LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

sábado, 31 de mayo de 2014


LIBROS Entrevista con Enrique Krauze

'Octavio Paz estuvo mucho más lejos del poder de lo que se cree'

  • El historiador publica 'El poeta y la Revolución', un ensayo biográfico que profundiza en los orígenes, la obra, las amistades y las posturas políticas del Nobel mexicano

El escritor mexicano Octavio Paz.
El escritor mexicano Octavio Paz. BEGOÑA RIVAS.
Octavio Paz resumió así su propia vida: "Conversaciones, retractaciones, excomuniones, reconciliaciones, apostasías, abjuraciones, zig-zag de las demonolatrías y las androlatrías, los embrujamientos y las desviaciones". Y Enrique Krauze (México, 1947), su amigo y colaborador en la revista 'Vuelta', se dio a la tarea de desmenuzar esa historia. A 100 años del nacimiento del Nobel mexicano, el historiador y ensayista publica la biografía 'Octavio Paz. El poeta y la revolución' (Debolsillo, 2014).
Criticó a Octavio Paz antes de acercarse a él. ¿Por qué cambió de opinión?
Pertenecí a un grupo de jóvenes, a principios de los 70, que pensaba que los caminos de Paz empezaban a apartarse de la ortodoxia revolucionaria. Y lo criticamos por eso. Pero yo me separé muy pronto de esa corriente. Me convencí, basado en la lectura de sus libros, de que tenía razón. De que el liberalismo encarnaba una promesa, no de redención, sino de mejoramiento político y social mucho más tangible y humano, y con menos costos que el gran sueño de la revolución. Me acerqué a Paz por un acto de convencimiento intelectual y moral. Muchos se quedaron anclados en esas convicciones y muchos de quienes lo atacaron cambiaron muy tarde, sin reconocer su cambio ni su deuda con él.
¿Fue un intelectual incomprendido?
Bastante, porque los interlocutores que él buscó siempre estaban en la tradición que él consideraba legítimamente suya: la tradición socialista. Son ellos a quienes le interesaba provocar, para construir juntos un liberalismo con vocación social o un socialismo con vocación liberal. Creo que ese sigue siendo el horizonte de nuestro tiempo y el diálogo necesario, pero muchos de mi generación no lo comprendieron en ese sentido. Lo que he tratado de hacer con este libro es imaginarme dentro de su circunstancia, dentro de los predicamentos de cada etapa, repensar lo que pensó, tratar de sentir lo que sentía, y recrear un ensayo biográfico. Espero que sea una contribución a la comprensión de Paz. .
"Siempre fue un hombre de izquierdas", dice usted. ¿Por qué se tiene la percepción contraria?
Por la barbarie que afecta a un sector importante de la izquierda latinoamericana. Porque si ser de derecha quiere decir no estar de acuerdo con Stalin ni con Castro, entonces cualquier liberal es de derecha. Porque esa izquierda ortodoxa o radical usa la palabra derecha como calumnia y descalificación. Esos son los que construyeron esa imagen de Octavio Paz, los que se negaron a dialogar con él. Y sin duda, los que se empobrecieron fueron ellos.
¿Cuándo se desilusionó el poeta del pensamiento marxista?
Es un doble movimiento. Hay una lenta erosión a través de las décadas, pero la ruptura total viene en 1974 con la lectura de 'Archipiélago Gulag'. Entonces se le revela toda la atroz realidad del régimen opresivo de la Unión Soviética. Paz dedicó sus últimos años a combatir esa ilusión, que seguía envenenando tantas conciencias juveniles.
El historiador Enrique Krauze.
El historiador Enrique Krauze.
¿De qué manera está presente la revolución en este periodo?
Siempre fue una inquietud en él. Había sido revolucionario de joven, su padre era un zapatista, su abuelo fue un revolucionario liberal. Con esa genealogía no es sorprendente que hasta el final de sus días tuviera una llama de pasión revolucionaria, pero atemperada siempre por una convicción democrática y liberal muy sólida.
¿Cuál fue su relación con el poder en esta última etapa de su vida?
Mucho más lejana de lo que se cree. Conocer a un presidente y estar de acuerdo con algunas de sus políticas no significa servir a ese presidente. Siempre mantuvo una distancia de los presidentes en turno, contra lo que se dice.
"Pareciera que Octavio nunca encontró la Paz inscrita en su apellido". ¿Cuáles fueron sus guerras?
Muchas. La guerra entre el romántico revolucionario y el liberal desencantado. Y hubo guerras más íntimas sobre las que no hablo en el libro, porque no hay elementos todavía para poder recobrar en toda su complejidad esa historia personal de Paz.
¿Cree que la correspondencia con Carlos Fuentes, recién abierta, podría añadir un capítulo valioso a su biografía?
No conozco ese archivo. Debe de ser muy interesante lo que hay, pero al parecer es más reducido del que uno imaginaba. Y no creo que contenga grandes revelaciones sino la historia de una amistad que duró mucho tiempo y que luego se fue resquebrajando.
¿Qué más falta investigar sobre el poeta?
Falta muchísimo. Para construir una biografía 'a la inglesa' de Octavio Paz no tenemos los elementos ni remotamente. Eso no quiere decir que no las habrá. Este año saldrán magníficos libros de Cristopher Domínguez y Guillermo Sheridan. Bienvenidos todos. Serán grandes aportaciones para esa biografía que probablemente escriba alguien ya de otra generación.
¿Qué aprendió de Paz cuando trabajó con él en la revista 'Vuelta'?
Era un editor de cepa, le venía de su abuelo y de su padre. En la sangre llevaba la tinta de la imprenta. Era muy riguroso y tenía una gran pasión por defender ideas, era muy inspirador. Y sabía bien que expresar una pasión en un libro tarda mucho, y expresar una pasión intelectual en un periódico se acaba muy pronto. Las revistas tienen el tempo adecuado, por eso le gustaba tanto hacerlas. Fueron sus trincheras para participar en la vida pública de México.
¿La revista 'Letras libres' es algo similar para usted?
A mi me gustaría que alguna vez, dentro de muchos años, se diga que 'Letras Libres' ha recogido la tradición de 'Vuelta', de Octavio Paz. Pero nunca hemos navegado con esa bandera porque en la literatura y en la edición literaria no existen las herencias. Las herencias se conquistan. 
TOMADO DE:  http://www.elmundo.es/cultura/2014/05/31/5388ab3922601d9f198b4582.html

viernes, 30 de mayo de 2014

Este chico raro y feliz

En la plaza parisiense de ­Georges Brassens compré una foto de Dalí, pillado por sorpresa en una imagen desconocida, juvenil, feliz y lejos de sus mundanales ruidos

Salvador Dalí, en una foto desconocida y sin datar, muy lejos de sus estudiados posados posteriores. / Archivo Javier Rioyo
En la plaza parisiense de ­Georges Brassens hay un refugio de buquinistas sin río, de buscadores de libros sin turistas. Siguiendo la recomendación de Eduardo Arroyo, llegué pronto. Nunca es fácil pescar pieza en esos paraísos de pago de los amantes de los viejos libros, hay que tener paciencia, vista y suerte. La tuve, pesqué, me estaba esperando el más fotografiado de nuestros artistas, el más exhibicionista, el gran posador. Allí estaba, pillado por sorpresa en una imagen desconocida, juvenil, feliz y lejos de sus mundanales ruidos.
¿Es todavía posible encontrar una foto inédita de Dalí? Consulto a los connoisseurs de su iconografía. Primera prueba, Juan Manuel Bonet, experto en vanguardias: “Nunca había visto esta imagen”. Sigo. Fernando Huici, crítico de arte: “Me suena la vestimenta, pero no soy capaz de recordarla publicada”. Prueba de fuego, Fundación Gala-Salvador Dalí: me confirman que es el pintor, pero que la foto es desconocida para ellos. Y no cualquier foto. Nada que ver con una de las miles de sus décadas de fama y flases, de poses, bigotes, ojos y otros gestos repetidos en su daliniana puesta en escena. Aquí no mira a la cámara, está feliz y el fotógrafo es un ausente voyeur. Tan relajado que no parece importarle que a su lado haya dos niños, dos adolescentes: “No me gustan ni los bichos ni los niños. Es que se mueven. Cuando algo se mueve a mi alrededor, me pongo nervioso”. Dice Dalí cosas mucho más extravagantes sobre niños y bichos.
Antonio Pitxot, en su libro de conversaciones sobre Dalí con Fernando Huici, nos avisa: “No hay que olvidar en Dalí las dobles imágenes, las dobles intenciones. Siempre me aconsejaba: ‘No olvides nunca que las exageraciones siempre son pocas en el arte. Y hasta cuando hables en público, las exageraciones son imprescindibles”.
Los Pichot –ahora Pitxot– fueron la excepción, su familia “elegida”. Vecinos de Figueras, burgueses ilustrados, artistas, músicos, diseñadores de jardines, divas de ópera, vividores y cosmopolitas, tuvieron una importancia esencial en Dalí. Desde que Ramón Pichot, amigo de Picasso, pintor residente en París, abriera los ojos a la pintura al joven ampurdanés hasta este Antonio Pitxot, el último y mejor amigo de Dalí desde los años cincuenta. El único hombre de confianza que al final de su vida tuvo que cerrar las ventanas de Púbol porque cuando entraba un rayo de sol decía: “Quita eso que es la vida”. Sin embargo, le divertía repetir obscenos dichos a sus enfermeras: “Mira si són putes les noies de Vic que unes a les altres es fiquen el dit” [Mira si son putas las chicas de Vic que unas a otras se meten el dedo].
Un excéntrico anciano que parecía volver a los días felices. Volver allí, donde en la primera visita que le hicieran Paul Éluard y su mujer, Gala, consiguiera despistar al grupo en compañía de aquella extraña musa de los surrealistas. El poeta se sintió mal y la hermana del pintor, Ana María, emprendió la búsqueda del imprevisible Salvador. Lo recoge Pitxot: “Estuve buscando a Gala gritando como una loca y no aparecía por ningún lado. Iba por las rocas, subiendo y bajando, y de pronto, en un recoveco, me la encuentro. Mi hermano estaba tumbado en el suelo y Gala le estaba haciendo trabajos especiales”.
¡Eso es! ¡Esa es la foto inédita y de autor desconocido! Dalí adormilado, feliz con la memoria de aquello que esa tarde descubrió. Gala, que se había tenido que ir a ocuparse de su doliente e ignorante marido, le había dejado en compañía de aquellos chicos que habían espiado su abierta historia de amor entre piedras. Aquellos pícaros adolescentes consiguieron, con boina y sonrisa, colarse en esa foto en la que él, que lleva puesta una chaqueta de Gala, parece seguir en su nube poscoital. Nada le importa, ni la bronca familiar, ni el escándalo con Éluard; están enamorados, son jóvenes, surrealistas e infieles.
Después vendrían las escapadas, Málaga, Torremolinos –donde Gala hizo el primer ­toples de la historia de España–, París, Un chien andalou, la casa de Port Lligat, la República, la guerra, Nueva York, la fama, las fotos, los amigos muertos, la sangre más dulce que la miel y el sexo inicial de una tarde de verano. Una foto de cuando fue feliz y no sabía posar.

NOTICIAS RELACIONADAS

Selección de temas realizada automáticamente con

miércoles, 28 de mayo de 2014

Maya Angelou, una vida fabulosa

Muere a los 86 años la más popular poeta estadounidense, gran figura de la cultura afroamericana y defensora de los derechos civiles

No hay comparaciones posibles. Maya Angelou, que falleció este miércoles, a los 86 años, alcanzó una popularidad inimaginable para cualquier escritora perteneciente a una minoría. Funcionó, es cierto, el toque mágico de Bill Clinton, que tuvo el acierto de elegirla para que recitara uno de sus poemas en la inauguración de su primera presidencia, en 1993, colocándola inmediatamente en el mainstream cultural.
El sureño Clinton, que alardeaba de ser el primer « presidente negro », gracias a su afinidad con los afroamericanos, sabía lo que se hacía. Maya tenía una vida fabulosa, quizás incluso demasiado. Con el tiempo, se discutiría la veracidad de mucho de lo que cuenta en sus siete libros de memorias pero ella siempre se escudó detrás de una buena coartada: escribía "ficción autobiográfica".
Había sufrido una infancia desdichada y una juventud truculenta. Marguerite Ann Johnson, nacida en St. Louis en 1928, creció entre las ruinas un matrimonio roto y fue violada a los siete años por el novio de su madre; tras la denuncia, el miserable apareció asesinado (en los barrios negros, a veces se aplicaba una justicia implacable). Al terminar la Segunda Guerra Mundial, ya con un hijo a su cargo, se buscó la vida en San Francisco: entre muchos oficios, ejerció de prostituta y proxeneta.
En 1951, tras casarse con Tosh Angelos, un músico amateur de origen griego, derivó hacia el mundo del espectáculo. Fue bailarina y cantante, bajo el apodo de Maya Angelou. Una gira por Europa, cantando en la ópera Porgy and Bess, sirvió para que ampliara sus horizontes culturales ; en París conoció al esquivo James Baldwin, figura emblemática de la literatura negra. Aprovechó la moda del calipso caribeño para grabar un LP en 1957, titulado Miss Calypso, e incluso apareció en una película de serie B, Calypso heat wave.
Como un Zelig, a partir de 1959 parecía estar en los puntos más candentes en el momento adecuado. Implicada en la pelea por los derechos civiles, se ganó la confianza de Martin Luther King. Formó pareja con el activista sudafricano Vusumzi Make, lo que le permitió contemplar en primera fila el proceso de la independencia de los estados africanos. Vivió en El Cairo y en Acra ; en la capital de Ghana trató a Malcolm X y se adaptó tanto al mundo universitario como a los medios de comunicación, experiencias que utilizó a su vuelta a Estados Unidos. Tras realizar una serie de documentales para la National Educational Television, Black, blues, black!, publicó en 1969 su primera autobiografía, I know why the caged bird sings, el resultado del reto de un editor blanco.
Sé por qué canta el pájaro enjaulado sería un éxito inmediato y ha continuado en catálogo hasta hoy, abriendo una prolífica carrera literaria. Que Maya alternó con trabajos para el cine –apareció en la serie Raices- y canciones para Roberta Flack y otros artistas. En 1973, volvió a descolocar a la radicalidad negra al casarse con Paul du Feu, exesposo de la feminista australiana Germaine Greer.
Intimó en 1979 con una desconocida presentadora de Baltimore, Oprah Winfrey, que se transformó en su discípula ; Oprah admiraba su capacidad para la supervivencia, su habilidad para hacerse un lugar en mundos anteriormente reservados para los hombres blancos con estudios, su populismo literario. Winfrey, ya elevada a reina de la televisión estadounidense y creadora de su propio Club del Libro, resultaría un vital apoyo para Maya Angelou.
Y es que Angelou se vio envuelta en infinitas controversias, literarias y políticas. Desde los ochenta, ejerció como inquieta profesora de universidad y conferenciante. Sus libros eran lectura obligatoria para muchos estudiantes pero también fueron rechazados por numerosas asociaciones de padres, debido a su carga de sexualidad y su irreverencia religiosa. La bendición de un Clinton en la cumbre de su popularidad abrió la temporada de los premios, que culminó en 2011 con la máxima condecoración de Estados Unidos, la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada por Barack Obama. Fiel a su espíritu guerrero, ella no dejó de mencionar que, en las primarias demócratas se había inclinado por Hilary Clinton.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/28/actualidad/1401287195_580786.html

martes, 27 de mayo de 2014

Los otros disparos

La fotografía estalló en las trincheras, donde millones de soldados documentaron su rutina, camaradería y brutal experiencia en sus álbumes privados de guerra

Instantánea de la Tregua de Navidad de 1914, entre los soldados alemanes y británicos en Ploegsteert (Bélgica) / Imperial War Museum (Q11745)
Prendieron velas, entonaron canciones y los soldados alemanes invitaron a los británicos de las trincheras enemigas a acercarse. El combate se detuvo un día. En tierra de nadie, los adversarios intercambiaron felicitaciones y tabaco, se sacaron fotos. Esas imágenes, ni heroicas ni triunfalistas, descubrieron el lado más descorazonador y noble del conflicto: los rostros de esos jóvenes que pasaban un buen rato juntos y que, sin embargo, estaban ahí para matarse. Aquellas instantáneas fueron la prueba irrefutable de que la mítica tregua de la Nochebuena de 1914 realmente se celebró. Los Gobiernos no pudieron negarlo y comprendieron rápidamente que el control sobre las cámaras de la tropa debía ser aún más férreo. “Esos suvenires personales acabaron en las páginas de la prensa internacional y el Gobierno decidió estrechar la censura”, dice Hilary Roberts, conservadora jefe de fotografía en el Imperial War Museum de Londres.
Aquel fue un gran momento en la historia de la fotografía de guerra, pero ni mucho menos el único en el conflicto de 1914. La revolución técnica en la captación de imágenes no había hecho más que empezar y las nuevas herramientas fueron empleadas para la inteligencia militar, pero también provocaron una incontrolable y fascinante explosión popular, con millones de soldados armados con objetivos, dispuestos a capturar su experiencia íntima de la Gran Guerra. Los millones de imágenes que dejaron tras de sí conforman una historia tan diversa, personal y compleja como la guerra misma, un relato que todavía hoy se sigue revelando e investigando. Por ejemplo, en el Art Gallery de Ontario, donde en 2004 recibieron el legado de un coleccionista que prefiere mantenerse en el anonimato y que donó 495 álbumes de soldados británicos, franceses, alemanes, estadounidenses, rusos, polacos, checos y australianos. En total, más de 52.000 fotos que aún se están catalogando, algunas de las cuales serán expuestas en la muestra The Great War: The persuasive power of photography, que se celebrará este verano en la National Gallery de Canadá. “La mezcla es increíble, con fotos de bases militares, cabarés, aviones o retratos turísticos de soldados paseando entre ruinas en sus días libres”, apunta Sophie Hackett, desde el Art Gallery de Ontario.
Anuncio comercial de la cámara Kodak Vest Pocket Camera
El enfoque que cada país dio a las regulaciones fotográficas a las que estaban sujetos los soldados varió enormemente, pero lo que se mantuvo como una constante en ambos bandos fue la presencia de cámaras entre los combatientes. Lo cierto es que la mecanización de la guerra en aquel brutal conflicto pasa no sólo por las ametralladoras, sino también por los casi dos millones de cámaras de bolsillo que Kodak había vendido en 1918. La Vest Pocket Camera, pronto conocida como “la cámara de los soldados”, fue el modelo que el astuto George Eastman lanzó al mercado  y cuyas ventas se multiplicaron por cinco en tres años. De tamaño reducido y con un estuche ajustable al cinturón, la variante Autograph permitía escribir directamente en el negativo y se anunciaba como el “mejor regalo de partida” que un soldado podía recibir, una herramienta que les permitiría aliviar el tedio de la rutina y, en el futuro, “tener el libro más interesante de todos: su álbum Kodak”. Otros modelos de la competencia como la Ansco Vest Pocket Camera animaban a los soldados a mantener “la puerta de la memoria abierta”, y la Ensignette se publicitaba como “fuerte, fácil de cargar y útil en cualquier circunstancia”.
Los soldados de ambos frentes se lanzaron con entusiasmo a la fotografía, como prueban los millones de instantáneas que capturaron, mandaron a casa, y en muchos casos guardaron en álbumes. En esas páginas se encuentra la incómoda yuxtaposición entre la confraternización de la tropa, y la destrucción y muerte en las trincheras. “Los álbumes reunían fotos de distinta procedencia, no sólo las que ellos habían sacado, sino también otras que compraban o les regalaban”, explica Roberts, coautora junto a Mark Holborn del libro fotográfico sobre el conflicto elaborado con los fondos del museo, The Great War. A Photographic Narrative (Random House). El Imperial War Museum, creado en 1917 para homenajear el esfuerzo de guerra cuando el conflicto aún se libraba, hizo un llamamiento a los aliados para que mandaran imágenes sin importar su calidad. Llegó un aluvión que no ha cesado desde entonces e incluye en la actualidad fotos desde 1850 hasta las tomadas hace apenas 24 horas en Afganistán, según Roberts. “El documento gráfico de los soldados se planteaba como una experiencia personal, ellos no pretendían crear un informe sistemático, sino registrar la gente y los sitios que conocieron”, apunta.
La experiencia bélica, entonces y ahora, incluye también el horror y la brutalidad convertidos en rutina: crudas fotos posando con enemigos muertos. En las imágenes de la I Guerra Mundial de ejecuciones de espías o de cadáveres rodeados de soldados sonrientes en las trincheras enemigas se encuentra un claro antecedente de las instantáneas de la soldado Lynndie England en la prisión iraquí de Abu Ghraib en 2004. Todas ellas entran en la categoría de las llamadas “fotos trofeo”, tan viejas como la presencia de cámaras en el frente. En la Gran Guerra gozaron de una increíble popularidad, convirtiéndose en algo parecido a lo que en el ciberespacio se conoce como un fenómeno viral. "La idea de sacar fotos para degradar y humillar al enemigo no es nueva", apunta Janina Struk, autora de Private pictures: Soldier’s Inside View of War (I. B. Tauris, 2010). “La búsqueda de una visión desde dentro de la guerra no es un fenómeno de la cultura de la realidad del siglo XXI. Pero la cruda brutalidad de la guerra, tan frecuentemente descrita en las fotos captadas por soldados, rara vez ha cruzado el umbral y ha entrado en la conciencia pública”.
Las llamadas "fotos trofeo", para degradar y humillar al enemigo, remiten a las tomadas en 2004 en Abu Graib
Desde el arranque de la Gran Guerra, las autoridades británicas no tuvieron dudas sobre el potencial peligro que implicaban tantos obturadores sueltos. Bajo amenaza de arresto, no se permitía sacar fotos, ni mandar copias a casa ni, por supuesto, carretes. Pero las cámaras estaban ahí y los soldados también; y en casa, la prensa —sujeta a un estricto control gubernamental gracias al Official Press Bureau que fundó Churchill— esperaba ansiosa imágenes del frente. En 1915 arrancaron los concursos de fotografía amateur de guerra en el Daily Mirror, dispuesto a pagar mil libras de entonces por la mejor foto que mandara un soldado; su nombre no se haría público y el periódico correría con los gastos de revelado.
La controvertida propuesta no pretendía ensalzar el arte fotográfico sino obtener las mejores fotos posibles, y pronto fue copiada por la competencia. “Nuestro esquema es simple y directo. Queremos fotos sobre el tema de la guerra y las queremos todos los días”, explicaba el Daily Sketch en sus páginas. Esta carrera por hacerse con las fotos de los protagonistas del combate no se detuvo ni siquiera con la llegada al frente de los dos fotógrafos oficiales, Ernest Brooks y John Warwick Brooke. Miles de instantáneas inundaron las redacciones. “La prohibición de sacar fotos fue ignorada, porque esas imágenes eran el vínculo entre el frente y el hogar y mantenían la moral alta”, dice Struk.
En Alemania, por el contrario, se animó desde el principio tanto a soldados como a civiles a que documentaran gráficamente el conflicto. “Había un sentimiento eufórico y entusiasta por parte de los combatientes y de sus familias. Todos coleccionaban fotos porque querían conservar recuerdos de ese momento que pensaban que sería único y triunfal”, explica el doctor Bodo von Dewitz, coleccionista y experto en el legado fotográfico de esta guerra. “No había censura y hasta 1916 los alemanes tenían una actitud casi naíf respecto de la fotografía. Había un elemento turístico en torno al nuevo hobby y eso se mantuvo, porque muchos soldados apenas habían viajado y en sus diarios e instantáneas resuena ese eco entusiasta. Los británicos, sin embargo, tenían muy presente el valor propagandístico desde el principio, y eran conscientes de que podían ser una fuente para el espionaje enemigo”.
En 1918 se habían vendido casi dos millones de cámaras del modelo portátil comercializado por George Eastman
Von Dewitz comenzó su increíble colección en los años setenta rebuscando en mercadillos y escribió su tesis sobre el tema. Cuenta que cerca de doscientas instituciones oficiales en Alemania tienen estas instantáneas en sus fondos, muchas de ellas desde poco después de que terminara la guerra. Y fue en esos años inmediatamente posteriores cuando las imágenes adquirieron un nuevo significado. “En la década de los años veinte, tanto la derecha como la izquierda echaron mano de las fotos sacadas por los soldados para explicar por qué se perdió la guerra”, dice el especialista. Los nazis difundían las imágenes heroicas; la izquierda mostraba las atrocidades y la destrucción.
Foto postal de la ejecución del patrita italiano Cesare Battisti el 16 de junio de 1916 en Trento. / Colección Dr. Bodo von Dewitz
En el frente alemán, la mayoría de las instantáneas se hicieron en placas de cristal y había una gran infraestructura en el mismo frente para poder imprimirlas, hacer postales y mandarlas a casa. Los cuartos oscuros estaban mucho más controlados en el bando aliado, y así, el uso del que se montó en el buque Queen Elizabeth, por ejemplo, estaba circunscrito a las fotos oficiales. De las clásicas fotos posadas se pasó a las trincheras, al enfrentamiento cara a cara con la muerte. En ellas encuentra Von Dewitz un tono voyerista muy acorde con los valores victorianos que marcaban la moral de la época. También una funesta premonición de las imágenes de cuerpos apilados que llegarían con la Segunda Guerra Mundial. Cuando ese conflicto estalló ya estaban en el mercado las cámaras de 35 milímetros y las revistas ilustradas. La fotografía había avanzado y también la forma en que se contaban las historias a través de ella.
Aunque fue en la guerra de los bóers la primera vez que los soldados llevaron cámaras al frente, la Gran Guerra fue “la primera gran guerra fotográfica”, como apunta Janina Struk. La conservadora del Museum of Fine Arts de Houston, Anne Wilkes Tucker, que rescató varios álbumes para la enorme muestra War/Photograhy el año pasado, añade que aquel fue el primer conflicto con una dimensión global. “En aquella guerra había soldados profesionales, se hizo una cobertura extensa del conflicto. Las imágenes llegaban con celeridad a los medios. Las fotos no tardaban tres semanas como ocurrió con las de James Fenton en Crimea”. Las instantáneas además muestran la vida normal de los soldados, no la de los oficiales como era costumbre en el siglo XIX, cuando los cuerpos y cadáveres eran retirados antes de retratar el campo de batalla. La experiencia real de lo que es una guerra iba colándose en las imágenes de quienes la combatían. “Aquella fue la primera guerra de medios de comunicación de masas, y aunque la técnica era rudimentaria, en ese momento quedaron establecidos los principios y las dificultades a los que los fotógrafos de guerra han hecho frente desde entonces”, añade Hilary Roberts.
Por encima de las diferencias entre un paisaje y otro, entre un tiempo y el siguiente, Janina Struk señala en su libro los temas recurrentes a los que apuntan las cámaras de los soldados, las narrativas extremadamente personales que construyen en sus álbumes, que, como los familiares, no están pensados para el escrutinio público. En el transcurso de su investigación, un tío suyo rescató su álbum de la I Guerra del fondo de un armario, y esas fotos le cortaron el aliento. Más allá de la imagen idealizada de la guerra que a menudo nos llega, en las instantáneas de los soldados se encuentra una cara cruda, real, insólita y humana de una guerra. Concluye Struk que si fueran vistas, podrían poner en tela de juicio la visión autorizada y aceptada que se tiene de las guerras.

TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/23/babelia/1400837649_666497.html

Nuevas fotos de Rimbaud

Por: EL PAÍS26/05/2014
Rimbaud
Arthur Rimbaud, sexto de izquierda a derecha, hacia 1880 en el Hotel Universo. (Publicada en Livres/ADOC-Photos).
Por CAROLINA ETHEL
Dos nuevas fotografías de Arthur Rimbaud, de su época en África, acaban de aparecer en Francia. Este 30 de mayo se pone en marcha un importante termómetro del sector editorial español. La Feria del Libro de Madrid propone deletrear el mundo con los libros que ofrecen las 364 casetas, dispuestas en el Paseo de los Coches del Retiro. Pero hay ciertos libros y documentos que no se pueden hallar en una feria o en una librería. Las bibliotecas más prestigiosas del mundo se esfuerzan por hacerse con colecciones únicas, como los archivos personales de los escritores consagrados. La de la Universidad de Texas, que ya custodia los documentos de Julian Barnes, J. M. Coetzee o Doris Lessing, acaba de anunciar la adquisición del voluminoso archivo de Ian McEwan. Princeton no se queda atrás. La biblioteca que atesora los acervos de los escritores del ‘Boom’ y generaciones posteriores, por fin abrió las cajas que desde 1995 guardan la correspondencia entre Carlos Fuentes y sus entrañables amigos. La Biblioteca Británica, por su parte, ha abierto una web en la que se pueden consultar más de mil documentos originales –algunos libros ilustrados de William Blake o los cuadernos de notas de Charlote Brontë, por ejemplo– de los que son orgullosos depositarios. El objetivo es apelar a la curiosidad que generan los objetos íntimos y secretos de los archivos personales, para abrir el apetito por la lectura.
FRANCIAEl librero francés Jacques Desse ha dado a conocer dos nuevas fotografías de Arthur Rimbaud en el número 57 de la revista Historias Literarias. Las imágenes, junto a varios  documentos,  habían sido guardados celosamente por Paul Claudel desde 1917, cuando los recibió como legado de la hermana del escritor. Se trata de las copias mejor conservadas de los dos famosos retratos que le hizo Etienne Carjat en 1871.  Desse, que lleva varios años analizando el archivo de la familia Rimbaud y de Paul Claudel, también acaba de ver confirmada la autenticidad de otro retrato del poeta, que descubrió junto a Alban Caussé en un mercadillo de París. La Universidad Claude-Bernard de Lyon publicó recientemente los resultados del estudio de la fotografía en la que aparece Arthur Rimbaud hacia 1880 en su nueva vida como comerciante en África. Las pruebas biométricas indican que hay un 92% de probabilidad de que el joven de bigotes de la derecha sea el poeta, ya convertido en mercader.
Uno de los expertos consultados sobre la autenticidad de la foto es Jean-Jacques Lefèrere, doctor en hematología, escritor y reconocido estudioso de Rimbaud. Lefrère acaba de publicar el cuarto de una serie de siete tomos que recoge no sólo los documentos, correspondencia y artículos firmados por el poeta, también recupera el material que se ha generado alrededor de su biografía y su obra hasta 1935, más de 50 años después de su muerte.  En entrevista con Le Nouvel Observateur, el médico de Rimbaud explica el método empleado en la operación que le ha permitido juntar y analizar más de 10.000 páginas, sin descuidar su cargo de director del Instituto Nacional de Transfusión de Francia.
ESPAÑALa Feria del Libro de Madrid que empieza este 30 de mayo nos permitirá comprobar si el ligero aumento de ventas de la pasada edición es una tendencia o un espejismo. Tras el desplome del 29% entre 2011 y 2012 saltaron las alarmas. Winston Manrique alertaba sobre la poca afluencia de público y recogía las opinión de libreros, editores, autores y lectores, que coincidían en reforzar la programación cultural y académica. Sin perder su espíritu comercial, la Feria volvería a ser una herramienta de promoción de la lectura. En 2013, la programación se extendió a otros escenarios dentro y fuera de El Retiro, el público volvió y la Feria cerró con una facturación de más de siete millones de euros, un 9,4% más con respecto a 2012. Este año, el lema de la Feria es ‘Deletrear el mundo’ y una de las propuestas es promover el debate alrededor de la Primera Guerra Mundial, de la que se conmemoran 100 años este 2014. Se espera la presencia de autores de Alemania, Italia y Francia. Para animar la lectura, la FLM ha publicado una guía sobre las novedades editoriales, que ya está disponible en su web.  Además de las tradicionales firmas de libros, la FLM se suma al centenario de Octavio Paz con una lectura de poemas y también celebrará la poesía de Jorge Gillén, al cumplirse treinta años de muerte.
El ex presidente Felipe González y los escritores Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards y Enrique Krauze recordarán a Octavio Paz este martes 27 de mayo en el Coloquio internacional 'Siglo XXI, la experiencia de la libertad, que se celebra en Casa de América en Madrid.
Georgina Hübner era un personaje literario al que le faltaba su novela. El escritor santanderino Juan Gómez Bárcenas viene a saldar esa deuda con El cielo de Lima (Salto de Página).  Bárcenas reconstruye el romance epistolar entre Juan Ramón Jiménez y la admiradora peruana a la que Jiménez dedica la triste elegía Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima. “Solo se conservan cinco cartas: las dos primeras que manda Georgina y la primera respuesta de Juan Ramón y la última de Georgina y un fragmento de la última de Juan Ramón”, señala Bárcenas en un artículo del domingo pasado en EL PAÍS. Años después de la “repentina muerte” de la musa de Jiménez, se supo quelos verdaderos autores de las cartas de Georgina eran Carlos Rodríguez Hübner y José Gálvez Barrenechea, dos fanáticos del escritor español, que sólo querían que les enviara sus libros.
REINO UNIDOLa Biblioteca Británica ha liberado más de mil documentos originales en la página web Descubriendo la literatura.  Esta colección incluye una edición deliciosamente ilustrada de Cantos de inocencia, de William Blake, publicado en 1789; el manuscrito original de Jane Eyre, de Charlote Brontë; una primera versión de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde; o el inquietante retrato del actor Richard Mansfield en el que el fotógrafo Henry van der Wayde consigue que interprete a la vez al Dr. Jekyll y a Mr. Hyde. Mansfield protagonizó la adaptación al cine de la novela de Robert Louis Stevenson, un año después de su aparición en 1886.
INDIAUna joven camada de escritores indios, acuden a las historias cotidianas y al lenguaje más simple –el que se habla en la calle–, para conquistar a millones de lectores. The Indu destaca a Durjoy Datta, Ravinder Singh, Sachin Garg, Nikita Singh y el escritor más popular en Bollywood, Chetan Baghat –Su novela, Los del cinco y pico fue editada en España por Barracuda en 2010–. Baghat promociona por estos días en Londres la película 2 estados, basada en los detalles de su experiencia matrimonial interétnica con una mujer Tamil.  El autor de 39 años ha firmado siete novelas, cuatro películas más y otras historias para televisión. En una entrevista con The Guardian, Baghat explica que el inglés no es su lengua nativa, pero tampoco es la de sus lectores: “Ellos pueden hablarlo pero no piensan en inglés. Por eso el inglés de la India es un poco simpático, porque usan la gramática hindi.  Ese es el lenguaje que uso en mis diálogos, porque suena real”. Despreciado por Rushdie y seguido de reojo por la intelectualidad india, lo cierto es que el ‘hinglish’ de Baghat  ha vendido más de 7 millones de copias, ha abierto el camino a una generación de escritores y ha despertado el apetito lector de una población que va integrando el inglés como una lengua habitual.
ESTADOS UNIDOSEl escritor inglés Ian McEwan acaba de entregar al Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, un voluminoso archivo que documenta pasajes de su vida y de su trabajo creativo. Cartas, fotografías, borradores de su puño y letra plagados de anotaciones, que reconoceremos en algunas de sus novelas publicadas y seguramente en otras por aparecer; y que, seguramente, animará a los estudiosos a escribir páginas infinitas de análisis y de ficción. McEwan se lleva por adelantado cerca de 1.5 millones de euros. En una entrevista concedida al Ransom Center, McEwan recuerda el placer “casi sensual” que le produjo tocar el cuaderno con los apuntes de una jovencísima Jane Austen o pasar las páginas del manuscrito de La Metamorfosis, que se conservan en la Bodleian Library, de Oxford. Ahora sus lectores podrán rastrear la evolución de Amsterdam, desde su primera versión –de su puño y letra en un cuaderno de espiral-, seguida de galeradas con anotaciones y fechas. También los cuadernos donde se empezaron a contar las historias de Expiación, Sábado o En Chesil Beach, todas publicadas en español por Anagrama. Además de un buen número de cartas de sus amigos, los escritores Christopher Hitchens, David Lodge, Harold Pinter, Philip Roth o Salman Rushdey, el autor ha entregado también su correspondencia electrónica desde 1997.
Otras cientos de cartas, entre el escritor mexicano Carlos Fuentes y algunos de sus más cercanos amigos, los escritores Octavio Paz, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez, también podrán ser consultadas próximamente en la Biblioteca de la Universidad de Princeton. La correspondencia, que incluye misivas de Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Norman Mailer o María Ramírez, forma parte del archivo personal de Fuentes que la universidad adquirió en 1995. A petición del autor, las dos cajas que la contenían, deberían permanecer selladas hasta dos años después de su muerte. Un plazo que terminó el pasado 15 de mayo. El diario Excelsior analiza la intensa correspondencia de Fuentes y sus amigos entre 1950 y 1993, en la que comentan con entusiasmo sus obras y se identifican con reclamos sociales vigentes aún, como el escaso apoyo a la cultura o la censura de libros.
TOMADO DE :  http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2014/05/nuevas-fotos-de-rimbaud.html

viernes, 23 de mayo de 2014

El testigo

Harry Kessler, millonario cosmopolita, sucumbió al entusiasmo guerrero en 1914

Los diarios de Harry Kessler se encontraron en una caja de seguridad en Mallorca en 1985.
En 1985, en una sucursal bancaria de Mallorca, el director supervisó la apertura de una caja de seguridad cuyo alquiler de cincuenta años había expirado, sin que nadie viniera a hacerse cargo de su contenido. Al cabo del tiempo se había extraviado hasta el nombre de su titular, que debió de alquilarla hacia el principio de la guerra civil española. En el interior se encontraron varias docenas de volúmenes de diarios encuadernados en piel, escritos en alemán e inglés con una letra pequeña y legible, la escritura meticulosa de quien lo ve todo y lo anota todo. El descubrimiento no llamó la atención en España, pero en el mundo de habla alemana fue una conmoción. Lo que había aparecido en esa caja de seguridad en Mallorca eran los diarios que el conde Harry Kessler había escrito desde los 12 años, en 1890, hasta unos días antes del final de la Gran Guerra, a principios de noviembre de 1918. De Kessler se conocían hasta entonces sus diarios de los años de la República de Weimar, que son un monumento histórico y literario incomparable, porque Kessler fue una de esas personas que combinan una capacidad de atención y una curiosidad desusadas y un puesto de observación privilegiado. Era un aristócrata alemán que se había educado en Inglaterra y en Francia, un miembro de la clase dirigente imperial que se comprometió con la República, una figura de la alta sociedad y de la política apasionado por el arte moderno y el teatro de vanguardia. En Londres frecuentó a H. G. Wells y a Bernard Shaw, aparte de a la familia real; en París fue amigo de Maillol, de Rodin, de Matisse, de Bonnard, y trató a algunos de los mismos personajes que inspiraron a Proust: la condesa Greffulhe, de quien procede el perfil de pájaro y la belleza altiva de la duquesa de Guermantes; el vizconde de Montesquieu, modelo del barón de Charlus. En 1906 estuvo en el estreno de la Salomé de Richard Strauss, y en 1913, en el todavía más escandaloso de la Consagración de la primaverade Stravinski.
Cuando se publicaron en inglés los diarios de la época de Weimar, W. H. Auden escribió que el conde Harry Kessler era la persona más cosmopolita que había vivido nunca. En 1896, con 28 años, heredero de una gran fortuna tras la muerte de su padre, había dado la vuelta al mundo. En 1937, cuando hizo las últimas anotaciones en el diario, vivía en el exilio y estaba arruinado y enfermo, con una sensación de acabamiento de mundo que se parecería a la que llevó al suicidio a otro de los grandes testigos de entonces, Stefan Zweig. El libro, que se titula en inglés Berlin in lights, es una lectura devastadora, intoxicadora, que no da respiro y no puede dejarse; el testimonio, día tras día, de cómo en ciertas épocas acaba sucediendo infaliblemente lo peor, de las esperanzas racionales que se frustran y las posibilidades inverosímiles de tan monstruosas que sin embargo llegan a cumplirse, de la derrota o el asesinato de los mejores y los decentes y el triunfo de los demagogos y los criminales, de las capitulaciones por adelantado que despejan el camino a los bárbaros.
El Kessler de esos años es un humanista y un demócrata, un internacionalista exasperado por la inoperancia de la Sociedad de Naciones, un europeo que asiste a la confluencia entre el resentimiento alemán por la derrota en la guerra y la estúpida política de represalias ejercida por los vencedores, Francia sobre todo. Igual que Zweig, que Freud o Thomas Mann, Kessler da testimonio y alza en el desierto su voz de racionalidad, de sentido común.
En su diario anotaba con perfecta frialdad las represalias atroces del Ejército alemán contra civiles belgas desarmados
Por eso es tan aleccionador, y desasosiega tanto, comprobar en ciertos pasajes de los diarios encontrados en Mallorca que hasta una persona sensata, templada y cosmopolita como Kessler también había sucumbido, en 1914, a ese entusiasmo imbécil por la guerra que atravesó Europa en las vísperas inmediatas de la carnicería. La irracionalidad de los irracionales, la brutalidad de los brutales, el fanatismo de los fanáticos, nos dan mucho miedo. Pero yo creo que lo que da más miedo de verdad es ver lo fácilmente que una persona racional en casi todo abraza de golpe ideas irracionales, o un civilizado se vuelve bárbaro y brutal de la noche a la mañana, o alguien disciplinado en el método científico es capaz de aceptar con los ojos cerrados lo que evidentemente no tiene pies ni cabeza. El conde Harry Kessler, que en la primavera de 1914 todavía circulaba con plena desenvoltura por los salones, las galerías de arte, los teatros de París y de Londres, en agosto se extasiaba con las noticias sobre la movilización y el estallido inmediato de la guerra, y unos meses más tarde participaba con su regimiento en la invasión de Bélgica, y anotaba en el diario con perfecta frialdad las represalias atroces del Ejército alemán contra civiles belgas desarmados. El entusiasmo estético que poco antes le despertaban los ballets rusos o la pintura de Matisse ahora lo disfrutaba contemplando los despliegues militares. Su cosmopolitismo palidecía de pronto ante la vehemencia de su fervor patriótico: “Estas primeras semanas de guerra han revelado algo que estaba en las profundidades desconocidas de nuestro pueblo alemán, algo que solo puedo comparar con una sincera y alegre espiritualidad. La población entera se ha transformado y forjado en una forma nueva. Esta es ya la ganancia impagable de esta guerra; y haberla presenciado será una de las grandes experiencias de nuestras vidas”.
El gran esteta ve pueblos incendiados, montañas de cadáveres, personas inocentes ejecutadas en actos de represalia, caballos reventados de los que se derraman vísceras comidas por las moscas; ve a un oficial de artillería dirigir por teléfono el bombardeo de una ciudad y piensa con satisfacción que parece un inversor dando instrucciones a su agente de Bolsa; ve columnas de refugiados huyendo por los caminos y dispersándose cuando se acerca el motor de un avión que les lanzará bombas o los ametrallará; admira la gallardía de un general mandando desde muy lejos a sus tropas a la matanza y encuentra en él las mismas virtudes alemanas que en un gran director de orquesta. Lee un ensayo “bello y profundo” del filósofo Georg Simmel sobre la “transformación interior de Alemania”, sobre el “hombre nuevo” que nacerá de la guerra, y asegura que ese empeño místico es el mismo que lo inspira a él. Etcétera.
Pocos espectáculos hay más penosos que el de un intelectual emocionado estéticamente y filosóficamente por la eliminación de seres humanos. En Francia casi nadie más que Jean Jaurès levantó su voz contra el disparate de la guerra, y se apresuraron a matarlo. En el mundo de habla alemana uno de los pocos que mantuvieron en todo momento la lucidez y la templanza en medio del gran delirio fue Albert Einstein. Si personas en general íntegras y admirables adoptan a veces posturas insensatas y participan con entusiasmo en la celebración de la catástrofe, quién puede sentirse a salvo de secundar la estupidez o de aceptar el crimen. En la amargura ilustrada de Harry Kessler habría al final un fondo de remordimiento.
www.antoniomuñozmolina.eshttp://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/21/babelia/1400686319_450455.html

TOMADO DE:

jueves, 22 de mayo de 2014

Música

El saber hacer de Charles Aznavour

Día 22/05/2014 - 18.04h

El mítico cantante francés celebra su 90 cumpleaños subiéndose a los escenarios. El próximo 26 de junio actuará en el Liceo de Barcelona

Charles Aznavour, que ahora celebra sus 90 años subiéndose de nuevo a los escenarios, con cita en el Liceo de Barcelona el próximo 26 de junio, es de abajo arriba una milimétrica anatomía sin desperdiciar, un tipo humano que podía bien ser Napoleón Bonaparte, Antonio Gramsci o Winston Churchill, gobernador a su manera de un imperio más o menos imaginario.
En el caso de Charles Aznavour, el imperio es el del amor y sus desastrosos resultados. Canta el poeta en «Il Faut Savoir»: «Hay que saber ocultar la pena bajo la máscara de todos los días. Y retener los gritos de odio que son las últimas palabras del amor. Hay que saber mantenerse como hielo. Y callar un corazón que ya muere. Hay que saber ocultar la cara. Pero yo, mi corazón, te amo demasiado».
Quien diga que Charles Aznavour era un romántico, así sin más, sencillamente no acierta en la diana. Miro los singles de aquel 1961, el año de «Il Faut Savoir», y encuentro a un compatriota suyo ganando aquel año Eurovisión. Jean Claude Pascal obtiene el primer premio con «Nous, Les Amoureux». En el mismo single «Toi», de Boris Vian y «Les Oubliettes» de Serge Gainsbourg. Hay otros cantantes peleando por ocupar los primeros puestos en las listas de las revistas francesas de la época, como Cash-Box. Así Alain Barriere con «Elle était si jolie» o «Ma Vie». O Gilbert Bécaud, su antiguo compañero.
Pero el gato al agua se lo llevó el mensajero de la chanson française con pinta de espía, al estilo de Bogart, el de los singles que llegaban a España recién terminados los años cincuenta editados en San Sebastián, de a cuatro canciones para Barclay (Columbia), que nos engatusaban haciéndonos soñar con lo triste que debía estar Venecia y con lo que nos estábamos perdiendo en la colina de Montmartre, dando patadas a algún gato y todo por la vida de «La Bohême», siempre «acompañado por Paul Mauriat y su orquesta». Al calor de la fraternité que cantara Aznavour sobre poema de André Salmont.
El nostálgico Aznavour que hoy con 90 años toma de nuevo los escenarios de Europa es el mito viviente del que ya hablara Alain Milhaud, el mismo que representara «Monsieur Carnaval» en el teatro del Châtelet de París: «Poeta de la autenticidad y la sinceridad, de los largos años de lucha, de miseria y desesperación», que expresan un hombre que vivió intensamente la vida.

Discografía básica de Charles Aznavour

domingo, 18 de mayo de 2014

Cultura

Unamuno frente a la dictadura

Día 18/05/2014 - 20.49h

Durante el gobierno de Primo de Rivera, el escritor y filósofo bilbaíno recuperó su liderazgo intelectual

En la segunda década del siglo XX, Ortega había logrado desplazar a Unamuno de un liderazgo intelectual asentado en la capacidad de agrupar a los integrantes de una nueva generación, más atenta a las propuestas de reforma política de lo que pudieron estarlo los hombres del 98. Sin embargo, en torno a Unamuno continuaba existiendo la fascinación que provoca el ejemplo personal, la densidad de un alma atormentada al hacerse preguntas fundamentales que no se refieren solo al destino de la comunidad política, sino a la esencia de la nación y a la condición elemental del hombre. Cuando se produjo el golpe de Estado de septiembre de 1923, Ortega estaba dedicado a las tareas de observación distanciada de la realidad que reflejaban su talante intelectual y que encontraron su mejor identidad en el título que fue dando a sus colecciones de ensayos: «El espectador».
Unamuno nunca fue analista que tomara tiempo y espacio para comprender la realidad, sino singular militante de una pasión por España, buscador de las entrañas dolorosas y fértiles de nuestra patria, persona dispuesta entera a arriesgar su corazón y su trabajo en la tarea de encontrar la raíz de nuestro carácter. Ese compromiso con su gente; ese esfuerzo por hacer que el país se incorporara sobre su propia dignidad cívica; esa protesta airada contra todo signo de decadencia, se sumaban a su lealtad a una España permanente, a su queja por la pérdida de vigor nacional que nos convertía en pura masa gregaria que no merecía llamarse pueblo.
Por ello, si resulta difícil imaginar a Ortega o a Azaña rebuscando en la poesía el modo mejor de expresar su angustia de hombre y su desarraigo, a Unamuno nos lo topamos fácilmente en el solar de la creación lírica con el espíritu en carne viva y la solitaria sinceridad que exige la inspiración poética. El compromiso de Unamuno con España no admite sosiego porque deriva de su honda preocupación por la vida, por la defensa del hombre cristiano, consciente de su libertad que no depende de política alguna, sino de su condición de criatura redimida por Cristo.
El Unamuno siempre con la mirada en el «hombre de carne y hueso» es el intelectual que, en el momento en que la historia prepara el terrible holocausto de la cultura occidental, defiende la dignidad intangible del individuo en el que alienta un alma inmortal. Para el filósofo bilbaíno cuyo liberalismo no era la defensa de un mero andamiaje institucional, sino el respeto indeleble a la integridad de la persona, España debía aspirar a formar una comunidad basada en los valores emancipadores del cristianismo. El misticismo unamuniano que despertaba la sonrisa condescendiente de Ortega estaba muy lejos de tentaciones frailunas o de actitudes religiosas formales. Era la muestra de un compromiso radical con la salvación del hombre, que Unamuno solo podía entender como proyección del individuo en la sociedad y respuesta responsable a los problemas de la afligida nación.

Contra la dictadura

En la dictadura de Primo de Rivera, Unamuno recupera un liderazgo cedido a los intelectuales más implicados en la reforma política de la década anterior. Su protesta no es de coyuntura, ni de apoyo a un partido. Es denuncia ante lo que considera un atropello, ante la desvergüenza de un discurso que pregona la excepcionalidad de la situación, ante lo que significa un verdadero insulto a la inteligencia de los españoles.
Ni siquiera su profundo desprecio por la clase política de la Restauración hace que Unamuno calle ante la nueva coyuntura. Convertido en un referente para los opositores, también lo es para el gobierno. El confinamiento en Fuerteventura y el destierro en Francia hacen del escritor la voz de una actitud insólita: la del hombre entero que integra su protesta contra la Dictadura en una reflexión sobre la religión de los españoles y la decencia del patriotismo. «La agonía del cristianismo» la redactará en el mismo momento en que sus versos y su narrativa, sus panfletos y artículos responden contundentemente a la crisis de España y a la voluntad de instaurar un ideal supremo de libertad política, entendida como justicia y respeto al prójimo : «Al defenderme atacando -dirá en carta al intelectual peruano José Carlos Mariátegui en 1926- defiendo el alma eterna y universal de mi pueblo».
Unamuno exalta la inteligencia y sensibilidad de España cuya ansia de tradición modernizada resulta del todo incompatible con la tiranía. Más allá de un Primo de Rivera, posiblemente honesto pero víctima de su despecho por no haber sabido encajar las críticas de sus opositores, la sociedad vive un penoso desencuentro que llevará en sus entrañas la catástrofe de la década siguiente. Unamuno se enfrenta al régimen desde lo que considera la verdadera esencia de la cultura española: «Escribo estas líneas mientras mi España agoniza, a la vez que agoniza en ella el cristianismo. Quiso propagar el catolicismo a espada…y a espada va a morir. La agonía de mi España es la agonía del cristianismo».
Con la experiencia de la Dictadura, Unamuno lanzará el postrer grito patriótico que recibirá el apoyo general de los intelectuales liberales. Por última vez, el alegato del ya sexagenario profesor quiere conectar la angustia del 98 con las severas advertencias de un abismo que España ha de evitar. La evocación de la fe antigua y renovada de nuestros padres le sirve al atormentado filósofo para invocar el despertar de una nación cuyo sentido cristiano no quiere confiar a los intolerantes sino a los hombres plenamente libres. Uno de sus poemas lo manifiesta con singular belleza, mezclando la llamada a las armas de la Marsellesa y la invocación al Dios en el que España ha creído durante siglos: «Padre nuestro que estás en los cielos,/pon en marcha a los hijos de España».

viernes, 16 de mayo de 2014

Canallas que persiguen a canallas

Por: | 15 de mayo de 2014
Yampolsky
Reunión de escritores soviéticos en Dubulti (Letonia), en agosto de 1965. Yampolski está en la fila central (cuarto por la izquierda). El primero por la derecha en esa misma fila es Konstantínovski, con gorra blanca. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER
"Me siento como en un réquiem encargado para mí mismo". Quien escribió con semejante amargura fue el autor ruso de origen judío Borís Yampolski (1912-1972), que contó lo que contemplaba en las reuniones que la Unión de Escritores de la URSS celebró a finales de los años cuarenta y a las que él, como otros muchos, acudía invitado. Eran unas citas en las que, como en un proceso kafkiano, los jerarcas de las letras podían ensalzar a un novelista, con los consiguientes beneficios materiales, como un piso, o señalar a un poeta para convertirlo en un olvidado y que sus obras no se difundieran.
Durante años, Yampolski reunió apuntes, retazos de aquellos cónclaves en un manuscrito inacabado llamado Asistencia obligada, que confió poco antes de morir de cáncer a su amigo, el también escritor Ilyá Konstantínovski (1913-1995). Este añadió a las notas de Yampolski sus impresiones para dar forma a un libro que no vio la luz en la Unión Soviética hasta 1990 y que ahora, por primera vez, se ha publicado en España (Ediciones del Subsuelo).
"La Unión de Escritores de la URSS era un gremio al servicio de una causa e impartía directrices sobre la misión que debía tener la literatura", explica el prologuista y traductor de la versión española, Enrique Fernández Vernet. "El objetivo era difundir los valores que inspiraron la revolución socialista". Yampolski recogió, "con un estilo descriptivo, de muchas anécdotas y metáforas", lo que veía en aquellos encuentros de ambiente asfixiante, "en los que permanecía agazapado en la última fila".
El novelista recurre en ocasiones a la animalización de los asistentes, "como si fuera una fábula", dice Fernández Vernet, porque los hombres dejaban de ser hombres y se comportaban como animales: "Reuniones de gallinas, de ciempiés, de mariquitas, reuniones de pulgones". El prologuista destaca "las cualidades literarias de Yampolski". Un ejemplo son las descripciones de lo que observaba en la sala: "Un ovillo de figuras humanas, de calvas, cabelleras, narices largas, de rostros dentudos [...] diminutos y esmirriados, como peras en compota, larvas apergaminadas, como moscas adheridas a tiras engomadas, carirredondos y de rojos carrillos".
Nacido en la actual Ucrania, Yampolski fue un escritor precoz que con 15 años dejó su pueblo para ser periodista y con apenas 20 publicó sus primeros ensayos. Durante la Segunda Guerra Mundial fue enviado especial del periódico militar Estrella Roja y, después, del oficial Izvestia. Contó la guerra y combatió.
Yampolsky_BorisRetrato de Yampolski. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER
Tras el conflicto, sus muestras de desencanto hacia el estalinismo, aunque no llegasen al enfrentamiento con el régimen, bastaron para su caída en desgracia. "No se puede decir que fuera perseguido pero dejaron de publicarse sus obras", señala Fernández Vernet.
La puntilla llegó en 1968, cuando el partido lo amonestó por su defensa del denigrado novelista Andrei Platónov, cuyas obras seguían sin editarse a pesar de que llevaba más de tres lustros bajo tierra. Yampolski escribió un alegato, leído en una velada de escritores y filtrado después a las autoridades, que fue considerado "calumnioso e ideológicamente nocivo". Yampolski escribe cada vez más "para el cajón", sus libros ni se censuran, sencillamente no interesan. Harto del clima de persecuciones a grandes figuras, escribirá: "Y nuevos canallas hostigan abiertamente a otros canallas que en su día habían perseguido a personas íntegras".
Sus últimos años son los de un hombre enfermo "que sentía amargura por lo injusto de la vida". Fernández Vernet cuenta que hubo días que al acabar su tarea de traducción del original sentía "la tristeza de la vida de Yampolski, muy quemado porque había visto que no se reconocía a los mejores escritores, sino a los que medraban por su relación con las autoridades. Ni siquiera tuvo la resonancia de los grandes disidentes, como su amigo Vasili Grossman, o Solzhenitsyn". En la edición de este libro se incluye precisamente Último encuentro con Vasili Grossman, texto de Yampolski de 1969 que no se publicó hasta 1976 y en el que cuenta una visita al célebre autor de Vida y destino y su entierro, rodeado de algunas plañideras que en vida le habían traicionado.
Asistencia obligada contiene también un útil "índice de autores rusos y soviéticos" de los siglos XIX y XX. Desde Isaac Bábel, víctima de la purga estalinista; el perseguido Mijaíl Bulgákov, el marginado Borís Pasternak y, en el otro lado, vates como Anatoli Sofrónov, antisemita, estalinista y autor de un sonrojante Himno al látigo.
TOMADO DE: http://blogs.elpais.com/historias/2014/05/canallas-que-persiguen-a-canallas.html