LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La tentación aún vive arriba

  • La herida por la muerte de Marilyn Monroe sigue abierta en el 50 aniversario de su fallecimiento
David Alandete Washington
Una investigación busca los archivos perdidos del FBI sobre ella. En total, todo aquello que la actriz dejó atrás —su imagen, eminentemente— crea al año 27 millones de dólares

Los caballeros las prefieren de cera

Pasamos la mañana del 50º aniversario de la muerte de Marilyn Monroe en el museo madrileño que alberga su réplica

Marilyn en diez vestidos

La 'sex symbol' dejó un sello que se mantiene vigente. Un repaso a diez de sus modelos imprescindibles

La cultura elige el cine de Marilyn

Personajes del mundo de la literatura, el cine y el arte elaboran una particular filmografía comentada de la actriz

¿Cuál es su película favorita?

Los lectores deciden en el blog de cine VERSIÓN MUY ORIGINAL cuál es el filme que más les ha marcado de la actriz

Marilyn en sus palabras

Un repaso a la vida de la actriz a través de extractos de sus memorias 'My story', texto clave sobre ella
La actriz Marilyn Monroe leyendo. / SNAP

Una vida como fantasía literaria

Javier Molina Madrid
Marilyn ha protagonizado un sinfín de novelas y biografías. Estas son algunas de las obras más destacadas
REPORTAJE

Marilyn oculta

Pensábamos que sabíamos todo sobre ella. Pero el mito de Hollywood guardaba un secreto: tenía la necesidad compulsiva de escribir sus sentimientos...
'Marilyn', de Andy Warhol

La musa pop, de Warhol a Banksy

La actriz cautivó a los objetivos de las cámaras. Y no solo a ellos: la plástica bebe de su eterna fascinación

Perlas cinéfilas de un mito

'Con faldas y a lo loco', 'El príncipe y la corista...'. Un repaso en imágenes por las secuencias que hicieron de Marilyn Monroe un icono de la cultura popular

En los zapatos de Marilyn Monroe

Ana Marcos Madrid
EL PAÍS SEMANAL pasea por el Museo Ferragamo donde se recupera la dualidad entre la persona y el personaje por el armario de la icónica actriz
La soprano Laura Aikin en un momento del acto final de la ópera "Waiting for Miss Monroe". / HANS VAN DER BOGGARD

El mito Marilyn entra en la ópera

Lourdes Morgades Barcelona
El Festival de Holanda estrena ‘Waiting for Miss Monroe’, sobre los últimos días de la vida de la actriz
Fotograma de la película 'Mi semana con Marilyn'.

"Interpretaría este papel siempre, voy a echar de menos a Marilyn"

Ana Marcos Madrid
Michelle Williams encarna a Monroe en 'Mi semana con Marilyn', el estreno del director Simon Curtis en la gran pantalla
REPORTAJE

Kennedy y Marilyn, en la bañera

Portada del libro "Marilyn y JFK" de François Forestier
JOSEBA ELOLA
Ella, una adicta a las pastillas que se lavaba poco. Él, un hombre sin moral que se 'acostó' con medio Hollywood. Así retrata François Forestier la relación entre el presidente y la 'sex symbol'
REPORTAJE

Intimidades de Tony y Marilyn

Barbara Celis Nueva York
Curtis desvela en su libro de memorias los detalles de su idilio con la estrella antes de que ambos alcanzasen la fama
REPORTAJE

La 'glamourosa' y flatulenta Marilyn

Marilyn Monroe.
Barbara Celis Nueva York
Una biografía sobre Clark Gable cuenta que la actriz dormía entre restos de comida
REPORTAJE

Marilyn en estado puro

Uno de los iconos del siglo XX sigue sorprendiendo 45 años después de muerta. En su último posado muestra una cicatriz que, lejos de romper el mito, humaniza su figura.
REPORTAJE

Incombustible vigencia de ‘la diosa’

Marilyn Monroe, en diferentes momentos de su última sesión de fotografías tomadas por Bert Stern.
Octavi Marti París
Gran éxito de la exposición en París de las últimas fotografías que le hicieron a Marilyn Monroe antes de su muerte

Marilyn Monroe, el icono más rentable de América

Barbara Celis Nueva York
REPORTAJE

El aullido poético de Norma Jean

Marilyn consulta un libro sobre Goya en 1953. / MPTVIMAGES.COM
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS Madrid
Un libro recoge los versos inéditos de Marilyn Monroe, sobrecogedor retrato de la cara más amarga del mito - La muerte, el desamor y la soledad son algunos de sus temas
05/08/201202:11 CET

La tentación aún vive arriba

foto de la noticia
David Alandete Washington
La herida por la muerte de Marilyn sigue abierta. Una investigación busca recuperar archivos perdidos del FBI. Por D. ALANDETE
04/08/201200:28 CET

La cultura elige el cine de Marilyn

Rocío Huerta Madrid
Personajes del mundo de la literatura, el cine y el arte elaboran una particular filmografía comentada de la actriz. Por ROCÍO HUERTA
03/08/201202:16 CET

Marilyn en sus palabras

Un repaso a la vida de la actriz a través de extractos de su libro de memorias 'My story', uno de los textos fundamentales sobre ella
26/06/201202:28 CET

La Filmoteca d’Estiu tienta a los cinéfilos con Marilyn en su lengua

foto de la noticia
La retrospectiva forma parte de un proyecto más amplio que comienza en las Nits de Cinema de la Universitat en el Carme
08/04/201201:51 CET

Marilyn, más viva que nunca

foto de la noticia
Eva Sáiz Washington
Desde el Festival de Cannes hasta una firma de cosméticos, todos quieren apuntarse a la celebración del 50º aniversario del fallecimiento de la actriz

lunes, 20 de agosto de 2012

Música

Adiós a Scott McKenzie, la voz de «San Francisco», himno del movimiento hippie

El artista padecía un síndrome nervioso que habría desencadenado el infarto del que ha fallecido a los 73 años

Día 20/08/2012 - 15.39h
AP
Scott McKenzie, en el centro con bigote, rodeado por los Mamas And The Papas
Scott McKenzie se hizo famoso mundialmente, en el sentido literal del literal del término, con una sola canción. No fue el primero ni será el último artista popular que con una sola pieza se incorpora al Olimpo de los mejores, pero así sucedió con McKenzie quien en 1967, el Verano del Amor, triunfaba con una de las canciones más bonitas de la historia de la música pop: «San Francisco». Incluso, la canción no la firmaba el propio Scott, sino que había sido compuesta por el genial John Phillips, de The Mamas and The Papas.
Se cuenta que la idea de crear esta canción partió de los organizadores del inminente festival de Monterrey quienes querían una canción verdaderamente hippie y pacifista que amansara a las posibles fieras que pudieran acudir al considerado primer macrofestival de la historia.

Monterrey: cartel de lujazo

Además de McKenzie y de los Mamas (Philips era uno de los promotores), por el Festival pasaron, entre otros, Canned Heat, Simon & Garfunkel, Jefferson Airplane, Janis Joplin, The Animals, The Who, Country Joe & the Fish, Otis Redding, Jimi Hendrix, Ravi Shankar, The Byrds, Grateful Dead, Quicksilver Messenger, Buffalo Springfield... Casi nada.
McKenzie había empezado su carrera en compañía del propio John Phillips en diversas bandas de los primerísimos 60. También con Phillips, fundó los Journeymen, un grupo de folk muy evolucionado que tuvo bastante repercursion en la época. Tras tres álbumes, llegó la separación y Scott no quiso formar parte de The Mamas & The Papas, aunque su estrecha e intensa relación personal y profesional con Phillips perduró. Y no ls fue mal. De hecho, «San Francisco (be sure to wear some flowers in your hair)». se convirtió en el himno oficioso del Verano del Amor y en una de las canciónes eblemáticas del planeta hippie y la contracultura.

sábado, 18 de agosto de 2012

De poética memoria

'El laberinto del mundo', de Marguerite Yourcenar, es su búsqueda del tiempo perdido: el más mínimo recuerdo desata una retrospección colosal. El libro reúne sus tres tomos de memorias —'Recordatorios', 'Archivos del Norte' y '¿Qué? La eternidad'—

Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903-Maine, 1987), fotografiada en 1979 en su casa de Maine (Estados Unidos). / Foto: JP Laffont / Corbis
La conversión de la realidad en literatura es uno de los más curiosos empeños del ser humano. Por eso mismo es uno de los rasgos que nos definen como humanos. Y fue el principal empeño de Marguerite Yourcenar. El laberinto del mundo conforma una monumental autobiografía a la que dedicó quince años de escritura, los últimos de su vida. El primer volumen de la trilogía, Recordatorios, vio la luz cuando su autora estaba a punto de cumplir los setenta años. El segundo, Archivos del Norte, cuando se acercaba a los ochenta. Y el último, ¿Qué? La eternidad, se publicó póstumo e inconcluso. En esta evocación general de su pasado se cumple la tendencia general de Marguerite Yourcenar a ser más una narradora que una novelista: una narradora que pone al día la antigua tarea de hacer poética la realidad. La primera frase, “el ser humano al que llamo yo”, va más allá de una sorprendente perífrasis. Con ese principio prodigioso inicia un relato en el que ella misma es tratada como “un personaje histórico que hubiera intentado recrear”. A la manera de su admirado Borges, Yourcenar se deja llevar por el sueño cervantino y el quijotesco con todas las consecuencias.
Si lo pensamos bien, Marguerite Yourcenar es en realidad un personaje literario inventado por Marguerite de Crayencour cuando modificó su apellido real por un anagrama lleno de consecuencias. Al elegir un apellido “por el placer de la Y” se conectó con un linaje cultural, que tiene su origen en Grecia. Al mismo tiempo, dio el primer paso para desvincularse definitivamente de su familia de sangre. Yourcenar acabó siendo su apellido legal. Cuando escribe El laberinto del mundo, el universo de la escritora ha dado un giro completo: ahora Marguerite de Crayencour es el personaje literario de Marguerite Yourcenar. Las nociones narratológicas son ya muy precisas: la narradora es M. Y. Su protagonista es M. de C. Naturalmente, todo esto no se reduce a un juego. Quijotesca, más que cervantina, es esta apuesta para cambiar el mundo con lo que uno ha leído y con lo que uno mismo escribe. Cambiar el mundo con la literatura.
En una autora que estuvo influida por Gide y por Montherlant, nos encontramos con una obra final bajo el signo de Proust. El laberinto del mundo es su búsqueda del tiempo perdido. El más mínimo recuerdo, suyo o de cualquiera de sus familiares o informantes, desata un relato por el que merece la pena extraviarse, hasta llegar al origen del mundo en una retrospección colosal. Pugnan en el relato general dos conceptos del tiempo antagónicos: el lineal y el circular. Lineal, porque las palabras se suceden como el agua que fluye, por utilizar otro título yourcenariano. Pero una fuerte circularidad tiende a que todo retorne. Es el tiempo cíclico de los orientales, pero también el de nuestros antiguos griegos y romanos. Ahí se encuentra la clave de una de las últimas escritoras que merecen realmente la calificación de humanista: el pasado grecolatino, Oriente, especialmente Japón, y el Renacimiento. Esta mujer, que tanto ha despejado nuestro futuro, se pasó la vida inmersa en el pasado. Al principio de Archivos del Norte cita dos versos célebres de Homero: “¿Por qué me preguntas por mi linaje? Como la generación de las hojas, así la de los hombres”. En ellos se resume la visión pagana del mundo: el paso del tiempo no es ni bueno ni malo. Los seres humanos se suceden como las hojas que caen cada otoño y renacen cada primavera.
Los archivos en un sentido muy amplio contaban con una realidad casi literaria, en la que se englobaba todo lo que ya estaba escrito sobre esa región y sobre su propia familia. En los datos familiares entra todo tipo de textos: la familia paterna es muy consciente de su posición en el mundo, editaba un boletín interno con sus noticias propias, y contaban con datos de todo tipo, anotados por distintos parientes. Todo, desde los archivos más grises hasta los apuntes más humildes de su madre, es leído poéticamente por Yourcenar. Por eso, al dibujar el trazo último de uno de sus tíos, cambia la expresión habitual “de piadosa memoria” por otra nueva, polivalente y despejada, más acorde con el retratado: “De poética memoria”.
La frase “el ser humano al que llamo yo” inicia un relato en el que ella misma es tratada como “un personaje histórico que hubiera intentado recrear”
Ya los patricios romanos solían escribir sus memorias como una contribución a la historia futura. Yourcenar aplica una doble paradoja. En primer lugar, estos relatos se orientan hacia la novela, no hacia la historia. La narradora no duda a la hora de atribuir a sus personajes pensamientos, sueños o palabras sin documentar. Y —ésta es la paradoja más curiosa— los miembros de la familia de Yourcenar ya han sido protagonistas de sus novelas anteriores. Por poner sólo un ejemplo, la pareja formada por Jeanne y Egon inspiró la primera novela de Yourcenar, Alexis o el tratado del inútil combate, y otra posterior, El tiro de gracia. Uno de ellos maneja para otros asuntos el título mismo de El laberinto del mundo. Sin embargo en esta autobiografía es cuando los conocemos de verdad. A cambio, la propia Yourcenar se inscribe en su propia obra de ficción: “Me gustaría tener por antepasado al imaginario Simon Adriansen de Opus Nigrum”. Unos años más tarde, encontraremos en el epitafio de la escritora unas palabras de esa novela suya. En resumen: todos los materiales biográficos recogidos no se destinan a la historia futura, sino a la ficción pasada.
Esta mujer lúcida se autorretrata inscrita “en las coordenadas de la Europa cristiana y del siglo XX”, que en gran medida siguen siendo las nuestras. Contempla, de cerca y de lejos, la Primera Guerra Mundial y vislumbra los horrores siguientes. No obstante, le cuesta olvidar que perteneció a otro mundo. Un mundo presidido por la cortesía. Todos o casi todos se hablan de usted, incluso los miembros de un matrimonio. Yourcenar es la mujer que sólo tuteó a tres personas en su vida. En su mundo perdido los personajes son aludidos elegantemente por sus iniciales. Se habla de la vida “en provincias” como categoría literaria. Se llama “el siglo” al tiempo. Se distinguía el latín de sacristía del latín del bachillerato. El homoerotismo masculino y el femenino constituyen regalos preciosos, igual que la iniciación sexual temprana, porque todo lo relacionado con el cuerpo es natural.
Es posible que todo haya sido visto ya, pero “no ha sido narrado”, dice la escritora. Puesto que tiende a comportarse como sus personajes, hay que entender simbólicamente algunas de sus explicaciones. En cierta ocasión su padre conversa con un cura. “Más que confesarse lo que hace es contar su vida”. También ella, en este juego de paradojas, más que contar su vida lo que hace es confesarse. A la manera de las Confesiones de Agustín, de los Ensayos de Montaigne, de los Diarios de Stendhal.
Esta mujer, que tanto ha despejado nuestro futuro, se pasó la vida inmersa en el pasado. Es posible que todo haya sido visto ya, pero “no ha sido narrado”
Lo que en su momento apareció como tres volúmenes sucesivos (tanto en francés como en español) se publica ahora en un solo tomo. Esto supone una edición definitiva, que cumple el proyecto unitario de su autora. Merece una celebración en condiciones. Por eso me atrevo a descender a los detalles, como algunas erratas que deben de haber nacido del escaneado (“aterrarme” en vez de “aferrarme”). Creo igualmente que deberían transcribirse al español los nombres y apellidos que tengan tradición en ello, como Alberto I (y no Albert I), o el príncipe Félix Yusupov (no Youssoupoff). No son un detalle, en cambio, las erratas en la cita de la Ilíada, al principio de Archivos del Norte. Procede del canto VI (no del VII) y la alfa debe ocupar el lugar que le corresponde. Tanto si el lector puede leer aquí los dos versos en griego como si acude a leerlos en Homero, la referencia debe ser impecable. Cuando Marguerite Yourcenar citó a Homero en griego confió en unos ciudadanos futuros capaces, como ella, de transmitir lo mejor del pasado para cambiar el mundo. Probablemente pensó en ciudadanos que pudieran, como ella, leer con soltura los dos idiomas clásicos. Pido, en fin, un índice onomástico, similar al que la editorial incluyó en las Cartas a sus amigos, otro gran volumen con el que comparte muchos personajes. Sería lo lógico en un libro de memorias, cuyos protagonistas son reales, más allá de la leve tendencia a la ficción. Sería bueno poder localizar con facilidad a Julio César o al zar de Rusia, a Robespierre o Goethe. O simplemente el momento en el que la joven Yourcenar se encuentra con el rey Alberto I de Bélgica, en el estreno de una obra de Pirandello. Sería bueno poder rastrear las variadas y esclarecedoras referencias a España, “ese país salvajemente autóctono”.
A El laberinto del mundo le conviene una afirmación de Italo Calvino, según el cual un clásico es un libro que equivale al universo. Marguerite Yourcenar, acostumbrada a comparar lo grande y lo pequeño, escribe: “Los retazos de una vida son tan complejos como la imagen de la galaxia”. También le conviene una teoría de Umberto Eco sobre la línea y el laberinto. Piensa Umberto Eco que es un mérito del pensamiento latino (seamos precisos: del que se formuló en la lengua de Roma) el haber convertido el laberinto en línea. Sólo al cerrar el libro comprendemos que la línea tan nítidamente trazada por Yourcenar no es recta, sino curva.
El laberinto del mundo. Marguerite Yourcenar. Traducción de Emma Calatayud. Alfaguara. Madrid, 2012. 800 páginas. 26 euros (electrónico: 12,99).

La Villa Yourcenar
 En su batalla contra el tiempo, los grandes narradores se amaran al espacio. Por eso Yourcenar convierte en literatura su territorio natal. Un país en el centro de Europa, crucial para la historia del continente, que sin embargo necesitaba de una gran precisión poética, como le sucede a la biografía de la propia Yourcenar. En la fórmula Archivos del Norte puede parecernos que la categoría prosaica es “archivos” y la poética es “Norte”. Pero la realidad que se encontró Yourcenar era justamente la contraria.
Como La Mancha para Don Quijote, el Norte es la región poética de Yourcenar. Ella nos cuenta otra vez la victoria de César sobre galos y belgas. Encuentra en la Edad Media un primer nombre literario: Flandes. Posesión de sus condes y de los duques de Borgoña. Y de los reyes de España, ya que el Flandes español es para ella otra unidad narrativa. Después, se convierte en provincia de la monarquía francesa, y finalmente en departamento de la república. La Revolución le cambia el nombre por el del Norte, aparentemente más prosaico. Yourcenar lo ha poetizado para siempre, convirtiendo la denominación administrativa en una categoría poética. La prefectura en literatura. A partir de ahí, todo. Por ejemplo, este retrato de su padre: “Un hombre del Norte que amaba todo lo que fuera del Sur”.
En la frontera de Francia con Bélgica transcurrió la infancia de Yourcenar. Entre dos grandes ciudades como Lille y Bruselas. Cerca de otras cada vez más pequeñas, como círculos concéntricos: Bailleul y Saint-Jans-Cappel. El punctum de ese mundo es el Mont-Noir, la finca familiar con la gran mansión en la que vive su abuela, terrible como una Bernarda Alba nórdica. Yourcenar tardó 75 años en volver a esos parajes, para inaugurar en el pueblo un sencillo museo. No sé si en aquel momento pudo imaginar que unos años más tarde, cuando ella no estuviera ya en el mundo, el Mont-Noir, su casa solariega, se convertiría en un parque natural protegido, abierto a todos los ciudadanos. Aunque el castillo fue derruido en la Primera Guerra Mundial, el Departamento del Norte (hablamos de la entidad gubernativa, sin dejar de hablar de literatura) ha habilitado la casa del guarda, una especie de mansión en miniatura, como residencia para escritores europeos. El ciclo de la vida y la escritura se renueva en las mismas tierras en las que la niña Marguerite recogía frutos del bosque. Hablando de otra finca, de su familia materna, Yourcenar evoca los gritos de los pavos reales y el té que se servía en la terraza. Nos cuenta algo muy parecido: que había pasado a ser un parque natural. “La mansión gozaba de una de las suertes más hermosas que pueden caerle encima a una vivienda desafectada: servía desde hace poco de biblioteca comunal”. Esa sencilla anticipación de lo real, lo que en otro tiempo se llamó profecía, también es propia de un libro clásico.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/25/actualidad/1343214918_480116.html

lunes, 6 de agosto de 2012


Joseph Roth a Zweig: "Nunca he sobrevalorado la tragedia del judío"

Acantilado publica en La filial del infierno en la tierra, cuatro cartas que el escritor escribió a Stefan Zweig y sus artículos más críticos con el totalitarismo nazi


 | Publicado el 02/08/2012

'La filial del infierno en la tierra' (Acantilado) es el testimonio del Joseph Roth más indignado, asqueado y apasionado. De un hombre convencido de que "el patriotismo es particularismo", en una época en la que el régimen nazi anulaba la conciencia individual en pos de la supremacía aria, buscando despertar un sentimiento de patriotismo blanco y cristiano.

"El hombre ya no se conmueve cuando se vulnera y asesina la condición humana", manifestó en una carta a su amigo Stefan Zweig. Ambos compartieron la misma convicción en esos tiempos convulsos: su hogar, Austria, estaba irremediablemente perdido antes incluso del 'Anschluss' en 1938. La correspondencia, que consta de dos cartas de 1933 y otras dos de 1935, destila una impotencia rabiosa y apunta ya una profunda crisis de identidad.

El epistolario, escrito desde París, igual que los artículos que publicó en diarios de habla alemana, reflexiona sobre la humanidad, sobre el judío que va a la guerra, como él, o el que se opone a ella, como Zweig. Roth habla de enfermedad, de una sociedad podrida que hay que amputar cuanto antes para que no contamine al resto.

Tanto Roth como Zweig optaron por el exilio. Roth se marchó, huyendo del humo y las cenizas en que se convirtieron sus libros, condenados a la hoguera por los nazis. Zweig aguantó hasta que la Policía registró su casa en 1934. Sus obras fueron prohibidas en la Alemania aria, demasiado "pura" para las letras de un judío. La desesperación por la cultura perdida y el aparentemente imparable avance del nazismo le condujeron al suicidio en 1942. Su amigo Joseph Roth había muerto tres años antes, mojando su rabia en alcohol.



París
33, rue de Tournon
Hotel Foyot
26 de marzo de 1933

Apreciado y querido amigo:

Creo que en estos tiempos hay que hacer todo lo posible para no perder el contacto. Por eso le respondo en seguida.

Le ruego procure que sus cartas me lleguen vía Suiza. Es que algunas me vienen por Alemania. Estoy completamente de acuerdo con usted: hay que esperar. Por ahora. Sólo que aún no tengo del todo claro hasta cuándo.

El embotamiento del mundo es mayor que en 1914.

El hombre ya no se conmueve cuando se vulnera y asesina la condición humana. En 1914 desde todas partes se esforzaba uno por explicar la bestialidad con razones y pretextos humanos.

Pero hoy en día se pertrecha a la bestialidad con explicaciones bestiales, que son aún más atroces que las propias bestialidades.

Y nadie se mueve, en todo el mundo. Quiero decir, en el mundo de los hombres que escriben, exceptuando a Gide, el eterno excéntrico, quien, comunista desde hace poco, ha celebrado aquí sin ningún éxito una grotesca asamblea para snobs y para el funcionariado internacional comunista; y salvo los judíos de América e Inglaterra, a quienes en definitiva lo que les preocupa es el antisemitismo, tan sólo un pequeño segmento dentro del gran círculo de la bestialidad.

Para usted está claro: en la misma medida en la que un animal enfermo tipo Goering se diferencia de un Guillermo II, quien aún se mantenía en el marco de lo humano, en esa misma medida se diferencia el año 1933 de 1914.

Está claro que los imbéciles cometen estupideces; las bestias, bestialidades; y los locos, desvaríos: todo ello es suicida.

Pero lo que no está claro es cuándo un entorno igualmente enfermo y desconcertado reconoce la estupidez, la bestialidad, el desvarío.

De eso se trata. Y yo me pregunto si ha llegado el momento en que estamos obligados a aislar por medio de la palabra a nuestro entorno de lo que está enfermo, para que no se contagie.
Me temo que después de todo es demasiado tarde. Me temo que estoy en situación de tener que desear una guerra lo más rápida posible.

No voy a Viena por muchos motivos. Desde hace diez años vivo en Francia unos seis u ocho meses al año. ¿Por qué no ahora? Y sobre todo, ¿por qué no, si a los hombres que se empeñan en ver en mí el mal absoluto siempre se les ocurrirá decir que he huido? ¿Y por qué no, cuando es natural que uno en efecto huya?

En Viena se corre más rápidamente que aquí la voz de que me he marchado de Alemania. Sí, justamente allí, porque he vivido allí muchos años, en otro tiempo, y creen que podría volver.

En una revista francesa de chismorreo aparece su nombre entre las personas que han huido a Suiza, y yo lo hago con el de Ernst Roth, al parecer porque se ha omitido el de Toller.

En Zsolnay tampoco yo puedo hacer nada, porque Landauer es amigo mío y, al publicarme, tiene que poder sacar beneficios. Pues también él está en apuros.

En cambio, iré a Salzburgo y a su casa, aunque sólo sea por un par de días, en cuanto, gracias a un nuevo contrato, consiga un poco de dinero y cierta seguridad.

En lo que respecta a lo que hay en nosotros de judío, estoy de acuerdo con usted en que no hay que dar la sensación de que se preocupa uno tan sólo por los judíos y nada más.

Sin embargo, al mismo tiempo hay que tener siempre en cuenta que la condición de judío no exime a ningún hombre religioso del deber de tener que acudir también a primera línea del frente, como cualquier no-judío religioso.

En esto hay un determinado punto a partir del cual la nobleza se convierte en incumplimiento del deber, además de que no sirve para nada, pues para las bestias de arriba uno sigue siendo un peligroso cerdo judío.

Como judío, usted se ha opuesto a la guerra. Y yo, como judío, he ido a la guerra. Los dos tenemos muchos camaradas. Ninguno de nosotros se ha quedado en la retaguardia.

En el campo de batalla del humanitarismo, podría decirse, también hay judíos en la retaguardia. No se puede ser uno de ellos.

Nunca he sobrevalorado la tragedia del judío, y menos ahora, cuando ser una persona honesta resulta verdaderamente trágico.

En eso estriba la bajeza de los demás, en ver judíos.

No conviene que con nuestra reserva confirmemos el argumento de esos insensatos animales.

Como soldado y oficial, yo no era judío. Como escritor en lengua alemana tampoco lo soy. (En el sentido en el que estamos hablando ahora.)

Me temo que hay un momento en el que la reserva judía no es más que la reacción del judío discreto frente a la desfachatez del que no lo es.

Entonces aquélla resulta absurda y nociva, como ésta.

-Tiene uno-como ya le dije-un compromiso tanto frente a Voltaire, Herder, Goethe, Nietzsche, como frente a Moisés y a sus padres judíos.

De ahí se deriva el compromiso siguiente:

Salvar la vida cuando se ve amenazada por las bestias. Y la obra.

No rendirse a aquello que precipitadamente se denomina destino.

E "intervenir", luchar, en cuanto llegue el momento adecuado.

La cuestión es si no ha llegado demasiado pronto.


Siempre cordial, su fiel


Joseph Roth


El poeta en el Tercer Reich

I
Hace algún tiempo el escritor Klaus Mann escribió una carta amarga y llena de reproches al escritor y neurólogo Gottfried Benn, que se ha quedado en el Tercer Reich y ha sido nombrado (de manera temporal) director de la Academia Prusiana de las Letras. Que no comprende-es lo que el señor Klaus Mann viene a decir al señor Benn con todo respeto-cómo un escritor de prestigio puede ponerse al servicio del Tercer Reich, por qué un hombre como Benn defrauda a sus partidarios que andan ahora por París, Londres o Praga y que a la desesperación que les embarga con respecto a su patria tendrán que añadir la que ahora deben de sentir con respecto a su querido autor. Él, el autor de la carta, como "racionalista" que es, estuvo siempre en contra de la concepción "irracional" del mundo por parte del respetado escritor, pues parece que por desgracia la propensión a lo "irracional" conduce necesariamente a la "reacción": no obstante, sería imposible que existiera relación alguna entre la fuerza literaria de Gottfried Benn, indudablemente sólida, y el Tercer Reich, insensible, ajeno al espíritu y a la literatura.

Así era más o menos la carta que el escritor Klaus Mann dirigió al por él respetado colega Gottfried Benn. Éste contestó. Contestó con un largo editorial publicado en el Deutsche Allgemeine Zeitung, que por cierto fue prohibido un par de días después, y desde luego no por la respuesta de Gottfried Benn. Al contrario. Si en el Deutsche Allgemeine Zeitung no hubieran aparecido nada más que manifestaciones similares a las de este escritor que se ha quedado en el Tercer Reich y a quien eventualmente se ha considerado apto para dirigir la Academia Prusiana de las Letras, sin duda alguna no habría sido prohibido. Pero si hasta los hechos más insignificantes se consideran desde el punto de vista de ese "irracionalismo" que el señor Klaus Mann reprocha a Gottfried Benn y del que éste se jacta en su respuesta pública, casi se podría sospechar que también en esta ocasión una fuerza irónica e inextricable-una fuerza a la que desde siempre le gusta parafrasear los patéticos, falsos y endebles acontecimientos-se ha puesto manos a la obra para castigar al redactor jefe de un periódico por haber asumido la función de correo y haber dispensado al autor del evidente y delicado deber de contestar a una carta privada con otra carta privada.

II
Tal vez se pueda decir que el autor de estas líneas es un "reaccionario", en modo alguno un adepto de la interpretación "racionalista" de los acontecimientos históricos, así como tampoco un "marxista" o un admirador del director provisional, el doctor Benn. Cuando éste pronunció el discurso encomiástico con ocasión del septuagésimo cumpleaños de Heinrich Mann, el autor de estas líneas era ya partidario de Heinrich Mann-a pesar de todas las diferencias de opinión existentes entre ellos-, no así del doctor Benn, aun cuando a éste le guste presentarse como un "reaccionario" y aquél sea un "revolucionario". ¿Es necesario insistir? En el escritor lo decisivo es la aportación literaria, sólo la aportación literaria. Que el doctor Benn se convierta o no en el director provisional de una Academia en la que los miembros son diletantes-da igual de qué ideología-, a un viejo "reaccionario" como yo le habría parecido irrelevante. Pero que el doctor, frente a un colega y admirador que mantiene una clara postura "liberal-racionalista", se presente como "conservador", "irracionalista" y al mismo tiempo como defensor de la "revolución nacional"; que alguien que hace tan sólo un par de meses ha pronunciado un discurso sobre Heinrich Mann-un autor totalmente libre de cualquier sospecha de "irracionalismo"-y que a toda prisa ocupa su asiento como "director provisional", escriba también una carta abierta como "irracionalista" y prosélito del Tercer Reich, que acaba de desterrar a Heinrich Mann, me parece sintomático y creo que merece ser considerado con más detalle.

III
Si se me permite transcribir unos cuantos pasajes del editorial del doctor Benn: "Sólo con aquellos que han pasado por las emociones de los últimos meses, aquellos que hora tras hora, periódico tras periódico, mitin tras mitin, programa de radio tras programa de radio han vivido todo esto sin interrupción y muy de cerca, que día y noche lucharon con él, incluso con aquellos que no recibieron todo esto con júbilo, sino que más bien lo sufrieron, con todos éstos se puede hablar, no así con los desertores que se marcharon al extranjero.

... pero, y esto es lo que yo pregunto a mi vez, ¿cómo imagina usted en definitiva que se mueve la historia? ¿Piensa usted que actúa especialmente en los balnearios franceses?"

... ah, ella (la historia) no le debe a usted nada, pero usted se lo debe todo a ella ...ella no tiene otro método que el de, en sus puntos de inflexión, extraer del seno inagotable de la raza un nuevo tipo humano que tiene que abrirse paso luchando, que tiene que integrar en la materia del tiempo la idea de su generación..."

Comprende usted al fin allí, en su mar latino...

De modo que está usted allí sentado, en su balneario, y nos pide explicaciones...

Es la nación cuya lengua habla usted, cuya ciudadanía posee, cuya industria imprimía sus libros, a la que debía usted su reputación y su fama, entre cuyos miembros le gustaría tener cuantos más lectores mejor, y que tampoco ahora le habría hecho gran cosa de haberse quedado usted aquí...

"Sabe usted que como médico del seguro estoy en contacto con muchos trabajadores... Y no cabe ninguna duda-se lo oigo decir a todos-de que les va mejor que antes.

¡Un pueblo es mucho! ¡... la totalidad de mi cerebro, todo ello se lo debo en primer lugar a ese pueblo! ¡De él proceden los antepasados, a él vuelven los hijos!"
TOMADO DE:  http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/3541/La_filial_del_infierno_en_la_tierra

domingo, 5 de agosto de 2012


Fallece Chavela Vargas, la mujer que forjó un mito latino

La cantante mexicana tenía 93 años

Fue amiga de los grandes artistas del siglo XX y conquistó ambos lados del Atlántico

Dirán que este 5 de agosto ha muerto en Cuernavaca, Morelos, Isabel Vargas Lizano, nacida en 1919, natural de Costa Rica, referente de la canción mexicana, amiga de grandes artistas del siglo XX, cantante de oficio y dueña de un sentimiento que conquistó ambos lados del Atlántico. Pero la verdad es que Isabel Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas, la voz que trascendió rancheras, boleros, corridos revolucionarios, tangos y canciones cubanas para forjar un estilo dulce y desgarrado, hondo y bravío, macho y femenino… la verdad es que no ha muerto, solo ha comenzado esta noche de agosto su balada inmortal.
Chavela era como los toreros, siempre se despedía y siempre regresaba. No se le dio la gana morirse en su último viaje a España, cuando el 12 de julio fue ingresada en el hospital por agotamiento. Los peores augurios tuvieron que esperar. Pisaría de nuevo México. Todo fue aterrizar para que comenzara el canto chavelesco: “Ya vine de donde andaba, se me concedió volver. A mí se me figuraba, que no les volvería a ver”. La letra de El Ausente fue el saludo que pusieron sus amigos en la cuenta de Twitter abierta a nombre de la Vargas. “México lindo y querido, qué bello es volver, qué bello es respirar tu aire y ver la luna junto al Chalchi. México creo en ti”. Del Chalchi, su escarpada montaña de Tepoztlán, se despediría el 30 de julio, cuando se la llevaron al hospital donde dejó de respirar a los 93 años.
No la venció el alcohol ni el olvido. No se perdió en la fama ni en los recuerdos. Mostraba la misma pasión por los grandes que por las simples cosas. Le aburría que le preguntaran por Frida Kahlo, pero le divertía recordar, de buenas a primeras, lo que vivió con la pintora y con Diego Rivera al poco de haber llegado a México.
“Me invitaron a una fiesta en su casa. Y ya me quedé, me invitaron a quedarme con ellos a vivir y aprendí todos los secretos de la pintura de Frida y Diego. Secretos muy interesantes que nunca desvelaré, jamás. Y éramos felices todos. Éramos una gente que vivía día con día, sin un centavo, tal vez sin qué comer, pero muertos de la risa. Todo el tiempo. Me fui acostumbrando a ellos, acostumbrándome a sus costumbres”, le dijo Chavela a Pablo Ordaz, de EL PAÍS, en abril de 2009, fecha en que celebró sus primeros noventa años.
Chavela Vargas en 1993. / Marisa Flórez
Cuando ya nadie creía que podía cantar dio un recital en el Teatro de la Ciudad en 2009. Cuando ya todos se resignaban a la eternidad de clásicos como La Macorina o Piensa en Mí, produjo el año pasado el disco La Luna Grande. Cuando pocos creían que podría viajar, regresó la primera semana de julio a Madrid, donde la muerte le coqueteó sin éxito. Murió viviendo. Con su última gira todavía fresca, como los grandes, sin importar la edad, activa como siempre desde que descubrió su destino y no supo hacer más nada que cantar y amar. “Las personas, simplemente, aman o no aman. Los que aman, lo harán siempre a todas horas, intensa y apasionadamente. Los que no aman, jamás se elevarán ni un centímetro del suelo. Hombres y mujeres grises, sin sangre”, dijo alguna vez.
El calendario de la vida de Chavela está hecho de saltos y leyendas que incluso confunden la fecha misma de su nacimiento (se enojaba cuando intentaban corregirle la mentira sobre su edad). De recuerdos amargos de Costa Rica, país que dejó a los 14 o a los 17 años, la fecha que gusten es buena, y al que regresó al arrancar el siglo XXI para confirmar, siete meses después, que ella era de México, pero ya no de la capital, con sus fríos, sus chubascos traicioneros y sus madrugadas de fiesta. Para amanecer en sus últimos años eligió Tepoztlán, un pueblo de clima templado donde ella amanecía dialogando con El Chalchi, su monte-chamán.
“El Chalchi me habla y se queda callado de una estrella a la otra, se queda de un silencio armonioso, es muy bello, y como sabe que yo detesto el invierno, que vienen los fríos, las noches de Agustín Lara. En esta noche de frío/ de duro cierzo invernal/ llegan hasta el cuarto mío/ las quejas del arrabal…”, así contestaba una pregunta de EL PAÍS en noviembre pasado, mitad hablando, mitad canción que salía incontenible.
“A comienzos de los años cincuenta, en un momento que resultó decisivo para la historia de la música en aquel país, se cruzaron las trayectorias del compositor que llevó la canción mexicana hacia lo más alto y la cantante que la puso boca abajo, que le dio la vuelta para mirar a lo más hondo”, dice Enrique Helguera de la Villa, en el prólogo Dos vidas necesito: las verdades de Chavela, volumen editado en España por la propia cantante y su coautora y amiga María Corina.
El arrabal reivindicado. Hoy que escuchar rancheras puede ser hasta chic. Hoy que mujeres vestidas de hombre son cool. Hoy que ser lesbiana es por fin y poco a poco reconocido como lo que siempre fue, una condición que no admite adjetivos, hoy el tamaño de Chavela solo ha crecido, pues vivió cada etapa sin pedir permiso, sin rogar perdón. “Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme... Mis dioses me hicieron así”, dice Chavela, citada en el documento que el gobierno mexicano sometió en la primavera al premio Príncipe de Asturias al hacer de la cantante su candidata para el galardón de las artes.
En ese mismo dossier, Carlos Monsiváis explica: “Cuando Chavela Vargas empezó a cantar a finales de los cincuenta, sorprendió por su actitud desafiante y su apuesta radical. No sólo fue su apariencia la que se saltaba las reglas establecidas, sino que musicalmente prescindió del mariachi, con lo que eliminó de las rancheras su carácter de fiesta y mostró al desnudo su profunda desolación”.
El recientemente fallecido Carlos Fuentes dijo que “oír a Chavela es saber que no somos parte del rebaño, parte del montón. La oímos y sabemos que canta para nosotros, y sentimos que nos quiere, que nos aprecia, que nos necesita”. Quizá eso pasaba por la honestidad de la cantante: “jamás ensayé, jamás preparé nada. Era la espontaneidad. Era entrar en una cosa sagrada, cada canción, y así las iba cantando, a veces conciertos de horas, y no me daba cuenta”, dijo Chavela a este reportero en su casa de Tepoztlán en noviembre pasado.
Las décadas pasaron y ella se quedó sola. Murieron sus compositores y amigos José Alfredo, Álvaro Carrillo, Tomás Méndez, Tata Nacho, Cuco Sánchez, Manuel Esperón. Se volvieron mito Pedro Infante, Diego Rivera, Frida Kahlo y Trotsky. Desaparecieron escenarios como El Patio y otros entraron en letargo, como El Blanquita. El México de los años setenta se hundió en la crisis económica y Chavela en el alcohol. Pero ella resurgió. En 1991, cantó en Coyoacán y volvió a convivir con los grandes, para empezar con Werner Herzog, que la invitó a El grito de piedra. Quince años de retiro que no hicieron mella: “se me abrieron las puertas: esperaban que yo volviera”.
El año siguiente ya era un triunfo en España, donde en 1992 recibió la medalla de Oro de la Universidad Complutense de Madrid. Participa en Kika (1992) La flor de mi secreto (1995) y Carne Trémula (1997), cintas de su “alma gemela” Pedro Almodóvar. El Olympia de París le programa en 1994, el Carnigie Hall en 2003. Los discos suman 80 y son variadas sus participaciones en películas, entre ellas Frida (2002) de Julie Taymor y Babel (2006), de Alejandro González Iñárritu.
“Yo quiero que algún día se entienda que mi mensaje ya no es de la garganta, ya no es de disco, ya no es de concierto: es la voz inmensa del individuo humano que está callada, que no tiene nombre, que no puede llamársele de ninguna manera. Eso es lo que yo siento, eso es lo que no me deja morir hasta que la gente sepa que mi canto no es canto, que es algo más allá del dolor, más allá de la angustia, más allá del saber, más allá de todo, del arte en sí mismo”, dijo en una entrevista realizada en Madrid y publicada en la revista Letras Libres en septiembre de 2003.
“Me voy. Les dejo de herencia mi libertad, que es lo más preciado del ser humano”, dice en esa charla. Pero estuvo nueve años más de un lado a otro, y visitó en julio sus “madriles”, y volvió a la Residencia de Estudiantes de Madrid para evocar a Lorca y brindarle La Luna Grande, y ya rumbo a México el 26 de julio mandó decir en Twitter: “Mil gracias por todo España. Recogí mi alma, pero volví a dejar mi corazón en Madrid y para siempre...". Su alma solo esperó a llegar a Tepoztlán para empezar a tenderse sobre todos los que alguna vez han llorado, gritado y amado, como y con Chavela Vargas.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/01/actualidad/1343803995_525687.html

viernes, 3 de agosto de 2012




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Alliance Francaise y Project Zu los invitan a Noches Literarias
con
Carlos Verdecia

Jueves, 16 de agosto, 7pm a 9pm

Alliance Francaise
618 Southwest 8th Street 
 Miami, FL 33130

Alliance Francaise 



Carlos Verdecia 




Carlos Verdecia ha sido director de varias publicaciones noticiosas durante más de dos décadas. Su más reciente logro periodístico fue dirigir el periódico Tiempos del Mundo, semanario en español de News World Communications, Inc., el complejo de prensa que también es dueño de The Washington Times y la agencia cablegráfica United Press International. Tiempos del Mundo, que se editaba en Washington, DC, cerró sus operaciones en junio de 2007, después de ganar, en su último año, importantes premios nacionales en contenido noticioso, diseño y cobertura financiera.

Antes de incorporarse a Tiempos del Mundo en 2005, Verdecia dirigió durante seis años la revista Hispanic, la publicación mensual en inglés fundada en 1987 con la mayor circulación para hispanos en Estados Unidos (300,000 ejemplares). Anteriormente, lanzó en 1996 y dirigió hasta 1999 la revista Newsweek en Español, la edición para América Latina del prestigioso semanario noticioso estadounidense.
En 1988, Verdecia fue el primer director (hasta 1994) de El Nuevo Herald, el periódico en español que publica The Miami Herald en la Florida. Anteriormente, fue miembro de la Junta Editorial de la edición del diario en inglés, donde escribía editoriales y una columna semanal sobre temas hispanos e internacionales para las páginas de opinión. Su carrera de 13 años de periodismo en dos idiomas en el Herald, iniciada a principios de 1981, incluyó etapas en la dirección del suplemento Neighbors y en las posiciones de reportero, escritor de crónicas, editor de mesa y director de deportes.

Verdecia nació en La Habana, Cuba, y estudió en Tennessee y la Florida, donde cursó estudios de Literatura Española en la Universidad Internacional de la Florida (FIU). Durante cinco años enseñó en la Escuela de Periodismo de FIU en ambos idiomas y ha dictado conferencias en la Universidad de Miami y la Universidad Estatal de Ohio. Es miembro de la la Sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos.

En 1988 Verdecia fue premiado con la Medalla de Honor George Washington en Comunicaciones Públicas que otorga Freedoms Foundation de Valley Forge. También ha ganado premios por columnas de opinión en 1989-90, 1991-92 y 1992-93 de los Premios de Prensa Escrita de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas. Su nombre ocupó un lugar entre los 50 Mejores Periodistas Hispanos de Estados Unidos en 2001, 2002 y 2007.
Su primer libro- "Conversación con Heberto Padilla"- basado en una larga entrevista con el poeta contemporáneo más importante de Cuba, se publicó en 1991. Y en 1995, Verdecia publicó su propio libro de poemas, "La escalera de incendios". Están en proceso de publicación una novela, un tomo de cuentos y sus memorias.

Actualmente Verdecia escribe una columna como experto en Política y Sociedad para el sitio Web en español de la organización AARP. También escribe comentarios en ambos idiomas para revistas y periódicos de Estados Unidos sobre política internacional, jazz, periodismo y cultura.