martes, 23 de enero de 2018

Muere el poeta chileno Nicanor Parra a los 103 años

El Gobierno de Chile decreta dos días de duelo nacional para despedir al premio Cervantes

Nicanor Parra
El poeta chileno Nicanor Parra.
A los 103 años ha muerto este martes el poeta, matemático, físico y académico chileno Nicanor Parra. Lo ha confirmado el ministro de Cultura del Gobierno de Chile, Ernesto Ottone. El deceso del premio Cervantes 2011, una de los mayores leyendas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, se ha producido de madrugada. Hermano mayor de una familia de genios, como la cantautora y artista Violeta Parra, el autor de Poemas y antipoemas pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces, a unos 120 kilómetros de la capital chilena. Su muerte, sin embargo, ha ocurrido en su hogar del municipio de La Reina, en Santiago.
El su ataúd se puede leer Voy&Vuelvo, el texto de unos de sus famosos artefactos, según relató su sobrino Nano Parra afuera de la vivienda de la precordillera de la capital. Indicó que los restos del poeta serán trasladados el jueves por la mañana a Las Cruces, donde esa misma jornada se celebrará el funeral. “Su salud estaba un poquito deteriorada, pero falleció a causa de los años. Nada más, eso es todo”, señaló el pariente del escritor. Y adelantó: “Lo vamos a despedir bailando y cantando”.
En una entrevista con EL PAÍS en 2011, Parra declaró: “Nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire”. Creador de la corriente llamada antipoesía, Parra era el superviviente del grupo más señero de poetas chilenos contemporáneos, junto a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas. Después de publicar en 1937 Cancionero sin nombre, influido por Federico García Lorca, llegó en 1954 el libro que marca en mayor medida su obra y la poesía hispanoamericana del siglo pasado, Poemas y antipoemas.
“Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices”, escribió Parra en Versos de salón de 1962.
Su país llora al poeta que revolucionó las letras hispanoamericanas. Sus compatriotas comienzan a llegar hasta su casa de La Reina y de Las Cruces para despedirlo con flores y escritos. El Gobierno ha decretado dos días de duelo nacional, que implica mantener las banderas a media asta y suspender los eventos masivos públicos de celebración. El Museo Violeta Parra, en el corazón del centro de Santiago, ha abierto un libro de condolencias para los ciudadanos, que luego será entregado a la familia.
Las principales autoridades chilenas han comenzado a hacer pública su conmoción. “Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia", ha publicado la presidenta Michelle Bachelet en Twitter.
El presidente electo, Sebastián Piñera, iba a presentar a su gabinete en una ceremonia en la sede del Congreso en Santiago y ha arrancado su discurso aludiendo al fallecimiento del poeta: “Era un hombre que llenó las páginas de nuestra historia, con su talento, imaginación e irreverencia”, ha asegurado Piñera, que pidió un minuto de silencio en honor a Parra. “Lo único que le faltaba para ser inmortal era haber dejado este mundo terrenal”.
Políticos, intelectuales y figuras de la televisión han manifestado su pesar a través de las redes sociales. Hasta la selección chilena de fútbol ha escrito en Twitter: “Creador talentoso en extremo y que siempre dejó el nombre de Chile bien puesto en todos lados. Sin duda, Nicanor Parra fue, es y seguirá siendo un tremendo crack. ¡Buen viaje, don Nica!”.

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viernes, 19 de enero de 2018

Vicente Aleixandre encara el siglo XXI

Una nueva edición de la ‘Poesía completa’ reivindica al Premio Nobel como el innovador que sigue marcando a las generaciones presentes

Vicente Aleixandre.
Vicente Aleixandre. EL PAÍS
En Vicente Aleixandre, el amor era una fiebre. No se trata de un lugar común. Dios nos libre de aplicarle tal agravio a su genio poético. Resultaba real. El amor o la falta del mismo, que viene a ser idéntica bacteria. En su caso, aplicada a la vida y a su obra. Lo comenta Javier Lostalé, poeta y crítico, que disfrutó como tantos de su magisterio en esas largas, serenas y legendarias tardes de su casa en la madrileña calle Velintonia. Así lo recordaba él este miércoles en la Real Academia Española (RAE) junto a Alejandro Sanz, responsable de esta nueva edición de su Poesía completa publicada por Lumen. “Un compendio que esperamos sirva para entender su figura en el siglo XXI”, asegura Jaume Andreu, editor del trabajo.
La sede de la RAE, “este lugar al que sentía una pertenencia espiritual”, comentó el académico José María Merino, es donde ingresó Aleixandre en 1950. Allí ocupó el sillón O hasta su muerte, en 1984. Seis décadas de intensa creación lo coronaron como un auténtico innovador, que mereció el Premio Nobel en 1977. Pero su huella y su influencia continua vigente en este presente siglo.
Casi 40 años después de recibir el premio aparece su Poesía Completa con algunos inéditos y una sincera vocación de lectura y relectura abiertas. El encargado de ordenarla ha sido Alejandro Sanz, un auténtico experto en Aleixandre, presidente de la Asociación de Amigos del poeta.

Maestro perpetuo de los más jóvenes

Ya lo intuyó en vida Miguel Hernández al descubrir La destrucción del amor: “Leyendo tu libro me siento un primitivo, Vicente. Tan aplicada está tu sensibilidad poética y tan trabajado tu sentimiento universal. He dicho a un amigo que tu obra es para la juventud venidera más que la presente”. Y así fue como profetizó un lazo que dura hasta hoy. Si preguntamos a los poetas más jóvenes, Ana Merino confiesa: “Aleixandre me impresionó mucho de adolescente porque miraba el mundo desde lo que yo intuía y quería definir como una poesía planetaria de los sentidos. Era como si el universo, con toda su fuerza, se mezclara con las sensaciones de los cinco sentidos. Creo que me enseñó a valorar esa capacidad interestelar de los poetas que se funden en el amor”. Algo parecido suscriben autoras como Raquel Lanseros o Beatriz Hernanz,estrechamente vinculadas a la obra de Aleixandre. Para la primera representa "la luz, la concordia, el hedonismo, la libertad del cuerpo y la alegría del placer". A Hernanz siempre le ha marcado su biografía personal y poética, "además de abrirme los ojos hacia nuestro arte en el siglo XX". También Luis Muñoz incide en su vigencia: "Aleixandre es un poeta esencial. Su idea de la poesía como último fracaso al implicar la destrucción de su soporte vivo, creo que es una clave fundamental de su escritura. Es un maestro de la transfiguración de las pasiones en el lenguaje, a través de símbolos e imágenes, con una especie de impotencia increíblemente rica en expresividad y capacidad de sugerencia".
En su caso puede decirse que un libro es todo un destino. Todavía se pregunta por qué un día su padre le regaló una antología del creador, nacido en Sevilla en 1898. Lo marcó de por vida. “Su verbo encendido, cósmico, metafísico, reflexivo, ese irracional enardecimiento que provoca su lectura, su sólida cosmovisión”, afirma Sanz, no lo ha abandonado.
Clara Janés puede figurárselo. La académica asistió también a la presentación de este compendio Aleixandre. Como la poeta cree en el azar, cuando cayó el libro en sus manos, lo abrió por la página 974 –el volumen tiene 1.500- y al sumar le salió: 20. “Daba con una pieza que comenzaba en la anterior, me fui al inicio y en su lectura quedé impresionada por el hallazgo”. Escribe Aleixandre en su poema Cinemática: “Meteoro de negrura./ Tu bulto. Cometa. Lienzos/ de pared limitan cauces/ hacia la noche solo abiertos…”. Le pareció una premonición de nuestro tiempo.
Y el pálpito de un hombre, al que, según Sanz, resulta imposible separar del poeta. “Todo intento es inútil. Cae”. Entre otras cosas porque Aleixandre es el gran notario en permanente pálpito del amor. “No del ensoñado, sino del intensamente vivido, gozado y padecido”. El permanente vigía en busca de una rendija por la que se colara esa “aspiración a la luz”, si nos atenemos a su propia expresión de búsqueda.
Un camino que emprende con Ámbito, prosigue y persigue después en Pasión de la tierra, Espadas como labios, La destrucción o el amor, Mundo a solas, Siembra del paraíso… Así hasta los Poemas de la consumación. O también en aquello que no mueren con él, sino que perviven en sus publicaciones póstumas, caso de sus versos de juventud o sus últimos poemas, también aquí presentes.
Todo el volumen se guía por la ruta que marca esa preciosa brújula de la innovación. “En pocos compañeros de su generación se percibe una evolución tan sólida y ejemplar, tan consecuente y fértil”, apunta Sanz. De tal magnitud, que fue reivindicado por los de la generación del 50 hasta los novísimos. Por no hablar de la ayuda que prestó en vida a los inmediatamente más jóvenes, caso de Miguel Hernández, de quien fue auténtico mentor. La marca de su generoso reconocimiento hacia los demás cuando distinguía señal de talento, también lo definió como uno de los más grandes.

 TOMADO DE;
 https://elpais.com/cultura/2018/01/17/actualidad/1516210876_528386.html


sábado, 6 de enero de 2018

El ratón, el sexo y García Lorca

Ian Gibson, un dublinés llegado a España en los sesenta, fue quien se encontró con el fantasma de Federico

El hispanista Ian Gibson, en el barranco de Víznar (Granada), en 2000.
El hispanista Ian Gibson, en el barranco de Víznar (Granada), en 2000.
Si el navegante digital deja que el ratón se explaye a su aire por la Red, guiado por su instinto se detendrá sin ninguna duda en cualquier noticia que tenga que ver con el sexo. Basta con escribir esta palabra para que todos los ratones del mundo comiencen a clicarla como si devoraran el queso más sabroso. El sexo y la dieta para adelgazar no tienen rival en las listas de lo más buscado en la Red, pero este interés también lo comparten dos personajes de la historia contemporánea, Adolf Hitler y Federico García Lorca. De hecho, si el ratón encuentra esos nombres en el camino, se detiene y comienza a hurgar. Por Hitler el ratón siente una diabólica fascinación y de Lorca le atrae la tragedia de su muerte que une la aureola prodigiosa de sus versos con el misterio de su cadáver no encontrado como si se tratara de un crimen actual todavía sin resolver.
El nombre de García Lorca era impronunciable en aquella Granada de 1957 donde estudié un curso en la facultad de Derecho en las mismas aulas, de las que se sirvieron los franquistas para hacinar a los presos en los primeros días de la Guerra Civil. En ellas también había estudiado Federico y desde allí fue transportado a Víznar para ser ejecutado en uno de los barrancos de alrededor. Por supuesto los catedráticos de la facultad sabían de sobra que el fantasma del poeta sobrevolaba aquel claustro lleno de risas estudiantiles, pero no oí que nadie de ellos pronunciara nunca su nombre. Durante mis correrías nocturnas por los bares de la Alcaicería de Granada a veces me encontraba con un señor siempre bebido que solía lloriquear ante una copa de vino repitiendo una y otra vez: "Perdóname, Federico, perdóname”. Después supe que era el mayor de los hermanos Rosales, jefe de la Falange. Pero, ¿quién sería ese Federico? Era impensable que alguien te diera una respuesta franca, abierta y sin miedo. Por mi parte, a los 18 años, sabía vagamente que era el poeta de Romancero Gitano y poco más. Un tiempo después su nombre comenzó a apoderarse de nuestra cultura. Yo mismo en 1969 escribí una pequeña biografía.
Pero ha sido Ian Gibson, un dublinés llegado a España en los sesenta del siglo pasado en busca de pájaros que colmaran su pasión por la ornitología, quien se encontró con el fantasma de Federico y quedó seducido literariamente por su figura hasta el punto de dedicar gran parte de su vida y talento de historiador a dilucidar hasta el último detalle los trágicos avatares de su muerte.
Para este escritor, nacionalizado español, Federico es como un aljibe oscuro e inagotable de agua fresca y amarga. En una mañana soleada de domingo en una terraza de Lavapiés ante una cerveza Gibson dice:
“Hace unos seis meses empecé a sentir la necesidad imperiosa de poner al día mi libro El asesinato de García Lorca, publicado en 1971 por Ruedo Ibérico, en París. Aunque tuvo varias ediciones españolas tras la muerte de Franco, no pude revisarlo a fondo. No podía dejarlo así. Repasar todo el material original, y releer lo aparecido desde entonces, que es copioso, ha sido una tarea ardua, pero creo que ha valido la pena. Ediciones B sacará el libro en abril. Sobre todo he tenido en cuenta la obra fundamental de Eduardo Molina Fajardo, por desgracia póstuma, Los últimos días de García Lorca (1983). Como falangista y periodista muy conocido en Granada, Molina pudo entrevistar, y a veces grabar, a muchísimas personas que jamás habrían hablado conmigo, y consultar archivos fuera de mi alcance. He incorporado numerosos datos procedentes de su trabajo —siempre, por supuesto, con la correspondiente atribución—, también datos relevantes aportados por otros investigadores. Y le doy un repaso a todas las teorías sobre el último paradero de los restos del poeta, así como a las distintas búsquedas al respecto, hasta ahora infructuosas. Sigo pensando que está en Alfacar, muy cerca de donde me señaló en 1966 quien juraba haber enterrado el cadáver”.
Es simplemente atroz que más de 115.000 desaparecidos en la Guerra Civil estén todavía en las cunetas. “Es una indecencia —afirma Gibson— que Rajoy encima se haya jactado públicamente de no haber gastado un euro en la Memoria Histórica. Es una vil calumnia mantener, como hace el PP, que exhumar es reabrir heridas cuando se trata de lo contrario, de cerrarlas”. Como en cualquier crimen el sumario no se cierra del todo mientras no se encuentre el cadáver de la víctima.
Se habla ahora de trasladar de una vez el archivo de la Fundación García Lorca desde la Residencia de Estudiantes a Granada cuando Federico en su ciudad es una herida que no ha dejado de sangrar y muchos pronuncian su nombre todavía en voz baja. No obstante, estén donde estén, sobre sus miles de documentos digitalizados desde cualquier lugar, abriéndose paso entre Hitler y el sexo, el ratón podrá explayarse a su aire.
TOMADO DE:  https://elpais.com/cultura/2018/01/05/actualidad/1515154511_992525.html