LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cristina Rebull - Habaname

Cristina Rebull - Macorina

Aprobada nueva Ortografía de la Lengua Española TOMADO DE: http://www.enfoques365.net/N17266-aprobada-nueva-ortografia-de-la-lengua-espanola.html

Aprobada nueva Ortografía de la Lengua Española
En la nueva Ortografía se reduce el alfabeto de 29 a 27 letras, por la desaparición de la "ch" y la "ll"; la "b" será "be" mientras que la "v" será "uve" y no "ve corta" o "ve chiquita". La "w" se llamará "doble uve". La "y griega" se denominará "ye" y la "z" será "ceta".

Nov. 28 (VTV).- Las 22 Academias de la Lengua Española aprobaron este domingo por unanimidad el texto definitivo de la nueva Ortografía, una obra de "valor incalculable" para la unidad del idioma y en la que se han mantenido la mayoría de las novedades difundidas en las últimas semanas.
Los directores y presidentes de las Academias, que participan esta semana en la Feria del Libro de Guadalajara, hicieron público este importante acuerdo en un encuentro con la prensa en el que desgranaron algunas características de esta edición que es "más sólida, exhaustiva, razonada y moderna" que la de 1999.
El director de la Academia mexicana, José Moreno de Alba, dijo que esta Ortografía "es nueva" no porque "modifique reglas o cree otras, sino porque las explica con todo detalle".
Las propuestas de modificaciones fueron discutidas y validadas por la comisión interacadémica de la Real Academia Española (RAE) que se reunió en San Millán de la Cogolla (España) del 1 al 3 de noviembre. Los cambios en la ortografía que incluye la reducción del alfabeto de 29 a 27 letras, ahora deberá ser aprobado por las 22 academias.
Según un comunicado oficial de la RAE corresponde a la plenaria de directores de la Asale "la ratificación definitiva del texto base de la Ortografía" para publicarlo en todos los países hispanohablantes a finales de diciembre.
"Ahora, más que nunca, las Academias de la Lengua trabajan con un propósito común: la normalización de la lengua. Es decir, en acordar los criterios, vocablos, normas y leyes que deberán regir en el universo de hispanoparlantes, que abarca más de 400 millones de personas repartidas sobre todo en el continente americano -incluido Estados Unidos y Canadá- y en España", reseña un artículo sobre los cambios en el idioma castellano publicado por Armando Tejeda, corresponsal en España del diario mexicano La Jornada.
Las propuestas
Los periódicos y las agencias de noticias recogen algunas de las propuestas de las reglas de la nueva ortografía. Entre ellas, la reducción del alfabeto de 29 a 27 letras, por la posible desaparición de la "ch" y "ll", dos dígrafos que han permanecido en el abecedario desde 1803.
Se cambia la denominación de algunas letras. La "b" será "be" mientras que la "v" será "uve" y no la "ve corta" o "ve baja". La "w" pasará a llamarse "doble uve". La "y griega" se denominará "ye". Y la "z" será "ceta".
En declaraciones a La Razón de Argentina, Salvador Gutiérrez, director de la nueva Ortografía de la lengua española, aclaró que no se condenará a nadie si sigue utilizando la "vieja" denominación, aunque se busca que "haya una denominación única". Además explicó que la edición que prepara estará "amplia, razonada, explícita y sumamente clara".
Otro de los dictámenes de la Academia, es que se considera innecesario acentuar solo, guión y truhan. Por la eliminación de las tildes en las palabras monosílabas que sean diptongos ortográficos.
Se decidió que los prefijos se escriban unidos a la base léxica si afectan a una palabra. Como por ejemplo: expresidente o antisocial. Pero no en los casos de ex consejero general o pro derechos humanos.
También se acordó la escritura con "q" de algunas palabras como Iraq, Qatar, quásar, quórum que representan "una incongruencia con las reglas". Ahora pasarán a escribirse con c o con k según el caso: Irak, Catar, cuásar y cuórum. De escribir estas palabras con la grafía originaria deberán llevar letra cursiva y sin tilde, como extranjerismos.
"Hay una tendencia de usar las normas del castellano en vez de usar las de otro idioma", opinó Mario Torrealba Lossi, integrante de la Academia Venezolana de la Lengua, una de las instituciones que pertenecientes a la Asale.
Los académicos también proponen eliminar la acentuación gráfica de la "o" cuando se escriba entre números, pues se trataba de la única palabra átona que llevaba tilde.
Hablan los expertos
El profesor Torrealba Lossi cree que la posible desaparición de las letras ch y ll del alfabeto es una cuestión relativa. Ejemplificó que la ñ prácticamente no existe aunque es utilizada por los hablantes. "No se pueden eliminar las letras del alfabeto pues son reales y hay que respetarlas".
El académico no está de acuerdo con la eliminación de la tilde de la palabra sólo, "definitivamente debe ir con acento cuando es un adverbio".
Por su parte, el profesor jubilado Luis Navarrete Orta, exdirector de la escuela de letras de la Universidad Central de Venezuela, celebra las modificaciones que se plantean en la RAE. "Hay un avance de la Academia, se está poniendo al día", "por la incorporación de gente nueva", con un "criterio mucho más actualizado y más moderno".
El vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua, Francisco Javier Pérez, informó que la institución que representa aprobó los cambios en la Ortografía de la lengua española.
El académico indicó que el proyecto de modificación de las reglas de escritura comenzó hace muchos años, y se han celebrado varias reuniones para desarrollar el texto final de forma conjunta con las otras 21 instituciones de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Según Pérez, las normas de escritura sufrirán "leves cambios" que los hablantes irán incorporando con el tiempo. Además reveló que el texto que está previsto que se publique antes de Navidad abarcará 800 páginas y será "muy científico y con muchos ejemplos", fruto de un trabajo colectivo.

Nostalgia Cubana - Maggie Carles - La Violetera

viernes, 26 de noviembre de 2010

ORIANA FALLACI Freddy Núñez. TOMADO DE: TAL CUAL

                                        ORIANA FALLACI

“Tenemos el arte para no morir de verdad”. Esta frase leída o escuchada hace muchos años, cobra enorme vigencia en estos tiempos aciagos que padece Venezuela gracias a la estulticia de esa fauna parasita y logrera que ha asaltado las instituciones del estado. Es el arte -en su sentido más pleno- un refugio vital desde el cual reforzar nuestra convicción de que siempre es posible un mundo mejor, y que la justicia y la libertad son mucho mas que una coartada de bellacos. En la primavera de este año se exhibía en Madrid el último libro de Oriana Fallaci, publicado post mortem. “Un sombrero lleno de Cerezas”, es un regalo de más de mil páginas, a través de las cuales esta inteligente, valiente y apasionada mujer nos entrega un colage de vida, a partir de su saga familiar en el siglo XVIII. La historia de Italia y su proceso de unificación, es presentada con profusión de detalles, cada república recibe su atención haciendo posible conocer los intríngulis de sus alianzas y desencuentros, las invasiones napoleónicas, los reacomodos de los estados europeos, hasta la creación de esa Italia unida en la cual mas tarde, ella, con apenas 14 años luchara en la resistencia contra el fascismo y el nazismo. Una galería de personajes maravillosos cobran vida en el libro. Allí está la pasión, siempre la pasión, la que acompaña la tragedia inevitable o el suicidio, el amor profundo y la aventura. Anastacia y  Caterina ascendientes de origen polaco una, y lombarda la otra, no dejan otra alternativa que adorarlas. De alguna manera Oriana es todas ellas, incluyendo las contradicciones inevitables en alguien inteligente. Fallaci entendía el periodismo como un instrumento vital que le permitía interpretar su tiempo, interpelarlo, como una posibilidad de desentrañar en cada situación las razones ocultas que la explican. Lo que existe detrás de las decisiones de los estados, de los individuos, de los fanatismos de cualquier índole. No se puede hacer periodismo desde la ignorancia y la incultura, y esta defensora rabiosa de la libertad y el individualismo, lo demostró con innumerables trabajos de investigación, como corresponsal de guerra, entrevistando a los más importantes personajes de su época, legando una obra escrita significativa. El atentado del 11-S-2001, la sorprende en su apartamento de Manhattan, luchando contra el mal que la mataría pocos años después, y escribiendo el libro señalado. Impactada lo suspende, y con la fuerza poderosa que otorga la pasión acompañada de lucidez, escribe uno de sus libros más polémicos “La rabia y el orgullo”. Nos dejó una frase lapidaria “defiendo la cultura occidental, no frente a la musulmana, sino frente al fundamentalismo”, ese que considera enemigos a quienes no practiquen el Islam, a los llamados infieles. Compartimos con Oriana una cosmovisión que obliga a asumir la vida como un compromiso de respeto los derechos humanos y a la libertad como valores insustituibles de la vida en sociedad. En su tumba, en su amada y hermosísima Florencia, sonreirá al oír a Fidel enmendar la plana al mamut.
Freddy Núñez.

DEMOCRACIA O COLECTIVISMO Diego Márquez Castro



DEMOCRACIA O COLECTIVISMO
Diego Márquez Castro
Una muestra más de la chatarra política que se le quiere imponer a la sociedad venezolana es el disfraz comunalista con el que pretende ocultarse la instauración de un modelo colectivista de corte marxista leninista, de vieja y desprestigiada data, presentando a dicho modelo fracasado como la piedra angular del socialismo que como doctrina y práctica política se estrelló contra los retos que le imponía el futuro. Ha de saberse que la experiencia colectivista en la ex Unión Soviética, sus satélites de Europa Oriental, China y Vietnam, así como en Cuba y Corea, no obtuvo los resultados esperados por sus fallidos planificadores, dejando una estela de tristes y amargas experiencias tanto a nivel individual como social. Y ese paradigma, vencido por el tiempo y las evidencias, es el que ahora se pugna hacer valer por la vía de la ley de la fuerza que no por la fuerza de la ley a los venezolanos…
 Pues bien, ante tal amenaza los ciudadanos de este país no pueden permitir que tal proyecto termine por arrebatarles y confiscarles su libertad. A nadie le han pedido la opinión, mediante la vía del referéndum, sobre la aprobación del Estado comunal, cuya figura, de paso, no aparece ni está prevista en la Constitución Nacional. Un Estado de esa naturaleza, ofertado como expresión de una supuesta “democracia popular”, en realidad se convierte en un ente negador de los derechos sociales y políticos consagrados en la Carta Magna porque la naturaleza colectivista del mismo tiende a anular y sacrificar los derechos de la persona a favor del colectivo. Así tenemos una burda falsificación política que manipulando hábilmente el concepto de democracia busca en realidad sojuzgar a la sociedad. Que nadie se llame a engaños. Los ejemplos de la historia reciente en el mundo hablan por sí solos.

Frente al colectivismo la sociedad civil debe preservar por todas las vías posibles a la democracia o de lo contrario fenecerá bajo la bota del autoritarismo que promueve el modelo comunalista como plataforma de apoyo político y social. El académico y filósofo Fernando Savater advierte sobre este peligro con las siguientes palabras: “El autoritarismo no tiene nada que ver con la democracia. En la democracia son los ciudadanos los que fundan las leyes, los que eligen. No hay más autoridad en la democracia que la que los ciudadanos eligen. Entonces, todo autoritarismo, si es una autoridad por encima de la voluntad de los ciudadanos, es la peor corrupción que existe. La peor corrupción es la que secuestra el poder que tienen los ciudadanos y se la guarda un señor, porque dice que va a hacer un mejor uso con él que el que van a hacer los ciudadanos. La primera corrupción que combate la democracia es la corrupción de los que quieren robar el poder y hacer con él lo que les parezca adecuado”.
 Lo que plantea Savater puede aplicarse al momento venezolano cuando hay quien y quienes al proclamar haber “empoderado” al pueblo desconocen la voz de la mayoría de la sociedad que ha expresado por la vía electoral su negación rotunda a esquemas o modelos que vulneren los principios de la democracia contenidos en el texto constitucional. La defensa de la democracia y sus valores parte de la voluntad para la participación ciudadana no dejando en manos de unos pocos la decisión de muchos. El filósofo consultado insiste en la perentoria necesidad de que el ciudadano intervenga en los asuntos de la cosa pública si desea ser reconocido dentro de tal condición: “En una palabra ha de tomarse en serio la dimensión de nuestra libertad individual. La sociedad no es el decorado irremediable de nuestra vida sino un drama en el que podemos ser protagonistas y no sólo comparsas. Vivir entre seres libres, no meramente resignados ni ciegamente desesperados es un enriquecimiento subjetivo y objetivo de nuestra condición.
Cuanto mayor es el equilibrio de una comunidad, más seguro resulta vivir en ella”. Sólo en democracia y únicamente en democracia eso es posible.  

TOMADO DE: CORREO DEL CARONÍ. CIUDAD GUAYANA: 21 DE NOVIEMBRE DE 2010. www.correodelcaroni.com

JORNADAS INTERNACIONALES DE LITERATURA VENEZOLANA CONTEMPORÁNEA

UNIVERSIDAD SIMÓN BOLÍVAR
DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA Y
COODINACIÓN DE POSTGRADO EN LITERATURA
I JORNADAS INTERNACIONALES DE LITERATURA VENEZOLANA
CONTEMPORÁNEA
(21, 22 y 23 de marzo de 2011)
Comité Organizador:
Profa. Carmen Victoria Vivas (carmenvivas@usb.ve)
Prof. Arturo Gutiérrez Plaza(argutier@usb.ve)
Profa. Mariana Suárez (marisuarez@usb.ve)
Profa. Eleonora Cróquer (elecrope@gmail.com)

Las I Jornadas Internacionales de Literatura Venezolana Contemporánea tienen por objetivo crear un espacio para la discusión y difusión tanto de la nueva escena literaria en el país como del mapa de problemas teórico-críticos que la atraviesan. En este sentido, se propone como un encuentro entre investigadores dedicados al estudio de la literatura venezolana y creadores (narradores, poetas y ensayistas) venezolanos que producen dentro y fuera de nuestras fronteras.
Partiendo de los asuntos que han ocupado tradicionalmente al campo literario y de las nuevas miradas que imponen las actuales coyunturas nacionales e internacionales, el presente evento sugiere el siguiente temario preliminar, referido a los distintos géneros y formatos literarios:
- Relaciones entre literatura nacional, globalización y migraciones
- Políticas y estéticas de lo menor: cuerpo, locura y enfermedad
- Ficciones históricas y escrituras de la memoria
- Problemas de género: escritura de mujeres y representaciones de lo femenino
- Políticas editoriales y modos de circulación de los textos
- Representaciones de la violencia
- Literatura autoficcional y escrituras del yo
- Literatura e imagen visual
- Representaciones de lo urbano
- Revistas, blogs y formas emergentes de lo literario
- Narrativa venezolana contemporánea: tendencias, problemas y autores
- Poesía venezolana contemporánea: tendencias, problemas y autores

Entrega de resúmenes
La fecha límite para la entrega del resumen del trabajo a presentar es el 15 de enero de 2011. El resumen debe tener una extensión máxima de 500 palabras y debe venir acompañado de una ficha del autor, en la cual se incluya: nombre, dirección, correo electrónico, número telefónico de contacto, afiliación institucional, título del artículo o presentación, biografía de un máximo de 50 palabras. Los interesados deben enviar su propuesta al correo electrónico:

carmenvivas@usb.ve
Inscripción
Las I Jornadas Internacionales de Literatura Venezolana Contemporánea se llevarán a cabo en la Universidad Simón Bolívar, sede de Sartenejas (Municipio Baruta, Caracas), y el costo establecido para los participantes es:

Público en general: 200 Bs.
Estudiantes: 150 Bs.
Luego del cierre del plazo de envío de propuestas, y tras ser sometidas a la consideración del Comité de evaluación, éste notificará su aceptación antes del 30 de enero de 2011. Los autores de las comunicaciones admitidas deberán confirmar y realizar su inscripción antes del 1 de marzo de 2011. La información para la realización de la inscripción será anexada en la carta de aceptación que recibirán los ponentes.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Soledad Puértolas ingresa en la Real Academia Española

La novelista dedicó su discurso a los personajes secundarios del Quijote. -Es la quinta académica en la actualidad y la séptima mujer en la historia de la institución

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
En: www.elpais.com  /  Madrid: 22 de noviembre de 2010.
Soledad Puértolas
Soledad Puértolas realiza su discurso para entrar en la Real Academia Española.- ULY MARTÍN.
Aliados. Los personajes secundarios del Quijote. Así ha titulado la novelista Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) su discurso de ingreso en la Real Academia Española, leído ayer. A las siete en punto, la escritora entró en el salón de actos de la RAE flanqueada por José Luis Borau y José María Merino, los dos últimos académicos en ingresar en la llamada docta casa. Allí le esperaban sus nuevos compañeros y, entre el público, su editor, Jorge Herralde, de Anagrama, y un buen puñado de colegas: José María Guelbenzu, Marina Mayoral, Luis Antonio de Villena, Luisa Castro, Ana Rosetti, Vicente Molina Foix, Carmen Posadas o Marcos Giralt Torrente. También había tres ex ministros de Cultura: César Antonio Molina, Carmen Alborch y Javier Solana, con el que la propia Puértolas colaboró en sus años en el ministerio de la Plaza del Rey.
Cumplidos todos los protocolos, la autora de El bandido doblemente armado comenzó por un aviso: "Como novelista, soy una permanente aprendiz de la expresión escrita". Y eso, el trato natural con la lengua es lo que, dijo, pone desde ahora al servicio de la institución que en enero pasado la eligió para ocupar el sillón g, vacante desde la muerte en 2008 del científico Antonio Colino. Vacantes, por cierto, siguen también los que ocuparon hasta este año Francisco Ayala y Miguel Delibes. Con la nueva académica son ahora cinco las mujeres -Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas e Inés Fernández-Ordóñez son las otras cuatro- con asiento en una casa que, fundada en 1713, hasta 1979 no abrió sus puertas a una mujer, la poeta Carmen Conde, a la que luego se uniría Elena Quiroga. Siete en casi trescientos años de historia.
Antes de entrar definitivamente en materia, Puértolas recordó a Colino y su propia vocación científica, abandonada a favor de la literatura: "La indagación literaria parte de la incertidumbre y el riesgo, y no permite conclusiones ni resoluciones". Verdades que no son "hitos de un camino hacia un lugar preciso" sino "luces aisladas".
Llegó entonces el turno del Quijote. O mejor dicho, de sus personajes secundarios, una figura por la que la escritora siempre ha tenido devoción y a la que dedicó su último libro de cuentos, Compañeras de viaje (Anagrama), publicado al poco de su elección como académica. Tras recordar la lección constante que la novela de Cervantes es para todos los escritores, Puértolas subrayó la prodigiosa relación entre fondo y forma dentro de la obra: "Es tan variada la gama de los tonos, ritmos y registros de la lengua que asombra la naturalidad con la que pasa de unos a otros. Jamás ha alcanzado el castellano esa naturalidad y flexibilidad, esa capacidad de acomodarse a situaciones y personajes tan diversos".
Algunos de esos personajes secundarios son protagonistas de historias laterales que condicionan episodios centrales. La escritora empezó por los femeninos: Marcela, la hija del ventero, Dorotea, la duquesa y la propia Dulcinea. Luego analizó algunos masculinos como Cardenio, el caballero del Verde Gabán o el bandolero Roque Guinart. Finalmente, y después de revelar que de niña le gustaban los finales felices, habló del Quijote como un tratado sobre la literatura que es al mismo tiempo un tratado sobre la vida: "La literatura como metáfora de la vida. La locura como metáfora de la literatura".
Finalmente, y antes de que José María Merino contestase a la recién llegada a "la casa de las palabras", Soledad Puértolas se elevó sobre sí misma, Cervantes y la misma Academia. "Los humanos", dijo casi al final, "hablamos y hablamos y escribimos y escribimos, como si nos creyésemos capaces de dominar las lágrimas, los desgarros y las decepciones, y de distanciarnos de los salvajes accesos de alegría y regocijo. En el fondo de tanta palabra, de tanta narración, de tanto contar y tanto escuchar, late siempre la esperanza de que en algún momento sobrevenga el milagro del mutuo entendimiento y se vislumbre la luz de una verdad". Esta tarde, en medio de todo el protocolo del mundo y de un salón que aplaudió a rabiar, la luz se vislumbró.
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Un novelista sin fe en la ficción

JUAN GABRIEL VÁSQUEZ
En: Babelia. Madrid: 20 de noviembre de 2010. www.elpais.com
León Tolstói
León Tolstói- Bettmann / Corbis.
Los clásicos rusos vuelven con algunos inéditos y nuevas traducciones directas. Dostoievski, Chéjov, Pasternak o Aksiónov invitan a ser leídos otra vez. Y hoy se conmemora el centenario de la muerte de Tolstói, quien se debatió entre el arte y la moral, sobre todo cuando escribió Hadjí Murat. Además, el próximo 2011 se celebrará el Año de Rusia y España.
La escritura, en particular la literaria, es francamente nociva para mí desde un punto de vista moral", escribe Tolstói en su (alarmante) diario de vejez. En la misma entrada confiesa haber sucumbido a un deseo de gloria mientras escribía Amo y criado; por suerte, añade enseguida, ya ha "comenzado a despertar moralmente". Era el 18 de marzo de 1895. A Tolstói le quedaban quince largos años de vida durante los cuales siguió despertando moralmente, lo cual equivalía a escribir menos ficción y a despreciarla -y despreciarse- cada vez que la escribía. Tiene que ser una de las grandes paradojas del arte que en esos años de descreimiento artístico, de total escepticismo sobre el poder de la ficción, saliera de su pluma una de las grandes ficciones de todos los tiempos: Hadjí Murat.
El origen de la novela consta en otra entrada del diario, la del 19 de julio de 1896. Tolstói caminaba por un campo de tierra negra en Pirogovo, más bien lejos de su residencia de Yásnaia Poliana, cuando se topó con una mata de cardo con tres retoños. En la traducción de Selma Ancira: "Uno estaba roto y de él colgaba una sucia flor de color blanco; otro también estaba roto y salpicado de barro, negro, el tallo partido y sucio; el tercer retoño brotaba transversalmente, también estaba negro de polvo, pero todavía vivía, y hacia la mitad tenía un color rojizo. Me hizo pensar en Hadjí Murat. Me gustaría escribir al respecto. Defiende su vida hasta el final y, solo, en medio del vasto campo, como puede, logra defenderla victoriosamente".
El adverbio me parece un exceso: es difícil decir de alguien que defendió su vida victoriosamente cuando su cabeza degollada acabó recorriendo todos los pueblos del Cáucaso como ejemplo para otros guerrilleros, o más bien como disuasión. Pero es cierto que Hadjí Murat -aquel rebelde musulmán que fue uno de los más temidos resistentes al afán expansionista de Nicolás I- murió con heroísmo, y sobre todo es cierto que el final de su vida, en 1852, sirvió de materia prima a una maravilla literaria. "El mejor relato del mundo", exageró famosamente Harold Bloom. Yo acabo de volver a leerlo, y lo he hecho con tanta fascinación (y mucho más entendimiento) como la primera vez, hace once años, cuando el estallido de la segunda guerra de Chechenia convirtió esta novela de un siglo de edad en un documento más actual que cualquier diario.
Hadjí Murat, esa extraordinaria metáfora de la resistencia, fue el último relato de envergadura que escribió Tolstói. Sus ciento cincuenta páginas le tomaron ocho años; supongo que es lícito preguntarse por qué un hombre capaz de escribir las mil páginas de Guerra y Paz en seis años necesita dos más para escribir ochocientas cincuenta menos. La respuesta es: si ser novelista es difícil, es más difícil ser santo. Y eso era Tolstói, un santo en la Tierra, una iglesia de un solo hombre. Como toda iglesia, había llegado a detestar el sexo, que le parecía un obstáculo para el amor; como toda iglesia, había llegado a la conclusión de que no hay vida posible fuera de la fe ("sin la conciencia de Dios", escribe en su diario, "no puede haber una concepción razonable del mundo"); como toda iglesia, había llegado a considerar la desgracia personal como una bendición. Las páginas que siguen a la muerte de su hijo Vaniéchka son espeluznantes: "Enterramos a Vaniéchka. Terrible. No, terrible no, un gran acontecimiento espiritual. Te doy las gracias, padre. Te doy las gracias". Finalmente: como toda iglesia, había llegado a desconfiar de la literatura de ficción.
Así que los lectores de Hadjí Murat tenemos que lidiar antes que nada con esta contradicción molesta: aquella puesta en escena de la lucha del hombre contra las fuerzas colectivas, sin duda uno de los más altos elogios del individuo jamás escritos, fue escrita por un hombre que había dejado de creer en el individuo y, correlato necesario, en esa emanación de la individualidad que es el arte. Durante sus últimos años Tolstói llegó a despotricar contra Beethoven, culpándolo de la decadencia de la música contemporánea, y llegó a escribir un pequeño volumen demostrando que Shakespeare era un elaborado fraude, y todos los que durante siglos lo habían admirado, meros ingenuos; todo eso, claro, al mismo tiempo que creaba uno de los únicos personajes genuinamente shakespeareanos de la literatura no inglesa. ¿Cómo es eso posible? Respuesta: en Tolstói, como en Shakespeare, el ego del moralista nunca suprimió el instinto del artista. O mejor: el artista resistió a cada embate del moralista. Quizás es esto lo que queremos decir cuando decimos que las mejores novelas son siempre más inteligentes que sus autores. El asesinato de la vieja usurera por Raskolnikov nos horroriza a todos, pero ningún lector de Crimen y castigo ha dejado de sentir por un breve instante que entiende al estudiante, que sabe por qué la ha matado. Así todas las grandes ficciones. Así, por supuesto, las grandes ficciones de Tolstói. Así Hadjí Murat.
Pasear por su diario de esos años, los años de la escritura de Hadjí Murat, es asistir a un pulso librado entre el artista y el moralista, una especie de combate cuerpo a cuerpo donde sólo uno de los dos puede quedar de pie. Tomemos el año de 1896, cuando Tolstói comienza a escribir la novela. El 23 de enero anota: "Una verdadera obra de arte -la que transmite- sólo es posible cuando el artista busca, intenta". Ésta es la moral del novelista genuino, para quien la novela es un instrumento de inquisición, de averiguación. Pero un mes después, con la moral del líder-del-rebaño, con la moral del puritano o del predicador, escribe: "Sólo existe un arte y consiste en aumentar las alegrías inocentes de todos, accesibles a todos, el bienestar del hombre. Un edificio bello, un cuadro festivo, un canto, un cuento brindan una felicidad menor; la incitación a un sentimiento religioso de amor por el bien que produce un drama, un cuadro, un canto, brinda una felicidad mayor".
Sigamos. El 17 de mayo Tolstói escribe: "El objetivo principal del arte, si existe el arte y si tiene un objetivo, es manifestar, expresar la verdad sobre el alma humana, expresar aquellos secretos que la palabra sencilla no puede expresar". Pero el 30 de julio parece otro el que escribe: "El placer estético es un placer de orden inferior. Y por esto aun el mayor placer estético nos deja insatisfechos. E incluso, mientras mayor sea el placer estético, mayor es la insatisfacción que nos deja. Solo el bienestar moral puede producir una satisfacción plena".
Las entradas de esos días están plagadas de referencias a la obligación de accesibilidad del arte: es arte lo que es comprensible a todos, dice Tolstói, y no es arte lo que no queda inmediatamente claro. Pero yo los reto a ustedes a encontrar en Hadjí Murat una conclusión nítida y precisa sobre cualquier cosa. No la hay: a Tolstói, como quería Flaubert, se le siente en todas partes pero no se le ve en ninguna. En algún momento comparó sus intenciones con un invento inglés que acababa de descubrir: el peep-show, un lente por donde pasan distintas imágenes parciales de un mismo objeto. Lo mismo quería hacer con Hadjí Murat: presentarlo como marido, como fanático, como guerrero. El hombre que tiene esas miras, que actúa con neutralidad cervantina frente a su criatura, no puede ser el mismo que condena las obras de arte como mero divertimento para gente acomodada, o que escribe a comienzos de 1897: "El daño que hace el arte, el daño principal, es que ocupa el tiempo e impide a los hombres ver su ociosidad".
Se trata de una verdadera esquizofrenia literaria. Al mismo tiempo que Tolstói compone Hadjí Murat, quejándose de que no encuentra el tono, imaginando las posibilidades de su criatura, desprecia la actividad de la creación y elogia a la clase trabajadora por no haber caído en el engaño de la creación estética. El 14 de octubre de 1897 anota, con paciencia de artesano, algunos detalles que se le han ocurrido para Hadjí Murat: la sombra de un águila que corre por el flanco de una montaña, las huellas sobre la arena de fieras, caballos y hombres, el resoplido de los caballos al entrar en el bosque, un macho cabrío que aparece de un salto desde detrás de una mata de aliaderna. Son los detalles que traen la historia a la vida, y dan fe de que el talento de Tolstói para la evocación de un mundo físico vívido y potente no había desaparecido. ¿Cómo reconciliar a este hombre con el que escribe que Boccaccio es el comienzo del arte inmoral, o que lee La dama del perrito, el cuento de Chéjov que hoy nos parece una de las cimas del género, y despotrica contra él porque considera que no ha elaborado una concepción del mundo "capaz de distinguir el bien del mal"?
Sea como sea, el resultado está ahí: la historia de Hadjí Murat sobrevivió, ha seguido sobreviviendo. Tolstói la terminó sin entusiasmo mientras escribía, con entrega total, otras cosas: su pequeño tratado sobre el arte, su Confesión -un verdadero ajuste de cuentas con la Iglesia rusa ortodoxa, que lo excomulgó después y hasta el día de hoy no lo ha recibido de nuevo en su seno-, y también la novela Resurrección, que es una gran obra literaria pero que no le llega a los tobillos a la historia del rebelde musulmán. Mientras tanto seguía dividido: por un lado, agobiado por ideas fijas sobre la religión y su papel en ella, sobre los defectos de la mujer (la culpaba de todos los desastres del mundo contemporáneo), sobre la cultura (que sólo florece, decía, cuando no hay moral); por el otro, lleno de dudas. Pues bien: la duda es la provincia del novelista. El 19 de diciembre de 1900 Tolstói escribe: "El artista, para poder influir en los demás, debe buscar; su obra ha de ser una búsqueda. Si ya lo ha encontrado todo, si lo sabe todo y adoctrina o se divierte deliberadamente, no ejerce ninguna influencia. Sólo si busca, el espectador, el oyente, el lector se unirán a él en su búsqueda".
Tenía razón. Aquí estamos nosotros, más de cien años después, buscando con Tolstói. Algunas cosas hemos encontrado, muchas felicidades nos ha dado el hecho mismo de buscar. Y cuando nos sentimos confundidos, desorientados, sacamos Guerra y paz, sacamos Ana Karenina, sacamos La muerte de Iván Ilych, sacamos Hadjí Murat, y esas ficciones son lo más cerca que estamos, o que estoy yo, del sentimiento que otros llaman religioso, porque siguen enriqueciendo mi noción de la humanidad y mi respeto por esta vida inmensamente varia que nos ha tocado en suerte, esta vida tan múltiple y compleja que no la podríamos entender sin la ayuda de quienes la han contado.

Tolstói con mano propia y ajena

Hadjí Murat
León Tolstói. Traducción de Irene
y Laura Andresco Kuraitis. La otra
orilla. Barcelona, 2010. 240
páginas. 15 euros.
Anna Karénina
Traducción de Víctor Gallego.
Alba. Barcelona, 2010. 1.008
páginas. 44 euros.
Guerra y paz
Traducción de Lydia Kúper. El
Aleph / Del Taller de Mario
Muchnik. Barcelona, 2010 1.900
páginas. 39,90 euros.
Memorias. Infancia.
Memorias. Adolescencia
Memorias. Juventud
Tomo 1. Planeta. Barcelona, 2010.
21 euros.
Diarios (1847-1894).
Diarios (1895-1910)
Edición y traducción de Selma
Ancira. Acantilado. Barcelona, 2010.
508 / 584 páginas. 27 / 33 euros.
La tormenta de nieve
Traducción de Selma Ancira.
Acantilado. 75 páginas. 10 euros.
El reino de Dios está en
vosotros (incluye la
correspondencia entre
Tolstói y Gandhi)
Traducción de Joaquín Fernández
Valdés Roig-Gironella. Kairós.
Barcelona. 430 páginas.
Relatos de Yásnaia Poliana
(Cuentos para niños y el
prisionero de Cáucaso)
Traducción de Sara Rodríguez.
Rey Lear. 149 páginas. 10,95 euros.
Diarios (1862-1919). Sofía
Tolstói. Selección, traducción y
notas de Fernando Otero Macías y
José Ignacio López Fernández.
Alba. 650 páginas. 32 euros.
Sobre mi padre. 1928
Tatiana Tolstói. Traducción de
Julia Escobar. Nortesur. Barcelona,
2010. 125 páginas. 13 euros.
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Dostoievski transparente

JESÚS GARCÍA GABALDÓN
En: Babelia. Madrid: 20 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Fiódor M. Dostoievski
Fiódor M. Dostoievski (1821-1881), retratado por Vasili Perov en 1872.
Una edición ampliada del Diario del escritor incluye textos y artículos poco conocidos
Diario de un escritor es un libro singular que nos muestra un Dostoievski transparente, en estado puro. Su origen se remonta, en primer lugar, al breve y pequeño cuaderno de notas de Siberia, que escribió el autor ruso en el presidio de Tomsk entre 1849 y 1854. Allí apuntó a vuela pluma frases oídas a los presos, pensamientos y convicciones, impresiones e ideas para libros futuros. Después, a sus colaboraciones periodísticas, primero en algunas revistas satíricas y literarias antes de 1849 y, años más tarde, en la revista Época, creada junto con su hermano Mijaíl en 1864, luego en el quincenal Libros de Apuntes y, posteriormente, en la revista Ciudadano, propiedad del príncipe Mescherski, que Dostoievski dirigió entre enero de 1873 y abril de 1874. En Ciudadano, el famoso autor de Memorias de la casa muerta y Crimen y castigo escribió una sección a la que denominó Diario de un escritor y por la que recibió 2.500 rublos que se sumaron a los 3.000 anuales que cobraba como director. Se trataba de escritos sobre la actualidad política, social, literaria y artística, más una serie de relatos y artículos de crítica literaria; a los que se añadiría a partir del número 38 una sección de crónica política internacional. Cobraba así forma el Diario de un escritor, la obra más personal de Dostoievski, que constituye una mezcla híbrida, única, innovadora y experimental de ensayismo literario, crítico, periodístico y político con la creación puramente literaria.
Está claro que Dostoievski quería dar cuenta de sus impresiones de escritor respecto a todo lo que había vivido, visto, apuntado y leído, para atreverse a expresar sus opiniones libres e independientes sobre la realidad social, política, cultural y literaria rusa de la segunda mitad del siglo XIX, a modo de diálogo directo, sencillo y polémico con sus lectores, y quería hacerlo con la mayor libertad, claridad y transparencia que le era permitida en esa época a un ex presidiario, condenado a pena de muerte conmutada por 10 años de prisión en un penal militar, antiguo socialista utópico convertido al cristianismo ortodoxo y ferviente defensor del zar reformista Alejandro I, que le había indultado y permitido regresar a San Petersburgo y continuar su actividad literaria.
Sin embargo, esta obra en marcha sólo adquiriría su entidad definitiva a partir de enero de 1876, en forma de empresa familiar consistente en la publicación mensual de un folletín de pliego o pliego y medio de imprenta de extensión, impreso a dos columnas, y que podía adquirirse mediante suscripción previa al precio de 20 kópeks por número o 2 rublos por año. La gestión de las suscripciones, la contabilidad y los envíos fueron llevados a cabo diligentemente por Anna Grigórievna, la segunda esposa del escritor, mientras que Dostoievski se convirtió en una especie de "escritor-orquesta" que escribía desde la primera a la última letra de la singular revista. Fue un intento de los Dostoievski de estabilizar la caótica economía familiar, que ya habían ensayado antes sufragando la edición de Los demonios y El adolescente. El éxito del Diario fue arrollador y en pocos meses lograron más de 8.000 suscripciones.
Diario de un escritor fue traducido íntegramente al español en 1958 por el gran Cansinos-Assens, y en 2007 apareció en la editorial Alba una meritoria selección de 630 páginas traducidas directamente del ruso por Víctor Gallego Ballesteros. La monumental edición de 1.610 páginas en tapa dura al cuidado de Paul Viejo recoge todos los textos del Diario de un escritor de 1873 y de 1876-1881, a los que añade una valiosa serie de casi 30 textos misceláneos y artículos dispersos y poco conocidos anteriores a 1873, así como una representativa selección de los cuadernos de notas de Dostoievski. La edición se completa con un glosario de nombres propios y otro de términos frecuentes. La traducción, correcta, diligente y fluida, está firmada por Elisa de Beaumont, Eugenia Bulátova y Liudmila Rabdanó.
En el Diario de un escritor, Dostoievski no esconde sus ideas y convicciones, por polémicas, contundentes, radicales o conservadoras que sean. Puede acertar o errar, pero nunca decepciona, nunca engaña. Se muestra tal como es: una persona profundamente creyente, con una visión apocalíptica de las cosas, que cree en la inmortalidad del alma, la vida en el más allá y la existencia de Dios. Pero también como un escritor realista que intenta -y logra- representar, como quizás ningún otro escritor lo haya hecho, el alma humana. Por eso, esta obra singular, concebida por él como interludio entre novelas o trabajo preparatorio para El adolescente y Los hermanos Karamázov, es imprescindible para conocer y comprender al escritor y a la persona.

Otros grandes autores rusos

El doctor Zhivago. Borís Pasternak.
Traducción de Marta Rebón. Galaxia
Gutenberg / Círculo de Lectores, 2010.
747 páginas. 24 euros.
El don apacible. Libros 1, 2, 3 y 4.
Mijaíl Shólojov. Traducción de José Laín
Entralgo. RBA, 2009 y 2010. 448, 560, 570
y 631 páginas 24, 25, 25 y 26 euros
Debolsillo. Cuatro volúmenes.
Moscú-Petushki.Venedikt Eroféiev.
Traducción de Helena S. Kriúkova y
Vicente Cazcarra. Marbot, 2010.
185 páginas. 16 euros.
Una familia venida a menos (Inédito)
Nikolái Leskov. Traducción de Jorge
Ferrer. El Aleph/del Taller de Mario
Muchnik. 299 páginas. 25 euros.
Cuaderno de notas. Antón Chéjov.
Traducción y posfacio de Leopoldo
Brizuela. Páginas de Espuma, 2010.
196 páginas. 9,90 euros.
Chéjov comentado Edición y
prólogo de Sergi Belver. Traducción de
James y Mariam Womack. Nevsky
Ediciones.
318 páginas. 22,50 euros.
Tomás Gordeieff. Maksin Gorki.
Traducción de Rubén Darío.
Veinsisieteletras, 2010. 368 páginas.
15,50 euros.
El día de año nuevo y otros
cuentos maravillosos. Vladímir
Odóievski. Traducción de James y
Mariam Womack. Nevsky Ediciones.
2010. 198 páginas. 15 euros
Nuevo alfabeto ruso. Katia Metelizza.
Ilustrado por Jean-François Martin.
Traducción de Mariam Womack.
Demipage, 2010. 157 páginas. 20 euros.
Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes. Fiódor M. Dostoievski. Edición de Paulo Viejo. Traducción de Elisa de Beaumont, Eugenia Bulátova y Liudmila Rabdanó. Páginas de Espuma. 1.610 páginas. 49 euros. Stepanchikovo y sus moradores (Inédito). F. M. Dostoievski. Traducción de Lydia Kúper. El Aleph/del Taller de Mario Muchnik. 273 páginas. 24 euros. El gran inquisidor y otros cuentos. F. M. Dostoievski. Prólogo de José Antonio Marina. Edición y traducción de Bela Martinova y Augusto Vidal. Siruela. 277 páginas. 12,95 euros.
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Bosques, ríos, estepas: Rusia

JUAN EDUARDO ZÚÑIGA
En: Babelia. Madrid: 20 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Quienes han sido atraídos por la literatura rusa advierten, según van pasando ante ellos las páginas maravillosas de tantos escritores clásicos, que esos libros tienen la virtud de ser un largo viaje por los campos rusos. A la par que se sigue una historia se adquiere el conocimiento de un paisaje que es casi un trasfondo vital. Buena parte de la novelística rusa pone en sus tramas el influjo de la naturaleza y los personajes toman humanidad por una sutil dependencia invisible con el entorno físico. La variedad y secreto de los caracteres pueden responder a los cambios del clima, a la lluvia en los grandes bosques, a la vegetación de la primavera, al vacío de las enormes distancias.

Dos autores fueron maestros en dejar traslucir la presencia del paisaje: Turguénev y Antón Chéjov, separados por medio siglo. Y ante la comprobación de este rasgo literario viene al recuerdo Konstantin Paustovski y su obra, en la que invocó el deber de respetar la naturaleza. A veces, empleando términos que coinciden con las ideas de Chéjov expresadas a través de su personaje Astrov de El tío Vania: "Los bosques adornan la tierra, enseñan al hombre a comprender lo bello".
Este escritor Konstantin Paustovski, nacido en 1892, en Moscú, desarrolló pronto su vocación -su primer cuento es de 1912-, y logró con sus novelas y libros de ensayos un especial prestigio y el respeto por su posición independiente junto a los famosos literatos de la época soviética.
Se ha dicho que el ruso antiguo sentía la necesidad de marchar de un lugar a otro y buscar un punto ideal en los interminables caminos de su patria, y así lo debió de sentir Paustovski porque viajó incansablemente durante años. Recorrió las más variadas comarcas rusas y esa experiencia quedó recogida en su extenso Relato de una vida, amplia crónica escrita de 1946 a 1966, una de las grandes autobiografías rusas; bellas imágenes de ciudades, de vida humana, de acontecimientos y en especial, testimonio del espléndido paisaje ruso. Porque Paustovski fue un ferviente defensor de los bosques, los ríos, los lagos, altas montañas y vastas estepas que esperaban ser cultivadas, y hasta sus detalles más nimios supo contarlos.
Escribió cuentos y novelas en las que una pequeña área geográfica casi juega el papel de protagonista. En años en que nadie tenía conciencia del desgaste y peligros que amenazaban a los medios naturales, él dio la voz de alarma y pidió su protección; muy justamente puede ser considerado un "escritor ecologista".
Su primera novela con este compromiso es Kara Bugas, de 1932, historia del descubrimiento de valiosos yacimientos en una inhóspita bahía de las orillas del mar Caspio.
Igualmente, con su Relato del Norte, de 1937, sacó del olvido a la isla de Aland, solitaria en el centro del golfo de Botnia, a la que en invierno, cuando se hiela el mar, puede irse a pie desde San Petersburgo.
Konstantin Paustovski tomó de la realidad importantes figuras de su mundo y las recreó para hacerles partícipes de su pasión ecologista, y por ejemplo, fue el compositor Chaikovski en el Relato de los bosques, de 1948, quien pugna por comprar uno de éstos para evitar que talen sus centenarios abetos.
Otros conocidos poetas de la tradición literaria como Pushkin y Lermontov forman parte de la larga serie de personajes de Paustovski. Su seducción paisajista le encaminó a estudiar a Isaac Levitán, un pintor ruso en cuyos magníficos cuadros se reflejan la melancolía, la serenidad, la transparencia de los campos soñados por la poesía rusa de Tiútchev y de Fet. De este artista, Chéjov, su amigo, dijo que recogía en su pintura las voces misteriosas de la naturaleza.
Voces que sólo podía escuchar tras una atenta percepción de los paisajes para trasferirlos al lienzo. Como si hubiera intuido el pensamiento de Paustovski cuando escribió: "La contemplación es una de las bases de la creación, del amor a la tierra, y en primer lugar a la propia, a la tierra natal".
Juan Eduardo Zúñiga ha publicado recientemente la obra Desde los bosques nevados. Memoria de escritores rusos (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2010, 354 páginas, 23,90 euros).
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Las cartas secretas del carnicero de Mauthausen

El médico de las SS Aribert Heim, el nazi más buscado y odiado del planeta, se comunicó durante décadas con su familia desde su escondite en Egipto donde supuestamente murió. El PAÍS revela el contenido de su correspondencia íntima.

JOSÉ MARÍA IRUJO
En: Domingo. Madrid: 21 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Barracón hospital de Mauthausen
Imagen del barracón hospital de Mauthausen, donde supuestamente estuvo el médico de las SS Aribert Heim en el año 1941.- AP.
Querida Gerda. Tienes que ponerte en contacto con la familia Thyssen para que te confirmen que viví en el verano de 1942 unas semanas o dos o tres meses allí, el tiempo preciso no me acuerdo. Estoy seguro de que los entonces jóvenes que ahora tienen mi edad pueden acordarse... Te deseo mucha salud. Supongo que es lo más importante. Saludos a todos".
Heim y su hijo, a la puerta del colegio, en 1961
Heim y su hijo, a la puerta del colegio, en 1961, en una foto inédita.
"Ponte en contacto con la familia Thyssen para que te confirmen que viví con ellos en el verano de 1942"
"Se vive solo una vez y no hay que olvidar el humor. La salud es lo más importante", decía a su hermana
"No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos"
"Tengo tantas cosas que me interesan que si el día tuviese 28 horas no sería suficiente para hacer lo que quiero"
Aribert Heim, el Carnicero de Mauthausen, escribió esta carta el 15 de octubre de 1982 desde su escondite en El Cairo (Egipto) donde se ocultó 20 años antes. La justicia alemana le acusaba de asesinar a 300 presos con inyecciones de benceno en el corazón durante su paso por el siniestro Revier, la enfermería del campo de concentración donde trabajó como médico de las SS. El nazi quería demostrar que estuvo en Mauthausen en 1941 y no en 1942 como afirmaban algunos testigos.
El Doctor Muerte, hijo de un policía y un ama de casa austriacos, fue detenido al terminar la guerra y sometido a un proceso de desnazificación en una mina de sal de los Aliados. En 1947 quedó libre y un año después conoció a Frield, médico perteneciente a una rica familia alemana, y se casó con ella. En 1955 los Heim se instalaron en el palacete de los padres de ella en Baden Baden (Alemania) y ejercieron de ginecólogos. Vivían en paz hasta que años más tarde aparecieron los primeros testigos que le señalaban como uno de los criminales de Mauthausen. La visita de un policía a su villa interesándose por su pasado provocó su fuga en 1962. En aquella época empezaron en Alemania los juicios de Auschwitz.
El clan de los Thyssen y la familia de Frield tenían casa en Lugano (Suiza) y, como otros apellidos influyentes, acogieron durante la guerra en sus domicilios a oficiales de las SS. "Entonces era un honor tener alojado a un soldado alemán en tu casa", afirma Rüdiger, el hijo del oficial de las SS, mientras prepara una taza de café en la mansión familiar de Baden Baden, ciudad de 55.000 habitantes donde reside con su madre, una anciana de 88 años.
El barón Hans Heinrich, el marido de Tita Cervera, ya fallecido, y sus primos eran probablemente los jóvenes Thyssen a los que se refiere el nazi en su carta. Tenía entonces 21 años. Su tío Fritz financió la llegada de Hitler al poder, aunque años después se enfrentó a él y acabó confinado junto a su esposa en Dachau, Buchewald y en un campo en el Tirol. Goering, antes su amigo, se quedó con su colección de obras de arte, y Fritz terminó condenado en un juicio de desnazificación en Núremberg donde le obligaron a dar el 15% de su fortuna a las víctimas del nazismo.
El Doctor Muerte escribió a su familia 21 cartas manuscritas a las que ha tenido acceso EL PAÍS y que han sido entregadas por su hijo Rüdiger al juez Neerforth de Baden Baden que investiga el paradero del criminal y su supuesto fallecimiento en 1992 en Egipto. Un misterio abierto, ya que su cadáver no ha aparecido. "Son otra prueba de que mi padre vivió allí", dice su hijo, que le visitó en secreto y negó hasta hace muy poco conocer su paradero.
Gerda, la persona que debía localizar a los Thyssen para que intercedieran por él, era en realidad su hermana Hertak, el familiar que más ayudó al fugitivo, una mujer atractiva y elegante, de vida social trepidante, que se movió en los círculos de la aristocracia alemana y frecuentó la mansión de los Thyssen en Múnich. "Sería suficiente una confirmación, me refiero a la de Von Thyssen porque sería la más fácil ya que tú también viviste allí, y ellos pueden confirmar que estuvimos en el verano de 1942 durante dos o tres meses... Si logras la confirmación de los Thyssen, podría incorporarla en el análisis de mis testimonios y enviarla".
Desde 1978 hasta 1985, Aribert Heim dirigió a Hertak la mayoría de sus misivas repletas de claves secretas, frases crípticas, guiños y mensajes en los que pedía dinero, criticaba a veces a su ex mujer e hijos y reclamaba que localizara a testigos o a judíos "no sionistas" para defenderse de "los horribles horrores" que relataron sobre él varios presos de Mauthausen. No hay en ninguna de ellas ni un ápice de autocrítica o arrepentimiento.
El Doctor Muerte preparaba sus cartas con la ayuda de un cuaderno comprado en Egipto de color burdeos donde apuntó los nombres en clave de 12 personas para evitar que la policía las identificara si los documentos caían en sus manos. Lyda era en realidad Hilda, su otra hermana; Dora, su ex esposa Frield; Gretl, su hijo pequeño Rüdiger; Rainer, su abogado Steineker; Lattle era Wiesenthal, el cazanazis judío preso en Mauthausen que dirigió su acusación y siguió su rastro hasta su muerte; Carola, una amiga.
Las misivas de Heim están escritas con pluma y tinta azul, en una letra pequeña e inclinada hacia la derecha. El médico acusado de extraer los órganos de sus víctimas y colocar sus cráneos como pisapapeles trufaba sus cartas con mensajes filosóficos sobre la vida, la salud y la felicidad: "La lucha de la vida hay que tomarla como un deporte pase lo que pase", "se vive solo una vez y no hay que olvidar el humor...". "Quedarse tranquilo ayuda a la salud, lo más importante en la vida", recomendaba a Hertak cuando se iba a separar de su marido, un mujeriego.
Las 21 cartas llegaron a su destino desde El Cairo gracias al sistema de seguridad que ideó el criminal nazi. Iban siempre a la dirección de un pequeño pueblo de Baviera donde vivía un matrimonio de amigos que se trasladaba hasta Fráncfort y las entregaba en mano a Hertak. Esta última respondía desde los países que visitaba para hacer turismo, esquiar o visitar amigos.
En la misma carta en la que el SS pidió a su hermana que localizara a los Thyssen, el fugitivo le rogó que contactara con los Bauersachs, otra saga alemana. "Tendrías que visitar a otra familia que conoces en Núremberg. Por supuesto, la vieja pareja habrá muerto, pero su única hija seguirá en la misma villa, en una colina de la periferia llamada Römer Berg (la montaña romana). A lo mejor se ha casado. Puedes encontrar la dirección en una vieja guía de teléfono... La hija se acordará de mí porque sobrevivimos a un bombardeo aéreo sobre Núremberg. Ella tenía mi edad".
El 26 de julio de 1979 Heim escribió una larga carta a Lothar Späth, ministro-presidente del land (Estado), en la que criticaba que las autoridades filtraran al semanario Der Spiegel los autos de un tribunal de Berlín. El nazi aseguraba que su estancia en Mauthausen duró siete semanas, entre octubre y noviembre de 1941, y que el proceso para embargarle un edificio de 34 apartamentos que tenía en Berlín se basaba en el testimonio de Otto Kleingünther, quien señaló que el doctor Krebsback dio en la enfermería del campo una orden, en abril o mayo de 1942, para que se pusieran a los presos inyecciones de bencina y se extrajeran órganos internos con o sin anestesia. "No puedo ser responsable de unos hechos que se produjeron en 1942... Los terribles horrores que yo habría hecho a los presos extirpando sus órganos solo pueden salir de la fantasía de un sionista fanático... La autojusticia de Wiesenthal está pagada por el lobby sionista de EE UU", decía.
La primera acusación contra Heim la formalizó este tribunal de Berlín, facultado para expropiar a viejos nazis y creado por los Aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial. Le multaron con 510.000 marcos alemanes, el valor del edificio que fue embargado, y le acusaron de haber asesinado a 300 presos durante su paso por Mauthausen. A los administradores en ausencia de esta casa el fugitivo les definía en sus cartas como "una banda muy mala tipo Far West".
La causa penal contra Heim la dirigió el comisario Aedtner, el sabueso que dedicó su vida a perseguirle. Buscó testigos en todo el mundo; entre ellos intentó localizar sin éxito a nueve ex presos españoles de los 26 que fueron operados por Heim en 1941, según consta en el libro de operaciones de la Cruz Roja. Ocho murieron en Mauthausen y Gusen, campo próximo, y cinco de ellos, en fechas próximas a la intervención. Creía que su testimonio era vital para la acusación.
El policía Aedtner localizó a los ex presos Lotter, Hohler, Kauffman, Sommer y Rieger, que describieron los crímenes de Heim sobre los que todavía se sustenta la acusación del nazi más buscado. Los cinco casos que recoge la acusación son estremecedores. El escrito del fiscal es demoledor: "Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves. También a presos sanos, jóvenes y judíos para el tratamiento especial. Bajo la cooperación de funcionarios presos (kapos) y otros ayudantes del Revier (enfermería), los anestesió con éter para simular un examen médico. En este estado de indefensión, les aplicó con sus propias manos inyecciones de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón y provocó su muerte inmediata. El número exacto de asesinados no es conocido porque se evitó registrar a las víctimas". Según el fiscal, Heim actuaba por "libre decisión" y sus operaciones "sorprendieron al personal sanitario ya acostumbrado a la inhumanidad".
En sus cartas, Heim se describe a sí mismo como una persona diferente del terrible monstruo que retratan sus víctimas, incluso como un benefactor de los judíos y los enfermos a los que atendió después de la guerra. "En nuestro club de hockey Englamann había jugadores judíos, y también el contable fue judío. Yo mismo invité a un estudiante de medicina hebreo, el doctor Robert Braun, en el verano a mi casa... Cuando tenía 10 años tocaba el violín en un concierto de la escuela musical de mi pueblo junto a una alumna judía que tocaba el piano... En la guerra ayudé a conocidos judíos en el límite de lo que me fue posible como demuestra la carta de la doctora Pauline Kachelbacher presentada en el proceso de desnazificación en 1947".
En su carta al ministro Späth, el médico de las SS llama ex criminales a los presos que le denunciaron y da una peculiar explicación sobre su fuga: "En 1962 no solo me fui al extranjero por una lesión de columna, sino porque necesitaba probar mi inocencia en caso de un proceso, por los testigos presentados contra mí (ex criminales); también por mis hijos de 6 y 12 años. Su escuela estaba junto a la prisión y el tribunal, lo que habría impedido que siguieran allí si yo me hubiera quedado".
Y concluye su misiva presentándose como un benefactor. "He perdido ocho años por la guerra y la prisión al servicio del Estado, después trabajé por una miseria en clínicas y hospitales en turnos nocturnos de ginecología, así que puedo con todo derecho sostener que he practicado cristiandad toda mi vida por el bien del prójimo".
Aribert Heim escribió desde su refugio a su amigo judío y compañero de estudios el doctor Robert Braun para que intercediera por él. Lo hizo el 26 de octubre de 1979, y le explicó por qué entró en las SS. "Al principio de 1940 tomé la decisión, tras terminar mis estudios, de ir a las SS porque podía elegir yo mismo la fecha de entrada, y el 17 de abril de 1940 empecé mi servicio". El oficial nazi describió su paso por la clínica de Oranienburg, por el campo de Buchenwal y "al final siete semanas en Mauthausen, como médico de las tropas, pero tuve que trabajar en la enfermería con los presos lo que ahora ha llegado a ser el punto central de mi vida... Después llegaron los testimonios preferentemente por parte de comunistas".
El Doctor Muerte relató a su colega los horrores que le atribuían los testigos -extirpaciones de hígados, inyecciones letales en el corazón- y apostilló: "Comprenderás que algo así sin sentido y tan bestial jamás lo habría hecho un médico". En su misiva omitió que otros doctores de las SS perpetraron crímenes similares en Maut- hausen.
Heim pidió a Braun que escribiera una carta sobre su etapa universitaria y deportiva (jugó en el equipo nacional de hockey) e incidió en que en 1938 y 1939 nunca le había visto con el uniforme negro de las SS. "A lo mejor tienes relación influyente en círculos judíos, no sionistas, que critican a Wiesenthal y me aconsejan algo que pueda serme útil. Quiero afrontarlo de modo deportivo y no rendirme. No quiero que estas acusaciones destruyan el final de mi vida. Gracias por tu ayuda. Pronto tendrás noticias de mi hermana". Braun envió una carta notarial, aunque años después matizó su apoyo a Heim.
Además de los Thyssen, el oficial de las SS pidió a su hermana Hertak que localizara al doctor Rieger, asistente sanitario en la enfermería de Mauthausen y uno de los cinco testigos que le señalaron. Lo hizo en una carta, con fecha de 26 de noviembre de 1979. "No le hagáis una oferta de dinero para no inducirle a un testimonio falso. Es el más decisivo en mi causa, decía cosas positivas, pero también negativas, especialmente las inyecciones, algo para mí totalmente nuevo y que a lo mejor pudo ser practicado después de mi estancia porque en la época de la eutanasia funcionó de manera distinta. Yo llegué a Mauthausen bien instruido desde Oranienburg, donde todo funcionaba normalmente. ¿Cómo podía yo haber hecho eso?", se preguntaba.
Las cartas del criminal nazi Heim reflejan, en ocasiones, ácidas críticas a su ex mujer e hijos por su falta de autoestima y tacañería. En especial, una de fecha 14 de agosto de 1982 que dice así: "Pido que me digas si mis cartas de otoño de 1980 han llegado o no porque te has permitido el lujo de no escribirme desde enero de 1980. Pedí también que mi familia me mandara anualmente 6.000 francos, 500 francos mensuales, y si cada miembro pusiera 125 francos cada mes, que no sería demasiado sacrificio, las transferencias anuales serían fáciles y no tendría esta preocupación... He ahorrado dinero toda mi vida para que mis hijos tengan una casa aquí (había comprado un terreno en Alejandría para construir cuatro apartamentos). No creo que sea pedir demasiado si por parte de mi familia recibo algo de lo que ahorré en Alemania".
O la misiva del 24 de diciembre de 1982: "No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos y para promover la independencia de alma y espíritu en su entorno. Sería difícil en una situación de pobreza, pero no es el caso. Al revés, la riqueza les ha seducido a vivir de manera privilegiada, ociosa, sin hacer nada. Tú decías que si hubieras sido su madre no les darías ni un céntimo... Me interesa el libro de Arthur Koestler The Thirteenth Tribe porque regalé el que tenía. Mi viejo amigo el húngaro Naghy agradecería veros. Le puedes llamar al número 8593... Feliz Año Nuevo". El libro que reclamó Heim cuestiona el origen de los judíos y asegura que descienden de los kazares, un pueblo del Cáucaso, una tesis que exponía el nazi en sus cartas.
En esa carta, el oficial de las SS preparaba la visita que su hermana Hertak le haría poco después en su refugio. El amigo Naghy no era húngaro, sino un egipcio con el que el nazi se había asociado para comprar un terreno en la playa de Alejandría. Su hijo Rüdiger lo había conocido durante las visitas secretas que había hecho a su padre en El Cairo en 1975 y en 1980. En la última, Heim había cambiado su identidad por la de Tarek Farid Husein, se había convertido al islam y trasladado a vivir al hotel Kasr el Madina de El Cairo, propiedad de la familia Doma. "Naghy te esperará. Cuando saludes, lleva un periódico en la mano derecha y así serás más visible. Sé discreta con él y no des detalles. El mejor tiempo es abril, no hay que luchar contra la nieve, el viento y el hielo" (se refería a que en otras fechas en Egipto hacía demasiado calor).
La vida de Heim en Egipto es un enigma. En sus misivas no aporta datos de sus actividades. "Lástima que no tengas una distracción que te mantenga ocupada. Yo aquí tengo tantas cosas que me interesan que si el día tuviese 28 horas no sería suficiente para hacer lo que tengo que hacer", explicaba a su hermana Hilda. "Mi padre hacía fotografías a deportistas, leía artículos de medicina, escuchaba la BBC, estudiaba árabe y reparaba las bicicletas de los Doma", asegura su hijo Rüdiger.
Las comunicaciones por carta de Heim terminaron en 1985. Desde entonces hasta 1992, fecha de su supuesta muerte, el fugitivo contactó con su hermana y su hijo a través del teléfono de Naghy, su socio egipcio. Cuando murió su hermana Hilda, los policías acudieron al cementerio. Creían que el fugitivo acudiría a despedirla. "Si quiere limpiar su conciencia, llámenos", espetó un agente a la hija de la fallecida en una llamada telefónica.
En una reciente declaración judicial, Rüdiger, el hijo menor de Heim, aseguró al juez Neerforth que su padre murió junto a él en el verano de 1992, a los 78 años, en la habitación de su hotel, en el número 414 de la calle Port Said, víctima de un cáncer de colon. Declaró que, a petición de su padre, entregó el cadáver a un hospital para donarlo a la ciencia, pero que años más tarde, al regresar a El Cairo, comprobó que ese deseo no había sido cumplido. Según su versión, no sabe en qué cementerio de anónimos fue enterrado. Rüdiger se negó a facilitar al juzgado una muestra de su propio ADN.
La justicia alemana aguarda que las autoridades egipcias respondan a una comisión rogatoria (ayuda judicial) y examina una maleta con documentos que Heim guardaba en el hotel donde vivió en El Cairo. Los Doma, dueños del establecimiento, han corroborado la versión de Rüdiger, pero el cuerpo no aparece y el misterio continúa.
"No quieren aceptar que ha muerto", se queja Rüdiger en el jardín de su casa de Baden Baden. La familia Heim, a través de un abogado, ha pedido que se cierre el caso, pero los jueces y la policía no están dispuestos a archivar la causa del nazi más buscado. Hoy tendría 95 años.

"Le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado"

"Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves", dice el escrito de acusación contra Aribert Heim del fiscal Wieser, de Baden Baden (Alemania), fechado el 11 de junio de 1979. Un documento plagado de horrores y de testimonios escalofriantes de testigos que trabajaban en la enfermería de Mauthausen: Lotter, Kaufmann, Kohler y Rieger.
La acusación fue redactada cuando el médico de las SS llevaba 17 años huido en Egipto y asegura que, entre el 8 de octubre y el 29 de noviembre de 1941, Heim ejerció como médico oficial de las SS en la enfermería del campo de concentración de Mauthausen, donde "seleccionó a presos sanos, jóvenes y judíos para tratamiento especial tanto en el campo como en la enfermería. Con la colaboración de otros funcionarios presos y ayudantes de la enfermería, los anestesió con éter y cloroformo para simular un examen médico. En este estado de desamparo les aplicó con sus propias manos una inyección de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón que tuvo el efecto esperado de la muerte inmediata de la víctima".
"Se desconoce el número exacto de los asesinados porque se evitó un registro de las víctimas... Las víctimas judías fueron holandeses en su mayoría, y su asesinato, decidido por los nazis. La capacidad corporal o una eventual enfermedad durante el trabajo no influyeron en la decisión de matarlos. El acusado habría tomado la decisión de matar presos judíos mediante inyecciones de veneno por libre decisión y bajo exclusión de cualquier obligación".
Caso número 1: "Tras la llegada de un transporte de judíos desde Holanda, el acusado eligió dos chicos jóvenes y, después de haber comprobado su dentadura perfecta, les prometió la libertad si se dejaban hacer una pequeña operación inofensiva. Fiándose de que un oficial de las SS sería fiel a su promesa, los citados se dejaron intervenir. En la sala de operaciones de la enfermería, el acusado los anestesió y abrió el tórax y el vientre para sacarles los órganos internos. Cuando la primera víctima, a la que extrajo el corazón, había muerto, hizo lo mismo con la segunda y la asesinó con una inyección letal. Después cortó la cabeza a los dos cadáveres y las quemó en el crematorio del campo para exhibirlas como pieza de exhibición".
Caso número 2: "Preso de 35 a 40 años, judío, sano... En la mesa de operaciones, el asistente sanitario colocó al joven. Cuando el preso comprendió cuál era su destino, le dijo al acusado: 'Bueno, asesino de masas, haz lo que tengas que hacer'. El acusado le golpeó con el puño, después le puso la inyección letal en el corazón y abrió el cuerpo para extraer el hígado".
Caso número 3: "Un preso judío de Praga se presentó con una hinchazón en la pierna izquierda. El acusado le dijo que le iba a operar. Cuando el hombre desnudo estuvo sobre la mesa de operaciones, le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado, el intestino y el bazo. La víctima murió sufriendo de modo atroz".
Caso número 4: "Un viejo preso judío se presentó en la enfermería con una hernia abdominal. En vez de operar la hernia, le abrió el vientre, hurgando en la cara intestinal y, mortalmente herido, lo asesinó con una inyección letal".
Caso número 5: "Un joven judío de 14 años. En la mesa de operaciones se despidió espiritualmente de su madre con las manos en posición de rezo. El acusado le había explicado por qué tenía que morir: 'Los judíos son culpables de la guerra'. Tras un intercambio de palabras, le asesinó con una inyección letal, como a otros presos hebreos que se presentaron allí que fueron igualmente asesinados".

Objetivo principal de los cazanazis

Simon Wiesenthal, preso en Mauthausen y perseguidor implacable de Aribert Heim, fue una de las obsesiones del criminal nazi, según se desprende de la lectura de las 21 cartas que envió a su familia desde su refugio secreto en El Cairo (Egipto). El médico de las SS le define como un "sionista fanático" y se queja por la atención que prestan a sus denuncias la justicia y la prensa alemana. En varias de sus misivas, Heim critica al Estado alemán y plantea posturas revisionistas. "El pueblo, el soldado, el hombre común tiene que pagar si en la guerra ha obedecido al Estado", se queja en una de ellas.
La caza de Aribert Heim ha sido una de las principales misiones del Centro Simon Wiesenthal y tras la muerte de su fundador, Efraim Zuroff, tomó el relevo en la búsqueda del fugitivo. Heim y otros relevantes nazis desaparecidos son el objetivo de la campaña Última Oportunidad, impulsada por Zuroff.
La última pista del cazanazis fue Waltraut Böser, una química de 66 años, posible hija de Heim, nacida de una relación después de casado con una atractiva mujer ya fallecida y enterrada en un cementerio austriaco. En el cuaderno de notas donde el médico de las SS anotó los nombres secretos de las personas con las que se carteó aparecen algunas citas sobre esta relación sentimental.
La supuesta hija de Heim se casó con un empresario, tiene tres hijos y reside en Puerto Montt, una ciudad de unos 200.000 habitantes situada a 1.000 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Asegura no haber tenido ninguna relación con su padre.
La reciente revelación de que el criminal nazi murió en Egipto en 1992 ha dado un vuelco a la investigación policial y judicial que ahora intenta acreditar su fallecimiento. Zuroff duda del testimonio de Rüdiger, el hijo menor del médico de las SS, que durante años le visitó en secreto y negó conocer su paradero. "Si ha mentido durante tantos años, no deberíamos creerle ahora", sostiene el cazanazis.

Colaboró con revistas científicas españolas

Aribert Heim recomendó a su hijo pequeño, Rüdiger, que estudiara en España, un país que conocía bien, a juzgar por una carta enviada a este desde su refugio en El Cairo (Egipto), el 31 de diciembre de 1985. El joven había estudiado en Pisa (Italia), pero dejó sus estudios y se instaló en Copenhague en 1979, donde montó un restaurante de éxito. En 1984 dejó Dinamarca y pensó en instalarse en España. "Puedo facilitarte información sobre España y te aconsejo que compres allí una segunda vivienda porque puedes sentirte como en tu casa de verdad a causa de los turistas y por la hospitalidad del país, que sabe también apreciar el dinero. Las relaciones interesantes se hacen con personas de educación académica y por eso podrías estudiar en España para lograr ser apreciado como tal. No olvides los estudios de economía nacional que podrías también hacer en Berlín o en otra parte en caso de que encuentres dificultades en España para que te acepten. En verano podías empezar los estudios aunque solo sea para mejorar el idioma como ya hacías en Italia". Heim conocía España. Cuando se fugó en 1962 salió en coche de su casa en Baden Baden (Alemania), atravesó Francia y recaló en Barcelona, donde permaneció varios días. Frecuentaba el restaurante Los Caracoles, que recomendó a su hijo años después, y paseó por las Ramblas. El médico de las SS tuvo contactos profesionales durante su época de ginecólogo con el doctor español V. Salvatierra, profesor adjunto de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de Valencia, según se desprende de un tarjetón de agradecimiento enviado por este último en julio de 1954. Al parecer, Heim colaboró entonces con revistas científicas españolas. La carta del fugitivo a su hijo terminaba con consejos muy personales: "Lleva una vida higiénica, y en nuevos encuentros utiliza un preservativo porque el sida puede ser transmitido por todos. Mejor una buena cena que una alianza incierta. Buen fin de año y saludos a todos". "Fue la última carta que me escribió. A partir de entonces, los contactos fueron por teléfono y personales cuando acudí a verle y en los últimos días de su vida en el verano de 1992", asegura su hijo en su casa de Baden Baden.
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En defensa de los cristianos

Mientras el antisemitismo es considerado un delito y los prejuicios antiárabes o antigitanos son estigmatizados, la violenta fobia anticristiana que recorre el mundo no parece tener ninguna respuesta

BERNARD-HENRI LÉVY
En: Domingo. Madrid: 21 de noviembre de 2010. www.elpais.com

Las hijas de Asia Bibi, cristiana paquistaní sentenciada a muerte por blasfemia
Las hijas de Asia Bibi, cristiana paquistaní sentenciada a muerte por blasfemia.- REUTERS.
Recientemente, durante una entrevista para la agencia EFE, declaré que los cristianos forman hoy, a escala planetaria, la comunidad más violenta e impunemente perseguida.
La Junta de Eritrea ha prometido una "purga" entre los evangélicos y asegura que se librará de ellos antes de Navidad
En Cuba, en Corea del Norte, o en China, los fieles son humillados o recluidos en campos de concentración
El comentario sorprendió.
Incluso provocó cierto revuelo aquí y allá.
Y sin embargo...
Fíjense en esos paquistaníes que, como Asia Bibi, son condenados a la horca en virtud de una ley antiblasfemia que nadie piensa seriamente en abolir.
Fíjense en los últimos católicos de Irán, que, pese a las negativas del régimen y a la acogida de la que ha sido objeto estos últimos días el cardenal Jean-Louis Tauran, en Teherán y Qom, en la práctica, tienen prohibido practicar su culto.
Gaza, por supuesto; y, por desgracia, también la Palestina de Mahmud Abbas, donde esta misma semana han encarcelado a un joven internauta, Waleed al-Husseini, hijo de un peluquero de Kalkilyia cuyo único crimen fue el de haberse permitido criticar el islam en su blog y evocar el cristianismo sin desacreditarlo.
Y Sudán. Aún oigo cómo John Garang me explicaba, cinco años antes de su muerte, en Juba, la interminable guerra de exterminio que libran los islamistas del Norte contra los cristianos del Sur. Hace algunos días, monseñor Gabriel Zubeir Wako, cardenal arzobispo de Jartum, estuvo a punto de ser asesinado durante una misa al aire libre que presidía en esa ciudad.
Esos cristianos evangélicos de Eritrea, pobres entre los pobres, pero a quienes la Junta ha acusado de preparar un golpe de Estado para, a continuación, prometer una "purga" y que el país se verá libre de ellos antes de Navidad.
Esos sacerdotes católicos que, como le sucediera este 8 de noviembre al padre Christian Bakulene, cura de la parroquia católica de Kanyabayonga, en la República Democrática del Congo, son abatidos a la puerta de sus iglesias por unos hombres de uniforme a los que el mismo fantasma conspiratorio volvió locos.
La fobia anticristiana orquestada en Delhi por los fundamentalistas hindúes del VHP. Y en todos los regímenes totalitarios que aún se mantienen en pie: en Cuba, en Corea del Norte, en China, los fieles humillados, recluidos o internados en campos de concentración.
La suerte de los cristianos de Argelia, que la hermosa película de Xavier Beauvois ha sabido devolver a la actualidad.
La de los coptos en un Egipto en el que, se diga lo que se diga, el islam sigue siendo una religión de Estado.
Por no hablar del atentado perpetrado el 31 de octubre en Bagdad por un comando de Al Qaeda que tomó al asalto la catedral de Nuestra Señora del Socorro -Sayida An Nayá- y mató a 44 fieles, la mayoría mujeres y niños.
Sé bien que, en la mayoría de los países que menciono, la suerte de los judíos se decidió hace mucho tiempo y que si los matan menos es porque ya no quedan.
Y, evidentemente, no hay que contar conmigo para bajar ni por un segundo la guardia ante cualquier manifestación de un antisemitismo que, pese a todo, siempre encuentra la manera de volver a levantar cabeza, de metamorfosearse alegremente y de cobrar la forma, principalmente, de un antisemitismo sin judíos, pero que reconoce en Israel al mismísimo diablo. Y tampoco seré yo quien encuentre circunstancias atenuantes (crisis, paro, búsqueda clásica de chivos expiatorios...) para el recrudecimiento de los brotes racistas que en las democracias europeas, e incluso en Estados Unidos, tienen como blanco aquí a las minorías de origen árabe, allá a los turcos y acullá a los gitanos.
Pero digo simplemente que, gracias al cielo, en nuestro entorno, el antisemitismo ha terminado siendo un crimen designado como tal, debidamente clasificado y castigado.
Digo que, afortunadamente, los prejuicios antiárabes, o antigitanos, son estigmatizados por organizaciones como SOS Racismo, que tengo el orgullo de haber contribuido a fundar hace 25 años, junto con Coluche, Simone Signoret y otros.
Y afirmo, en cambio, que, frente a estas persecuciones masivas de cristianos, frente al escándalo, por ejemplo, en Argelia, de las mujeres cabileñas y cristianas casadas por la fuerza o encarceladas, frente a la eliminación lenta, pero segura, de los últimos vestigios -Benedicto XVI ha dicho, tomando prestada la palabra de la Biblia judía, "los últimos restos"- de esas iglesias cristianas de Oriente que tanto aportaron a la riqueza espiritual de la humanidad, ya no hay nadie.
Así que una cosa o la otra.
O nos adherimos a la doctrina criminal y loca de la competición de víctimas (cada uno, sus muertos; cada uno, su memoria, y entre unos y otras, la guerra de los muertos y las memorias) y solo nos preocupamos de las "nuestras".
O nos negamos a creer en ella (sabemos que en un corazón hay bastante espacio para varias compasiones, varios duelos, solidaridades diversas y no menos fraternas) y denunciamos con la misma energía, iba a decir la misma fe, ese odio planetario, esa oleada de fondo asesino, del que los cristianos son víctimas; unos cristianos cuyo antiguo estatus de representantes de la religión dominante o, en todo caso, más poderosa impide, también, que nos percatemos de su persecución.
¿Permiso para matar cuando se trata de los fieles del Papa alemán? ¿Permiso, en nombre de otra guerra de civilizaciones no menos odiosa que la primera para oprimir, humillar, torturar? Pues no. Hoy, hay que defender a los cristianos.
Traducción de José Luis Sánchez-Silva.
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La rebelión de las clases medias

LLUÍS BASSETS
En: Domingo. Madrid: 21 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Hay una rebelión en marcha. De las clases medias contra los poderes establecidos. Su enemigo es el nuevo mundo incubado por la globalización, que acaba de romper la cáscara con la crisis económica. La caída de rentas, el desempleo, la pérdida de ventajas sociales y el horizonte de un bienestar decreciente que sufren europeos y norteamericanos se corresponde con la aparición de unas nuevas clases medias globales en los países emergentes, con una voracidad consumidora y una actitud ante el futuro tan ambiciosa como sus homólogas occidentales en el momento de su ascensión.
El desplazamiento del centro de gravedad del planeta transfiere poder económico y político, pero también capacidad para imponer pautas y valores. Las clases medias chinas están más ocupadas en el glorioso enriquecimiento que les prometió Deng Xiaoping que en la defensa de los derechos humanos y las libertades públicas. Las de los países islámicos, incluidas democracias como Indonesia y Turquía, sienten más preocupación por la llamada difamación de la religión, que identifican con la libertad de expresión occidental, que con la discriminación, e incluso, el maltrato de la mujer que todavía practican en sus familias patriarcales, apoyándose en muchas ocasiones en textos religiosos.
Ya no cuenta aquella clase obrera que inspiró a Marx. Las clases medias urbanas son ahora los sujetos de la historia. Los regímenes que quieren asegurar su estabilidad se basan en un pacto que garantiza la prosperidad de estas clases que ahora marcan el paso del mundo. Este pacto se está agrietando en las sociedades europeas y norteamericana, donde los partidos e ideologías que lo han cementado durante los últimos 60 años no consiguen hacer pasar sus mensajes y encuadrar a sus antiguas clientelas. Lo expresa el populismo rampante, que se moviliza en la contención de la inmigración, la lucha ideológica contra el islam y la protesta contra los partidos e instituciones que hasta hace bien poco habían asegurado la prosperidad y el futuro.
Las clases medias occidentales se rebelan contra una pérdida de poder que sufren directamente. Pero su actitud tiene algo de suicida. No quieren inmigrantes, cuando necesitan mano de obra cualificada y abundante para asegurar el futuro de sus economías y sistemas sociales. No quieren musulmanes, cuando la única posibilidad de organizar sociedades plurales en paz y democracia es aislar a los violentos y a los ultras de la gran masa de creyentes. No tienen apego a lo público, cuando han sido el mercado y la desregulación los que las han dejado a la intemperie. En Europa reniegan de la unidad europea y en Estados Unidos coquetean con el aislacionismo o el belicismo, pero su única salida es una fuerte alianza transatlántica que compense el naciente desequilibrio del mundo sin caer en una nueva guerra fría.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El gran autor ruso (1828-1910): Los últimos días de Tolstoi

El gran autor ruso (1828-1910):Los últimos días de Tolstoi
A cien años de su muerte, reediciones, películas y homenajes giran en torno a León Tolstoi, uno de los mayores escritores de la literatura universal y de quien otro gran escritor ruso, Isaak Babel, dijo: "Si el mundo en persona supiera escribir, escribiría como Tolstoi".  

Patricio Tapia 
En la pieza del jefe de la remota estación ferroviaria de Astápovo, en la estepa rusa, un hombre está muriendo. Tiene neumonía y más de ochenta años. Unos días antes se ha escapado en secreto de su hacienda al sur de Moscú y su desaparición ha generado preocupación nacional, pues es una suerte de leyenda viviente, el hombre más famoso de Rusia: un escritor que ha devenido en gurú religioso, con discípulos y doctrina. Se llama León Tolstoi.
Mientras agoniza ha llegado su esposa, Sofía, pero no la dejan entrar y sólo puede verlo por la ventana. También llegan batallones de periodistas, emisarios de la Rusia central, espías de la policía, sus seguidores y su familia. De hecho, el libro "The Death of Tolstoi", de William Nickell, quien ha revisado la prensa, los miles de telegramas y otra documentación, plantea el episodio como el primer gran evento "en directo" de los medios masivos modernos. Todo el mundo está al tanto, el mismo Zar ha pedido que se le informe cada hora lo que ocurre, y a cada momento hay reportes telegráficos con la temperatura y pulso del escritor.
De la fama a la fuga
Hay quienes podrían ver esto como el final apropiado de un aristócrata enloquecido retornando a un cristianismo primitivo, asociado al vegetarianismo, el rechazo de la propiedad privada, la abstinencia sexual y el pacifismo. Respecto de todo lo cual había actuado concienzudamente en contrario antes: se entregó al juego, la guerra (participó como militar en el Cáucaso y en Crimea), los amores nada platónicos (fue amante de gitanas y prostitutas y luego padre de 13 hijos). Y a pesar de vestir como campesino y pregonar la pobreza, seguía siendo propietario de una gran hacienda con siervos: Yásnaia Poliana. Pero, ¿por qué abandonó su casa y a su mujer con quien compartió la vida por 48 años?
Si todas las familias felices se asemejan y las infelices lo son cada una a su modo -según la célebre frase inicial de "Anna Karenina", una de las grandes novelas del escritor-, la infelicidad de los Tolstoi tenía rasgos muy propios. Cuando Tolstoi, de 24 años, publicó "Infancia" -la memoria novelada que lo hizo célebre-, en 1852, la que sería su mujer, Sofía, tenía 8 años de edad. Y 18 años cuando Tolstoi se casó con ella, en 1862. Ella le dio 13 hijos y le ayudó con sus libros (más de una vez transcribiéndolos enteros). Pero su relación se fue deteriorando con los años, sobre todo, por el brusco giro de Tolstoi hacia la religión y el anarquismo y el conjunto de seguidores que llega a su lado y a su casa. Tolstoi amenazaba con entregar todas sus propiedades, incluso los derechos de sus obras, al pueblo ruso, y Sofía quiere asegurarlos para ella y sus hijos. Ella se sentía rodeada por una banda de lunáticos que de lo único que hablaban era del celibato, el vegetarianismo y la resistencia política.
Vivir y morir
Después de finalizar "Anna Karenina" (1877), Tolstoi sufre una crisis espiritual y una profunda depresión. Busca encontrar sentido a su vida y decide buscarlo en las fuentes originales del cristianismo: su interpretación de las enseñanzas de Jesús lo llevaron a ser un anarquista y pacifista, que radicaliza sus posturas, atacando instituciones (el Estado, el Ejército y la Iglesia) en libros como "El reino de Dios está en vosotros" (1890-1893) y que lo llevaron a ser excomulgado de la Iglesia ortodoxa en 1901. Ahora bien, sus ideas de resistencia no violenta influyeron en figuras como Gandhi, con quien mantuvo una correspondencia entre 1909 y 1910 (las cartas se incluyen en la edición de "El reino de Dios está en vosotros", por primera vez traducido directamente desde el ruso).
Unos meses antes del escape de Tolstoi, los celos de su esposa hacia el discípulo de éste, Vladimir Chertov, se habían convertido en delirio, con la creencia de que escritor y discípulo mantenían una relación homosexual (los espiaba con binoculares) y con intentos o amenazas de suicidio de parte de ella. La inclinación a leer novelas en clave biográfica ha llevado a considerar a algunos personajes de "Anna Karenina" como trasuntos de Tolstoi. Pero, visto lo anterior, ni Levin ni Vronsky parecen del todo adecuados. En todo caso, una de las escenas del libro recuerda la vida de Tolstoi en su etapa tardía: aquella pelea final entre Vronsky y Anna antes de que ella se suicide lanzándose debajo de un tren.
En castellano se ha traducido casi todo Tolstoi (su obra completa está en 90 tomos), pero no su palabra viva, en conversaciones y entrevistas (que el mexicano Jorge Bustamante ha empezado a rescatar). En una entrevista de 1904, Tolstoi explica por qué no aceptó participar en los funerales de Chéjov: "La muerte es un acontecimiento tan importante que, al contemplarla, pensamos ya no 'cómo vivió' la persona, sino 'cómo murió'". En el caso de Tolstoi, cómo murió lleva a pensar en cómo vivió.
 Otras novedades editoriales sobre Tolstoi El centenario de la muerte de Tolstoi ha generado varios libros en torno a él, su círculo o sus obras. Por ejemplo, ha aparecido una biografía: "Sophia Tolstoy" (Free Press, 2010, 354 páginas), de Alexandra Popoff, en que culpa de la mala prensa de la esposa de Tolstoi a Chertov. La mayor novedad del libro es que su autora tuvo acceso a ciertos materiales inéditos, incluyendo una memoria e incontables cartas que habían permanecido guardadas en Moscú.
En cuanto a obras, se publicó un libro infantil, "Karma" (Gadir, 2010, 64 páginas): un cuento popular de la India del que Tolstoi hace una versión. Pandu, un joyero rico, viaja a Benarés y tropieza con otros personajes; con unos será amable y con otros no. En el centro está la idea de que el destino de cada cual es consecuencia de sus actos anteriores. La edición española está ilustrada con acuarelas de Esther Saura. Y del período que Tolstoi pasó en el Cáucaso extrajo inspiración para obras como "Hadji Murad", el rebelde que lucha en contra y luego con los rusos. El relato cuenta con una versión editada en Chile: "Hadzi Murat" (LOM, 2006), además de la española publicada junto a "La muerte de Iván Illich": "Hadyi Murad" (Alianza, 2009). La traducción no sólo cambia las transliteraciones de los nombres. La descripción de una flor en la versión de López-Morillas para Alianza: "margaritas arrogantes de un blanco lechoso, con su botón amarillo claro, de esas 'me quieres no me quieres', de olor picante a fruta pasada", se transforma en la de LOM (que no señala traductor) en: "margaritas de un color blanco cremoso y corazón de un amarillo intenso".
La guerra y la paz conyugales En el entorno de Tolstoi, todo el mundo llevaba diarios: no sólo los voluminosos del propio novelista, sino también su doctor, su secretario, sus discípulos, sus hijos y su esposa, Sofía. El escritor estadounidense Jay Parini (nacido en 1948), poeta, crítico, narrador, autor también de tres biografías literarias de importantes escritores (John Steinbeck, Robert Frost y William Faulkner), se sirvió de toda esa documentación para escribir la celebrada "La última estación" (1990), una novela sobre el último año en la vida de Tolstoi y en la que se basó la película del mismo nombre, protagonizada por Christopher Plummer y Helen Mirren. El nudo del libro y de la película es el conflicto entre Sofía, que se ha vuelto ferozmente posesiva respecto de su marido y Chertov, el discípulo inflexible, decidido a hacerse cargo de su legado. Para Sofía, Chertov es un tonto y un revolucionario peligroso; para él, ella es una histérica. El resto de los personajes se encuentran en medio de esta lucha, e incluso los hijos de Tolstoi toman partido por uno u otro. Destaca también Valentin Bulgakov, quien reemplaza a Chertov como secretario de Tolstoi cuando aquél es arrestado por la policía zarista. No hay un solo narrador, sino diversas perspectivas: cada personaje presenta en primera persona su visión de los hechos. En el retrato de Parini, Tolstoi no figura, al menos explícitamente, atravesado por los rabiosos conflictos -religiosos, sexuales y filosóficos- que animaron la parte final de su vida: mientras los otros personajes están discutiendo o intrigando, él está solo en su estudio, reflexionando sobre la fe y la justicia o escribiendo cartas a George Bernard Shaw o Gandhi sobre el amor y el mal.
-¿Por qué decidió escribir una novela sobre Tolstoi y no una biografía?
"Pensé que sería posible meterse bajo la piel de los personajes al escribir una novela, imaginar -por ejemplo- cómo sería ser realmente la condesa Tolstoi en esa situación tan incómoda. Como un biógrafo convencional se podría decir: 'Sofía Tolstoi se lanzó en una laguna, un día'. En una novela se puede internar en su mente, imaginar lo que en realidad, emocionalmente, le estaba sucediendo a ella".
-¿Que casi todos escribieran diarios era una característica rusa o de la familia Tolstoi?
"Los diarios fueron muy comunes en el siglo diecinueve, pero el círculo de Tolstoi fue especialmente devoto de la práctica de llevar un diario".
-En el fuego cruzado entre la esposa y el discípulo de Tolstoi, incluso los hijos de éste toman bandos distintos. ¿Considera alguno de ellos más razonable?
"Para mí mismo, más o menos creía que el punto de vista de Sofía Tolstoi era más defendible que el de su marido. ¿Por qué debería ella dejarlo todo? Luego, por otra parte, puedo entender las ideas de Tolstoi, como ideas abstractas sobre la diseminación de la riqueza".
-Su Tolstoi parece más calmado y contemplativo que lo que ciertas biografías insinúan con los conflictos del final de su vida...
"No sé. En realidad, intenté sugerir que Tolstoi estaba en medio de la turbación".
El libro
"La última estación en la vida de Tolstoi", traducido por José Manuel Álvarez Flores, en Editorial Península, 1995 y ahora en RBA, 2010.
La película
"The Last Station", 2009, dirigida por Michael Hofman y protagonizada por Christopher Plummer y Helen Mirren. DVD disponible en Chile en Bazuca.com
 

En busca de Bolívar

RICARDO CHICA GELIZ

Zenia Valdelamar.

Foto: Zenia Valdelamar.
Vale veinte mil pesos y lo venden en el Éxito. Pienso que todos debemos leer el ensayo de William Ospina, para que el desafío nos quede bien claro: por dónde comenzar de nuevo. Tenemos que rehacer a Cartagena entre todos. “Entre todos” es, de por sí, un propósito descomunal porque, en nuestra ciudad, no somos iguales.
Conozco bien a cartageneros y cartageneras que están íntimamente convencidos de que valen más que el resto. Y, por otro lado, y quizás peor, conozco a bastantes locales sumidos en el complejo de inferioridad más hediondo y humillante. Muy cómodos todos.
Es urgente. Hay que leer “En busca de Bolívar” porque tenemos que ordenar la memoria acerca de nosotros mismos y, dicho ensayo, lo hace de una manera próxima, sincera y sin hacernos perder el tiempo en pendejadas. Va al grano. ¿Cómo se apropió Simón Bolívar de la modernidad? Bien, ¿Y qué es la modernidad? Se trata de un tema medular que se debe estudiar en colegios desde la primaria, desde múltiples enfoques.
Para esta ocasión, precisaré una distinción útil entre modernidad y modernismo, de la mano de Daniel Pécaut: Modernidad aludiría a “la transformación de la percepción del mundo y de la historia, que hace al hombre imponer a la naturaleza sus categorías de conocimiento y sus técnicas transformadoras, haciéndole ver en la historia un proceso de autoconstitución permanente de normas y de significaciones sociales (…) implica la secularización, la racionalización y (…) la indeterminación en la opción frente a los valores últimos”.
Modernización sería el “proceso de cambio en las formas de producción, de consumo, de modos de vida etc., fenómenos empíricos que no se insertan necesariamente en un conjunto articulado y significativo que implique la presencia de un ‘proyecto emancipador’”. O, como diría el maestro William Ospina, a Colombia llegaron los carros, pero no las carreteras.
¿Cómo fue que nos apropiamos de la modernidad (o no) en lo que hoy conocemos como Colombia? Ideas revolucionarias que llegaron de Europa cabalgando sobre un optimismo soberbio, del cual bebieron hombres y mujeres del continente americano, como en el caso de Bolívar. Es que se trata de ideas muy poderosas (hasta peligrosas) si calan en lo más profundo de la conciencia de la gente. Es por eso que siempre he creído que nada más temible para el statu quo que un negro que escriba bien, que lea bien. Es allí donde vive la autoconstitución, la emancipación, el poder de dudar. De preguntar: ¿Y es que las cosas tienen que ser así?
Liberado el territorio, esas ideas tan locas (por ejemplo, la de que todos somos iguales) fueron controladas a través de filtros aplicados, principalmente, en la escuela. Los filtros, en general, fueron tres al decir de los investigadores Javier Sáenz, Óscar Saldarriaga y Armando Ospina. Uno. Una profunda desconfianza en el pueblo: “al cual se consideraba una raza enferma, pasional, primitiva y violenta”. Dos. Desconfianza en el individuo. La idea era “formar individuos autónomos y con iniciativa para la producción de riqueza y progreso material, sin llegar a destapar la caja de Pandora de las emociones y la fantasía, que harían peligrar el orden social, económico o político”. Tres. Censura eclesiástica, “o autocensura, ante la autoridad de ésta, manifestada en la condena de teorías y prácticas que contrariaran los dogmas defendidos por la Iglesia católica”. A mi me da la impresión de que estos tres filtros, aplicados concientemente por la élite nacional, desde fines del siglo XIX, están más vigentes que nunca, sin importar la naturaleza de la constitución del 91.
Por eso es tan importante saber ubicarnos en el debate e involucrar, especialmente, a los niños, niñas y jóvenes. Por eso es tan importante obtener pistas de cómo se apropió de la modernidad un tipo como Bolívar –en su momento y contexto- y saber, además, porqué le tocó a él la titánica tarea de liberar las cinco repúblicas. Y saber, también, qué tenemos que ver nosotros con eso. Cuando digo “nosotros” me refiero a los que pujamos por un cupo en la universidad pública, a los que el día veinte del mes se nos acaba el mercado, a los que cuidamos las relaciones para que nos salga el contrato, a los que nos estamos dejando imponer la abnegación por la valentía de pensar distinto y cambiar. Sospecho que por eso el libro es tan barato. Ahora es cuestión de leer, preguntar y seguir leyendo.
ricardo_chica@hotmail.com
TOMADO DE: http://www.eluniversal.com.co/suplementos/dominical/en-busca-de-bolivar

La retórica en el túnel del tiempo

Por Javier Ferreira Ospino*

Aunque la voz retórica suele emplearse peyorativamente en nuestro tiempo, y pareciera indicar eventos comunicativos negativos, lo cierto es que este tipo de términos terminan siendo lugares de muchas significaciones que van alterándose con el tiempo.

Para hacer con justicia, claridad con esta expresión y así entender el significado, su transformación, en lo que comúnmente se conoce en nuestro tiempo como: ‘Discurso’, necesariamente tendríamos que volver nuestra atención hacia el pasado.

Recordaríamos el Tratado de la Retórica, de Aristóteles, en donde entiende la misma como: “La facultad de considerar en cada caso lo que cabe de percudir, y que tenía por finalidad persuadir por medio del lenguaje, para lo cual han de ser construidos discursos que, por sus características, pueden cumplir ese objetivo”. Es decir, que su finalidad se centraba en la facultad de un anunciador en una teoría del discurso.

En este arte, como en el discurso, eran identificables tres componentes: 1- el que habla, 2- aquello de lo que habla, y 3- aquel a quien habla. Estaba organizada en cinco fases de producción, que quien dirigía el discurso debía esforzarse por perfeccionar.

Ellas eran secuencialmente: la Inventio, o capacidad de invención o descubrimiento; la dispositio, o capacidad de disposición; la elocutio, o capacidad de elocuencia; la memoratio, la capacidad de memoria, y la action, capacidad de dicción.

La perfección del arte de la retórica, ya convertida en una enseñanza oficial en el imperio romano, se le debe a un reconocido abogado de nombre Marcus Fabius Quintillianus, quien hizo famosa por su práctica la escuela pública de la retórica.

Se cuenta entre sus aportes publicados en la obra De institutione oratoria el hecho que el hablante, ya sea en público o en privado, concurrido o solitario, en una ciudad extraña o en su patria, tenga en cuenta que cada cosa requiere su estilo, y su modo particular de hablar; sin olvidar que quien dirige el discurso tenga como regla las cosas que convienen y que estén bien según las circunstancias.

En el mundo latino se observa un íntimo vínculo de la retórica con el discurso moral. Al respecto, otros maestros de la retórica como San Agustín reiteraban que el hombre que tiene conocimientos de las virtudes –justicia, fortaleza, templanza, piedad– organizara de tal forma su discurrir que su hablar será vivencia de lo que conoce. El comienzo del mundo moderno, y en especial el racionalismo mecanicista de Descartes hicieron evidente la crisis de la retórica, abusada en las explicaciones teológicas de la escolástica medieval.

LA NUEVA RETÓRICA. Con el tiempo, Viehiweg y Perelman, entre otros, han recuperado este arte bajo el nombre de la nueva retórica, con la finalidad de establecer criterios razonables en las situaciones de decisión, motivación y persuasión.

Esta perspectiva de la retórica, ahora asimilada como argumentación, y para algunos como discurso, asimila la inventio, como la identificación de los esquemas argumentativos de la técnica de argumentación o taxonomía discursiva, empleada en el discurso publicitario o poético; la dispositio, entendida en el presente como la separación entre sintaxis y semántica, es hoy el carácter y el orden del discurso: la elocutio, han pasado a transformarse en las figuras empleadas en el discurso, tales como metonimia, sinécdoque y metáfora; la memoratio ha dado lugar a una hermenéutica de las imágenes en la que el orador recrea las cosas, según el contexto.

En el presente, el discurso está referido a los géneros: literario, en donde la libertad de quien se expresa es interpretada desde las múltiples visiones de mundo de sus lectores; cotidiano, que reduce la voz del sujeto, para dar cabida a las voces comunes de los otros, y técnico científico, que se afirma en la recreación y divulgación del conocimiento.

En el contexto discursivo, las recreaciones que se hacen de las realidades provenientes de los mitos y creencias culturales configuran en mayor proporción los elementos característicos del discurso literario, que son fáciles de identificar en la obra de García Márquez. Todo esto nos indica que el discurso ha pasado a considerarse una práctica social, creadora de vida y de mágico realismo.

*Filósofo, con maestría en hermenéutica y doctorante en sociología jurídica.

El derecho a canibalizar la vida de los demás

ANDRÉS BARBA
En: Babelia. Madrid: 13 de noviembre de 2010. www.elpais.com

Maupassant
Guy de Maupassant (1850-1893).-
En un artículo publicado por Maupassant en junio de 1883 en Gil Blas, inédito hasta hoy en español y recientemente recuperado en una antología de textos, se comenta cierta cuestión que, casi ciento cincuenta años después, no sólo no ha perdido su vigencia sino que parece haber sido escrita al hilo de los acontecimientos más recientes. El diario alemán Bild destapaba el caso haciendo saber que a uno de los mineros chilenos se le había hecho llegar (cuando aún estaba bajo tierra) un contrato por valor de 40.000 dólares a cambio de la exclusividad de sus declaraciones durante 72 horas. La cultura, dice Maupassant, como no podía ser de otra forma, siempre se ha alimentado caníbalmente de las vidas ajenas. Y no digamos los medios. Nuestra fascinación por el biopic, por los poemas (un tanto chuscos) y póstumos de Marilyn, por la confesión, nuestra sed de intimidad ajena, de secreto ajeno, del porno ajeno, pone de manifiesto dos cuestiones claras y en cierto modo contrapuestas; por un lado, que todos nos sentimos con derecho a juzgar y, por otro, que nadie parece saber vivir a derechas su propia vida y necesita devorar cómo otras personas, en el cerco privado de su intimidad, han resuelto lo que no hemos sabido resolver nosotros; el amor, la enfermedad, la soledad o la muerte. Más aún si esas personas han tenido una dimensión pública. Y más aún si se han demostrado poco solventes en esas lides.
Es curioso que Maupassant abogue tan sanamente por el derecho al canibalismo de la cultura. El artista tiene derecho a servirse de todo, a canibalizarlo todo. Cosa muy distinta es que tenga derecho a juzgarlo todo. Misterioso resulta también comprobar que la tan pintoneada sociedad laica, lejos de liberalizar los juicios, los haya promovido con tanta furia. Parece un contrasentido que cuanto más laicos nos hemos vuelto, más se haya desarrollado en nosotros, como sociedad y en todas sus manifestaciones (política, cultural y mediática), una vena moralista. Y como cada vez nos sentimos más acogotados entre lo que es conveniente y no decir, cada vez nos sentimos con más derecho a lapidar en la plaza pública a quien no ha dicho lo conveniente o a quien se ha reído de lo que no debía. "El día que sea posible representar en escena a un obrero deshonesto el teatro francés habrá demostrado su mayoría de edad", escribió Flaubert a Colette. Tanto se podría decir del cine español. El día en el que un artista español no tenga miedo de crear un personaje femenino que haya sufrido maltrato de género y sea, a la vez, una mala persona, habremos dado un paso de gigante, ya no estaremos representando discursos, sino personas. Canibalicemos pues la vida ajena como artistas, pero sin juzgarla, como exige Maupassant, y sin hacer entrar en nuestros libros la realidad a patadas en tres tópicos maltrechos. El canibalismo, tratado así, bien puede convertirse en una de las bellas artes.
Sobre el derecho del escritor a canibalizar la vida de los demás. Guy de Maupassant. Traducción y edición de Antonio Álvarez de la Rosa. El Olivo Azul. Córdoba, 2010. 184 páginas. 17,95 euros. Andrés Barba (Madrid, 1975) ha publicado recientemente la novela Agosto, octubre (Anagrama. Barcelona, 2010. 152 páginas. 15 euros)

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Poesía

El Cielo y la Tierra

JESÚS AGUADO
En: Babelia.  Madrid: 13 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Pintura de la dinastía Jin
Pintura de la dinastía Jin (años 265 a 420).- Corbis
Lu Ji (261-303), general y poeta en la China de la dinastía Jin, invita en los 262 versos de su Wen Fu a atrapar el Cielo y la Tierra en una jaula, a transformar la emoción en luz, a provocar diluvios en el corazón o a convertirse uno mismo en palabras. Hermosas metáforas puestas al servicio de un texto unitario y preciso que desarrolla por primera vez en China los conceptos de creación poética y de crítica literaria, y que, más atento a la razón natural de las cosas y a la relación orgánica que entretejen unas con otras, se atreve a hacerlo liberándolos de sus obligaciones políticas y morales. En este breve tratado de raíz taoísta a Lu Ji le da tiempo a reflexionar sobre los aspectos psicológicos y mentales del poeta, el origen y el fin de la escritura, los complejos contrapesos a los que se someten mutuamente el pensamiento y el lenguaje, aspectos técnicos como la musicalidad, el orden, la proporción, la rima, el tono o la claridad, la originalidad (sobre la falta de originalidad tiene un par de versos muy hermosos: "Puede ser que la flecha haya alcanzado tu corazón, pero también hirió a otros antes que a ti"), el lugar que deben ocupar los genios de la antigüedad, o las que denomina cinco imperfecciones. Los seres, que se diluyen en lo informe, necesitan, para adquirir una forma, del poeta, que usará en su tarea látigos, cañas de pescar, hachas, arcos y flechas, balanzas de precisión, escuadras y compases (cualquier material será válido con tal de que puedan llegar a contemplarse a sí mismos gracias a la mediación de la poesía), pero que sobre todo usará el vacío, esa cualidad que comparten la mente y el universo. En este punto la Literatura, tal y como la entiende Lu Ji, y el Tao parecen confundirse, algo que le da a la primera una consistencia cosmológica y soteriológica que la faculta para sostener toda una civilización. Gracias a la extraordinaria edición de Pilar González España, que prologa, anota minuciosamente, reflexiona con gran conocimiento sobre la época y el autor y traduce en un castellano de gran belleza, por fin podemos disponer en versión directa de una de las tres obras maestras de estética de la antigüedad china. Como de otra de ellas (El corazón de la literatura y el cincelado de dragones, Liu Xie, traducción de Alicia Relinque, Comares, 1995) también existe versión española, sólo nos falta la tercera, Las 24 categorías de poesía, de Si Kongtu.

Wen Fu. Prosopoema del arte de la escritura

Lu Ji. Edición y traducción de
Pilar González España
Cátedra. Madrid, 2010
206 páginas, 10 euros
Lu Ji (261-303), general y poeta en la China de la dinastía Jin, invita en los 262 versos de su Wen Fu a atrapar el Cielo y la Tierra en una jaula, a transformar la emoción en luz, a provocar diluvios en el corazón o a convertirse uno mismo en palabras.

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Denise Affonço

"Si nadie habla, nadie recuerda"

CARLES GELI
En: Babelia. Madrid: 13 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Denise Affonço
Denise Affonço, fotografiada a finales de octubre en Barcelona.- Marcel-Lí Sàenz
La autora camboyana de origen francés narra su estremecedor testimonio de sobreviviente del régimen de Pol Pot. "Mi exorcismo fue escribir el libro", afirma. "Los jemeres rojos fueron más astutos que los nazis"
Increíble: aún puede sonreír; es casi una mueca tras lo que se intuye un gran esfuerzo cortés. Pero lo hace, a pesar de tres años y ocho meses de haber estado en campos de trabajo, de haber perdido ahí a su hija de ocho años, a su cuñada y a sus cuatro hijas y, por el camino, a su esposo; de habérsele prohibido, literalmente, reír y llorar, de dejarla sin comida ni ropa, de tener que alimentarse de granos de sal, de saltamontes, cucarachas y ratas; de separarla de su hijo de 10 años, trabajador forzoso; de encajar la disentería y el paludismo quedándose en apenas 30 kilos... Sí, Denise Affonço (Phnom Penh, Camboya, 1944) se esfuerza para explicar cómo sobrevivió al suplicio de Pol Pot y su dictadura maoísta, que se llevó por delante a unos dos millones de camboyanos entre abril de 1975 y enero de 1979, o sea, una cuarta parte de la población. Lo cuenta en El infierno de los jemeres rojos (Libros del Asteroide), que hay que leer con pausas para coger aire ante uno de los testimonios literarios más punzantes sobre la crueldad del ser humano.
Foto

Primeras páginas de 'El infierno de los jemeres rojos', de Denise Affónço.

DOCUMENTO (PDF - 57,86Kb) - 10-11-2010

Primeras páginas de 'El infierno de los jemeres rojos', de Denise Affónço.
"No me pregunte sobre comunismo y, sobre todo, no me llame camarada", intenta bromear Affonço, que en el libro se muestra muy dura con su marido Seng, chino convencido de las bondades de la alucinante dictadura agraria de Pol Pot. De padre francés, Denise hubiera podido refugiarse con sus hijos en la Embajada de Francia donde trabajaba, pero la familia pudo más. "Era un comunista de salón, me recitaba textos de Mao, me lavaba el cerebro, por eso no supo ver esa obsesión de los jemeres rojos por crear un nuevo pueblo; querían hacer la revolución cultural china, pero aún más radical". El error de Seng ("fue a aclamarlos y les ofreció cerveza cuando entraron en la capital; además, hablaba demasiado") lo pagó con la vida: confiado, entregó a los dirigentes hasta el coche y se lo agradecieron haciéndole desaparecer, como a otros intelectuales y "enemigos burgueses" que expulsaron de las ciudades y llevaron al campo. Ahí empezó el calvario: "Los sentimientos por mis hijos fueron más fuertes; no quise separarlos de su padre y lo pagué muy caro".
Sorprende que nadie se rebelase ni durante el éxodo masivo forzoso ni en esos campos de concentración donde se negaba la comida a ancianos o a menores de siete años porque eran "bocas improductivas". "Era imposible; primero nos engañaron: nos dijeron que solo estaríamos fuera de nuestras casas dos días; luego, la población no tenía ni un arma; cuando nos dimos cuenta, ya era tarde".
"Todo el mundo será reformado por el trabajo"; "está prohibido expresar los sentimientos: alegría o tristeza"; "está prohibido sentir nostalgia del pasado"; "jamás os quejaréis de nada"; "nunca llevaréis ropa de colores"; "está prohibido cruzar una pierna por encima de otra porque es signo externo del capitalismo"; "no se necesitan gafas"; "todos hablarán solo jemer"... Son los alucinantes mandamientos del credo rojo que, tras jornadas infinitas, Affonço escuchaba, tras los que se escondía "un genocidio planificado: se trataba de matarnos manteniendo las manos limpias; estaba programado, pero, a partir de accidentes laborales, o te morías de hambre, o te intoxicaban con supuestas medicinas... Fueron más astutos que los nazis". Su hija, adelgazando día a día hasta la muerte, auténtico reloj de la maldad, encarna el sinfín de gente que no salió del infierno. ¿Remordimientos por sobrevivir, como Primo Levi? "Entiendo ese sentimiento porque lo he vivido; solo me consuela que puedo contar mi testimonio: si nadie habla, nadie recuerda". Lo que no ha superado, admite, es la reacción de su hijo. "No pensé nunca en el suicidio ni en el asesinato; lo aparté todo de mi cabeza para tirar adelante como fuera; me dije que tenía que seguir por mi hijo de diez años, que aún vivía... Pienso que fui una mala madre, que pasó todo eso por mi culpa y ahora me siento más responsable que entonces, porque mi hijo nunca me ha reprochado nada; eso es lo peor".
Jean-Jacques, el hijo, ha enmudecido. "Vivió su propia experiencia, le dije si quería añadir algo al libro y se negó. En los campos solo le vi una vez unas terribles marcas en la espalda; nada más; mi exorcismo fue escribir el libro; su terapia es el silencio". Relativa: "Sí, cuando dan películas de violencia no quiere verlas; y luego le he oído llorar por las noches". Ella, aún hoy, también tiene pesadillas y se sulfura al recordar que hasta hace unos años aún encontraba negacionistas: "En 1945, Eisenhower ordenó que se fotografiara y se buscaran testimonios de los campos nazis porque, con los años, dijo, no hubiera hijos de puta que afirmaran que eso no ocurrió; con lo de Camboya, hasta los noventa ha habido muchos intelectuales de izquierda que lo matizaban". Más rabia le dan, si cabe, los juicios internacionales contra los jemeres rojos iniciados en 2006: "Muchos responsables han campado a sus anchas y los responsables nunca han sido juzgados, como Pol Pot, que no murió por viejo sino eliminado por una facción interna". Se la ve escéptica. "¿Cómo quiere que esté? Creo poco en la justicia; mire lo de los crímenes de Yugoslavia". También se sabe utilizada por los vietnamitas, que liberaron Camboya en 1975 y la empujaron a hacer un informe de donde salieron las memorias, testimonio que presentó en un juicio propagandístico de 1979 sin, claro, los acusados sanguinarios Ieng Sari y Pol Pot. "Era francesa y les daba proyección internacional".
Poco ha trascendido del genocidio del último gran estertor dictatorial del siglo XX. "La guerra fría explica muchos silencios", apunta Affonço, que no recomienda la película Los gritos del silencio para saber del infierno camboyano. "Es más realista el documental S-21: la máquina roja de matar, donde los verdugos reconstruyen su labor". Ella, tras la liberación, visitó otros campos y vio cómo en uno se fabricaba abono humano, "a base de una capa de cadáveres, otra de cáscara de arroz y luego todo rociado con gasolina". No quiere saber, claro, de comunismo -"han destruido los verdaderos valores de una ideología; ahora no sirve para luchar contra la globalización"- y tampoco volverá a Camboya: "25 años de ayuda internacional no han servido para nada; el Gobierno de Hun Sen solo ha beneficiado a una capa muy próxima de la población". Se levanta rauda. Sale su buen aspecto a pesar de lo vivido. "Fue el régimen de insectos que llevé". Esbozo de sonrisa.
 
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Hans Magnus Enzensberger “La vanguardia tras la vanguardia me cansa, me aburre”

VICENTE VERDÚ
En: El País semanal. Madrid: 14 de noviembre de 2010. www.elpais.com
Este mes cumple 81 años, pero su sardónica lucidez sigue en plena forma. Es uno de los pensadores más influyentes de las últimas décadas. Por resumir: la Europa contemporánea está en el mundo de las ideas gracias a hombres como este alemán.
Hans Magnus Enzensberger (Kaufbeuren, Alemania, 1929) es uno de los intelectuales más cultos, poderosos e influyentes de la Europa contemporánea. Ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2002, además de otra docena de importantísimas distinciones en diferentes países del continente y por razones muy diversas. Su compromiso con los derechos de los trabajadores y las sucesivas izquierdas de su historia le han perfilado como un intelectual comprometido al estilo de antes, pero su actualidad no ha cesado en las más distintas cuestiones; desde el sistema de enseñanza hasta el vigente sistema democrático, desde Europa hasta su atribulada Alemania, no han dejado de caer bajo su crítica tan sardónica como acerada.
“Me gusta lo que hago. no resisto unas vacaciones de más de una semana”
“El próximo año publico un libro recogiendo mis fracasos favoritos”
Poeta en sus principios, poeta en su fundamento, siempre se ha manifestado como un escritor ocupado en la precisión y eficacia de la palabra y la belleza; así, sus ensayos pueden ser leídos como extraordinarias piezas de ingenio literario. Por si no fuera bastante, ha sido autor de libretos, obras dramáticas, manifiestos y media docena de libros de poesía, uno de ellos significativamente titulado Poesías para quien no lee poesía. Sus conocimientos de arte y de historia, su pasión por Humboldt y por la pintura del siglo XVII le hacen no solo un sabio universal, sino un conversador amenísimo que añade a su bonhomía, las bromas y su cariñosa humanidad, el cigarrillo de toda la vida. Nunca hizo deporte, pero se hace imposible seguirle el paso en las caminatas. De nada alardea, en todo admite sus posibles errores, en cualquier ocasión se muestra de buen humor, en cada momento se desearía continuar a su lado. Savater dijo una vez: “De mayor, yo quisiera ser Magnus”. Tan grande como su inteligencia, tan humano y capaz como para incluirnos a todos en ella.
Una de las características más singulares de usted es que ha trazado su vida profesional a su santa voluntad y al margen de todas las clasificaciones convencionales. Ha sido doctor e investigador, pero no académico; ha escrito libros de poemas, pero no se ha presentado como poeta a tiempo completo; ha sido un hombre de letras, pero ha triunfado en el mundo con un libro sobre matemáticas, ‘El diablo de los números’, del que ha vendido más de un millón de ejemplares en treinta idiomas… Sí, no he sido un especialista. Pero esto es una cuestión de temperamento. Porque acaso haya dos tipos de temperamento, uno que sería como el del topo, que se introduce con mucha determinación en la tierra con su proyecto, y otro, que es mi caso, como las cigüeñas, un ave nómada que busca su alimento y pone sus nidos aquí y allá. No tengo paciencia para escribir 600 o 700 páginas. Es como en el deporte: hay carreras de 10.000 metros, de 20.000 metros o el maratón, pero yo no llego más allá de los 1.000. Y hay que seguir lo que es cada uno. Resulta inútil tratar de cambiar. Además, hay otro factor: yo no concibo sufrir con mi oficio. Me gusta divertirme y cambiar, hacer un libreto, un ensayo, unos poemas, me divierte más que seguir con lo mismo. La clase de artista que sufre no es en absoluto mi caso.
El artista/creador. El ‘Cristo’ del siglo XIX que crea sufriendo, que redime muriendo. El artista que alumbra una obra a través del dolor… Eso quiere decir. Aunque, por otro lado, le habrán dicho que se dispersa mucho. Claro que me lo han dicho. Muchas veces, pero yo ni en el caso de mis libros de historia me he demorado mucho.
¿Y no se ha sentido de esa manera un intruso en cada disciplina que practicaba? Sí, efectivamente. He sentido como si en ocasiones estuviera sentado en el comedor de un restaurante donde no perteneciera a la misma clase de gentes que ocupaban otras mesas.
Y en la poesía, que ha sido algo tan fundacional en usted, ¿ también se ha sentido un intruso? Pues no, porque en la poesía no existe tanta competencia ni se está nunca en el centro de la escena. Como tampoco me he sentido mal entre los matemáticos o los científicos, porque al contrario de considerarme un intruso, me han agradecido que divulgara su disciplina.
Y su éxito mayor fue precisamente ‘El diablo de los números’. Sí. Es un libro contra la manera de educar aburriendo a toda la clase. Y traté de mostrar que las matemáticas podían ser no solo accesibles, sino fascinantes para chicos de siete años. Y que son, a esa edad, capaces de captar incluso el mismo concepto de infinitud. Te ponen 0,9999999 y dices que eso se aproxima al 1, pero que nunca llega a él, y hasta el más modesto de los niños puede entenderlo. Y esto, a su vez, es más interesante que enseñar la multiplicación o la combinatoria. Yo creo que el cerebro humano está capacitado para casi todo. Hay quien se considera negado para la música, pero si se sabe presentar y enseñar no es nada difícil lograr que cualquiera la disfrute.
En ese libro sobre los números tuvo algo que ver su hija pequeña… Sí, también. Y si fue el más vendido de todos los míos, si llegó a alcanzar tanto éxito, fue por casualidad. Yo no buscaba nada parecido, sino desquitarme de haber sufrido una pésima escuela. Aunque también, si se piensa, una pésima escuela puede ser una buena escuela porque, por ejemplo, en la época nazi yo aprendí resistencia pasiva, aprendí a crear pequeñas alianzas, estratagemas, que también han servido después de esa mala escuela.
Recuerdo un ensayo suyo, publicado por Anagrama en un libro con varios temas, en el que usted proponía sustituir la escuela por el aprendizaje de los niños en casa. Sí, sería muy interesante para los niños conocer cómo viven los demás. Pero, bueno, es muy difícil que las instituciones se muevan.
Lo sorprendente de su vida profesional es que, no dedicándose a nada en concreto y en profundidad, haya recibido tantos reconocimientos y premios de instituciones muy distintas. Bueno, esto lo he conseguido con tiempo y un poco de fortuna. Porque el mundo no es justo y existe una cierta arbitrariedad en el éxito. Como también las cosas que se exigen para llegar a un determinado grado de éxito son contradictorias. Por ejemplo, alguien que no sea sensible al dinero puede ser un buen poeta, y, en mi caso, el primer estudio que hice sobre el capitalismo fue a partir de conocer el mercado negro. Mediante esta circunstancia entendí cómo funcionaba el sistema. A veces el éxito procede de circunstancias contradictorias. Supe precisamente del capitalismo no estando interesado en el dinero.
Sus avatares personales, las adversidades familiares o de salud, ¿no le han ocupado demasiado tiempo al margen del trabajo? Hablar de lo privado no me gusta. No hay que molestar a los demás con tus problemas. Todo el mundo tiene problemas, y el que cuenta sobre sus padecimientos, sobre los dolores de su divorcio o sobre sus trifulcas con el jefe es un tipo que se hace pesado a los demás.
Y los problemas de salud. Yo me encuentro bien, y mi familia es, además, muy longeva. Mi abuelo murió con 99, mi madre, con 104, etcétera… Pero tampoco hay que hablar de ello, porque puede molestar a los demás. Un escritor que no muere como Günter Grass es un gran inconveniente para los autores jóvenes. Dicen: “Pero ¿por qué no se muere de una vez? ¿Por qué no desaparecerá y nos dejará sitio?”. No es, desde luego, mi caso. Me refiero a esos autores que, como Thomas Mann o Goethe, por ejemplo, son figuras que representan a la nación entera. No es, desde luego, mi caso.
¿Pero ningún acontecimiento de su vida privada ha influido en sus ocupaciones laborales? Nada especial. Un amor que se acaba, un amigo que muere. Nada puedo considerar especial. He sufrido en la vida pública con algunos fracasos rotundos. Especialmente en el teatro he sentido el fracaso como si cayera una guillotina sobre mí. Con un libro no pasa esto. Si fracasas se ve aparecer el fracaso poco a poco, pero en las obras de teatro el fracaso se presenta de manera radical, cortante. En fin, los éxitos se olvidan, pero los fracasos quedan en el recuerdo. Y es interesante el aprendizaje de mis fracasos en el teatro porque te conviertes en una persona que sufre una enfermedad contagiosa o algo parecido. Todos te evitan.
¿Le ha pasado eso a usted? Claro, claro, claro. Pero me gusta, porque eso dice algo interesante sobre la producción de la obra. Dice algo sobre la responsabilidad del escritor, del escenógrafo, etcétera. Sobre la responsabilidad conjunta del grupo, y eso es interesante. Y he aprendido muchas cosas de todos los campos, puesto que, como he hecho casi de todo, he experimentado intrigas, mentiras, traiciones, falsas promesas.
¿También ha hecho películas? También he intentado hacer películas. Dos películas: una sobre Durruti, un documental, y otra que fue solo una colaboración. Pero en muchos casos he sentido mucha frustración respecto a proyectos que desaparecían o promesas de apoyos que no se cumplieron. El año próximo publico un pequeño libro recogiendo varios de estos fracasos. Se llama: Mis fracasos favoritos. Y quiero decir también que a través de mi experiencia con la poesía, que nunca se ha vendido mucho, he sentido también la recompensa de la libertad. Hacer una novela por la que se recibe un gran anticipo conlleva una gran responsabilidad, y esto en la poesía no existe.
También ha escrito novelas… Sí, un par. Pero no creo que fueran de primera clase. De primera división, digamos.
¿Y la música? Bueno, los libretos para ópera que he hecho han sido con la colaboración de una amiga que sabe mucho de música, de canto, de voces.
¿Y su pasión por la pintura previa al barroco? ¿Qué puede decir de ello? Pues que esto puede parecer un gusto reaccionario. Yo no aprecio la pintura abstracta ni nada de la pintura tras las vanguardias de comienzos del siglo XX. La vanguardia tras la vanguardia es una contradicción, y a mí me cansa, me aburre. Pero en todos nosotros existe una parte progresista y otra regresiva, creo yo. Me he convertido en un buen conocedor de la pintura entre 1600 y 1650 y con eso me complazco. No tengo la fortuna necesaria para ser un coleccionista importante, pero cuando tengo algo de dinero me intereso por obras de esa época, incluso aunque los nombres no sean muy conocidos. Hace ya cuarenta años que me intereso por ese periodo y ya tengo una buena biblioteca sobre esos años.
Y el deporte, ¿no le interesa? No. Soy un total ignorante. Es una de mis gigantescas áreas de ignorancia. Pero, por el contrario, soy un buen conocedor de la tipografía. Islas de conocimiento, ¿no?
¿Cómo es su vida diaria? Disfruto del privilegio de no tener jefes y hago cada día lo que deseo hacer. Otra razón para no lamentarse. Soy trabajador, pero porque me gusta hacer lo que hago. De hecho, no resisto unas vacaciones de más de una semana.
¿Y sus hijos? Tengo dos hijas. Una mayor, de 50 años, que vive en Noruega porque yo pasé mucho tiempo allí y tengo familia en esa zona. Ella tiene dos hijos, dos niños etíopes adoptados, de 8 y 10 años. Trabaja de bióloga y al mismo tiempo cría ovejas. Tiene unas 200 ovejas; es su marido el que se ocupa sobre todo de ellas. Él es pastor y músico, un músico de violín. Parece raro, pero en Noruega hay una tradición que se llama “el campesino intelectual”, porque son a su vez labradores y lectores, o músicos o cualquier otra clase de intelectual.
¿Por qué vivió un tiempo en Noruega? Tras mis primeros libros, que levantaron escándalo y me sacaban en la primera página de los periódicos, decidí mudarme a Noruega para apartarme de ese bullicio, y allí, en los años sesenta, pasé unos siete años. No fue, sin embargo, un exilio voluntario. Mi primera esposa era noruega, y por eso nos fuimos allí. Por otra parte, también deseaba aliviarme del peso de Alemania que toda mi generación lleva sobre sus espaldas. Fue, por tanto, en parte, un periodo terapéutico de la enfermedad de ser alemán. Otros, sin embargo, han hecho de ser alemán una profesión de por vida; yo quise evitar eso. Evitar que Alemania se convirtiera en una obsesión; el mundo es mucho más que Alemania. Y, además, en todos los países hay un equipaje histórico que pesa.
¿Y su segunda hija? Mi segunda hija tiene 22 años y es de mi segundo matrimonio. Es soltera y estudia cine en Estados Unidos. Nos vemos unas tres veces al año; o nos vemos allí o viene ella.
Vive usted en Múnich. Vivo en Múnich, lugar donde no se soporta el peso de Berlín, que es una ciudad voluntarista. Múnich tiene un millón y pico de habitantes y es una ciudad que tiene muchas ventajas para mí. Yo soy un gran andarín y allí se puede ir de un sitio a otro caminando.
¿Quién es su mujer? Fue periodista, estudió Literatura, pero no ve ahora la necesidad de ganar dinero. Es como una estudiante sempiterna. Ahora, por ejemplo, está concentrada en la historia de Mesopotamia.
Y están bien ustedes… Estamos bien. Ahora, a estas alturas, he descubierto, acaso un poco tarde y a la fuerza, el encanto de la monogamia. A condición, claro, de que exista cierta inteligencia para no agredirse y saber tolerarse. Y también para saber mantener cierta independencia. La folie à deux no vale para esto. Pero es bueno hacer cosas en común y ella es la primera buena lectora de mis trabajos. Ella me ayuda mucho. 

Alemania, Europa, España, el mundo

El polifacético pensador –aunque, en realidad, es lo más lógico, que el intelectual sea polifacético y demuestre su pensamiento en los más diversos formatos– nació en el Estado alemán de Baviera en 1929. Tras estudiar en diversas universidades de su país y en La Sorbona (París), fue miembro del Grupo 47, movimiento que perseguía la regeneración democrática de la lengua y literatura alemanas tras el paréntesis del nazismo y la II Guerra Mundial.
Su relación con España parte de su interés y dominio de la cultura y lengua castellanas, que le han llevado a ser traductor y divulgador de poesías de Rafael Alberti y César Vallejo. Además, ha escrito y realizado un documental sobre el anarquista español Durruti. En 2002 fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Siempre ha hecho gala del valor de la inteligencia humilde. Así, en uno de sus últimos libros editados en España, Guía para idiotas (Anagrama), arremete contra la arrogancia de quienes se creen cultos. Él nunca ha perdido la elegancia; de ahí su apuesta constante por la poesía.
 
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William Ospina