LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 26 de febrero de 2014


Paco de Lucía, el genio que extendió el duende flamenco por el mundo

El guitarrista ha fallecido a los 66 años en una playa de México, donde se ha sentido súbitamente indispuesto

Tocaor inimitable y compositor lleno de fantasía, fue el maestro que unió al flamenco con las otras músicas de raíz

El guitarrista Paco de Lucía en el Festival Leyendas de la Guitarra (1991). / Rodríguez Aparicio
Tocaor estratosférico, compositor fecundo e imaginativo, tímido pero sublime e infatigable embajador de la cultura española, Paco de Lucía fue un músico universal, el guitarrista que refundó el toque flamenco y lo subió a las más altas cimas artísticas haciéndolo crecer y evolucionar y mezclándolo con otras músicas de raíz, como la bossa nova, el jazz o el blues, a las que él llamaba “las músicas de la nevera vacía”.
Payo de nacimiento, pero gitano de alma, Francisco Sánchez Gómez, que ha fallecido repentinamente en una playa de México a los 66 años, aprendió a rasguear la guitarra por pura necesidad, al mismo tiempo que empezaba a hablar, cuando vivía en el barrio caló de Algeciras, La Bajadilla. “Estábamos hambrientos y mi padre no sabía qué hacer para sacarnos adelante”, solía contar. “Los flamencos, como todos los músicos de las músicas de raíz, siempre hemos tenido la nevera vacía”.
Su madre portuguesa, Luzia Gómez, dio nombre a la estirpe. Y su padre, Antonio Sánchez, fue el férreo y emprendedor productor que supervisó la carrera y la revolución flamenca que Paco de Lucía, solo y sobre todo junto a su inseparable Camarón de la Isla, cantaor legendario, montó en los años sesenta y setenta al despachar una decena de discos que marcarían el futuro del flamenco.
Antes de eso, Paco de Lucía fue Paco de Algeciras y formó con su hermano Pepe de Algeciras, luego Pepe de Lucía, dos años mayor que él y cantaor de gran calidad, el dúo Chiquitos de Algeciras, que rompió el molde en un concurso flamenco celebrado en Jerez en 1962. El tocaor de pantalón corto regresó a casa con un premio especial del jurado y un sobre con 4.000 pesetas.
Paco de Lucía, en el Festival de Jazz de Vitoria de 2004. / Rafa Rivas (afp)
Contratados por Antonio el Bailarín, los Chiquitos rodaron una película y grabaron varios discos. Enseguida, el mexicano José Greco les echó el ojo y se los llevó de gira a México, África, Australia y Estados Unidos. El flamenco volvía a tomar Nueva York después de que lo hicieran, en plena Guerra Civil, La Argentinita, Pilar López, Sabicas y Carmen Amaya.
En 1966, Paco se enroló en la compañía de Antonio Gades para una gira americana en la que interpretaban la Suite flamenca; allí descubriría el comunismo, la golfería flamenca, Brasil y la bossa nova, que tanto le ayudó a dar un aire nuevo y nuevas armonías al flamenco. Su manera de tocar la guitarra, con las piernas cruzadas y una gran colocación de las manos, volvía locos a sus colegas, según le contó el guitarrista Emilio de Diego a José Manuel Gamboa en un memorable relato: “Paco me hacía cosas maquiavélicas muchas veces, el cabrón. Es que era un monstruo, pero de verdad. Empezaba a hacer cosas que están prohibidas anatómicamente, guitarrísticamente, musicalmente; prohibidas para todos, menos para él”.
Paco —siempre fue solo Paco para sus compañeros de profesión y su legión de seguidores— había aprendido a tocar oyendo en directo a su hermano mayor, Ramón de Algeciras, que acompañó a los mejores cantaores de la época, y escuchando las viejas grabaciones de Ramón Montoya y de Sabicas, a quien conocería en el restaurante Granada de Nueva York cuando se marchó de gira por Estados Unidos siendo todavía un adolescente imberbe.
Desde América, el gran Sabicas se convirtió en su maestro por correspondencia. La gran influencia en casa fue Manuel Serrapí, El Niño Ricardo, otro prodigio de las seis cuerdas que se quedó en España. El autodidactismo era forzoso en aquellos tiempos. Paco solía recordar que en los tiempos más duros, “los guitarristas se ponían de espaldas cuando tocaban una falseta para que los jóvenes no se las copiaran”.
Tras dar varias vueltas al globo, probar por primera vez a tocar jazz flamenco con Pedro Iturralde y grabar La guitarra fabulosa de Paco de Lucía en 1967, iba a nacer la pareja que cambió para siempre el destino del flamenco, reducido en aquellos años a la categoría de folclore nacional por el régimen franquista y a reducto minoritario y casi insufrible por los interminables y polvorientos festivales andaluces.
El dúo Paco-Camarón fue una fulguración, un momento fundacional para la historia moderna del flamenco y un hito sureño para la música popular contemporánea.
El dúo Paco-Camarón fue una fulguración, un momento fundacional para la historia moderna del flamenco y un hito sureño para la música popular contemporánea. Era 1969, el año en que el hombre llegó a la Luna. De repente, dos jóvenes paupérrimos y semianalfabetos, hijos de la España aniquilada, resucitaron el arte que Falla y Lorca habían dado a conocer al mundo durante la Edad de Plata. Su revolución formal y técnica universalizó por segunda vez la maltratada música flamenca.
Nacidos, no podía ser de otra forma, en la República de Cádiz, uno en Algeciras y el otro en San Fernando, los dos genios flacos llevaban dentro el mismo patrimonio genético artístico y compartían pasiones y virtudes: afinación, invención, una insolencia muy bien educada y buen gusto musical. Grabaron juntos, entre 1969 y 1979, nueve discos magníficos, irreprochables, llenos de fantasía y de creatividad, mezclando nuevas composiciones y géneros inventados como la bambera, con un absoluto respeto —mal comprendido por los puristas— al repertorio heredado.
La imaginación y la magia eran tan abrumadoras que no había hueco para el relleno, y la ironía es que cuando hizo falta rellenar, como fue el caso de Entre dos aguas, una rumbita incluida a última hora por Paco en su disco Fuente y caudal (1973), el descarte se convertía en pelotazo. Gracias al ojo comercial de Jesús Quintero, Entre dos aguas apareció como un símbolo de la recobrada vitalidad y del nuevo virtuosismo de un arte muy mal visto por el público y las instituciones. 1975, el año del cambio histórico, arrancó con Paco de Lucía en el número uno de las listas de ventas: el LP despachó más de 100.000 copias y el single, 300.000.
Cada cante de Camarón y cada toque de Paco eran oro molido. Su mezcla, la mejor simbiosis nunca oída entre una garganta y una sonanta desde Antonio Chacón y Ramón Montoya. La separación fue traumática, pero sin exagerar. Camarón grabaría en 1979 con Tomatito La Leyenda del tiempo, el disco que dio un salto mortal rockero al flamenco. Y Paco de Lucía retomaría sin mayores problemas su carrera de concertista, en solitario o en compañía de otros.
Paco de Lucía en su gira 'Cositas buenas', en Málaga (2005). / R. Marchante
Tras grabar discos y solos dedicados a clásicos como Falla, Albéniz, Rodrigo o Sabicas, el de Algeciras dio recitales en el Real, La Zarzuela y los mejores teatros del mundo. En 1980 se registró el histórico Friday Night In San Francisco con las guitarras acústicas y eléctricas de John McLaughlin y Al di Meola; y ese mismo año Paco creó el Paco de Lucía Sextet, la formación que durante dos décadas llevaría por el orbe la marca del mejor flamenco mestizo, con instrumentos como el cajón peruano, y de la España más talentosa. Sólo quiero caminar (1981), Live... One Summer Night (1984) y Live in America (1993) siguen siendo hoy referencias imprescindibles.
Oír tocar a Paco de Lucía era un fenómeno entre místico e incomprensible; parecía como si dentro de la guitarra llevara metida una orquesta sinfónica y un Beethoven jibarizado. Fuera del escenario, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2004, primero y único de la historia concedido a un artista flamenco, era un hombre tímido, bromista, anárquico y sencillo.
Tras 40 años de magisterio indiscutible, miles de conciertos y de espectadores asombrados, veintitantos discos y algunos exilios y silencios, el Príncipe de Asturias supuso el gran reconocimiento que su país le debía a Francisco Sánchez. El premio, como él mismo se apresuró a decir, tenía más de un destinatario. Primero, el flamenco, esa música ninguneada por políticos, programadores y otros sordos con mando en plaza. Y segundo, don José Monge Cruz, Camarón de la Isla, cómplice en las tomas de la Bastilla flamencas: “Si me hubieran dado el premio estando él vivo hubiera impuesto de alguna forma que él viniera, lo hubiera compartido con él, me hubiera dado vergüenza ganarlo yo solo”, declaró el guitarrista a este diario.
Oír tocar a Paco de Lucía era un fenómeno entre místico e incomprensible; parecía como si dentro de la guitarra llevara metida una orquesta sinfónica y un Beethoven jibarizado
Algunos desaprensivos habían intentado enfrentar a Paco con la familia de su amigo a la muerte de este, en julio de 1992, acusando a los Sánchez de haber cobrado derechos de autor que pertenecían a Camarón. La injusta bronca no consiguió terminar con el cariño y la admiración que el tocaor, cantaor frustrado —“el guitarrista que mejor canta soy yo”, decía—, profesó siempre a Camarón. En 2004, al grabar Cositas buenas, su disco número 26, Paco de Lucía recuperó con Javier Limón una vieja bulería del genio de la Isla e invitó a Tomatito a meter su guitarra. Y luego contó: “Los dos llorábamos como tontos oyendo cantar a José. ¡Parecía que estaba vivo y acababa de bajar a tomar un café!”.
Casado dos veces, la primera en 1977, en Ámsterdam, con Casilda Varela, hija del general franquista que culminó la toma de Madrid; y la segunda con Gabriela, una mujer mexicana, Paco de Lucía fue huyendo del ambiente noctívago del flamenco a medida que iba cumpliendo años. Y lo explicaba así: “La noche fue muy importante en una época, nos íbamos a una venta, comíamos un pollo, bebíamos vino y pasaban cosas mágicas. Ahora hay un sentido de la competitividad muy fuerte, la gente se pone muy tensa... La droga ha influido mucho en eso. La cocaína pone a la gente muy nerviosa”.
Entre gira y gira, ya con la nevera llena, el tocaor pasaba largas temporadas en sus casas de Mallorca, Toledo y Tulum, la playa de la península de Yucatán (México) donde solía bucear y donde ayer le visitó la muerte. En los últimos meses, tocó y residió también en Cuba.
La noticia de su fallecimiento prendió como una mecha entre los melómanos y aficionados de todo el mundo. Los diarios internacionales más importantes le dedicaron amplios espacios en sus webs. El fotógrafo suizo-francés René Robert, que retrató al músico docenas de veces en concierto, dijo: “Es un momento duro, se ha muerto demasiado joven. Pero es lógico que le haya fallado el corazón: pese a la aparente facilidad con que tocaba, su arte requería de una concentración extrema, y tratar de mejorar siempre lo anterior debía causarle mucho estrés”.
Paco de Lucía, en un concierto en Paris Grand Rex de 2007. / Stephane de Sakutin (afp)
Maestro primordial, junto al fabuloso y recién retirado Manolo Sanlúcar, de una generación de inmensos guitarristas —Vicente Amigo, Gerardo Núñez, Cañizares, Rafael Riqueni, y tantos otros—, la talla de Paco de Lucía fue reconocida por los mejores músicos de su tiempo. Enrique Morente, que lo admiró en la distancia, dijo esto de él: “Lo ha sido todo. Un gran intérprete y un gran creador de maneras y formas. Y de música también”.
Pero Paco de Lucía siempre procuró restar importancia a su gigantesca figura. Una escena de un documental que emitió TVE, rodada en su casa mexicana, en la que aparecía tumbado en una hamaca, resume bien ese intento, fallido, y su humor inteligente: “No se crean nada, lo que hacemos los artistas es estar tirados todo el día”, decía. “Los músicos somos unos chaneladores [cuentistas] que siempre estamos con el rollo de la angustia. El artista sufre, sí, pero más sufre un albañil subido en un andamio de seis pisos un 8 de enero. O Bach, que estaba siempre tieso y cada semana tenía que componer una fuga para la catedral de Leipzig. Y sin calefacción ni comida. Y Van Gogh, el pobre, siempre pelao, y sin oreja. Y hoy los artistas nos creemos algo, unos fenómenos...”.

martes, 25 de febrero de 2014

Sueños encerrados en un cuarto

La artista coreana JeeYoung Lee lleva por primera vez a Europa las obras oníricas que recrea en su estudio

'Resurrección', una de las composiciones de la artista JeeYoung Lee.
Comienza con un recuerdo, una emoción, un pensamiento, algo íntimo. Luego se transforma en un sueño, un sueño de 3,6 x 4,1 x 2,4 metros. En estas reducidas dimensiones de su estudio la artista surcoreana JeeYoung Lee (Seúl, 1983) crea todo un universo onírico: desde un mar de abanicos azules hasta una invasión de hormigas gigantes. “Necesito expresar de manera simbólica lo que tengo en la mente”, explica la artista por Skype y con intérprete desde la Opion Gallery, sala de exposiciones francesas a 20 minutos de Cannes que ha acogido por primera vez su trabajo en Europa después de que haya sido alabado en Asia en museos como el Nacional de Kyoto o el Oci de Seúl. “Para mí, lo que hago son autorretratos que me ayudan a entenderme”.
'La carrera de nunca acabar', ajedrez, dados y contemplación en este montaje de Young Lee.
Pero autorretratos de lo más peculiares. En todos ellos aparece Young Lee. Pero siempre distante, el elemento del escenario sobre el que orbita el resto de la composición. Rodeándola, una invasión ratonil en Última cena, orugas recién salidas de la crisálida en Cumpleaños, piezas gigantes de Lego en Jugador o las siluetas negras de los cuervos en Pájaros negros. 26 “autorretratos oníricos” que expresan “momentos relevantes” de su vida. Momentos que la absorben entre uno y dos meses por escenografía.
Un elemento esencial en todas estas composiciones es el color. JeeYoung Lee elige un tono base muy fuerte en torno al cual gira toda la obra. Y piensa en lo que ese color suele despertar en el subconsciente del espectador para jugar contra esa expectativa: “El rojo simboliza un aviso, el peligro inminente. Pero en La pequeña mujer de las cerillas lo usé para mostrar la esperanza del personaje, su deseo de seguir creando”.
El montaje en 'time-lapse' de 'Mi romance químico', de JeeYoung Lee. 
A pesar de tener un enfoque tan personal de su creación, Lee cree que Corea del Sur deja una huella muy profunda en cada composición: “Soy coreana y si estoy hablando de mí estoy hablando también de Corea. Es un proceso complicado. Yo influyo en mi cultura al usar tópicos visuales y sociales de puramente coreanos y luego mi cultura me influye a mí en cómo decido representarlos”.
La decisión de no usar el más mínimo retoque fotográfico es para Lee una exigencia inquebrantable. Estas manipulaciones de su estudio pretenden ser “un diario” de su vida, una vía para proyectar el mundo de la mente y las emociones en el real. “No tendría sentido crear estas ilusiones virtualmente”, afirma la artista de 30 años. “Se trata de llevar lo soñado al mundo de la vigilia. Pero de forma palpable, que se pueda tocar”.
Lluvia de botellas fucsia en 'Gripe', otra de las instalaciones de Lee.
JeeYoung Lee ha visitado Francia por primera vez. Y aunque su arte tenga mucho que ver con lo que decía Breton en su manifiesto surrealista, —“lo más admirable de lo fantástico es que lo fantástico ha dejado de existir. Ahora solo existe realidad”— JeeYoung Lee reconoce no saber “nada” de la cultura europea. Pero su visita a Francia le ha dejado una certeza: “Se nota el arte en cada lugar, un arte muy antiguo. Si hubiera nacido aquí, lo que crearía sería muy distinto”.

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lunes, 24 de febrero de 2014

Fallece Harold Ramis, uno de los grandes de la comedia

Fue guionista, director o actor en títulos como 'Cazafantasmas', 'Atrapado en el tiempo' o 'Una terapia peligrosa'

Harold Ramis, en el rodaje de 'Otra terapia peligrosa. ¡Recaída total!'.
Harold Ramis resume como pocos la esencia de la comedia de la mejor comedia estadounidense. De su talento como guionista nacieron Desmadre a la americana, Cazafantasmas, Una terapia peligrosa, Atrapado en el tiempo (considerada por muchos la mejor comedia de la historia), El pelotón chiflado... Bien como actor, bien como director, bien como actor, Ramis supo dar a todo lo suyo una unidad y autenticidad que sus seguidores siempre hemos agradecido. Como muestra de esa fidelidad, el cómico ha fallecido hoy 24 de febrero -rodeado de su familia- en su ciudad natal, Chicago, que abandonó durante unos siguiendo los cantos de sirena de Hollywood, y a la que volvió en 1996. Su muerte ha sido provocada por las complicaciones derivadas de una vasculitis -inflamación de los vasos sanguíneos- que sufría desde mayo de 2010, y que, por ejemplo, le obligó en 2011 a aprender de nuevo a caminar.
Si alguien que hoy debe de estar inmensamente triste es su amigo y compañero de andanzas Bill Murray. El salto a la fama del segundo no se entiende sin el talento para la escritura de chistes del primero. Ramis, nacido en Chicago, ya destacaba por su facilidad para la comedia en la Universidad, aunque su primer trabajo fue en un sanatorio mental "lo que me preparó para mi trabajo posterior en Hollywood con actores".
En realidad, su primera labor relacionada con el humor fue -aunque en aquel momento fuera una cosa seria- su labor para evitar el reclutamiento para la Guerra de Vietnam: ingirió tal cantidad de metanfetaminas que le declararon incapacitado psíquico. Tras colaborar con diversos periódicos y medios televisivos, Ramis se sumó en 1969 a Second City, un grupo de teatro cómico improvisado, que empezó su labor en 1959, y con el tiempo se convirtió en una de las compañías más famosas de Estados Unidos y en caldo de cultivo para intérpretes para el programa de televisión Saturday Night Live.
Ramis abandonó la compañía para trabajar como editor de chistes en la revista Playboy y volvió poco después, cuando ya había entrado por allí como un ciclón John Belushi. Él fue quien se llevó a Ramis y a otro joven cómico, Bill Murray, para que trabajaran juntos en un radio en Nueva York, en el programa National Lampoon, germen de lo que una década después, en 1978, sería la película Desmadre a la americana. Era amante de una comedia subversiva: en realidad no la entendía de otra manera: "Es complicado para los ganadores hacer comedia. Comedia es, de por sí, subversiva, y sus autores representamos a los desvalidos". Era capaz en un mismo guion de sumar inteligencia y locura, sutilidad y brocha gorda. Y como actor entendía que solo estaba al servicio de su mejor faceta: el escritor. "Yo le entrevisté en la radio de mi instituto cuando tenía 15 años y desde ese momento supe que Harold era como yo quería ser de mayor", recuerda hoy Judd Apatow en The Chicago Tribune. Como homenaje, décadas después le contrataría para encarnar al padre de Seth Rogen en Lío embarazoso.
Tras el éxito de Desmadre a la americana, llegaron del tirón Los incorregibles albóndigas -la primera de sus seis películas con Bill Murray-, El club de los chalados -su debut como director-, El pelotón chiflado y, en 1984, Los cazafantasmas, que no solo coescribió con Dan Aykroyd -de director otro grande del género, Ivan Reitman- sino que también coprotagonizó dando vida al científico del grupo, el doctor Egon Spengler.
Tras la segunda parte de Cazafantasmas y dirigir Las vacaciones de una chiflada familia americana y Club paraíso llegaría en 1993 su obra maestra, Atrapado en el tiempo (el título original, El día de la marmota, se refiere a una tradición estadounidense que se celebra en el pueblo de Punxsutawney, en el que cada 2 de febrero el roedor se asoma y si ve o no su sombra se alarga o acaba el invierno). El guion original, de Danny Rubin (de él era la idea de que cada mañana sonara la canción I've got you babe, de Sonny y Cher), fue reelaborado por Ramis. El protagonista, un hombre del tiempo de malas pulgas, ve como un día tras otro es 2 de febrero, y que todo se repite como el día anterior: Según la web Wolf Gnards, Bill Murray en realidad se queda dentro de esa fecha ocho años, ocho meses y 16 días; según Obsessed With Film algo más: 12.403 días, unos 34 años, para lograr los conocimientos que luce al final del filme como gran pianista o escultor del hielo; según Ramis al principio manejaron la cifra de 10.000 años, pero que probablemente era solo una década. El rodaje de Atrapado en el tiempo supuso la ruptura del tándem Murray-Ramis, ya que el primero, sumergido en un divorcio tormentoso, le dio demasiado la tabarra al segundo.
Seis años después -cuando ya había dirigido Rescate familiar y Mis dobles, mi mujer y yo- volvería a dar en la diana con Una terapia peligrosa, la historia de un mafioso (Robert de Niro) que acaba en la consulta de una psiquiatra (Billy Cristal), y una comedia que inicialmente iba a dirigir Martin Scorsese.
El siglo XX ya fue una lenta caída de su talento: No estaban a su altura Al diablo con el diablo, La cosecha de hielo o Año uno , bien porque los guiones no eran suyos o los actores no estaban a la altura. Tampoco logró el éxito de crítica con Otra terapia peligrosa. ¡Recaída total! ni nunca llegó a cuajar el proyecto de Cazafantasmas 3.
Con Ramis no solo se va un talento para la escritura cómica, sino uno de los más grandes analistas de este género: cualquiera que le haya oído en los extras de los DVD de sus películas sabe que detrás de cada idea había un trabajo profundo y una fina y rápida ironía.

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jueves, 20 de febrero de 2014

Visca Catalunya... pero ¿visca Dalí?

El gran pintor surrealista aún levanta ampollas en su tierra natal, a 25 años de su muerte

La controversia en torno a su testamento al Estado español permanece viva

Los bigotes de Salvador Dalí, sin duda alguna los más famosos de la Historia del Arte, fotografiados por Philippe Halsman.
El 30 de enero de 1989, ocho días después de la muerte de Salvador Dalí en Figueres a los 84 años de edad, la polémica que le acompañó toda su vida volvió a estallar: como en uno de los actos provocativos y surrealistas que tanto le gustaba protagonizar, Dalí declaraba “heredero universal y libre de todos sus bienes” al Estado español, según su último testamento de septiembre de 1982. El documento anulaba el anterior de 1980, en el que legaba sus bienes, a partes iguales, al Estado y a la Generalitat. Desde ese momento, 700 pinturas y 3.000 dibujos y acuarelas, algunas obras capitales del surrealismo como El gran masturbador y El enigma de Hitler,dos casas, una en Figueres y otra en Port Lligat (Cadaqués), un castillo en Púbol, unos terrenos en la costa y toda su documentación, pasaban a poder del Ministerio de Cultura. Fue el golpe de efecto póstumo de Dalí para Cataluña, que durante décadas no supo cómo encajarlo.
Según escribió Robert Descharnes, el secretario del pintor (fallecido ayer), la primera vez que el artista y el presidente de la Generalitat Jordi Pujol se vieron fue en mayo de 1981, en la suite del hotel Meurice de París. Mientras Pujol contemplaba sentado una las pinturas, Dalí se colocó a su lado y se tiró un sonoro pedo. El genio de Figueres asociaba el apellido del presidente con Joseph Pujol, Le Petoman, famoso por sus conciertos en el Mouline Rouge, donde tocaba incluso La Marsellesa con su instrumento humano. Fue la forma de congratularse con el político, pero este sonoro encuentro seguro marcó, y no a favor, la relación posterior.
Dalí no fue nunca un personaje cómodo para el nacionalismo catalán ni agradó a los intelectuales catalanes. En 1980 la exposición Cent anys de cultura catalana, celebrada en Madrid, no mostró ninguna obra suya por decisión del comité de expertos.
Se lo ganó a pulso. La fascinación confesa, que no identidad política, por personajes como Hitler, o la proximidad a Franco, además de su rechazo a los nacionalismos y sus críticas a los popes de la cultura catalana, supuso la ruptura con la cultura imperante. Al final de la vida de Dalí, nadie recordaba que con 19 años fue detenido tras enarbolar una senyera entrando en barca al puerto de Cadaqués. Tampoco, que siempre había hecho gala de su catalanidad apareciendo en los actos con barretina y espardenyes.
En Barcelona no hay calles ni plazas con su nombre, ni casi obra suya
La Generalitat, que había corrido con los gastos del entierro, no daba crédito tras conocer el nuevo testamento. Los intentos por acabar siendo la única beneficiaria de su legado no habían dado su fruto. Más bien al contrario. “Pujol lo visitó varias veces, también su consejero Max Cahner. Había voluntad de congraciarse y acercarlo a Cataluña y se le había concedido la Medalla de Oro de la Generalitat en 1981”, recuerda Daniel Giralt Miracle, que tuvo un papel activo en las negociaciones con Madrid como director desde 1980 del Museo de Arte Contemporáneo. Pujol incluso aseguró: “Nos sentimos engañados, pero no sabemos por quién”, mientras que Cahner calificó a Dalí de “cobarde” y, en una declaración muy actual, dijo que el Ministerio era “representante de las fuerzas de ocupación”.
Desde Madrid negaron conocer la última voluntad de Dalí y haber influido o manipulado el testamento. Semprún escribió en sus memorias que durante el funeral “miraba de reojo a Pujol y sentía ganas de gritar o de aullar de risa”, algo que se interpretó como que conocía la última voluntad del artista. Nadie duda de que Madrid había ganado la partida en su acercamiento al genio. En 1981 el abogado de Dalí, Miguel Domènech —cuñado del presidente Calvo Sotelo— había iniciado su rescate: solucionando su delicada situación fiscal, condonándole sus pagos atrasados a Hacienda y repatriando su patrimonio disperso en Nueva York, Ginebra y París. El Estado no quería que se le escapara como había pasado con Picasso. Por eso, le condecoró y el rey le nombró marqués en 1982. Según explicó Javier Tusell, director general de Bellas Artes entre 1979 y 1982, es entonces cuando se fraguó la antológica que se vio en 1983 en Madrid y Barcelona, que ayudó a inclinar la balanza.
La firma de Dalí en una pared del museo de Figueres.
“Fue una sorpresa. Un ayudante entró en mi despacho y dijo: ‘Nos lo ha dejado todo, tenemos que emplearnos a fondo”, explica 25 años después Jaime Brihuega, entonces director general de Bellas Artes. Según Brihuega, la Generalitat intentó hacer valer que representaba el Estado en Cataluña y eso la hacía heredera.
A los cuatros días, en la primera reunión, Semprún dejó claro que habría reparto, ya que Cataluña tenía también derecho. Se constituyó una comisión para determinar qué obras irían al Reina Sofía y cuáles a Figueres y Barcelona. Luego vinieron las reuniones de los técnicos. Participaron Brihuega y Tomas Llorens, director del Reina Sofía por Madrid y Eduard Carbonell, director general de Patrimonio y Giralt Miracle, por Cataluña. “Si hubo pugna fue en lo político, no en el cultural, ya que se trataba de una reunión de amigos y colegas. Cada uno presentó una propuesta y se llegó a un acuerdo”, recuerda Brihuega: 56 obras fueron al Reina Sofía y 134 a Figueres, entre ellas Maniquí Barcelonés y Galarina. Y Barcelona se quedó sin obras de Dalí. “Fue una decisión de la Generalitat, el Ministerio no tuvo nada que ver”, explica Brihuega. Según el consejero de Cultura actual Ferran Mascarell, “en algún momento de la negociación, quien la gestionaba decidió no ejecutar la opción de que en Barcelona se quedaran algunas obras. Habrá que preguntarles”.

'El gran masturbador’ y las pajas

'El Gran masturbador', obra surrealista de Dalí
La negociación por el legado de Dalí, después de la muerte del pintor en 1989, topó con un hueso duro: El gran masturbador, obra maestra del surrealismo pintada el 1929, era la pieza más deseada por el Estado y la Generalitat. “Para convencerlos, decidimos hacer un golpe de efecto: escenificaríamos una especie de pelea entre nosotros por el Maniquí barcelonés, otro de los cuadros que reclamaba Cataluña, pero que habíamos acordado ceder, con tal de descargar la tensión por El gran masturbador”, explica, pasados 25 años, Jaime Brihuega, director general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura.
“Como si se tratara de un mal acto dramático y estirándome de los pelos, le dije al ministro Semprún: ‘¡Por dios, Jorge, este no!’. Y el ministro respondió: ‘Yo soy el jefe y digo que Maniquí se quedará en Figueres”. La escena tuvo efecto porque, a los pocos días, Brihuega fue recibido por Jordi Pujol.
Otra anécdota alrededor de la reclamación del cuadro fue que el alcalde de Figueres, Marià Lorca, sacó a los escolares a la calle para manifestarse a favor de la vuelta del cuadro a la ciudad, protagonizando una acta surrealista que a Dalí le habría encantado. “Si hubieran protestado haciéndose pajas, se lo habríamos dado todo”, comenta divertido Brihuega. “Fuera bromas, con la negociación se va a hacer un trabajo excepcional de algo que nos parecía justo”.
No lo recuerda así Giralt Miracle, para el que la negociación fue muy dura. “Nos presentaron una lista de piezas que eran intocables, pero la final conseguimos algunas y hubo intercambio”. Aunque lamenta: “Nos dieron las migajas”.
Brihuega cree que se hizo un trabajo excepcional de algo que parecía justo, y niega que el Centro de Estudios Dalinianos se quisiera trasladar a Madrid, tal y como se ha publicado: “Habría sido un error, viendo el buen resultado de su trabajo en Figueres”. Y recuerda: “El estado podía haber hecho un acto de soberbia y quedarse con todas, ya que jurídicamente podía hacerlo”.
Para él, la situación actual haría imposible este acuerdo. “Espero que nadie, aprovechando el 25 aniversario, asegure, de forma demagógica, que la actitud del Estado fue entonces de saqueo y expolio, que es lo que harán algunos nacionalistas”, comenta. Pero ya ha ocurrido. Albert Pont, presidente del Cercle Català de Negocios (CCN) el lobby soberanista de las pymes catalanas, en su libro Delenda est Hispania, explica que, entre las cosas que hay que reclamar al día siguiente de la independencia, están las obras de Dalí en Madrid. Brihuega recuerda que las obras depositadas en Figueres siguen siendo propiedad del Estado, por lo que la reclamación podría ser en sentido contrario. “En caso de independencia se produciría un litigio tremendo”.
El año pasado, 1,6 millones de personas visitaron los centros dalinianos de Figueres, Púbol y Portlligat, que obtuvieron por entradas casi 10 millones de euros y generaron un impacto en el Empordà de 181 millones de euros, según un estudio de la Universitat de Girona. Pero Dalí no parece normalizado en Cataluña 25 años después de su muerte. A día de hoy, el pintor no tiene ninguna calle, avenida o plaza en Barcelona. El actual consistorio barcelonés asegura que “no es fácil encontrar un sitio relevante y céntrico” que lleve su nombre. Desde 1986 Madrid cuenta con una plaza dedicada al pintor. Tampoco ha habido actos oficiales en Cataluña para celebrar el cuarto de siglo de su desaparición. “Dalí es un personaje peligroso e incómodo para el nacionalismo catalán, porque si se quiere fagotizar acaba explotándote dentro”, remacha Brihuega. Para Giralt-Miracle, Dalí fue “un provocador que atentó contra la moral a lo largo de su vida y la cultura es muy dogmática. No es de extrañar que fuera políticamente incómodo”. Mascarell, en cambio mantiene que “Dalí sí está normalizado culturalmente y se le reconoce su aportación singular al arte del siglo XX”.
En el Ampurdán, su impacto económico en el turismo es de 180 millones al año
Sus exposiciones siguen pasando de largo. En 2004, la gran retrospectiva que se organizó con motivo de su centenario se vio en Venecia y Filadelfia, con obras de Madrid y Figueres. El año pasado, la antológica que ha batido records, tras verla más de un millón de personas en París y Madrid, no pasó por Cataluña. Tras un rifirrafe en el que Mascarell acusó a la anterior dirección del MNAC de haber rechazado organizarla en Barcelona y negarlo Maite Ocaña después, el consejero dice ahora: “Pido disculpas. No tengo duda de que si dice que no la rechazó es así”, dando por zanjado el tema.
El Macba no tiene obras en sus fondos del artista. Su director, Bartomeu Marí, mantiene que Dalí “no está integrado y se conoce muy poco, solo un cliché y una marca”. Para ver obras de Dalí en Barcelona hay que subir a Montjuïc. El MNAC posee solo cuatro pinturas del genio: tres dibujos de primera época y una pintura cedida por la Generalitat en 2010: Nacimiento de una diosa. Frente al MNAC, uno de los techos abovedados del palacete Albeniz luce desde 1969, casi de forma casi clandestina, una pintura mural que realizó por encargó del alcalde Porcioles. Otra vez el franquismo.

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lunes, 17 de febrero de 2014

Federico Campbell: narco, mafia, literatura

La obra del escritor mexicano, fallecido a los 72 años, estuvo marcada por donde nació, Tijuana, y su pasión por Italia

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El escritor mexicano Federico Campbell ha muerto este sábado en la Ciudad de México a los 72 años. El también ensayista y articulista, al que ya no se cruzarán sus vecinos del barrio de La Condesa enfundado en sus zapatos italianos, llevaba medio siglo viviendo en otros sitios pero su obra y su vida están marcadas a fuego por el esquizofrénico lugar en el que nació: Tijuana.
Escribió Tijuanenses mucho antes de que tuviera nombre y forma ese género llamado narcoliteratura. Es un retrato de la ciudad norteña allá por los años 30, cuando apenas era un pueblo. El escritor captó con maestría la vida en la frontera entre Estados Unidos y México, llena de personajes salvajes atrapados entre dos mundos. De los que no sabemos con certeza si están de ida o de regreso. Una especie deTierra de Nunca Jamás. Una ciudad atrayente y repulsiva a la vez. Campbell puede considerarse un escritor en la línea entre esos dos puntos de vista.
El mexicano se ha ganado también por derecho propio un hueco en la historia de la literatura catalana, un aspecto desconocido para muchos de sus paisanos. Campbell vivió en Barcelona a principios de los setenta y escribió Infame turba, donde recoge 26 entrevistas a ensayistas, poetas y escritores (Pere Gimferrer, Luis Goitysolo, Jaime Gil de Biedma) de ese región española durante la última etapa del franquismo. Fue Campbell quien escuchó de Manuel Vázquez Montalbán aquello de que en los libros, como en la vida, los prólogos no sirven para nada: "Es una especie de trampa visual, un estuche, una proposición de venta, es decir, un obstáculo entre el público y el producto. No deberían existir". Enrique Vila-Matas escribió en diciembre acerca la impresión que le produjo la entrevista que le hizo el mexicano a Gabriel Ferrater.
Hijo de un taquigrafista, Campbell consideraba que México era una metáfora exagerada de lo que había sido Sicilia. Creó un puente intelectual y analítico entre los carteles mexicanos de la droga y la mafia. Ahora pensaba que Michoacán, donde se enfrentan los agricultores y ganaderos levantados en armas contra los señores locales de la droga, padecía de la "inexistencia del Estado", un término utilizado en la región italiana ante el desgobierno. Era raro no encontrar en los escritos de su última época constantes referencias a Italia, desde el nombre burlón que le dan a la Coca Cola (champán negro) a la similitud entre los términos de extorsión en ambos países, el derecho de piso y el pizzo. Un impuesto a cambio de protección. Campbell introdujo en su país, a finales de los ochenta, al autor italiano Leonardo Sciascia con una serie de ensayos, una entrevista y una crónica de viaje que recopiló en un libro, La memoria de Sciascia.
El poder político, las grandes familias que manejan el país en la sombra, la represión, la desigualdad, la desesperanza o la tragedia cotidiana son otras de las temáticas que han sobrevolado su obra. Estudió Derecho y Filosofía en la UNAM, carreras que dejó inconclusas, y periodismo en el Macalester College de Minnesota, en Estados Unidos. Fundó la editorial Máquina de Escribir y fue traductor de Harold Pinter y del propio Sciascia. Como periodista ha colaborado en el semanario Zeta, el periódico Frontera, Proceso y Milenio, donde hasta sus últimos días consciente escribió la columna dominical La hora del lobo.
El escritor falleció a media tarde del sábado por un derrame cerebral debido a las complicaciones causadas por el virus de la influenza (H1N1). A principios de mes fue hospitalizado después de varios días en los que se venía quejando sobre lo mal que se sentía. Le diagnosticaron neumonía e insuficiencia renal. Su cuerpo será incinerado el domingo.
El cineasta Guillermo Arriaga lo destaca entre sus novelistas preferidos. "Transpeninsular me gusta mucho por el desierto, por la aventura", explica. El escritor Héctor de Mauleón lamentó en las redes sociales a "otro amigo que se va, como que en estos días la muerte tiene permiso". "Cuando conocí a Campbell", continuó, "me extrañó que a diferencia de la mayor parte de los escritores, quisiera saber de los otros, no hablar de sí mismo". El periodista y escritor estadounidense Francisco Goldman, residente en DF, destaca su lado humano: "Era un hombre sumamente generoso y dulce, algo quizás raro en las letras mexicanas, por lo menos en los escritores de esas generaciones".
Fue amigo de Juan Rulfo, el autor de Pedro Páramo, al que admiraba profundamente. Solían verse en una cafetería en Insurgentes, una de las principales avenidas de la ciudad. Ese café ya no existe. Después fueron vecinos y se volvieron más íntimos. Al escritor le gustaba recordar anécdotas de quien consideraba el mejor escritor mexicano de todos los tiempos. En estos últimos años, Campbell años solía pasear por el barrio en el que vivía, La Condesa, con el poeta argentino Juan Gelman ("A Juan Gelmán, compañero de viaje", le dedicó su último artículo). Seguramente se cruzaban con el colombiano Fernando Vallejo paseando a su vieja perra Quina. Esta noche, las calles empedradas de ese rinconcito de la ciudad parecen un lugar mucho más solitario.

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domingo, 9 de febrero de 2014

Conversación

ENA COLUMBIÉ

CONVERSACIÓN
a Juan Carlos Valls
JK se agita sin control   parado ahí
conversa conmigo y mueve nervioso la linterna.
Lo miro desde el carro    con la ventanilla baja
alumbra el libro y me lee    hice maromas prohibidas mamá
sólo yo sé qué terribles aplausos me esperan.
Después de eso quedo en vilo contraída    agazapada
esperando el derrumbe que vendrá    mi propio derrumbe.
Sólo un verso basta para desarmarme.
JK estruja el país con sus manos    rabioso    impotente
sabe que hay otros mundos posibles    otros vinos
otros atardeceres que merece    donde puede aliviar
el dolor    el asma    y ese verso que se le atora.
Se llamaba Francisco    me dice socarronamente
aludiendo la cruz    y ve en mis ojos su dolor
entonces abre el puente hacia la soledad
hacia mí que soy su eco    su lágrima
su Dulce momentánea    Olavo y Ramón al mismo tiempo
Yo me inventaba nombres y mujeres eternas
y yo quietica allí    disimulada    ventanilla baja
pensando en la coincidencia de los inventos
y en que realmente los maestros no enseñan gran cosa.
JK quiere irse de regreso para echar un vistazo    cruzar las distancias
a sabiendas de que las costas sangran    no le teme a nada
porque ya no tiene tierra definida    ni barrio    ni ciudad    ni casa
nada le pertenece    salvo las piedras de su boca
y la certeza de que sólo los girasoles conversan con la gloria.
Foto: Ernesto G.
Foto: Ernesto G.
ENA COLUMBIÉ (Guantánamo, Cuba). Escritora y artista gráfica. Licenciada en Filología. Ha publicado los poemarios: Ripios y Epigramas(2001), Ripios (2006), Solitar (2012) e Isla (2012). En narrativa Luces(Editorial Silueta, 2013), Dos cuentos (1987); la antología Las horas(2011), y el cuaderno de crítica literaria El Exégeta (1995). Textos suyos han aparecido en las antologías Lenguas Recurrentes (1982), Lauros(1989), Epigramas (1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español(2005), La Mujer Rota (2008), y Antología de la poesía cubana del exilio(2011) entre otras. Codirige las editoriales, EntreRíos y AlphaBeta. Dirige el blog de ensayo y crítica de arte y literatura El Exégeta. Reside en Miami.