sábado, 30 de septiembre de 2017

Muere Nati Mistral a los 88 años

La actriz y cantante compaginó el teatro y la canción y fue pionera de los musicales en España


Nati Mistral Ver fotogalería
Nati Mistral en una actuación.
La actriz y cantante Nati Mistral ha muerto a los 88 años en Madrid, según ha confirmado el director del Festival de Mérida, Jesús Cimarro. Mistral fue ingresada el pasado 27 de octubre de 2016 en estado muy grave tras sufrir un derrame cerebral y desde entonces ha estado ingresado en diversas ocasiones en el hospital.
A Mistral le derrotaron su versatilidad y sus últimas apariciones televisivas. Por la primera paseó su talento por el drama teatral, la comedia musical, la zarzuela, el teatro clásico, la música, el cine y los recitales poéticos. Y tanta capacidad influyó en que las nuevas generaciones le recuerden asociada al cine folclórico. Nacida como Natividad Macho Álvarez en Madrid en 1928, de su infancia decía recordar cómo había visto fusilar a miembros del Frente Popular, y por ello siempre fue franquista convencida. En los últimos años participó en diversos programas televisivos y aquí llegó su segunda derrota para la posteridad. De opiniones contundentes, sin filtro –“A mí no me calla nadie”-, se definía como “soy española, madrileña y monárquica, y presumo de muy derechona”. Aseguraba ser “más facha que nadie”, pidió en su momento a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que recurriera al ejército para limpiar las calles de Madrid o calificó a Pablo Iglesias, de Podemos, como “eso” o “el chico de las fotocopias”. Sobre la televisión creía que había terminado con los “actores de verdad”, porque hoy ninguno sabe “decir y sentir” un texto.
Nati Mistral en la sala del Círculo Catalán en Madrid donde ensayaba la obra de Antonio Gala 'Café cantante'.
Triste recuerdo para una artista que fue la primera cantante española que actuó en la BBC o que estaba considerada como la actriz que más veces había interpretado textos de Federico García Lorca. “No hay un estilo propio de Nati Mistral porque nunca me he sujetado a nada, necesito una constante renovación, ando siempre buscando cosas nuevas”, dijo en una entrevista en EL PAÍS. Nacida en una humilde familia que vivía en las manzanas de detrás de la Gran Vía, Nati Mistral tomo su nombre de la escritora chilena Gabriela Mistral, admirada por su madre. En su adolescencia fue una auténtica niña prodigio, ganando innumerables premios en canción y baile, como uno en Radio Madrid cantando un fado, con lo que obtuvo su primer contrato para la Compañía Infantil del Teatro Español. Aun así, no dejó de estudiar y curtirse en diversas facetas, base de su eclecticismo. Entró en la compañía de Enrique Rambal, a la vez que trabajaba como vocalista de la orquesta de Tomás Ríos, y fue contratada por la compañía de Lola Flores y Manolo Caracol para formar pareja artística con Tony Leblanc. En los cincuenta, de gira en Alemania con la compañía Los vieneses, decidió afincarse en Alemania por un despecho amoroso con Leblanc.
Nati Mistral
Nati Mistral. EFE
De allí volvió en 1957 convencida por Luis Escobar, para que protagonizara varias revistas musicales como Te espero en el Eslava, y Ven y ven al Eslava. Nati Mistral está considerada como la pionera de los grandes musicales en España. Por ejemplo, protagonizó la primera versión en España, en 1966, de El hombre de La Mancha.
En el cine antes de irse había aparecido en Las inquietudes de Shanti- Andía (1947), La nao capitana (1947) o El tirano de Toledo (1952), y en dos grandes éxitos: María Fernanda, la Jerezana (1947) y Currito de la Cruz (1949), lo que la marcó como folclórica. A la vuelta, centrada en los escenarios, solo actuó en la gran pantalla en Mi calle (1960), de Edgar Neville, y en algunos otros papeles menores.
En los años sesenta, devino en presencia frecuente en las diversas revistas televisivas, donde interpretaba sus éxitos como Guitarra, dímelo tú, Yo vi llorar a Dios, No soy de aquí Mimosa, Rosa de Madrid, Monísima, El polichinela, Gracias a la vida, Sueño imposible y Balada para un loco.
Como actriz dramática protagonizó obras como, con la Compañía del Teatro Nacional, Antígona, Fuenteovejuna, Fortunata y Jacinta, Bodas de sangre y Divinas palabras. Y llegaron sus triunfos y reconocimientos: Premio Nacional de Teatro en 1997; el Premio Mayte de Honor en, 2006; o Premio José Isbert de Teatro de 2007, Nati Mistral sumó otras distinciones como el Lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica en 1964 o la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 2007. Alejada de los escenarios españoles durante un tiempo, reapareció en 1983 con la obra Isabel, reina de corazones. En 1992, participó junto a Juanita Reina y Rocío Jurado, en Azabache, espectáculo representado en el auditorio de la Expo de Sevilla. Y en 1998 presentó Simplemente Lorca.
Entre sus últimos trabajos teatrales destacan La malquerida, La Celestina, y ya en este siglo La Dorotea, Inés desabrochada y La gracia que no quiso darme el cielo, collage dramatizado de diversos poemas de Cervantes.
Nati Mistral también hizo larga carrera en Argentina y México. En Buenos Aires fue empresaria de su propio teatro –el Avenida- junto al actor Alberto Closas. Y allí logró un prestigio merecido por sus recitales poéticos.
Viuda del industrial barcelonés, Joaquín Vila Puig, fallecido en 1995 y con el que se había casado en 1959, el matrimonio no tuvo hijos.

sábado, 9 de septiembre de 2017


Auschwitz, el campo de exterminio que enorgullecía al nazismo

Tal día como hoy de 1944, las tropas rusas liberaron a los pocos prisioneros que los alemanes no habían asesinado o se habían llevado con ellos
Mujeres prisioneras en Auschwitz
Mujeres prisioneras en Auschwitz - AFP
Cientos y cientos de emplazamientos recuerdan en la actualidad el ultraje realizado por los nazis a lo largo de todo el mundo. Sin embargo, pocos son más tristemente conocidos que el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, el lugar en el que los seguidores de Hitler acabaron con la vida de millones de personas.
Edificado en la población de Osweicim, ubicada aproximadamente a 60 kilómetros de Cracovia, Auschwitz tiene el vergonzoso orgullo de ser uno de los campos de concentración nazis en los que más personas fallecieron -entre un millón y un millón y medio de judíos, gitanos y todo tipo de enemigos del Führer-. Hoy en día, en cambio, se alza como un monumento para evitar que las atrocidades que allí se sucedieron caigan en el olvido.

Orígenes y finalidad de Auschwitz

El objetivo de crear un campo en Polonia nació tras la toma de este país por el ejército nazi. Concretamente, se produjo poco después de que Hitler, obsesionado con «germanizar» el territorio conquistado, diera la orden de confinar a todos los judíos en guetos de los que no pudieran escapar. Esta idea, unida a la necesidad de contar con un campo de concentración para someter y aterrorizar a la población local, fue el pistoletazo de salida para la formación de Auschwitz.
En los crematorios se habían llegado a quemar al día 10.000 cuerpos
Sin embargo, la finalidad de este centro no fue en un comienzo la de servir de mazmorra permanente para la población polaca. «En un principio, Auschwitz había sido concebido como una prisión de tránsito (…) donde mantener a los prisioneros antes de enviarlos a otro recinto del Reich; pero apenas bastaron unos días para que quedase claro que funcionaría como un lugar de encarcelamiento más», determina el historiador Laurence Rees en su libro «Auschwitz».
Con la decisión tomada, en junio 1940 llegaron los primeros prisioneros al terreno en el que, meses más tarde, se alzaría esta aberración nazi. Su objetivo, como no podía ser de otra forma, era construir el campo de concentración partiendo de unos sucios e infectados barracones abandonados años antes por el ejército. Así, bajo unas condiciones deplorables y siendo maltratados por los oficiales alemanes, cientos de «enemigos de Hitler» dieron comienzo a las labores de construcción.
Pocos meses después, ya había establecidas muchas de las estructuras necesarias para la vida en el campo y la cúpula del nazismo ya había seleccionado a un oficial para encargarse de Auschwitz: Rudolf Hess. Entre estas primeras edificaciones, destacó por encima del resto el denominado Bloque 11, un edificio en el que se administraban los castigos y se llevaban a cabo las torturas a los prisioneros.

Comienzan los asesinatos

No obstante, la cantidad de detenciones de judíos llevadas a cabo por el ejército nazi no paraba de aumentar, por lo que, apenas un año después (en 1941), el líder de las SS Heinrich Himmler planteó a Hoess la necesidad de crear un nuevo campo de concentración en el que ubicar a los nuevos presos. De esta forma, se inició la construcción de Auschwitz-Birkenau, un centro situado a tres kilómetros del campo principal.
Este lugar, el más conocido en la actualidad, es en el que los alemanes comenzarían la que denominaron como la «solución final», el asesinato indiscriminado de hombres, mujeres y niños judíos con la única finalidad de eliminar esta raza de la faz de la tierra. A partir de ese momento fue cuando se inició el auténtico infierno de Auschwitz.
Tras la aprobación de la «solución final» todo se tornó negro para las miles de personas encerradas en el campo de concentración. De hecho, en Auschwitz vivían en condiciones infrahumanas nada menos que 100.000 prisioneros (unos 744 por barracón, cuando lo normal era un cuarto de esta cantidad).
Puerta de entrada de Auschwitz I
Puerta de entrada de Auschwitz I
Las condiciones de insalubridad (los prisioneros podían ducharse, con suerte, una vez a la semana tras multitud de horas de trabajo) se sumaban a la precaria situación del campo, construido encima de un pantano. Esto hacía que, muy a menudo, el tifus asolara los barracones acabando con toda forma de vida. Pero a lo que más miedo tenían los prisioneros, por encima de a las enfermedades, era a los crueles oficiales de las SS, quienes no tenían reparos en mandar a miles de personas a las recién construidas cámaras de gas.
Así, pronto comenzaron a llegar a la estación de Auschwitz-Birkenau los primeros trenes cargados de judíos. Allí, justo al bajar del transporte, los nazis los dividían en dos grupos: mujeres, niños, ancianos e incapacitados a la derecha; hombres y mujeres fuertes a la izquierda. El primer grupo era conducido directamente a las cámaras de gas, donde los alemanes hacían entrar a la muchedumbre bajo la promesa de una ducha caliente. Por su parte, el resto eran dirigidos al campo, donde eran tratados como esclavos.

La llegada de Mengele

Sin embargo, el verdadero mal llegaría a Auschwitz bajo el nombre de Josef Mengele, un cruel doctor alemán que vio en los prisioneros del campo unos sujetos perfectos para llevar a cabo sus crueles experimentos. «Cuando llegó Mengele, en mayo de 1943, Auschwitz estaba abarrotado con más de 140.000 prisioneros y se extendía por kilómetros en todas direcciones», determinan Geral L. Posner y John Ware en su obra «Mengele. El médico de los experimentos de Hitler».
Según cuentan los supervivientes, la crueldad de este doctor era tal que disfrutaba acudiendo a la estación de tren cuando llegaba un transporte para, además de decidir quien vivía y quien moría como experto médico, buscar cobayas humanas para sus pruebas. Entre sus sujetos de experimentación predilectos se encontraban los gemelos de corta edad, a los que sometía a todo tipo de vejaciones.
En cambio, todo cambiaría para los nazis cuando supieron que el ejército ruso avanzaba a pasos agigantados hacia Polonia para liberar Auschwitz. Conocedores de los crímenes que habían cometido, el miedo les llevó a volar los crematorios en los que, al día, se habían llegado incluso a quemar 10.000 cuerpos.
A su vez, se deshicieron de toda la documentación existente sobre la ingente cantidad de muertos. Finalmente, abandonaron Auschwitz el 18 de enero de 1944. Sólo nueve días después, las tropas rusas liberaron a los pocos prisioneros que los alemanes no habían asesinado o se habían llevado con ellos.
TOMADO DE:  http://www.abc.es/historia/abci-auschwitz-campo-exterminio-enorgullecia-nazismo-201701272058_noticia.html