LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 18 de julio de 2011

El insulto como oficio Manuel Barreto Hernaiz TOMADO DE: EL CARABOBEÑO DIARIO DEL CENTROÑO


El insulto como oficioManuel Barreto Hernaiz
barretom2@yahoo.com

"...El insulto inmerecido, cuando no hay razón para el improperio, es ofensa. Cuando el insulto hace honor a la realidad del insultado, más que ofensa es falta grave a la caridad con que debemos acoger a las personas..."
Pancracio Celdrán. G.

Esto del insulto es tan viejo como las civilizaciones. De acuerdo a su etimología, el insulto se deriva de asalto, ataque, que se desprende de la voz latina "assalire" saltar contra alguien, asaltarlo para hacerle daño de palabra, con la clara intención de ofenderlo y humillarlo mostrándole odio, irrespeto y desestimación.

Es reconocida la inquina que acompañaba la prosa de Quevedo: Una vez y refiriéndose a Góngora, dijo que era "un niño mayor de edad" o sea, un inmaduro. En su momento también la Revolución Rusa se ocupó del asunto, pues en 1923 León Trotsky escribía... "El lenguaje blasfemo en nuestras clases socialmente inferiores era el resultado de la desesperación, la amargura y, sobre todo, de la esclavitud sin esperanza ni evasión... Dos corrientes de la procacidad rusa -el lenguaje blasfemo de los amos, los funcionarios, los policías, grueso y rotundo; y el lenguaje blasfemo, hambriento, desesperado y atormentado de las masas- han teñido toda la vida rusa de matices despreciables. Tal fue el legado que, entre otros, recibió la revolución del pasado..."

El origen del insulto puede ser encontrado en el odio y el resentimiento, y su finalidad es la descalificación y de ser posible, la anulación del otro. El insulto es una cobardía que pretende dejar al otro indefenso.

Nos encontramos ante la socialización de la vulgaridad, pues lamentablemente, nos hemos venido acostumbrando al insulto, a la grosería, a la más simple ordinariez que pretende degradar el trato, llegándose a niveles de violencia y agresividad, es una enfermedad social. Los insultos habituales de los lenguajes totalitarios al describir a los enemigos del régimen, asocian la futura víctima a un "gusano", "pitiyanqui", a un "parásito, escuálido" a un "cáncer"... (Consideramos que esta palabra será "por ahora" excluida del "Manual del Insulto Revolucionario").

Al transformar a su víctima en eso, el maldiciente invierte el sentido del crimen, desde lo negativo el acto deviene positivo, se convierte en una medida de limpieza, profiláctica. "Nosotros somos el futuro, el hombre nuevo; los otros son los reaccionarios, son el pasado, la cuarta..." Apelando a una diferenciación moral "Nosotros somos los buenos, los escuálidos, los golpistas, los oligarcas son los malos".

Digno de estudio sociológico resulta como el insulto se ha ido "reacomodando" a los sistemas cibernéticos de comunicación, a la Red de Internet, al Facebook, o al Twitter, ya el asunto pasa de agresión verbal a duelo de palabrotas, olvidando que el insulto no es algo sano, pero, como tantas cosas negativas, nos vamos acostumbrando a su desconsiderada utilización.

Allí tenemos un nefasto y lamentable ejemplo: "La Hojilla". En ese reality show del escarnio, lo soez y lo vulgar, se pone de manifiesto ese sempiterno chantaje de anular al otro. En el transcurso de esta semana el Colegio Nacional de Periodistas condenó - una vez más- "la descalificación, el etiquetaje de personas y medios con palabras obscenas, la invitación a leer textos que incitan al odio racial, y demás prácticas abusivas con respecto a la libertad de expresión" contenidos y expresados por el conductor del programa "La Hojilla" al referirse a Miguel Henrique Otero, director del diario El Nacional. De acuerdo al comunicado, hasta la madre de éste salió a relucir. Pareciera que el insulto en el canal del Estado ya es una institución amparada por Conatel, en tanto que Globovisión se hace recipiendario de todo tipo de multas, amenazas, vejaciones... e insultos.

Sin embargo, ante esa voluntad maldiciente que tan común se ha hecho en la verborragia del régimen y sus secuaces, que aflorara naturalmente -de allí que el modelaje se expanda- tengamos presente que no existe insulto hasta que el que recibe el improperio, lo valora como tal. Para lo cual, esta receta de Russel Lynes: "La única manera digna de responder a un insulto es hacer caso omiso de él. Si no puedes hacer caso omiso de él, supéralo. Si no puedes superarlo, ríete de él. Si no puedes reírte de él, quizá lo merezcas"
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"Para meter mentiras y comer pescado hay que tener mucho cuidado". El pueblo es sabio, no pendejo.

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