LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

sábado, 29 de junio de 2013






LA PARRANDA DE SAN PEDRO
Arturo Álvarez D´ Armas


Solo: Baila, baila, María Ignacia
         que te quiero ver bailar;
Coro: Baila, baila, María Ignacia
          baila, baila sin cesar,
Coro: Baila, baila, María Ignacia
          baila, baila sin cesar.

Así comienza la Parranda de San Pedro después de salir de la eucaristía en la Iglesia de Guatire. Esta festividad es celebrada todos los 29 de junio de cada año.
La historia comienza en los cañaverales del valle de Pacairigua, cuando a una esclava llamada María Ignacia se le enferma su hija Rosa Ignacia, al no poder curarla, la madre invoca a San Pedro y le promete que si le cura a su hija le hará una fiesta anual. Al morir María Ignacia, la promesa recae en su esposo y es por esa causa que un hombre se viste de mujer  en la Parranda de San Pedro.
La Parranda se compone de María Ignacia: hombre vestido de mujer, usa falda ancha de múltiples colores. Su cabeza es adornada con un sombrero de cogollo y lleva un par de moños elaborados con mecate. Rosa Ignacia: una muñeca que simboliza ser hija de María Ignacia, los Sampedreños: en su mayoría son tocadores de cuatro y maracas. San Pedro: este personaje está casi desaparecido. Los tucusitos: son niños que acompañan a María Ignacia, hacen de hijos. Llevan gorra bicolor, amarillo y rojo; el abanderado: es la persona que lleva la bandera de la parranda. Finalmente el cargador de la imagen de San Pedro.
Los sampedreños se visten de levita y pumpá de color negro, al cuello llevan un pañuelo rojo o amarillo. Igualmente cuando la parranda visita las casas o clubes, bailan con unos trozos de cuero al cual llaman cotizas. Las mismas se amarran a las alpargatas, con el canto y los coros del pueblo retumban las cotizas en los oídos y el alma de los bailadores. En esa parte de la coreografía se oyen los siguientes versos:
Con la cotiza dale al terrón
vuélvelo polvo sin compasión.
Dale que dale al terrón
dale que dale al terrón
dale que dale al terrón
dale que dale ¡yaaa!
Durante todo el día 29 los sampedreños recorren las calles y barrios de Guatire, cerca del mediodía se encuentran en algún sector del centro con los seguidores del San Juan de Guatire. Se hacen algunas reverencias, tocan, cantan y después cada quien se va por su lado.
Los sampedreños de Guatire siguen visitando a los Pedro y Petra y bien avanzada la tarde se instalan en el club Los Gavilanes donde disfrutan del famoso Tere tere, la conserva de sidra, el sancocho. Allí cantan y bailan hasta el cansancio interpretando el siguiente canto:
Guatire tiene dos cosas
que no las tiene otro pueblo,
la rica conserva e´ sidra
y la parranda de San Pedro.
Cada 29 de junio el pueblo de Guatire recuerda con fervor y cariño a Justo Tovar “Pico”, que con su apasionamiento y espiritualidad sampedreña decía:
Pégale Pedro
pégale Juan
pasa pa dentro
que está en el zaguán.           
El culto a San Pedro también es celebrado en Guarenas y Ocumare del Tuy en el estado Miranda, y en Naiguatá en el estado Vargas.                                                                     
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María Ignacia. Fotografía Arturo Alvarez D´Armas. Guatire. Estado Miranda 29-6-1985..jpgMaría Ignacia. Fotografía Arturo Alvarez D´Armas. Guatire. Estado Miranda 29-6-1985..jpg
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Abanderado. Foto Arturo Álvarez D´ Armas. Guatire. Estado Miranda. 29 de junio de 1985..jpgAbanderado. Foto Arturo Álvarez D´ Armas. Guatire. Estado Miranda. 29 de junio de 1985..jpg
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viernes, 28 de junio de 2013

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jueves, 27 de junio de 2013

Muere el fotógrafo Bert Stern, famoso por sus imágenes de Marilyn Monroe

El estadounidense fallece en Nueva York a los 83 años

En 1962 sacó 2.571 imágenes de la actriz seis semanas antes de que muriera

El fotógrafo Bert Stern, ante una imagen de Marilyn Monroe. / Neilson Barnard (AFP)
Conocido mundialmente por fotografiar a Marilyn Monroe seis semanas antes de su muerte, Bert Stern falleció este miércoles en su casa en Manhattan, Nueva York, a los 83 años. La noticia la confirmaba la directora de cine Shannah Laumeister, de 43 años, quien ha revelado que se casó con el fotógrafo en 2009 y que por motivos de privacidad lo mantuvieron en secreto, según ha informado AP. Laumeister ha declarado que Stern había pasado unos días en el hospital por sentirse mal pero regresó a casa "porque los médicos no encontraron nada".
En 1962, Stern tuvo la oportunidad de hacer miles de fotografías a Marilyn Monroe en el hotel Bel Air de Los Ángeles, un reportaje que incluía fotos de la actriz desnuda y semidesnuda y que fue encargado por la revista Vogue poco tiempo antes de que la estrella muriera de una sobredosis en esta ciudad. De las más de 2.500 imágenes que salieron de aquella sesión, incluyendo algunas que la propia Monroe censuró, una parte fue publicada en 1982 en el libro The Last Sitting. El resto fue lanzado en el año 2000 y se tituló: Marilyn Monroe: The Complete Last Sitting. En un documental elaborado por Shannah Laumesteir sobre el fotógrafo (Bert Stern: Original Mad man), Stern contaba: "Tener a Marilyn Monroe en la habitación de un hotel solo pasa una vez en la vida, aunque la habitación esté convertida en un estudio".
"Siempre será recordado como alguien que amó a las mujeres y que amó hacer fotos y sentir de una manera intensa las cosas que se ponían frente a su cámara. Sus imágenes vivirán para siempre. Las de Monroe van más allá de la simple fotografía, es arte", ha añadido Laumeister.
Además, Stern fotografió durante su carrera a estrellas como Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor y Truman Capote, elaboró campañas. "Era un fotógrafo innovador, tanto en el sector comercial como con modelos y famosos. Era uno de los mejores", ha dicho Bruce Barnes, director del Museo de Fotografía y Cine George Eastman House (Rochester, Nueva York), en el cual se iba a presentar el único documental elaborado por Stern al final de la década de los cincuenta sobre Festival de Jazz de Newport: Jazz on a Summer's Day, según informa The Huffington Post.
Nacido en Brooklyn, Stern formó parte de una generación de fotógrafos - entre los que estaba Irving Penn y Richard Avedon- que fueron conocidos por sus imágenes depuradas y seductoras. "Aunque él no era tan conocido, encaja en este grupo que revolucionó la manera de fotografiar a los famosos", ha dicho Jessica Johnson, trabajadora del George Eastman House.
El funeral está programado para este viernes en la capilla Frank E. Campbell de Nueva York.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/28/actualidad/1372370506_692716.html


miércoles, 26 de junio de 2013

Francisco Porrúa, el editor de ‘Rayuela’ y otros libros que cambiaron la literatura

El editor gallego editó 'Rayuela' y libros clave del boom latinoamericano

Poco dado a dar entrevistas, en 2004 charló con una experta en Cortázar y contó detalles de la edición de la novela

Celebrar el medio siglo de la publicación de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que cambió entre otras cosas el lugar del lector en este mundo, y no mencionar a Francisco Porrúa, sería tanto una injusticia como perder una oportunidad para hablar del editor que, haciendo lo que él considera sólo su labor, transformó para siempre el panorama de la Literatura.
Francisco Porrúa, Paco Porrúa, el gallego de Corcubión que el azar y la necesidad llevaron a la Patagonia argentina en 1924 porque su padre, marino mercante, había solicitado un puesto en tierra para poder estar más tiempo con su mujer. La familia recaló en Comodoro Rivadavia cuando Porrúa no había cumplido aún los dos años (nació en 1922) y allí, en un lugar que según su expresión entonces “era el Far West”, se instalaron en una casa a las faldas del cerro Chenque, accidente geográfico propio de la meseta patagónica en ese lugar de la provincia del Chubut que acaba en el mar, y cuyo nombre remite a la presencia en la zona de los primitivos pehuenches.
Es un editor que no ha escrito sus memorias, y bien que podría –o debería–, porque por sus manos ha pasado la literatura del siglo XX que anticipó la modernidad todavía vigente en el XXI.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro “arrojó la suma de doce pesos”. A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
El escritor argentino Marcelo Cohen hacía mucho que me había animado a escribirle, si es que yo quería seriamente seguir investigando sobre la vida y la obra de Cortázar, para que me contara su experiencia como editor, ya que se prodigaba muy poco y era difícil encontrar datos. Él por supuesto había conseguido entrevistar a su amigo y admirado editor en Buenos Aires, en abril de 2003, y, en noviembre del mismo año, la Feria del Libro de Guadalajara (México) le hizo un homenaje del que Rodrigo Fresán escribió una crónica entrañable, y pocas cosas más había publicadas sobre él.
Por suerte, en marzo de 2004 la Universidad de Cádiz logró que Porrúa participara en una mesa redonda titulada En la Rayuela con Jean Andreu, Mario Muchnik y Nieves Vázquez, la organizadora del ya mítico encuentro “Veinte años sin Julio Cortázar”. Después de aquel homenaje pensé que no tenía que demorar más el mandato de Marcelo Cohen y así fue como le pedí una cita y un sábado de finales de septiembre de 2004 Porrúa me recibió en su casa de Barcelona.
Recuerdo aquella tarde en la terraza con vistas a las copas de los árboles del Parque de la Ciudadela como un viaje en el tiempo donde Porrúa evocó al niño para quien el universo estaba en torno a una casa respaldada por el cerro Chenque y donde el camino, la playa y el mar fueron en su infancia “una especie de revelación de la inmensidad”. “Yo era muy feliz”, confesó, y a la vez recordó el llanto de su madre porque echaba de menos los paseos con sus amigas por la orilla de la ría –como símbolo de todo lo perdido–. Yo también pensé en las lágrimas de mi madre por lo mismo, por haber dejado a su familia en su pueblo abulense rodeado de pinares tras la aventura de embarcarnos para ir a hacer la América también a la Patagonia, aunque un poco más al Norte, en la provincia del Río Negro.
En aquella conversación –me contó algunas cosas que yo le prometí guardar solo para mí, y eso hago– recordó los dos años y medio que estuvieron en España en tiempos de la República para que su madre se repusiera de una enfermedad cerca de su familia.
Cuando por fin Cortázar termina Rayuela hablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era “una editorial poco formal todavía para Rayuela”. Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
“España me pareció un lugar muy ameno” –dice–. “Quizá la ausencia de padre ayudaba a que yo me sintiera un poco más libre, pero volví a Comodoro (Rivadavia) y yo sentía que esa era mi tierra”. En aquel lugar, donde nacieron también sus tres hermanos, la morriña no era privativa de los gallegos sino de todos los inmigrantes que poblaron la ciudad que en su infancia era sobre todo un campamento petrolero que atraía trabajadores de todos los confines.
Después, a los 18 años, hizo su propia emigración de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires (a 1.471 kilómetros) para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras donde hizo un camino que lo llevó a fundar la editorial Minotauro en 1954, lo que supuso su desdoblamiento en Luis Domènech, Ricardo Gosseyn, Francisco Abelenda o F. A., pseudónimos con los que se ocupó de traducir a los mejores autores de ciencia ficción que publicó después de su primer título, Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, con un prólogo de Jorge Luis Borges en el que se preguntaba qué había hecho ese hombre de Illinois para que episodios de la conquista de otro planeta "me pueblen de terror y de soledad”.
Luego vino su salto a Sudamericana en 1958, de la mano de Jorge López Llovet, hijo del director Antonio López Llausás. Entonces fue cuando encontró, arrumbado en los sótanos, Bestiario, el primer libro de Julio Cortázar, publicado en 1951 justo antes de que se marchara definitivamente a Europa.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro “arrojó la suma de doce pesos”. A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
Y entonces, en 1960, cuando le publica la novela Los premios Cortázar ya empieza a hablarle de que está escribiendo un libro muy diferente, una obra insólita, “que sobre todo sorprenderá a los editores”.
Cuando por fin Cortázar termina Rayuela hablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era “una editorial poco formal todavía para Rayuela”. Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
Lo que sucedió fue que “entonces Sudamericana no parecía apta para Rayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas” y en su opinión “la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo”.
En este punto Porrúa modula el grave tono de su voz para recordar con entusiasmo que la publicación de Rayuela, que lo había dejado “bastante desasosegado” cuando terminó de leer por primera vez el manuscrito, provocó “algo curioso, algo que ocurre a los editores, y es que el catálogo es el que hace al editor”.
Lo que sucedió fue que “entonces Sudamericana no parecía apta para Rayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas” y en su opinión “la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo”.
La afirmación de Porrúa se puede corroborar simplemente repasando la solapa de la primera edición de Rayuela, donde aparece una lista de otras publicaciones de Sudamericana.
Junto a las tres obras de Cortázar (Bestiario, Las armas secretas y Los premios) en orden alfabético aparecen, como un corte sociológico, Sebastián J. Arbó, Francisco Ayala, Leónidas Barletta, Silvina Bullrich, Estela Canto, Arturo Cerretani, Attilio Dabini, M. de la Sota, V. Fernando, Manuel Gálvez, Sara Gallardo, Carmen Gándara, Alberto Gerchunoff, M. Lancelotti, Norah Lange, Enrique Larreta, Luis M. Lozzia, Eduardo Mallea, León Mirlas, Juan Carlos Onetti (La vida breve), Bernardo Verbistky, Elvira Orphée, Pepita Serrador, Leopoldo Marechal (Adán Buenosayres), Conrado Nalé Roxlo y Richard Wright.
Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también
Pasados los preceptivos cincuenta años que diría Jorge Luis Borges para considerar que un libro ha sobrevivido, a efectos del catálogo no está mal la pléyade reunida por el editor hasta entonces aunque él todavía defiende la idea de que Roberto Calasso “es el editor más grande” porque “Adelphi es una colección que la puedes comprar toda”.
No acepta los halagos que le prodigo en cuanto a su papel decisivo del editor que con su sensibilidad contribuye a transformar toda una época. “Yo estoy absolutamente convencido de que no soy el hacedor de nada” –me contradice. “Yo tengo historias que parecen anécdotas de lo sobrenatural sobre cómo he recibido algunos libros” –agrega para tratar de convencerme y entonces habla de cómo llegó a sus manos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, porque vio en el manuscrito de Los nuestros, que le proponía Luis Harss vio en un capítulo "un nombre desconocido entre toda esa fila de héroes" y quiso leer algo suyo.
Para minimizar la idea de su importancia como editor, cuenta que algo similar le ocurrió con El señor de los anillos, ya que supo que habían quedado libres los derechos de esa obra de Tolkien que tenía entonces Jacobo Muchnik en Fabril Editores y decidió publicarlo.
“Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también” –replica cuando le señalo la humildad con la que habla de decisiones como esa que luego le permitió vender la editorial Minotauro y retirarse, o haber publicado Rayuela o Cien años de soledad.
“No es humildad, es realismo, es comprender lo que ocurre” –dice– y trae a colación la frase “las cosas no se hacen, pasan” para recordarme que eso está presente “en toda la literatura kármica, oriental, en muchos europeos occientales, la corriente del determinismo”.
Y aunque como él mismo afirma “no se puede decir de ningún modo que soy el que era hace treinta o cuarenta años” Francisco Porrúa es, sobre todo, el hombre cuya primera reacción después de leer Rayuela fue decirle a Cortázar “Tengo ganas de tirarte el libro a la cabeza”. Justamente lo que esperaba de su editor hace ahora cincuenta años el autor del libro que a tantos nos ha cambiado la vida e incluso a muchos se la ha salvado.
* Mariángeles Fernández participará el viernes 28 de junio en el homenaje a Cortázar en el Centro de Arte Moderno de Madrid. (calle Galileo 52 / 20 horas)

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domingo, 9 de junio de 2013

Fallece Elías Querejeta, el gran productor del cine español

De su productora salieron las grandes obras de Saura, Gutiérrez Aragón, Víctor Erice, Fernando León y su hija Gracia Querejeta

Su nombre está detrás de películas como 'El espíritu de la colmena', 'Cría cuervos', 'Pascual Duarte', 'Feroz' y 'Los lunes al sol'

Su cuerpo permanecerá hoy en el tanatorio de Tres Cantos a partir de las 13.00

Si alguien se ha ganado a pulso el calificativo de EL PRODUCTOR, el título de gran creador del cine español, y desde luego uno de los más prestigiosos hoy del cine europeo es Elías Querejeta, que hoy ha fallecido a las 06.00 horas en su casa en Madrid a los 78 años de edad. Hombre de precaria salud -él, que curiosamente fue estrella de la Real Sociedad en los años cincuenta, que en cuanto podía contaba su famoso gol al Real Madrid en el campo de Atocha el 9 de octubre de 1955: "Di Stéfano me felicitó en el centro del campo con un 'Vaya gol, pibe"-, el legado de Querejeta es fundamental para entender lo que fue el gran cine de autor durante casi medio siglo en Europa, y para que las jóvenes generaciones entiendan lo importante que es un productor, cómo un cineasta como Querejeta empujó y engrandeció la carrera de directores como Carlos Saura, Jaime Chávarri, Emilio Martínez Lázaro, Fernando León, Víctor Erice y de su hija Gracia Querejeta, además de apostar en el documental con los filmes de Eterio Ortega. "En mi trabajo siempre me divierto, como productor o como director. Desde mis inicios estoy presente hasta en el montaje y no entiendo esto sin pasión, sin compromiso". En esos arranques de su carrera Irving G. Thalberg, el mítico productor de MGM, fue su referencia. "Siempre me interesó su forma de entender apasionadamente la producción", contaba en una entrevista a este diario.
Sin embargo, Querejeta (Hernani, 1934- Madrid, 2013) no parecía nacido para el cine. Sus primeros recuerdos son de una infancia feliz y de un grito de guerra soltado desde el balcón de su casa: “Aita, aita, viva Cristo Rey, el comunismo y la libertad”. A Querejeta lo que le apasionaba era el fútbol. Y con tan solo 18 años debutó en la Primera División. Su meteórica carrera como delantero acabó en 1958 y se fue a Madrid a montar su productora de cine. En 1960 y 1962 su nombre encabeza como director los cortos A través de San Sebastián y A través del fútbol, codirigidos con su íntimo amigo Antonio Eceiza. Y desde entonces hasta 2009, no volvió a dirigir, y en ese año lo hizo con otro documental, Cerca de tus ojos: "No, no, es igual. No entremos a estas consideraciones. He escrito el asunto y lo he dirigido, y ya está", contaba en 2009. "Es cierto que todos mis trabajos en este género tienen una línea de preocupación por determinadas materias, y una forma de entender lo que yo llamo película documental".
Esos inicios documentales, fomentados por sus pasiones, derivaron rápidamente hacia la ficción con su colaboración con Carlos Saura, en mitad de la gran ola del cine de auteur europeo: “En el cine lo industrial está ligado con el arte. No tengo parámetros para saber qué es eso del cine de autor”. Lo mismo sirve para hablar de su conexión con el espectador. “No sé lo que es eso, como tampoco sé muy bien lo que le gusta al público. Sí sé lo que me gusta a mí”.
La relación entre Querejeta y Saura da como resultado un listado impresionante de títulos: en quince años hacen La caza (premio a la mejor dirección en el festival de Berlín en 1965, un filme que se inició con un millón de pesetas de Querejeta y otro millón del padre de Saura), Peppermint frappé (1967), premiada con el Oso de Plata en ese certamen, Stress es tres, tres (1968), La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1972), La prima Angélica (1973) Cría cuervos (1975) -ambas galardonadas con el Premio del Jurado en Cannes- Elisa, vida mía (1977), Los ojos vendados (1978), Mamá cumple cien años (1979), Deprisa, deprisa (1980), Oso de Oro en el Festival de Berlín, y Dulces horas (1981). En el documental 24 horas en la vida de Querejeta, de Gerardo Sánchez y Alberto Bermejo, estrenado en diciembre del año pasado, Saura aseguraba que lo suyo fue un desgaste como el de una pareja sentimental: el tiempo y el roce pudo con ellos. "Aunque nunca metió mano en los guiones. Somos como un viejo matrimonio con muchos hijos exitosos”.
Querejeta fue más que el productor de Saura: él está detrás de El desencanto (1976), de Jaime Chávarri, la crónica de la devastación de la familia Panero, y con Chávarri repitió en A un dios desconocido (1977); con Manuel Gutiérrez Aragón colaboró en Habla mudita (1973) la poderosa Feroz (1984) -Manolo confesaba que Querejeta "se mete en todo"-; con Emilio Martínez Lázaro trabajó en Las palabras de Max (1978) -"Es riguroso, aunque más cabezota”, decía Martínez Lázaro-... Llegó a estar en Cannes el mismo año con dos peliculones como Cría cuervos y La familia de Pascual Duarte. También estuvo detrás de las películas de Montxo Armendáriz: Tasio (1984), 27 horas (1986), Las cartas de Alou (1990) e Historias del Kronen (1995).
Con Víctor Erice hizo dos obras maestras: El espíritu de la colmena (1973) y El sur (1983). En ese rodaje, que Erice considera inconcluso, rompieron su relación artística. Querejeta explicaba que la película en cambio estaba finalizada. Como productor acompañaba sus filmes hasta en la sala de montaje, un sitio que consideraba su reino. “Me gusta el trabajo allí y rodar en orden cronológico, para así ver cómo avanza el filme”. Aunque confesaba en el documental 24 horas en la vida de Querejeta: “¿Sabes lo que me dijo un día Pablo del Amo [mítico montador]? 'Tú no eres un montador, tú eres un carnicero”. El productor aseguraba que las semillas de una buena película están en el guion y en el montaje.
Y también siguió con las nuevas generaciones, con Eterio Ortega en los documentales Asesinato en febrero, Perseguidos, Noticias de una guerra y Al final de un túnel); con el también documentalista Javier Corcuera (La espalda del mundo, Condenados al corredor e Invierno en Bagdad); con Fernando León (Familia, Barrio y Los lunes al sol, en la que sería la última Concha de Oro en San Sebastián de Querejeta) y su hija Gracia. Ella contaba que a pesar de que le dijo que quería dirigir cine, su padre le obligó a hacer una carrera universitaria.
En 1986 Querejeta recibió el premio Nacional de Cine. En 1998, la Medalla de Oro de la Academia de Cine. En aquel acto, el presidente José Luis Borau esbozó estas palabras: “El cine español ha chupado mucha rueda de ti. Ha ido detrás de ti amparado en tu prestigio, tu descaro y tu valor”. En las últimas semanas, por Internet había corrido como la pólvora -y con gran éxito- una iniciativa para que el productor recibiera el premio Príncipe de Asturias de las Artes.
A Querejeta el futuro digital le parecía atractivo: "La realidad es cada vez más amplia y global. Esas nuevas formas de comunicación son hoy en día importantísimas, y están modificando la manera de acercarse a la política y a la realidad. Y al cine. Es imparable. En cuanto a los niños y mi visión esperanzadora, creo que las cosas están mejorando. Cada vez hay menos mortandad infantil y mayor índice de escolarización". Y una charla con este periodista acabó hablando de su niñez -las conversaciones con Elías eran de larga sobremesa, muchas repreguntas y requiebros constantes para buscarle las cosquillas al interlocutor, para acabar con confesiones del entrevistador-, de sus películas favoritas El mago de Oz y Capitanes intrépidos (se sabía la canción de la película y la tatareaba con gusto): "Aún las veo habitualmente". Ahora, nos quedará el cine de Querejeta.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/22/actualidad/1363970492_138168.html

miércoles, 5 de junio de 2013

Diez historias heroicas del día D

Día 06/06/2013 - 00.31h
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El libro de Antony Beevor sobre el Desembarco está plagado de anécdotas relatadas por los soldados que sobrevivieron al Día Más Largo

1El día D empieza con el desayuno más largo

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Las lanchas del Desembarco, tal y como las vieron los soldados
Una de las cosas más nocivas del desembarco en Normandía fue la poca previsión dietética que realizaron los Aliados aquel día D, el 6 de junio de 1944. Los cocineros de los buques nodriza americanos desde los que las lanchas se desplegaron quisieron tener un detalle con los 130.000 hombres que se iban a jugar la vida y muchos prepararon opíparos desayunos.
En el «Samuel Chase» les dieron "tantos filetes de cerdo y de pollo y tantos helados y dulces como pudieran comer", según relata Antony Beevor en su libro "El día D". Otros barcos ofrecieron judías, salchicas, café y donuts. La Marina Real británica fue más frugal e incluía una copita de ron, que hizo recordar a más de uno los tiempos de Nelson.
Por si esto fuera poco, las tripulaciones a veces cedieron generosamente sus raciones a los hombres que iban a desembarcar. Tales ingestas previas a la batalla se aliaron con los nazis, llenaron de mareos y vómitos las barcazas en el mar picado, e hicieron que los hombres llegaran agotados a Omaha, Utah, Gold, Juno y Sword, las playas del Día D. Claro que mucho vomitaron también por la protección antigás con la que untaron sus trajes de faena. ¡Cómo olería, puesto que los llamaron los "trajes mofeta"!

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martes, 4 de junio de 2013

CHEMA CABALLERO / DESCENDIENTES DE ESCLAVOS ENCUENTRAN SUS RAÍCES AFRICANAS






Descendientes de esclavos encuentran sus raíces africanas

Por:  04 de junio de 2013
Hace unos días aparecía en The Atlantic un artículo de la historiadora Emman Christopher, profesora de la Universidad de Sydney, en Australia, titulado Cómo los aldeanos cubanos supieron que descendían de los esclavos de Sierra Leona.Según esta investigadora algunos afro-cubanos residentes en Perico, en la provincia de Matanzas, desciende de antiguos esclavos procedentes de la aldea deMokpangumba, en el chiefdom de Upper Banta, en el distrito de Moyamba, en el sur de Sierra Leona, en la zona mende del país.
En la actualidad, Emma Christopher está dirigiendo un documental titulado We are they, y preparando la visita de los descendientes de los esclavos a su aldea de origen.
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Cuenta Christopher que los más ancianos de Mokpanguma todavía guardan, en la memoria colectiva, el recuerdo de aquellos que fueron capturados y enviados al otro lado del Atlántico. Sin embargo, lo que no podían imaginar es que estos hubieran sobrevivido, vivido lo suficiente  para tener hijos en su nuevo país y enseñarles las canciones y danzas de su aldea.
Por su parte, los afro-cubanos, que mantuvieron vivas sus canciones y danzas de sus antepasados,  habían perdido la noción de dónde provenían.
Dice Christopher que fue cuestión de mucha suerte y de entrevistar a muchas personas lo que, tras haber estudiado y grabado a la gente de Perico, la llevó hasta Mokpanguma. Cuando enseñó a sus habitantes de esta remota aldea  las imágenes grabadas, estos dijeron “they are we” (ellos son nosotros) y se unieron a las canciones que los afro-cubanos cantaban.
Parece que una chica a la que a su llegada a Cuba se le dio el nombre de Josefa,había sido robada de su aldea en torno a 1830. Ella vivió más de los siete años que de media vivían los esclavos que trabajaban en los ingenios (molino de azúcar). De hecho, Josefa llegó a la vejez y pudo experimentar la libertad y enseñar a su bisnieta, Florinda, las canciones y danzas de su aldea de origen. Florinda se las enseñó a su nieto Humberto Casanova. Es este anciano y otros tres más los que viajarán hasta Sierra Leona para encontrarse con sus paisanos de Mokpanguma.
Comenta Christopher que el esfuerzo de mantener vivas las canciones y danzas es muy remarcable porque desde el inicio de los años 60 hasta finales de los 80 todas las actividades culturales y religiosas afro-cubanas fueron prohibidas, al igual que cualquier otra religión, en Cuba. Solo recientemente se ha permitido a los afro-cubanos celebrar de forma pública y unos pocos grupos han conseguido resucitar sus canciones, danzas y rituales. Entre ellos están Humberto Casanova y Magdalena Mora, aunque esta, a sus 85 años se encuentra un poco débil para hacer el viaje hasta Sierra Leona, por lo que estará representada por su sobrino, Alfredo Duquesne.
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Esta es la historia que se contará en el documental que en estos mismos momentos se está rodando en la aldea de Mokpanguma y que está previsto que se estrene el próximo mes de agosto.
Aquí podemos ver el trailer de este documental.
  
No es la primera vez que se hace un documental de este tipo. En 1999 se produjoThe language you cry in. En aquella ocasión se trataba de una canción, también mende, que cantaba una mujer de Georgia, en Estados Unidos, de la zona donde viven los gullah.
Esta historia tiene sus orígenes en 1930 cuando Lorenzo Turner, un lingüista, catalogó más de 3.000 nombres y palabras de los gullah residentes en Georgia y Carolina del Sur. Él descubrió que algunas personas de aquellas comunidades podían recitar textos en lenguas africanas aunque desconocieran su significado y de donde provenía. Encontró a Amelia Dawley y grabó una de sus canciones. Más tarde un sierraleonés que estudiaba en la universidad descubrió que Amelia cantaba en mende.
En 1980, Joseph Opala un antropólogo estadounidense que trabajaba en la Universidad de Sierra Leona, retomó el tema y descubrió que durante el siglo XVIII muchos esclavos fueron llevados desde las costas de Sierra Leona a las plantaciones de arroz de Georgia y Carolina del Sur. Fruto de estas investigaciones, Opala organizó un viaje de representantes de la comunidad gullah a Sierra Leona en 1989 que está documentado en Family accross the sea.
Más tarde, Opala se unió a la antropóloga Cynthia Schmidt y el lingüista sierraleonés Tazieff Koroma en una búsqueda para ver si la canción de Amelia era recordada en alguna parte de Sierra Leona. Koroma reconoció una de las palabras como algo específico de uno de los dialectos mendes. Con esa pista , Schmidt encontró una mujer, Baindu Jabati, que vivía en la aldea de Senehum Ngola, que había consrvado una canción con la misma letra que la cantada por Amelia, se trataba de una canción funeraria cantada junto a la tumba del difunto y que se titulaba Tenjami (cruzando el río).
Con estos datos Opala y Schmidt fueron a Georgia donde encontraron a la nieta de Amelia, Mary Moran, de 69 años, quien recordaba la canción. A  partir de ahí organizaron el viaje de Mary a Senehum Ngola.
Esta es la historia que se cuenta en este documental.
 
Hay una película, Little Senegal (2001), que cuenta la historia al revés, un senegalés que viaja hasta Estados Unidos en busca de los descendientes de su familia que fueron robados y transportados al otro lado del Atlántico. También habla de los jóvenes, su sobrino Hassan, que emigran buscando una vida mejor y fracasan en el paraíso.

Estoy seguro de que existen muchas más experiencias similares a estas dos y conoceremos muchas más porque hay muchas personas, cuyos antepasados fueron robados de África, que quiere conocer sus orígenes.

lunes, 3 de junio de 2013

La rebelión del gesto femenino

La fotografía militante y de vanguardia llega la primera cita de PhotoEspaña

Edward Weston y Harry Callahan frente a frente exploran el cuerpo de la mujer

Fotografía de Edward Weston Desnudo flotando / Floating Nude, 1939, expuesta en 'Él, ella, ello. Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan'. / Center for Creative Photography, 1981 Ari zona Board of Regents
Frente a la incontestable evidencia de que la imagen de la mujer ha sido durante siglos la proyección de las fantasías masculinas, las exposiciones inauguradas ayer dentro del festival PhotoEspaña ofrecen la pista de cómo la fotografía ha sido decisiva para rebelarse contra la iconografía dominante. Lo fue de manera radical a través de la vanguardia feminista de los años setenta, de manera más amorosa a través de fotógrafos cómo Edward Weston y Harry Callahan, que impusieron el afecto al deseo sobre sus compañeras hasta aprender a mirarlas tal y como eran, y de un modo más frío y geométrico por artistas como el modernista polaco Zbigniew Dtubak, para quien el elemento erótico solo es anecdótico.
Distribuidas en cuatro salas del Círculo de Bellas Artes de Madrid las exposiciones Mujer. La vanguardia feminista de los años setenta. Obras de la Sammlung Verbund; Él, ella, ello. Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan; y Zbigniew Dlubak. Estructuras del cuerpo abrieron sus puertas mientras en el sótano del edificio la minúscula sala Minerva quedaba reservada para Fernando Brito, joven fotógrafo mexicano premiado hace dos años por el festival y que ayer presentaba la pavorosa Tus pasos se perdieron en el paisaje, fotografía documental sobre los muertos de Sinaloa. “Mi fotografía es una denuncia, porque donde yo vivo suceden estas cosas. Sí, también es un país hermoso, pero no se puede confiar en nadie”, explicó Brito. “Trabajo en un periódico y allí los muertos se olvidan de un día para otro, yo solo he querido darle más vida a esos muertos”. Los cadáveres de Brito son incomprensibles nudos de carnes y sangre en medio de la naturaleza. Descalzos y maniatados no respiran mientras los ríos, árboles y campos en los que yacen siguen su curso. Brito mantiene la distancia que no respetaron sus ejecutores, quizá solo por eso el trabajo resulta tan impactante.
Desnudo / Nude, 1934, fotografía de Edward Weston. / Center for Creative Photography, 1981 Ari zona Board of Regents
No hay impacto de actualidad en las artistas que se rebelaron en los años setenta contra la narración machista. El impacto es de categoría histórica. Birgit Jürgenssen, Renate Bertlmann, Francesca Woodman, Nan Goldin, Cindy Sherman, Esther Ferrer… las 21 artistas representadas encontraron en su cuerpo un medio de expresión y un campo de batalla. “Las mujeres artistas se adaptaron mejor a los nuevos medios tecnológicos, como el vídeo y la fotografía, que les permitía ser más directas, más espontáneas… Eran nuevos medios sin historia y eso les facilitó el trabajo. Fue entonces cuando las artistas empezaron a deconstruir la iconografía femenina construida por los hombres”, cuenta Gabriele Schor, comisaria de una exposición en la que se disputan los conflictos mujer-madre-artista o en el que se expone un eslogan fundamental del feminismo de los sesenta: “lo privado es político”. Es decir, entre hornos, fregonas, embarazos, condones, madres, hermanas, amigas, amor y sexo, también se decide el mundo. “Estas artistas son pioneras, construyeron por primera vez en la historia su propia imagen”, añade Schor.
Frente a estas militancias, dos fotógrafos clásicos (Weston y Callahan) demuestran gracias al tú a tú propuesto por la comisaria Laura González Flores el camino común, el camino “amoroso”. “Ellos no querían solo representar el cuerpo de sus mujeres, sino capturar la sutil relación entre dos personas que se aman. Hay deseo y hay sobre todo mucho afecto en dos artistas que coincidieron al fotografiar sistemáticamente a sus respectivas compañeras. Es un gesto de intromisión por parte de ellos, su manera de formar parte del gesto femenino”.

TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/03/actualidad/1370284865_140088.html

domingo, 2 de junio de 2013

La luz encendida de Cornelia Funke

La escritora ha abandonado su cueva infantil para abrazar la diversidad de sus lectores

“Escribo para adultos que siguen creyendo en la esperanza”, dice la autora

La escritora Cornelia Funke, en el estudio de su casa de Beverly Hills. / Volker Corell
Cornelia Funke ha crecido. No es cuestión de altura, pues la escritora alemana, con sonrisa entre inocente y traviesa, siempre está unos centímetros por encima de muchos de sus lectores. Tampoco de alcance, porque hace tiempo superó los 20 millones de libros vendidos en todo el mundo, su obra ha sido publicada en 47 países y traducida a 37 idiomas, lo que le da el sambenito de ser la “JK Rowling alemana”. Y en cuanto a la edad, su pasaporte dice que este año cumple los 55, pero su mirada y su conversación sigue devolviéndote a la niña curiosa que hay en su interior. Lo que ha crecido es su literatura. Con la publicación este año de Reckless. Sombras vivas (segundo volumen de una saga que sigue las aventuras de Jacob Reckless entre dos mundos, el nuestro y ese al otro lado del espejo más cercano al que dieron forma los hermanos Grimm), su bibliografía se acerca al medio centenar de obras, muchas de ellas clave en la literatura infantil y juvenil internacional. Pero sobre todo han crecido sus historias, esas con las que quiere recordar a un público adulto que las aventuras no son solo para los niños. Si con “los mundos de tinta” (que engloban Corazón de tinta, Sangre de tinta y Muerte de tinta) Funke escribió “para niños aunque los mayores también estaban autorizados a disfrutar con ello”, con “el mundo del espejo” de Reckless la autora escribe para una generación que creció con ella y disfruta de la imaginación sin simplificar el lenguaje. “Creo que fue Katherine Paterson quien dijo eso de que los autores de cuentos infantiles mantenemos la luz encendida para el niño que llevamos dentro. Lo que yo hago es escribir para adultos que siguen creyendo en la esperanza”, afirma una total enemiga del cinismo.
Los cuentos populares españoles se sienten mucho más cercanos, menos edulcorados
que los franceses o
los alemanes
La obra de Cornelia transcurre en un mundo de aventura y fantasía que evoca el de sus autores preferidos, desde el legendario J. R. R. Tolkien al terrorífico Clive Baker o el desconcertante Neil Gaiman. Por no hablar de series televisivas como Battlestar Galactica, el nuevo Sherlock o la mítica Dr. Who, que de entrada poco tienen que ver con su forma de escribir, pero de las que Funke se alimenta con avidez. Y su madurez la conecta con sus lectores. Porque su evolución está directamente relacionada con ese contacto personal estrecho que mantuvo con ellos durante la promoción mundial del primer volumen de Reckless. Un viaje “traumático” donde se replanteó “quién era esa mujer que veía en todos los lados” y decía llamarse Cornelia Funke. “Yo no decidí ser escritora para ponerme delante de las cámaras”, afirma ahora tan extrovertida como privada alguien que tiene su casa de Beverly Hills (EE UU) siempre abierta a colaboradores y amigos. Funke llegó a EE UU de su Westfalia (Alemania) natal en 2005. No buscaba la fama sino que huía del frío, dice siempre. Aquí se quedó con su familia a pesar de sufrir la pérdida de su marido, que murió solo un año más tarde de llegar a Los Ángeles víctima de un cáncer. De la crisis de identidad que le causó el éxito de su última gira promocional también nació una resolución. Y España tuvo mucho que ver con ello. “Me vi delante de la Sagrada Familia y no podía creer lo que veían mis ojos. Algo así es fruto de un cuento de hadas. Nadie de este mundo pudo hacerlo. Tiene que venir del ‘mundo del espejo’. Y allí más que nunca me di cuenta de hacia dónde se dirigen mis libros”, relata la autora. Reckless. Sombras vivas es el fruto de ese cambio, del momento en el que Cornelia Funke salió de su cueva, de su “casa de escritora”, como bautizó ya hace años esa pequeña casita en el jardín de su mansión donde escribe sus obras, para abrazar la diversidad que el mundo, sus lectores y sus historias le ofrecían. Allí planeó un nuevo y ambicioso mapa que convirtió Reckless en una saga de cinco entregas en donde el mundo de Jacob a un lado y a otro del espejo se ampliará a otros continentes, viajando por Rusia en el próximo volumen, al mundo árabe para el cuarto y concluyendo en España en el quinto y último.
La autora subraya sus estrechos vínculos con España, un país y una cultura que ama con fascinación. Y no lo dice solo por educación. Además de encontrar en la Sagrada Familia la piedra de toque para su saga, la autora está buscando entre nuestros cuentos populares nuevas fuentes de inspiración que amplíen un universo en el que conviven las últimas hadas y los goyl con el principio de la industrialización, el Albión de Merlín el mago con la Inglaterra de los primeros ferrocarriles. “Los cuentos populares españoles se sienten mucho más cercanos, mucho menos edulcorados que los franceses o los alemanes, que ya han pasado por muchas manos”, comenta. En lo que Cornelia sigue siendo muy alemana es en sus rituales, alguien a quien le gusta saber lo que va a hacer a continuación y que siempre vuelve a su cueva para escribir. Quizá vuelque sus ideas en sus cuadernos de notas mientras está de viaje —“para vaciar la cabeza y mantener la cordura”, apostilla—. Pero Reckless. Sombras vivas, al igual que sus otras obras, tomó forma de libro en el seno de su hogar. Lo cual abre otra inquietud para esta autora multitarea que escribe rápido y que tiende a trabajar en más de un proyecto a la vez. Cinco volúmenes de Reckless, uno cada dos años de media (por ella los escribiría más rápido, pero sus editores lo tienen así pautado), la ponen en la compañía de Jacob durante los próximos diez años. Una obra longeva para un personaje que como ha reconocido con anterioridad nació como un juego, “un entretenimiento, algo que hacer por las noches”.
Ahí es donde entran Guillermo del Toro y ese estudio especializado en narrativa transmedia o 360 que es Mirada. Porque de la mano del director hispano y bajo la dirección creativa de Matt Cullen, Cornelia Funke ha crecido un poco más haciendo posible su sueño: ver en imágenes su mundo de palabras. “No se trata de diluir contenidos en una película”, advierte Funke recelosa de Hollywood tras su experiencia con Corazón de tinta. Al contrario, su deseo es ampliar su universo ahora también con imágenes, sonidos o interacciones, todo ello gracias a una colaboración pionera que ha transformado el mundo de Reckless en una app titulada MirrorWorld. “Como escritora, soy una narradora tradicional, pero esta nueva plataforma me permite contar las historias que no cito en el libro, ampliar el universo con personajes de los que, para no alejarme de la historia, solo menciono sus ancestros o metiéndome por caminos que de otra forma se quedarían atrás sin haber sido explorados”, detalla una autora de normal rica en descripciones, pero cuya obra “pide a gritos” una mayor exploración. Financiado por la propia autora, MirrorWorld ofrece 110 minutos de experiencia multimedia, una app para la que la autora escribió 16 cuentos originales y que ella misma lee en inglés para quienes prefieran escucharlos de sus labios. Como Funke aclara con rapidez, no se trata de un e-book o un audiolibro. En su opinión, a los libros electrónicos les falta esa presencia física que ella tanto adora, una escritora que cuenta entre sus más preciados tesoros con varios libros manuscritos de la Edad Media. Y curiosamente, cuanto más se adentra en las nuevas tecnologías más analógica es en su proceso de creación ahora que desde hace un año ha vuelto a escribir a mano, una técnica —dice— “liberadora”, donde es mucho más fácil la improvisación. “MirrorWorld es una app para gente que le gusta la lectura y que además tiene hambre de imágenes. Como en el siglo XIX, cuando los libros eran ilustrados sin necesidad de que fueran para niños”, añade una vez más contracorriente.

Reckless. Sombras vivas. Cornelia Funke. Traducción de María Falcón Quintana. Editorial Siruela. Madrid, 2013. 396 páginas. 19,95 euros (electrónico: 9,99).
 TOMADO DE:http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/28/actualidad/1369748682_420625.html