LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Los 60′s en Cuba, la asfixia de una generacion rebelde TOMADO DE: http://www.conexioncubana.net/index.php?st=content&sk=view&id=9664&sitd=305

Los 60′s en Cuba, la asfixia de una generacion rebelde

Andrés Pascual   
La simpatía del “fan” de cierto tipo de artista se pone a prueba ante la disyuntiva del “binomio”, que no es otra cosa que aceptar que, incluso el genio, se pueda identificar como “gran artista-mala persona”; según Ignacio Vidal-Folch la dificultad para aceptar este binomio proviene de la “fe religiosa en el arte y en sus clérigos…”
El caso más sonado en el voto contra un artista, aprobado por todo el mundo de su época, fue cuando Charles De Gaulle se negó a indultar a Roberto Brasillach, acusado de colaborar con los nazis durante la ocupación de Francia. Brasillach, un joven poeta de tendencias inclinadas a “los ismos”, fue condenado a muerte en 1945.
A Brasillach, según Vidal-Foch, le clasifican como el villano máximo de la literatura y fue el director de la revista Je Suis Partout, la más leída, la mejor hecha, y la más odiada de su época. Dicen que el poeta traidor recibió la notificación de su condena con un gesto de elevado perfil de carácter al responderle al comisario: “Es un honor…”
Cuando la traición del artista es el voto incondicional por una tiranía capaz de asesinar; cuando un artista es capaz de tergiversar las realidades para promover y ofrecer un arte contaminado; entonces como artista es un fraude y, como persona, un vil instrumento que explota el talento de manera oportunista y que pisotea así los cadáveres sedientos de justicia en pro de sus intereses; solo útiles para lograr un “modus vivendi” al cual, quizás, no hubiera accedido en situaciones normales de respeto; más que al paisano, al ser humano.
En muchos cubanos funciona el concepto tradicional de decisión ante el “binomio” al no ser capaces de elegir lo obligatorio, que sería el rechazo absoluto a algunos artistas que cumplen un papel tan detestable en el asunto nacional que empequeñecen a estatura enana su clase profesional, si es que la tienen.
Silvio Rodríguez y la Nueva Trova, íntegramente, son figuras repudiables del “pseudoarte” fidelista a través de la música militante, grotesca continuación tropical de aquel experimento creado por Máximo Gorki y José Stalin, “el realismo socialista”, que secuestró la gran literatura rusa del XIX y casi todo el XX en pro de una circunstancia aborrecible como la  práctica de la ideología leninista-comunista a través de la imposición de una terrible y tiránica gestión de dictadura criminal, personal o de grupo.
La represión castrista sometió a la niñez y a la juventud a la violación de sus ciclos generacionales más absolutos: ni niños ni jóvenes…directo a una adultez rara, con fundamento en una filosofía neo esclavista y expresado todo por consignas y lemas; vivido todo en medio de escaseces impuestas para el control político de la sublevación y castigado hasta con la muerte quien ose, no sublevarse; sino protestar.
Mi generación no pudo vivir la sicodelia, de la que en realidad me interesó solo su música y la ropa y en nada  los hippies; ni los movimientos de protesta contra la Guerra de Vietnam; ni los grupos antiamericanos encubiertos en pancartas por la paz, ni la Brigada Venceremos, ni Angela Davis, ni las visitas de Panteras Negras a La Habana…nada de eso; pero The Dave Clark five, The Troggs, The Rolling Stones… sí me interesaban; tal vez le juzgué equivocado, pero creía que Bob Dylan estaba en el bando rojo de aquí y nunca lo asimilé; ante la discrepancia creada por el binomio con el cantante de “Like a rolling stone”, me fui por la variante de “persona no grata, rechazable” y le dejé a otro tipo de entusiasta que se entretuviera con lo de “creador genial” y lo colocara en calidad de ícono que, a fin de cuentas y por algo será, lo es de Silvio.
Yo no podía, la verdadera lucha entre el Este y el Oeste, entre civilización y barbarie, entre libertad y esclavismo se desarrollaba en Cuba durante los sesentas y el verdadero genocidio de la inteligencia, de la disposición y del emprendimiento de la juventud se cometió en Cuba: fuimos un experimento diabólico en cuanto al sacrificio de la propia vida y del concepto más absoluto de “decisión personal” y el mundo como si con él no fuera y la ola de promoción de Castro y Che Guevara por la intelectualidad trasnochada europea, latinoamericana y antiamericana de aquí,  apoyando a toda máquina semejante aberración en todas sus variantes.
Con la Nueva Trova el desgobierno cubano pretendió rellenar el vacío que provocó la censura contra ese ogro diversionista que es “la música hecha bajo cánones de libertad de expresión”
Un grupo de oportunistas de lenguaje ambivalente a veces, dispuestos a sacrificar su moral en pro del reconocimiento político; algunos talentosos como Silvio y Pablo y en menor grado Noel Nicola y el circuito musical cubano puesto a los pies de estos individuos para que hicieran lo único que verdaderamente siempre han sabido: pisotearlo. Entonces les regalaron el Festival de Varadero en su segunda etapa para que lo administraran y nadie podía grabar un disco sin el “visto bueno” de estos mequetrefes peligrosos…
Hoy el binomio funciona a la perfección a favor de estos “cantautores” cuando un cubano le dice, sin ninguna pena, que “no está con Fidel; pero le gusta Silvio” Vaya usted a saber con qué se come eso.
La Nueva Trova no ganó adeptos en Cuba, se la impusieron al joven por medio del proceso “no selección”; es decir, que como que no se tenía otra opción de entretenimiento, apostaba por el movimiento y sus perniciosas cabezas.
Para llevar a cabo el plan se suspendieron de radio y televisión a todos los cantantes hispanos de fama y clase que, como en cualquier lugar, estaba pegados; entonces aparecieron acusaciones estúpidas contra unos y fabricadas contra todos, por lo que José Feliciano, Sandro, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Los Angeles Negros y todos los grupos de lengua inglesa del pop internacional fueron proscritos para limpiarle el camino a la Nueva Trova con la que coparon la programación de objetivo juvenil.
El desgobierno sabía que solo sin posibilidad de alternativas un joven universitario cubano muerto de hambre y sin ningún tipo de libertad civil, realistamente hablando, se podía disparar a Pablo Milanés, a Silvio Rodríguez o a Sara González reclamando libertades para un uruguayo que podía viajar a cualquier lugar del mundo si tenía el dinero para hacerlo, mientras ellos en Cuba no podían ni oír la música que les gustaba.
El brujo mayor en este concierto de deslealtades y traiciones a la juventud cubana de toda una época es Silvio Rodríguez, una máquina de componer loas, lemas y compromisos en porcentaje mucho mayor que canciones; un tipo que se comprometió y nunca protestó contra ningún crimen cometido en su país contra la juventud; un tipo que no es verdad que sea poeta, la poesía no puede ser, por concepto lírico, un arma del represor; pero si lo fuera, como a muchos otros allí, un día podría decidir el binomio en su contra al extremo de que se le aplique de la forma como funcionó en el caso Brasillach

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