LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Puertas de Galina: Poética de las puertas



Puertas de Galina: Poética de las puertas



Texto leído durante la presentación del libro Puertas de Galina, del poeta Alberto Hernández, el día viernes 26 de noviembre, 4:oo p.m, en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. (en la segunda foto, de izquierda a derecha, Néstor Mendoza (presentador) Geraudí González (moderadora), y los poetas guariqueños Alberto Hernández y Enrique Mujica.



PUERTAS DE GALINA: POÉTICA DE LAS PUERTAS


Sobro como espacio

Sin cuerpo me nombro
en tantas puertas cerradas

Intentos y el Exilio (1996)
Alberto Hernández
.

-Néstor Mendoza-

Alberto Hernández vive en la imagen. Sí, en la imagen, porque ella es un espacio autónomo, que no está subordinado a una simple figura literaria. El poeta ha edificado su obra a través del empleo de la desmesura sin diques, de la llanura de su Calabozo natal. Desde sus primeras publicaciones, la imagen poética tiene un lugar privilegiado. En estos versos de su libro La mofa del musgo (1980) leemos: “Llegará el momento de la carne/ y la noche será tu sangre arrodillada.” Alberto ha trasladado esta inclinación a casi toda su producción intelectual: ensayos, crónicas, artículos, relatos y poemas. Busca, como José Lezama Lima, un reino donde pueda habitar su libertad imaginativa.

¿De dónde viene Alberto Hernández? ¿Qué lo motiva a seguir abriendo surcos en la dura realidad? Al respecto, Gregory Zambrano nos comenta: “Viene de Calabozo, viene de Guardatinajas, viene de Maracay. Viene de México y España, viene del desvelo en justo pacto contra el silencio. Vive para la palabra, en sus poemas, en los afectos de tantos amigos dispersos en las más remotas geografías.” Allí, en las líneas antes citadas, podría radicar el motivo (los múltiples motivos) de Puertas de Galina.

Las puertas de Alberto Hernández carecen de marco. No conocen lo estático, la rigidez del sitio habitual. Puertas de Galina (Editorial Memorias de Altagracia, Caracas, 2010), propone un abrir y cerrar inéditos. Quien abre y cierra la puerta asume nuevos retos: ser habitante perenne o visitante ocasional. La puerta es víctima y victimaria; vertedero de la ausencia: “toda/ la muerte/ amontonada en esa puerta” (p.36). Quien habla tiene el poder de invocar, de conjurar: “uno dice puerta y comienza un irritante murmullo” (p.44). Galina, según Alberto Hernández, es una ciudad imaginada. Una comarca donde se acumula la experiencia del peregrino y la voz movediza del cronista. Su escritura lleva a cuestas el espesor de viajes y lecturas. Veremos constantes citas y dedicatorias. Nombres de ciudades españolas y venezolanas. Ecos, chasquidos. El celaje de un fantasma tras el orificio del cerrojo.

¿Qué designios debo enfrentar ante la puerta abierta? Nos dice el poeta en el texto que inaugura el poemario. Sin embargo, el problema radica en que no existe una sola puerta, sino muchas. Y, en cada una de ellas, sobrevive un gran número de designios. De tanto frecuentar lugares, de asimilar sus formas, de adoptar sus volúmenes, la voz se transforma en eso que ve. Ya no es espacio ajeno fuera del cuerpo, sino órgano y pálpito: “Soy todas esas puertas” (p. 7).

El tema del padre tiene un peldaño especial en el libro. Su imagen se adhiere al abanico de significaciones asociadas a la puerta. Hernández, en el fragmento tres del poema Puerta de ceniza, expresa: "vino mi padre con la puerta de salida al mundo e hizo puente para salvar mi ahogo y alejarme de la noche" (p. 26). Por otra parte, en el texto Silueta, el padre adquiere las dimensiones de una materia ínfima, que ha sido originada por el tiempo que corroe la superficie de la madera:

porque mi padre

es un hoyo en la puerta
esperando un cuerpo

prescindido
(p. 34)


Detrás de la puerta se esconde el misterio y la desmesura, y el padre intenta demoler para hallar lo ignoto: “Mi padre, colorado y enérgico, derriba el adobe hirviente para encontrar el tiempo y sus eclipses” (p. 25).

La puerta guarece de la penumbra, va más allá de lo tangible. Sin ella el poeta se queja en la intemperie. Sin salidas ni entradas el dolor se acumula: “vivimos sin puertas/ en este aquí de umbras” (p. 52). Galina y sus puertas hacen recordar los espacios de Comala, ese pueblo fantasma mitificado por Juan Rulfo. Quienes transitan llevan el peso del martirio tatuado en su marcha errante. La puerta está irremediablemente unida a la muerte; ambas definen el rostro de la voz poética. Hernández pregona los estragos de la sombra. En el poema Exceso, nos dice:

tantas son las puertas, tanto los pasadizos

la ciudad huye de mis ojos
y de espaldas reconozco la desgarradura
la marca del silencio, el gruñido

la bestia que agotó el hueco de la muerte.
¿Quién será esa bestia? ¿Será, acaso, una puerta transfigurada? Sólo sabemos que existe gracias a la complicidad del autor. A su terquedad creativa.

Este libro es una poética de las puertas. Sin el peso utilitario y convencional, la puerta deja de ser armazón de madera o hierro: se ha liberado de los quicios. Se ha vuelto objeto lírico, capaz de enunciar el hallazgo. Portalón, portillo, abertura y respiradero de la casa. Y del poeta.

TOMADO DE: http://nestor-mendoza.blogspot.com/2010_11_01_archive.html

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