LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

lunes, 26 de enero de 2015


El cantante Demis Roussos muere a los 68 años en Atenas

El popular músico griego vendió 60 millones de discos en todo el mundo

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Imagen de Demis Roussos en un concierto en Rotterdam en 1984. / ROB VERHORST (REDFERNS)
Durante el pasado fin de semana, pinchaban música griega en las emisoras españolas, por aquello de ambientar la actualidad política; hubiera sido un buen momento para recordar a  Demis Roussos. De verdadero nombre Artemios Ventouris Roussos, el cantante moría en la mañana del domingo en un hospital ateniense, con 68 años.
 Cierto, las baladas de Roussos no encajaban demasiado con el drama electoral griego. Pero era el paradigma del artista periférico que supo adaptarse a las necesidades del mercado paneuropeo: a partir de 1971, grabó en inglés, francés, español, alemán, italiano, portugués y otros idiomas. También se apuntó a los duetos, con Vicky Leandros o Florence Warner.
La suya fue la historía de una constante reinvención. Nacido en Alejandría en 1946, el chico pronto exhibió sus poderes interpretativos al frente de un coro ortodoxo. La familia Roussos dejó Egipto tras la frustrada invasión del canal de Suez por fuerzas británicas y francesas. En Grecia, el joven Roussos vivió la fiebre de los conjuntos pop: sus cuerdas vocales se adaptaban a la música más negroide. En 1967, recogiendo el espíritu del momento, formó Aphrodite’s Child, en compañía de tres músicos inquietos, incluyendo a Evangelos Papathanassiou, más conocido como Vangelis.
En Aphrodite’s Child, Roussos cantaba y tocaba el bajo. El grupo comprendió que no iba a prosperar en la Grecia de los coroneles, que ni siquiera toleraba las melenas masculinas. Emigraron a Londres pero, rechazados en la frontera del Reino Unido, se instalaron en París. Allí grabaron en 1968 Rain and tears, un tema basado en elCanon de Pachelbel, hecho a medida para el fenómeno de la chanson slow. Efectivamente, fue un impacto en toda Europa, aunque apenas se beneficiaran económicamente: acuciados por las circunstancias, firmaron uno de aquellos contratos despiadados, tan típicos de la época.
Aphrodite’s Child tenía el alma dividida. Vangelis prefería los meandros del rock progresivo y el trabajo en el estudio: el disco final del trío, publicado en 1972, era un doble álbum inspirado por elApocalipsis de San Juan, titulado 666, con una intervención orgásmica de la actriz Irene Papas, aunque la canción más duradera resultó ser The four horsemen. Por su parte, Roussos ya había comenzado su trayectoria como solista, que acentuaba las baladas. En realidad, la relación con Vangelis no se rompió: Demis puso voz al tema principal de Carros de fuego (1981) y al año siguiente colaboraría incluso en la banda sonora de Blade runner. El teclista le acompañaría en aventuras como Reflection (1984), un recorrido por el cancionero estadounidense.
Pero volvamos a los primeros setenta. Demis y su discográfica, Phonogram, intuyeron que había demanda de un europop pensado para el gran público internacional. Algo parecido pensaban los suecos de Abba. A diferencia de ellos, Roussos alardeaba de denominación de origen: inicialmente, colocaba el buzuki en medio de melodías soleadas. Temas como Mañanas de terciopelo sugerían un Mediterráneo que recuperaba una sensualidad bizantina. Se trataba, que conste, de una composición del ateniense Lakis Vlavianos, que escribiría varios de sus grandes éxitos.
Ayudaba la imagen de Demis, a medio camino entre un gurú del amor y un pope renegado: hirsuto, sonriente, carnes abundantes cubiertas por un caftán. Un bon vivant: mi único encuentro con él tuvo lugar en un fabuloso restaurante indonesio de Amsterdam; aunque el local estaba en una calle peatonal, a Demis se le permitió acceder en un Rolls Royce blanco. Explicaba que viajaba demasiado para luego privarse de las delicias de cada país.
La obesidad se convertiría en un verdadero problema: llegó a bordear los 150 kilos. En 1980, inició una dieta con buenos resultados: publicaría luego libros como Cuestión de peso y La dieta disociada. Se convirtió en, ay, un personaje parodiable: esa etapa coincidió con un descenso de su popularidad y episodios de depresión. No ayudó el hecho de que, en 1985, viajara en un avión secuestrado por miembros de Hezbolá, un episodio que le hizo replantearse sus objetivos vitales.
En las últimas décadas trabajó mucho por los países emergentes, desde Rusia a Brasil: su romanticismo heleno no tenía fecha de caducidad. Musicalmente, probó con las músicas étnicas y las partituras clásicas (grabó un fragmento del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo). Muy marcado por la cultura francesa, también lanzó Inmortel, con joyas de la chanson, y adaptó a poetas como Baudelaire. El recopilatorio The phenomenon, una coleccción de cuatro CD publicada en 1998, revelaba que Roussos, aunque habitualmente cedía al mínimo común denominador, nunca renunció a los experimentos y los caprichos.
TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/26/actualidad/1422272800_214662.html

viernes, 9 de enero de 2015

Elvis Presley, santo y pecador

La leyenda del Rey sigue ocupando un lugar prominente en la cultura global

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Memphis, 16 de agosto de 1977. A pesar de los tres combinados de medicamentos que —como cada noche— ha ingerido, Elvis Presley no puede dormir. Comparte su cama de Graceland con Ginger Alden, su última novia, y no quiere molestarla. Se va al lavabo para leer La búsqueda científica de la cara de Jesucristo, un tomo de Frank O. Adams sobre la sábana de Turín.
Cuando Ginger se despierta, se inquieta: convendría que Elvis descansara ya que tiene que volar rumbo a la primera fecha de su gira. Entra en el cuarto de baño y Elvis yace en el suelo enmoquetado. Ya está frío, y los esfuerzos para reanimarle resultan inútiles. Caso raro entre los titanes del rock: muere con un libro en las manos.
Será precisamente en los libros donde se desarrolle la batalla por el alma de Elvis, nacido el 8 de enero de 1935, hace ahora 80 años. Requiere un serio esfuerzo imaginarlo, pero Presley vivió sus 22 años de estrellato en una discreta oscuridad. Es un artista que se manifiesta mediante discos, películas y —de forma regular, a partir de 1969— actuaciones. Pero, esencialmente, no se sabe ni lo que piensa ni cómo vive. No concede entrevistas confesionales como las de John Lennon para la revista Rolling Stone. No se manifiesta explícitamente sobre los conflictos que desgarran a su país.
Tardaremos años en conocer los detalles de historias tan extraordinarias como su visita, sin anunciar, a Richard Nixon en laCasa Blanca, donde se ofrece como agente secreto para combatir la subversión de los Beatles y otras luminarias de la contracultura. Sí es cierto que, unos días antes de su muerte, ya se ha publicado Elvis, What Happened?, crónica de la extravagante vida privada del Rey, firmada por tres antiguos miembros de su séquito, la llamada Memphis Mafia. En las décadas posteriores, prácticamente todas las personas que le trataron escribirán su libro: parientes, músicos, cocineras, ligues y hasta su peluquero californiano, Larry Geller, el hombre que le introduce en el esoterismo: el Antiguo Egipto, los sabios tibetanos, la teosofía, los apócrifos, los maestros de la India, la numerología, los rosacruces.
La muerte de Elvis alcanza dimensiones de tragedia global. Anteriormente, los decesos de famosos de la farándula se quedaban en las secciones de Sucesos, Obituarios o Espectáculos: con Elvis, saltan a la primera página de los periódicos, a la cabecera de los telediarios (proporciona un modelo de respuesta para el asesinato de John Lennon en 1980, aunque —bonita paradoja— ambos se detestaban). Es cuestión generacional: en 1977, los medios de comunicación están llenos de baby boomers. Admiradores y detractores, todos han crecido a la sombra de Elvis, discutiendo sobre el hombre y sus misterios. De alguna manera, coinciden en que se trata de una noticia que supera lo musical: consciente o inconscientemente, Presley ha transformado el panorama cultural, racial y moral de Estados Unidos.
Su caída puede ser interpretada en clave religiosa: el pecador en busca de redención, el cordero del sacrificio
La presencia de Elvis es tan monumental que hasta puede pasar inadvertida en su propio país: en el extranjero, donde nunca le han visto cantar, se entiende mejor su excepcionalidad. Son seguidores daneses los que comienzan, en 1975, a establecer su discografía y los detalles de sus sesiones de grabación; uno de ellos, Ernst Jorgensen, se convertirá en el archivero mayor del mundo de Elvis, responsable de preparar sucesivas cajas que le rehabilitan musicalmente, tras décadas de lanzamientos torpes por parte de RCA.
Hasta esa infausta noche de 1977, la mayor parte de los libros sobre Elvis pertenece a la categoría de literatura para fans. Una excepción es la voluntariosa biografía de Jerry Hopkins, publicada por vez primera en 1971 (con dedicatoria ¡para Jim Morrison!). En el campo de lo que ahora llamaríamos estudios culturales, urge destacar ‘Presleíada’, ensayo incluido en Mystery train. Imágenes de América en la música de rock & roll (última edición española en Contraediciones, 2013), de Greil Marcus. Son críticos de rock enfrentados al dilema de explicar a Elvis desde una sensibilidad generacional que el propio artista ni reconocería ni comprendería.
Ni Hopkins ni Marcus imaginan que, tras la muerte, el culto de Elvis Presley le transformará en una especie de santo de nuevo cuño, canonizado por voluntad popular; aunque Greil sí estudiará más adelante esta obsesión colectiva y, específicamente, los rastros del cantante en la odisea política de Bill Clinton, otro sureño de sangre caliente.
Millones de estadounidenses se reconocen en la pasmosa ascensión del cantante. De todas sus posibles lecturas, prefieren la que potencia el sueño americano. El mito de Estados Unidos como tierra de las oportunidades: un muchacho pobre y sin educación, hijo de un presidiario, que se construye un personaje rutilante; un paleto nada intimidado a la hora de tratar con presidentes y figuras de Hollywood. Su caída puede ser interpretada en clave religiosa: el pecador en busca de redención, el cordero del sacrificio, el mártir que nos previene contra nuestros peores impulsos.

Una herencia controlada

Con más de 2.000 títulos contabilizados, la bibliografía de Elvis es como una farmacia del siglo XIX: se confunden los remedios probados con los medicamentos engañabobos y los productos verdaderamente tóxicos.
No existe nada parecido en la abundante producción audiovisual alrededor de Elvis. El control de las grabaciones y los derechos editoriales de muchas de las canciones, reforzado por medidas legislativas concebidas para evitar que lo esencial de su discografía pase al dominio público, han permitido que los herederos impidan los retratos poco favorecedores en cine y televisión.
Elvis es big business. Gana ahora más dinero que cuando estaba vivo y sufría las exacciones del Coronel Parker —que se llevaba el 50% de los ingresos— y sus opciones cortoplacistas. Su carrera póstuma es hoy responsabilidad del gigante Core Media Group, que en 2005 adquirió el 85% de Elvis Presley Enterprises a la hija, Lisa Marie. Eso incluye la explotación de Graceland; sin embargo, la mansión y todo lo que contiene todavía pertenecen a los Presley.
Esta grey debe enfrentarse enseguida con un hereje, neoyorquino y encima judío. En 1981, llega Elvis, de Albert Goldman, una ofensiva en todos los frentes. Goldman desprecia el talento musical de Presley, al que considera un simple imitador de los artistas negros; le retrata como una criatura de psique frágil y sexualidad compleja que sencillamente enloquece con la fama. Por si no fuera bastante, arremete contra lo que Elvis encarna, como representante del proletariado blanco del Sur rural.
Con todo, Goldman ofrece un purgante contra los excesos hagiográficos del universo de Elvis. Descubre, además, la falsedad esencial del Coronel Tom Parker, para siempre paradigma delmanager funesto: toma una serie de decisiones miopes que están a punto de hundir la trayectoria musical y las finanzas de su protegido. Goldman avisa que muchas de esas monumentales meteduras de pata (las películas infames, la negativa a actuar fuera de Estados Unidos, el malvender los futuros royalties por una cantidad fija) podrían responder a la falta de escrúpulos del Coronel, su ludopatía y su pequeño secreto: nacido en Holanda, de verdadero nombre Andreas Cornelius van Kuijk, es un inmigrante ilegal que no se nacionaliza en Estados Unidos, quizás para esquivar los impuestos.
El libro de Goldman, que luego publicará otro texto complementario,Elvis: The Last 24 Hours, es atacado incluso en los puntos de venta: se reportan numerosos casos de ejemplares manchados o desgarrados. En verdad, el mejor contraataque es la magna biografía de Peter Guralnick, dividida en dos tomos, Último tren a Memphis yAmores que matan (aunque publicado inicialmente por Celeste, se puede encontrar en librerías españolas en la edición de Global Rhythm).
Guralnick contextualiza a Elvis en los Estados Unidos que le tocó vivir y analiza rigurosamente tanto la vida privada como el proceso creativo. Detecta también una inseguridad subyacente en Elvis, una percepción de sus propias carencias. Esa infelicidad ha alimentado una plétora de teorías disparatadas, que implican al FBI o la Mafia e insisten en que escenificó su muerte para escapar y disfrutar de una existencia anónima.
Abundan los libros que parten de esa entelequia. Gail Brewer-Giorgio comenzó con una novela sobre un tal Orión, una superestrella que finge su muerte. Posteriormente, cuenta, es contactada telefónicamente por alguien que habla exactamente como Elvis. Uno de sus libros, ¿Está vivo Elvis?, fue editado en España (Plaza & Janés, 1988) con una casete que supuestamente contiene la voz de Presley en la clandestinidad. Una periodista de origen cubano, Belkis Cuza-Malé, ha publicado La tumba sin sosiego, donde explica que Elvis actualmente se hace llamar Jon Burrows y vive en Fort Worth (Texas).
Una obsesión tan persistente que Nik Cohn, el británico autor deFiebre del sábado noche, lleva a su inevitable conclusión. En un relato publicado en junio de 2007 en The Observer, Cohn localiza al antiguo ídolo en un pantano de Luisiana: Elvis tiene 72 años… y un incurable cáncer de próstata. Sigue a continuación lo que, a pesar de que estemos en el territorio de la ficción, es seguramente la mejor entrevista concedida por Elvis.
 TOMADO DE: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/02/babelia/1420204825_476049.html

jueves, 1 de enero de 2015



Juego de humanos*
Cuando Belkis Cuza Malé, pitonisa por derecho propio de la cultura cubana, escribió su poemario Juego de damas entre 1964 y 1968, no podía imaginar que en 1971 el libro recién publicado sería “secuestrado” por la Seguridad del Estado del régimen de Fidel Castro, y desaparecido de los ojos de sus lectores potenciales hasta el año 2002, en que fue editado por Término Editorial de Cincinnati, Ohio, para fortuna de los amantes de la Poesía.
Y es que pocos autores y pocos libros pueden darse el lujo de esperar 40 años entre su creación y su difusión definitiva, sin que su discurso pierda frescura y eficacia, como ocurre felizmente en este caso.
Juego de damas parece acabado de escribir ahora mismo, como si Heberto y Belkis no se hubieran salido del juego castrista en 1968, ni tenido que pasar por las mazmorras de Villa Marista; Heberto durante más de un mes, a partir del asalto a su apartamento el 20 de marzo de 1971, por haber escrito su premiado libro Fuera del juego.
Es completamente irónico que ambos poetas usaran en sus dos libros la palabra “juego”, cuando debían haber sabido muy bien que si con algo estaban jugando era con candela, y no precisamente con fuego fatuo de las antiguas tumbas de esclavos cimarrones, palabra que me viene a la mente ahora por primera vez para calificar a Belkis y a Heberto, pues fueron ellos dos justamente los primeros “cimarrones” de la literatura cubana huyendo del control absolutista del estado, previsto ya por Virgilio Piñera en la reunión de los intelectuales con Fidel en 1961 en la Biblioteca Nacional, cuando el autor de Electra Garrigó declaró ante nuestro Saturno tropical “yo tengo mucho miedo”, y después le dijo a un enardecido Bola de Nieve “Bola se ha creído que es la mujer de Roberpierre”.
Claro que Virgilio pagó cara su osadía con largos años de ostracismo, y los rancheadores de la uneac salieron después a perseguir a nuestros dos primeros cimarrones literarios cumpliendo órdenes de su mayoral.
El caso Belkis-Padilla –porque aquí me permito editar la historia, que casi siempre ha dejado a Belkis de lado– fue un verdadero aldabonazo para la izquierda fascinada con el castrismo, y en 1980 el matrimonio pudo por fin abandonar el barracón.
Salvada la parte histórica, la poesía de Belkis Cuza Malé brilla con luz propia; no es ella una especie de luna que refleja los rayos del rey-sol Padilla, porque si deslumbrante es Fuera del juego, no menos fascinante y tremendo es Juego de damas, libro al que yo titularía El juego humano, para desenmarcarlo de cualquier intención sexista/feminista que el lector pudiera inferir de su título original, y que en realidad nada tiene que ver con el cliché del lugar común sobre la poesía femenina que la propia escritora aborrece.
Pero como también “las damas” es un juego de mesa, algo así como un ajedrez menor, no toquemos el título de Belkis para su libro, que es cualquier cosa menos “femenino”.
Juego de damas es un libro recio, contundente, auténtico; sin remilgos complacientes en su lenguaje, casi prosa a veces.
Dividido en tres partes totalmente asimétricas, abre el fuego con el bloque titulado Los fotogénicos, como el poema donde… “ninguno está seguro del otro,/ pero navegan,/navegan con la isla por todos los mares del mundo”, para continuar con un despliegue de imágenes audaces, desinhibidas, casi gráficas, pero sin llegar a porno…, porque no alcanzan a provocar lascivia por lo tremendo del drama subyacente: … “escucha mis quejidos, se asoma al ojo de la cerradura./Lo está mirando todo:/
tú, vestido,/yo, desnuda, estirándome como una garza/en la alberca”.
En el poema Fausto, la poeta apura la copa; empieza a quitar el pie del freno involuntario: … “¿Es que otros Faustos recorren la ciudad?”.
Toques surrealistas refrescan el viaje por el universo belkiniano; y hasta dan deseos de acompañarla cuando dice que “Rimbaud y yo nos hacemos al mar /en un gran elefante blanco”…
Ya en el núcleo del poemario, que también le da nombre al libro, cuando dice: … “No hay duda./ Alguien prepara su trampa,/está acechando con el ojo bueno,/ mientras juega a la zurda como un tahúr sin suerte”, Belkis se arriesga con la paranoia totalitaria, porque, pitonisa al fin, acertó en lo de “tahúr zurdo tramposo sin suerte”.
Culta pero sin pedantería, ese “Tu voz me sabe a Bach, /sube por mi boca,/toca mi sexo,/me desnuda”, me remonta a Carilda, por la calidad de las imágenes que convocan ambas cuando se las lee, no por semejanza, porque Belkis no es secuela de nadie, ni de sí misma, pues siempre se reinventa.
Sin ningún remilgo, se baja del pedestal barroco para “meter” una fase coloquial de barrio: “Caballero, ¿usted sabe lo que es comerse un cable?”, en su poema La mujer fatal.
En Están haciendo una muchacha para la época, ya anda Belkis desbocada dejándole rastros al futuro rancheador castrista: … “con mucha cal y pocas herramientas”.
En Retrato de una dama que ha perdido la ilusión, se debe haber disparado la alarma en la uneac contra esta dama, que no es coja ni boba, y mucho menos loca, aunque les haya roto el plan, y no me cabe duda de que Mujer desahuciada los debe haber sacado de quicio, al finalizar diciendo que … “No es posible apasionarse con nada,/ni siquiera con la pasión misma”.
Por si quedaran dudas de la eficacia del lenguaje poético de la “acusada” e interfecta poeta, en Crítica a la razón pura, Belkis se pone la soga al cuello cuando declama al final que … “Ella es la muchacha/ que ustedes necesitan destruir/para sentirse más fuertes”.
En el tercer y último bloque, titulado La rueda, Belkis comienza como a frenar, aunque en Los viejos incendiarios vuelve a clavar su culta pica en el lomo de la bestia, y la hinca todavía más en el poema En el museo de la vida, al cuestionarse, tras preguntar qué somos: “¿Conquistadores gloriosos del porvenir?”
Premonitoria siempre –por eso la llamo nuestra pitonisa nacional– , en Compro muebles viejos: sillas, camas, bastidores… afirma: … “y el nuevo propietario comienza a pensar /que él es el otro,/que todo lo que toca se convierte en sal y agua”…, como desgraciadamente ocurriría en realidad, porque ese “nuevo propietario” hasta la sal le tiene racionada a nuestro pueblo.
Finaliza el poemario con Grabado, y eso es justamente este libro, una visión impresionista de la realidad cubana de los años sesenta, con toques surrealistas y tono coloquial, que lo hacen un documento inapreciable para entender la doble paranoia del cubano después de 1959, sea o haya sido cimarrón o rancheador.
15 de julio del 2009
*Publicada en el Blog La Reina de la Noche, de Isis Wirth, el 17 de julio del 2009.





Belkis Cuza Malé bajo los tilos*
Desde que yo vivía en México deseaba conocer a Belkis Cuza Malé y publicar algún artículo mío en su Linden Lane Magazine –antes, durante mis treinta y nueve años viviendo en Cuba, su nombre y el de Heberto Padilla nos fueron ocultados por el régimen castrista–, y cuando pasé la frontera para venir a los Estados Unidos estuve muy tentado de ir a Forth Worth a conocerla, pero el “sentido común” me hizo desistir de la idea, y vine directamente para Miami, donde comencé a leer sus artículos en el periódico el Nuevo Herald. Un comentario suyo acerca de “el exilio de terciopelo” –con el que me sentí aludido debido a mis seis años en México sin romper con el régimen de La Habana completamente– me hizo escribirle, y así iniciamos un intercambio “emailístico” que, para mi fortuna, fue in crescendo, y hasta le dediqué un poema, sin saber casi nada todavía sobre su leyenda personal –los cubanos oímos campanas a lo lejos, y somos capaces de hablar hasta de la altura del campanario– , pero le atiné en casi todo, como los lectores ahora podrán comprobar:
Es cierto que en Berlín/ existe ya una avenida umbrosa,/
del lado que fue rojo tras el extinto Muro,/pero tú,/
huyendo precisamente/de esas tristes sombras,/engendro caribeño/de un Hitler tropical,/
fuiste a refugiarte/a un camino de Texas,/de tilos refulgentes, /y una casa muy azul./
Heberto fue tu esposo,/el padre de tu hijo,/y el poeta difícil de la renunciación,/
sufriendo ambos la cárcel, /el duelo del destierro,/y el final de su amor,/pero,/
cual pitonisa de un futuro divino,/brillas hoy con luz propia,/en un juego de damas,/
que no acepta otro Rey/que no sea Jesús.
(En el camino hay un solo tilo, valga la aclaración)
Después de la publicación en el 2007 de su poemario La otra mejilla por la Editorial ZV Lunáticas, de la escritora cubana residente en París Zoé Valdés, el siguiente libro publicado por esa editorial fue mi Calentando el bate, dedicado a Heberto Padilla, donde aparece un poema mío a Heberto, además del dedicado a Belkis; todo ello sin plan aparente alguno, pero donde estuvo la mano de Dios para que finalmente nos conociéramos, y naciera entre nosotros una amistad a primera vista, que me enorgullece y que es hoy una de las más grandes alegrías de mi vida.
Esta incansable creadora guantanamera –poeta, novelista, pintora y promotora cultural–, que ya lleva casi treinta años editando ese monumento literario que es Linden Lane Magazine, y que como periodista sienta cátedra por sus inteligentes entrevistas a destacadas personalidades de las letras, es ahora la entrevistada por mí en la Tertulia de APOGEO, por lo que de verdad voy a “bailar en casa del trompo”:
–¿Qué tiene Guantánamo, que ha dado tantos escritores y artistas importantes a la cultura cubana, a pesar de ser una ciudad de provincia tan alejada de la capital?
– Supongo que son las aguas del río Guaso, que nos nutrió a todos, escritores y músicos. En Guantánamo confluyen diferentes generaciones de artistas, que extrañamente van a darle a la ciudad una fisonomía distinta. Cada uno de estos intelectuales y artistas deja un aporte valiosísimo, no sólo a la cultura local, sino a la de la isla.
Yo estudié un año, siendo aún muy niña, en la escuelita que quedaba en casa del poeta Regino Boti. Las hermanas de Regino Boti fueron mis maestras, pero no recuerdo si en efecto eran una o dos. Tengo entendido que mi abuela, siendo una niña, cursó estudios allí, de seguro que con familiares del poeta. Recuerdo en especial el jardín de la casa de Boti. Caminar por allí a la hora del recreo era para mí la felicidad. En aquel jardín descubrí la poesía.
– El 20 de enero, fecha en que te hago esta entrevista, es la fecha del nacimiento de Heberto Padilla, a quien hemos dedicado esta tertulia; ¿cómo conociste a Heberto, y cuál consideras que es su principal aporte a la historia y a la cultura cubana?
– A Heberto lo conocí el 6 de febrero de 1962, en la fiesta de los premios Casa de las Américas. Yo no había cumplido aún los veinte años cuando obtuve en ese concurso una mención con mi libro Tiempos de sol. Heberto había quedado finalista por El justo tiempo humano – un libro precioso– . El ganador resultó Fayad Jamís, quien presentó un libro de exaltación revolucionaria, típica de la época que vivíamos: Por esta libertad, que le valió el premio.
Yo vivía entonces en Santiago de Cuba, y tuve que recurrir a mi abuelo materno – un catalán establecido en Guantánamo, que apenas si hablaba español– para que me acompañase a La Habana, pues mi padre era mi estricto y no me hubiera permitido viajar sola.
El aporte fundamental de Heberto a la cultura cubana es haber traído a la escena una poesía que entonces no se hacía en Cuba, una poesía que se había nutrido sobre todo de la inglesa, pero de un modo nuevo, de la mano de la poesía rusa, que ya en las últimas décadas casi sucumbe a la tragedia de la Historia – fíjense que la puse con mayúscula– revolucionaria . La política asomaba la oreja, pero de un modo nuevo, y los poetas redimían su papel de burócratas oficialistas.
Fue Heberto el primero en abordar con su obra una temática nueva, y enfrentar así al naciente estado totalitario y la represión. Su denuncia de lo que estaba sucediendo abrió el camino y socavó los cimientos de la revolución. Y sus poemas fueron y siguen siendo proféticos. Ya nada fue igual a partir de Fuera del juego.
– Para mí tú eres la más fiel continuadora de esa tradición de revistas literarias cubanas que alcanzó su cénit con Orígenes, y como aquélla, has editado Linden Lane ya por casi 30 años sin ningún apoyo institucional ni de la clase rica cubana en el exilio; ¿qué te ha compulsado para poder imponerte por sobre esta desidia interminable, que logró acabar incluso con Orígenes en su momento?
– Como he dicho en varias ocasiones, Linden Lane Magazine es una misión que Dios me ha encomendado. De no ser así no se hubiese podido publicar ni un solo número, pues, ¿de dónde iba a sacar yo los $2,000 que costaba cada número, entre gastos de imprenta, de envío por correo y de typesetting?. Incluso llegué a publicar un número estando en España en 1983. Y sin que yo moviese un dedo las universidades de este país, las más importantes, comenzaron a suscribirse a Linden Lane Magazine, una revista diseñada, producida y dirigida por una mujer desde la mesa de su cocina.
La idea fue enteramente mía, aunque Heberto me secundó (más bien a regañadientes) y no tuvo otra opción que acompañarme a recoger los ejemplares a las distintas imprentas donde carenábamos buscando precios más bajos. En la imprenta del principal periódico de Princeton (The Princeton Packet) estuvimos publicando el primer año, pero era muy costoso y tuvimos que buscar otro sitio. Por eso nos fuimos hasta la misma ciudad de New York. Al final descubrimos que esa ciudad tenía las imprentas más baratas, pues por lo regular sus propietarios eran asiáticos enfrentados a la competencia. Pero debo añadir que nunca me resultó una tarea agobiante, a pesar de compartir mis horas de trabajo con las de periodista, poeta, ama de casa, madre y esposa. Fueron años muy productivos esos de los ochenta y los noventa, porque LLM fluía, y mi esfuerzo no era en vano. No sé cuántas veces nos mudamos, cuántos tropiezos existieron a lo largo de estos años, pero siempre había tiempo y espacio para el magazine.
Aunque debo recalcar que no fue fácil: el exilio cubano no ha aprendido de los ricos de este país, tan generosos para apoyar la literatura y las artes en general, ni ha considerado necesario – a pesar de todo su patriotismo– proteger la cultura, ni promoverla. La mayoría de las actividades que se realizan fuera de Cuba son por iniciativas personales, con un gran sacrificio por parte de todos.
Por eso yo soy la primer sorprendida cuando veo que tras casi treinta años de haber comenzado, LLM todavía existe, y son muy pocos los escritores cubanos en el exilio que no han publicado en sus páginas. Sin recursos aparentes, pero con la protección de Dios, LLM ha sobrevivido las más extrañas peripecias, y hoy ha entrado en la era moderna de la tecnología más avanzada. Gracias a un artículo que milagrosamente leí en The New York Times, me puse en contacto con una compañía, la HP, que publica ahora *en demanda*, y cuyas ediciones son de lujo. Hemos pues llegado a la calidad extrema, tras haber estado todos estos años publicando en forma de tabloide en news print, o papel gaceta; estilo que a mí en particular me gustaba mucho, pues estaba inspirado en el célebre The New York Review of Books, que dirige Robert Silvers.
Junto a LLM fueron surgiendo las ediciones LINDEN LANE PRESS, que ya llevan más de 18 títulos publicados, y que ahora también se han renovado, pues hemos comenzado a publicar a todo color y en ediciones de lujo.
–Belkis, tú y Heberto fueron los primeros “cimarrones” literarios que “huyeron” del control absolutista del estado, y los rancheadores de la uneac salieron enseguida a perseguirlos, cumpliendo órdenes de su mayoral; ¿estaban ustedes conscientes de que al escribir y publicar tú Juego de damas y Heberto Fuera del juego estaban en realidad jugando con un fuego que los podría quemar y marcar para siempre, como finalmente sucedió?
–Esos libros se escribieron sin otra intención que la de expresar lo que sentíamos en aquella época. Heberto estaba dispuesto siempre a manifestarse a través de sus poemas y opiniones, y solía decir que de lo único que podían acusarlo era de un delito de opinión. Pero aunque no era un hombre ingenuo, esta suposición sí que lo era, a pesar de que él conocía muy bien lo que significaba un régimen totalitario, pues había vivido y trabajado durante varios años en la Unión Soviética, a principios de los sesenta.
–Premonitoria siempre –por eso te llamo “nuestra pitonisa nacional”– , en tu poema Compro muebles viejos: sillas, camas, bastidores…, perteneciente a Juego de damas, escrito entre 1964 y 1968, afirmabas: … “y el nuevo propietario comienza a pensar /que él es el otro,/que todo lo que toca se convierte en sal y agua”…, como desgraciadamente ocurriría en realidad, porque ese “nuevo propietario” hasta la sal le llegó a racionar a nuestro pueblo; ¿fue una revelación de ese espíritu que siempre me dices que te habla, simple intuición femenina, o es que tenías información sobre lo sucedido en nuestros “países hermanos socialistas de Europa”?
–Ese poema y otros son intuitivos; claro, recogen el estado del alma de ese país, con sus miedos y desconciertos. Todo el libro Juego de damas es eso, la visión espiritual de lo que sucedía alrededor de la autora –yo–, que padecía entonces tanto como los personajes femeninos de ese libro, historias casi reales que yo transformaba en poemas; mi visión patética de la realidad, en versos directos, despojados de la palabrería al uso de cierta poesía cubana.
–¿Qué opinas sobre esa tendencia que prolifera actualmente de etiquetar la literatura como “feminista”,“homoerótica”, “lésbica”, etc.?
–Ya he dicho en repetidas ocasiones –pero claro, esto no significa que deseo imponer mi criterio a nadie– que la literatura es una, y no debe ser fragmentada en espacios absurdos. No existe una literatura femenina, lésbica, o teñida con el color de la piel o las ideas religiosas de los creadores. Eso es aislarse, encerrarse aún más en un círculo de automarginación. Existe la poesía y no se llama femenina, ni masculina, ni nada que se le parezca. Sólo eso, poesía.
–¿Quiénes son tus poetas y novelistas preferidos?
–Son muchos y variados los poetas que me alimentaron de muy joven. Yo diría que Pablo Neruda fue uno de los fundamentales en aquella época, al igual que César Vallejo, Arthur Rimbaud, Guillermo Apollinaire, Rainer María Rilke, en fin, como dije, muchos. Pero luego siguieron los poetas en lengua inglesa, esos poetas que vinieron de la mano de Heberto Padilla. Heberto fue mi maestro y su poesía para mí es fundamental en mi desarrollo.
Por entonces yo leía muchas novelas, muchas, pero las de Virginia Woolf eran mis preferidas, al igual que los cuentos de Katherine Mansfield y todas las obras de primera calidad de la literatura universal. Leía lo mismo a los rusos que a los franceses eternos.
Un novelista que influyó en mí fue Mihail Bulgakov con El maestro y Margarita, y también Carson MacCullers, con su mundo del sur americano.
–Comenzaste a publicar muy joven, y formaste parte del grupo de escritores de Ediciones El Puente, entre 1961 y 1965, además de ganar menciones en importantes concursos literarios en Cuba; ¿qué le aconsejarías a los jóvenes que hoy escriben y ansían ver publicadas sus creaciones literarias?
–A los jóvenes y a los menos jóvenes que intenten ser escritores, poetas, artistas, lo único que les recomendaría es que leyeran mucho. Que no dejaran de leer la Biblia, porque allí está todo, las historias más sorprendentes, y Dios, el creador del Universo, con sus mensajes extraordinarios llenos de sabiduría humana, que todo escritor debería conocer. Además, sobre todo, les recomendaría que vivieran a plenitud, que amaran, que tuvieran hijos, que cocinaran, que no dejaran de participar de las experiencias vitales que hacen posible la imaginación y la creación.
8 de marzo del 2011, Día Internacional de la Mujer
*Publicada en la Revista Hispano- Cubana No. 39, Madrid, España.