LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

sábado, 19 de febrero de 2011

Llega elogiado libro que detalla la relación entre los intelectuales rusos y el poder

El volumen El coro mágico reconstruye el permanente intento de control de la ex Unión Soviética a sus artistas.
por Roberto Careaga

STALIN Y GORKI.
Una "bomba atómica literaria". Así llamó un funcionario soviético al Premio Nobel de Literatura que en 1958 recibió Boris Pasternak. Inesperado y político, el galardón recaía en un poeta más bien hermético, alguna vez fiel a Stalin, pero con un pecado mortal: se saltó los controles burocráticos y publicó clandestinamente en Europa Doctor Zhivago, una novela que no escondía su descontento con el régimen. Algo más: una novela de instantáneo éxito mundial. El premio indignó al jerarca Nikita Jrushov, a quien le bastó escuchar un resumen del libro para echar a andar una fiera campaña al estilo estalinista contra Pasternak. Lo expulsaron de la Unión de Escritores, descalificaron su obra en la prensa, fue llamado públicamente "oveja sarnosa", prohibieron su obra, lo amenazaron con la pena de muerte por "actuar contra la sociedad soviética" y le impidieron aceptar el Nobel. Pasternak pensó en el suicidio.
Dos años después, con 70 años, Pasternak fallecía. Aunque la burocracia soviética lo había borrado del mapa, a su funeral llegaron cerca de dos mil personas y la misa se convirtió en una de las primeras manifestaciones de la disidencia. Pasternak se iba como un mártir y la prensa de Occidente se ocupó de contarlo con todos los detalles. La URSS había movido mal sus piezas.
No fue fácil la relación de los artistas con la URSS. Fue un tira y afloja permanente. Una historia de aprovechamiento, traición, paranoia y represión que el periodista e historiador ruso Solomon Volkov rastrea con precisión milimétrica en el libro El coro mágico, que acaba de llegar a Chile. Las distancias y cercanías con el régimen de Vladímir Mayakovski, Vasili Kandinsky, Máximo Gorki, Sergei Eisenstein, Alexander Solyenitzin, Andréi Tarkovski, Joseph Brodsky y varios otros artistas son reconstruidas con detalles inéditos.
El control y las fisuras
A principios del siglo XX, Gorki imaginaba su funeral ideal: "Un carro traslada mi ataúd, seguido por un policía de aire indiferente". Iba a ser más multitudinario: 100 mil personas lo despidieron en la Plaza Roja de Moscú y los máximos líderes soviéticos dieron discursos. "El mayor de todos los humanistas", lo llamó Stalin, quien tuvo a Gorki como su principal aliado cultural. Juntos impusieron el realismo socialista como principal corriente estética de la URSS, y construyeron una estructura de beneficios y control para los artistas soviéticos.
"Para Stalin, la cultura soviética era una inmensa manguera que había de servirle para lavar el cerebro de sus súbditos", anota Volkov y reconstruye cómo el líder comunista terminó por alejarse de Gorki. La relación se enfrió después de que en 1933 el ruso anticomunista Ivan Bunin ganara el Nobel de Literatura que la URSS tanto había peleado para Gorki. Tras el galardón, la amistad entre el jerarca y su consejero cultural se enfrió paulatinamente. Volkov insinúa que Stalin pudo haber ordenado acelerar la muerte de Gorki.
No era la primera vez que un líder soviético desechara a sus asesores culturales. Lenin terminó indignado con los futuristas que le ayudaron en los primeros días de la Revolución. Con el poeta Mayakovski como el principal aliado de Anatoli Lunacharski, la cabeza del Ministerio de Educación hasta 1929, las vanguardias artísticas ocuparon todos los espacios de poder y definieron la estética soviética. Pero Lenin se aburrió. En medio de una tremenda escasez de papel, Lunacharski imprimió un poema de Mayakovski (150.000.000), que en vez de llevar su nombre tenía por autor a la República Soviética de Rusia. "Un texto idiota y pretensioso", dijo Lenin. Poco después, los futuristas perdían poder y artistas como Kandinsky y Marc Chagall emigraban a Europa Central.
Por supuesto, la URSS podía ir mucho más lejos con sus artistas. Después de que en 1921 se suicidara Sergei Esenin, el líder de los llamados Poetas Campesinos, las autoridades echaron a andar una campaña brutal para impedir su mistificación: representaba "la forma más atrasada de la vida social". Persiguieron a sus amigos, echaron de las universidades a sus lectores y prohibieron los libros de Esenin.
La paranoia en la URSS se extendió por décadas. Después de debutar como una sorpresa, Tarkovski fue acorralado por las autoridades por su película Andréi Rublev (1966): le pidieron que la montara de nuevo por su contenido "antipatriota" y terminaron prohibiéndola por seis años. La cinta, sin embargo, se estrenó en el Festival de Cannes y la fama de Tarkovski alcanzó nuevas dimensiones internacionales. Ya no había cómo detenerlo: la cortina de hierro se filtraba. Poco después, los métodos de la URSS no servirían para que se colara la cultura occidental.
TOMADO DE: http://diario.latercera.com/2011/02/19/01/contenido/cultura-entretencion/30-59801-9-llega-elogiado-libro-que-detalla-la-relacion-entre-los-intelectuales-rusos-y-el.shtml

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