LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 7 de noviembre de 2012


TOMADO DE: http://www.abc.es/20121108/cultura-libros/abci-huidobro-antologia-201211071704.html

Libros

Vicente Huidobro: y el verbo se hizo gracia

La Fundación Banco Santander publica «Poesía y creación», fantástico canon de Gabriele Morelli sobre el poeta chileno

Día 08/11/2012 - 02.40h
Vicente Huidobro: y el verbo se hizo gracia
ABC
Vicente Huidobro, en 1916, en el barco rumbo a España
Vicente Huidobro dejaba América. El contramaestre de ese navío que levaba anclas en Buenos Aires aquel día de noviembre de 1916 no daba crédito a lo que veía. ¿Pero quién ha metido una vaca en el barco?, se preguntaba estupefacto aquel lobo de mar. El culpable estaba entre el pasaje. Era un joven chileno de veintitrés años, casado y con dos hijos. Y, además, poeta, poeta rumbo a España, al apasionante y apasionado París donde fermentaba la cerveza de los ismos.
Huidobro, Vicente Huidobro, ese es su nombre, confirmó el marino. Lejos estaba aquel oficial de saber que en el buque, además de la susodicha vaca (para dar leche fresca a los pequeños hijos del chileno) viajaba uno de los grandes poetas del siglo XX, rompedor de formas y de fondos, alquimista de la palabra, incansable demiurgo, el hombre que inventaba la vida verso a verso.
Polemista apasionado, enfrentado años y años con Neruda («el Bacalao», lo llamaba, «su poesía es para todas las tontas de América»), comunista («de culo dorado», le contestaba don Neftalí Reyes), descendiente de Alfonso X El Sabio y del Cid, riquísimo, enamoradizo (hasta secuestró a uno de sus amores, Ximena, de quince años y se la llevó a París lo que casi le cuesta morir a manos de los sicarios mandados por la familia), epicentro de la vida cultural de la Ciudad de la Luz desde 1916 (amigo de Breton, de Picasso, de Apollinaire, Paul Éluard, Tristán Tzara y, sobre todo, de Juan Gris)...
«Oxígeno casi invisible de nuestra poesía», según Octavio Paz, la influencia de Huidobro es patente hasta en García Lorca, e incluso en el propio Neruda y sus «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», evidentemente en sus amigos Larrea y Gerardo Diego, y trascendental en el desarrollo de las vanguardias españolas.

Inventor de la palabra

Huidobro era un inventor, un poeta iniciático, una fuerza mítica y telúrica del verso. Y siempre fiel a los principios de su credo poético: «Crear, crear, crear, como la Naturaleza crea el árbol. ¿Por qué cantáis la rosa?, hacedla florecer en vuestros versos».
La obra de Vicente Huidobro, tras largo tiempo desasistida entre nosotros (la Generación del 27 siempre prefirió tener entre los suyos a Pablo Neruda) vuelve a ser valorada como se merece en los últimos tiempos, como el auténtico germen y la más alta modernización de la poesía española, como el visado para cruzar las fronteras de la vanguardia.
Vicente Huidobro: y el verbo se hizo gracia
ABC
Portada del libro
Pocos como él trazaron un mapa de coordenadas tan imaginativas y apasionantes para la lírica escrita en español. En esta línea de recuperación del genial autor de «Altazor» se sitúa «Vicente Huidobro. Poesía y creación», nuevo título de la Colección Obra Fundamental de la Fundación Banco Santander, en edición de un gran experto, Gabriele Morelli, catedrático de Lengua y Literatura Española de la Universidad de Bérgamo.

Textos poco conocidos

El libro recoge la mayoría de su poesía (incluido un poema casi desconocido en España, «Hermanos» («Hombre de mi lengua y de mis lenguas / El hombre siempre desgraciado / El que honra al cielo y trabaja la tierra»), una suerte de reconciliación con el género humano), sus trascendentales manifiestos, y un puñado de cartas, alguna inédita, del chileno con Lorca, Gerardo Diego, Guillermo de Torre, Buñuel («me cago en usted hasta la quinta generación», le suelta), e incluso una marvillosa entrevista publicada en el diario santiagueño en mayo de 1939.

Cuchilladas por escrito

En ella, además de señalar que «la poesía contemporánea empieza en mí» y de tirar puñales a todo bicho viviente (Lorca, Neruda, la crítica), arremete de forma elocuente, probablemente desaforada contra la literatura española en la forma que conviene resaltar aquí al completo: «No hay en España un Dostoyevski, ni un Gogol, ni un Tolstoi, ni un Stendhal, ni siquiera un Proust, ni un Meredith, ni un Goethe, ni un Hölderlin, ni un Nietzsche... Lo mejor que ha tenido la literatura espñola en los últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pesar de su voz engolada. No hubo en España un Víctor Hugo, un Musset, un Baudelaire, un Rimbaud, un Lautreamont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España no tenía sino un Zorrilla, un Espronceda, un Núñez de Arce o novelistas como el señor Pereda, que todavía se atreven a editar los editores españoles. Desde el Siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Esta es la verdad, la triste verdad». Desde luego, en España, salvo el caso de Larrea y Diego, Huidobro no se dedicó a hacer amigos.
Vicente Huidobro murió en 1948, a los 55 años de edad. Los padecimientos que pasó al final de la II Guerra Mundial (participó en la liberación de Berlín) le pasaron factura. Contó incluso que había robado el teléfono de Hitler en su Nido de Águila. Fue enterrado (de pie) en Cartagena, a un paso de la Isla Negra nerudiana con el que se había reconciliado al final de sus días. Su epitafio, otra bandera poética tremolando: «Aquí yace el poeta Vicente Huidobro. Abrid la tumba. Al fondo se ve el mar».

«Hermanos», último poema de Huidobro

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