LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

jueves, 10 de julio de 2014

La versión caribeña del estalinismo

Testimonio. En un breve fragmento de video nunca visto, con la famosa retractación pública de Heberto Padilla en 1971, Ponte desnuda el sistema.


Una vez, hace años y en La Habana, tuve oportunidad de asomarme al archivo fílmico del Instituto de Cine. Guardaban allí imágenes prohibidas o de acceso restringido. Una realizadora de documentales me había contratado para que escribiera un guión sobre la ciudad prerrevolucionaria, ella era políticamente confiable y le permitían seleccionar materiales de archivo.
Salió a recibirnos la especialista a cargo del almacenamiento y conservación de películas. Llevaba toda la vida allí. No vestía bata blanca ni utilizaba guantes. Hacía calor y no contaban con aire acondicionado. Nos tenía separados viejos noticieros en los que se veía a Tyrone Power llegando a la ciudad, a la actriz mexicana María Félix en Tropicana, tiendas iluminadas en una Navidad de los años cincuenta... Episodios cuyo único ingrediente político se reducía a dar fe de una bonanza perdida.
El documental que planeábamos terminó por no hacerse (o se hizo sin mí, ya no recuerdo). Alcancé a volver por el archivo, conversé con la encargada, y ella me aseguró que no tenían allí ninguna de las películas por las que le preguntaba: el entierro de José Lezama Lima y el discurso de autoinculpación de Heberto Padilla. Bajó la voz cuanto pudo: conocía de la existencia de ambas, al menos la del entierro había sido ordenada por el propio presidente del instituto, Alfredo Guevara, pero si acaso esos rollos existían tendrían que estar en una caja fuerte. O (¡con qué hilito de voz se atrevió a sugerirlo!) en las bóvedas de la policía política.
¿Por qué mostraba yo tanto interés? Sencillamente, por no haber estado presente en la asamblea y el entierro. Habría alguna razón para mantener esas películas en secreto, y yo quería descubrirla. José Lezama Lima había muerto en 1976. Celebrado y editado en los primeros años revolucionarios, a partir del “caso Padilla” no alcanzó a publicar otro libro, retiraron sus obras de las bibliotecas, le prohibieron viajar al extranjero, vigilaron su casa y su correspondencia. Y cuando no pudieron espiarlo más, mandaron un camarógrafo a filmar su entierro. El presidente del instituto de cine se ocupó de documentar su entierro y en esos pies de película consta el cierre de su expediente policial, la mirada última que le dedican sus guardas. Lezama Lima había sido jurado del concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) que, en contra de presiones oficiales, premió un libro de poemas de Heberto Padilla.
Fuera de juego fue publicado con una carta introductoria donde la UNEAC mostraba su rechazo a la decisión del jurado y calificaba de contrarrevolucionarias aquellas páginas. La Seguridad del Estado detuvo a su autor, hizo que el miedo circulara entre los escritores, plantó a Padilla ante una asamblea gremial en la que terminó por inculparse, denunció al resto de los supuestos conspiradores y apuntó hacia Lezama.
Podría decirse que el comisario a cargo de aquel caso seguía al pie de la letra varios de los poemas del libro perseguido. Delante de una asamblea de escritores, Padilla no hacía más que imitar el protocolo de los juicios que Stalin orquestara treinta y tantos años antes. Así lo explicó el poeta al llegar al exilio: que no fue el miedo lo que lo hizo denunciar a otros, sino la necesidad de alertar al mundo mediante un acto fácilmente reconocible, imputable a un nuevo estalinismo. A fuerza de sobreactuar el guión que sus interrogadores le impusieron había conseguido subvertirlo, llevarlo al paroxismo, transformarlo en una sirena de alarma.
Muchas veces me he preguntado hasta qué punto resulta plausible esa coartada. De ahí mi curiosidad por la filmación, mi interés por calibrar a Heberto Padilla. Hace dos años, un documental reveló un minúsculo fragmento de él, apenas dos minutos. En nítido blanco y negro, con el sonido en perfectas condiciones. “Compañeros”, empieza Padilla, “desde anoche, a las doce y media más o menos, la dirección de la Revolución me puso en libertad, me ha dado la oportunidad de dirigirme a mis amigos y compañeros escritores sobre una serie de aspectos a los que seguidamente yo me voy a referir…” Luneta 1 , escrito y dirigido por Rebeca Chávez, fue producido por el instituto cubano de cine. Alfredo Guevara ocupa la primera mitad del documental y durante media hora brinda su versión de esa y otras historias, rememora su carrera de appáratchik . Como en sus décadas de mandato sobre todo el cine, desde la producción hasta las salas, nadie lo contradice. Luego aparecen varios artistas e investigadores jóvenes, uno de ellos se refiere a Heberto Padilla y viene a propósito la cita de archivo. Según alcanza a verse, en aquella asamblea hubo al menos tres cámaras de cine. ¿Significa esto que hay más de un registro? Entre los escritores reunidos son reconocibles los poetas Miguel Barnet y Nancy Morejón. Ella bosteza.
La brevedad de ese fragmento no deja margen para hipótesis acerca de las intenciones de Padilla, de modo que me fijo en el bostezo de Nancy Morejón. ¿Cómo pudo alguien, en un momento así, apelar al sueño o al hambre? Supongo que bostezaría por mimetismo, igual a tantos animales que se camuflan para no ser cazados. Puesto que el último lugar donde bostezaríamos es en medio de un sueño, Nancy Morejón bostezaba para mantenerse fuera de aquella pesadilla.
Cuatro o cinco años antes la policía política había dispersado el grupo de escritores al que pertenecía. Clausuró la pequeña editorial fundada por ellos y envió a su director a un campo de trabajos forzados. Ella consiguió salvarse, pero incluso décadas después no había perdido el miedo a que la mandaran a callar recordándole su pertenencia al grupo El Puente: así lo reconoció en una entrevista. Barnet y Morejón, jóvenes en esas imágenes de archivo, ascendieron luego hasta ser los actuales presidente de la UNEAC y presidenta de la sección de escritores de dicha institución. (Otro modo de bostezar, aduciría ella, un seguro contra el antiguo miedo.) Rebeca Chávez, realizadora de Luneta 1 , es la misma documentalista con la que visité el archivo del instituto de cine. Me pregunto si desde entonces tenía en su poder las imágenes del discurso de Padilla. En cualquier caso, ella supo a quién pedírselas y dónde encontrarlas. Lástima que fuera tan tacaña administrándolas. De la filmación del entierro de José Lezama Lima no he tenido hasta ahora noticias.
TOMADO DE:  http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Heberto_Padilla-version-caribena-estalinismo_0_1169283106.html

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