LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Libros

Cien años de Cortázar en ocho textos

Día 26/08/2014 - 10.39h

Hoy se cumple el centenario de uno de los más grandes escritores en español del siglo XX

Cien años de Cortázar en ocho textos
Nueve gruesos volúmenes ocupan las Obras Completas de Julio Cortázar en la edición de Galaxia Gutenberg, que ni siquiera incluye las traducciones. Bien conocido por sus cuentos y novelas, Cortázar fue además autor de libros inclasificables, de obras de teatro, de numerosos poemas y de una extensa obra crítica. Sólo su epistolario ocupa dos gruesos tomos. Intentemos, pues, un retrato global del escritor reduciéndole (y es mucho reducir) a un paralelepípedo de ocho lados, y representando cada lado con un texto.

«Axolotl»: el tema de «lo otro»

Si hubiera que elegir un solo cuento, yo elegiría éste. Aquí está lo mejor de Cortázar: la precisión de la prosa; la narración envolvente, que procede por pliegues u oleadas, el uso del género fantástico para indagar en la realidad. El tema de «lo otro» no es más que el enigma de la identidad y de los límites de la conciencia. Un hombre mira a un pez a través del cristal de un acuario. Pero al final, es el pez el que está mirando al hombre. La conciencia, parece decir Cortázar, no está «dentro» de nosotros, sino que es un campo extenso que nos incluye e incluye a otros seres. El cuento está dentro de «Final de juego».

«El otro cielo»: el miedo a lo vulgar

Probablemente uno de sus mejores cuentos, trata de una mujer que muere y que parece renacer, o alcanzar una existencia paralela o posible en una milonga, un baile popular y algo chabacano donde ella fue feliz. Este lado vulgar y cotidiano de la existencia, especialmente el de su patria natal, siempre inquietó a Cortázar sobremanera. Son los personajes vulgares e incultos que aparecen en «Los premios» al lado de los profesionales sofisticados que hablan de Rilke y de Brahms. Es la Maga, a la que Cortázar presenta como una mujer profundamente ignorante y primitiva porque no ha leído a Pascal y sólo piensa en su bebé enfermo. También Charlie Parker le parecía un ser tosco y primitivo.

«Continuidad de los parques»: la literatura como juego

El tema de la «literatura sobre literatura» no puede ya asustar a nadie. Tampoco la idea de la literatura como juego, o como suma de juegos. El tema de este cuento brevísimo es el de un lector que se pone a leer un libro que trata de un hombre que se mete en una casa que es idéntica a aquella en la que está el lector, para matar a un hombre que es entodo idéntico al que lee… La literatura es un juego porque también la vida es un juego y una sucesión de juegos. Una vieja discusión de escritores: ¿quién es el asesino? El cuento pertenece también a «Final de juego».

«El perseguidor», la épica del jazz

Con «El perseguidor» termina la fase más fantástica de Cortázar y comienza una etapa de intensa investigación en el enigma de la soledad y del dolor que dará como resultado «Rayuela». «El perseguidor» está inspirado en la vida y la obra del saxofonista de jazz Charlie Parker, que murió poco antes de la redacción del cuento. El propio Cortázar lo consideraba una de sus mejores obras y un punto de inflexión en su obra. Pertenece a la colección «Las armas secretas».

«Capítulo 62» de Rayuela. Hacia una nueva ciencia

Rayuela es en muchos sentidos una especie de Enciclopedia de una nueva Ilustración. El propósito de esta proyectada e intuida gran revolución del espíritu sería no tanto un cambio en las ideas como una transformación total de nuestra forma de vivir, de leer y de soñar. Rayuela pretende destruir todas las ideas preconcebidas existentes, todo lo que nos atrapa y nos encierra, y abrir la mente humana a nuevas posibilidades inconcebibles. Pretende, por ello, romper los moldes de la vida burguesa, de la literatura y del arte, de la psicología, de la política, de las relaciones personales, e incluso de nuestros sentidos y de nuestra percepción. El capítulo 62 forma parte de los «Capítulos prescindibles», que el lector puede leer o saltarse, según elija un modo u otro de lectura. Trata de la posibilidad de comprender la existencia humana de una forma no psicológica y de la posible escritura de una novela dentro de estas coordenadas. El resultado sería la novela siguiente, 62, modelo para armar, seguramente un fracaso estético

«Instrucciones para subir una escalera», el desacostumbramiento

Al principio de «Historias de cronopios y de famas», hay un «Manual de instrucciones» en el que encontramos instruciones detalladas para realizar acciones tales como llorar, cantar, tener miedo, dar cuerda a un reloj, matar hormigas en Roma, etc. Las «Instrucciones para subir una escalera» explican, en un tono cordial y relajado, la manera correcta de subir una escalera. La idea de que para vivir sean necesarias «instrucciones» nos recuerda de nuevo que toda la existencia es un juego. Nos ayuda, además, a desaprender lo aprendido, y a hacer de forma consciente aquello que ya no percibimos a causa de la costumbre y la repetición.

«Noticias del mes de mayo», el collage, la política

Las «Noticias» son un collage de textos, poemas, citas, eslogans y fotografías, cuyo tema son las revueltas estudiantiles de mayo de 68 en París. Buen ejemplo de «antiliteratura» y del deseo cortazariano, que sigue en esto a los surrealistas, de no hacer literatura, sino de crear acciones vitales. No hay verdadero autor de este texto, que a ratos es de Cortázar y a ratos de los libros que cita. Tampoco tiene un verdadero sustento literario, ya que las frases que aparecen en mayúsculas proceden de pintadas hechas en las paredes. El Cortázar revolucionario es el que sigue al Cortázar de las indagaciones metafísicas y místicas de «Rayuela». Cortázar se sentía encerrado en un mundo solipsista y cerrado a los demás, e intentó abrirse a la vida y a la historia por medio del ideal de la revolución. Probablemente no es el Cortázar favorito de nadie y, como podemos comprobar en estas «Noticias…» tampoco el más interesante literariamente.

«Para llegar a Lezama Lima», la fascinación con la literatura

Este ensayo está incluido en «La vuelta al día en ochenta mundos», una maravillosa colección de miscelánea. Difícil elegir un ensayo entre otros favoritos: «Del cuento breve y sus alrededores» o «La muñeca rota». Hallamos aquí la verdadera pasión de Cortázar: la escritura, acto mágico, sorpresa incesante, diversión sin fin. Este ensayo pretende descubrir la obra de Lezama Lima en una época en que no suscitaba mucha atención, y está ilustrado con una maravillosa colección de grabados.
TOMADO DE:  http://www.abc.es/cultura/libros/20140826/abci-centenario-julio-cortazar-201408252042.html

viernes, 22 de agosto de 2014

España

Ramón Mercader: el comunista español que asesinó a Trotski con un pico de escalar

Día 22/08/2014 - 06.03h

Han pasado 74 años desde que Mercader clavara el piolet en la cabeza del revolucionario ruso

Ramón Mercader: el comunista español que asesinó a Trotski con un pico de escalar
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El comunista español y asesino de Trotski, Ramón Mercader
Agosto de 1940. Ramón Mercader entra en el despacho de León Trotsky, en su casa de Coyoacán (México). Se presenta como un joven admirador que va a publicar un artículo en un periódico; un chico que necesita del creador del ejército rojo para revisar sus escritos. Cuando Trotsky se sienta en su escritorio y centra la mirada en el papel, Mercader clava un piolet en su cabeza. El joven Ramón, de 27 años, ve sorprendido cómo su víctima no desfallece y grita a los guardaespaldas que ya apresan al español: «No le matéis. Tiene que decir quién le envía». El líder de la revolución rusa, expulsado por Stalin de la URSS en 1929, moría horas después. El comunista catalán ingresó en la prisión mexicana de Lecumberri después de haber recibido una paliza de los guardaespaldas y un mordisco en la mano de un Trotski que se resistía a morir.
«Tiene que decir quién le envía». El grito del que inició la revolución bolchevique junto a Lenin todavía resonaba en la habitación. ¿Quién encargó el asesinato? Mientras Stalin, desde los soviets, veía cómo se apagaba la respiración del que podía disputarle el control del régimen, Mercader ocultaba el nombre del impulsor portando consigo una carta: «Fui un devoto adepto de Trotsky. Conocerlo constituyó un gran desencanto. Me encontré ante un hombre que no deseaba más que satisfacer sus deseos de venganza». Más tarde, durante el juicio, se defendería diciendo que atacó a Trotski con el pico de escalar porque el líder ruso le amenazó con una pistola. ¿Por qué llevaba un piolet? «Porque era escalador y lo llevaba al carpintero».
Ramón Mercader, un español con nombre de músico o artista, entraba así en la Historia de España, de Rusia, y del mundo. Entró en la Historia y la cambió, con sangre de por medio. ¿Pero cómo llegó este comunista español hasta el despacho de Trotski? ¿Por qué?

Una madre que muere con la foto de Stalin

Ramón Mercader del Río nació en Barcelona en febrero de 1913, el mismo año en el que Stalin conoció a Trotski en algún lugar de Viena. Hijo de un fabricante burgués de la Ciudad Condal y de una mujer que vivía por y para el anarquismo, terminaría siendo el agente secreto con más fama de toda Rusia, el «James Bond» español. Su madre fue internada en un manicomio después de convertirse en la cabecilla de una célula terrorista que hizo explotar una bomba en la fábrica del que todavía era su esposo.
Sus compañeros de partido y de ideología se apañaron para sacarla del psiquiátrico y la llevaron a Francia, donde se instaló con sus hijos. Nuria Amat, escritora y pariente lejana de Mercader, relató en «Amor y Guerra» que Caridad, madre de Ramón, moriría en París (1975) con la foto de Stalin bajo el colchón. Allí, en Francia, Mercader iría aprendiendo las técnicas de espionaje. Lo hizo de la mano de su padrastro, Leonid Eitingon, uno de los espías más prestigiosos de la red estalinista.
Ya en 1931, con el nacimiento de la segunda República, los Mercader del Río, volvieron a Barcelona. Ramón, un joven políglota educado en Francia, se ganaba la vida como profesor de catalán y en su tiempo libre ejercía como capitán del equipo de equitación del Real Club de Polo de la ciudad. Incluso participaría en la organización de unas olimpiadas populares paralelas constituidas en 1936 como protesta a los juegos olímpicos berlineses de Adolf Hitler.
En 1938, Ramón luchaba en el frente de Guadalajara, de donde desapareció después de recibir un encargo de su madre. Vuela a París. De vuelta en el país donde creció, Mercader conseguiría enamorar a Silvia, hermana de la secretaria de Trotski, que le llevaría hasta el despacho mexicano del enemigo de Stalin.

Mercader se convierte en «El Santo»

Una vez apresado, después de haber conseguido su cometido con un pico de escalar, recibió el nombre de «El santo». El asesino comunista dedicó sus veinte años en prisión a leer y a alfabetizar al resto de los presos. Incluso el presidente mexicano entró en la cárcel de Lecumberri para felicitarle. Sara Montiel llegó a decir: «Mató a Trotski, pero malo no era». El comunista español llegó al despacho del enemigo de Stalin con la careta de hombre belga y a pesar de las palizas y torturas no se la quitó. Cuentan que un funcionario de prisiones descubrió la verdadera identidad del asesino porque le escuchó cantar una canción de cuna catalana: «¿Qué li donarem al noi de la mare? ¿Qué li donarem que li sápiga bo?».
Después de veinte años, con la condena cumplida y 47 veranos a sus espaldas, viajó a Moscú. Allí fue recibido con todos los honores y condecorado con la medalla de Stalin; pero era una condecoración anónima, una vitola que colgaron sobre otra careta; la de Ramón Paulovich López, como sería conocido hasta su muerte. Mercader recibía en la URSS todo tipo de caprichos, pero era un homenaje de doble filo para el régimen porque el exterior podía descubrir al asesino de Trotski. La escritora catalana, Nuria Amat, una de las reveladoras de la cruenta historia de este español, habla de la URSS como la «prisión dorada» de Mercader.

El trato envenenado de Santiago Carrillo

Enfermo grave de cáncer y cansado de la opacidad del estalinismo consiguió, por medio de un intermediario, pedir a Fidel Castro que le dejase ir a vivir a Cuba. El compañero revolucionario del Che aceptó y Mercader moriría allí. Según los escritos de Amat, corre la sospecha de que pudo ser envenenado antes de salir de Rusia, aunque nadie pudo ni quiso certificarlo. Aquel que clavara un pico de escalar para acabar con la vida de Trotski en agosto de 1940 pidió una última concesión antes de morir: volver a España.
Ramón Mercader: el comunista español que asesinó a Trotski con un pico de escalar
afp
Santiago Carrillo
Se lo comunicó al líder del Partido Comunista, Santiago Carrillo, que le respondió con un mensaje envenenado: «De acuerdo, pero tendrás que escribir una confesión completa de las actividades realizadas a lo largo de tu vida y de quién te dio la orden del asesinato». Ya a punto de morir, volvió a actuar como el hermético espía de Stalin que fue, y no confesó crimen ni detalle alguno. Ramón Mercader falleció en La Habana un 19 de octubre de 1978.
TOMADO DE: http://www.abc.es/espana/20140822/abci-mercader-asesino-trotski-piolet-201408211700.html

jueves, 14 de agosto de 2014

Música

Andrés Ibáñez: «Dalí fue quizá el gran amor de García Lorca»

Día 13/08/2014 - 17.41h

El escritor, crítico y colaborador de ABC es el responsable del libreto de la ópera «El público», con música de Mauricio Sotelo, que se estrenará esta temporada en el Teatro Real

imagen cedida por la biblioteca nacional
Una de las páginas manuscrita de las obra de teatro «El público», que García Lorca escribió en Cuba
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Andrés Ibáñez, escritor, crítico literario y musical, ya debutó como autor de libretos con la ópera «Dulcinea» (2006), que se pudo ver, entre otros teatros, en el Real de Madrid y el Liceo de Barcelona. Ahora repite colaboración con el compositor madrileño para adaptar a la escena lírica la obra teatral de García Lorca. «Tenía dos posibilidades. Una era escribir un libreto nuevo o respetar el texto, que es lo que he hecho. Escribir un libreto en el que todas las palabras son de Lorca. No me parecía oportuno otras que no fueran de él, sobre todo porque en El público no hay una historia que se pueda contar de otra forma. El público son las palabras. Su texto es poesía y está hecho de imágenes».
Andrés Ibáñez: «Dalí fue quizá el gran amor de García Lorca»
jaime garcía
Andrés Ibáñez
Entre los retos de Ibáñez se encontraba «reducir muchísimo el esqueleto original y luego intentar que tuviera sentido, pues es una obra complicadísima, en la que hay una metamorfosis constante de los significados. De ahí la importancia de rescatar todos los elementos que tenían sentido, como el surrealismo, el teatro dentro del teatro, la poesía, la obscenidad, el tema de la homosexualidad, el escándalo...». Según Ibáñez, García Lorca, en el momento de escribirla, «ni siquiera consideró que fuera a estrenarse nunca, pues es una obra muy atrevida, sobre todo pensando que corrían los años 30. Entonces llegaba a los límites en todo: el sexo, la violencia... Y yo quería que todo estuviera reflejado en el libreto».
El periodo de creación de esta obra coincide con la crisis en la relación del poeta con el pintor Salvador Dalí, que comenzó hacia 1923 y sufrió varios altibajos hasta la muerte de Lorca, en 1936, como queda reflejado en la correspondencia entre ambos reunida por Víctor Fernández en un libro. «Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Los pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (...)», se lee en una de las misivas.

Loco de amor

«Dalí le marcó mucho, pero El público lo escribió después de su viaje a Nueva York. Y -matiza- en aquella época tuvo varias relaciones. Entre ellas con un escultor [Emilio Aladrén]», indica Ibáñez. Al parecer fue el padre del escritor, Federico, quien envió a su hijo a América al verle tan deprimido. La razón de aquella tristeza era una crisis con Aladrén, que había comenzado a verse con la que después se convertiría en su esposa, Eleanor Dove. «El escultor volvió loco a Lorca y le hizo sufrir muchísimo, además ni siquiera era homosexual. Fue uno de los amores que más le torturaron cuando escribió esta obra. También Dalí, que fue quizá el gran amor de su vida, pero un amor imposible. Todo ese dolor está en este texto, pasado por la experiencia de Nueva York, donde vio una forma de ser homosexual mucho más abierta. Una cultura homosexual menos escondida. Eso le ayudó para salir un poco del armario, y para ver que había muchas cosas de las que se podía hablar».
En esa reducción del esqueleto, Ibáñez ha prescindido de muchos personajes «y quería reducirlos aún más», bromea. «Quería haberla convertido en una ópera de bolsillo, pero hablando con Mortier me animaba a que no renunciara a nada. Hay varios papeles que son compartidos», señala.
En cuanto al mensaje, considera que «la obra es un canto a la libertad del amor homosexual; a la libertad en el arte, a través del teatro bajo la arena (representar la existencia en toda su complejidad, y no solo en la superficie); y también reflexiona sobre la identidad, en quiénes somos. Un tema muy importante en ella es el teatro dentro del teatro, que era lo que realmente les interesaba a los surrealistas: mezclar el arte con la vida. Buscar la verdad y la libertad en la vida y en el arte era lo mismo para ellos. Es una obra muy romántica que pretende romper los límites».

Última mirada de Lauren Bacall

Con la muerte de la actriz a los 89 años se extingue casi al completo una era dorada del cine de Hollywood

Lauren Bacall en una imagen de 1946. / WELBOURNE, SCOTTY (Album)
En el cine negro de los años cuarenta, donde los diálogos, los sentimientos y las balas iban al grano, no encajaba cualquier actriz. Lauren Bacall, fallecida ayer en Nueva York a los 89 años, tenía 19 cuando demostró que ella no era cualquiera. Había estudiado interpretación en la American Academy of Dramatic Arts, pero los problemas económicos de su familia la obligaron a dejar la escuela y trabajar como modelo. Fue precisamente gracias a una portada de Harper’s Bazaar que la mujer de Howard Hawks reparó en ella. Hawks le pidió a su secretaria que buscara el historial de la chica de la foto, pero, por error, la ayudante hizo viajar a Bacall a Hollywood desde Nueva York para una audición con el director. Hawks buscaba rostros para sus nuevos proyectos, pero como recuerda Joseph McBride en un magnífico libro-entrevista con el cineasta, la chica no encajaba: “De repente apareció una cría con falda de gabardina, un jersey y una voz aguda, nasal, aflautada… aunque estaba muy ilusionada tuve que decirle que las chicas de nuestras películas eran bastante más sofisticadas y en ningún caso tenían esa voz”.
Pese al jarro de agua fría, Bacall se quedó en Los Ángeles y le pidió tiempo y un consejo para poder corregir ese defecto. “Solo te puedo decir lo que me contó el mejor actor con el que jamás he trabajado, Walter Huston, sobre cómo consiguió la fabulosa voz que tiene”. Dos semanas después Bacall regresó a la oficina de Hawks y lanzo un “Hola, ¿cómo estás?” tan grave que se ganó la prueba y la gloria. Lo que siguió fue un entrenamiento de cuatro meses que hicieron mutar definitivamente a Betty Joan Perske en Lauren Bacall.
Aprendió de voz, de miradas y de cine, pero no era suficiente. Le faltaba un pequeño detalle: atraer a los hombres. Como era una cría, Hawks y su mujer la acompañaban a todas partes hasta que un día le preguntaron que por qué nunca salía de las fiestas con hombres. “No se me dan demasiado bien”, dijo ella. Hawks le regaló otro truco impagable: “¿Y si dejas de ser tan amable con ellos? ¿Qué tal si pruebas a insultarles?”. Mano de santo. En la siguiente fiesta, Bacall ya tenía un candidato para acompañarla a casa: Clark Gable. Como decía William Faulkner, una mujer de verdad debe tener el corazón como una puerta giratoria.
Así, convertida en la insolente de voz grave, ha llegado a nuestros días. Y así Hawks empezó a esbozar el papel que la lanzaría al eterno estrellato: la chica de Bogart en Tener y no tener, la novela de Hemingway en cuyos diálogos trabajaba Faulkner. Bacall supo aprovechar sus hoy célebres líneas (“¿Sabes que no tienes que actuar conmigo Steve?… No tienes que decir nada y no tienes que hacer nada. Nada de nada… O simplemente silbar… ¿Sabes cómo silbar, verdad Steve?… Simplemente junta tus labios y… sopla”) y fijar con ellas el mito. Cuentan que cuando Marlene Dietrich vio Tener y no tener se indignó tanto que llamó al director. “¿Sabes? Esa soy yo hace 20 años”, le espetó. “Lo sé”, respondió Hawks, “y también sé que dentro de 20 años llegará otra”.
Lauren Bacall, en 1948. / Bettmann (CORBIS)
Lo que siguió a esa película es historia. El flechazo con Bogart, el duro principio de la relación amorosa por la doble vida que mantuvo el actor con su entonces tercera esposa, la actriz Mayo Methot, alcohólica, como él, muerta en 1951 por sus problemas con la botella, y el cuarto (y definitivo) matrimonio del actor con Bacall. Con la nueva boda llegó también el anuncio de una nueva meta en la cabeza de la tozuda Betty: ser madre. Pese a las reticencias iniciales de Bogart, en 1949, nacía el primogénito de los tres hijos de la actriz (el último fue de su segundo matrimonio, con Jason Robards) y cuyo nombre, Stephen, está dedicado al personaje masculino de Tener y no tener. Antes del nacimiento del niño, Bacall rodó La senda tenebrosa (1947) y El sueño eterno (1946), una de las cumbres del cine negro, escrita por Raymond Chandler y otra vez con Faulkner de guionista. Siguieron Cayo Largo (1949), Cómo casarse con un millonario (1953), Escrito en el viento (1956), Mi desconfiada esposa (1957)... Ese año Bogart fallecía a los 56 por un cáncer.
Diez años antes la pareja había encabezado el grupo de estrellas que viajó a Washington para apoyar a los testigos citados por el Comité de Actividades Antiamericanas. En un avión de Howard Hughes volaron Bogart, Bacall, Gene Kelly, Danny Kaye, John Garfield y John Huston. Bacall siempre se sintió orgullosa de este episodio. Por desgracia, meses después, Bogart se borraría de la histórica foto al declarar en público que aquel viaje fue un error.
Para bien y para mal, la sombra del actor es alargada en la vida de Bacall. En 2011, en una entrevista a Vanity Fair, la actriz bromeaba sobre el asunto: “Me temo que mi obituario va a estar repleto de Bogart”. No se equivocaba, aunque nunca fue un mero apéndice y supo defender su lugar en la historia. Cuando el actor murió, y después de recibir por una corta temporada el consuelo de Frank Sinatra, se casó con Jason Robards. Entonces, dirigió su carrera hacia Broadway y empezó a elegir películas con cuentagotas. En 2009 recibió el Oscar honorífico. Quince años antes, coincidiendo con la publicación de uno de los dos volúmenes de sus memorias, Bacall aseguró que llevaba tiempo sola. “El problema es que hay muchos hombres a los que no les gustan las mujeres, les gusta el sexo, tener un florero, como quieran llamarlo, pero no les interesa la verdadera compañía de una mujer. Echo de menos compartir los buenos momentos, pero también he aprendido a disfrutar de mi soledad”.
Pese a su extraordinaria belleza, siempre se quitó importancia. Seguramente su humor fue clave para saber envejecer, espléndida. “Nunca fui una belleza, pero me considero una persona decente”, decía.
Con su muerte se extingue casi al completo una era dorada del cine. Consuela recordar la primera vez que la actriz apareció en la pantalla, sola, a la sombra. Lacónica, abría la boca para pedir una cerilla. Estaba tan asustada, le temblaban tanto las manos y las piernas, que clavó el mentón en su pecho para controlar la ansiedad. Y así, presa del pánico, nació esa mirada felina, desafiante, de abajo arriba, que desde aquella negra pantalla incendió para siempre el corazón de un hombre y el del resto del mundo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

La BNE compra el manuscrito de los últimos cuentos de Miguel Hernández

El poeta escribió en la cárcel del reformatorio de adultos de Alicante cuatro relatos para su hijo

El poeta Miguel Hernández, en una foto sin datar. / Fondo Lagos de la BNE
Miguel Hernández (1910-1942) pasó los últimos ocho meses de su vida en la enfermería de la prisión del reformatorio de adultos de Alicante, lidiando contra la tuberculosis, el derrotismo y los sacerdotes que buscaban su arrepentimiento ideológico. También bregó contra la añoranza de sus hijos y de su mujer, Josefina. “Transcurrió un mes así hasta que por fin lo pude ver. Lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido del brazo y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran dos cuentos para su hijo que él había traducido del inglés”, escribió Josefina Manresa en Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández.
Pero no eran cuentos traducidos, sino las últimas obras escritas por el autor, condenado a 30 años de cárcel por su apoyo a los republicanos (tras la conmutación de la inicial pena de muerte): cuatro cuentos infantiles escritos sobre hojas de papel higiénico con las que el poeta armó un precario cuaderno. Este manuscrito, formado por seis hojas pequeñas, cosidas con hilo ocre y con bordes envejecidos, ha sido adquirido ahora por la Biblioteca Nacional. José Carlos Rovira, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante, sostiene que el poeta intentó evitar que los interceptaran en la cárcel disimulando su propia autoría.
El especialista, sin embargo, cree que las metáforas sobre encierro y libertad desvelan su verdadero origen. “Tengo la sensación de que no son traducciones sino mensajes como juegos para su hijo, en los que quiso plasmar una metáfora de la libertad, una metáfora ingenua de liberación”, escribió Rovira en el catálogo de la exposición dedicada a Miguel Hernández en la BNE en el centenario de su nacimiento, en 2010.
El cuaderno contiene cuatro cuentos (El potro oscuro, El conejito, Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo), escritos entre junio y octubre de1941 en la cárcel alicantina. Allí el poeta entregó los textos al periodista y dibujante Eusebio Oca Pérez, que ilustró dos de las historias, El potro oscuro y El conejito.
Los descendientes de Oca relataron años después algunos detalles de aquellos días carcelarios, como las trabas que sufría Josefina Manresa para visitarle por no haber contraído matrimonio eclesiástico. En alguna ocasión la esposa de Oca entraba a la prisión con el hijo de Miguel Hernández —aprovechando que tenía la misma edad que su hijo— para que el poeta pudiera verlo.
Jesucristo Riquelme, especialista en la obra de Hernández, señaló en Obra exenta que ambos relatos podrían estar inspirados en Los músicos de Bremen, de los hermanos Grimm, y El cuento de Perico, el conejo travieso, de la escritora británica Hellen Beatrix Potter. El escritor recibió clases de inglés en las prisiones de Conde de Toreno (Madrid) y Palencia. “La traducción”, señala Riquelme, “vendría a ser una práctica de su destreza: de su fortaleza mental para aprender en momentos de zozobra, de encarcelamiento, con la finalidad de seguir preparándose para la vida”. Estas dos piezas se habían publicado en facsímil en 1988 bajo el título Dos cuentos para Manolillo.
El principal legado de Miguel Hernández pertenece desde diciembre de 2013 a la Diputación de Jaén, que pagó tres millones de euros para adquirir un fondo compuesto por más de 5.600 registros entre manuscritos, poemas y otros documentos. Esta colección había estado depositada en Elche, pero un cambio político en la alcaldía echó por tierra el acuerdo que había suscrito el Ayuntamiento con la familia del poeta para conservar el legado durante 20 años a cambio de pagar tres millones (1,6 para los herederos y el resto para la fundación). La mayor parte de los documentos serán depositados en el Museo de Quesada (Jaén), que está siendo acondicionado para ello. Otra parte permanecerá en el Instituto de Estudios Giennenses a disposición de los investigadores.
TOMADO DE:  http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/05/actualidad/1407259572_430152.html