LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 16 de enero de 2011

El arte en el Tercer Reich

Estética nazi

Carlos Rehermann
SEGURAMENTE la ingeniería de Alemania durante el régimen nazi no es despreciada por nadie, ni la tecnología de los misiles V1 y V2 es considerada nefasta. Las realizaciones materiales, provenientes de tradiciones artesanales o de prácticas de ingeniería eficientes, casi nunca se consideran pruebas de la perversión de un individuo o una comunidad. Incluso hay quienes separan aspectos como el asesinato sistemático y la programación de la disposición de los cadáveres: la ropa por un lado, los cuerpos por otro, filas ordenadas de condenados, aprovechamiento del espacio, etcétera. Hasta el cambio de los asesinatos masivos de judíos a tiros de pistola por envenenamiento con gas (tal vez para no estropear con sangre de las víctimas los elegantes uniformes diseñados por Hugo Boss, ahorrar pólvora y cuidar los oídos de los verdugos), ha sido visto como un rasgo de organización, racionalidad y capacidad para la programación eficiente de procesos. La capacidad organizativa sería, según esa doble visión, una cualidad positiva, desgraciadamente al servicio de fines perversos.
Pero cuando se habla de arte nazi no es fácil encontrar defensores. Nadie cuestiona que el arte es esencialmente "bueno". Como al mismo tiempo el arte es un símbolo de ciertos valores inmateriales de la comunidad donde se produce, la conclusión habitual es que el arte de un régimen criminal no puede ser bueno. Y como el arte es "bueno", un arte "malo" sencillamente no puede ser arte. Ha sido según esta corta línea argumental que los historiadores del arte y la arquitectura han dado cuenta del arte nazi, con sumarias acusaciones de infantilismo, academicismo y monumentalismo. Probablemente esos juicios sean justos, pero también es posible analizar el arte desde una estética nazi, es decir, desde el sustento del juicio que el régimen hacía para dar o no el visto bueno a la producción de los artistas.
Una estética idealista. El arquitecto Paul Schultze publicó, en 1928, el libro Arte y raza, en el que pone lado a lado reproducciones de pinturas de Matisse, Picasso y Modigliani, entre otros, y fotografías de personas con deformidades físicas o enfermedades mentales. La tesis de Schultze no era tan estúpida como suele presentarse. Un retrato de Modigliani, por ejemplo, en el que los ojos aparecen sin pupila, los pómulos hinchados asimétricamente, y en general toda la figura se presenta con una apariencia dislocada, no significa -dice Scultze- que esté representando a una persona deforme. Si uno mira la fotografía del modelo, puede comprobar que las deformaciones introducidas por Modigliani son expresivas. Lo que decía Schultze al comparar la fotografía de un enfermo con la pintura del artista es que el artista no se acerca a un ideal deseable a través de sus deformaciones expresivas, sino a un enfermo indeseado. Lo que criticaba era la pérdida de un ideal que tiende a la perfección. Una crítica muy parecida a la que muchos políticos, empresarios y aun filósofos hacen al arte de hoy.
idealismo. La estética nazi fue una estética idealista, que buscaba la creación de un arte eterno. Curiosamente, para imponer esa idea no estableció estrategias educativas de largo aliento, sino que empleó las tácticas de la propaganda: impregnación, seducción, imposición. Muchas de las imágenes generadas por el régimen, y hasta por Hitler en persona, han trascendido las fronteras espaciales y temporales de la tercera Alemania, como el diseño del Volkswagen, bocetado por Hitler en 1932.
El socialista inglés Harold Laski se preguntaba, en 1943, si Alemania no era una caricatura de la esencia de los estados europeos. En 1936, el filósofo alemán Martin Heidegger daba una conferencia titulada "Origen de la obra de arte", en la que decía: "El origen de la obra de arte, esto es, también el origen de los creadores y cuidadores, la existencia histórica de un pueblo, es el arte. Esto es así porque el arte es en su esencia un origen: un modo destacado de cómo la verdad llega al ser, de cómo se torna histórica". La lección de Heidegger fue bien escuchada por Hitler, o quizá era el aire de los tiempos, y se trataba de una idea que compartían revolucionarios y reaccionarios, fascistas y anarquistas, monárquicos y republicanos. Estaba culminando un período de la cultura europea en el que el arte era protagonista: las chimeneas de las fábricas, las torres de los altos hornos, los ferrocarriles y los transatlánticos -símbolos del poder económico de la burguesía reinante- eran festejados como los palacios y las catedrales del nuevo tiempo, tanto por maestros del Movimiento Moderno como Le Corbusier, como por futuristas belicistas, o por el oficialismo artístico de la Alemania nazi.
Así como el Movimiento Moderno asumió un discurso redentor y se autodefinió como una vía de liberación de las masas, a través de la estetización de los productos industriales de consumo y de la dignificación de la vivienda popular, que recién a principios del siglo XX comenzó a ser percibida por los arquitectos como objeto digno de su atención, así el nazismo empleó un lenguaje esteticista y una apelación al genio para definir tanto al pueblo como a su genio creador: el Führer.
Hitler era representado algunas veces como herrero forjando una espada, como caballero vistiendo armadura, pero también como escultor modelando el nuevo hombre alemán. Hitler dominaba la técnica de la acuarela, que llevó a la práctica haciendo paisajes urbanos, en general a través de la copia de postales. La cruz gamada, símbolo del que se apropió, y mediante un giro de 45 grados, convirtió en isotipo de su organización política, fue obra suya. Muy temprano en su carrera política contrató al fotógrafo Heinrich Hoffmann, que lo retrató en diversas actitudes, que documentó sus visitas oficiales y que lo hizo posar para componer un personaje de líder que se difundía a través de publicaciones y juegos de cartas postales. Hitler dedicó mucha atención a las puestas en escena de sus actos políticos, a la arquitectura monumental que representaba el poder del Estado y a la difusión masiva del "espíritu alemán", mediante el concurso de numerosos artistas y arquitectos, como Albert Speer, Leni Riefenstahl o Paul Schultze.
Apocalipsis. El relato nazi supone la creación de un mundo nuevo, que es al mismo tiempo la recuperación de la Edad de Oro en la que la humanidad era, claro está, alemana.
La letra gótica, de uso común en los libros impresos alemanes, fue protegida por el régimen, que imprimía todos sus documentos con esa tipografía de difícil lectura. Se organizaban concursos de caligrafía con el lema: "La escritura alemana es una parte del pueblo alemán". Pero en 1941, el secretario de Hitler, Martin Bormann, ordenaba que se cambiara toda la tipografía de los documentos alemanes a letras romanas, ya que se había descubierto que la letra gótica era en realidad una tipografía judía. En los mismos meses, institutos estatales discutían qué hacer con una pintura en la que Cristo era retratado con rasgos "fuertemente judíos". El historiador del arte Josef Strzygowski, aun hoy muy influyente en su campo, manipuló varios cuadros medievales, sustituyendo imágenes de Cristo por la del Yima iraní, o agregando detalles arquitectónicos "nórdicos", para que el ambiente fuera más ario. Otros académicos investigaron la correspondencia de Beethoven para despejar dudas acerca de su participación en la masonería, y en todos los casos la falsificación del pasado histórico no pareció incomodar a los académicos más rigurosos de Alemania.
LA ESTÉTICA NAZI. Un arte de la eternidad, de Éric Michaud. Adriana Hidalgo Editora, 2009. Buenos Aires, 402 págs. Distribuye Gussi.
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/suplemento/cultural/estetica-nazi/cultural_539107_110107.html
La obra de Anne Carson

El deseo

Daniel Mella
El deseo
DESDE LA publicación de su primer libro en 1986, Eros el Agridulce, la obra poética y ensayística de Anne Carson (Toronto, 1950) ha sido elogiada, galardonada y vituperada con una intensidad poco común. Autores y críticos de renombre se han puesto de acuerdo en que es la voz más emocionante haciendo poesía en el idioma inglés, que no se ha visto escritura tan maravillosamente perturbadora en años, que con cada uno de sus libros la autora parece dedicarse a reinventar más de un género, a la vez por el modo en que los mezcla, agregándoles un toque nuevo. Celebran, además, su erudición y espíritu lúdico, su agilidad como lectora y su mente fresca.
O dicen que no es para tanto. La acusan de plagiaria, de pedante. Intentan explicar la fascinación que producen sus poemas. Lo que Carson hace, dicen, es escribir frases inentendibles a la sombra constante de los clásicos, y el que la adula es sólo para no quedar como un burro.
PERSIGUIENDO TROMPOS. Eros el Agridulce es un ensayo de 173 páginas en la edición de Dalkey Archive Press. Es una meditación acerca del deseo y el amor romántico y una exploración del concepto del "eros" en la filosofía y literatura clásicas. El texto abre con un prefacio en el que lo primero que se menciona es el cuento "El trompo", de Kafka, que trata de un filósofo que pasa su tiempo libre alrededor de los niños, intentando atrapar sus trompos mientas giran. Atrapar un trompo que gira lo hace feliz por un momento, en la creencia de que la comprensión de cualquier detalle -el de un trompo girando, por ejemplo- es suficiente para la comprensión de todas las cosas.
El deleite se convierte invariablemente en su opuesto y el filósofo arroja el trompo disgustado y se va. Pero la esperanza de comprender lo sigue llenando cada vez que los niños encaran los preparativos para tirar el trompo. Ni bien empieza a girar, el hombre corre tras del trompo, la esperanza se troca en certeza y luego con el estúpido pedazo de madera en la mano lo ataca la náusea.
"El cuento es acerca de cómo nos deleitamos en la metáfora", escribe Carson. "Un significado se pone a girar, permaneciendo erecto en un eje de normalidad alineado con las convenciones de connotación y denotación, y aún así: girar no es normal, y desensamblar el estado erecto normal por medio de esta moción fantástica es impertinente. ¿Qué relación hay entre la impertinencia y la esperanza de comprender y el deleite? El cuento concierne a la razón por la que amamos enamorarnos.
La belleza se pone a girar y la mente se mueve. Atrapar la belleza sería comprender cómo esa impertinente estabilidad en el vértigo es posible. Pero no, el deleite no precisa llegar tan lejos. Estar corriendo sin aliento, pero sin haber llegado todavía, es en sí deleitable, un momento suspendido de esperanza viva. La supresión de la impertinencia no es la meta del amante. Ni puedo creer que este filósofo verdaderamente corra en pos de una comprensión. En cambio, se ha convertido en filósofo (o sea, uno cuya profesión es deleitarse en comprender) para así proveerse de pretextos para andar persiguiendo trompos".
El prefacio de su primer libro funciona de algún modo como profecía para el resto de su obra. Anne Carson escribe desde el deseo si el deseo es un lugar; lo habita y lo describe y nunca se está quieto. En sus frases hay el jadeo del que persigue algo y se va quedando sin aliento. Un buen número de sus poemas se los atribuye a poetas griegos inventados o no, y son fragmentos arqueológicos, retazos de papiro rescatados de las garras del tiempo. Es como escuchar la respiración de un corredor de larga distancia si con cada exhalación nos hiciera testigos también de su pensamiento. Es verdad que sus textos están llenos de citas (de Safo a Basho, a Gertrude Stein y más acá), pero la luz de la que se sirve para describir la casa del deseo es proyectada por la poeta. Es la luz propia del que despierta a los mecanismos del deseo en el mismo acto de desear, y alumbra el momento de la herida.
Viajes y peregrinajes. Autobiografía de Rojo es una novela en verso donde Herakles, en tiempos modernos, en lugar de matar a Geryon el monstruo rojo y a sus vacas rojas y a su perrito, lo enamora y lo que aniquila es su inocencia. Decir esto es poco, como decir que en el libro Sólo por la emoción Carson se mete con el diario de viaje y narra el periplo de Montreal a Los Angeles, compartiendo el volante con un especialista en las dinastías chinas que va a dejar de ser su amante ni bien lleguen. Lo vuelve a hacer en Antropología del agua, donde registra día tras día en prosa poética un peregrinaje a Santiago de Compostela, acompañada de un hombre de fe. En La belleza del marido Carson se manda veintinueve tangos, precedidos por sus veintinueve respectivos epígrafes de Keats, en los que cuenta la pasión larga y traicionera que vivió con su ex. Por esto último recibió duras críticas, principalmente por parte de otras mujeres poetas.
Anne Carson nació en Toronto (Canadá) en 1950. Dos de sus libros se han traducido al castellano: La Belleza del marido (Lumen, 2003), y Hombres en sus horas libres (Pre-textos, 2007).

Dos textos

Anne Carson
- ... LEAL a nada
mi esposo. ¿Así que por qué lo amé desde que dejé la infancia hasta tarde en mi madurez
y los papeles del divorcio llegaron por correo?
Belleza. Ningún gran secreto. No me abochorna decir que lo amé por su belleza.
Como lo haría de nuevo
si se me acercara. La belleza convence. Sabés que la belleza hace que el sexo sea posible.
La belleza hace al sexo sexo.
(De La belleza del marido)
- ... NO ERA el temor al ridículo,
a lo que una vida como una persona roja alada había acostumbrado a Geryon desde temprano
sino esta muda deserción en su propia mente
que lo hacía desesperar. Tal vez estaba loco. En primero de liceo había hecho
un proyecto científico acerca de esta preocupación.
Fue el año que empezó a preguntarse por el ruido que hacían los colores. Las rosas venían a él rugiendo a través del jardín.
Yacía en su cama de noche escuchando la luz plateada de las estrellas chocando contra el mosquitero. La mayoría
de los que entrevistó para el proyecto admitió que no oían
los gritos de las rosas
siendo quemadas vivas en el sol del mediodía. Como caballos, decía Geryon con intención de ayudar, como caballos en la guerra. No, sacudían sus cabezas...
La última página del proyecto
era una fotografía del rosal de su madre bajo la ventana de la cocina.
Cuatro de las rosas estaban prendidas fuego.
Estaban derechas y puras en sus tallos, agarradas a la oscuridad como profetas
y aullando intimidades colosales
Desde el fondo de sus gargantas fusionadas...
(De Autobiografía de Rojo)
TOMADO DE: http://www.elpais.com.uy/suplemento/cultural/el-deseo/cultural_540354_110114.html

Un puñado de películas viejas


RICARDO CHICA GELIZ
 
 
 
El Teatro Variedades, en 1923.
FOTO: FOTOTECA HISTÓRICA DE CARTAGENAEl Teatro Variedades, en 1923.
“La Perla” (1945) de Emilio Fernández; “Campeón sin corona” (1945) de Alejandro Galindo; “Nosotros los pobres” (1947) de Ismael Rodríguez; “Salón México” (1948) de Emilio Fernández; “El bruto” (1952) de Luis Buñuel; “Macario” (1960) de Roberto Gavaldón. Este puñado de películas viejas las pueden ver completas en la página electrónica de www.youtube.comPelículas que corresponden a la llamada época de oro del cine mexicano. Hay que verlas junto a niños y jóvenes, con miras a interrogar el mundo de medio siglo atrás. Preguntas sobre moda, comida, oficios, bailes, música, la forma de las ciudades y sus ofertas de transporte, de comercio, de diversión. ¿Cómo era Cartagena cuando esas películas se vieron en sus cines sin techo? ¿Cómo se apropió el público cartagenero de cientos de películas que venían de México, España, Argentina, Cuba –en menor medida- y el llamado cine hispano de Hollywood? ¿Qué hicieron con sus contenidos? Preguntas que sugieren conocer el contexto urbano de Cartagena y sus dinámicas socioeconómicas y culturales y, es allí, donde no tenemos memoria sobre nuestro más reciente pasado.

Sería bueno saber la historia de los servicios públicos de nuestra ciudad; de los medios locales de comunicación (Hay una buena cantidad de pistas en el libro “Música, raza y nación” de Peter Wade, editado por el Banco de la República) así como también, la historia de la aparición de los barrios populares; de la economía, de la educación, las fiestas, el arte; o la historia de nuestra gastronomía. Sobre este último aspecto vale la pena señalar lo siguiente: la oferta gastronómica que se hace en la sección de comidas del Mercado de Bazurto, se me antoja como un lugar amenazado por el poderoso olvido a que nos sometemos.
Ahí vive la puesta en escena cierta una memoria culinaria. Señalo un cuadro que era muy común en la Cartagena de hace cincuenta años atrás, donde, la gente –no obstante las penurias y la pobreza- era digna y celebraba la vida. En Bazurto, las cocineras bailan al pie del fogón y mientras sirven el arroz de mariscos. La gente danza el sabor de la música y la comida y por eso el pescado con yuca sabe tan bueno. Inigualable.
Era esa la comida cotidiana de hace medio siglo, despachada en el viejo edificio del Mercado Público y que estaba a un tiro de las películas mexicanas que se presentaban en El Rialto, El Variedades, El Cartagena, El Colón y los numerosos cines que se desperdigaban por una ciudad que crecía por crecer. Hay que recordar urgente la lista de los cines barriales, pues, la gente fabricó parte de su versión de la modernidad cuando se congregó alrededor de las películas. Sobre los cines se puede consultar el libro: “Cartagena de Indias. Relatos de la vida cotidiana y otras historias” de Rafael Ballestas, editado por la Universidad Libre: un esfuerzo importante que da cuenta de la vida social cartagenera del siglo pasado. Lo mismo ocurre con el capítulo “Las fiestas de la Independencia de Cartagena de Indias: reinados, turismo y violencia (1930 – 1946) de Edgar Gutiérrez Sierra y que aparece en el libro: “Fiestas y Carnavales. La puesta en escena de las identidades”. Y también, hay que consultar el compilado de ponencias del libro “Cartagena de Indias en el siglo XX”, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y el Banco de la República.
Cartagena del siglo XX está recordada por retazos y cada vez menos. Autores independientes como Juan Gutiérrez Magallanes y Jorge Valdelamar han tratado la perspectiva cultural e histórica de los sectores populares. Es útil consultar tesis en ciencias sociales y humanidades: las que se escribieron hace cuarenta años y las realizadas en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena.
Del puñado de películas viejas les recomiendo comenzar por “El Bruto”: todo un ensayo social urbano sobre la pobreza de los años cincuenta, con la fantástica actuación de Pedro Armendáriz y la sensualidad inolvidable de Katy Jurado.

ricardo_chica@hotmail.com
TOMADO DE: http://www.eluniversal.com.co/suplementos/dominical/un-punado-de-peliculas-viejas-4341

Quién es quién en la transición tunecina

Se abre un nuevo horizonte político en el país magrebí con los afines al régimen, una oposición esperanzada y un Ejército cercano al pueblo

GLORIA RODRÍGUEZ-PINA
En: www.elpais.com   /  Madrid: 15 de enero de 2011.
Discurso a la nación
Imagen tomada del canal 7 del discurso dirigido a la nación tunecina en el que el primer ministro Mohamed Ghannouchi (en el centro) informa el 14 de enero de que ocupará la presidencia interina del país tras la huida de Ben Ali. A la izquierda, Abdallah Kallel, presidente de la Cámara Alta del Parlamento y a la derecha Fouad Mbazza, Presidente de Parlamento.-
Túnez se encuentra oficialmente en situación de "vacío de poder", como ha decretado su Consejo Constitucional un día después de que su presidente Zine el Abidine Ben Ali huyera, obligado por las revueltas populares que han terminado con 23 años de dictadura. El país magrebí comienza una transición hacia la democracia marcada por la incertidumbre. En el nuevo escenario político están el Ejército; la oposición, encabezada por Mustafá Ben Yafar y Ahmed Nejib Chebbi; y las personas afines al régimen de Ben Ali que ahora se han hecho con el poder, como el presidente en funciones, Fued Mebaza, hasta ahora presidente del Parlamento, el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, que asumió el poder durante menos de 24 horas tras la partida de Ben Ali, antes de pasárselo a Mebaza -como obliga su Constitución- y Abdalá Kallel, presidente de la Cámara Alta del Parlamento.
Los hombres del régimen:
Mohamed Ghanuchi. El primer ministro ha estado tan vinculado al presidente huido, a sus acciones en las últimas semanas y a su régimen que los tunecinos le llaman "Monsieur Oui Oui" (Señor Sí Sí), porque siempre decía que sí a Ben Ali, según informa Foreign Policy. Está considerado, sin embargo, como un tecnócrata muy competente. Tras la salida precipitada del dirigente tunecino, Ghanuchi se proclamó presidente en funciones el 14 de enero, para dejar la puerta abierta al regreso de Ben Ali. Un día después, el Consejo Constitucional tunecino emitió un comunicado en el que matizaba que es el presidente del Parlamento, Fued Mebaza, y no el primer ministro, el que debe ocupar el puesto de presidente interino en caso de que el electo abandonase el cargo, como ha ocurrido.
Ghanuchi (18 de agosto de 1941) estudió ciencias económicas y pasó un tiempo deformación en el ministerio de Economía francés. Forma parte del Gobierno tunecino desde que Ben Ali fue nombrado primer ministro por el presidente anterior, Habib Bourguiba. Cuando este fue remplazado por Ben Ali, Ghanuchi se hizo cargo del Ministerio de Economía. Desde 1999 ocupa el puesto de primer ministro, en el que ha sido fiel al presidente saliente hasta su final.
Fued Mebaza. Investido un día después de que Ben Ali saliese del poder, es el nuevo presidente interino de Túnez en virtud del artículo 57 de su Constitución. Después de jurar su cargo en el Parlamento, del que ha sido presidente desde 1997, ha dado comienzo a la transición hacia la democracia y ha asegurado que ningún ciudadano tunecino será excluido del proceso político que se abre. Dentro de 60 días, para empezar, deberán celebrarse elecciones generales y ha anunciado que se formará un Gobierno de coalición.
Mebaza, de 77 años (nació el 16 de junio de 1933), es licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas. Comenzó su carrera profesional como adjunto en el Gabinete del secretario de estado de Salud tunecino. Ha sido ministro de Juventud y Deportes, de Sanidad Pública, de Cultura e Información y embajador ante las Naciones Unidas y Marruecos.
Abdalá Kallel. Es el presidente de la Cámara Alta del Parlamento desde su creación en 2005. Según el periódico francés Le Monde, lleva años en el punto de mira de las organizaciones de derechos humanos, que le acusan de haber torturado a los opositores cuando fue ministro del Interior en los años noventa. Kallel compareció el 14 de enero escoltando a Ghanuchi, junto a Mebaza, ante la televisión tunecina cuando el primero anunció al país que se hacía cargo del poder temporalmente, y que Ben Ali habíaabandonado Túnez.
Kallel (7 de diciembre de 1943) ha sido también ministro de Defensa,y tesorero y miembro del comité central del partido de Ben Ali, la Agrupación Democrática Constitucional.
El Ejército:
La negativa del jefe de las fuerzas terrestres, el general Rahid Amar, de abrir fuego contra los manifestantesha sido clave en el desenlace de la revolución tunecina. Desplegado en la capital del país para controlar los disturbios y saqueos, el Ejército ha rechazado pues participar en la represión -que ha corrido a cargo de la Policía y de la Gendarmería- y su papel, del que se conoce poco hasta ahora, será clave ante el vacío de poder.
Las Fuerzas Armadas tunecinas son pequeñas en comparación con las de sus vecinos del norte africano y no han participado en ninguna guerra. Son respetadas por el pueblo por su cercanía y porque no se inmiscuye en los asuntos políticos. Se desconoce, no obstante, si han surgido divisiones como consecuencia de los últimos eventos.
La oposición:
Mustafá Ben Yafar. Líder del partido opositor Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades, fue candidato a las elecciones presidenciales de 2009, en las que Zine el Abidine Ben Ali venció con el 89% de los votos. El mismo día en que ha sido investido el nuevo presidente en funciones de Túnez, Fued Mebaza, ha aceptado su propuesta de formar un gobierno de coalición.
En una entrevista con este diario dos días antes de la salida de Ben Ali, el líder de la oposición, radiólogo de 70 años, afirmó que incluso si el presidente era derrocado "el pueblo está fuera de juego y también los actores políticos". En la misma conversación Ben Yafar afirmaba que "la Unión General de Trabajadores de Túnez es la única institución que, en este marco de represión, ha tenido su espacio de libertad por el prestigio que tiene históricamente".
Ahmed Nejib Chebbi. Es diputado y ex candidato presidencial del Partido Demócrata Progresista, una de las pocas formaciones legales de Túnez durante el régimen de Ben Ali, que se ha condenado públicamente la represión policial durante las revueltas de las últimas semanas.
Chebbi, de 64 años, después de pasar 23 al frente de su formación cedió el poder a Maya Jeridi, la primera mujer líder de un partido político de Túnez. Político de izquierdas, ha reivindicado repetidamente la apertura y la democracia política tunecina, so riesgo de convertirse en un "país bloqueado".
Rachid Ghanuchi. Activista político y cofundador del Partido del Renacimiento, después de estudiar filosofía en Damasco y en la Soborna de París, regresó a Túnez y se unió a varios movimientos islamistas, lo que le valió cinco años de prisión entre 1981 y 1984 y de 1987 a 1988. En 1993 el Reino Unido le dio asilo político, desde donde ha escrito varios libros y ha luchado por la justicia en su país en la distancia.
Un año antes de conseguir el asilo, en agosto de 1992 fue condenado -por rebeldía, como otros líderes de la oposición- a cadena perpetua por complot contra el presidente. Se le prohibió la entrada en países como Estados Unidos, Egipto y Líbano.
Se desconoce el peso del islamismo en Túnez, pues desde que los movimientos como el encabezado por Ghanuchi fuera desarticulado hace 20 años no hay cifras concretas. En las cárceles tunecinas, sin embargo, según denunció Human Rights Watch hace un año, hay unos 800 jóvenes condenados por ideas compartidas con los grupos radicales islámicos, pero que se sepa, no forman parte de grupos terroristas.
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Vida&Artes

El Papa concluye la reforma de la eternidad

Benedicto XVI proclama que el purgatorio no es un lugar físico, sino "fuego interior" del pecador - Juan Pablo II modificó en 1999 el concepto de cielo e infierno y antes de morir cuestionó el limbo

JUAN G. BEDOYA
En: www.elpais.com   /  Madrid: 16 de enero de 2011.
Todo es metáfora. Donde el Credo enseña que los buenos serán premiados con el cielo eterno y los pecadores castigados con un terrible infierno, en realidad no se refiere a lugares físicos entre las nubes o bajo tierra, sino a estados de ánimo. Vale lo mismo para el purgatorio, que el papa Benedicto XVI acaba de reducir también a un simple "fuego interior". "El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra, no es un fuego exterior, sino interno", dijo el Pontífice en la catequesis del miércoles pasado.
El purgatorio
El purgatorio, visto por el ilustrador Gustavo Doré de La divina comedia.- GETTY.
Jesús no fue un predicador del infierno, sino de la 'buena noticia'
Se amenazaba con la condenación para llamar al pueblo a convertirse
Karol Wojtyla: "El cielo no es un espacio situado entre las nubes"
El 60% de los católicos cree en Cristo, pero no en el fuego eterno
Juan Pablo II sostuvo algo parecido en agosto de 1999 sobre el cielo y el infierno, también meros estados de ánimo. Lo había proclamado mucho antes el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre, con esta frase que hizo época: "El infierno son los otros".
Dijo en 1999 el famoso papa polaco: "El infierno, más que un lugar, es una situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios". Y también que "el cielo no es un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con Dios".
Hasta ahora estaba justificado escribir cielo, infierno, purgatorio o limbo en mayúscula porque se consideraban topónimos, "si bien de carácter mítico o imaginario". Lo establece así la Real Academia Española en la reciente Ortografía de la lengua española. Su argumento es que esos sustantivos "designan específicamente los lugares establecidos por las distintas religiones como destino de las almas tras la muerte".
Liquidados como topónimos míticos, pierden el derecho a la mayúscula. Queda por llegar una petición de disculpas por las desgracias y los miedos causados con esos espantajos. Después de Galileo era imposible creer en el cielo tal como lo presentaban los eclesiásticos. Pero decirlo ha sido peligroso durante siglos. En el año 1600 fue quemado vivo Giordano Bruno; en 1616 condenado Copérnico, y en 1663, Galileo. El precio moral que ha pagado el Vaticano por esas barbaridades es elevado, pero mayor el quebranto de millones de fieles que han vivido -muchos viven todavía- aterrorizados por la idea del fuego eterno en un infierno ahora desechado.
Los papas libran ahora a sus fieles católicos de esa escatología apocalíptica, tenebrosa y vengadora. Teólogos tan importantes como Hans Küng o Hans-Urs von Balthasar se les adelantaron 40 años, el primero con grave riesgo de anatematización. Fue perito del Concilio Vaticano II por decisión de Juan XXIII y profesor de teología en la Universidad Católica de Tubinga cuando fue apartado del cargo por sus escritos.
En 1975 Küng escribió sobre el cielo: "No se puede hoy, como en los tiempos bíblicos, entender el firmamento azul como la parte exterior del salón del trono de Dios, sino como imagen del dominio invisible de Dios. El cielo de la fe no es el cielo de los astronautas. No es un lugar, sino una forma de ser". Dijo sobre el infierno: "No debe entenderse como un lugar del mundo supraterrestre o infraterrestre, sino como exclusión de la comunión con el Dios vivo".
Si todo era tan evidente, ¿por qué los papas revisan tan tarde la doctrina sobre el más allá? Hay tres respuestas. La primera tiene que ver con el llamado acoso de la ciencia. Roma no quiere repetir las amargas historias de Galileo o Giordano Bruno. La segunda razón es fruto de las estadísticas: el 60% de los católicos cree en Cristo, pero no en el infierno ni en el paraíso. Y, por último, se cumple una obligación conciliar que han retrasado más de lo prudente. La Iglesia debe vivir en su tiempo, y ha de actualizar la interpretación que en el pasado se hizo de los textos sagrados. Se trata del aggiornamento, la palabra preferida de Juan XXIII y su Vaticano II.
El último mito en caer en desuso ha sido el purgatorio. Se trataba de un lugar intermedio entre el cielo y el infierno, una especie de sala de espera. Nunca se dijo oficialmente dónde estaba ubicado y su entrada en escena, en torno a 1170, justificó la celebración del Día de Todos los Santos y la fea costumbre de las bulas con que comprar el cielo para las almas de amigos y parientes.
Otro tachón en la geografía escatológica afectó al limbo. Decían los catecismos clásicos que el limbo era el lugar al que iban quienes morían sin uso de razón y sin bautizar. Un lugar sin tormento ni gloria, algo así como estar en Babia toda la eternidad.
El castigo consistía en vivir en una tercera clase de cavidad distinta del cielo y el infierno, en el que las almas cándidas, además de estar privadas de gloria, sufrirían la ausencia de quienes habían tenido la fortuna de salvarse: padres, hermanos... La doctrina tridentina incentivaba con tan terribles argumentos el bautismo rápido de los recién nacidos.
Fue Juan Pablo II quien ordenó en 2004, poco antes de morir, al entonces cardenal Joseph Ratzinger (hoy Benedicto XVI) la dirección de una comisión teológica que razonase la supresión del limbo. No era un problema teológico aislado. El papado se sentía obligado a cambiar puntos de vista que han llenado de zozobra a sus fieles. Así, la visión que, desde san Agustín, tiene la Iglesia de Roma sobre el hombre como un ser irremediablemente empecatado desde que Eva y la serpiente liaron a Adán. El Papa buscaba una síntesis que ayudase "a una práctica pastoral más coherente e iluminada". La doctrina que coloca en el limbo a los niños muertos con el "pecado original" no lavado por el bautismo, es de origen medieval y poco relevante entre los teólogos modernos a no ser porque se hermana con la idea, también arrumbada por el Concilio Vaticano II, de que fuera de la Iglesia romana no había salvación.
"En el inicio creó Dios el cielo y la tierra", reza la primera frase de la Biblia. Para los que se toman este libro sagrado como doctrina, semejante inicio ocurrió en apenas una semana y hace unos 6.000 años. También sostienen que existió un paraíso (un jardín llamado otras veces el Edén, la Tierra del deleite), donde Adán y un apéndice costillar llamado Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel, que a su vez... La dichosa historia de la manzana les costó ser arrojados a unas tinieblas exteriores y tener que trabajar, ellos y sus descendientes, para ganarse el pan "con el sudor de su frente". El cronista bíblico no percibió desempleo en aquel tiempo.
Es una curiosa historia, con serpiente incluida y con final infeliz. En realidad, todo irreal. Pero sus consecuencias han sido terribles. Como durante siglos el tema del paraíso terrenal se ha interpretado tal como fue escrito en los tiempos del rey Salomón, los predicadores cristianos han enseñado que por Eva entró el mal y la muerte en el mundo y que la mujer merece desprecio eterno por ello. "No seáis nunca ni Judas ni Eva", exhortaba Pío XII, en los años cincuenta del siglo pasado, cada vez que había ordenaciones sacerdotales en Roma y recibía en audiencia a los misacantanos.
Hay una larga relación de pensadores cristianos que proclamaron en los años sesenta, tras el Vaticano II, lo que ahora predican los pontífices. Pero, para una mirada de lego, la nueva escatología papal pone patas arriba la interpretación clásica de los textos sagrados y lo que se ha enseñado como doctrina a los niños españoles en catecismos tan afamados como los de Astete y Ripalda. También decae estrepitosamente la idea de Tomás de Aquino sobre algunos de los placeres esenciales de los que van al cielo: además de la visión de Dios, el sabio de Aquino subraya el poco cristiano de la contemplación de los sufrimientos de los arrojados al infierno.
En la misma línea, el colosal Dante predica esa fruición vengativa cuando en La Divina Comedia, además de regodearse en la "región de los condenados" con la cita de ladrones, usureros, alcahuetes, traidores, príncipes negligentes, papas codiciosos y genios tramposos como Ulises (por lo del caballo de Troya), ajusta cuentas a sus paisanos de Florencia, de los que fue prior antes de ser exiliado. En su viaje al más allá el poeta cita a 32 florentinos que se pudren en los infiernos. Es humano el regodeo, pero de exageraciones tales procede quizás la alternativa excremental de la palabra escatología, un derivado de ésjatos (último) y logos (estudio): el estudio de los últimos días.
El cotilleo morboso de Dante ante los condenados al fuego eterno aterrorizó, en cambio, a Unamuno, que califica de "absurdo moral" la sola idea del infierno. "Por el infierno empecé a rebelarme contra la fe. Mi terror ha sido el aniquilamiento, la anulación, la nada más allá de la tumba. ¿Para qué más infierno?", escribió.
Por el infierno y el resto de la escatología cristiana, el Vaticano, con su enorme poder, llenó de sombras, tristezas y miedos durante siglos la visión de la humanidad, con límites tenidos hoy por irreverentes. Un ejemplo es el predicador capuchino Martin von Cochem, que llegó a fijar la altura de las llamas del infierno, llamando la atención sobre el hecho de que su fuego es más tórrido que el terrenal: porque sucede "en lugar cerrado", "se alimenta de pez y azufre" y es Dios quien lo sopla.
"Tú sabes", se exhibe Cochem, "que cuando se sopla sobre el fuego, éste prende con más ímpetu. Si el fuego se atiza con grandes fuelles, como se hace en las fraguas de los herreros, las llamas se enfurecen. Cuando es el Dios omnipotente el que sopla el fuego del infierno con su aliento, ¡cuán horrible no será su rabia y furor".
Que una escatología tan grosera y disparatada haya pervivido durante siglos se explica por el ansia de inmortalidad del género humano y la esperanza de un "más allá" tras la muerte. Lo sostiene el teólogo Manuel Fraijó, alumno en Alemania de Karl Rahner, Hans Küng o Walter Kasper (director de su tesis doctoral). "Ya avisó Feuerbach que, si no existiera la muerte, no existiría la religión. Y Nietzsche atribuía la victoria del cristianismo a esa deplorable adulación de la vanidad personal lograda a golpe de promesas de inmortalidad", añade.
El infierno es, además, una antiutopia destructiva. Al amenazar con las penas eternas, se pretendía infundir terror y provocar la huida del mundo. La mirada del más allá operaba como distracción para alejar a los creyentes de sus responsabilidades en la construcción de la ciudad terrena.
Al fondo está la doctrina de la resurrección, que nació también como respuesta a la injusticia. Dice el teólogo Fraijó: "Existen los injustamente tratados, los humillados y ofendidos, las víctimas del egoísmo y la barbarie. La resurrección viene a satisfacer una de las apetencias fundamentales del ser humano, marcado por una melancolía de la plenitud que únicamente la resurrección llena. Existe una antropología, llamémosla de los insatisfechos, que encaja bien con el anuncio de la resurrección. Para ella, la resurrección es una exigencia".
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La república filosófica

JUAN JOSÉ TAMAYO
En: www.elpais.com   /  Madrid: 16 de enero de 2011.
En un delicioso diálogo entre Borges y Ernesto Sábato, este pregunta qué opina de Dios. Borges: "¡Es la máxima creación de la literatura fantástica! Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología". Un siglo antes se le había adelantado Marx al afirmar que la religión es la realización fantástica de la esencia humana. Esa idea es la culminación de dos procesos que pone en marcha la modernidad en su crítica de la religión: la interpretación antropológica del cristianismo y la desmitificación de los textos del Nuevo Testamento.
Quien lleva a cabo la más radical lectura antropológica de los dogmas del cristianismo es el filósofo alemán Feuerbach en la más emblemática de las obras del ateísmo humanista del siglo XIX, La esencia del cristianismo, donde asevera que la religión es el sueño del espíritu humano, la esencia divina es la esencia humana, hablar de Dios es hablar del ser humano y el misterio de la teología es la antropología. El libro hizo furor entre los jóvenes hegelianos, hasta el punto de que uno de sus dirigentes, Arnold Ruge, resumió así la nueva situación político-cultural: "Dios, la religión y la inmortalidad quedan depuestos y se proclama la república filosófica".
Quienes llevan hasta sus últimas consecuencias el humanismo de Feuerbach son otros dos filósofos alemanes: Marx y Nietzsche. Para Marx, la lucha contra la religión es la lucha contra el otro mundo, del que la religión es el aroma espiritual. Una vez que ha desaparecido el más allá de verdad, la tarea intelectual consiste en averiguar la verdad del más acá. Ahora, la crítica del cielo se convierte en la crítica de la tierra, la crítica de la religión pasa a ser la crítica del derecho y la crítica de la teología se torna crítica de la política.
Nietzsche da un paso más. Una vez que Dios ha muerto y se ha demostrado vana la promesa de salvación en otro mundo después de la muerte, la única fidelidad a mantener es a la tierra y la respuesta a la pregunta por el sentido hay que buscarla en la historia: "¡Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra!", es su exhortación compulsiva en Así hablaba Zaratustra.
El proceso de desmitificación del Nuevo Testamento tiene lugar en la Ilustración y llega a su zenit con la conferencia pronunciada por el teólogo Bultmann en 1941 sobre Nuevo Testamento y mitología, en la que propone un ambicioso programa cuya idea central es la existencia de una distancia abismal entre nuestra concepción del mundo, que es científica, y la que ofrece el Nuevo Testamento, que es mítica. Es esa imagen la que hay que desmitificar, cree Bultmann, para que emerja el mensaje central del Evangelio, que es palabra viva de salvación para la humanidad. Este programa, asumido por los teólogos cristianos en diálogo con la modernidad, toca de lleno la línea de flotación de los dogmas del cielo, el infierno y, por supuesto, el purgatorio, cuya existencia fue negada por Lutero por carecer de base bíblica. ¿En qué quedan, entonces, los premios que prometían y los castigos con que amenazaban los predicadores de los Novísimos en nuestra infancia nacional-católica? ¿En pura "creación de la literatura fantástica"?
Juan José Tamayo es teólogo y autor de Para comprender la escatología cristiana.

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