LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

viernes, 18 de octubre de 2013

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Forzados a rechazar el Nobel

Día 14/10/2013 - 08.27h

La presión soviética acabó por doblegar al escritor ruso Boris Pasternak y tres científicos de la Alemania nazi tuvieron que renunciar, uno de ellos tras ser «convencido» por la Gestapo

No es que no quisieran ser «institucionalizados por el Oeste o por el Este» con un premio de «tinte político», como argumentó Jean Paul Sartre para rechazar su Nobel de Literatura en 1964. Para cuatro de los ganadores del prestigioso galardón que cada año otorga la Academia Sueca no fue una decisión personal. Se vieron forzados por sus gobiernos a renunciar.
«Queda prohibido en lo sucesivo aceptar un premio Nobel...» firmó Adolf Hitler el 30 de enero de 1937. La concesión del Nobel de la Paz al escritor alemán Karl von Ossietsky había enfurecido al régimen hitleriano el año anterior. Director del semanario izquierdista Die Weltbühne, en que defendió el desarme y la paz internacional, Ossietsky había sido enviado a un campo de concentración nazi por alta traición, acusado de revelar secretos militares en sus artículos. En su caso no se planteó la posibilidad de acudir a Oslo. Enfermo de tuberculosis, moriría de una pulmonía meses después.
Forzados a rechazar el Nobel
wikimedia
Gerhardt Dowagk
La prohibición de Hitler no impidió que el 26 de octubre de 1939, la Academia Sueca premiara con el Nobel de Fisiología y Medicina al inventor de las sulfamidas, el alemán Gerhardt Dowagk. El bacteriólogo y patólogo alemán aceptó el premio, pero la Gestapo le «convenció» para que firmara una carta de rechazo tras pasar unos días detenido y enviar a su madre a un campo de concentración.
El químico Richard Kuhn y el bioquímico Adolf Butenandt, que conocieron sus galardones de Química el 9 de noviembre de ese mismo año, enviaron inmediatamente las cartas de renuncia a Estocolmo. Kuhn había sido premiado «por sus trabajos acerca de los carotinoides y las vitaminas» en 1938, aunque su Nobel fue entregado al año siguiente. Su anuncio coincidió con el otorgado a Butenandt «por sus trabajos sobre las hormonas sexuales», que compartió con el suizo Leopold Ruzicka por sus investigaciones sobre polimetilenos.
Informes de la Sociedad Química mostraron años después que mostraban que Kuhn había estado involucrado en la aprobación de proyectos gubernamentales y había trabajado para el ejército alemán en el desarrollo de un gas nervioso llamado Soman, según recogió el profesor Miguel Katz en la revista argentina QuímicaViva. La historiadora Margit Szöllösi-Janze también describe a Kuhn como colaboracionista en su libro «Science in the Third Reich» (2001).
Tampoco Adolf Butenandt fue crítico. Según el respetado teólogo Ernst Klee, investigador de las relaciones entre la ciencia y el nazismo, «Adolf Butenandt es la piedra fundacional de (las investigaciones en) Auschwitz». El bioquímico habría trabajado también para la Wehrmacht y realizado investigaciones humanas en Dachau.
Finalizada la II Guerra Mundial, Dowagk recibiría su diploma en 1947 aunque no la dotación económica del premio que ya había sido redistribuida. Dos años después Kuhn y Butenandt lograrían que se les restableciera el Nobel aduciendo que se habían visto obligados.

El infierno de Pasternak

Boris Pasternak se quedó para siempre sin el premio de Literatura que le fue otorgado en 1958 «por su importante obra, tanto en poesía lírica contemporánea como en el campo de la gran tradición épica rusa». El autor de «El doctor Zhivago», una obra prohibida en la Unión Soviética, aceptó el galardón con un sencillo telegrama: «Agradecido, conmovido, orgulloso, asombrado». No indicaba si tenía pensado trasladarse a Estocolmo para recogerlo.
A la mañana siguiente, el jefe del Departamento Cultural del Comité Central del Partido le exigió rechazar inmediatamente el premio, pero él se negó. «Nada me hará rechazar el honor que se me ha otorgado, a un escritor moderno que vive en Rusia y, por tanto, un escritor soviético. Sin embargo estoy dispuesto a donar el dinero del Premio Nobel al Comité para la Protección de la Paz», escribió a la Unión de Escritores a los que decía a renglón seguido: «No espero justicia de ustedes. Pueden matarme, enviarme al exilio, hacer lo que quieran, les perdono. Pero no se apresuren. Esto no les dará ni felicidad ni gloria. Y recuerden que, dentro de unos años, tendrían que rehabilitarme. No sería la primera vez que lo hacen».
Forzados a rechazar el Nobel
abc
Boris Pasternak
Su postura orgullosa e independiente ayudó a Pasternak a soportar todos los insultos, amenazas y anatemas lanzados por los medios de comunicación de masa, según relató su hijo Eugueni B. Pasternak en ABC en 2009. Pravda le instaba a rechazar el Nobel tildándole de «contrarrevolucionario» y de carecer «de dignidad soviética». Una famosa escritora gritó en la reunión de la Unión de Escritores: «¡Una bala para la cabeza del traidor!», gritó una famosa escritora en la reunión de la Unión de Escritores.
El 29 de octubre de 1958, en el pleno del Comité Central de la Liga de las Juventudes Comunistas, su líder, Vladimir Semichastni, atacó a Pasternak ante 14.000 personas, entre las que estaban Nikita Kruschev y demás líderes del Partido: «Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho», porque un cerdo «jamás caga allá donde come». Kruschev aplaudió efusivamente, claro que fue él mismo quien había escrito aquellas palabras. Las noticias de aquel discurso llevaron a Pasternak al borde del suicidio.
Aguantó hasta que fueron a por su amor, Olga Ivinskaya, a la que estuvo unido desde 1946 hasta su muerte. «Devuelvan a Ivinskaya su puesto de trabajo, he rechazado el premio» escribió al Comité Central del Partido tras enviar su dramática renuncia a Estocolmo. Su telegrama explicaba que «debido a la significación que se ha atribuido a ese premio en la sociedad a la que pertenezco» no le era posible aceptar el galardón al que renunciaba «voluntariamente».
Su sacrificio no mejoró la situación. Dos días después era expulsado de la Unión de Escritores y se veía obligado a firmar unas cartas escritas por el partido a Pravda y a Kruschev para evitar el exilio.
«Qué clase de sucio crimen he cometido, ¿soy un asesino, un villano? Yo, que hice que todo el mundo llorase ante la belleza de mi patria», escribió un año después en el poema titulado «El Premio Nobel» por el que volvió a tener problemas con las autoridades. El 30 de mayo de 1960 Pasternak fallecía a los 70 años sin haber podido recibir su Nobel.
Solo cinco años después, en 1965, uno de sus más críticos, el escritor Mijail Sholojov, recibió el Nobel de Literatura. El autor de «El Don apacible», aceptó con gratitud el premio y acudió a la ceremonia de entrega en Estocolmo. El Kremlin se congratuló entonces del Nobel al autor de «El Don apacible», escritor oficial del régimen y miembro del Partido Comunista.
TOMADO DE: http://www.abc.es/archivo/20131012/abci-forzados-rechazar-nobel-201310081345.html

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