LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 8 de abril de 2012

MANUEL BALLAGAS Y SU CONTROVERSIAL NOVELA ‘PÁJARO DE CUENTA’

 

Especial/El Nuevo Herald

El Manuel Ballagas que yo recuerdo sigue siendo un joven e inquieto personaje a quien, como en su reciente novela, Pájaro de cuenta, Virgilio Piñera ve pasar en una calle de El Vedado. Hijo de uno de los grandes de la poesía cubana, de Emilio Ballagas, y de quien alguna que otra vez oí anécdotas de su etapa neoyorquina en casa de un amigo de Miramar, allá en La Habana.
Pero, todavía ignoro por qué lo asociaba con los escritores de El Puente. Quizás por esa suerte de ubicuidad que lo acompaña, a mi modo de ver, pues siempre aparece y desaparece de los sitios en que durante todos estos años ha vivido y creado.
Ahora tiene tiempo para caminar por las mañanas en compañía de esa amorosa esposa que es Juanita Baró, y de escribir a sus anchas, recreando personajes que se parecen a los que conoció en su etapa de juventud. Ha publicado varios libros y colaborado con sus textos en revistas literarias y periódicos, y recientemente salió de imprenta una novela que algunos consideran controversial, Pájaro de cuenta.
Me acabo de leer Pájaro de cuenta y su lectura ha motivado esta entrevista.
¿Ser el hijo de un gran poeta afectó de algún modo tu infancia?
Para un niño, sus padres son sus padres, y nada más. Así que mi primera infancia fue bastante normal. Crecí en el vecindario habanero de la Víbora, rodeado de afecto, y de los libros, y los literatos -y aspirantes a serlo- que nos visitaban. La muerte de papá, en 1954, tan joven, fue un fuerte golpe. A los seis años no se entiende la muerte.
¿Dónde naciste, y qué recuerdas de esa infancia primera, cuando todavía estaba vivo Emilio Ballagas? A partir de su muerte, ¿cómo transcurrió tu vida?
Nací en La Habana, en 1948. Papá me hablaba de un caballo alado que nos llevaría a pasear. Me regalaba cocuyos por mi cumpleaños. Me contaba que Gastón Baquero tenía una lámpara maravillosa. Mi madre siempre tuvo su cátedra, y además, la República me otorgó una pensión cuando papá murió. No éramos ricos ni pobres. Pasamos unos años en Estados Unidos. Después, vino el desastre que todos conocemos.
¿Tu madre, también era profesora...?
Sí, se llamaba Antonia López Villaverde y murió en Miami en 1995, a los 85 años. Desde que llegó a EEUU en 1970 adoptó el apellido de papá. Al igual que mi padre, mi madre tenía cátedra en la Escuela Normal de La Habana. Cátedra de inglés, pues era graduada de la Universidad de Columbia y de la de La Habana. Doctora en Filosofía y Letras y doctora en Pedagogía, igual que mi padre, con quien se casó en Nueva York, en 1946. Los dos se conocieron allí mientras hacían cursos de posgrado. La cátedra de mi padre en la Normal era de español y literatura. Mi madre puso empeño en que yo aprendiera inglés y por eso tuve una nana jamaiquina y vivimos un tiempo acá en Estados Unidos como parte de un intercambio de profesores con este país. También, cuando tenía tiempo, me enseñaba latín, que ella manejaba un poco, igual que el griego antiguo. Tremenda familia, pero ella era muy modesta y me enseñó también a no jactarme de todas esas cosas.
Escogiste escribir, ¿pero crees que hubieras podido seguir otra vocación? ¿Has escrito poesía?
Publiqué mi primer cuento a los 15 años, en la revista Casa de Las Américas. Así que empecé temprano. He intentado versificar, y hasta he publicado versos. Pero la poesía es la síntesis más elevada de la imaginación. A mí no me sale. Qué se va a hacer.
¿Publicaste tu primer libro con las Ediciones El Puente, y luego pasaste cinco años en prisión. ¿Por qué motivos? ¿Cómo fue tu vida en la cárcel?
No fue así. Mi libro Con temor fue fustigado por Castro en 1965. Lo llamó “contrarrevolucionario” e “intolerablemente morboso”, y no se publicó. Caí preso en 1973, por diversionismo ideológico. Me echaron 12 años pero al fin cumplí cuatro. Pasé un año entre chinches y mugre, en la vieja prisión de La Cabaña. Corté caña de sol a sol en un campo de trabajos. Terminé en Camagüey, donde construían vaquerías, y había presos políticos y comunes. Desde asesinos en serie hasta violadores y ladrones. Conocí a mucha gente interesante. Después, di pico y pala, trabajé en una siderúrgica hasta que abandoné ese infernal país.
Llegaste a Estados Unidos por el Mariel. ¿Hicieron el viaje juntos tú y Juanita Baró, tu esposa, o estuvieron separados un tiempo? ¿Por qué te fuiste a Cincinnati? ¿Y cómo llegaste a Miami?
Mi esposa, una gran artista, fue también víctima de mi proceso. Vetada de viajar al extranjero y hostigada por la Seguridad del Estado en su grupo de danza. Así que juntos -ella, nuestro hijo y yo- nos metimos en la embajada de Perú, en 1980, y llegamos aquí en bote. No sólo hemos vivido en Cincinnati, sino en Washington, Nueva York y Tampa.
Ocupé cargos en una editorial, en Radio Martí, y después en The Wall Street Journal y The Tampa Tribune. Fue un peregrinar laborioso. Y ahora, retirado yo, volvimos a Miami, donde tenemos vínculos profundos.
¿Por qué escogiste a Virgilio Piñera para tu novela Pájaro de cuenta? ¿No hay un poco de ensañamiento en esto?
En la novela el fantasma de papá no existe. Y el Virgilio real -a quien conocí poco, lo confieso- no es el de mi novela. El Piñera ficticio es la caricatura de un intelectual cubano ambivalente que, llevado por el resentimiento y el oportunismo, aceptó dádivas del régimen y luego sufrió las consecuencias. Aun así, tiene rasgos que le redimen: identifica a sus perseguidores y los elude. Mi verdadero ensañamiento no es con el Piñera que escribió que la revolución le había dado “carta de naturaleza”; es con la dictadura que llevó a Virgilio a la muerte y ahora le rinde homenajes hipócritas.
¿Te sientes realizado, ahora que han pasado años, estás retirado, y escribes todo el tiempo?
Que la muerte me sea leve. Que llegue “tan callando” y los míos no sufran. Y que cuando toque, pueda reunirme con mi hijo y mis padres en el cielo. He tenido una compañera amorosa y leal, una vida profesional fructífera. He trabajado en sitios que nunca soñé. He publicado tres libros. Así que lo que le pido a Dios es tiempo para compartir con Juanita y terminar una novela, Chivo loco, y un libro de cuentos que se titula Malas lenguas.•
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