe reconocer las bodas gais. La Carta de Derechos de la UE es también muy clara. Necesitamos un derecho amable, no un derecho que niegue los derechos. La religión no puede domar la libertad. La Constitución de 1948, artículo 32, dice que la ley no podrá en ningún caso violar los límites impuestos por el respeto de la vida humana. Ese artículo se hizo pensando en los experimentos nazis, con la emotividad de los procesos a los médicos en Nuremberg. ¡Y lo hizo Aldo Moro, un político católico!
P. ¿Pensó alguna vez que llegaría a añorar a la Democracia Cristiana?
R. Aquellos políticos tenían otra talla cultural. Las discusiones parlamentarias entre la DC y el PCI eran de un nivel impresionante. Gobernando la DC se hicieron las leyes del aborto y del divorcio. Sabían que la sociedad y el feminismo las exigían y entendieron que no admitirlo dañaría su credibilidad política. Muchos eran verdaderamente laicos. Tenían más sentido de la medida y más respeto. Hoy estamos en el turismo para poder nacer y para poder morir, la gente reserva sitio en los hospitales suizos para poder morir con dignidad. ¿Es posible que un Estado democrático obligue a sus ciudadanos a pedir asilo político para morir? El derecho debe gobernar esos conflictos, no alentarlos.
P. Rosa Luxemburgo decía que detrás de cada dogma había un negocio que cuidar.
R. Desde luego, imagino que la sanidad privada influye en las posiciones del Vaticano. Desde el Concilio todo ha ido a peor, y hoy Italia está gobernada por movimientos como Comunión y Liberación, que hacen negocios fabulosos con la ayuda y la anuencia del Gobierno. La mala política siempre es hija de la mala cultura. La degradación cultural es la clave del problema. Espero que el régimen político de Berlusconi acabe lo antes posible, pero recuperarnos de este desierto cultural llevará décadas. El uso de la televisión, no solo partidista, sino sobre todo embrutecedor; la degeneración del lenguaje... Todo ha ido a menos. La degradación ha ido mucho más allá del perímetro del centro derecha, y vemos en todas partes actitudes especulares a la de Berlusconi.
P. Algunos están poniendo en discusión incluso los derechos sindicales.
R. El pensamiento jurídico se ha empobrecido mucho. En los años setenta hicimos una reforma radical del derecho de familia porque la cultura de los juristas y su sentido democrático lo permitieron. Se cerraron los manicomios, se hizo el Estatuto de los Trabajadores... Hoy todo eso sería impensable.
P. La izquierda permanece impasible... ¿Por qué?
R. La recuperación de la cultura es la primera premisa para recuperar la política de izquierda. Todos dicen que debe mirar al centro, yo creo que se debe empezar por recuperar la izquierda. Craxi destruyó la socialdemocracia, el PCI se suicidó, y ese cataclismo dura todavía. Hemos perdido la primacía de la libertad, y hoy manda el uso personalista y autoritario de las instituciones. La sociedad se ha descompuesto, el país se está deshaciendo. La política hace ostentación de fuerza, y el derecho se hace migajas.
P. ¿Europa nos salvará?
R. No parece que Europa viva un momento espléndido. Crecen la xenofobia y el racismo, y la debilidad cultural de Italia se expande por el continente. Trono y altar se han aliado otra vez, ahora de manera distinta. Hoy asistimos a la fusión entre el mercado, la fe y la política, que tratan de organizarnos la vida manipulando el derecho. En Italia, la corrupción no es que no sea perseguida, es que está protegida por la ley, como en el escándalo de la Protección Civil: se derogaron la transparencia y los controles ordinarios para poder robar mejor. En los años setenta las comisiones eran de risa, y en todo caso había una compostura, un respeto por la colectividad. Craxi fue devastador, un cambio de época. Ahora, la máxima es: "Si lo hace Berlusconi, ¿por qué no voy a hacerlo yo?".

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