LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

jueves, 14 de agosto de 2014

Música

Andrés Ibáñez: «Dalí fue quizá el gran amor de García Lorca»

Día 13/08/2014 - 17.41h

El escritor, crítico y colaborador de ABC es el responsable del libreto de la ópera «El público», con música de Mauricio Sotelo, que se estrenará esta temporada en el Teatro Real

imagen cedida por la biblioteca nacional
Una de las páginas manuscrita de las obra de teatro «El público», que García Lorca escribió en Cuba
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Andrés Ibáñez, escritor, crítico literario y musical, ya debutó como autor de libretos con la ópera «Dulcinea» (2006), que se pudo ver, entre otros teatros, en el Real de Madrid y el Liceo de Barcelona. Ahora repite colaboración con el compositor madrileño para adaptar a la escena lírica la obra teatral de García Lorca. «Tenía dos posibilidades. Una era escribir un libreto nuevo o respetar el texto, que es lo que he hecho. Escribir un libreto en el que todas las palabras son de Lorca. No me parecía oportuno otras que no fueran de él, sobre todo porque en El público no hay una historia que se pueda contar de otra forma. El público son las palabras. Su texto es poesía y está hecho de imágenes».
Andrés Ibáñez: «Dalí fue quizá el gran amor de García Lorca»
jaime garcía
Andrés Ibáñez
Entre los retos de Ibáñez se encontraba «reducir muchísimo el esqueleto original y luego intentar que tuviera sentido, pues es una obra complicadísima, en la que hay una metamorfosis constante de los significados. De ahí la importancia de rescatar todos los elementos que tenían sentido, como el surrealismo, el teatro dentro del teatro, la poesía, la obscenidad, el tema de la homosexualidad, el escándalo...». Según Ibáñez, García Lorca, en el momento de escribirla, «ni siquiera consideró que fuera a estrenarse nunca, pues es una obra muy atrevida, sobre todo pensando que corrían los años 30. Entonces llegaba a los límites en todo: el sexo, la violencia... Y yo quería que todo estuviera reflejado en el libreto».
El periodo de creación de esta obra coincide con la crisis en la relación del poeta con el pintor Salvador Dalí, que comenzó hacia 1923 y sufrió varios altibajos hasta la muerte de Lorca, en 1936, como queda reflejado en la correspondencia entre ambos reunida por Víctor Fernández en un libro. «Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Los pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (...)», se lee en una de las misivas.

Loco de amor

«Dalí le marcó mucho, pero El público lo escribió después de su viaje a Nueva York. Y -matiza- en aquella época tuvo varias relaciones. Entre ellas con un escultor [Emilio Aladrén]», indica Ibáñez. Al parecer fue el padre del escritor, Federico, quien envió a su hijo a América al verle tan deprimido. La razón de aquella tristeza era una crisis con Aladrén, que había comenzado a verse con la que después se convertiría en su esposa, Eleanor Dove. «El escultor volvió loco a Lorca y le hizo sufrir muchísimo, además ni siquiera era homosexual. Fue uno de los amores que más le torturaron cuando escribió esta obra. También Dalí, que fue quizá el gran amor de su vida, pero un amor imposible. Todo ese dolor está en este texto, pasado por la experiencia de Nueva York, donde vio una forma de ser homosexual mucho más abierta. Una cultura homosexual menos escondida. Eso le ayudó para salir un poco del armario, y para ver que había muchas cosas de las que se podía hablar».
En esa reducción del esqueleto, Ibáñez ha prescindido de muchos personajes «y quería reducirlos aún más», bromea. «Quería haberla convertido en una ópera de bolsillo, pero hablando con Mortier me animaba a que no renunciara a nada. Hay varios papeles que son compartidos», señala.
En cuanto al mensaje, considera que «la obra es un canto a la libertad del amor homosexual; a la libertad en el arte, a través del teatro bajo la arena (representar la existencia en toda su complejidad, y no solo en la superficie); y también reflexiona sobre la identidad, en quiénes somos. Un tema muy importante en ella es el teatro dentro del teatro, que era lo que realmente les interesaba a los surrealistas: mezclar el arte con la vida. Buscar la verdad y la libertad en la vida y en el arte era lo mismo para ellos. Es una obra muy romántica que pretende romper los límites».

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