domingo, 12 de noviembre de 2017

'La casa verde': todo lo prohibido, todo lo prohibido

Mario Vargas Llosa y a su izq. Julio Cortázar. (POETASDELFINDELMUNDO)
La ciudad y los perros encendió en 1963 las luces. Puso los reflectores sobre el joven periodista peruano Mario Vargas Llosa, que había publicado en Lima un racimo de buenos cuentos y se aparecía ahora con una novela escrita con una música particular, hecha con las guitarras de siempre pero con sus cuerdas afinadas de otra manera.
La casa verde (1965) demostró que aquel resplandor era definitivo y reafirmó que la prosa de la lengua española sería más laberíntica y universal gracias a la explosión de una bomba preparada en Hispanoamérica que todavía no había estallado. Ni se llamaba Boom.
La segunda novela de Vargas Llosa, mostró que los cambios formales y las aventuras y rejuegos con el tiempo y las palabras de su primer libro se intensificaron, se hicieron tan hondos y difíciles que llegaron hasta niveles escandalosos para algunos críticos, que acusaron de inmediato al intelectual de hacer tan misteriosas y raras las vías de su relato que los pobres lectores no lo podrían comprender.
Con todas sus exigencias y rigores, se hizo popular. La historia avanza por diferentes espacios y tiempos que se alteran y pueden ser parte de la realidad o de la imaginación del autor y con solo prestar atención (y dejarse llevar por las indicaciones de Vargas Llosa) cualquiera que se adentra en sus páginas puede armar la estructura de la novela, enterarse de todo, disfrutarla, recibir sus mensajes y conocer en persona a Don Anselmo y la atmosfera densa de la casa que abrió en los arenales de Piura.
El español Juan Goytisolo se lanzó de lleno en la polémica sobre los encontronazos de la lectura de la novela con este párrafo lúcido y esclarecedor: "Navegar por el río de palabras de La casa verde es una incitante aventura. El relector va de sorpresa en sorpresa, arrimándose a sus orillas para tomar aliento y recapitular acerca de lo leído antes de emprender una nueva etapa de su periplo. La ambición creadora de su autor, difícilmente aprehensible en una somera lectura, se nos desvela entonces con nitidez. La reconstrucción de rompecabezas es tarea ardua pero su recompensa aguarda a quienes no se arredran ante la dificultad y apuestan por el triunfo final de la literatura".
Vargas Llosa ha contado que los recuerdos de una choza de tablas pintada de verde que vio en 1946 y la deslumbrante Amazonia que conoció en un viaje 12 años después por el Alto Marañón le dieron los personajes y las historias de la novela. Y que la mayor deuda que contrajo con esa obra fue, precisamente, por los aportes formales, con William Faulkner, "en cuyos libros descubrí las hechicerías de la forma en la ficción, la sinfonía de puntos de vista, ambigüedades, matices, tonalidades y perspectivas de que una astuta construcción y un estilo cuidado podían dotar a una historia".
El primero en hacer un examen sincero y a degüello a La casa verde fue un amigo de Vargas Llosa que vivía en Europa, un argentino implacable y sagaz que se llamaba Julio Cortázar. El peruano le envío por correo el manuscrito y su compañero se lo devolvió con una carta que, fuera de dos o tres asuntos personales y saludos para conocidos, era una crítica literaria acompañada por violines. "Vos sos América", le dice a Vargas Llosa el autor de Rayuela, "la tuya es la verdadera luz americana".
"La novela me interesa profesionalmente", escribe, "hay algo que tengo que decirte de entrada y sin el menor regateo: en el plano técnico, La casa verde es maravillosa". Cortázar añade: "Yo, que soy melómano incurable, no encuentro otra manera de decirte hasta qué punto la trama de tu libro me parece una especie de potenciación, de proyección hacia ese plano de la arquitectura sonora, sin la cual ninguna obra humana (plástica, literaria o poética) puede superar sus limitaciones".
Esa novela, con la memoria de sus viajes al Perú profundo y con la presencia asimilada de las hechicerías de Faulkner, recibió en 1967 el primer Premio Rómulo Gallegos, convocado por las autoridades culturales de Venezuela. La casa verde, que se había publicado en Barcelona, y el nombre de su autor, pasaron de repente a los principales espacios de la prensa de América Latina y España y de cualquier lugar del mundo donde se moviera el interés por la literatura.
El galardón con el nombre del maestro venezolano, recibido hace 50 años por La casa verde, consolidó y universalizó al autor peruano y comenzó la promoción de lo que sería después el Boom latinoamericano porque los dos siguientes premios Rómulo Gallegos recayeron sobre Gabriel García Márquez por Cien años de soledad y Carlos Fuentes por Terra nostra.
Vale la pena volver sobre este libro escrito hace más medio siglo para comprobar, después del arduo ejercicio de la lectura, que Mario Vargas Llosa lo firmó anoche, lejos de Perú, en una pequeña habitación de París.

Este texto apareció originalmente en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

TOMADO DE:     
 http://www.diariodecuba.com/de-leer/1510137295_35172.html
 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

El presidente, los intelectuales y ‘la muñeca tetona’

El periodista mexicano Diego Osorno presenta un nuevo documental sobre las relaciones entre cultura y poder en su país a partir de una foto kitsch de 1987



Desde la izquierda, de pie: el periodista Benjamín Wong, el economista Iván Restrepo, la escritora Elena Poniatowska, la promotora cultural Margo Su, el periodista Héctor Aguilar Camín; sentados: el escritor Carlos Monsiváis, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el expresidente Carlos Salinas y los escritores Gabriel García Márquez y León García Soler, en 1987.
Desde la izquierda, de pie: el periodista Benjamín Wong, el economista Iván Restrepo, la escritora Elena Poniatowska, la promotora cultural Margo Su, el periodista Héctor Aguilar Camín; sentados: el escritor Carlos Monsiváis, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el expresidente Carlos Salinas y los escritores Gabriel García Márquez y León García Soler, en 1987. Cuartoscuro
A Gabriel García Márquez le llamó una noche para pedirle que hablara con su amigo Fidel Castro de un asunto que le preocupaba a Bill Clinton. De Héctor Aguilar Camín aún recuerda de memoria su número de teléfono, y Elena Poniatowska cuenta que le llamaba a menudo, directamente, pero ella al escuchar su nombre al otro lado de la línea decía, “sí, y yo soy la Virgen de Guadalupe”. Y colgaba.
Carlos Salinas de Gortari, presidente de México de 1988 a 1994, y un grupo de intelectuales son los protagonistas del nuevo corto documental del periodista Diego Enrique Osorno y Alexandro Aldrete. En apenas 30 minutos, y con un torbellino de anécdotas, testimonios y datos, La muñeca tetona, indaga en las relaciones entre el poder político y el mundo de la cultura en su país.
Todo empieza con una foto en el salón de una casa de la capital en 1987. Nueve periodistas, promotores culturales y escritores: Elena Poniatowska, Margo Su, Iván Restrepo, Carlos Monsiváis, Benjamín Wong, Héctor Aguilar Camín, Miguel Ángel Granados Chapa, Gabriel García Márquez y León García Soler. Todos alrededor de un sillón, arropando a Carlos Salinas, por entonces secretario de Presupuestos, y que un mes más tarde se destaparía como candidato. En una esquina del sofá, una extravagante figura de lana con unos pechos desproporcionados con el resto del cuerpo.La muñeca estaba allí, pero en el documental funciona como un Mcguffin, un truco para disparar la trama, y a la vez, como un elemento de extrañeza, un símbolo de esa misma relación extraña entre cultura y poder político. Como también es un símbolo Carlos Salinas, “el presidente más habilidoso y controvertido del México moderno”, según Osorno, que presentó la cinta esta semana en unos cines de la capital. 
El camino presidencial de Salinas arrancó con la sombra de un pucherazo y terminó marcado por el asesinato de su delfín político. En medio, dio entrada a toda una nueva generación de tecnócratas formados, como él mismo, en universidades estadounidenses. Fue el padrino de la gran privatización del Estado priísta –bancos, minas, puertos, telefonía– y del tratado de libre comercio con EE UU y Canadá. El hombre “de la Perestroika mexicana”, como le llamó Gorbachov en un visita a Moscú, acabaría arrollado por una fuerte crisis política y económica, con su hermano encarcelado por corrupción y saliendo del país por la puerta de atrás para no volver durante años.
La foto es el recuerdo de las reuniones que cada 15 días aquel grupo de intelectuales mantenían con un secretario de Estado, y una vez al año con el presidente. “Eran reuniones no palaciegas, sino críticas, pero a la vez muy cordiales y con respeto hacia el invitado”, explica Restrepo ante la cámara. Osorno reclutó para la pieza a “todos los que aún están vivos –incluido Salinas–, salvo García Soler y Aguilar Camín, quien comentó que no se acordaba. En el caso de los que ya habían fallecido, decidí buscar a figuras del mundo intelectual de hoy que pudieran ser consideradas como expertos o incluso herederos, en cierta forma, de los protagonistas fallecidos de la foto”.
Para Jaime Abello, presidente de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por García Márquez, la propuesta del documental “es interesante, porque visto en perspectiva, ningún otro país cuenta con una institucionalidad cultural como México, un programa tan grande de becas, premios, apoyos a creadores”. El escritor Fabrizio Mejía, “representante” de Carlos Monsiváis, quizá el invitado a aquellas reuniones con una voz más crítica, sitúa esas relaciones en la lógica del clientelismo: “Era un sistema muy eficaz basado en construir clientelas, igual sirve un saco de cemento, que las ayudas en el medio cultural”.
El documental también lanza preguntas sobre el momento actual. Según el director de la cinta, “en esa época, el PRI buscaba legitimar su régimen autoritario acerándose a los intelectuales. Ahora Peña Nieto es un presidente que no sabe ni citar tres libros que haya leído. El gobernador de Nuevo León, se hace llamar El Bronco: desde el apodo está apuntando a una postura anti intelectual. Creo que ahora estamos en un momento político anti intelectual, pragmático y bárbaro.
En una primera versión aparecía Diego Osorno como director del documental. La pieza ha sido co-dirigida por Alexandro Aldrete
 
TOMADO DE:  https://elpais.com/cultura/2017/11/03/actualidad/1509672870_513780.html


domingo, 5 de noviembre de 2017

Favio: la estética de la ternura
por Jesús Dueñas Becerra
jesus@infomed.sld.cu
 
Favio: la estética de la ternura, del realizador venezolano Luis Alejandro Rodríguez Ruiz, es el título del documental que, filmado para honrar la memoria del cineasta Leonardo Favio, fuera estrenado en la trigésimo séptima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Dicho audiovisual en colores y con retrospectivas en blanco y negro, de 95 minutos de duración, y estructurado en imágenes de archivo y actuales, así como en los resultados de entrevistas a directores, actores y personal técnico, así como al ilustre intelectual suramericano. Profesionales del séptimo arte que, a lo largo de su fecunda existencia terrenal, establecieron con él sólidos lazos profesionales y afectivo-espirituales.
En las secuencias fílmicas correspondientes, se muestra lo mejor de su talento, porque Favio, tan versátil como indispensable en la cinematografía de nuestra América, tenía “duende”, al decir del poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca, y que, en buen cubano, no es otra cosa que estar tocado por el “ángel de la jiribilla”, según el poeta, escritor, crítico y periodista, José Lezama Lima.
Como ningún otro autor escudriñó en el alma popular a través de personajes inocentes, marginados o incomprendidos frente a un medio social, en ocasiones brutal y en extremo despiadado hacia esas personas, a quienes se les privara del tesoro más importante que —después de la vida y la salud— posee el homo sapiens: la dignidad y el decoro.
De acuerdo con los testimoniantes, en la producción intelectual y espiritual de Leonardo encontramos una aguda crítica social, pero enfocada con evidente ternura, y desde una óptica ético-humanista e ideo-estético-artística por excelencia.
En las obras que Fabio le aportara a la pantalla grande latinoamericana y universal siempre hay víctimas y victimarios y un marcado interés por llevar al celuloide los problemas sociales que afectan no solo a los pueblos de nuestro hemisferio, sino también a los de todas partes del orbe.
En la filmografía de Leonardo Favio hay —al parecer— un componente autobiográfico, porque procedía de una familia de escasos recursos socio-económicos, de extracción muy humilde, y por ende, tuvo una niñez y una adolescencia traumáticas por la influencia directa de uno de los flagelos sociales que le han hecho tanto daño a la humanidad, en la misma medida que las secuelas de los conflictos bélicos y el azote del VIH-SIDA: el morbo del tener, el cual ha desplazado al ser.
De ahí, que los audiovisuales salidos de su genio e ingenio sustenten tesis filosófico-antropogénicas, y en consecuencia, analicen —con afilado bisturí— las causas de los problemas que, desde épocas inmemoriales, afronta la existencia del hombre, como consecuencia de los efectos desintegradores de esa enfermedad social que socava las bases del amor, el perdón y la paz; pilares fundamentales en que, para Favio, descansa la gran familia humana.
Homenaje que estoy seguro dejará una honda huella en la mente y en el alma de quienes tuvimos la suerte de ver y disfrutar el documental Favio: la estética de la ternura, como homenaje póstumo a ese gigante de la cinematografía latinoamericana.

FAVIO La Estética de la Ternura (2015) ★ TRAILER Oficial

Teaser: Favio, la estética de la ternura

 

Nos fuimos a ver "Favio, la estética de la ternura"

 

A los 74 años falleció Leonardo Favio

Jesús Dueñas Becerra - psicólogo, crítico y periodista
jesus@infomed.sld.cu
 
Publicado, originalmente, en la web de la UNEAC http://www.uneac.org.cu/ - La Habana, 4 de diciembre de 2015
 
 
En Letras-Uruguay ingresado el presente trabajo el día 5 de diciembre de 2015

Autorizado  por el autor, al cual agradecemos.
 
Editado por el editor de Letras Uruguay
 
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jueves, 2 de noviembre de 2017

Muere María Martha Serra Lima, la voz argentina más vendedora de la historia

La cantante no superó dos complejas operaciones en su espina dorsal

María Martha Serra Lima junto al trío Los Panchos.Ampliar foto
María Martha Serra Lima junto al trío Los Panchos. FACEBOOK
María Martha Serra Lima, la cantante argentina que más discos vendió en la historia de su país, murió hoy a los 72 en Miami, Estados Unidos, donde residía desde hace algunos años. La artista no pudo superar dos operaciones en su espina dorsal a las que se sometió hace un mes. Dijo entonces que estaba “muy asustada” con la intervención, pero tomó la decisión de ir al quirófano para no quedar paralítica. María Martha Serra Lima fue la artista argentina que más discos vendió en la historia de su país, icono de la música romántica de los 80 y una de las primeras mujeres en saltar a la escena internacional desde Buenos Aires. Su voz sonó en el Madison Square Garden en Nueva York y sus discos fueron un éxito en España, Puerto Rico, México, Venezuela y Chile.
“O me opero o no camino más”, había dicho Serra Lima cuando ya tenía decidido entrar al quirófano. "Tengo miedo, son intervenciones muy difíciles, vi en Internet que es dificilísima y complicadísima. Yo no tengo 15 años y uno siempre tiene miedo", reconoció. Las operaciones se realizaron a finales de septiembre en el Aventura Hospital de Miami. Su productora, HPU International Production Lic, advirtió en aquel momento que “la cirugía requiere de una rehabilitación importante, por lo que estará fuera de los escenarios por un término prudencial de tiempo, que lo determinaran los médicos intervinientes”.
La cantante padecía insoportables dolores lumbares y en sus piernas desde hacía años. Hoy, la misma productora confirmó la muerte de la artista desde su cuenta oficial en Facebook: “Ha partido físicamente de esta vida, a las 2.30 AM, dejándonos lo más lindos recuerdos de su paso por esta vida, con su personalidad, su don de gente y sus maravillosas canciones, ejecutadas con todo ese sentir que ella tenía en su voz".
La marca personal de Serra Lima fue una entonación perfecta y su voz baja, con la que interpretó los boleros más famosos hasta convertirse en una estrella. Su primer disco se publicó en 1978, y desde entonces nunca se detuvo. En 1981 editó con el Trío Los Panchos Esencia Romántica, una placa que vendió cinco millones de copias, en momentos en que las cifras de ventas eran el termómetro del éxito o el fracaso de un cantante.
En una de sus últimas entrevistas recordó que su carrera comenzó cuando ya tenía 34 años, por la oposición férrea de su familia a que se dedicara al espectáculo. “Recién empecé cuando murió mi papá”, dijo. La demora no le impidió editar más de cuarenta álbumes, que le valieron quince Discos de Oro y 35 de Platino. Sus interpretaciones más recordadas fueron Algo contigo, Cosas de la vida, Usted y Cenizas, por nombrar sólo algunos de sus éxitos.
Participó en películas y tuvo un recordado romance con Sandro, el cantante más popular de Argentina, quien le dedicó la canción Cosas de la vida. "Cómo olvidar cuando en una reunión, rozamos nuestra piel y el mundo se detuvo. La confusión nos invadió a los dos, tratando comprender, qué estaba sucediendo”, le escribió Sandro. Los restos de Serra Lima serán cremados y sus cenizas arrojadas al mar Caribe, escenario de sus boleros más famosos.
TOMADO DE:  https://elpais.com/cultura/2017/11/02/actualidad/1509632186_355614.html