LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 31 de marzo de 2014

Las guerras de Paz

El combate por la libertad fue para el Nobel mexicano, cuyo centenario conmemoramos, una forma de expiar su defensa del marxismo ortodoxo. El gran poeta y ensayista tuvo el valor de auspiciar a la opinión disidente

México conmemora hoy el centenario de Octavio Paz, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990 y, para muchos mexicanos, el mayor escritor de nuestra historia. Para celebrarlo, han venido poetas laureados a un recital de poesía y, a lo largo de cinco días, se han llevado a cabo varios actos significativos, entre ellos un Congreso Internacional para discutir los temas que lo apasionaron a lo largo de su vida (la revuelta, la rebelión y la Revolución, el sentido de la historia de México, la relación de los escritores y el poder, los fanatismos de la identidad, la democracia en el orbe latinoamericano). Pero la celebración no será unánime. Las guerras intelectuales que libró en vida, las sigue librando después de muerto. Pareciera que Octavio nunca encontrará la Paz inscrita en su apellido.
Perteneció a esa familia de escritores nacidos alrededor de la Primera Guerra Mundial, marcados por los hechos cruciales que ocurrieron entre 1929 y 1944: la caída de Wall Street, el advenimiento esperanzador de la Revolución rusa, el ascenso del fascismo y el nazismo, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto. Fue el hermano mexicano de Albert Camus, Ignazio Silone, André Breton, George Orwell, Arthur Koestler, Daniel Bell, Irving Howe: los disidentes de la izquierda. En su juventud fue marxista ortodoxo y en 1937 viajó a España para apoyar a los republicanos. Y, aunque rechazó desde temprano el realismo socialista, repudió al estalinismo y marcó sus distancias de la Revolución cubana, mantuvo su fe en la Revolución como la palanca de redención social, la única posible epifanía de la historia. Todavía en 1967 consideraba al marxismo “nuestro punto de vista” y pensaba que la Revolución, “ungida por la luz de la idea, es filosofía en acción, crítica convertida en acto, violencia lúcida (...). Popular como la revuelta y generosa como la rebelión, las engloba y las guía”. De hecho, no fue sino hasta leer el Archipiélago Gulag en 1974 (justo al cumplir los sesenta años) cuando Paz tuvo la epifanía inversa: “ahora sabemos —escribió ese año— que el resplandor, que a nosotros nos parecía una aurora, era el de una pira sangrienta”.
“Nuestras opiniones en esta materia no han sido meros errores (...), han sido un pecado en el antiguo sentido de la palabra: algo que afecta al ser entero (...). Ese pecado nos ha manchado y, fatalmente, ha manchado también nuestros escritos. Digo esto con tristeza y humildad”.
A lavar ese pecado dedicó los siguientes 24 años de su vida.
Octavio Paz estaba casi predestinado para el culto a la Revolución: nieto de un combativo editor que había participado en las guerras liberales y tenía retratos de Danton y Marat en su biblioteca; hijo del representante de Emiliano Zapata en Estados Unidos, Paz siguió esa genealogía romántica confiando en el poder revolucionario de la poesía para revelar al mundo y para cambiarlo. Pero, curiosamente, en este sentido una influencia importante fue Walt Whitman. Paz no escribió (como Neruda, otro whitmaniano) la gran saga poética de la América hispana sino un admirable libro en prosa: El laberinto de la soledad. Desde su publicación en 1950, sigue siendo, para muchos, el espejo donde el mexicano contempla, con horror y fascinación, los rasgos de su identidad: su extraña pasión por la muerte y por la fiesta, sus miedos más recónditos a ser eternamente vencidos o conquistados, el subsuelo indígena (latente, pendiente), el arraigo de su vieja cultura española y católica, el desencuentro con el liberalismo occidental, la vocación nacionalista y revolucionaria.
Octavio Paz confiaba en el poder revolucionario de la poesía para revelar al mundo y para cambiarlo
Aunque fue celebrado desde muy joven por su poesía filosófica (en la que el tiempo, el instante, el amor y sus metáforas en el mundo natural son temas constantes), tras la publicación de El laberinto de la soledad, la obra y la fama de Paz cobraron mayor impulso. Su encuentro en París con Breton y el surrealismo (desde 1947 hasta 1968 vivió en los ambientes de la diplomacia internacional) y su contacto genuino con las culturas orientales (en particular con Japón y la India, donde vivió, pero también con China) liberaron sus formidables energías creativas, no sólo en su poesía sino en libros de teoría literaria (El arco y la lira, La otra voz) o ambiciosos tratados sobre el ocaso de las vanguardias (Los hijos del limo). A este prestigio fincado en su obra se sumó su gallarda renuncia al puesto de embajador en la India tras la masacre de Tlatelolco que puso un sangriento fin al movimiento estudiantil de 1968. Paz creyó ver en la rebelión estudiantil en Europa Occidental y del Este, Estados Unidos y México el advenimiento de la Revolución que había esperado desde su juventud. Y por un breve momento, los jóvenes de entonces nos unimos a él en esa creencia.
De pronto, para sorpresa de esas nuevas generaciones en México y América Latina, Octavio Paz —el poeta revolucionario, el hombre de izquierda— dio el viraje definitivo que aquellos hermanos suyos, los disidentes de izquierda europeos y estadounidenses, habían dado resueltamente a partir de los años treinta en sus libros o revistas. Criticó con denuedo los fundamentos ideológicos de la Revolución rusa (y la china y la cubana, por añadidura), hizo el recuento de su saldo histórico (mentiras, miserias, crímenes) y revaloró la democracia (desde una postura socialdemócrata).
En 1976 fundó la revista Vuelta, que circuló profusamente, mes con mes, en los países de habla hispana hasta la muerte de Paz en abril de 1998. Vuelta fue su trinchera. Allí publicó la obra de los disidentes del Este (Michnik, Solzhenitsyn, Sájarov, Kolakowski) y la de los nuevos desencantados en Occidente: Vargas Llosa, Semprún, Revel, Edwards. Además de denunciar sistemáticamente a las dictaduras militares de América Latina y la “dictadura perfecta” del PRI, Paz y Vuelta criticaron —desde los valores de la democracia— a los movimientos guerrilleros de América Latina. En aquellos años —aun más que ahora—, la izquierda latinoamericana no toleraba la mínima crítica a Cuba ni la mínima duda sobre el balance “globalmente positivo” del socialismo real en la URSS y Europa del Este. Frente a esa posición cultural hegemónica, Paz tuvo el valor de introducir y auspiciar a la opinión disidente. Los viejos instintos inquisitoriales y escolásticos reaparecieron ante el heterodoxo: fue acusado de “reaccionario”, deturpado en las aulas, las revistas académicas y los periódicos; en 1984 su efigie fue quemada frente a la embajada norteamericana (hecho paradójico, porque Paz fue un crítico persistente de la política exterior estadounidense y la economía de mercado). Pero nunca cejó en su combatividad, quizá porque era una forma de expiación. No fue casual que el primer Premio Nobel después de la caída del Muro de Berlín haya sido para él: un poeta de la libertad.
Fue acusado de reaccionario, fue injuriado en aulas y revistas, pero nunca cejó en su combatividad
Lo acompañé durante 23 años en Vuelta, en esa guerra que no termina. Se sigue librando en las calles de Venezuela y en la conciencia de quienes creemos en la democracia terrenal y perfectible, no en la Revolución redentora y celestial. Paz cometió la herejía de abanderar esa guerra. Muchos, aún, no se lo perdonan. Muchos, aún, quemarían su efigie. Por eso la conmemoración ha sido ambigua. Por eso Paz nunca encontrará la Paz. Es su destino, y su gloria.
Enrique Krauze es escritor mexicano y director de la revista Letras Libres.

TOMADO DE:http://elpais.com/elpais/2014/03/26/opinion/1395835223_682153.html

sábado, 29 de marzo de 2014

Juan Bonilla gana la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

La vida del poeta ruso Vladímir Maiakovski en 'Prohibido entrar sin pantalones' se convierte en la primera obra en ganar el galardón

Juan Bonilla, tras ser anunciado ganador del premio Vargas Llosa. / E. BENAVIDES (AFP)
Vladímir Maiakovski, el poeta que "escribía poesía lírica pero roncaba como un poeta épico" ha vuelto gracias a Juan Bonilla y con el impulso de Mario Vargas Llosa. La vida del vanguardista ruso, recreada por el escritor español en Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), se ha convertido en la primera obra en ganar la I Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, en Lima. "Una obra redonda y nabokoviana", según J. J. Armas Marcelo, director de la Cátedra Vargas Llosa. Y escrita, recuerda su autor, bajo el influjo de "los violentos y apasionados poemas vertiginosos de la juventud de Maiakovski, los propagandísticos de la Revolución rusa y las sátiras épicas de sus últimos años".
Un libro con una biografía de aire maiakovskiano: hace unos 30 años el ímpetu y los apasionados versos del poeta ruso y su romántica y trágica vida sedujeron al joven Bonilla (Jerez, 1966); hace 13 años al escritor se le ocurrió la novela cuando el poeta ruso se le cruzó en otra investigación y ya se negó a irse de su cabeza; hace dos entregó la novela a la editorial; hace uno llegó a las librerías; en diciembre no figuró en España en las listas de los mejores títulos de 2013 y ahora ha sido elegida, por un jurado internacional, como la mejor novela en español de los dos últimos años. Bonilla recibirá 100.000 dólares (unos 75.000 euros), una escultura exclusiva donada por el artista peruano Fernando de Szyszlo y un periplo por América y España que acaba de empezar.
Maiakovski enseguida se me apareció como un gran espejo en el que reflejar toda su época y en el que combatían cuestiones importantes como el papel del artista en la sociedad en sus dos vertientes: el papel del artista contra el poder y el papel del artista al servicio del poder
La semilla de Prohibido entrar sin pantalones prendió en 2001, durante una beca de la que Bonilla disfrutó en Roma para hacer una novela sobre los futuristas italianos que fueron a la Guerra Civil. Un día apareció el enfrentamiento entre futuristas rusos -bolcheviques y futuristas italianos -fascistas. “Entre los primeros se alzó gigantesca la figura de Maiakovski, que enseguida se me apareció como un gran espejo en el que reflejar toda su época y en el que combatían cuestiones importantes como el papel del artista en la sociedad en sus dos vertientes: el papel del artista contra el poder y el papel del artista al servicio del poder, además de esa contradicción vital que marcó su destino de creer en el arte como instrumento de transformación social pero necesitar, para ello, llegar a un público amplio. Por debajo estaba su historia de amor con Lily Brik. Abandoné el proyecto que me había llevado a Roma, y me decidí a escribir una novela con/de/desde/sobre/para/trasMaiakovski, pero no encontré la manera hasta muchos años después”.
El nombre del ganador se dio a conocer en el Gran Teatro Nacional de Lima, con la asistencia del premio Nobel peruano y anfitrión de este encuentro literario. Las otras dos novelas finalistas eran Las reputaciones (Alfaguara), de Juan Gabriel Vásquez, y En la orilla (Anagrama), de Rafael Chirbes. En esta primera edición se presentaron 325 títulos.
Blecua, como presidente del jurado, anunció el ganador poco antes de las diez de la noche del jueves. La entregra sirvió de clausura de la Bienal Vargas Llosa (del 24 al 27 de marzo). El acto fue precedido por la mesa redonda Literatura de la violencia y dos actuaciones musicales coloridas y andinas: Cecilia Carranza (la artista de quien está enamorado con 20 años Felícito Yanaqué, protagonista de la última novela de Vargas Llosa, El héroe discreto) y el grupo de danza Elenco Nacional del Folclor.
Terminaron así cuatro días en los que Lima se convirtió en la capital de la literatura con más de 30 escritores, 12 mesas redondas por toda la ciudad y un premio de escala internacional
El jurado estuvo integrado por Nélida Piñón, José Manuel Blecua, Marco Martos, Christopher Domínguez Michael y David Gallagher; además de J. J. Armas Marcelo, director de la Cátedra Vargas Llosa, que actuó de secretario. El premio, financiado por la Cátedra Vargas Llosa, la Universidad de Tecnología e Ingeniería de Perú y Acción Cultural de España, es el segundo de estas características que se entrega en el ámbito hispanohablante. El otro, que se concede los años impares, es el Rómulo Gallegos, creado en 1967 y que entonces ganó, precisamente, Vargas Llosa con La casa verde, y en el cual Bonilla fue finalista en 2005 con Los príncipes nubios, y que al final ganó Isaac Rosa con El vano ayer
Terminaron así cuatro días en los que Lima se convirtió en la capital de la literatura, según el Nobel peruano. El escritor se mostró emocionado y conmovido por la acogida de esta Bienal que lleva su nombre. En especial, reconoció, porque espera que con estas actividades se haya fomentado y promovido la lectura y espera que "prospere y sirva para aumentar el número de lectores".
La Bienal congregó a una treintena de autores latinoamericanos y españoles en 12 mesas redondas. Los encuentros literarios se realizaron en ocho universidades: Ricardo Palma, Femenina del Sagrado Corazón, Mayor de San Marcos, Peruana Cayetano Heredia, San Ignacio de Loyola, Peruana de Ciencias Aplicadas, de Lima, Católica del Perú; y en el Museo de Arte Contemporáneo y en el Teatro Nacional.
Entre los invitados a estas jornadas estuvieron los escritores Sergio Ramírez, Javier Cercas, Piedad Bonnett, Rosa Montero, Alonso Cueto, Héctor Abad Faciolince, Fernando Iwasaki, Arturo Fontaine, Leila Guerrriero, Gabriela Wiener, Edmundo Paz Soldán  y Santiago Roncagliolo.

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viernes, 28 de marzo de 2014

En el desnudo y poético mundo de Octavio Paz

Un viaje a la obra del escritor por 'Libertad bajo palabra', 'El ogro filantrópico', 'La llama doble' y 'Conjunciones y disyunciones'

Abro algunos libros de Paz. Esperan él y la perfección, su manera de manifestarse en el mundo. Ojos azules, camisas azules, las manos tranquilas pasando páginas como quien vara olas. De los libros se sale sabiendo más; él entraba como el sumo hacedor mexicano de palabras que eran mundos. El mundo de Paz, perfecto y desnudo. Apetito de Paz. Se sale con sosiego. Y con una certeza: su estilo era la inteligencia del estilo.
Libertad bajo palabra. Aspiraba a Dios, a serlo. “Invento la víspera, la noche, el día siguiente que se levanta en su lecho de piedra y recorre con ojos límpidos un mundo penosamente soñado”. Inventaba la quemadura y el aullido, “la masturbación en las letrinas”; el ramalazo surrealista, que compartió, está aquí combinado con la inteligencia; para hacer poesía se necesita intuición y cabreo, imagen. “Cierra los ojos y a obscuras piérdete/ bajo el follaje de tus párpados”. Es, a la vez, palabra y arquitectura, sonido de la escultura que Paz va despertando y que habita en el interior de las palabras. “Húndete en esas espirales/ del sonido que zumba y cae/ y suena allá, remoto,/ hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida”. Es un manifiesto, como su silencio a veces, los ojos azules escrutando al otro, poniéndolo contra las cuerdas de su música: “Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”. Mayúscula Palabra, como Paz y como Poeta.
El lunes se cumple el centenario del autor de ‘Libertad bajo palabra’
El ogro filantrópico. Nada es casual, en este libro de retales tampoco; era minucioso y preciso, como un viejo pintor. Este libro es la recopilación de una idea, suelta en muchísimos textos sueltos: el Estado es un ogro que te quiere pero te engulle, te anula. Al frente puso Paz esta frase de Juan Ruiz de Alarcón (Los favores del mundo): “Es tirano fuero injusto/ Dar a la razón de Estado/ Jurisdicción sobre el gusto”. Libertad poética, libertad política, cuidado con el ogro filantrópico, alerta Paz. Es el siglo XX su escenario, y él avienta ahí la experiencia de la guerra que vivió (la del mundo, la de España), la ascensión de los fascismos y su perenne acechanza. Cuando se iba acercando el fin del milenio, en España nos volvió a alertar, en 1991: la primacía del Estado taponará la esperanza de la libertad del individuo. Su malestar incluía los comunismos; cada vez se hizo más individual su situación de poeta, el poeta en su rincón, mirando asombrado que tampoco el arte podía con el tiempo. Este es, quizá, su manifiesto político más importante sobre su concepto de la libertad. “La prueba de la libertad no es filosófica sino existencial: hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir No al poder. No nacemos libres: la libertad es una conquista —y más: una invención”. Y para apuntalar esa convicción elige “dos líneas de Ifigenia cruel, el poema dramático del olvidado y negado Alfonso Reyes…”. Esas líneas son: “Llévate entre las manos, cogida por tu ingenio,/ Estas dos conchas huecas de palabras: No quiero”. Es, quizá, la doble línea de la que parte la propia propuesta intelectual de Paz: No quiero. A partir de ahí monta la construcción de su poesía, y de ahí proviene la calidad de su ensayo. Nunca es sobre un asunto solo, confluye y diverge, es una excursión perpetua de su inteligencia. Y El ogro filantrópico es donde está mejor señalado ese territorio en el que marca su disgusto y su preferencia. Hoy podríamos poner en un espejo (el espejo de Paz) el final de este libro: “¿Por qué no poner en entredicho los proyectos ruinosos que nos han llevado a la desolación que es el mundo moderno y diseñar otro proyecto, más humilde pero más humano y más justo?”. Porque nos devoró el ogro.
En su obra ‘El ogro filantrópico’ Paz demuestra ser como un viejo pintor
La llama doble. Su mirada azul era pícara también, y sensual. Aunque los velos de su personalidad no alentaban la autobiografía, aquí contó, en 1993, que casi todo nace del enamoramiento. Del suyo también. Enamorarse cambia la vida, la sitúa en el extremo del misterio, al que acude otro, para apagar la llama, o para avivarla. “El fuego original y primordial, la sexualidad levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida”. Aquí están los ensayos que proclaman su relación con ese misterio, el amor por el otro, el erotismo y su parte menos imperiosa, el camino hacia la caricia, el impulso. No es Neruda, claro, su poesía es el tránsito de la inteligencia hacia la inspiración, pero del amor (se cuenta en La llama doble) nace casi todo lo que él entiende de su alma de poeta que no entiende: la poesía es la pregunta del misterio, porque, como el enamorado, pregunta al espejo, o al otro: “¿Quién eres?”. Este conjunto de ensayos representa a Paz en la madurez de sus reflexiones, cuando ya mezcla la tenue autobiografía y los sentimientos de la inteligencia; es, en prosa, la continuación de su poesía. “Las palabras no dicen las mismas cosas que en la prosa; el poema no aspira ya a decir sino a ser. La poesía pone entre paréntesis a la comunicación como el erotismo a la reproducción”. Si quieren tocar al poeta y no quieren abrasarse con sus versos, vayan a La llama doble.Lo hallarán sosegado, y enamorado aún.
Conjunciones y disyunciones. Este es un libro de 1969, por tantas razones (políticas, biográficas) esencial en la vida de Paz, expulsado por su propio deseo de la diplomacia y de la India, dedicado ya a ser más que nunca Paz, en la recta hacia la perfección, y también a perderse, lúcido, en el laberinto de la soledad. Un amigo, Armando Jiménez, le pidió que escribiese el prólogo de su libro Nueva picardía mexicana… “Acepté y no había escrito sino unas cuantas páginas cuando me di cuenta de que, en lugar de ceñirme al tema…”. Total, que Paz escribió un libro a partir de la idea de Jiménez y a partir, cómo no, de la idea de la picaresca, que fue alimento de su literatura y que, como queda reseñado más arriba, se residenció también en sus ojos, en la mirada juvenil y alerta que lo acompañó siempre. A lo que asiste uno en este libro, aparte de compartir el espectáculo de su interpretación de tan lejana como presente circunstancia humana de la literatura, la picaresca, es al milagro que obra la inteligencia de Paz sobre los asuntos que se le proponen: el Estado, sus inconsecuencias, da de sí un manifiesto literario de la envergadura de El ogro filantrópico… Y la picaresca (la sola palabra picaresca) de pronto lo pone delante del folio como si se activara en su inteligencia un mecanismo incontenible, el de su estilo. La cultura de Paz no tiene muro, jamás le puso puertas al campo. Lo que sorprende no es que lo que se le ocurre. Lo que sorprende es que haya ocurrido Paz, esta inteligencia.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/28/actualidad/1396034703_908136.html

miércoles, 26 de marzo de 2014

Vargas Llosa de vida y libros

Una mañana de confesiones literarias en la casa limeña del Nobel

El escritor Mario Vargas Llosa en su casa de Lima. / Daniel Mordzinski
Con el semáforo en rojo, Mario Vargas Llosa baja rápido del coche, y cuando llega al separador de la avenida el semáforo vuelve a verde, y para en seco. El azar hace que quede escoltado, a lado y lado, por un mimo y un César Vallejo dorado que se dirigen con prisa para donde él mismo va. El escritor se percata y atina a decir: “Se parece mucho a Vallejo”. Unos 60 pasos después y 14 minutos más tarde, el escritor peruano inaugura el Día de las Palabras al leer de manera sentida los versos del poeta peruano, en un parque a orillas del mar:
SOLÍA ESCRIBIR CON su dedo grande en el aire:
¡Viban los compañeros! Pedro Rojas”,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes”.
Está alegre. Es su semana en Perú, no solo por su 78 cumpleaños mañana, sino por los tres eventos que se han organizado en los cuatro puntos cardinales de Lima. “Es importante para la ciudad y el país que hayan venido tantos y tan buenos escritores de nuestra lengua estos días aquí a hablar de libros y de lecturas. Hay que estimular la lectura con buenos libros, porque la literatura no es solo un placer superior sino que tiene consecuencias muy positivas, como excitar la fantasía, la curiosidad, crear el espíritu crítico. Es un elemento fundamental en las sociedades modernas y para sus ciudadanos”.
Se refiere el Nobel a la I Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que termina hoy, después de cuatro días, con el anuncio del fallo del premio a la mejor novela publicada en español entre 2012 y 2013. Días en los que han participado más de 30 escritores hispanohablantes en 14 mesas redondas con un público devoto.
“Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!”.

55 años del primer libro

Hace 55 años Vargas Llosa publicó su primer libro: Los jefes. Un volumen de cuentos, escritos entre 1953 y 1958, la mayoría escritos cuando estudiaba en San Marcos, en Lima. Un género sobre el que nunca más ha publicado, a pesar de que le gusta mucho. Pero cuando ha intentado escribir un relato este se le convierte en novelas como Pantaleón y las visitadoras y Los cachorros, o en capítulos de novelas. “Son historias que se me crecen y una vez empiezo a escribirlas rompen la moldura del cuento”.
Pero el primer texto literario que publicó fue el relato El abuelo, en el periódico El Comercio, de Lima, en 1956. Un cuento, recuerda Vargas Llosa, cruel, de un viejo perverso que quiere vengarse de su nieto. Una historia y temática, entre el terror y lo gótico, que poco tendría que ver con el escritor que en 2010 ganará el Nobel de Literatura por obras como La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, Lituma en los Andes, La fiesta del Chivo y El héroe discreto.
Sigue leyendo Vargas Llosa los versos de Vallejo, delante del Vallejo dorado, de España aparta de mí ese cáliz. Media hora antes, en su apartamento, en una terraza frente al Pacífico sin horizonte por la niebla, hablaba entusiasta de una faceta apasionada y anterior a la escritura: la lectura. Lo primero que hace es desvelar el misterio del momento en que un libro lo hechiza: “¡Depende del género!”, aclara. “En la poesía la clave está en los primeros versos. Si no son buenos, difícilmente remontará y el lector se va. En la novela, en cambio, eso puede retrasarse y no siempre las primeras páginas guardan la maravilla que puede venir. Por eso, de alguna manera, entiendo a Gide cuando rechazó publicar En busca del tiempo perdido, de Proust, lo que lo llevaría a arrepentirse toda la vida. Hay otras novelas que desde las primeras palabras te capturan, como Cien años de soledad con ese comienzo extraordinario; o Moby Dick, con ese ‘Digamos que me llamo Ismael’ , tan enigmático; o El Quijote con ‘En un lugar de La Mancha de cuyo...’ con su misterio y musicalidad. Como decía Borges, lo que no es excelente no es poesía, por eso me dediqué a la novela…”.
Y sigue Vargas Llosa como si acabara de leer por primera vez las obras citadas. Un rato después, sus palabras avanzan como el Pequod detrás de Moby Dick cuando pasó en invierno frente a las costas peruanas donde él mismo está ahora…
“La buena literatura nos ayuda a estar mejor armados frente a la vida y cualquier embauque. Te defiende contra la mentira, la manipulación y los falsos oropeles. Por eso es una barbaridad educar a la gente solo en las tecnologías”.
Ha dicho varias veces que en el corzón de todas las novelas llamea una protesta contra el mundo que le ha tocado vivir a cada uno y que se puede modificar a través de la lectura. También que los buenos libros invitan a la rebelión por ser mejores ciudadanos y ayudan a construir un mundo mejor. Y el llamamiento a ese motín lo ha dicho varias veces esta semana, y hoy le cae algo a…
El crítico es responsable de la marginalización que vive al haber perdido el protagonismo que tenía y debería recuperar. No tenemos críticos de gran responsabilidad tampoco en otras áreas
“La crítica literaria tiene ahora más responsabilidades en un mundo con sobreinformación y sobreoferta de libros. Y es responsable de la marginalización que vive al haber perdido el protagonismo que tenía y debería recuperar. No tenemos críticos de gran responsabilidad tampoco en otras áreas. Parecen limitarse a reseñas, casi como publicidad, la han trivializado y han olvidado la función de dar los elementos para que la gente aprecie lo bueno o menos bueno de cada libro, y algo muy importante es que deben tener claro el lugar que esa obra ocupa en su contexto y contárselo a los lectores. Sobre todo en estos tiempos donde Internet tiende a dar el mismo valor a todo…”.
El análisis sobre Internet y la manera como las tecnologías emergentes han modificado la vida siguen llamando su atención…
“El principal peligro no es que la Red se vaya a caer un día porque eso no va a ocurrir. Eso es jugar al apocalipsis. Lo que tendría que ocurrir es que llegue una cierta normalidad en algo que apenas es normal. No sabemos hasta dónde va a llegar la función de la cultura en las redes. El temor es que Internet trivialice la cultura. Hay razones para estar preocupados. Pero lo que sí es peligroso es la enorme posibilidad de la manipulación tecnológica para crear conflictos entre países. No hay una legalidad. Todo esto abre flancos en los que además penetran en tu intimidad y pueden llegar a usurpar tu identidad. Debe crearse muy rápido una legalidad, de lo contrario quedan flancos sobre la libertad o la soberanía individual”.
Vargas Llosa da un giro y, ahora que se alaba a las series de televisión como forjadoras de una nueva narrativa, aclara que ha visto algunas y le gustan mucho, como The wire y House of Cards…
“Pero decir que son mejor que la literatura y que han descubierto nuevas formas de contar es ignorancia y desconocer la historia de la literatura. Yo no he visto una innovación como en las novelas modernas. La huella que deja un buen libro en el lector tiene un efecto más duradero y profundo”.
Lo dice junto a las estanterías con sus libros favoritos. Luego posa entusiasta para las fotos en su escritorio mientras señala el horizonte difuminado por la niebla para contar que en días despejados se alcanzan a ver las islas, incluida aquella con forma de ballena.
Vargas Llosa en una calle de Lima. / daniel mordzinski
TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/26/actualidad/1395867335_520237.html

lunes, 24 de marzo de 2014

El Koubek Center del Miami Dade College y Project Zu
 los invitan a la presentación del libro,

Katábasis: siete viajeros cubanos sobre el camino.
                                                  (Ediciones  La Mirada, 2014)

viernes, 28 de marzo de 2014, a las 7:00pm
  

  
Librería BookCorner
Koubek Center @ MDC
2705 SW 3rd St 
Miami, FL 33135
  

Facebook:  Koubek Center  -   Twitter: @KoubekCenterMDC



 
  

Siete poetas cubanos nacidos en décadas diferentes (desde los años 20 hasta los años 80) y residentes en diversos puntos del planeta (Estados Unidos, Francia, España y Chile) interpretan poéticamente, en siete poemas largos, la experiencia nacional de la diáspora y de la evolución histórica de Cuba a partir de 1959.  Los autores incluidos son: Nivaria Tejera, Orlando Rossardi, Isel Rivero, Jesús J. Barquet, Damaris Calderón, Joaquín Badajoz y Yoandy Cabrera. Las ilustraciones del libro corresponden al pintor cubano Justo Luis.       


Presentación a cargo de:
 Joaquín Badajoz, Jesús J. Barquet, y Orlando Rossardi.

viernes, 21 de marzo de 2014

Una puesta en claro del idioma

El 31 de marzo se cumple el centenario del nacimiento del escritor y Nobel mexicano

Su gran instrumento fue la lengua de todos los días. Una y otra vez renovó su idioma en el acervo popular

Octavio Paz en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en 1989.
Borges generó la ilusión de que había leído todos los libros y revisado todas las bibliotecas. Su erudición parecía tan absoluta que, en su caso, el olvido era una forma de la cercanía y la espontaneidad. Importa poco saber si sus alusiones se basaban en conocimientos reales. Su destreza literaria nos hizo sentir que así era. Lo singular es que ese intrincado universo dependía de certezas y pasiones cotidianas. En su último relato, La memoria de Shakespeare, el protagonista hereda los recuerdos del tumultuoso autor inglés y descubre, asombrosamente, que son tan comunes como los de todos los hombres. Ya Beatriz Sarlo señaló con acierto que el Borges metafísico, tan discutido, se sustenta en el Borges orillero, menos valorado.
Algo similar sucede con Octavio Paz. La riqueza de su pensamiento suscita la impresión de que sólo se ocupó de temas complejos, fundamentales, altamente sofisticados. El inventario de sus intereses incluye las luchas sociales del siglo XX, los presocráticos, el arte tántrico, Sor Juana y Siglo de Oro, Marcel Duchamp, el mito en Mesoamérica, el estructuralismo, las vanguardias, el PRI, el erotismo, las drogas, el haikú y el expresionismo abstracto. En libros como Blanco y Ladera Este su poesía adquiere elevada temperatura intelectual: versos que son ideas. En opinión de Alejandro Rossi, fue “un enamorado de la modernidad”. No rehusó la experimentación ni el diálogo con otras disciplinas. Enciclopédico y torrencial, parecía dedicado a la desmesura de construir la civilización de un solo hombre.
Es fácil advertir la originalidad de Borges al abordar la literatura fantástica como una rama de la filosofía. Más complicado resulta advertir ahí el eco de sus caminatas de barrio. La imaginación es como la memoria de Shakespeare: su lejano fulgor depende de una chispa que pasa inadvertida por ser demasiado próxima y que surge de las asperezas diarias. La galaxia de intereses pazianos deriva un mismo estímulo: el lenguaje que escuchó con fervor crítico.
De niño oyó a su abuelo, el editor y político liberal Ireneo Paz, y se acercó a los rumores de la plaza de Mixcoac, donde se mezclaban los feligreses de la iglesia, los vendedores ambulantes y los pregoneros de la Revolución. En la Guerra Civil española presenció una escaramuza y descubrió una lección de otredad: incluso el enemigo tiene voz humana. No es casual que se interesara en la antropología, de los Tristes trópicos de Claude Lévi-Strauss a Las enseñanzas de don Juan, de Carlos Castaneda.
Cazador de palabras, admiró la libertad del surrealismo, pero, como Buñuel en Los olvidados, quiso devolverlo a una realidad intervenida por el inconsciente.
Su gran instrumento fue la lengua de todos los días. No es casual que algunos de sus títulos provengan de refranes o frases hechas: Las peras del olmo, Libertad bajo palabra, ¿Águila o sol? (nuestra manera de decir “¿cara o cruz?”). Su mayor logro en esta línea fue convertir un término de electricistas en una opción intelectual: Corriente alterna.
En 1943 escribió elocuentes artículos sobre el habla popular mexicana. Ahí se ocupó del vacilón, la muy mexicana manera de bromear: “El vacilón es una especie de pinchazo que desinfla globos públicos y privados. Es una advertencia contra la vanidad y la fanfarronería, contra las posturas excesivas o patéticas”. Dedicó otro texto al ninguneo, ejercicio vernáculo que convierte a los demás en sombras, y adelantó las reflexiones que en El laberinto de la soledad dedicaría a la chingada: “Los mexicanos, en lugar de convertir a su madre en ramera, la sustituyen por otra: la nada”.
Una nota policiaca llamó su atención: el suicida Juan Camacho había muerto exclamando “qué sabroso veneno”. Esto lo llevó a una reflexión sobre los placeres de la muerte, del mismo modo en que la costumbre de vestir pulgas lo llevó a considerar que sólo un país de inmensos volcanes podía admirar tanto las miniaturas.
Una y otra vez renovó su idioma en el acervo popular, celebrando las “fantasías y delirios verbales de los mexicanos”. No es casual que escribiera el prólogo a Nueva picardía mexicana, de Armando Jiménez: “Aquí sí hay lenguaje en movimiento, continua rotación de las palabras, insólitos juegos entre el sentido y el sonido, idioma en perpetua metamorfosis”.
Algunos de sus mejores textos representan un juego de rotación entre lo culto y lo popular. En el poema Las palabras, escribe: “Dales la vuelta,/ cógelas del rabo (chillen, putas),/ azótalas,/ dales azúcar en la boca a las rejegas […]házlas, poeta/ haz que se traguen todas sus palabras”.
La consigna encarna en otros textos: “Esta vez te vacío la panza, te tuerzo, te retuerzo, te volteo y voltibocabajeo, te arranco el pito, te hundo el esternón. Broncabroncabrón. Doña Campamocha se come en escamocho el miembro mocho de don Campamocho”. Afrenta, risa, desmadre: poesía de Octavio Paz.
Su vasta obra fue, entre otras cosas, una puesta en claro del idioma. La hondura y variedad de sus ideas provocaron que en ocasiones fuera percibido como un autor de gabinete, de exclusivo interés para un círculo de selectos especialistas, un especulador ajeno al flujo de la vida. Nada más falso. Sólo alguien abierto a los misterios de la sencillez podía escribir esta estampa de Miguel Hernández: “Lo conocí cantando canciones populares españolas, en 1937. Poseía voz de bajo, un poco cerril, un poco de animal inocente: sonaba a campo, a eco grave repetido los valles, a piedra cayendo en un barranco”.
Paz supo oír la caída de las piedras, las voces sueltas, el oleaje de lo diario. En su discurso de aceptación del Premio Nobel se refirió a la vigencia del mundo indígena: “Nos habla en el lenguaje cifrado de los mitos, las leyendas, las formas de convivencia, las artes populares, las costumbres. Ser escritor mexicano significa oír lo que nos dice ese presente — esa presencia. Oírla, hablarla, descifrarla: decirla”.
Su principal gesto poético fue el de atrapar el instante como un destello cargado de otro tiempo. Vivimos con facilidad en el recuerdo del pasado o la anticipación del porvenir. ¿Dónde está el presente? Octavio Paz buscó ese esquivo momento. En su aniversario, el idioma cumple cien años de presente.

TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/21/actualidad/1395420906_871189.html

jueves, 20 de marzo de 2014

Una comedia musical recuerda la vida y la obra del compositor Jacinto Guerrero

Día 19/03/2014 - 13.38h
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«Jacinto Guerrero. Una vida de Zarzuela» se puede ver desde hoy en el teatro Fernando Fernán Gómez

El teatro se acerca aún más al género chico con la comedia musical «Jacinto Guerrero, vida de Zarzuela», una obra que, a través de los fragmentos más conocidos del maestro, traza un «making of» de las dificultades para montar en pleno siglo XXI un espectáculo de repertorio clásico.
Guerrero (1895-1951) fue una «brillante figura de nuestra identidad cultural», explicó ayer el director de escena del montaje, Pedro Martínez, sobre el compositor del que trata esta comedia musical, que se estrena esta tarde en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.
Este espectáculo, bajo la dirección musical de Elías Romero, desvelará aspectos biográficos y personales del «genial» Guerrero, cuyo inabarcable repertorio constituye un «pequeño imperio».
Sin embargo, Martínez aseguró que la obra, en tono de comedia, no pretende ser una «clase magistral universitaria» sobre el maestro Guerrero.
«Jacinto Guerrero, Vida de Zarzuela» es una reflexión sobre la creación artística en la que se pueden escuchar partes de sus obras más conocidas como «Los gavilanes», «La rosa del azafrán», «La montería» o «El huésped de Sevilla», que «vinculará al espectador con la obra», explicó Martínez.
Pero no solo habrá zarzuela, pues también se recuperan «las romanzas más comprometidas y famosas» y las piezas de revista que salieron de la pluma de Guerrero, las cuales conforman «la parte más popular del maestro».

Vestuario de Roberto Verino

Todas ellas en la voz de las sopranos Sagrario Salamanca y Alicia Montesquiu, que compartirán escenario con Camilo Maqueda, Álvaro Puertas, Pedro Martínez y Elías Romero, bajo la dirección de Lorena Toré Vallecillo.
La obra transcurre en una sala de ensayo donde un director de escena, un maestro musical, una soprano y un actor se unen para crear un espectáculo teatral sobre Jacinto Guerrero.
Se trata, según el director de escena, de una especie de «'making of' que presenta todos los conflictos que se puede tener en el siglo XXI, a la hora de abordar repertorio clásico».
Todo ello para crear «un espectáculo interesante y actual, destinado para todos los públicos, que pretende acercar la zarzuela al teatro», en palabras de Montesquiu.
La propuesta escénica de «Jacinto Guerrero Vida de Zarzuela» cuenta con la colaboración para el vestuario de Roberto Verino y algunos diseños histórico cedidos por el Teatro Español
TOMADO DE: http://www.abc.es/cultura/musica/20140319/abci-obra-teatro-jacinto-guerrero-201403191258.html

El hombre que va a contracorriente

Se edita en español ‘Memorias de un hippie‘, autobiografía de Neil Young

El rockero, mito de los sesenta, se retrata como una persona llena de claroscuros

Neil Young en el retrato que aparece en la portada de sus memorias.
Vivimos tiempos de incertidumbres. Nieva en verano, podemos achicharrarnos en invierno, pero algo no fallará: Neil Young siempre irá a la contra. Es miembro destacado del Club de los Incongruentes.
El canadiense vituperaba al presidente Richard Nixon por matar estudiantes en la canción Ohio, pero quince años después aplaudía el belicismo de Ronald Reagan. Es el detractor del mp3 que hace una semana lanzaba un publicitado reproductor de alta calidad, —al que ha llamado Pono—, a la vez que registra un disco en lo que es definitivamente una grabadora de baja fidelidad, el Voice-O-Graph.
Tal vez lo recuerden: maquinas similares estuvieron disponibles en España y circulan historias un poco patéticas de personajes que luego se confeccionaban una portada para ir presumiendo de haber grabado un disco profesional.
Entrabas en una cabina similar a las telefónicas y cantabas lo que se te ocurriera; a continuación tenías un vinilo con tu voz. Jack White, ex The White Stripes, dispone de uno de esos artefactos vintage en las oficinas de su sello Third Man Records en Nashville. Y allí se fue Neil, con su guitarra y armónica, para inmortalizar una colección de clásicas del folk de los sesenta, A letter home.
No corrige el texto. Desde luego, el libro no ha sido escrito por un profesional
Hay truco, obviamente. Aquellas máquinas sólo captaban dos o tres minutos y Young ha hecho un álbum. Aparte, Jack White colabora en algún tema y se hace imposible imaginar a dos personas en semejante espacio. Pero, sin duda, se trata de audio vérité: el sonido va directo al surco. Así que lo único previsible de su libro es que, efectivamente, sorprende. Editado en inglés a finales de 2012, nos llega ahora su traducción: Memorias de un hippie (Malpaso).
Olviden las biografías cronológicas: enfrente tienen una miscelánea de vivencias, ordenadas al buen tuntún. Más o menos, está todo, aunque —discreto— raciona las historias sobre los proyectos democráticos en los que se alistó, sean Buffalo Springfield o el supergrupo Crosby Stills Nash & Young.
Tampoco sirven las comparaciones con las Crónicas dylanianas. Aquí no hay rastro de las ambiciones literarias de Bob (sí, Young se refiere a sus colegas por su nombre de pila). Neil no lee libros, por sospechar que pueden interferir con su proceso creativo.
De hecho, hay momentos en que Memorias de un hippie huele a mofeta, a cinismo de superestrella. Recomienda a sus amigos famosos que le imiten: “Escribir [un libro] es muy cómodo, tiene pocos gastos y es una forma estupenda de pasar el tiempo”.
Sin embargo, finalmente Neil es el hijo de su padre: Scott Young, un periodista deportivo y novelista prolífico. Y le va cogiendo gusto. Cierto que no asume la necesidad de revisar, corregir o reescribir su texto: desde luego, nadie le acusará de haber usado un negro, un escritor profesional.
Así, inserta numerosas cuñas publicitarias sobre un sistema de sonido digital llamado PureTone…que, mágicamente, al final del libro rebautiza Pono. Sin explicaciones.
Pertenece a una rara especie: el perfeccionista que no remata
Nada que asuste a los seguidores de su obra. Ya sabíamos que es híperproductivo pero que se rebela ante el concepto de control de calidad. Que lleva como medalla el haber sido demandado por Geffen Records a raíz de sacar discos “no característicos”. Que tiene magia para las melodías pero que no filtra los clichés en sus letras. Que pertenece a esa rara especie: el perfeccionista torpe, el obsesivo que no remata.
Memorias de un hippie, nos recuerda, está escrito en estado de sobriedad, tras décadas consumiendo cantidades de cocaína, marihuana y tequila. Y no lo proclama como una hazaña de redención: simplemente, tras demasiados sustos, decidió atender el consejo de su médico. Lo que le preocupa es que —suele ocurrir en casos como este— la traicionera inspiración parece haberse evaporado.
Habla a veces de “la musa”, como en “la musa no tiene conciencia”, cuando tiene que despedir a alguien. Reconoce, a toro pasado, que se equivocó al desechar ideas de colaboradores difuntos, como Danny Whitten o David Briggs.
Sobre el libro planea la sombra de Shakey, la áspera biografía de Jimmy McDonough, que retrataba a Neil como un tirano contracultural, un misántropo con escasa empatía por los que están fuera de su círculo inmediato. Son los inconvenientes de ganar demasiado dinero, alega Neil. Cuando arde Pocahontas, su famoso autobús de gira. Young hace que lo trasladen a su rancho en los alredores de San Francisco, donde los restos son enterrados con los honores reservados a un viejo guerrero.
¿Vamos a escandalizarnos con las prerrogativas de un rock star? Apasionado de los trenes de juguete, adquirió un gran paquete de acciones de Lionel LLC, uno de los principales fabricantes de trenes a escala y sus accesorios, empresa que —naturalmente— aceptó encantada sus sugerencias de usuario. Es también un enamorado de los classic cars, aquellos curvilíneos barcos-de-Detroit que surcaban las autopistas estadounidenses: acumula varias docenas en sus garajes.

Discografía

Buffalo Springfield (1966)
CSN&Y Déjà Vu (1970)
Harvest (1972)
Zuma (1975)
Rust Never Sleeps (1979)
Everybody's Rockin' (1983)
Ragged Glory (1990)
Sleeps with Angels (1994)
Mirror Ball (1995, junto al grupo grunge Pearl Jam)
Greendale (2003)
Psychedelic Pill (2012)
Un niño, gruñirá alguien. No exactamente: un adulto que, con 68 años, se enfrenta con su mortalidad, tras haber superado la polio, episodios epilépticos y un aneurisma. Y no puede olvidar la genética: la demencia asedió a su padre; dos de sus tres hijos nacieron con parálisis cerebral.
En realidad, Neil se asemeja más bien a un otaku: un coleccionista incurable pero creativo. Ha invertido millones en lo que ha patentado como Lincvolt, versión ecológica de un Lincoln Continental del 1959, con un motor híbrido que funciona con electricidad y etanol.
En 2008, el coche ardió en un almacén californiano, provocando risitas entre el lobby de la gasolina; Neil asegura que fue un error humano, no un fallo de su sistema eléctrico.
Lo esencial para él, con todo, sigue siendo la música: “El plan es volver a grabar. Meterse de lleno en la música. En ésas estoy. Siempre me ha sentado bien. Quiero volver a sentirla. Necesito sentirla en el cuerpo, cantar letras que hagan que me vuelque en pasajes instrumentales largos que sólo son posibles con los Crazy Horse” Ah, también sigue escribiendo. Cualquier año de estos aparecerá el volumen dos de Memorias de un hippie.

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martes, 18 de marzo de 2014

El vuelo entre la alta y la baja literatura

La enigmática autora ha convertido 'El jilguero', inspirado en una tabla holandesa del siglo XVII, en un fenómeno de ventas aclamado por gran parte de la crítica

Por su primer título, El secreto (1992), Donna Tartt (Greenwood, Misisipí 1963) recibió un adelanto de 450.000 dólares (el equivalente sería hoy una cifra muy superior), caso insólito en alguien que no había publicado aún nada. Antes de salir el libro, un extenso perfil aparecido en Vanity Fair predijo la fama de la autora, anunciando la irrupción en el panorama de las letras norteamericanas de una figura que supuestamente borraba la distancia entre la alta y la baja literatura. Confirmando las esperanzas puestas en ella por sus editores, “El secreto” vendió cinco millones de ejemplares en una treintena de idiomas. Las críticas fueron abrumadoramente favorables, aunque no hubo unanimidad con respecto al diagnóstico de Vanity Fair. La primera novela de Donna Tartt es un thriller gótico que lleva a cabo con singular habilidad el desvelamiento de un misterioso asesinato perpetrado en el departamento de lenguas clásicas de Hampden College, institución universitaria de carácter ficcional ubicada en la bucólica campiña de Vermont.
Exactamente diez años después, con la publicación en 2002 de Un juego de niños, se repetirían las circunstancias que rodearon a la aparición de su primera novela: tras un adelanto de gran cuantía, se dispararon las ventas. La crítica se mostró, sin embargo, considerablemente más reticente y mucho más dividida. El escenario de Un juego de niños son los paisajes del Sur donde nació la autora. La protagonista, Harriet, es una niña que trata de esclarecer la muerte de su hermano, que apareció ahorcado en el jardín familiar cuando ella era muy pequeña. Con pasmosa regularidad, algo más de una década después, en otoño de 2013, Donna Tartt publicó El jilguero. La novela, de mil páginas de extensión al igual que las anteriores, se instaló en cuestión de semanas en el número uno de la lista de libros más vendidos de The New York Times. La acción transcurre entre Nueva York, Las Vegas y Ámsterdam y su protagonista Theo Decker, es un adolescente de 13 años, que sobrevive a un atentado terrorista perpetrado por un grupo de ultraderecha en el neoyorquino Metropolitan Museum of Art. En medio del caos, un anciano misterioso que está a punto de morir insta a Theo a huir con El jilguero, lienzo de delicadísima factura realizado en 1654 por el pintor holandés Carel Fabritius. La madre de Theo fallece en el atentado, mientras su padre, que había abandonado a la familia sin dejar rastro, sigue en paradero desconocido. Con estos ingredientes Tartt pone en marcha una maquinaria narrativa de aliento dickensiano que, una vez más, ha conseguido poner en vilo a millones de lectores. La entrevista tiene lugar en un lujoso restaurante de la Quinta Avenida, en las inmediaciones de Central Park. Donna Tartt es una mujer menuda, de mirada elusiva e inquietante y conversación vivaz.
Pregunta ¿Qué es para Donna Tartt una novela?
Respuesta. La posibilidad de inventar vidas alternativas, de ser alguien distinto a quien se es. Cuando se publicó la primera novela inglesa, Robinson Crusoe, el género recién creado alcanzó una popularidad inusitada debido a que se ampliaba así de manera extraordinaria el horizonte vital del público lector. Entonces casi nadie se alejaba más de veinte millas de su casa, el mundo era mucho más limitado que el nuestro. De repente, uno podía vivir una aventura increíble en una isla desierta. Y si eso es cierto para el lector, lo es doblemente para el escritor, por eso me gusta escribir novelas. Una novela retrata la vida desde dentro. La ficción es una forma única de explorar el interior de la psicología humana. La evolución de los personajes a lo largo del tiempo nos permite ampliar nuestro conocimiento de la naturaleza humana. Cuando terminamos Madame Bovary o Anna Karenina, sabemos más de la vida que antes de empezar esas lecturas. La ficción nos enseña más acerca de la vida que un tratado de filosofía moral, una pintura, una composición musical o cualquier otra forma artística.
Carel Fabritius pintó 'El jilguero' en 1654.
P. ¿ Cómo empieza en su caso el proceso de escritura?
R. Yo empecé a escribir en el primer año de universidad, con 18 años, en Bennington College. Uno de mis mis mejeros amigos era Bret Easton Ellis, que también estaba escribiendo entonces su primera novela, Menos que cero. Para Bret, y yo estaba de acuerdo, todo empieza con un estado mental, al principio necesariamente muy difuso. En su caso se trataba de un estado de ánimo muy oscuro, una sentimiento muy noir de Los Angeles … No sé cómo encapsularlo: es una oscuridad muy de California que también han sabido captar Raymond Chandler, Joan Didion o David Lynch… En el caso de mi primera novela, El secreto, lo primero fue era angustiosa sensación de aislamiento opresivo en un college… En El jilguero, todo empieza con una atmósfera de corrupción. Algo va mal en un lugar tan elegante como Park Avenue, algo que une oscuramente a Amsterdam y Nueva York.
P. ¿Cómo surgió la idea de utilizar el cuadro de Carel Fabritius?
R. Al principio, lo único que sabía era que en la novela tenía que haber un cuadro, lo que no sabía era cuál. Tenía que ser un cuadro pequeño, eso sí. Hubo varios candidatos, hasta que un día en una subasta de Christie´s, en Amsterdam, vi el lienzo de Fabritius e inmediatamente comprendí que la búsqueda había terminado.
P. La novela empieza con una explosión en el Metropolitan Museum, y Carel Fabritius murió en una explosión en Delft.
R. Cuando lo vi no sabía nada de la historia del cuadro ni que su autor había muerto en una explosión. Fue la imagen lo que me decidió a elegirlo, y ni siquiera se trataba del original, sino que era una reproducción. De pronto vi abrirse unas perspectivas insospechadas para la novela y permití que el azar entrara en ella. En mi opinión las novelas en las que todo está perfectamente trabado de antemano acaban siendo necesariamente aburridas. Si no hay sorpresas para el escritor, no las puede haber para el lector.
P. ¿Qué novelistas han influido más en usted?
Dickens y Stevenson, en ese orden.
P. Stephen King escribió una reseña elogiosísima de El jilguero. ¿Qué es lo que tienen King y usted, que les permite conectar de manera tan intensa con millones de lectores?
R. Ni idea. Según King, los lectores no saben lo que quieren, de modo que le corresponde al escritor hacérselo ver. Estoy de acuerdo. A veces se le ha reprochado a Stephen King que solo escriba historias de terror, a lo que él siempre responde: ¿Y qué le hace a usted pensar que está en mi mano decidir una cosa así? No hay fórmula secreta. Si la hubiera, todo el mundo escribiría best-sellers.
P. Resulta llamativo que el editor de sus textos sea el mismo que trabajó los escritos póstumos de David Foster Wallace, Michael Pietsch. Wallace era un innovador radical, en tanto que su manera de escribir es bastante convencional.
R. Escribir una novela es como construir un edificio. Hay que dar prioridad a las cuestiones técnicas, como la estructura y la cronología. Quizá porque empecé como poeta, mis experimentos con el lenguaje tienen lugar en el plano de la frase. Con un poema uno puede ser todo lo inventivo que quiera con el lenguaje, pero si no quieres que se te derrumbe una novela, no queda más remedio que ser un escritor de corte clásico, sobre todo si uno escribe novelas tan largas como las mías.
P. Empezando por Stephen King, las críticas a su libro han sido favorables, con algunas excepciones, como James Wood o Francine Prose. ¿Le preocupa que medios como The New Yorker y The New York Review of Books tengan una opinión negativa de la novela?
R. Hace muchos años, Ken Kesey, el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, me dijo algo que jamás he olvidado: Joven, no lea las críticas. Las favorables no ayudan, y las negativas hacen mucho daño.

TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/12/actualidad/1394643235_385177.html