LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

martes, 31 de agosto de 2010

Tolstói en microondas. TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/08/27/cultural_510427.asp

Nueva edición de "Guerra y Paz"

Tolstói en microondas


Mercedes Estramil
CASI NO SUENA a disparate creer que Guerra y paz se escribió más rápido de lo que se puede leer. Entre 1864 y 1869 Lev Tolstói hizo alrededor de media docena de versiones, prolijamente transcriptas por su esposa Sofía en un acto santificable, de lo que llegaría a ser una de las obras máximas de la literatura universal. Ahora bien, si Tolstói se prodigó en manuscritos y correcciones, la posteridad no fue menos pródiga en traducciones y versiones, y no hay dos que se parezcan. Depende de qué edición tolstoiana de los manuscritos originales o de las ediciones en vida del autor se tome como base y de qué criterios editoriales se sigan, tendremos una novela u otra.
En unas hay más "guerra", en otras hay más "paz", en unas muere tal personaje, en otras queda con vida, algunas podan el bosque filosófico de Tolstói hasta hacerlo bonsai, están las que tienen epílogo y las que no, las que insumen 700, 1.200 o 1.800 páginas (a similar formato), las que incluyen fragmentos originales en francés y las que no, etc. Sin duda el atrevido consejo que dio no hace mucho la española Rosa Montero en el suplemento Babelia sobre la necesidad de saltarse sin complejos páginas de Cervantes, Melville o Thomas Mann, le calza como zapatito de cristal a Tolstói.
Un escenario de explicación posible es que no se escriben hoy ni podrían escribirse, macro-relatos conceptualmente densos como Guerra y paz (o como La montaña mágica de Thomas Mann o como En busca del tiempo perdido, la saga de Marcel Proust), y por lo tanto tampoco habría muchos lectores dispuestos a meterse en esos mundos, sin sentirse expulsados por una velocidad narrativa que el siglo veinte dejó (en apariencia) obsoleta.
No es cuestión del número de páginas, como el fenómeno Rowling dejó bien sentado: es un asunto de ósmosis. Tal vez porque hay una invisible pero corporal barrera entre esas arquitecturas sagradas del pasado y el hoy, es que una edición de Guerra y paz notoriamente licuada como ésta de Mondadori se percibe como más digerible. Lo cual no quita que quienes leyeron otras (las publicadas por Bruguera o Muchnik, por ejemplo) puedan tildarla con toda razón de boceto o novela partida.
EL ÁRBOL Y EL BOSQUE. Como sea, Guerra y paz retrata en detalle el fin de una época. El telón de fondo de la Rusia Imperial en la época de la gran campaña rusa de Napoleón Bonaparte, permite citar personajes reales (el zar Alejandro, Napoleón, el general Kutúzov), y batallas históricas (Austerlitz en 1805, Borodino en 1812). Pero el protagonista indiscutible es esa esplendorosa y ociosa aristocracia moscovita y peterburguesa ocupada en partidas de caza, veladas de sociedad, y en acrecentar fortunas mediante casamientos convenientes. Alrededor de cuatro familias (Bolkonski, Bezújov, Kuraguin y Rostov) se desenvuelve la madeja emocional y bélica de Guerra y paz. Los hijos de esos cuatro nobles, guiados por intereses, sentimientos y por el motor imprevisible de la Historia, serán los que muevan la maquinaria impresionante de anécdotas de la novela.
Tolstói (1828-1910) se luce presentando a esa clase de terratenientes a la que perteneció y que confesó adorar, mucho antes de que sus acciones coincidieran con la imagen revolucionaria y filántropa de sus últimos años (la que recoge con suavidad el film La última estación, dirigido por Michael Hoffman y recientemente estrenado en Montevideo).
Destila acidez en el retrato de los personajes femeninos, con frecuencia fijados desde un comienzo, y castigados o premiados según un patrón moralista. Las bellas son tontas, inmaduras o casquivanas; las de buen corazón son feas. Así son la infiel Hélène Kuragin y la boba Liza, hermosuras casadas con los personajes masculinos espiritualmente más ricos de la novela (Pierre Bezújov y su amigo Andrei Bolkonski), o la poco agraciada María Bolkonski que empeña la juventud cuidando a su padre y es compensada con una felicidad tardía. Incluso Natasha Rostov, ese prodigio de adolescencia caprichosa y pasional que las versiones más extendidas de la novela (no ésta, que la deja en el happy end) nos mostraron como una matrona entrada en carnes, hijos y mezquindades.
Los personajes masculinos, sin embargo, tienen otro espesor. Su salida al mundo y/o a la guerra les hace recorrer un camino vedado a las mujeres y explica en parte la dimensión de sus cambios. Es el caso de Andrei, que se desencanta de la vida castrense (donde triunfa) y redimensiona la vida familiar (donde fracasa). O el de Pierre, hijo ilegítimo que no se aclimata a su envidiable vida de millonario y emprende un via crucis personal de múltiples estaciones. O el de Nikolai Rostov, que pasa de riquito fanfarrón y soldado calculador a hombre hecho y derecho, capaz de encontrar en la amistad y el amor la redención personal y el bienestar familiar, todo un combo.
Esos son los puntales, pero conviene recordar que en la novela hay casi seiscientos personajes. Uno de los temores de Tolstói era que los árboles no le dejaran ver el bosque, y combatir ese aserto fue una de sus metas narrativas. Parte de su grandeza consistió en maniobrar con habilidad entretejiendo los hilos pequeños y los enormes, de modo que su historia permaneciera atada de modo coherente y seductor de principio a fin.
GRANDES VANIDADES. Pese a que esta versión puede hacer creer que el amor ocupa el papel principal, la gran historia de amor de Tolstói fue la pasión adúltera de Anna Karenina. En Guerra y paz ese sentimiento forma parte de un dibujo mayor en el que se inscriben los dilemas profundos de sus personajes masculinos, que son también los suyos. Averiguar de qué está hecha la naturaleza humana y qué cosas la alteran, mostrar la decadencia que obra el tiempo, y pese a todo, rescatar la nobleza intrínseca de la humanidad, es una posible lectura de Tolstói.
Si bien el punto de vista de la novela es el de "los nuestros" (una inclusión, más que de Rusia, de la aristocracia rusa), cierta ironía hace casi irrespirable esa noción de pertenencia por la que unos individuos que odian a Napoleón en público lo admiran en privado, o siguen usando el idioma francés en sociedad. Asimismo, cualquier posible elogio de la guerra queda diezmado en los análisis que Tolstói repite y ejemplifica: una cosa es la batalla que se imagina, otra la que luego se cuenta para gloria de la patria, y muy otra la que efectivamente se pelea.
No es un mundo de contornos definidos, sino surrealista, y el realismo tolstoiano lo desacraliza sin piedad, como desacraliza la riqueza ociosa, las sociedades secretas o el amor filial. Caen por igual prototipos de amante, de amigo y de héroe. Viran las promesas y las certezas. Pero sigue inalterable, monolítico, ese gran coro social hecho de miradas silenciosas, mentiras piadosas, complejas manipulaciones y deseos inconfesos, ese coro de boato del que Tolstói capta hasta el fru fru de las telas, el vello sobre el labio, y el sonido del corazón.
Una recreación verbal tan minuciosa sólo se puede seguir a la manera embelesada con que se sigue, por ejemplo, El arca rusa, la gran película de Sokurov. Ver el movimiento de marea viva y peligrosa de esos cientos de personajes es uno de los grandes momentos que Tolstói legó a la humanidad antes siquiera de pensar en legar sus bienes. Lo hizo sin pararse a pensar en el número de páginas, pero curiosamente, incluso cercenado y cocinado rápido, es grande. Un visionario.
GUERRA Y PAZ, de Lev Tolstói. Ed. Debolsillo, 2009, Barcelona, 1175 págs. Distribuye Random House Mondadori.
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/08/27/cultural_510427.asp
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lunes, 30 de agosto de 2010

Historia de Franklin Brito TOMADO DE: http://www.talcualdigital.com/Protagonistas/Viewer.aspx?id=39927

Historia de Franklin Brito
Tras una huelga de hambre que reinició el 24 de noviembre de 2009, después de varios intentos fallidos por lograr que se le restituyeran sus cartas agrarias y se le reconociera sus derechos de titularidad, muere a los 49 años el productor agropecuario
 
Este lunes fue el último día de Franklin Brito. Su lucha tesonera contra un acto de injusticia gubernamenal al que enfrentó mediante una dramática huelga de hambre de más de 9 meses, concluyó con un paro cardiaco en la tarde, según lo confirmó su hija Angela Brito. Tenía 49 años
Brito, un ciudadano venezolano, biólogo y agricultor, Desde el 24 de noviembre de 2004, cuando inició su primera huelga de hambre, él y su familia decidieron no aceptar más la degradación y la violación de sus legítimos derechos por parte de los organismos del Estado. La madrugada del viernes 4 de diciembre de 2009, Franklin Brito terminó la quinta huelga de hambre que había realizado en los últimos cinco años.
Nacido en Irapa, estado Sucre, el 5 de septiembre de 1960, Franklin Brito estudió Biología en la UCV. Sólo le faltó la tesis para completar la carrera.
Fue trabajando con su suegro en una finca cómo descubrió su vocación de agricultor y en 1994, invirtió sus ahorros en ese lote de 290 hectáreas, de las cuales podría aprovechar para cultivo.
En 2001 fue despedido del Instituto Agrícola Municipal del estado Bolívar donde trabajaba como asesor, al tiempo que le suspendieron los sueldos a él y su esposa Elena que tenían como educadores.
Su lucha comienza en 2003, el Ministerio de Agricultura y Tierras emite unas cartas agrarias que le arrebataron sus tierras ubicadas en el asentamiento campesino La Tigrera, en el Municipio Sucre del Estado Bolívar.
Fue el 28 de mayo de 2003 cuando encontró que el paso a su fundo estaba cerrado y sólo tiempo después se enteró que una carta agraria entregada a sus vecinos Rafael D’Amico y Concepción Antoima vulneraba sus derechos y su propiedad.
Brito solicitó que el INTI hiciera los procedimientos para demostrar en firme si las cartas agrarias afectaron o no parte de sus tierras, si hubo invasión o no, si reconocen sus terrenos o no y que la Fiscalía investigara la  decisión del TSJ que le negaba el amparo.
“El INTI no quiere aceptar que perjudicaron a una familia humilde para complacer los caprichos de un alcalde. Aquí estaré hasta que me solucionen todo y se corrija el error que cometieron en el INTI. Hay que ofrecer resistencia a estos abusos, así ayudo más a mis hijos que rindiéndome. Este es un asunto de dignidad”, expresó.
El productor agropecuario mantenía que  las promesas hechas por diferentes funcionarios del INTI habían sido incumplidas o parcialmente satisfechas. Brito retomó la huelga de hambre al no ser cumplidas las promesas del Gobierno y está secuestrado desde hace más de un mes en el Hospital Militar.
Fue pública y notoria la reclusión forzosa a la que fue sometido el Sr. Franklin Brito, el pasado diciembre en las instalaciones del hospital Militar de Caracas. En numerosas ocasiones, tanto Brito como su familia dijeron  con claridad y contundencia que tal internamiento se produjo en contra de su voluntad y no ha sido respetada su voluntad de ser dado de alta, como lo ha solicitado.
Luego se sumó el atropello de haber sido sedado y trasladado a la fuerza al área psiquiátrica del hospital. Tampoco las autoridades del hospital dieron a a conocer los mandatos judiciales que ordenaban la hospitalización del Sr. Brito, sustentada en peritajes realizados por expertos profesionales.
Claramente, de no haberse cumplido estos requisitos, es presumible que se violaron los derechos individuales de un ciudadano, a su dignidad, a su integridad, a su libertad y a su autonomía.
Interesa recordar las obligaciones y deberes primordiales de los profesionales de la salud prescritos en la Ley del Ejercicio de la Medicina y en el Código de Deontología Médica, a la hora de revisar las conductas de los profesionales de la salud, que cooperaron o hubieren cooperando en este atropello o en casos similares que puedan presentarse.
Si el médico es requerido para examinar una persona privada de libertad, o para prestarle atención médica, no puede directa o indirectamente, así sea por su sola presencia favorecer un ataque a la integridad física o mental de esta persona o de su dignidad. Si el médico comprueba que esta persona ha sido víctima de sevicia o de tratamientos inadecuados, debe informar a la autoridad judicial y los organismos gremiales respectivos.
Constituye una violación a la ética en medicina así como un delito con arreglo a los instrumentos internacionales aplicables, la participación activa o pasiva del personal de salud, en particular de los médicos, en actos que constituyan colaboración o complicidad en torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, incitación a ello o intento de cometerlos.
En diversas ocasiones, Ángela Brito denunció que su padre estaba siendo torturado en el Hospital Militar, lugar donde “está recluido en contra de su voluntad a pesar de no haber cometido ningún delito”.
De acuerdo con esta declaración, Brito permanecía recluido en un cubículo de terapia intensiva en el que las enfermeras entran y salen constantemente para buscar suero y jeringa. “También está al lado del baño y cerca del motor del aire acondicionado que sirve a toda la terapia, por lo que las vibraciones no lo dejan dormir”, agrega.
“Creemos que lo hacen para torturarlo porque se los hemos explicado varias veces y no lo corrigen. Hoy mi papá cumple 78 días en terapia intensiva y, cuando lo recluyeron ahí no había necesidad de ese servicio. Él dice que lo quisieron tener ahí para aislarlo y evitar que se le tomen fotos y que las personas lo vean. Únicamente podemos verlo mi mamá y yo. Los médicos de la Cruz Roja pueden ir por poco tiempo. Siempre estamos custodiados por militares. Está en un régimen peor que el de los presos porque ni siquiera tiene el privilegio de ver a sus abogados”, manififestó.
TOMADO DE: http://www.talcualdigital.com/Protagonistas/Viewer.aspx?id=39927

Murió Franklin Brito TOMADO DE: http://www.talcualdigital.com/Avances/Viewer.aspx?id=39926&secid=28

Murió Franklin Brito
Tras una huelga de hambre de más de 13 meses, falleció de un paro cardiaco el productor agropecuario que sólo pedía se le reconociera sus derechos. Su esosa, Elena de Brito, denuncia que no le han dejado ver el cadáver

 
Este lunes fue el último día de Franklin Brito. Su lucha tesonera contra un acto de injusticia gubernamenal al que enfrentó mediante una dramática huelga de hambre de más de 13 meses y cinco días, concluyó con un paro cardiaco esta tarde, según lo confirmó su hija Angela Brito.
El productor agropecuario había radicalizado su protesta en espera de que el presidente Chávez se pronunciara sobre su caso, pero sólo recibió la visita del presidente de Instituto Nacional de Tierras, Juan Carlos Loyo, quien aeguró que la problemática por la cual Brito se mantenía en tal actitud se debía a un inconvenientes que tuvo con unos vecinos.
En su último reporte, ofrecido por su hija Ángela,Brito había suspendido la la ingesta de suero y sólo consumía agua. La joven aseguraba que la única persona capaz de resolver el problema era el mandatario nacional.
“Se nos ha hecho difícil solucionarlo de manera digna y justa a través del INTI porque esto dañaría la imagen de Chávez, ya que se vería que el Presidente no lo ayudó a pesar de que se comprometió luego de que mi padre se amputó un dedo públicamente”, explicó en declaraciones el pasado 16 de agosto a TalCual.
“Creemos que ninguna institución va a ir en contra del Presidente. Entonces, mientras él siga involucrado, no creemos que se resuelva nuestra situación. Chávez ha dicho en dos ocasiones que mi papá tiene razón. Quiero saber qué va a decir esta vez si se pronuncia”, añadió en referencia a los actos de corrupción que se cometieron las dos veces que el mandatario se comprometió con Brito.
En diversas ocasiones, Ángela denunció que su padre estaba siendo torturado en el Hospital Militar, lugar donde “está recluido en contra de su voluntad a pesar de no haber cometido ningún delito”.
De acuerdo con esta declaración, Brito permanecía recluido en un cubículo de terapia intensiva en el que las enfermeras entran y salen constantemente para buscar suero y jeringa. “También está al lado del baño y cerca del motor del aire acondicionado que sirve a toda la terapia, por lo que las vibraciones no lo dejan dormir”, agrega.
“Creemos que lo hacen para torturarlo porque se los hemos explicado varias veces y no lo corrigen. Hoy mi papá cumple 78 días en terapia intensiva y, cuando lo recluyeron ahí no había necesidad de ese servicio. Él dice que lo quisieron tener ahí para aislarlo y evitar que se le tomen fotos y que las personas lo vean. Únicamente podemos verlo mi mamá y yo. Los médicos de la Cruz Roja pueden ir por poco tiempo. Siempre estamos custodiados por militares. Está en un régimen peor que el de los presos porque ni siquiera tiene el privilegio de ver a sus abogados”, manifiesta.
TOMADO DE: http://www.talcualdigital.com/Avances/Viewer.aspx?id=39926&secid=28

domingo, 29 de agosto de 2010

"El nacionalismo es la peor construcción del hombre" IKER SEISDEDOS En: www.elpais.com / Madrid: 29 de agosto de 2010.



"El nacionalismo es la peor construcción del hombre"

Mario Vargas Llosa ha dedicado tres años a reconstruir la vida de Roger Casement, pionero defensor de derechos humanos, que protagoniza 'El sueño del celta'

IKER SEISDEDOS
En: www.elpais.com  /  Madrid: 29 de agosto de 2010.
 
Mario Vargas Llosa recoge en su nueva y estupenda novela aquella reflexión del escritor y político uruguayo José Enrique Rodó: "Un hombre es muchos hombres". No digamos ya en el caso de Roger Casement (1864-1916), personaje real inspirador de uno de los lanzamientos más esperados del otoño literario. Diplomático reservado, sir y escritor, temprano relator de derechos humanos, héroe irlandés, traidor británico, torpe estratega militar, homosexual atormentado, reo ajusticiado... De la suma de todos los casement resulta una obra que Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ha tardado "tres años" en culminar, desde aquel lejano y nebuloso "descubrimiento del personaje en una biografía de Joseph Conrad".
    Mario Vargas Llosa 
     
    "No hay barbarie comparada a la del colonialismo. África nunca se recuperó"
"Nunca he hecho novela histórica. Para mí, la historia es materia prima"
Mola y Yoka, que perdieron las manos por torturas de los soldados en el Congo
Mola y Yoka, que perdieron las manos por torturas de los soldados en el Congo de Leopoldo II alrededor de 1900.- ANTI-SLAVERY INTERNATIONAL
El tiempo se fue en documentar la peripecia de un cónsul británico que, despertado a los horrores del colonialismo de Leopoldo II, viajó por el Congo belga en 1910 para documentar la barbarie con descarnado realismo en el informe que le daría fama (y que ahora rescata Ediciones del Viento en La tragedia del Congo). No fue esa la única amarga denuncia de Casement. La situación de los indígenas al servicio del sistema de la extracción del caucho en la Amazonia mereció otro de sus relatos de estilo aterrador por su exacta sobriedad.
Entregado a la causa nacionalista irlandesa, viajó a Berlín para conspirar contra Reino Unido en plena I Guerra Mundial, participó en el alzamiento del Ulster de 1916 y acabó condenado a morir ahorcado tras tres meses en prisión y un juicio que conmovió a la sociedad británica por el aireamiento de unos diarios repletos de escabrosas aventuras homosexuales cuya autenticidad aún es objeto de debate. "Es un personaje múltiple, con varias biografías que no encajan muy bien", explicaba recientemente Vargas Llosa en su casa de Madrid, donde se mostró tan brillante, preciso y generoso como la lectura de sus libros hacía presagiar. "Fue, sobre todo, uno de los primeros europeos que tienen una conciencia clara de lo que es el colonialismo".
Pregunta. Sorprende el nacionalismo fervoroso de su protagonista. Un atributo poco común en sus héroes...
Respuesta. Siempre he tenido terror de esa forma de fanatismo. El nacionalismo me parece la peor construcción del hombre. Y el caso más extremo de nacionalismo es el nacionalismo cultural. Aunque en ciertas circunstancias puede representar valores libertarios...
P. ¿Hay un buen nacionalismo?
R. En ciertos pueblos aplastados por colonizadores, que aspiran a liberarse del ocupante, el nacionalismo tiene un valor positivo. Pero lo peligroso es cuando se convierte en una ideología. El nacionalismo significa violencia, prejuicios, distorsión de valores. Casement vive la parte más idealista, que es la de la lucha contra el opresor.
P. El libro está repleto, desde su mismo título, de sueños y fantasías.
R. El sueño del celta es un poema que escribió Casement, que era muy mal poeta. A mí las fantasías me sirvieron para tapar los huecos de un personaje enigmático. Y luego están las fantasías políticas. Leopoldo II fue un gran fabricante de sueños; él consigue que le regalen el Congo porque monta una ficción, un mito sobre sí mismo, sus intenciones y sus designios. Por eso Casement se va al Congo, en pos de ese sueño.
P. Y se topa con el horror más absoluto y conradiano, el horror del coronel Kurtz...
R. Es un libro también sobre cómo ciertas circunstancias deshumanizan a los hombres hasta hacerlos monstruos. Eso también lo vivió en el Perú, con el sistema de extracción del caucho. Se cometían las mayores atrocidades desde la impunidad más absoluta. Es como una especie de inmersión en el mal. Casement vive eso y mantiene una distancia, lo escribe, lo documenta y no se vuelve loco.
P. ¿La barbarie de África, que se suele despachar como un continente sin remedio, es heredada?
R. Por supuesto. No hay barbarie comparada a la del colonialismo. Y además deja unas secuelas de las que África nunca se ha podido recuperar. No dejó nada positivo. En otras partes se puede decir que algo quedó...
P. ¿Como en América?
R. Allá se trasladó una parte de Europa que echó raíces. Se recreó una nueva versión de Occidente. Pero en África fue el saqueo por el saqueo. Como eran culturas muy primitivas fueron arrolladas sin ninguna oposición. Fíjese, tanto tiempo después no hay manera de que el Congo se ponga en pie. Leopoldo II ha sido la gran maldición del Congo.
P. Sin olvidar al bestial dictador que fue Mobutu...
R. Les ha tocado lo peor. Tal para cual. Los horrores que hicieron ambos...
P. ¿Diría que la figura de Leopoldo II ha quedado fijada en la historia en su justa envergadura genocida?
R. En Bélgica, no. Sigue teniendo un museo maravilloso, que es una especie de pequeño Versalles. No sabemos cuántas, pero se calcula que murieron 10 millones de personas en su época. Casi como dos veces el Holocausto judío. Es, de hecho, el primer gran Holocausto moderno. Ahí siguen todavía, entre matándose, con ejércitos extranjeros interviniendo en el Congo.
P. ¿Cree, como Robert Kaplan, que hay países incapaces de construir una democracia?
R. En lo inmediato no creo que haya ninguna posibilidad para el Congo. Es el país que peor lo ha pasado en el África y probablemente en el mundo. Hay una fuerza de las Naciones Unidas a la que han dado unas instrucciones completamente disparatadas, yo lo pude comprobar cuando viajé con Médicos Sin Fronteras para escribir un reportaje en El País Semanal. Solo actúan para que se apliquen los acuerdos de paz, pero les prohíben que intervengan en los asuntos internos.
P. Los periódicos informan regularmente de episodios pavorosos como las recientes violaciones en masa acaecidas en Congo ante la pasividad de la ONU.
R. Cuando viajé, un médico me habló de que el gran problema eran las violaciones. Todos violan porque la violación se ha convertido en un arma política, militar. Haces daño al enemigo violando a sus mujeres. Es el objeto más vulnerable, codiciado que hay. Y me impresionó muchísimo. Me contó varios casos espantosos y se echó a llorar. ¡Qué extremos de barbarie! Todo esto lo vio Casement de una manera muy premonitoria. Sus informes son de una enorme riqueza etnológica, antropológica y desde luego política. Luego es muy interesante la evolución del personaje, cómo siendo un anglófilo imperialista y anglicano se hace independentista irlandés y católico. Vive una contradicción permanente siendo diplomático británico se instala en la duplicidad que en realidad es una triplicidad, si se añade el asunto de su homosexualidad. Depende del ángulo desde el que lo mires cambia completamente de sentido, de valencia moral, política.
P. El lector que desconozca el personaje histórico, quedará fascinado con otra dimensión, la novelesca...
R. Siempre va a quedar alrededor de él una gran incertidumbre. ¿Qué cosas son ciertas de las que se le han atribuido? Sobre todo lo relativo a sus escandalosos diarios, está hundido en los fondos de la inteligencia británica. Y en Irlanda, por una parte es considerado un héroe, pero por otra hay una incomodidad absoluta. Nadie lo reivindica abiertamente porque provoca mucho malestar, porque es un país católico, moralista, tradicionalista. Hablas con los independentistas, reconocen que es un héroe y niegan de entrada todo lo que se le ha atribuido.
P. ¿Cree que sus diarios fueron falseados?
R. Es una polémica que siempre está muy viva. Quedan historiadores que sostienen que los diarios son falsificados. Mi impresión tiende a aceptar que si no totalmente, en gran parte son auténticos. Es una cosa de novelista, no de historiador. No había materialmente tiempo para que se hiciera una falsificación ajustada a los pormenores de la vida de Casement. Pasaron tres meses entre que lo apresaron y su ejecución. Por otra parte, las barbaridades que él cuenta, sobre todo las sexuales, es casi imposible que las cometiera sin que lo supieran los de alrededor, sin que fuera la comidilla de la comunidad de colonos. Y luego están las proezas sexuales, técnicamente imposibles...
P. De la novela se deduce que era su forma cobarde y tímida de vivir cosas que no le estaban deparadas.
R. Creo que así fue. Lo más probable es que llevase su homosexualidad de una manera muy reprimida, tomando inmensas precauciones. No solamente la moral, la legalidad victoriana era feroz. Uno podía acabar en la cárcel. Quizá su desfogue eran sus diarios.
P. La historia de Casement nos enseña que, por mucho positivo que uno haga, su imagen pública valdrá lo que sus últimos actos. ¿Llegó a sucederle a usted con su incursión en la política a principios de los noventa?
R. Si tuviera que hacerlo de nuevo no la haría. No lo lamento, ya lo viví. Aprendí cosas... Más negativas que positivas. Pero me sirvió. Normalmente, un intelectual ve de la política lo mejor. No ve la cosa menuda, pequeña, mezquina... todo lo que se relaciona con el poder es muy degradante. Si no quieres que la política sea peor de lo que es, tienes que actuar. Y eso implica, como decía Max Weber, vender el alma al diablo. La política no es para los puros. Es humana en el sentido más terrible de la palabra.
P. El sueño del celta guarda cierta similitud con La fiesta del chivo, parte de la historia como pretexto de ficción...
R. No he hecho nunca novela histórica. No es lo mío ofrecer una versión más o menos animada de los hechos. La historia ha sido para mí siempre una materia prima, para fantasear, para intentar a partir de ahí contar una ficción.
P. Sostiene la periodista cultural Janet Malcolm que toda biografía es un acto de traición...
R. Es un acto frustrante. Sartre dedicó muchos años a escribir sobre Flaubert. En El idiota de la familia trataba de averiguar valiéndose de todos los adelantos intelectuales de nuestra época qué se puede saber hoy sobre un hombre. Escribió tres enormes volúmenes, inmensos, que te tomaba meses leer, al final no había llegado siquiera a Madame Bovary.
P. ¿Hemos de advertir un cierto agotamiento de la vida, de su día a día, como fuente de inspiración en su obra reciente?
R. Una historia que pasa en la literatura no es una historia anterior a la literatura. Es una historia que se vuelve literatura, porque las historias que pasan en la vida suceden no con palabras, sino con hechos. Al volverse literatura, se convierten en otra cosa. Se convierten en una cosa que vale por el vocabulario, la simbología, el estilo, la estructura. La literatura se puede apropiar de todo. Lo que resulta es literatura, no es sociología, historia o política aunque de todo haya en una novela. Lo maravilloso del género novelesco es que es un género caníbal que se apropia de todo y le da otra dimensión.
P. ¿Aún se considera periodista?
R. Escribo en periódicos. Y a veces aún hago periodismo de calle. Fue además una fuente maravillosa de temas, de personajes. No sé qué porcentaje, casi la mitad de las cosas que he escrito provienen de mis tiempos de periodista.
P. ¿En qué trabaja ahora?
R. En un pequeño ensayo, La civilización del espectáculo. Cómo la cultura contemporánea prima el espectáculo. Lo que no pasa por el espectáculo no es cultura.
P. ¿Hay vuelta atrás para eso?
R. No creo que se pueda recuperar. El espectáculo se ha convertido en el valor de nuestra época. Ya no hay valores, nadie sabe qué cosa es buena, qué cosa es mala, qué cosa es bella, qué cosa es fea. Vivimos en una de las épocas más confusas de la historia.
P. Ensayos, obras de teatro, columnas de opinión... ¿No teme que la superproducción le impida estar a su propia altura?
R. Siempre hay miedo a perder el pie. Hay que tratar de mantenerse lúcido, no volverse una ruina humana. Uno hace lo que puede... Lo que no creo que deba pensar un escritor es en retirarse. Si el tiempo te retira, la enfermedad te retira, claro, pero si tienes ilusiones hay que seguir trabajando.
P. Edward Said hablaba del interés de cierto estilo tardío...
R. Sí, claro, pero siempre me ha angustiado mucho la idea de esos escritores que pierden el fuego, se callan. Me sentiría muy desgraciado si no pudiera trabajar. Con el tiempo se pierden capacidades, me temo que sí, pero hay que mantener la lucidez y el espíritu crítico. Perder el espíritu es una enfermedad en la que caen muchos escritores. Es como volverse una estatua en vida.
P. ¿Y el Nobel de Literatura?
R. Pensar en ello es malo para el estilo, tardío o no.

Literatura electrónica pasajera

El sueño del celta es la primera novela de Mario Vargas Llosa de la nueva era... del libro electrónico. ¿Se ha atrevido el autor de Conversación en la catedral con el formato digital? "No lo he hecho. Lo he visto, sí, lo he sopesado, pero todavía no me animo, no. La lectura todavía sigue siendo mi gran placer, claro, aunque en soporte tradicional. No hay que rechazarlo de entrada. Los defensores del libro electrónico aseguran que solo es un soporte. Así como el papel es un soporte. Sin embargo, cuando yo veo lo que ha pasado con la televisión, veo que no es así, que la pantalla ejerce una influencia sobre la creación. Tiende a introducir una facilidad, a destacar por encima de todo el entretenimiento rápido, que es lo que ha pasado con la tele. Hay cosas fabulosas en ese medio, pero predomina la cosa leve, ligera, pasajera. Mucho me temo que la literatura en pantalla se convierta en eso".
¿Y qué lee Vargas Llosa? "Leo por trabajo o por placer, y cuando leo por placer releo autores clásicos. Me da un poco de vértigo el torbellino de las novedades. Es absolutamente imposible estar al día de todos los autores jóvenes. Con todo, nada me produce tanto placer como encontrar el libro adecuado. ¿Mis últimos descubrimientos? Me fascinó El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Muy certero. Qué bonito libro. ¡Qué fina manera de rendir un homenaje a su padre y al mismo tiempo trazar un relato de toda una época! Y recientemente descubrí a Irene Némirovsky. Es una maravilla, te impresiona cómo viviendo unas circunstancias absolutamente terribles, una judía francesa en la II Guerra Mundial, pudo escribir Suite francesa, un libro tan controlado. Tan frío, mostrado con serenidad"

sábado, 28 de agosto de 2010

CLAUDIO LEAL / "NO.... ESOS AUTORES NO SE PUBLICAN EN CUBA" Tomado de: : http://libreriamichelena.blogspot.com/2009/01/no-esos-autores-no-se-publican-en-cuba.html

"No.... Esos autores no se publican en Cuba...."

¿Guillermo Cabrera Infante? El librero de la Plaza de Armas, en el centro de La Habana, mueve la cabeza nervioso, con los ojos chispeantes: "No. Entienda: Esos autores no se publican en Cuba...". ¿Pedro Juan Gutiérrez? "Ese tampoco. Está fuera", y el sexagenario y sagaz vendedor entreabre una sonrisa. Confrontado con la permanencia de Gutiérrez en la capital cubana, completa el argumento. "Él es un disidente, piensa diferente del gobierno, usted no lo encuentra en las librerías. Ni aquí, vea". Lo que hay en la cuadrangular feria de libros es un mar tranquilo de Che Guevara, Fidel Castro, revolución y Ernest Hemingway, además de los toques de santería y mitología. Dos de los más electrizantes autores cubanos contemporáneos están fuera de los anaqueles. Con un detector de malicia, el librero sigue: "Aunque Cabrera, después de muerto... Todavía se encuentra, pero es difícil. Tengo otro aquí, preste atención: Leonardo Padura Fuentes". Ofrece el libro Adiós Hemingway & La cola de la Serpiente. "Mire, son narrativas policiacas, pero solamente en la superficie. ¿Notó? Van más allá, van más allá...", insinúa.
Los pensamientos menos reglados todavía piden a Cabrera Infante, rememoran sus dentelladas históricas en la yugular de los revolucionarios de 1959. Se siente la evocación del poeta Federico García Lorca, en la puerta del Hotel Inglaterra, paralizado con la lluvia caribeña y las "cataratas del cielo".
Cabrera: el calor de sus libelos, los juegos verbales, el manejo irónico de los sustantivos. El exiliado y sus obsesiones. El autor de Tres tigres tristes, Mea Cuba y La Habana para un Infante Difunto, sepultado en el exilio en Londres, en 2005, sigue contorciéndose en la narrativa que venga una ciudad perdida, arruinada y vaciada en sus 40 años de ausencia. Difunta desde que partió de Cuba, definitivamente, en 1965. Vino a enterrar a la madre y a renunciar a las funciones diplomáticas en Europa. Terminó preso. La última prisión.
Revolucionario de primera hora, rompió con Fidel Castro después de los primeros gestos de censura a la creación artística. Un cerco a la libertad de pensamiento que su rival Gabriel García Márquez calificó, en un reportaje de 1975, como una "valorización desmedida" de la importancia del artista en el mundo. Una condescendencia fantástica con el régimen cubano, merecedora de zapatazos de Cabrera, que detectó en el Nobel colombiano, el "candor que se confunde con cinismo".

Claudio Leal
La Habana, Cuba

viernes, 27 de agosto de 2010

HOY FALLECIERON TRES GRANDES VENEZOLANOS TOMADO DE: http://www.talcualdigital.com/Avances/Viewer.aspx?id=39840&secid=7


HOY FALLECIERON TRES GRANDES VENEZOLANOS
PEDRO PENZINI FLEURY. COMUNICADOR SOCIAL. FUE DIRECTOR DE EL DIARIO EL NACIONAL Y EN LOS ÚLTIMOS AÑOS TRABAJABA PARA EL CIRCUITO RADIAL UNIÓN RADIO.
 
DIONY LÓPEZ (POPY). EL PAYASO QUE HIZO REÍR POR MÁS DE DOS DÉCADAS A MILES DE NIÑOS VENEZOLANOS.
 
NÉSTOR ZAVARCE. COMPOSITOR, ACTOR Y CANTANTE. DIPUTADO EN VARIOS PERÍODOS AL CONGRESO NACIONAL POR EL PARTIDO ACCIÓN DEMOCRÁTICA.
SIENDO UN NIÑO ZAVARCE ACTUÓ EN LA FAMOSA PELÍCULA "LA BALANDRA ISABEL LLEGÓ ESTA TARDE". LA DIRECCIÓN FUE DE CARLOS HUGO CHRISTENSEN (1949). PRODUCIDA POR BOLÍVAR FILM. ACTUARON: ARTURO DE CÓRDOVA, VIRGINIA LUQUE, AMÉRICA BARRIO, JUANA SUJO, TOMÁS HENRIQUEZ, NÉSTOR ZAVARCE, JUAN CORONA, LUIS GALÍNDEZ, MÁXIMO GIRÁLDEZ, PURA VARGAS, MARÍA GÁMEZ, BLANCA PEREIRA, JOSÉ LUIS SARZALEJO Y PAUL ANTILLANO ENTRE OTROS. LA MISMA SE BASA EN UN CUENTO DEL ESCRITOR GUILLERMO MENESES. EL GUIÓN ES DE AQUILES NAZOA, CARLOS HUGO CHRISTENSEN Y GUILLERMO MENESES.
Arturo.
 

Falleció Néstor Zavarce
El día de hoy murió Néstor Zavarce, interprete de "Faltan 5 pa' las 12" y "El pájaro Chogüí"
 
 
El intérprete de la canción más importante de cualquier 31 de diciembre criollo, Néstor Zavarce, falleció este viernes, según informó extraoficialmente el diplomático Diego Arria.
El falconiano viajó por todo el continente americano gracias a su Faltan 5 pa’ las 12, aunque ya había hecho buena fama con El pájaro Chogüí, que logró vender más de un millón de copias, incluso fuera de Venezuela.
Sobre su canción más entrañable, el cantautor dijo: "Faltan cinco pa´ las doce nació porque el autor (Oswaldo Oropeza) me pidió incluirla en el disco de Navidad que estábamos haciendo y que llevaba por título El gallo pelón. La grabamos y nuestra sorpresa fue que no solamente tuvo un éxito tan grande como El pájaro Chogüí sino que se vendieron y se siguen vendiendo copias de esa canción. Hasta en Japón la solicitan”
Zavarce emprendió su trayectoria en el medio artístico  como actor de cine a finales de los años 40 y participó en más de 30 telenovelas y 22 películas.
 
 
Néstor Zavarce. Cinco pa´las doce. Autor Oswaldo Oropeza.mp3Néstor Zavarce. Cinco pa´las doce. Autor Oswaldo Oropeza.mp3
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jueves, 26 de agosto de 2010

EL POETA LUIS PASTORI LLEGA A LOS 90 AÑOS TOMADO DE: http://orbitaliteraria.ning.com/profiles/blogs/luis-pastorirazon-de-ser?xg_source=activity




Artes

Las 9 décadas de Luis Pastori




REDACCIÓN


Ayer cumplió noventa años el poeta Pastori y los cumple lanza en ristre, protegido por dioses y por musas.

Una vida, además de prolongada, plena de acontecimientos, luchas y laureles: economista, vicepresidente del Banco Central ­su lugar en el mundo por casi cuatro décadas­ ministro de la Cultura; presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela; director de Academia Venezolana de la Lengua; Premio Nacional de Literatura (1962) y premio León de Greiff para poesía latinoamericana. Entre otros quehaceres. Todo ello resulta capítulo segundo de su biografía.

El primero es el de su vasta y rica obra poética.

Parte de la más exigente tradición, que ha hecho camino largo en idiomas extranjeros. Más de veinte poemarios son el índice de una vocación sin tregua, de la adolescencia a la vejez. Héctor Mujica escribió sobre él: "En Venezuela Luis Pastori es la poesía misma".

Su voz recia, tropical, sonora, declamativa es de una especial significación en la arquitectónica de nuestra poesía del siglo XX. Además supo, a pesar de sus circunspectos cargos, darle un lugar privilegiado en su vida a la bohemia, a la amistad, a la alegría... a esas otras maneras de la poesía.

No se puede hablar de Pastori sin recordar uno de nuestros íconos estéticos mayores: la letra del himno de la UCV, que escribió con el poeta Alfaro Calatrava, al cual han rendido amoroso y ardoroso culto generaciones de universitarios de esa casa que vence la sombras. Ese que hace llorar a los graduandos en su despedida de su Alma Mater y sus años de juventud.


 

eo un libro maravilloso, "Razón de ser", que el poeta -mediante la intervención prodigiosa de Alejo Urdaneta que nos puso en contacto- tuvo a bien enviarme. Un libro que a espacios breves de tiempo, voy cogiendo cada día para saborear, poema a poema, su obra como se merece. Luis Pastori es un poeta grande e imprescindible de las letras venezolanas, y de las letras en castellano en general: es ya nuestro poeta universal.

Pretendo, en este breve encuentro con él y con vosotros, amigos, dejar constancia de su humana sensibilidad. Y para aquellos que no le conozcáis, una breve muestra.

Mi agradecimiento infinito por el gesto que tuvo, a sus muchos pero jóvenes años, de enviarme este hermoso y especial libro dedicado, que lo refleja en toda su hondura poética.

Dejo una breve reseña:

Estudió economía en la Universidad Central de Venezuela de donde egresó en 1949 junto con el también escritor Domingo Maza Zavala. En la misma institución obtuvo un posgrado en desarrollo económico. En el Banco Central de Venezuela trabajó durante 37 años, tiempo en el cual llegó a ser vicepresidente de la institución. También se desempeñó como Ministro de Estado para la Cultura y como presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela.
Trayectoria literaria [editar]

Desde los 14 años comenzó a publicar poesía en un diario, hoy desaparecido, de La Victoria llamado Brotes. A los 20 años publicó su primer libro de poemas. Ha trabajado como traductor de poesía y su propia obra ha sido traducida a más de 12 idiomas, incluido el árabe y el chino. Ha recibido, entre otros galardones, el Premio Municipal de Poesía en 1950, el Premio Nacional de Literatura (Venezuela) en 1962, y el Premio Hispanoamericano de Poesía León de Greiff en 1984. Es miembro Número y ex director de la Academia Venezolana de la Lengua. Desde 1999 dirige la revista BCV Cultural del Banco Central de Venezuela.


Además de los siguientes libros, Pastori es coautor (letra) del Himno de la Universidad Central de Venezuela, al lado de su amigo el también escritor Tomás Alfaro Calatrava, con música de Evencio Castellanos. El coro de dicho Himno se reproduce a continuación:

Campesino que estás en la tierra,
marinero que estás en el mar,
miliciano que vas a la guerra
con un canto infinito de paz;
nuestro mundo de azules boinas
os invita su voz a escuchar.
Empujad hacia el alma la vida
en mensaje de marcha triunfal.
Himno Univesitario

Poemarios:

* Poemas en italiano (Traducciones, 1941)
* Quince poemas para una mujer que tiene quince nombres (1942)
* Las canciones de Beatriz (1947)
* País del humo (1948)
* Herreros de mi sangre (1950)
* Tallo sin muerte (1950)
* Toros santos y flores, (1950)
* Aire de soledad (1959)
* Elegía sin fin (1962)
* Hasta la fecha (1964)
* Trompos y testimonios (1964)
* Definitivamente enamorado (1965)
* Caracas y la poesía (Antología, 1966)
* Tiempo de glosa (1967)
* Trofeos de caza (1969)
* Hasta aquí me trajo el río (1977)
* Sonetos intemporales (1977)
* Sinrazones (1983)

Siempre crece un pino (soneto)


Marchándose sin prisa como vino
y agitado en su copa por el viento,
mi corazón es un arroyo lento
en cuya orilla siempre crece un pino.

En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
agitado en su copa por el viento,
marchándose sin prisa como vino.

Marchándose sin prisa como vino,
agitado en su copa por el viento,
en cuya orilla siempre crece un pino.

En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
marchándose sin prisa como vino.


Muchas gracias, Luis, con todo mi afecto.
Teo.
TOMADO DE: http://orbitaliteraria.ning.com/profiles/blogs/luis-pastorirazon-de-ser?xg_source=activity

Luis Pastori

(La Victoria, Aragua, Venezuela, 1921). Poeta y economista.
En 1950 obtuvo el Premio Municipal de Poesía con el libro Tallo sin muerte, en 1962 fue Premio Nacional de Literatura y Premio Hispanoamericano de Poesía León de Greiff en 1983.
En el proemio de la Antología poética, el importante crítico de la literatura venezolana, Alexis Márquez, afirma: «Luis Pastori es, si no el más grande, sí uno de los más grandes sonetistas de poesía venezolana. Su dominio de esta forma tan noble y significativa de la poesía clásica española –no obstante su origen italiano- alcanza cotas admirables. » En el mismo estudio, Márquez destaca el "raro dominio" del poeta sobre la décima y el verso octosílabo, subrayando su preferencia por la glosa que el estudioso llama "al estilo venezolano", aunque al intentar explicar la singularidad, describe los usos tradicionales del " procedimiento" en lengua española.
Pastori, es sin embargo, no sólo uno de los más prolíficos y mesurados decimistas "cultos" de su país, sino uno de esos pocos poetas que han logrado hacer notar su personalidad en las estrofas provenientes del Siglo de Oro.
Obra: 15 poemas para una mujer que tiene 15 nombres (1942); Romance de María Luisa (1944); Poemas del olvido (1945); Las canciones de Beatriz (1947); País del humo (1948); Herreros de mi sangre (1950); Toros, santos y flores (1950); Tallo sin muerte (1950); Palabras de otros años (1954); Aire de soledad (1959); Elegía sin fin (1962); Tiempo de glosa (1967); Trofeos de casa (1970); Poetas (1975); Sinrazones (1983); Razón de ser (1987); Sonetos intemporales (1997); Antología poética (2002).
GLOSA DE LA ROSA EN BRISA
Yo quiero estarte mirando
treinta días en el mes,
siete días a la semana,
cada minuto una vez.
I
Por el Este de la rosa,
por el este de la brisa,
rosa de brisa que a prisa
parece una mariposa.
Por el Este de la hermosa
carta de olvidar, amando,
dolor de estar contemplando
morir el pelo en tu hombro:
Por el este de tu asombro,
Yo quiero estarte mirando.
II
Acopla el pecho su olvido
al filo de mis puñales,
y tu voz en los rosales
nace sin haber nacido.
Lo por tener, lo tenido,
lo que se perdió una vez,
todo este olvido, después,
será amor de lo olvidado:
Si quiero estar a tu lado
treinta días en el mes.
III
Ay, qué dura geografía
la que en tu escuela he aprendido:
Profundas aguas de olvido,
costas de melancolía.
Esta historia, día a día,
de tu ternura lejana,
y no me cambias la plana
ni dejas que quede trunca:
Escribir mil veces «nunca»
siete días a la semana.
IV
Y tanto, maestra hiela
tu frialdad en mi postigo,
que muchas veces me digo:
-Voy a mudarme de escuela.
Pero el pensamiento vuela,
cuando recuerdo después
que cinco y cinco son diez
y diez años amo ahora,
mientras tu olvido me llora
cada minuto una vez.
GLOSA DE BEATRIZ EN BESO
O GLOSA EN TECHNICOLOR
Tiene un espejo Beatriz
que la ha vuelto medio loca,
porque se ha visto la boca
debajo de la nariz.
I
Juncos para tu cintura.
Lágrimas para tu cielo.
Beso para tu pañuelo.
Pañuelo y beso y ternura.
Ay qué fresca mordedura
en sangre de flor de lis:
con claros astros de anís
llovidos de mis despojos,
en el fondo de los ojos
tiene un espejo Beatriz.
II
Ay amor, por este amor
doy amor si tú lo quieres,
pero si no lo prefieres
no llego nunca al amor.
Espina será, o dolor
o flor que no se desboca
o corazón que no toca
la palabra que lo ensalma.
¿Qué le dio voz a mi alma
que la ha vuelto medio loca?
III
Por eso miro en el fino,
claro cristal de tu amor:
un ¡ay!, en tecnicolor,
un olvido submarino,
dos corazones de vino
que un nomeolvides retoca
y, como si fuera poca
la luz que en tu nunca estalla,
un beso s eme desmaya
porque se ha visto la boca.
IV
Ah soledad en mi oído,
limón de mi limonero,
que quiero porque no quiero
recuerdo para tu olvido.
Si se me hubiese perdido
tu nombre de flor de lis,
fuera más hondo, Beatriz,
este afán en mis excesos:
¡Dejarte todos mis besos
debajo de la nariz!
GLOSA DEL AMOR ENEMIGO
Duele la planta del pie
y el interior de la cara.
Amor, enemigo mío.
Muerdo tu raíz amarga.
F.G.L.
I
Escuela de la aceituna,
baile de los ruiseñores,
agua por entre las flores,
caracol de miel con luna.
Como esa postal, ninguna
del amor jamás tendré,
porque juro, bajo fe:
Cuando uno está enamorado,
sueña el perfil del costado,
duele la planta del pie.
II
Mano con mano en el beso,
beso con beso en la mano:
¡ay beso!, deja esa mano,
¡ay mano!, coge ese beso.
No te preocupes por eso,
que si la mano dejara
que el beso se le acercara,
la sangre no pondría rojos
el negro adiós de los ojos
y el interior de la cara.
III
Voy de mi sueño a mi sueño
sin soñar lo no soñado,
callándome lo callado
por puro, valiente empeño.
El tiempo no tiene dueño
ni primavera ni estío,
y es un mito el desvarío
de su castillo sin llaves:
Tú, que me las quitas, sabes.
Amor, enemigo mío.
IV
Este almanaque de invierno
ve nevar sobre sus días,
lo que ayer en alegrías
pareciera tan eterno.
Sólo el tiempo en mi cuaderno
una y otra pena carga:
-Oh muerte desnuda y larga,
muerte del solo gemido,
¡para llegar a su olvido,
muerdo tu raíz amarga.
TOMADO DE: http://www.monografias.com/trabajos73/arbol-esperanza-antologias-decimas-hispanoamericanas/arbol-esperanza-antologias-decimas-hispanoamericanas6.shtml#luispastoa

miércoles, 25 de agosto de 2010

MIS POEMAS EN EL BLOG DEL PROGRAMA AL BORDE DE LA PALABRA, EN RADIO ARINFO, BUENOS AIRES, ARGENTINA.

René Dayre Abella

APOLOGÍA DE LA LOCURA


Al loco de Arlés

Tu Silla, y tus Zapatos, Van Gogh,
me comunican laceria y abandono.

El derroche de amarillo en tus cuadros me seduce,
y me lleva a recorrer contigo las estrechas calles de Arlés.

Cómo deploro ese encuentro tuyo con Gaugin.

Y ese arrebato que te llevó a mutilarte un lóbulo
--que no una oreja –
me consterna.

¡Pobre Vincent cubriendo con su soledad
las paredes desnudas de un burdel!

Me aventuro a creer que compartiste con Gaugin la misma puta.
Aquella tal Rachel, que aceptó horrorizada como un regalo tu lóbulo,
envuelto en un pañuelo.

Y que pegaste un grito
cuando el amigo desleal se quiso largar a Tahití,
a pintar nativas robustas y tetudas.

¡Así es la vida, amigo! ¡Así es la vida!

Pero,
quién te iba a decir entonces,
que poco más de un siglo después,
un grupo de chicos españoles posmodernos
revivieran el mítico incidente
nombrándose a sí mismos para tu gloria:
“ La Oreja de Van Gogh “.




BALADA PARA UN SUICIDA

A Raúl, bailando entre silencios.

Hay palabras que acribillan el aire
y nos caen al fondo como pedradas.
La noticia de tu muerte, por ejemplo,
me dejó sin aliento.

¿Cómo está eso que te fuiste a bailar tu último acto
sin antes avisarnos?

¡Qué delgada es la línea que corta en dos, de cuajo,
los reinos del soy y del ya no soy definitivo!
Todavía te sueño ataviado como Nijinski
haciendo giros en la escena.

Y en uno de esos saltos empinados
te adentraste en ese mundo silencioso
arrastrando torres y canciones.

Tú y tus prisas, Raúl.
¿Acaso se te hizo tan difícil escribir por ejemplo:
“Me voy al Paraíso. Ya regreso”?




CANCIÓN DEL VIEJO ROPERO

A mamá, si viviera.


Junto a las enaguas dobladas sobre un estante
mi madre también doblaba su juventud marchita
hasta que su galán, mi padre,
la desposara después de haber cumplido los cuarenta.

Aquel viejo ropero
atesoraba recuerdos de juventud ,
las fotos en sepia de sus mejores amigas:
las Organero.
Mechones de cabello y hasta un diente de leche
que me arrancaron a tirones.

Las corbatas de mi padre.
Los pomos gigantes de Colonia 1800.
y hasta un viejo sombrero.

Luego vendrían las cosas más pequeñas;
una caja llenita de botones.
Un gallito de plástico con quien jugaba mi hermano
y mis primeros textos escolares.

En el cajón del medio, asomaban en fila los cosméticos;
colorete Tres Flores, un frasco de crema Hinds para sus manos
y un pote de crema para embadurnarse el rostro por las noches,
con la vaga esperanza de retener un poco de juventud.



SOLITUDE III

Para Ángel, mi hermano en el samsara.

Cuando la tarde se rompe entre sollozos
y los recuerdos vuelan como palomas
apareces tú, mi samsárica soledad.

Acompañando cada uno de mis pasos
en cada nueva vuelta de la noria.
En cada ir y venir por este mundo.

Obtuso, torpe, confundido,
apenas distingo lo bueno de lo malo,
y otra vez, tú, cantándome desde dentro:

“¡Qué lento es el camino de los remotos ríos!
¡Cómo pesan estos huesos mientras no llegan
a la perdida frontera de este viaje!”

martes, 24 de agosto de 2010

Cae el símbolo de Ana Frank ISABEL FERRER - La Haya. En: www.elpais.com / Madrid: 24 de agosto de 2010.

Cae el símbolo de Ana Frank

El viento derriba el castaño que la niña veía desde su escondite de los nazis

ISABEL FERRER - La Haya.
En: www.elpais.com  /  Madrid: 24 de agosto de 2010.
 
El viento derribó ayer el castaño que Ana Frank, autora del famoso Diario que lleva su nombre, contemplaba desde su escondite de Ámsterdam durante la ocupación nazi de Holanda. El árbol tenía 150 años, y desde el final de la Segunda Guerra Mundial simbolizaba las ansias de libertad plasmadas por la niña en sus notas. Atacado por los hongos y librado de la tala en 2008 tras una campaña internacional de apoyo, el temporal solo dejó ayer metro y medio del tronco en pie. Quedan, repartidos por el mundo, otros árboles plantados con castañas del original.

El castaño que veía desde su escondite Ana Frank

El castaño que veía desde su escondite Ana Frank, tras ser derribado, ayer, por un temporal.- AP
"Nuestro árbol, con algunas castañas aquí y allí", escribió en su diario.
Apuntalado desde que los tribunales evitaran que fuera cortado, el castaño se erguía en el mismo patio vecinal de la casa donde la niña trató de salvarse en 1942 de la Alemania nazi. Situado a la orilla de los canales de la capital holandesa, la casa es hoy el Museo de Ana Frank, uno de los más visitados del mundo. "Es una tragedia", aseguraron en la fundación creada hace dos años para salvar el árbol. "Una verdadera pena", apostillaron en el museo.
La casa habitada por los Frank estaba en la parte de atrás del edificio donde el padre, Otto, tenía las oficinas de su fábrica de mermeladas. Durante dos años, les acompañaron también un dentista judío y el matrimonio Van Pels, con su hijo Peter. En el diario, que le regalaron con 13 años, la niña relata su vida en el escondite, el estallido de la adolescencia y sus sentimientos hacia Peter, algo mayor. El 23 de febrero de 1944, aparece la primera entrada sobre el castaño. "Miramos los dos el cielo azul, el castaño desnudo en el que brillan las gotas de agua. También las gaviotas y otros pájaros, que parecen de plata", escribió ese día. El 18 de abril del mismo año, alaba un mes "ni muy caluroso ni demasiado frío". Luego menciona "nuestro árbol, con algunas castañas aquí y allí". La última cita es también la más significativa. Data del 13 de mayo de 1944, poco antes de ser descubiertos por la Gestapo y enviados a los campos de concentración. "Nuestro castaño está todo en flor, lleno de hojas y mucho más bonito que el año pasado", escribió.
Otto Frank fue el único superviviente del grupo. Cuando el Diario se hizo famoso, explicó que las visitas al altillo eran la única forma de libertad para su hija. "La idea de la naturaleza sin ataduras le daba ánimos. Se sentía como un pájaro enjaulado", dijo.
Apenas una hora después de conocerse la caída del castaño, ya se ofrecían a la venta en Internet pedazos del tronco y varias ramas. Un final tal vez inevitable para un árbol tan simbólico.

lunes, 23 de agosto de 2010

El sueño de los héroes Por Carlos Gamerro TOMADO DE: www.pagina12.com.ar / Buenos Aires, Argentina: 15 de agosto de 2010.

El sueño de los héroes

De los varios cursos que Borges dictó cuando estaba a cargo de la cátedra de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, uno solo quedó registrado completamente: el de 1966. De entre todos los autores y períodos de esa literatura, de poderosa influencia sobre su obra, la anglosajona ocupa un lugar de privilegio. Borges resucitó una literatura marginal y de museo para los mismos ingleses y no sólo se valió de ella para forjar la mitología criolla de su obra, encontrando en esas sagas los ancestros de las guerras floridas, los cuchilleros y el tango, sino que se volvió un autor insoslayable para los ingleses interesados en su propia tradición. Carlos Gamerro reconstruye esa relación y se sumerge en el libro Borges profesor (editado en 2000 y reeditado por primera vez esta semana), que reconstruyó con paciencia y maestría aquel curso.
 
Por Carlos Gamerro
Voy a empezar con una pregunta para la cual ningún énfasis parece ser suficiente. ¿Qué pudo llevar a un escritor sudamericano a interesarse en una literatura tan marginal, tan muerta y tan remota, y sobre todo tan ajena como la anglosajona, hasta el punto de estudiar un idioma que, incluso dentro de la tradición de las lenguas inglesas, apenas unos pocos académicos especializados manejan? Y si esta pregunta tuviera respuesta, quedaría aún esta otra: ¿cómo se explica que haya tenido éxito, que haya logrado habitar imaginativamente esta literatura y esta lengua muertas, hasta el punto de escribir a partir de ellas, de producir un corpus específicamente borgeano de literatura anglosajona, un corpus que los propios ingleses no pueden ignorar a la hora de estudiar la literatura de sus orígenes? Porque habría que aclarar que ningún escritor de lengua inglesa, en el siglo XX al menos, ha logrado recrear esta literatura con la convicción y la vitalidad con que lo ha hecho este habitante de un perdido arrabal sudamericano.
La relación vital y hasta personal que Borges mantenía con la imaginería de la literatura anglosajona era tal que llegaba a soñarla. En “La pesadilla”, conferencia incluida en Siete noches, afirma que su pesadilla más terrible fue la de “un rey del Norte, de Noruega. No me miraba: fijaba su mirada ciega en el cielo raso. Yo sabía que era un rey muy antiguo porque su cara era imposible ahora. Entonces sentí el terror de esa presencia”. El mismo rey, que ahora es “de Nortumbria o de Noruega”, y el mismo sueño aparecen en el soneto “La pesadilla” de La moneda de hierro, que termina con estas palabras: “Sé que me sueña y que me juzga, erguido. / El día entra en la noche. No se ha ido”. “Juzga” debe leerse, entiendo, kafkianamente, como sinónimo de “condena”. ¿Por qué crimen juzga este rey anglosajón o noruego a Borges? ¿Y por qué pasa del sueño a la vigilia y permanece en ella, juzgándolo para siempre, como el cuervo de Poe?
Un esbozo de respuesta a la pregunta inicial podría empezar por una referencia al linaje anglosajón del propio Borges, a través de la abuela paterna, Fanny Haslam. Es lo que sugiere el poema “Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona”: “Al cabo de cincuenta generaciones / vuelvo [...] a las ásperas y laboriosas palabras / que, con una boca hecha polvo, / usé en los días de Nortumbria y de Mercia / antes de ser Haslam o Borges”.
La hipótesis es simpática, pero no explica por qué Borges no manifiesta pareja devoción por Os Lusíadas, debido al origen portugués de los Borges, o por el Poema de Mio Cid, por los Acevedo y los Suárez. Además, si los ancestros fueran tan poderosos, casi todos los escritores ingleses, norteamericanos y australianos deberían también haberse abocado a realizar parejas recreaciones de la literatura anglosajona. La ascendencia anglosajona es aquí más una excusa, casi diríamos un pedido de permiso, que una causa o un motivo. Borges intenta (conscientemente o no) legitimar su presunción ante un auditorio anglosajón imaginario y sus imaginarias censuras.
Es interesante considerar cuál es el corpus específicamente borgeano de la literatura anglosajona, es decir, qué textos selecciona y privilegia Borges. En sus Literaturas germánicas medievales, como corresponde al propósito de divulgación de la obra, es más general y abarcador; lo mismo sucede en el curso de literatura inglesa en la UBA incluido en Borges profesor; la selección es más acotada en la Breve antología anglosajona, y es directamente personal en su poesía y sus relatos. Y lo que se comprueba es que en ellos Borges se interesa sobre todo por las composiciones realistas de las antiguas literaturas germánicas, lo cual lo lleva a preferir el modelo de las sagas islandesas por encima de poemas como Beowulf o El cantar de los Nibelungos, en los cuales es mayor la proporción de lo simbólico y lo mágico. “El arte medieval es espontáneamente simbólico”, escribe Borges en Literaturas germánicas medievales, “conviene recordar esta circunstancia para apreciar lo excepcional y asombroso de un arte realista como el de las sagas en plena Edad Media”.
¿Por qué Borges, el autor más importante de nuestra tradición fantástica (más aún, el que bien puede considerarse el inventor de nuestra literatura fantástica) se desinteresa de los aspectos mágicos y sobrenaturales de estas literaturas, y atiende a las composiciones realistas, antes que a las mitológicas? Una respuesta posible es que lo fantástico en la literatura anglosajona, al igual que en la celta, aparece bajo la forma general de lo maravilloso: dragones, monstruos, hadas, magos, doncellas que vuelan a caballo, dioses. El género fantástico argentino tal cual lo crea Borges, y lo desarrollan Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, es, en cambio, heredero directo de los juegos conceptuales del Barroco, de ese encuentro conflictivo de dos planos de realidad: historia y ficción, sueño y vigilia, mundo y teatro, etc. Una anécdota que, como la de Beowulf, incluye un príncipe que se zambulle en un lago y nada durante horas, sin escafandra, para llegar a un palacio subacuático en el cual misteriosamente ya no hay agua, y lucha con la madre del monstruo que antes ha matado, no tiene mucho que ofrecer en este aspecto.
El mundo de estos anglosajones borgeanos tiene una serie de rasgos que se repiten, como el culto del coraje; la fe en la fuerza o en la habilidad guerrera, cifradas en un símbolo, la espada; la obligación de lealtad al señor, y su inevitable reverso, la traición (como en el poema “Hengist Cyning”). Es un mundo masculino, donde la mujer apenas aparece, y cuando lo hace, como en “Brunanburh, 937 A.D.” aparece para cuestionar ese mundo y sus valores. Es, en suma, un mundo a la vez feudal, machista y bárbaro, previo a la ley, o, ya que surge del derrumbe del imperio romano, un mundo en el cual la ley y las instituciones de la ley han sido olvidadas.
En la mayoría de los cuentos y poemas de Borges de la línea universalista o cosmopolita predominan los problemas metafísicos o gnoseológicos, pero en éstos de inspiración anglosajona lo fundamental es el problema ético: son textos que se preguntan cuál es la conducta correcta –y esto independientemente de la medida en que esa conducta sirva o no para fundamentar un orden, una sociabilidad–. A su vez, la cuestión ética permite responder a la pregunta por la identidad. El hombre sabe para siempre quién es cuando sabe qué hacer, cómo comportarse. Esta ética es, por encima de la del honor, la del coraje. La ética del coraje es absoluta, no es relativa a si se pelea, o no, por una buena causa. Por eso es bárbara. La ética del coraje está, también, por encima de la del honor. En las palabras de Hengist Cyning:
Yo sé que a mis espaldas
Me tildan de traidor los britanos,
Pero yo he sido fiel a mi valentía
Y no he confiado mi destino a los otros
Y ningún hombre se animó a traicionarme.
Hengist Cyning traiciona a su señor porque es fiel a un valor más alto que el de la debida lealtad: su valentía.
Habiendo dicho todo esto, la respuesta puede por fin esbozarse. Esta lista de características de la literatura anglosajona reescrita por Borges podría aplicarse, sin modificación, a sus cuentos y poemas sobre orilleros y gauchos. El uso que Borges hace de la literatura anglosajona la coloca más cerca de la línea criolla de su obra, y ésta es eminentemente su línea realista, no fantástica. Dicho en términos simplistas y –por qué no– efectistas: así como el mar es la pampa de los ingleses (como Borges famosamente lo define en “La poesía gauchesca”), los anglosajones de Borges son los gauchos y los malevos de las Islas Británicas. Esta conjetura se ve avalada en Borges profesor por la comparación explícita que hace el profesor, en su clase N° 3, entre Beowulf y los compadritos. A propósito de la escasa modestia del héroe anglosajón ante sus propias hazañas guerreras, comenta: “Decimos hoy que un hombre valiente no debe ser jactancioso... Pero esa idea no existía en la antigüedad. Los héroes se jactaban de sus hazañas... Puedo traer a colación las coplas de los compadritos de principios de siglo en Buenos Aires: ‘Soy del barrio ‘e Monserrá,/donde relumbra el acero,/lo que digo con el pico/lo sostengo con el cuero.’”
En el Evaristo Carriego, antes de escribir sus ficciones sobre malevos y gauchos, Borges establece las bases de su mitología criolla en la epopeya tradicional: del capítulo XI proviene la idea de que las letras del tango puedan llegar a constituir nuestra épica (lo mismo había dicho Lugones, pero del Martín Fierro): “Es sabido que Wolf, a fines del siglo XVIII, escribió que la Ilíada, antes de ser una epopeya, fue una serie de cantos y de rapsodias; ello permite, acaso, la profecía de que las letras de tango formarán, con el tiempo, un largo poema civil, o sugerirán a algún ambicioso la escritura de ese poema”. Del mismo capítulo, la sección “El desafío” incluye una de las versiones más explícitas de tal filiación: “Tendríamos, pues, a hombres de pobrísima vida, a gauchos y orilleros de las regiones ribereñas del Plata y del Paraná, creando, sin saberlo, una religión, con sus mitologías y sus mártires, la dura y ciega religión del coraje, de estar listo a matar y a morir. Esa religión es vieja como el mundo, pero habría sido redescubierta, y vivida, en estas repúblicas, por pastores, matarifes, troperos, prófugos y rufianes. Su música estaría en los estilos, en las milongas y en los primeros tangos. He escrito que es antigua esa religión; en una saga del siglo XII se lee:
“–Dime cuál es tu fe –dijo el conde.
–Creo en mi fuerza –dijo Sigmund.”
Y en “El tango” de El otro, el mismo, leemos: “Una canción de gesta se ha perdido [...] / En sórdidas noticias policiales”. Borges es claramente quien redime al malevo de esa existencia meramente periodística, quien reúne esa gesta dispersa y perdida y se convierte en el redactor de la Edda menor de nuestras letras.
Hasta ahora he hablado como si los textos de la línea criolla, que también es la de (declarada) inspiración oral, fueran sólo los relacionados con los gauchos y los orilleros. Pero esta línea tiene dos vertientes fundamentales: la primera y más conocida, que podemos llamar la popular-literaria, corresponde al mundo social plebeyo (gauchos y malevos) y se escribe sobre todo en prosa, aunque ha dado series poéticas como Para las seis cuerdas. Pero también está (y es anterior) la que podríamos llamar la línea histórico-familiar, que se manifiesta bajo la forma del culto a los ancestros de pasado militar glorioso, y se escribe en verso, ya desde “Inscripción sepulcral” en Fervor de Buenos Aires. La actitud de ‘Borges’ (hablo de Borges en tanto yo poético) ante estos antepasados suele ser la de una vergüenza como la declarada en “Dulcia linquimus arva”, donde al compararse con sus ancestros de a caballo dice “Soy un pueblero y no sé de estas cosas”, y llega a su paroxismo en la Tanka Nº 6 de El oro de los tigres:
No haber caído,
Como otros de mi sangre,
En la batalla.
Ser en la vana noche
El que cuenta las sílabas.
A partir de El Hacedor, los textos que promueven este culto a los mayores empiezan a cruzarse con los textos de inspiración anglosajona en un mismo libro y, a veces, hasta en un mismo poema, como “Elegía del recuerdo imposible” de La moneda de hierro: “Qué no daría yo por la memoria de haber combatido en Cepeda / [...] / con la alegría del coraje / [...] / Qué no daría por la memoria de las barcas de Hengist / para develar una isla / que aún no era Inglaterra”. En este libro, que es de 1975 y que parece hacerse eco de la violencia exterior que sacude al país, no menos de once textos (de un total de treinta y seis), cuatro de ámbito anglosajón y siete latinoamericanos, están dedicados a la celebración del coraje guerrero como valor absoluto (“No importa lo demás. Yo fui valiente”, leemos por ejemplo en “El conquistador”, donde “lo demás” es nada menos que la destrucción de las culturas precolombinas, la violación, tortura y muerte de millares de seres humanos). Ambas series, la épico-militar criolla y la anglosajona, comparten un símbolo único, la espada; en la serie plebeya, en cambio, espada y puñal se oponen: la espada o sable del militar o policía contra el cuchillo o el puñal del orillero o del gaucho.
No sería arriesgado suponer, entonces, que en la figura de ese rey de Nortumbria que inapelablemente lo juzgaba, confluyeron las figuras míticas del pasado remoto europeo y las figuras no menos míticas del reciente pasado argentino, las del panteón familiar: juzgan y condenan al pueblero que cuenta las sílabas. Y ahora, también, se puede responder a otra de las preguntas iniciales: Borges es capaz de recrear la literatura anglosajona como modelo vivo, y no como mera letra muerta, porque lo hace a partir de un paradigma heterogéneo pero íntimo y personal, que incluye lo que ha heredado (la gauchesca y las historias familiares), y lo que él ha creado (la literatura orillera). Y puede hacerlo tanto mejor que sus contemporáneos anglosajones porque la literatura anglosajona, y el mundo vital que evoca, están mucho más cerca suyo que de ellos. Para el inglés moderno, la literatura anglosajona es (como sus artefactos) una pieza de museo. Para Borges está viva, como esas espadas y esos puñales que esperan en una vitrina la mano que los agarre.
Aceptada con mayor o menor convicción esta relación entre ambas series, falta conjeturar el propósito o el sentido de esta relación.
Han sido ya suficientemente destacados los procedimientos de subversión e inversión a los que Borges somete el núcleo ideológico fundante de nuestra literatura, la disyunción, o conjunción, civilización/barbarie: en “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, en “El sur”, en el “Poema conjetural”, y sobre todo en “Historia del guerrero y de la cautiva”, la superioridad del paradigma civilizado se ve relativizada y cuestionada. Hablando de Henry James, otro autor americano que también interrogó las diferencias entre América y Europa, Borges dice que veía a los americanos como intelectualmente inferiores y éticamente superiores a los europeos. De manera análoga, según Borges, los argentinos seríamos inferiores a ellos en términos de cultura y de costumbres civilizadas, pero superiores en autenticidad y vitalidad. La civilización nos ofrecería una aspiración, una meta, pero es fatalmente ajena, no nos otorga eso fundamental que es la identidad.
En dirección parecida avanza el trabajo que Borges realiza sobre la antigua literatura anglosajona. Toma ese paradigma de civilización del siglo XIX, que era Inglaterra, y descubre los orígenes bárbaros del gran imperio civilizador y, así, el núcleo de barbarie que necesariamente alimenta la empresa colonial. Esta operación, convengamos, ya había sido realizada en una de las novelas más admiradas por Borges, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Esta nos presenta el caso de Kurtz, paradigma de la civilización europea, un hombre renacentista en sus variadas aptitudes, que se interna en el Africa en misión civilizadora y se hace salvaje. Pero Kurtz, más que volver a la barbarie inicial, la lleva a un plano superior, a una superación dialéctica que podemos llamar de barbarie civilizada (anticipando así el oxímoron mayor del siglo XX, la barbarie alemana, también conocida como nazismo). Y para prepararnos para esta (aparente) paradoja, antes de llevarnos río arriba por el Congo, al corazón de las tinieblas africanas, el narrador, Marlow, nos recuerda que el río de donde irradia hoy la luz de la civilización, el Támesis, fue una vez tan salvaje como aquél: “Y éste también –dijo Marlow de repente– ha sido uno de los lugares oscuros de la tierra”. Imagina al colonizador, al civilizador, al romano de entonces, perdido, anulado por la barbarie britana que lo rodea por todas partes, y sugiere que su situación es apenas distinta del europeo del siglo XX perdido en las selvas africanas.
La vinculación entre barbarie medieval y barbarie moderna se vuelve por supuesto más clara en el caso testigo para todo el Occidente, que es el de la Alemania nazi. Es interesante comprobar que cuando Borges vincula barbarie anglosajona y barbarie criolla, la actitud suele ser de valoración o aprobación: ambas se justifican la una a la otra. Cuando vincula barbarie criolla con barbarie alemana, en cambio, cada una echa sobre la otra una luz negativa. En “Anotación al 23 de Agosto de 1944” de Otras inquisiciones, leemos:
“Para los europeos y americanos, hay un orden –un solo orden– posible: el que antes llevó el nombre de Roma y que ahora es la cultura de Occidente. Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica, jugar a ser un viking, un tártaro, un conquistador del siglo XVI, un gaucho, un piel roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y moral.”
La referencia a la barbarie nazi, y la postulación de sus vínculos con la barbarie criolla, lo llevará, también, a cuestionar, o al menos a relativizar, el valor del culto a los mayores. El infame Otto Dietrich zur Linde, narrador y protagonista de “Deutsches Requiem”, comienza su relato con una lista de antepasados guerreros, y lo cierra con estas palabras que tanto recuerdan a las de los poemas de Borges referidos al mismo tema: “Mañana... yo habré entrado en la muerte, es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de sus sombras, ya que de algún modo soy ellos”. Pero Zur Linde no es un héroe, ni un guerrero: es el subdirector de un campo de concentración que atormenta a su más famoso prisionero, el insigne poeta David Jerusalem, hasta enloquecerlo y llevarlo al suicidio.
En un espíritu parecido, en esa especie de revisión global de la obra que es el Epílogo a las Obras completas de 1974, Borges escribe:
“No hay que olvidar, en primer término, que los años de Borges correspondieron a una declinación del país. Era de estirpe militar y sintió la nostalgia del destino épico de sus mayores. Pensaba que el valor es una de las pocas virtudes de las que son capaces los hombres, pero su culto lo llevó, como a tantos otros, a la veneración atolondrada de los hombres del hampa. [...] Su secreto y acaso inconsciente afán fue tramar una mitología de una Buenos Aires que jamás existió. Así, a lo largo de los años, contribuyó sin saberlo y sin sospecharlo a esa exaltación de la barbarie que culminó en el culto del gaucho, de Artigas y de Rosas”. Las fechas no son inocentes. En 1974, este culto del gaucho, de Artigas y de Rosas es una manera elíptica de aludir al peronismo.
Las variaciones en la obra de Borges se dan menos por evolución que por aplicación sistemática de la lógica combinatoria: si un cuento como “Hombre de la esquina rosada” celebra el coraje del pendenciero, tarde o temprano vendrá su reverso, el cuento que reivindica el coraje del que se abstiene y no pelea, como en “Historia de Rosendo Juárez”. Una aplicación rigurosa de la lógica combinatoria, como la que se lleva a cabo en “La biblioteca de Babel”, debería haber desembocado en el duelo entre la espada y el puñal, entre un guerrero anglosajón y uno criollo. Borges se abstuvo de imaginar esta improbable eventualidad, pero la historia, que a veces ensaya combinaciones más inesperadas que las de la ficción, se encargó de dársela. Y el texto que Borges escribe a partir de ella es, sorprendentemente, un texto pacifista. Es un poema, el poema se llama “Juan López y John Ward”, y se refiere a la Guerra de Malvinas. Es el poema que precede a “Los conjurados”, y de hecho están en páginas enfrentadas. Y “Los conjurados”, el poema que cierra el libro y con él la versión de sus Obras completas que Borges publicó en vida, es el que propone a Suiza como modelo para la humanidad: modelo de convivencia pacífica y razonabilidad, dos características que ciertamente nunca hizo suyas la barbarie.
Borges es presentado a veces como un autor que escribía su obra al margen del mundo contemporáneo, de la actualidad, de los sucesos exteriores. Y sin embargo su época más violenta va de “El otro duelo”, que posiblemente sea su cuento más sanguinario y se publica en 1970 en El informe de Brodie, pasa por los poemas épico-patrioteros de La rosa profunda (vayan de muestra estas líneas del poema que lleva el significativo título “1972”: “pero la Patria, hoy profanada quiere / que con mi oscura pluma de gramático, / docta en nimiedades académicas / y ajena a los trabajos de la espada, / congregue el gran rumor de la epopeya / y exija mi lugar. Lo estoy haciendo”) y alcanza un crispado clímax en el prólogo de La moneda de hierro, en la ya famosa frase “Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística”. Debajo agrega, como quien patea a un caído, la fecha: 27 de julio de 1976. El regreso del peronismo reavivó el fuego de la dura religión del coraje y de la espada, como evidencian los poemas de La rosa profunda.
Y la dictadura que comienza en ese año terminará haciéndolo renegar definitivamente de ella. En Los conjurados, que es de 1985, no hay ningún poema que celebre la violencia y la barbarie, y apenas uno, “Milonga del muerto”, referido a un soldado caído en Malvinas, aludirá al culto del coraje, y esto de manera a la vez contradictoria y atenuada. Muchos, incontables hechos se dieron en el universo y en la vida de Borges en esos diez años; yo voy a señalar solamente uno. En 1981, en plena dictadura, Borges firmó la solicitada que las Madres de Plaza de Mayo lograron publicar en el diario La Prensa en reclamo por sus hijos desaparecidos.
TOMADO DE: www.pagina12.com.ar  /  Buenos Aires, Argentina: 15 de agosto de 2010.

viernes, 20 de agosto de 2010

"He matado mis sentidos" PATRICIA TUBELLA – Londres. En: www.elpais.com / Madrid: 22 de Noviembre de 2009.

"He matado mis sentidos"
Las cartas inéditas de T. S. Eliot descubren el sentimiento antisemita del escritor y dan detalles sobre su contradictoria existencia y su infeliz matrimonio
PATRICIA TUBELLA – Londres.
En: www.elpais.com   /  Madrid: 22 de Noviembre de 2009.
Los años que sucedieron a la publicación de Tierra baldía (1922), obra que marca la madurez artística de T. S. Eliot, entrañaron una tortura para el dramaturgo, crítico y ante todo padre de la poesía moderna. Los dos empleos que requería su sustento y la angustia ante los problemas psiquiátricos de su primera mujer, Vivien, se habían traducido en una parálisis creativa que el escritor angloamericano detalla en sus relaciones epistolares con amigos, familiares y colegas. El segundo volumen de la dilatada correspondencia personal de Eliot, que acaba de ser publicado en el Reino Unido nada menos que 21 años después de la primera entrega, arroja nueva luz sobre la personalidad del escritor y desmiente, o al menos matiza, su reputación de marido cruel e insensible que una obra de teatro y su posterior traslación al cine contribuyeron a cimentar. Los prejuicios raciales expresados ocasionalmente en esas cartas sí parecen avalar, en cambio, el sentimiento antisemita que algunos críticos atribuyen al Nobel de Literatura.
El poeta nunca acudió a visitar a su esposa Vivien al psiquiátrico
Trazó una línea entre "el hombre que sufre" y "la mente que crea"
La compilación de epístolas (The letters of T. S. Eliot: Volume Two, 1923-25) revelan la desesperación y angustia de un escritor que siempre quiso trazar una gruesa línea de separación entre "el hombre que sufre" y "la mente que crea". ¿A quién pertenece el legado de un autor, una vez desaparecido? T. S. Eliot (St. Louis, Misuri, 1888-Londres, 1965) prohibió a su segunda esposa y antigua secretaria, Valerie, 38 años menor, la difusión póstuma de su correspondencia, aunque finalmente levantó ese veto con dos condiciones: que ella se ocupara personalmente de la selección y edición, y que el material nunca se convirtieran en soporte de una biografía. Valerie Eliot, hoy octogenaria, se ha saltado la primera demanda al confiar la edición del segundo volumen de cartas a un equipo de académicos, encabezados por John Haffenden.
"He matado deliberadamente mis sentidos para poder seguir con esta vida que es sólo externa", escribe al novelista John Middleton Murry (abril, 1925), ante quien confiesa haberse convertido en "una máquina". Eliot aludía a su detestado trabajo en el banco Lloyds de Londres que compaginaba con sus labores de editor de la revista literaria The Criterion y apenas le restaba tiempo para volcarse en su propia obra. Necesitaba ese pluriempleo para sufragar los cuidados de Vivien, la joven con la que se casó en 1915 y que alteraría radicalmente su existencia, a causa de sus depresiones y cambios repentinos de humor, síntomas de una enfermedad de origen nervioso. La crueldad del sensible poeta hacia su pareja que recrea la pieza teatral Tom y Viv -estrenada en 1984 y luego un éxito cinematográfico de la mano de los actores Willem Dafoe y Miranda Richardson- no se corresponde con el contenido de la correspondencia recién publicada. Eliot describe su impotencia ante el sufrimiento de Vivien, pero declara un sincero deseo de salvar ese matrimonio infeliz en el que vive atrapado. La propia esposa escribió a una criada como intermediara de una declaración incondicional de amor al marido. La recopilación de cartas abarca hasta 1925, año en que finalmente Eliot consiguió dejar el banco tras ingresar en la editorial Faber and Gwyer (la recopilación incluye la carta con la nueva oferta de trabajo: 325 libras de salario como editor, y otras 150 libras en calidad de director). Después de 13 años, Viv era internada en un psiquiátrico hasta su muerte (1947). Eliot nunca acudió a visitarla, aunque siguieron casados.
Quizá la publicación de nueva correspondencia inédita -se anuncia un tercer tomo para dentro de dos años- aporte datos reveladores sobre ese periodo. Haffenden sólo ha adelantado que el futuro libro incluirá correspondencia privada de Eliot con el académico americano Horace Kellen, donde se detalla cómo ayudó a refugiados judíos a huir a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial. "Todos tenemos nuestras contradicciones", ha declarado al respecto Anthony Julius, autor de un controvertido libro que explora el sentimiento antisemita del autor en poemas como Gerontion o Sweeney among the Nightingales. (T. S. Eliot, Anti-Semitism and Literary Form, 1995). Aunque los argumentos de Julius no son aceptados unánimemente, las alusiones despectivas que Eliot hace de los judíos en el segundo volumen de epístolas ("esa gente", "su instinto destructivo") parecen inapelables.
T. S. Eliot publicaba en 1944 la que muchos críticos consideran su mejor obra, Cuatro cuartetos, y cuatro años más tarde recibía el galardón literario de la Academia Sueca.
Para impaciencia de los estudiosos de su producción y trayectoria, todavía restan 40 años de correspondencia (hasta su muerte, en 1965) pendiente de divulgación en el mercado editorial. Los volúmenes compilatorios de cartas publicados hasta la fecha sólo alcanzan hasta los tiempos en los que el escritor sentía contraído su genio, pero una deliciosa perla delata que el mundo literario no estaba de acuerdo con esa percepción: a finales de 1925, recibía una copia de El gran Gatsby con una dedicatoria del propio F. Scott Fitzgerald que rezaba "Para T. S. Eliot, el más grande de los poetas vivos".
Las dos vidas del hombre hueco
J. RODRÍGUEZ MARCOS
En: www.elpais.com  /  Madrid: 22 de noviembre de 2009.

En 1927, T. S. Eliot se definió a sí mismo, no sin cierta ironía, como "clasicista en literatura, monárquico en política y anglocatólico en religión". Ese mismo año, tenía 39, ingresó en la Iglesia anglicana y obtuvo la nacionalidad británica. En una sola vida, tuvo tiempo de ser, como mínimo, dos hombres. También de cambiar por dos veces la historia de la poesía del siglo XX. El gran vanguardista que en 1922 había metido en un solo poema -La tierra baldía- el delirio de la vida urbana, el desgarro de la I Guerra Mundial y su propia crisis personal se reveló en 1944 como un enorme poeta clásico que supo sintetizar pensamiento y sentimiento en otra obra cumbre: Cuatro cuartetos. En 2001, Juan Malpartida y Jordi Doce tradujeron ambos poemas para Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Es tal vez la mejor versión española de una obra que siempre contó con traductores de altura: de Jaime Gil de Biedma a José Emilio Pacheco pasando por León Felipe, Vicente Gaos, José Antonio Muñoz Rojas o José María Valverde.
Hay quien dice que la boda de Eliot con Vivienne Haigh-Wood en 1915 fue, además del único acto impulsivo de su vida, una forma de quemar en Oxford las naves que podrían haberle devuelto al puritanismo de Saint Louis o de Boston. Para huir de Nueva Inglaterra, nada mejor que la Inglaterra vieja. Poeta británico atrapado en el cuerpo de un filósofo estadounidense, reformó su vida sin revolucionarla. Lo escribió él mismo en 1925, al final de Los hombres huecos: "así termina el mundo / no con una explosión sino con un sollozo".