LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Arte

El mar, musa eterna para Sorolla

Día 23/05/2013 - 01.27h
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Es el tema favorito y el más popular de la producción del pintor valenciano. También son sus obras más buscadas y cotizadas. El mar centra la nueva exposición del Museo Sorolla, que hoy se inaugura

El Mediterráneo corría por sus venas; haber nacido en Valencia marcó su profundo amor por el mar, que utilizó como paisaje en numerosas composiciones, entre ellas algunas de las más célebres. Fue un tema que se repite una y otra vez en la larga y prolífica carrera de Joaquín Sorolla (1863-1923). Sin embargo, el museo del artista en Madrid no había dedicado aún una exposición monográfica a este tema. Y eso que se repite en torno al 20% de las obras de la colección.
El secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, inaugura hoy «Sorolla. El color del mar» (hasta el 20 de octubre), un festín de agua, luz y pintura. Visitamos la muestra acompañados de la comisaria, Consuelo Luca de Tena, directora del museo, y José Manuel Pascual, pintor y comisario adjunto. Nos recibe a la entrada de la muestra un panel que reproduce una fotografía de Sorolla pintando en la playa su obra «Niños en la playa» (1916-1917). Perfectamente acicalado, con traje de chaqueta y un sombrero para protegerse del sol, el artista inmortaliza en un lienzo colocado sobre un caballete a unos niños jugando en la playa. Una tela a modo de toldo protege el lienzo. Esta imagen se repitió muchas veces en playas de distintos lugares de España.

Notas de color inéditas

Ya en la exposición volvemos a ver a Sorolla en el único autorretrato en la playa que atesora el museo, de 1909. Se inmortaliza en mangas de camisa mirando fijamente al frente. Es una de las 66 pinturas que cuelgan en la muestra. Además, se exhiben preciosas notas de color (pequeños apuntes en tabla o cartón en los que pintaba del natural en sus salidas al aire libre), así como materiales pictóricos del propio Sorolla: encerrados en vitrinas vemos una de sus cajitas de pinturas, una paleta, larguísimos pinceles, muestras de pigmentos, cartas en las que pedía material para pintar...
El mar le permitió a Sorolla investigar sobre la luz y el color como con ningún otro tema. La primera parte de la muestra se centra en el agua, que captó su interés desde muy joven: es un elemento que nunca se mantiene quieto, cambia constantemente. Cuelga una «Marina» muy académica, vedutista, que pintó en 1880 con tan solo 17 años. A su lado, estudios del mar -nunca se habían expuesto-, donde Sorolla descubre todas las posibilidades pictóricas de este tema: los matices de color, texturas, formas; los reflejos ópticos (transparencias, reflejos) debido al efecto del sol sobre el agua dependiendo de la hora del día, el oleaje... Las imágenes se fragmentan. Todo ello fue un desafío para el pintor.

El mar como paisaje

En su primera visita a Jávea, en 1896, Sorolla escribe a su esposa, Clotilde: «Esto es todo una locura, un sueño, el mismo efecto que si viviera dentro del mar...» De esta etapa hay estudios del agua en Venecia, San Sebastián, Jávea... En este último lugar descubre un agua de color verde esmeralda. No faltan cuadros emblemáticos como «El balandrito» -un niño juega en el mar con un barco: ambos se reflejan en el agua-, «Nadadores. Jávea» -brillante estudio de los cuerpos de unos niños bajo el agua- o «María en la playa de Biarritz» -los reflejos del agua en el mar son tan protagonistas como la propia María-.
La segunda parte de la exposición se centra en la pintura de Sorolla que ya no se centra tanto en el agua como en el mar como paisaje de sus composiciones. Su paleta va cambiando drásticamente dependiendo tanto de la hora del día (amanecer, atardecer, anochecer), como del lugar donde pinta y el clima. Así, las playas luminosas de Jávea, donde la luz es intensísima, provocan unas sombras fortísimas que parecen tener vida propia. Es el caso de otra obra maestra del museo: «Pescadora con su hijo, Valencia». La mujer se protege del cegador sol son su brazo.

Los humores del mar

Otra de las joyas de la muestra es «Saliendo del baño», un prodigio de tratamiento del mar, en el que la luz es cenital. Ambas obras contrastan con otras pintadas en el Norte: Biarritz, Guetaria, San Sebastián, Zarauz... Son lugares de moda para veranear y Sorolla va a ellos. El mar cambia de humor (de los días luminosos a los tormentosos); los colores se apagan: azules pálidos, verdosos, grises amoratados... La luz se matiza, se suaviza. Es el caso de «Rompeolas. San Sebastián».
Por último, una sala reúne cuadros y apuntes en los que el color del mar adquiere aspectos poéticos. Las formas casi desaparecen. Son sus obras más abstractas. Algunos apuntes parecen obras de Rothko: franjas horizontales de color, pura poesía. Sorolla se centra en la belleza de los colores combinándolos en la superficie de sus lienzos. En 1919 estuvo en Mallorca, donde pinta la Cala de San Vicente.

«Sorolla. El color del mar»

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