LA RAZÓN DE UN NUEVO BLOG DE GESTIÓN CULTURAL

Ante la avalancha de información cultural noticiosa que recibimos diariamente gracias a la colaboración que me proporciona Arturo Álvarez D'Armas, poeta, fotógrafo y promotor cultural venezolano, así como otros valiosos amigos colaboradores, hemos decidido abrir un nuevo blog de promoción y gestión cultural. Sean bienvenidos todos los amigos interesados en promover la cultura y el arte en general. Pueden enviarnos sus colaboraciones, las cuales subiremos a este blog como entradas tan pronto como las recibamos. Quienes deseen colaborar pueden dirigirnos sus trabajos a nuestro correo personal: renedayre@gmail.com René Dayre Abella. Autor y promotor cultural.

domingo, 15 de octubre de 2017

El artista que inmortalizó a Sarah Bernhardt

Alphonse Mucha, pintando "Epopeya eslava" EM
Exposición retrospectiva de Alphonse Mucha, bohemio en París y figura capital del Art Nouveu
«Prefiero crear imágenes para la gente a producir arte como un fin en sí mismo». La frase sintetiza el pensamiento artístico de Alphonse Mucha, el artista checo que vivió la vida bohemia de París en la Belle Époque, y cuyos carteles teatrales inmortalizaron a Sarah Bernhardt, la actriz más famosa de su tiempo.
Pero Alphonse Mucha es mucho más que un cartelista popular y uno de los grandes protagonistas del naciente Art Nouveau, movimiento que se proponía borrar las fronteras entre el arte y lo decorativo. Una gran exposición retrospectiva sobre este artista nos muestra, a través de 200 obras, la verdadera dimensión de Mucha, pintor, diseñador decorativo, ilustrador y fotógrafo, que también era un nacionalista con una visión universalista, un místico y, sobre todo, un pensador. Así lo ha señaló ayer John Mucha, banquero y nieto del artista, en la inauguración de la exposición, que permanecerá abierta hasta el 25 de febrero.
Todas las obras de la muestra, organizada y producida por Arthemisia con la colaboración de la Fundación Mucha, proceden de esta institución. Aunque la producción del artista es amplia y variada, sus obras más conocidas están relacionadas con el París bohemio del fin du siècle, cuando realizó Gismonda y el resto de carteles para las obras teatrales de Sarah Bernhardt. «Aquello fue una locura. Nunca se había visto. La gente los arrancaba de las paredes y se los llevaban a casa», recuerda ahora el nieto del pintor.
Tomoko Sato, la comisaria de la exposición y conservadora de la Fundación, señala que los carteles de Mucha eran diferentes a los Toulouse-Lautrec y otros cartelistas de su época, con imágenes más agresivas y colores fuertes. «Mucha empleaba tonos pastel, y se preocupaba por buscar la armonía. Colocaba las figuras femeninas sobre una especie de pedestal y las coronaba con arcos, con lo cual tenían un aire escultural y religioso. A Bernhardt le llamaban la divinaSarah».
Alphonse Mucha nació en 1860 en una pequeña aldea de Moravia. La ocupación prusiana le marcó toda su vida, como se apreciará en las pinturas de su última época. Tras ser rechazado en la Academia de Praga se dedicó al teatro y después estudió Bellas Artes en Munich. Su llegada, en 1887 a París, la capital del mundo artístico, sería clave para su evolución y le daría fama internacional. De hecho, el estilo Mucha llegó a convertirse en sinónimo de Art Nouveau, un movimiento que se propagó hasta 1914.
Unos años antes, Mucha ya había decidido cambiar de estética y de pensamiento. Entre 1911 y 1926 se encerró en un castillo para volcarse en su proyecto más ambicioso: Epopeya eslava, veinte cuadros monumentales en los que el artista va investigando y mostrando la historia y el espíritu del pueblo eslavo con el que tan identificado se sentía. Estas obras se las regaló en 1928 al Ayuntamiento de Praga con motivo del décimo aniversario de la independencia de Checoslovaquia. «Sus contemporáneos se burlaban de él cuando se dedicó a este proyecto. Decían: ¡qué viejito está Mucha, haciendo pintura histórica en la época del cubismo y de las vanguardias!», recordó su nieto.
La exposición de Madrid, que se mueve en el laberíntico espacio del Palacio de Gaviria, comprende seis apartados, entre temáticos y cronológicos. Se inicia, como preámbulo, con retratos familiares, para pasar a Un bohemio en París, que va de sus inicios marginales hasta su éxito popular. «La Nochevieja de 1895, cuando el primer cartel invadió las calles de París, su vida cambió radicalmente», recuerda Sato. El segundo espacio sigue con los carteles y los objetos que Mucha diseñó para la publicidad de bicicletas, cigarros o chocolate, siempre con esas figuras femeninas tan florales. Después, el cartelismo del Art Nouveau va avanzando hacia el simbolismo. El místico, el patriota y el filósofo son los siguientes apartados de la exposición, que se cierra con su último proyecto, los bocetos para el tríptico sobre la edad de la razón, la sabiduría y el amor, un mensaje de paz universal concebido en un tiempo convulso. Murió en Praga poco antes de que estallara la guerra, aunque ya había sido detenido por la Gestapo.

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