LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

jueves, 30 de junio de 2011

Los fatídicos años sesenta en Cuba, en particular el 68 Por Luis de la Paz Diario Las Américas



Los fatídicos años sesenta en Cuba, en particular el 68

Por Luis de la Paz
Diario Las Américas

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José Lezama Lima y Virgilio Piñera

El 1968 fue uno de los años más nefastos en la historia de Cuba bajo el castrismo. Se emprendió la llamada Ofensiva Revolucionaria, que le dio un tiro de gracia a todo negocio privado... para 43 años después “comprender” que aquello fue un error (sin reconocerlo) y permitir de nuevo que se vendan fritas, maní, el campesino tenga su parcela y produzca, se reparen relojes y se vendan refrescos y café en un pequeño espacio, tal vez, en el mismo sitio donde estuvo enclavado y funcionando prósperamente hasta que fue clausurado tras el discurso del dictador Fidel Castro, donde atacó a los timbiriches y llamó a la Ofensiva Revolucionaria.

El marco de la época era tenebroso. El 1967, Año del Viet-Nam Heroico, con aquello de “crear dos, tres, muchos Viet-Nam, esa es la consigna”, promulgado por el Ché en el tristemente célebre Mensaje a la Tricontinental; el mencionado 1968, Año del Guerrillero Heroico; seguido de 1969, Año del Esfuerzo Decisivo, cuyo esfuerzo y decisión fue sembrar el hambre y la falta de productividad en la isla; el fracasado 1970, Año de los 10 Millones, la inalcanzable zafra azucarera que hundió aún más al país al arrasar campos de viandas y frutas para sembrar caña; y el 1971, Año de la Productividad, o más bien de la cero productividad.

Este período en su conjunto marcó un generalizado desastre en la isla desde el punto de vista social, pero también hubo una agresiva acometida contra la cultura. En el 67, se realizó el Salón de Mayo en el Pabellón Cuba, con la ventana para el exterior que ese evento significó para el cubano, que ya en ese entonces comenzaba a estar encerrado y aislado. En el 68, se desatan los sucesos del Mayo Francés y en agosto ocurre la invasión soviética a Checoslovaquia, aplastando con tanques la esperanza de libertad de los checos. El año 1968 Heberto Padilla gana el Premio UNEAC de Poesía con Fuera del juego, por el que, más tarde, sería encarcelado, humillado, obligado a denunciar a sus compañeros y a retractarse. Virgilio Piñera recibe el Premio Casa de las Américas de Teatro por Dos viejos pánicos. Delfín Prats se alza con el Premio David de Poesía con su libro Lenguaje de mudos. Tres escritores galardonados en distintos certámenes literarios y los tres tienen en común que desde el momento en que fueron premiados, sus vidas cambiaron,
cayó sobre ellos, la aplastante mano de la censura, la persecución y el ostracismo.

Padilla, finalmente se fue de Cuba, herido, arrastrando una carga emocional y una responsabilidad personal por su actitud, de la que nunca se pudo recuperar. Tengo un recuerdo imborrable: Durante la presentación de la edición conmemorativa por el 30 aniversario de Fuera del juego en la Librería Universal, vi a un hombre abatido, incluso temeroso, y esa imagen acude una y otra vez cada vez que evoco al escritor. Por su parte Virgilio Piñera deambulaba por las calles de La Habana esperanzado en que se publicaran sus libros y se le montaran sus obras. Hasta que murió en 1979, su nombre fue borrado de la cultura cubana. Después de su fallecimiento resulta que es “una de la voces mayores de las letras cubanas” y “el máximo dramaturgo del siglo XX en la isla”, según Yaimara Villaverde Mercé, en el periódico Granma. ¿Si es así (como también lo creo) por qué no se le publicó, ni se le llevó a escena durante más de una década? Todo lo contrario, ni una letra se le publicó y ni una letra de su nombre se atrevieron a mencionar los numerosos virgilianos que existen en la actualidad. La primera obra que se le estrenó tras levantársele el veto, Aire frío, fue humillante: fue una puesta para “recaudar fondos para las Milicias de Tropas Territoriales”, encargadas de reprimir y sostener en el poder a la tiranía. Delfín Prats, que Kaloin Santos Cabrera en Juventud Rebelde califica de “poeta mayor”, aún vive en la isla. La primera edición de su libro Lenguaje de mudos, nunca se distribuyó en la isla. El libro fue recogido y los censores de cultura ordenaron hacerlo pulpa. Vi un ejemplar de ese libro en casa de Reinaldo Arenas, una mañana en la que estaba allí Delfín Prats, orgulloso de haber salvado de la hoguera oficial al menos un ejemplar de su obra. Siempre es bueno y una señal de victoria (aunque sea tardía) que al final se reconozca que las víctimas de los desmanes y delirantes decisiones de un dictador y sus secuaces, son los triunfadores.

Lamentablemente las circunstancias políticas en Cuba siguen siendo hoy en día las mismas que en los años sesenta, porque lo que no ha cambiado es la esencia. Se sigue encarcelando a aquellos que disienten con el régimen, se les sigue negando el permiso de salida a quienes discreparan, como Yoani Sánchez y los miembros de la banda Porno para Ricardo, mientras que sus voceros se desplazan libremente por el mundo, incluso ofreciendo lecturas y conciertos en Miami, como Reina María Rodríguez, autora de Hoy habla Fidel, donde dice: “aunque no supiéramos/ qué iba a decirnos/ aunque sólo fuera verlo/ sentirlo detrás de la pantalla/ la casa se acomodaba en silencio/ y las palomas quedaban quietas/ hoy habla Fidel y yo he crecido”, o Pablo Milanés, autor de, entre otras: Yo me quedo, su respuesta a los que se iban por Mariel en 1980, y Canción por la unidad Latinoamericana, cuyo estribillo final dice: “Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,/ Fidel la dignificó para andar por estas tierras”.

Ya sea reciclando a los que con saña reprimió o practicando la necrocultura, para aprovecharse para su propaganda de las figuras que han muerto, la dictadura castrista (y sus cómplices en el marco cultural), serán condenados por la historia, no importa el talento que puedan haber tenido. A Ezra Pound, Knut Hamsun o la Leni Riefenstahl, se les sigue señalando por su apoyo a Hitler. Lo mismo ha ocurrido con los escritores que apoyaron a Stalin y así ocurrirá con quienes han respaldado al castrismo.
La historia es implacable.

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