LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

jueves, 31 de julio de 2014

Libros

Hoy hace 70 años de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry

Día 31/07/2014 - 04.12h

La desaparición del escritor en un vuelo de reconocimiento en el Mediterráneo estuvo rodeada de misterio. Su célebre obra «El Principito» ha sido traducida a más de 250 idiomas

Hoy se cumplen 70 años de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry. Ocurrió el 31 de julio de 1944, cuando se perdió la pista del autor de «El principito» por el Mediterráneo. El escritor, que era además un piloto experimentado,realizaba un vuelo de reconocimiento a bordo de un Lockheed Lightsning P-38 en la recta final de la Segunda Guerra Mundial.
Su cuerpo, perdido en la inmensidad del mar, cerca de las costas de Marsella, nunca se encontró. A lo largo de los años, se ha especulado mucho en torno a su misteriosa desaparición. Algunos incluso se atrevieron a aventurar un suicidio del escritor, pero con el tiempo fueron descubriéndose los detalles. En 1998, un pescador encontró entre sus redes una pulsera de oro con el nombre de Antoine de Saint-Exupéry y unos años después, un submarino rescató del fondo del mar los restos del avión que él pilotaba (restos que pueden verse en el Museo del Aire de Le Bourget, cercano a París).
Secuencia tomada con una fotoametralladora de la caída del avión de Saint-Exupéry
Pero no sería hasta 2008 cuando se conseguiría cerrar el capítulo sobre la muerte del escritor. El piloto alemán Horst Rippert declaró ese año a un periódico francés que era el autor de los disparos que derribaron el avión. Él mismo había visto caer la aeronave al agua, aunque no sabía que habría pasado con quien iba dentro y aseguró que «de haber sabido que era Saint-Exupéry, no habría derribado ese avión».

Escritor en tiempos de guerra

Las experiencias como piloto fueron en la mayoría de las ocasiones la fuente de inspiración de Saint-Exupéry para sus obras. Nació en 1900 y su afición por la aviación ya se mostraba desde pequeño. Estudió Bellas Artes y aprendió el oficio de piloto durante su servicio militar en la aviación, aunque se dedicó a diversos oficios, entre ellos el de escritor.
En 1926 publicó su primera novela breve «El aviador» y consiguió un contrato como piloto de línea para una sociedad de aviación. Desde ese momento, cada una de sus experiencias se verían reflejadas en sus obras, como el accidente aéreo en el desierto del Sáhara que inspiró su obra «Tierra de hombres» y ganó numerosos premios en Francia y Estados Unidos. También escribió «Piloto de guerra» (1942) o «Carta a un rehén», entre otras obras. En Nueva York dedicó parte de su vida a un retiro literario en el que escribió «El Principito», en 1943.
Ese mismo año se incorporó a las fuerzas francesas en África del Norte y retomó las misiones desde Cerdeña y Córcega. Fue entonces cuando se encauzó en la que sería su última misión...

Las adaptaciones del «Principito»

La fábula infantil ilustrada por él mismo fue la que le dio la fama mundial a Antoine de Saint- Exupéry. Inspirado en su accidente en el desierto, su propia experiencia le llevó a crear el argumento de «El Principito».
Hoy hace 70 años de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry
Una de las ilustraciones de «El Principito»
La fama del libro aumentó tras su muerte y hoy en día es el libro en francés más leído y traducido. Son más de 250 los idiomas en los que es posible leer la obra, y también se encuentra en el sistema braille. El último idioma en sumarse a esta larga lista, coincidiendo con el aniversario de la muerte del autor, ha sido el otomí, una lengua indígena del Valle del Mezquital, en México.
A lo largo de estos últimos setenta años la historia del Principito se ha llevado al cine, a series animadas, obras de teatro, musicales; incluso el pasado mes de julio se ha inaugurado el primer parque temático sobre el personaje, «Le Parc du Petit Prince» en la región de Alsacia, en Francia. 
TOMADO DE:  http://www.abc.es/cultura/libros/20140731/abci-aniversario-muerte-antoine-saint-201407301722.html

sábado, 12 de julio de 2014

El talento perdido de la Segunda Guerra Mundial

Día 12/07/2014 - 06.03h

En el 70 aniversario de la muerte de Saint-Exupéry, la Cultura añora a los artistas desaparecidos en el conflicto

De entre todas las consecuencias negativas de una guerra siempre se pone de relieve el número de víctimas y las generaciones perdidas. Es decir, los fallecidos y los no nacidos por culpa del conflicto y su posterior miseria. En el caso de la cultura, la Segunda Guerra Mundial no solo fue devastadora con las obras de arte, sino con varios nombres que estaban llamados a hacer grandes cosas en el cine, la literatura o incluso el deporte.
La más recordada de estas pérdidas será la de Antoine de Saint-Exupéry, autor de «El principito» y de cuya muerte se cumple este mes 70 años. El escritor francés era conocido por su manejo de las aeronaves, una afición que reflejó en algunas de sus obras más celebradas, pero aquel 31 de julio de 1944 todo salió mal.
El talento perdido de la Segunda Guerra Mundial
Saint-Exupéry era un piloto experimentado pero, como recoge esta secuencia captada desde la aeronave enemiga, su avión fue derribado
Saint-Exupéry despegó de la isla de Córcega a bordo de un Lockheed P-38 para fotografiar posiciones enemigas al este de su Lyon natal. Se trataba de un vuelo de reconocimiento en el tramo final de la Segunda Guerra Mundial, pero nunca más se supo: su avión se perdió en el Mediterráneo, cerca de las costas de Marsella.

«La primera mujer»

También en un accidente aéreo, aunque en circunstancias bien distintas, perdió la vida la actrizCarole Lombard. En el libro «Ser o no ser. Ernst Lubitsch: guía para ver y analizar» (Octaedro), Manuel Moreno Díaz y Juan Manuel Rodríguez Pachón definen a Lombard como una intérprete «estandarte de elegancia, sensualidad, inteligencia y picardía. Una de las grandes de la comedia». En esta ocasión, el destino y el ambiente prebélico hicieron que su avión se estrellara 16 de enero de 1942 en las montañas de Nevada.
Estados Unidos aún no había entrado en la guerra –faltaban dos meses para el ataque sobre Pearl Harbor–, pero ella venía de participar en una gala que recaudó fondos contra los nazis. El entonces presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt, la consideró como la primera mujer fallecida en la guerra, pese a que aún no se había entrado de forma oficial en el conflicto. El avión como medio de transporte estaba aún por perfeccionar, y también le costó la vida al músico de jazz Glenn Miller, que tenía el rango de Mayor en el ejército norteamericano y desapareció sobrevolando el Canal de la Mancha.
Más allá de la muerte de Saint-Exupéry, las letras europeas perdieron a otros autores como Ana Frank o Janusz Korczak. La primera, de origen judío y de sobra conocida por el diario que lleva su nombre, estuvo dos años y medio ocultándose de los nazis. Acabó muriendo de tifus en el campo de concentración de Bergen Belsen semanas antes de ser liberado.
El segundo, Janusz Korczak, era un conocido pedagogo, escritor y activista cuya historia aparece en libro «El pianista de Varsovia», de Wladyslaw Szpilman. Korczak estaba al frente de un orfanato judío que fue evacuado al campo de concentración de Treblinka. Aunque tuvo la oportunidad de salvarse, no quiso abandonar a los niños. Durante el trayecto y la estancia en Treblinka maquilló con buenas palabras –al más puro estilo de «La vida es bella»– aquella realidad que acabó con todos en la cámara de gas.

Un sobrino «rojo»

El caso de Esmond Romilly trasciende todo lo anterior. No se dedicó a la cultura, no era judío, pero su influencia provocó una escena para la historia. Conocido como el sobrino «rojo» de Churchill, Romilly estaba casado con Jessica «Decca» Mitford, perteneciente a una de las familias nobles más importantes de Reino Unido.
También de buena familia, él era un declarado antifascista que combatió primero en la Guerra Civil española. En pleno conflicto, Mitford se quedó embarazada y Churchill envió un destructor al puerto de Bilbao para llevarles de vuelta a Reino Unido, después de que el padre de «Decca», el barón de Redesdale, se lo suplicara al «premier» británico. Ellos no quisieron regresar y emigraron a Estados Unidos, donde Romilly, fiel a sus principios, combatió para los aliados en la Segunda Guerra Mundial, perdiendo la vida en un accidente de avión.
Fue entonces cuando surgió una espectacular anécdota que la propia Jessica Mitford recogió después en su libro «Nobles y rebeldes» (Asteroide). A Mitford le costaba asumir que su marido no iba a volver, y Churchill quiso reunirse con ella en la Casa Blanca. En aquella conversación le ofrecieron trabajar para el embajador inglés en Estados Unidos: la idea era garantizar su futuro ahora que se había quedado viuda. Ella se negó, cogió el fajo de billetes y lo arrojó a la cara de Churchill. Con el tiempo se convirtió, además de en una gran periodista, en una defensora de los derechos civiles.

El prototipo ario

Alemania perdió la guerra y también aportó bajas a esta nómina de talento malogrado. La vida de Carl Ludwig Long pasará a la historia como un ejemplo de deportividad e infortunio. «Luz» Long era el prototipo de hombre ario: blanco, rubio y ojos claros. Campeón alemán de salto de longitud, se presentó a los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 –culmen de la parafernalia nazi– como uno de los favoritos para conseguir la medalla de oro.
El talento perdido de la Segunda Guerra Mundial
«Luz» Long (i), junto a Jesse Owens (d) en Berlín 1936
El día de la final, con Hitler en el palco, «Luz» Long se midió entre otros al estadounidense y negro Jesse Owens. El atleta foráneo, uno de los mejores de la historia, comenzó la final con dos saltos nulos. En un intermedio, Long se acercó para darle ánimos y sugerirle cómo mejorar. A partir de ahí, Owens fue creciendo en la prueba y en el quinto saltó consiguió la marca que le valió la medalla de oro. Cuentan que Hitler se marchó del estadio, que prefirió no felicitar al campeón mientras «Luz» Long sí lo hizo, protagonizando una de las fotografías más famosas del olimpismo.
El atleta alemán, plata en aquella final, terminó combatiendo en la guerra para el ejército nazi. Murió en un hospital militar de Sicilia controlado por las fuerzas británicas, días después de luchar en la defensa de Italia del avance de los aliados.
La irracionalidad del conflicto tuvo una última víctima en la figura de Anton Webern. Extraordinario músico de la Segunda Escuela de Viena, murió mientras encendía un cigarrillo en la puerta de su casa. Era 15 de septiembre de 1945 y aún no se había levantado el toque de queda. Al parecer, un miliciano estadounidense disparó contra él por error mientras perseguía al yerno del músico, acusado de contrabando. Según otra versión, más absurda todavía, el soldado estaba ebrio y confundió la luz del cigarrillo con la ráfaga de un fusil.
TOMADO DE: http://www.abc.es/cultura/20140712/abci-artistas-segunda-guerra-mundial-201407111405.html

jueves, 10 de julio de 2014

La versión caribeña del estalinismo

Testimonio. En un breve fragmento de video nunca visto, con la famosa retractación pública de Heberto Padilla en 1971, Ponte desnuda el sistema.


Una vez, hace años y en La Habana, tuve oportunidad de asomarme al archivo fílmico del Instituto de Cine. Guardaban allí imágenes prohibidas o de acceso restringido. Una realizadora de documentales me había contratado para que escribiera un guión sobre la ciudad prerrevolucionaria, ella era políticamente confiable y le permitían seleccionar materiales de archivo.
Salió a recibirnos la especialista a cargo del almacenamiento y conservación de películas. Llevaba toda la vida allí. No vestía bata blanca ni utilizaba guantes. Hacía calor y no contaban con aire acondicionado. Nos tenía separados viejos noticieros en los que se veía a Tyrone Power llegando a la ciudad, a la actriz mexicana María Félix en Tropicana, tiendas iluminadas en una Navidad de los años cincuenta... Episodios cuyo único ingrediente político se reducía a dar fe de una bonanza perdida.
El documental que planeábamos terminó por no hacerse (o se hizo sin mí, ya no recuerdo). Alcancé a volver por el archivo, conversé con la encargada, y ella me aseguró que no tenían allí ninguna de las películas por las que le preguntaba: el entierro de José Lezama Lima y el discurso de autoinculpación de Heberto Padilla. Bajó la voz cuanto pudo: conocía de la existencia de ambas, al menos la del entierro había sido ordenada por el propio presidente del instituto, Alfredo Guevara, pero si acaso esos rollos existían tendrían que estar en una caja fuerte. O (¡con qué hilito de voz se atrevió a sugerirlo!) en las bóvedas de la policía política.
¿Por qué mostraba yo tanto interés? Sencillamente, por no haber estado presente en la asamblea y el entierro. Habría alguna razón para mantener esas películas en secreto, y yo quería descubrirla. José Lezama Lima había muerto en 1976. Celebrado y editado en los primeros años revolucionarios, a partir del “caso Padilla” no alcanzó a publicar otro libro, retiraron sus obras de las bibliotecas, le prohibieron viajar al extranjero, vigilaron su casa y su correspondencia. Y cuando no pudieron espiarlo más, mandaron un camarógrafo a filmar su entierro. El presidente del instituto de cine se ocupó de documentar su entierro y en esos pies de película consta el cierre de su expediente policial, la mirada última que le dedican sus guardas. Lezama Lima había sido jurado del concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) que, en contra de presiones oficiales, premió un libro de poemas de Heberto Padilla.
Fuera de juego fue publicado con una carta introductoria donde la UNEAC mostraba su rechazo a la decisión del jurado y calificaba de contrarrevolucionarias aquellas páginas. La Seguridad del Estado detuvo a su autor, hizo que el miedo circulara entre los escritores, plantó a Padilla ante una asamblea gremial en la que terminó por inculparse, denunció al resto de los supuestos conspiradores y apuntó hacia Lezama.
Podría decirse que el comisario a cargo de aquel caso seguía al pie de la letra varios de los poemas del libro perseguido. Delante de una asamblea de escritores, Padilla no hacía más que imitar el protocolo de los juicios que Stalin orquestara treinta y tantos años antes. Así lo explicó el poeta al llegar al exilio: que no fue el miedo lo que lo hizo denunciar a otros, sino la necesidad de alertar al mundo mediante un acto fácilmente reconocible, imputable a un nuevo estalinismo. A fuerza de sobreactuar el guión que sus interrogadores le impusieron había conseguido subvertirlo, llevarlo al paroxismo, transformarlo en una sirena de alarma.
Muchas veces me he preguntado hasta qué punto resulta plausible esa coartada. De ahí mi curiosidad por la filmación, mi interés por calibrar a Heberto Padilla. Hace dos años, un documental reveló un minúsculo fragmento de él, apenas dos minutos. En nítido blanco y negro, con el sonido en perfectas condiciones. “Compañeros”, empieza Padilla, “desde anoche, a las doce y media más o menos, la dirección de la Revolución me puso en libertad, me ha dado la oportunidad de dirigirme a mis amigos y compañeros escritores sobre una serie de aspectos a los que seguidamente yo me voy a referir…” Luneta 1 , escrito y dirigido por Rebeca Chávez, fue producido por el instituto cubano de cine. Alfredo Guevara ocupa la primera mitad del documental y durante media hora brinda su versión de esa y otras historias, rememora su carrera de appáratchik . Como en sus décadas de mandato sobre todo el cine, desde la producción hasta las salas, nadie lo contradice. Luego aparecen varios artistas e investigadores jóvenes, uno de ellos se refiere a Heberto Padilla y viene a propósito la cita de archivo. Según alcanza a verse, en aquella asamblea hubo al menos tres cámaras de cine. ¿Significa esto que hay más de un registro? Entre los escritores reunidos son reconocibles los poetas Miguel Barnet y Nancy Morejón. Ella bosteza.
La brevedad de ese fragmento no deja margen para hipótesis acerca de las intenciones de Padilla, de modo que me fijo en el bostezo de Nancy Morejón. ¿Cómo pudo alguien, en un momento así, apelar al sueño o al hambre? Supongo que bostezaría por mimetismo, igual a tantos animales que se camuflan para no ser cazados. Puesto que el último lugar donde bostezaríamos es en medio de un sueño, Nancy Morejón bostezaba para mantenerse fuera de aquella pesadilla.
Cuatro o cinco años antes la policía política había dispersado el grupo de escritores al que pertenecía. Clausuró la pequeña editorial fundada por ellos y envió a su director a un campo de trabajos forzados. Ella consiguió salvarse, pero incluso décadas después no había perdido el miedo a que la mandaran a callar recordándole su pertenencia al grupo El Puente: así lo reconoció en una entrevista. Barnet y Morejón, jóvenes en esas imágenes de archivo, ascendieron luego hasta ser los actuales presidente de la UNEAC y presidenta de la sección de escritores de dicha institución. (Otro modo de bostezar, aduciría ella, un seguro contra el antiguo miedo.) Rebeca Chávez, realizadora de Luneta 1 , es la misma documentalista con la que visité el archivo del instituto de cine. Me pregunto si desde entonces tenía en su poder las imágenes del discurso de Padilla. En cualquier caso, ella supo a quién pedírselas y dónde encontrarlas. Lástima que fuera tan tacaña administrándolas. De la filmación del entierro de José Lezama Lima no he tenido hasta ahora noticias.
TOMADO DE:  http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Heberto_Padilla-version-caribena-estalinismo_0_1169283106.html

José García Nieto y el misterio de la poesía en seis inéditos

En el centenario del nacimiento del poeta y premio Cervantes, se publica una antología de su obra con prosas poéticas (el enigma de la literatura) y una carta dirigida a su nieta sobre la esperanza

José García Nieto, poeta y premio Cervantes. / gorka lejarcegi
Toda pasión es temblor. Y un juego de preguntas a lo matrioska. Eso incluye el misterio de la literatura y el enigma de la poesía en los que tanto exploró José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2011). Versiones de esas preguntas, reflexiones y pasiones acaban de hacerse públicas con motivo del centenario del nacimiento el 6 de julio de un poeta sobre el que parece haber caído un velo y que ahora se quiere descorrer. Son seis textos inéditos en prosa poética, como colofón de una nueva edición remozada de su antología Poesía (Fundación Banco Santander) que tiene un emotivo regalo, al final del todo y para todos los tiempos: Carta a una niña pequeña:
“El mundo que te rodee no sé cómo será. Mi amor no te pedirá nunca nada, ni siquiera el recuerdo si el recuerdo se ha borrado”.
Palabras de García Nieto, premio Cervantes y académico de la RAE, dirigidas en una carta a su nieta Sara para cuando ella tuviera diez años, veinte años, treinta años, o más. Cuatro páginas escritas a máquina que son una lección de sabiduría y sentimientos que merecen ser leídas y compartidas… La primera en hacerlo ha sido Sara, aquella niña que se abrazaba a las piernas del abuelo, al leer la carta al público que asistió al homenaje a su abuelo en el Instituto Cervantes de Madrid, en uno de cuyos pasajes él dice:
“Las cartas no son de nadie. Ni de quien las ha escrito ni de quien las recibe. Las cartas son el ademán de un alma en vilo que nadie puede retener, del que nadie puede apropiarse. (…) Acaso te refugies en estas líneas cuando te encuentres de vuelta de todas las palabras y estas mías te suenen como ajenas o impertinente”.
Fue uno de los escritores que más contribuyó a quitar el polvo y los escombros que habían caído y pretendían asfixiar la creación después de la Guerra Civil española escribe sobre el misterio de la escritura
Antes de llegar y continuar con este regalo en el libro, uno de los escritores que más contribuyó a quitar el polvo y los escombros que habían caído y pretendían asfixiar la creación después de la Guerra Civil española escribe sobre el misterio de la escritura. Sobre de dónde viene, cómo aparece y para qué sirve esa luz poética que deja filtrar la vida en las personas. De los nueve artículos publicados en este volumen seis son inéditos: Creo en la poesía, ¿Debo escribir?, Belleza con esfuerzo, Verano de septiembre, Hago de sobresaliente de espadas… y Texto para una poética. Los otros tres parecieron en los años 50 en el diario ABC: Poesía… ¿eres tú?, Jueces para un premio de poesía y El oficio de escritor.
“Creo que no se puede explicar un poema; mucho menos, lo que entendemos por poesía. Si, por otra parte, la poética tiene que preceder a la poesía, hay que recordar lo que dijo Unamuno: ‘La poesía es cosa de postcepto, no de precepto”. Es lo que pensaba el autor de obras como Tú y yo sobre la tierra (1944), Tregua (1951), Sonetos para mi hija (1953), Memorias y compromisos (1966) o Mar viviente (1989).
Era el poeta que veía su poesía como “duelos y quebrantos” y que temía perderla porque estaba convencido de que nada poseía la verdad; aunque sabía que vivía “en el engañoso artificio de esa posesión”. Un García Nieto de “gran generosidad” que desde revistas como Garcilaso, Canto o Poesía Española apoyó a varias generaciones, recuerda Joaquín Benito de Lucas, encargado de la introducción y selección de la antología. Para Paloma García Nieto, hija del poeta y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, en esta publicación se aprecia la evolución de su padre desde el principio “y contribuye a promocionar y difundir su figura y a enriquecer su obra”. Para Benito de Lucas, se trata de un poeta que estimuló la poesía “hasta extremos sorprendentes", y, asegura, que no hay otro poeta de su época que no quisiera publicar con él.
Y una y otra vez se veía acompañado de un corro repetitivo formado por dos preguntas: ¿para qué se escribe? y ¿por qué se escribe?. La respuesta, una de sus respuestas, decía García Nieto, está en que “los perseguidores de gloria saben bien que sólo es un fantasma que corre ante ellos, vago, desconocido y veloz, al que jamás podrán alcanzar ni conocer, el que nunca tendrá una medida satisfactoria para una acendrada y exigente vocación, el que siempre será sordo al grito apremiante que lancemos para su encuentro”.
Para hallar todo eso, para buscarlo, al menos, en la poesía como en todas las artes, García Nieto, escribe que es fundamental “la primera soledad y desamparo del artista en el acto de su creación. Un abismo se abre para él a los lados de la aventura. Tiene que caminar solo, sin meta esperanzadora, sin vecindad estimulante, sin apoyatura válida”.
La poética es con frecuencia una ingenua aproximación a lo inalcanzable. En el mejor de los casos es una confesión, mientras se va la vida, arrancada de un potro de tortura
Una vez escrito el poema y publicado la chispa se enciende entre el autor y el lector. porque es este último quien completa todo. García Nieto se muestra convencido de que un poema no se puede explicar, "mucho menos, lo que entendemos por poesía". Y la suya es la de un hombre que habló solo  en sus libros y que no se leía así mismo. Tal vez porque cuando se oía así mismo daba siempre con su tristeza. Una poética, dice, "es con frecuencia una ingenua aproximación a lo inalcanzable. En el mejor de los casos es una confesión, mientras se va la vida, arrancada de un potro de tortura".
Rodeado y motivado por el misterio de la literatura, de la poesía y acto de crear, José García Nieto tenía un espacio especial para su nieta. Se preocupaba por el futuro, en especial el de ella y por eso le escribe esa carta que ella leerá con los años. Una carta cuyo corazón está en el comeinzo:
"Sara, querida niña: Vas a vivir en un tiempo en el que yo no voy a estar, en unos tiempos, distintos, para los que te escribo esta carta. Pero hay cosas que son de siempre, como la soledad, o el amor, o la tristeza; también la esperanza. Procura no olvidar esta palabra, leerla en esas horas en las que yo no podré ya pronunciarla".
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/08/actualidad/1404832424_160206.html

jueves, 3 de julio de 2014

Libros / escritores

Vargas Llosa: «Octavio Paz fue un crítico literario fuera de lo común»

Día 02/07/2014 - 20.35h

El escritor elogia el legado del poeta mexicano en los cursos de verano de la Universidad Complutense

San Lorenzo del Escorial (Madrid), 2 jul (EFE).- El poeta mexicano Octavio Paz fue un crítico «político, cultural y literario fuera de lo común», además de «una de las grandes figuras» de «nuestra época», así lo ha calificado hoy su amigo Mario Vargas Llosa.
El escritor peruano ha participado en una conferencia dentro del ciclo «Cien años de Octavio Paz», junto al secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, organizado por los cursos de verano de la Universidad Complutense. Durante el diálogo entre ambos, el escritor ha recordado que la crítica fue para Paz «algo profundamente esencial».
En cuanto a la influencia que el mexicano tendrá en las futuras generaciones, Vargas Llosa ha dicho que de él «aprenderán» a ver la literatura y la cultura «de una manera universal, con gran interés por lo propio, pero con un enorme interés por lo extranjero», algo que «caracteriza» a la obra de Octavio Paz.
Siempre atento a las palabras del Premio Nobel, Lassalle ha confesado que para él, y parte de su generación, la obra del mexicano (1914-2014) «representa» una «renovación estética» del «contacto con América Latina», así como con «la cultura de España».
La faceta política del autor de «Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe», ensayo literario que Vargas Llosa ha catalogado como el «más importante sobre crítica literaria», ha sido uno de los temas que han protagonizado la conferencia y sobre el que se ha concluido que era un «intelectual seducido por el poder» y por la «importancia» del poder en el desarrollo de algunas ideas.
«Octavio Paz fue consecuente con sus ideas, muy valeroso y muy respetuoso con los que no pensaban como él. No vacilaba en discutir con escritores muy jóvenes para defender la idea de la democracia en Latinoamérica en una época en la que la democracia estaba muy devaluada», ha añadido haciendo hincapié en que Paz era un «demócrata».
Respecto a qué pensaría el ensayista sobre la actual situación de México, Vargas Llosa ha «preferido» no «adivinarlo». «Pero era un intelectual honesto, criticaría lo que hay que criticar y defendería lo que hay que defender». «Hasta el final de su vida - ha concluido el peruano - quiso ver cómo evolucionaba la vida artística, cultural y política». EFE