LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 30 de enero de 2013

El legado de Peter O'Toole

El gran actor, que acaba de anunciar su retirada, ha firmado una carrera prodigiosa donde destacan estos títulos

Día 16/07/2012 - 18.06h
«LAWRENCE DE ARABIA» (1962). Con apenas tres años de experiencia en el cine, y con un par de actuaciones secundarias a sus espaldas (entre ellas, «Los dientes del diablo», de Nicholas Ray), O’Toole se hizo con, posiblemente, el gran papel de su vida. Su elegancia epica a la hora de componer el ambiguo retrato del coronel T. E. Lawrence le valió su primera nominación al Oscar al mejor actor, también gracias a que Albert Finney y Marlon Brando rechazaron el papel. Por cierto, O’Toole aplicó las teorías del Método al vivir como un beduino más en los desiertos de Jordania y Marruecos.
«BECKET» (1964). A falta de Oscar, O’Toole se desquitó al año siguiente logrando el primero de sus tres Globos de Oro (cuatro si contamos el especial como «nueva estrella del año» otorgado en 1963), amén de otra nominación a la preciada estatuilla, por este sólido y prestigioso drama histórico donde encarnaba a Enrique II de Inglaterra, en continuo pique con el futuro Arzobispo de Canterbury Thomas Becket. El actor no desentonaba en absoluto con los los ropajes y cortinajes medievales ni con compañeros de reparto tan ilustres como Richard Burton y John Gielgud.
«LORD JIM» (1965). Nuevo solomillo aventurero al punto, y nuevo papel de héroe tormentoso y algo atormentado, en un filme marcado por meteorologías adversas (internas y externas) y el pulso narrativo del original de Joseph Conrad, admirablemente adaptado por Richard Brooks. Un clásico de las tardes sabatinas para un O’Toole que, ese mismo año, desengrasó tanta tensión acumulada con la descacharrante «¿Qué tal, Pussycat?» al lado de Woody Allen.
«LA NOCHE DE LOS GENERALES» (1966). Aunque los años tal vez no hayan jugado a su favor, este thriller bélico supone un notable cambio de registro para Peter O’Toole, que da muestras de su versatilidad al encarnar a un psicópata líder nazi (valga la redundancia) con las tuercas muy poco apretadas. Además, volvió a coincidir con Omar Sharif después de patearse juntos las arenas de «Lawrence de Arabia». Muy bien podía haber sido la tercera nominación al Oscar del actor, que tuvo que esperar un par de años para volver a poner cara de póquer en la ceremonia.
«EL LEÓN EN INVIERNO» (1968). Después de tomarse un respiro y un martini batido formando parte del all-star de «Casino Royale», O’Toole volvió por sus fueros con una «secuela» de «Becket» en la que da vida a un Enrique II sesentón y cascarrabias. Aunque volvió a tener competencia feroz en el reparto (Katharine Hepburn interpretó a su esposa y Anthony Hopkins a su hijo), el trabajo de seda y hiel de O’Toole hizo que cundiera el mosqueo en Hollywood sobre el nuevo «olvido» de la Academia en la noche de los Oscar, donde naturalmente volvió a ser candidato.
«ADIÓS MR. CHIPS» (1969). Para cerrar su década prodigiosa, O’Toole se atrevió con un personaje que ya inmortalizó 30 años antes Robert Donat en el inolvidable filme de Sam Wood: el de un tímido y despistado profesor en la Inglaterra de finales de siglo XIX. Esta vez, la caza del Oscar la tenía más que complicada, pues tocaba agasajar a John Wayne por «Valor de ley» en el año triunfal de «Cowboy de medianoche», película en los antípodas de esta.
«EL HOMBRE DE LA MANCHA» (1972). Los 70 arrancaron con fuerza para O’Toole gracias a películas tan populares (al menos en Estados Unidos) como «La clase dirigente» (1972), una comedia ácida y áspera donde encarna a un aristócrata que se cree Jesucristo, y «El hombre de La Mancha», curiosa fábula cervantina en clave casi de espionaje donde coincidió con Sophia Loren. De rebote, ese mismo año también estrenó la sugerente «Bajo el bosque lácteo», junto a Burton y Elizabeth Taylor.
«CALÍGULA» (1979). Sin embargo, el final de la década se convirtió en un calvario para el actor por culpa de su alcoholismo y de algunos proyectos poco dignos de su categoría. Por ejemplo, este escandaloso peplum prácticamente (o sin el casi) pornográfico dirigido por Tinto Brass y con guión (también polémico) de Gore Vidal. Producido por la revista Penthouse y convertido en obsesión personal del protagonista Malcolm McDowell, el filme hizo que O’Toole (junto a otros compañeros de reparto como Helen Mirren o Sir John Gielgud) intentara salir por piernas del atolladero cuando era demasiado tarde.
«PROFESIÓN: EL ESPECIALISTA» (1980). Afortunadamente, al año siguiente se recuperó, personal y profesionalmente, gracias a películas como ésta, injustamente poco conocida, donde O’Toole encarna a un director de cine algo «cojonero» y perfeccionista. Emparentada con la maravillosa «La noche americana» pero con más mala baba, la Academia le resucitó con una nueva nominación al Oscar, que volvió a perder, esta vez por KO, frente a «La Motta» De Niro.
«MI AÑO FAVORITO» (1982). Hora de exorcizar fantasmas para O’Toole gracias a esta formidable comedia en la que interpreta a una vieja gloria del espectáculo (sosias de Errol Flynn) adicto a la botella, a los excesos y al escepticismo. Todo un recital interpretativo que, una vez más, fue reconocido a medias por la Academia en el año en que «Gandhi» se lo llevó todo de calle. O’Toole pudo consolarse al lado de Paul Newman, otra leyenda también nominada aquella noche y también ninguneada repetidamente.
«TROYA» (2004). Las dos siguientes décadas fueron agridulces para la carrera de nuestro actor, alternando filmes alimenticios y definitivamente olvidables («Supergirl», «Phantoms» o «Una rockera de cuidado») con apariciones en títulos de postín como «El último emperador» de Bertolucci. En la zona media se sitúa «Troya», donde su rey Príamo se come con patatas al mismísimo Brad Pitt. Un par de años antes, la Academia por fin le concedió un Oscar, aunque honorífico, que fue recibido con gesto medio torcido por O’Toole, quien aconsejó en su discurso de agradecimiento que lo guardasen diez años por si aún tenía oportunidad de ganarlo «de verdad».
«VENUS» (2006). Y a punto estuvo de lograrlo gracias a este drama amable de Roger Michell («Notting Hill») en el que encarna a un veterano actor, entrañable y carismático, que se resiste a tirar la toalla pero que va encajando flemáticamente su declive. Reviviendo viejas sensaciones, en esta ocasión su «verdugo» en los Oscar fue Forest Whitaker por su apabullante trabajo en «El último rey de Escocia».
«RATATOUILLE» (2007). Ya sin nada que demostrar, O’Toole se relajó en este nuevo prodigio animado de Pixar, donde prestó su majestuosa voz a Anton Ego, el quisquilloso y odiosito crítico gastronómico que finalmente se ablanda gracias al virtuosismo del chef roedor protagonista. Una composición imborrable que demuestra que el cine de animación se perdió a una auténtica estrella.
«LOS TUDOR» (2008). Uno de sus ultimísimos trabajos profesionales (previo al filme mexicano «Cristiada») llegó a través de la pequeña pantalla con una teleserie de hechuras cinematográficas y múltiples intrigas y pasiones palaciegas. O’Toole encarna al Papa Pablo III, un hedonista obsesionado por la belleza de Roma y, sobre todo, de las romanas. Una intervención breve pero intensa que invita a que el gran actor reconsidere su jubilación, sobre todo teniendo en cuenta que este año un Oscar ha caído en manos octogenarias (Christopher Plummer por «Principiantes»). Que no anda muy sobrado de mitos el cine actual...
TOMADO DE: http://www.abc.es/20120716/cultura-cine/abci-legado-peter-toole-201207132024.html

lunes, 28 de enero de 2013




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Bluebird Editions, Project Zu y Societa' Dante Alighieri los invitan
a la presentación del libro,

Condenados. Tres piezas dramáticas (Bluebird Editions)

del escritor Gilberto Subiaurt

Jueves, 7 de febrero, 7pm a 9pm

Presentación a cargo de George Riverón


Societa' Dante Alighieri
300 Aragon Ave
Coral Gables, Fl 33134


Condenados 


Gilberto Subiaurt: Matanzas, Cuba (1958). Cursó estudios superiores de agronomía, que abandonó para dedicarse al teatro con el grupo aficionado, Teatro D'Sur, bajo la dirección de Pedro Vera. Paralelamente, trabaja como profesor y realiza estudios de Licenciatura en Lengua Inglesa, en el Instituto Superior Pedagógico de Matanzas, graduándose en 1988. Su cuento "Los Condenados", que adaptara al teatro con el título "Condenados" (1995) es su obra más conocida y premiada. La ha estrenado en una nueva versión y una nueva puesta en escena "Acecho" (2009). Como dramaturgo ha estrenado además "En Blanco y Negro" (1989), "Edith" (1997), "Promesa" (2000) y "Polvo" (2006).Junto a su larga carrera como actor, ha incursionado en la radio y la televisión por largos periodos y actuado en cortos de ficción. Ha publicado "Luces", Ediciones Matanzas, 2009. Premio José Jacinto Milanés de la UNEAC, 2008. Ha sido docente en la Escuela de Instructores de Arte, Alfonso Pérez Isaac, en las especialidades de dirección y actuación. Actualmente trabaja como actor, director y dramaturgo en el grupo Teatro Icarón, de Matanzas.

sábado, 26 de enero de 2013

Libros

El corazón inédito de León Felipe

Día 27/01/2013 - 01.43h
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La Fundación Santander editará en un año «León Felipe, castillo interior», libro que recoge obra inédita no poética del poeta

Español del éxodo y del llanto, eterno don Quijote de la poesía y de la vida, payaso una y mil veces, y cien mil si hasta me apuran, republicano que no paraba de mencionar la fe, la esperanza y la caridad, León Felipe fue un poeta de una pieza y un hombre tan singular como su propia existencia, ajeno siempre a grupos, asociaciones, banderías, fiel a sí mismo y a su especie, humano hasta la rabia, el dolor, pero también el abrazo, la sonrisa, la ternura.
El exilio quiso truncarle como español de pura cepa, pero no pudo. Allá en México, en aquella tierra que nunca fue extraña para los nuestros que tuvieron en aquellos años terribles que dejarnos, León Felipe continuó su obra irrepetible, personalísima, intransferible. Nunca dejó de escribir, y si su obra lírica afortunadamente hace años que vive la felicidad de la edición y publilcación entre nosotros no podía decirse lo mismo de sus cuadernos personales, de sus esbozos, de sus apuntes sobre una y mil cosas.
Hasta ahora, que Gonzalo Santonja, catedrático y director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, y Francisco Javier Expósito, responsable literario de la Fundación Banco Santander, se han metido hasta los tuétanos en su búsqueda. Buena parte de aquellos papeles (no todos), la mayoría inéditos y desconocidos, como el poema aquí recogido, se encuentran en el Legado León Felipe del Archivo Histórico Provincial de Zamora. Y todos esperan justicia poética. Eso es lo que harán el propio Santonja y la Fundación Santander en un libro que formará parte de la Colección Cuadernos de Obra Fundamental, y que verá la luz en alrededor de un año, y que muy probablemente lleve por título «León Felipe, castillo interior». El libro se editará gracias al acuerdo gracias al acuerdo con la Fundación León Felipe y el Ayuntamiento de Zamora.
Gonzalo Santonja, que también escribirá el prólogo del libro empieza a ojear estas páginas desconocidas ante la mirada de ABC: «La obra poética de León Felipe está bien editada, pero no lo están sus comentarios, sus borradores, sus apuntes, el proceso que remite al poeta en el obrador, amasando su obra. La vida de León Felipe es una vida interior muy intensa y apasionante, una vida azacaneada desde su principio: farmacéutico, recluso de la prisión de Santander por desfalco, administrador de un hospital en Guinea... ya en su gran estreno literario con los Versos y oraciones del caminante se define así, como un caminante, y se aprecia su tono intimista, pero también su trazo profético, En estos escritos nos encontramos con la pista de una vida interior muy, muy intensa». Hay también según el catedrático una lectura muy bien asumida de Eliot, de Machado, de Unamuno, y de su queridísimo Whitman («Dios le llama Walt», escribiría).
El corazón inédito de León Felipe
archivo hco. zamora
Poema inédito de León Felipe, de mediados de los 50
Santonja también subraya que existen «multitud de papeles con anotaciones. Por ejemplo, un Hamlet con subrayados, con versos retraducidos, con apuntes, con llamadas... Ahí está el corazón y la cabeza de León Felipe, ahí está su espacio mítico que se funde con Don Quijote, donde verdaderamente afirma una voz única, la del genio proteico, el genio que va de lo doméstico a lo épico, de lo contingente a lo esencial, de lo trivial a lo místico, de lo sórdido a lo limpiamente ético. Queremos hacer un libro que refleje el castillo interior del poeta de la luz llamado por la espada del llanto para matar la sombra. Hay que meterse en las tinieblas de los legajos de los archivos para sacar adelante este proceso apasionante».

Todo vale en mi poesía

Todos estos escritos son también reflejo, como explica Gonzalo Santonja, de la creencia del poeta en que cuando empieza a pensar en renovar su obra con El payaso de las bofetadas (1938), dice que para su obra le va «a servir todo», y dice textualmente «me valdrá hasta lo literario, hasta el verso, me servirá todo, hasta el barro de lo humano». Añade Santonja que en estos legajos, se ve cómo León Felipe «está buscando la luz, porque él quiere iluminar a unos y a otros, quiere salvar al rico y al pobre, quiere matar al rico y al pobre para que nazca el hombre verdadero». Como el poeta escribiría: «Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan! ¡Hurra por los que cayeron, por los barcos que se hundieron el la mar, y por los que perecieron ahogados! ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes vencidos!».
No obstante, la política no es uno de los espacios preferidos por el poeta. «En estos documentos hay pocas consideraciones políticas –explica Gonzalo Santonja– creo que a veces en España la política ocupa desgraciadamente mucho espacio. Aquí lo que hay es una enorme intensidad humana y filosófica, el reflejo de su pensamiento angustiado y en contradicción, el trestimonio del hombre y el poeta que quiere buscar la luz en medio de las sombras, la valentía y honestidad de ese payaso de las bofetadas que cae una vez y se levanta, otra vez y se levanta, diez veces, cien, mil, y se levanta siempre con la palabra justicia en la boca». Hora es pues, de cantar con León Felipe: «¡Que solo la política separa a los hombres:los cabildos y los consejos! Un día cuando el hombre sea libre, la política será una canción».

Español del éxodo y del llanto

miércoles, 23 de enero de 2013

lundi 21 janvier 2013

Manuel A. López, el arquero que escondía buenas flechas.




 Si se confiesa, será perdonado, 
porque el que mucho se confiesa es porque peca
 y al que mucho peca mucho le será perdonado. Alberto Lauro. 


Una flecha arriba a la Normandía, trae como mensaje: «Yo, el arquero aquel». Es un poemario raro, bueno, como un libro de premoniciones, firmado por Manuel A. López, bajo el sello Astrolabio, de la Editorial Velámenes.

Viene precedido de las palabras de Elena Tamargo, ella vio al poeta mostrando su casa; yo le he visto en una cualidad rarísima de los poetas, la de escribir versos de lo mejor y más terrible de sí, la duda frente a las palabras que rebotan en el eco.

Le he visto en el desdoblamiento del que escucha y a la vez lanza palabras a un mundo oscuro, donde solo los ciegos se detienen a reconocer si es una flecha que salva o portadora del veneno que le cortará la vida.

El confiesa: « Me siento raro/ al entrar y chocar con cajas/ que hace años no abro/ tocar libros/ algunos sin leer./ Pinturas que como guardianes del templo/ en silencio saben de momentos que no quiero recordar (he quitado las divisiones de versos para seguir su respiración) Abro y cierro/ a veces sin mirar/ con un miedo latente/ porque algo se asomará/ embistiéndome./

Por eso dije « raro » , desde la primera página el doble poético, Manuel con su carcaj  a cuestas, con temor a confesar que su aljaba está repleta de voces, ya no sabe qué hacer, le perturban, con su temor a decir 'soy poeta' – nunca antes había leído tanto miedo a decirlo, y a Manuel que con cada poema asciende, asume el escalón que le adentra a « algo » irremediable.
Coherente y cuidado su primer libro,(Cándida Rodríguez,  ilustró la portada, editado por Adalberto Guerra, cuidado por la Tamargo)  desde el inicio presencias, el poeta desgrana lo que permanece en su interior como si fuesen fiebres o desvelos que  irremediablemente le golpean.

Dije también poemario bueno, porque te toma de la mano y anuncia «Cambios drásticos. La luz que se apaga/ paredes vacías/ un piso gastado/ velas derretidas/ cada silla con rumbo diferente/ y el eco lejano ... »- enumera una atmósfera que lleva al poeta a partir sin hacer ruido, frente al hecho consumado, la soledad en que ha estado, el otro siempre ausente, el otro tan necesario, quién pondría la mesa, la puerta, la silla en el lugar que le corresponde en el universo. A veces, identifiqué en el libro que este ausente es el propio Manny, quien no sabía quererse. En todos los casos es lo desconocido que asusta porque no muestra el rostro y deambula con su malestar por los pasillos. El otro yo, enigmático, omnipresente.

Manny López es un poeta del Momento, con mayúscula, como si dijera Tiempo, el que muchos hemos perdido, el que pierden muchos escritores cuando la acumulación de lecturas se impone a su voz interior. El rescata ese fragmento, lo sostiene, esa es su flecha y su fuerza, la que le ha convertido en un «río seco, un desierto sin cactos ...con pedazos de muertos, secuelas de guerras que debieron ser fiestas y durar un poco más ». 

Se le agradece la honestidad: «Si tuviera respuestas/ sería millonario / o pastor de alguna iglesia fantasma./ Si la crueldad/ no me hiciera daño/ sería como tú:/ pretendería ser poeta./ Si caminara/ por esta ciudad sangrante/ sin salpicarme/ sería un héroe./ Al final del día/ lleno de preguntas/ y sin una sola respuesta... »

Y claro que es un héroe en el panorama poético cubano donde de cada barril de versos salen mechas a comerse al que no este en la lista de fans, porque el respeto a la poesía se ha convertido en la algarabía de una competencia de girondelas contra meones de parques, y el que miccione más lejos tiene más suerte en la tropelía y la desesperación de todos porque su obra llegue lejos. En el libro no hay respuestas, pero si bravura de poeta al presentar al silencio, a la oscuridad, su instante de luz.

Manny López dice en una flecha «que sabe lo que siente el inválido cuando ve a los demás caminar», y en este verso me detengo, no se lee a la ligera, mucho le debe haber costado el aprendizaje, mucho, nos previene que lleva años tomando un inventario de todo lo que no le funciona , sin admitirlo en voz alta.

Luego prosigue: «La lista cada día crece y sorprende/ me aterran las verdades tan crueles. Pero ciertas./ Si me llamaran/ a declarar/ sin defenderme/ me nombrarÍa. El único culpable »

Y es el culpable, dedicado a promover a artistas, a acompañarlos, se había olvidado en un aeropuerto donde iba cada sábado en la noche a observar. En una sala de espera, por si un amante perfecto le descubría, le daba existencia. Sábado tras sábado regresaba al lugar sin que despegara el avión que le corresponde.

Hoy, con Yo, el arquero aquel, la cuenta se ha saldado, es el comienzo...el arquero sabe resguardar las flechas, puede perderse en un mar de sábanas tonos rojizos, cuyas venillas le recordaban pasiones difuntas, porque tiene, inevitablemente, un poemario que le abrirá estaciones, como fue el caso, durante la presentación del arquero en California, frente a un p
úblico conocedor, bilingüe por más señas.

Manny López puede, en lo adelante, mirar al techo, contar una a una las tablas que apuntalaban su incierto futuro, porque las treguas solo muestran el descanso del arquero con su aljaba a meced de la mano. El, quien no se sentía en casa, al fin ha llegado, ha aprendido a convivir consigo, le ha dado respiro al callado y tímido poeta con su « dream, the nightmare », porque el sueño, la pesadilla de su destino es escribir y él sabe hacerlo y lo hace bien. 


Manny A. López, poeta, curador, dirige el  Project Zu , entre  las actividades principales organiza las Semanas alternativas de la Literatura en Miami. 

3 commentaires:

El Tinajón a dit…
Excelente, enigmático pero cierto, algunas frases que de tan oscuras se hacen transparente, y delatan sufrimiento, soledad, o sea; belleza.
Gracias por darmelo a conocer.
Marlene Moleon a dit…
Felicidades a Manny López y a la poeta Margarita García Alonso. Excelente artículo

Anonyme a dit…
Me encantó, eso es "El Arquero...", que además brilla por su lenguaje honesto y sin subterfugios.
Besos para los dos.
Karin

Cinco formas de vivir el apocalipsis

El valenciano Paco Zarzoso presenta su última obra en el Valle-Inclán de Madrid

Los protagonistas de 'Hilvanando cielos' se enfrentan a un inminente fin del mundo

Los actores de 'Hilvanando cielos', en un momento de la obra. / Jordi Pla
El mundo se va a acabar en seis meses y cinco miembros de una familia acuden a pasar sus últimos días en una casa en el campo. Así comienza Hilvanando cielos, producción que estrenó ayer el Centro Dramático Nacional en colaboración con la compañía valenciana Hongaresa. La obra, con texto y dirección de Paco Zarzoso (Puerto de Sagunto, Valencia, 1966), se podrá ver hasta el 24 de febrero en el Teatro Valle-Inclán de Madrid.
Ante el inminente apocalipsis, los miembros del clan huyen de la histeria de la gran ciudad y corren a refugiarse al hogar del más anciano de la familia, veterano actor de teatro. "Es una tragicomedia que da comienzo en una noche de verano idílica, con grillos en un jardín poblado de jacarandas", explica su autor y director, que formó la compañía en 1994 junto a Lluïsa Cunillé y Lola López –la madre de familia en Hilvanando cielos–.
La situación idílica dura poco: los perros guardianes del refugio mueren brutalmente y se desencadena un conflicto en el que los personajes comienzan a atravesar situaciones fuertes y extremas. "La noche se transforma en una pesadilla y, sin quererlo, los cinco se convierten en portavoces del apocalipasis.", explica Paco Zarzoso. "No son cinco maneras de morir, sino de aferrarse a la vida".
Luis Campos, que ya hizo el papel cuando la obra se representó en 2011 en Buenos Aires, interpreta el personaje que "produce un encantamiento en el resto de miembros de la familia", según palabras de Lola López. A lo largo de la obra, se pone en la piel de personajes que ha interpretado en su carrera, convirtiéndose en un trasunto del Rey Lear shakesperiano. Él se enfrentará al resto de la familia, a la que cuestiona sus pequeñas decisiones en los últimos momentos de la humanidad.
Su punto de vista ante el mundo –o ante el fin del mismo– se opone al de su hijo, que interpreta Carles Sanjaime. Los dos son actores, pero si bien el patriarca "encarna el juego de las máscaras y del teatro", su hijo, famoso por sus apariciones televisivas, representa el carpe diem del que se sabe ante los últimos días.
“La gran paradoja de los personajes es que todo sigue igual, siguen trabajando y comportándose de la misma manera”, explica el director. La madre de la familia, arquitecta, aun sabiendo que el fin de la humanidad está próximo, sigue trabajando en un edificio que nunca se construirá y la enigmática hija adolescente de la pareja, Cordelia –personaje que interpreta Mireia Sobrevela– sigue a medio camino, por sus acciones, entre la niñez y la edad adulta. El elenco lo completa la actriz Ruth Atienza, que encarna a la vecina de la familia.
La obra nació de un encargo del Teatro San Martín de Buenos Aires, espacio en el que fue representada en 2011 con gran acogida por parte de crítica y público. Paco Zarzoso estaba interesado en reflejar el plano más metafísico y poético de los personajes, patente en las partes más alucinatorias del texto. “La idea de los personajes surgió de un taller de escritura que impartía en Valencia”, explica Zarzoso. “Vimos que grandes personajes de la literatura o del teatro, como los de Tennessee Williams o el mismo Woyzeck siempre estaban ebrios. No solo de alcohol, también borrachos de poder, de sexo. Como los personajes de Hilvanando cielos, en cualquier momento pueden arder y desde la ebriedad son capaces de decir las verdades más poderosas”.
La obra remite al filme Sacrificio de Tarkovski, también apocalítptico, o, incluso al Berlanga más tragicómico. De él, el director se queda con su capacidad “para reírse de lo más terrible y de hacer de lo más banal una tragedia”.
Puede que no haya redención posible ante el final de los personajes. Pero igual que deja claro el abuelo en un momento de la obra, pidiendo un cambio de rumbo desde las pequeñas acciones, “ya es hora de atender el descduidado jardín” por el que nos movemos diariamente.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/22/actualidad/1358867386_670722.html