viernes, 23 de marzo de 2018

La forja recobrada de García Lorca

LITERATURA

El poeta granadino durante su estancia en Estados Unidos en 1931 EM
El Instituto Cervantes emprende el proyecto de recuperar la obra dispersa e inédita del escritor Arturo Barea, una de las figuras principales de la literatura del exilio, con un ensayo sobre el poeta granadino nunca antes publicado en España
Es hora de Barea. De Arturo Barea. De recobrar o descubrir el pulso de un escritor que es también parte de la conciencia traspapelada de un país partido en dos cuando la Guerra Civil. Barea escribió del bando democrático, del lado de la República. Y levantó una de las cumbres de la memoria vencida de la guerra: La forja de un rebelde, que antes se publicó en el extranjero y en plena Segunda Guerra Mundial. Todo un récord de extravagancia. Como Chaves Nogales acabó refugiado en Inglaterra, y desde allí continuó apuntalando su obra (en España sólo se publicó un libro suyo en vida, el primero, Valor y miedo, 1938). Buena parte de su escritura fue borrada del canon oficial, hurtada y víctima del musgo de la desidia.
Extremeño de 1897, le dieron sepultura en Faringdon el 24 de diciembre de 1957. Más de la mitad de su obra la trabajó en el país de exilio, con su mujer de cómplice y bujía. Escribiendo aquí y allá. Haciéndose sitio en la radio, la BBC, con el seudónimo de Juan de Castilla. Y dictando conferencias que trabajaba con un rigor picapedrero. De entre tantos papeles queda mucho inédito en España. Barea tuvo un éxito fuera que aquí no ha llegado. Aún queda mucho por descubrir qué hizo y en ese empeño está el Instituto Cervantes, que inaugura la colección Los Galeotes con un volumen revelador: Lorca, el poeta y su pueblo, ahora con prólogo de Ian Gibson y al cuidado del poeta Juan Marqués.
De este texto audaz tuvo la culpa el éxito de La forja de un rebelde en Inglaterra. A Barea le cayeron algunos encargos y, entre esos, una conferencia sobre el poeta de Granada. Su asesinato fue noticia mundial. Y Barea triunfó hasta extender la conferencia a 174 folios que despliegan un ensayo de primera calidad sobre la figura y legado del autor de Romancero gitano. El novelista estudió la relación de Lorca con el pueblo, con la muerte, con el sexo y con su arte. O sea, disección el Lorca total y despertó el apetito por su poesía. «Se trata de un libro con la misión de poner a una minoría de británicos en contacto con las raíces de la obra de un inmenso poeta español asesinado por los enemigos de la democracia en Granada», explica Gibson. «Barea no sólo cumplió con creces su cometido, sino que su trabajo sirve como invitación a todos los que aman la literatura, españoles incluidos, a emprender la aventuras de profundizar en el mundo de uno de los genios poéticos más asombrosos jamás nacidos en este país. O en cualquier rincón del universo».
Aquí no sólo se insiste en el poderoso voltaje de la escritura del poeta, sino que demuestra cómo la poesía de los necesarios es extraordinariamente de todos. Barea habla de raíces y alas. De pueblo y de sueño. De pulsión y de rabia. De daño y de bosques. De risa y amores. De la explosión de las bombas. Es un Lorca propio y suyo: temperamental y telúrico, pero también frágil y niño. Y de él dice esto: «Hacia 1898 España lo había perdido todo. El poeta de esta juventud más joven iba a ser Federico García Lorca, en cuya poesía apenas ocurre la palabra España y que nunca intervino en lucha alguna social o política; pero que fue un recipiente y un transmisor tan sensitivo de las emociones españolas que su obra adquirió una vida propia, después de su asesinato».
Entre los muchos méritos de esta edición, más allá del rescate de un autor que urge ser recobrado, está descubrir cómo alguien tan a lo lejos de aquella España de carbonilla interpretaba con calentura al poeta. Cómo entra a saco y con acierto en la interpretación de los símbolos lorquianos. Pero también como escurre el signo de su homosexualidad, dejando veladuras pero escapando de decirlo. Algo que es síntoma de época. Pero en lo esencial Barea no falló la diana: «Las fuerzas emocionales que él generó pasaron a formar parte, aún sin forma concreta, del vago movimiento revolucionario de España, aunque esta no fuera su intención. Y así tenía que ser inevitable, a mi juicio, que fuera asesinado por la sombría brutalidad del fascismo y que su obra se convirtiera en una bandera. De este Lorca es del que quiero hablar». Y lo hizo. Y ahora lo sabemos. Pues este texto se publicó en 1957 en Argentina, editorial Losada, y nunca más se supo de él en español. Ni en España. Pero Lorca no acaba nunca: «Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,/ con una forma clara que tuvo ruiseñores».
  1. Mario Vargas Llosa: "¿Pero conoce usted algún liberal español?"
  2. Memorias de hambre y dolor
  3. La gran familia de los Premios Loewe
TOMADO DE:  http://www.elmundo.es/cultura/literatura/2018/03/21/5ab163c622601d743b8b4688.html

domingo, 18 de marzo de 2018


Lenin, el machista y reprimido sexual sin amigos que vivió de su madre hasta los 40 años

En pleno aniversario de la Revolución de Octubre (1917) analizamos el lado más personal del líder soviético. Un abogado que vivió durante años gracias al dinero y la comida que le enviaba su progenitora y que, a pesar de estar rodeado siempre de mujeres (no se fiaba de sus adversarios políticos) siempre fue algo retraído en lo que se refiere a las relaciones íntimas


Actualizado:Un político decidido que ayudó a poner en jaque al gobierno zarista. A día de hoy, la imagen que ha prevalecido de Vladimir Ilich Uliánov (más conocido por Lenin, su nombre de guerra) es la de un mito con barba de chivo. Un icono para el pueblo soviético (primero), y ruso (después). Sin embargo, el líder comunista tuvo también una cara privada que suele pasarse por alto en los libros de Historia. Ejemplo de ello es que, a nivel personal, dejó su libido a un lado en favor de la Revolución y, a pesar de que se rodeaba de «compañeras», jamás creyó en la liberación sexual de la mujer.
Pero no solo eso, sino que este mito de la URSS también vivió una buena parte de su adultez a costa de su madre (a quien desangró económicamente) y, según una nueva biografía sobre su persona, carecía de amistades masculinas debido a que solía cambiar drásticamente de opinión.
Este Lenin más escondido (el menos conocido por la sociedad) es hoy noticia debido a que, en pleno 2017 como estamos, Rusia celebra el centenario de la Revolución de 1917. Un año en que los rusos se alzaron para derrocar al zar Nicolás II en un movimiento que costó más de un millar de muertos al país. En base a todo ello, queremos recordar la otra cara de este curioso personaje.

«Envíame todo el dinero que puedas»

La figura del Lenin anterior a la Revolución jamás estuvo ligada a la bonanza económica. Más bien todo lo contrario. Tal y como afirma la popular historiadora Diane Ducret en su obra «Las mujeres de los dictadores», cuando nuestro protagonista no superaba las 24 primaveras era un abogado afincado en San Petesburgo que apenas tenía clientela suficiente como para pagar un plato de comida. Por entonces, la frase que más solía repetir en las cartas que enviaba a su progenitora era la siguiente: «He superado mi presupuesto, y no espero poder salir de apuros por mis propios medios. Si es posible, mándame unos 100 rublos más».
Ella jamás dudó en lo referente al «cash» si era su pequeño quien se lo pedía. Para María Aleksándrovna el futuro líder revolucionario era el niño de sus ojos. Por él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Y no era raro pues, al fin y al cabo no quedaba otro hombre en la familia (pues tanto su padre como su hermano mayor habían fallecido).
María Aleksándrovna demostró el apoyo incondicional a su hijo cuando vendió la vivienda familiar en la que había visto nacer a sus pequeños allá por 1887. Una medida que tomó para conseguir dinero con el que comprar una granja por 7.500 rublos. El mismo lugar en el que esperaba que Lenin se ganase un porvenir a golpe de azadón y trabajo duro. Sin embargo, su joven hijo tenía otros planes. «Mamá quería que me ocupase de los trabajos del campo. Lo intenté, pero aquello no funcionaba», dijo posteriormente el revolucionario. Por el contrario, cuando el calendario marcaba 1895, Vladimir abandonó todo y se marchó a vivir a Europa. ¿Cómo se costeó los gastos? Simple: con la pensión de su madre.
Lenin, en su juventud
Lenin, en su juventud- Wikimedia
Durante aquel viaje no fue extraño que enviase misivas a su madre pidiéndole dinero para poder sufragar sus gastos. Entre otros, caprichos como comprar libros. «Con gran susto veo que sigo teniendo dificultades financieras. El placer de comprar libros es tan grande que el dinero se va como el agua. Me veo obligado una vez más a pedir ayuda: si es posible, mándame 50 o 100 rublos», escribió en una ocasión. Y es que, el futuro líder rojo devoraba realmente los textos de los grandes filósofos rusos.
Por entonces Lenin ya había hecho sus pinitos en lo que política se refiere. Y no se sentía atraído precisamente por los mandamientos de los zares. Por ello -y porque se había dedicado a visitar a multitud de personalidades revolucionarias en su viaje a través de Europa- fue detenido poco después de regresar a su hogar, allá por septiembre de 1895.
Poco después de pisar la tierra que le había visto nacer, tuvo que ver como le encarcelaban de forma preventiva mientras esperaba juicio. Durante ese tiempo, su madre y su hermana mayor (Anna) volvieron a demostrar por enésima vez que Vladimir era el niño de sus ojos al enviarle multitud de trajes, ropa blanca, mantas o chalecos de lana.
Lenin9, junto a su esposa en 1922
Lenin9, junto a su esposa en 1922- ABC
Tampoco le faltó la comida a Lenin. Al fin y al cabo, se la llevaba habitualmente mamá Aleksándrovna. Así lo dejó claro el futuro líder en varias cartas: «Tengo una reserva de víveres, podría abrir por ejemplo un comercio de té». El hombre de la barba de chivo habló incluso, con cierto desprecio de los alimentos que recibía de su familia. Algo que dejó claro a su hermana en una misiva: «Pan como muy poco, intento seguir una dieta. Y tú me has traído tal cantidad que necesitaré una semana para acabarlo». Otro tanto sucedía con los trajes antes mencionados: «No me envíes más ropa blanca, no se donde ponerla», señalaba.
Tanto Ducret como Danilkin (autor de una nueva biografía sobre Lenin y entrevistado por el medio internacional «Russia Today» hace apenas unas jornadas) son partidarios de que María y Anna fomentaron en Lenin una actitud negativa con respecto a las mujeres. La autora belga es la más específica con respecto a esta idea, tal y como determina en su obra: «Este apoyo femenino del cual se vio rodeado le parecía tan habitual y obvio que los esfuerzos de quienes le mimaban apenas merecían su gratitud». Se convirtió, en definitiva, en un «niño mimado» a pesar de que, como señala el autor ruso, jamás conoció la bonanza económica.

Un reprimido sexual

Después de casi un año en prisión, Lenin fue juzgado y deportado a Siberia en 1887. Allí pasó tres años que no fueron del todo malos, pues los sufrió junto a una de sus admiradoras: Nadejda Krupskaia. Una mujer que -a pesar del frío y las malas condiciones- decidió pasar con el líder revolucionario su exilio. Ambos se casaron en el verano de ese mismo año. Sin embargo, la explosión de amor que vivieron en primera instancia no duró demasiado y terminó transformándose rápidamente en complicidad y cariño. Así lo afirma la belga en su obra: «Muy pronto el deseo se desvaneció. Lenin pareció dejar su libido a un lado durante varios años, pues prefería invertir su energía en la tarea revolucionaria».
En palabras de la experta, Nadia vivió entonces una situación difícil en lo que respecta a su feminidad. Un sentimiento que se acrecentó cuando supo que, por un problema médico, tendría serias dificultades para dar un hijo a su esposo.
«Siberia acabó con su vida íntima [la de ambos], pero a cambio les dio una complicidad que duraría hasta la muerte. A partir de entonces, Vladimir jamás podría separarse ni un solo día de ella», añade la historiadora. En lo que a sexualidad se refiere, la vida entre ambos no mejoró después de la liberación de Lenin. Y es que, ni en Zúrich primero, ni en París después, pasaron mucho tiempo a solas. Por el contrario, el revolucionario prefería dedicar las horas que podría haber invertido en sus relaciones íntimas, a la Revolución.
Vladimir Ilich Lenin con Sverdlov
Vladimir Ilich Lenin con Sverdlov- ABC
La misma Nadia así lo dejó escrito en multitud de cartas, como bien recoge la historiadora en su obra: «Para encontrar un momento de intimidad y estar a solas con él, Nadia no tenía más remedio que arrastrar a Lenin hasta el Jardín público de la esquina». La mujer, en sus misivas, tampoco escondió su frustración y el aburrimiento que -en ocasiones- sentía al estar con su esposo: «Por la noche no sabíamos como matar el tiempo. No teníamos ningunas ganas de quedarnos en nuestra habitación fría e incómoda, y salíamos todas las noches al cine y al teatro».
Su posterior viaje a Francia no modificó nada la situación. De hecho, en él quedó claro que Lenin no había cambiado ni un ápice en ningún ámbito de su vida. Ejemplo de ello es que (aunque por entonces ganaba algo de dinero escribiendo artículos), en diciembre de 1908 volvió a pedir dinero a su madre para alquilar una vivienda de la que se había encaprichado en París. Más y más monedas a pesar de que ya casi rozaba las cuatro décadas de vida.
En los meses posteriores, además, recibió multitud de paquetes de su madre. En ellos, María le envió desde tocino, hasta pescado ahumado, jamón o mostaza. «Golosinas», como señala Ducret, para que a su pequeño no le faltase absolutamente de nada.

El extraño trío

Por si aquella fuese una situación poco extraña para Nadia, la esposa de Lenin tuvo que ver como su marido se echaba una amante frente a sus narices durante la estancia de ambos en París. La nueva pareja del revolucionario fue Inessa Armand, una mujer cuatro años menor que él que cautivó instantáneamente a nuestro protagonista. Lo más preocupante es que la mujer que había pasado más de tres años en Siberia junto a Vladimir tuvo que convivir desde ese momento junto a la amante de su esposo.
El historiador español Iñigo Bolinaga afirma en su obra «Breve historia de la Revolución rusa» que Nadia conocía perfectamente la relación de su marido con Inessa. «Armand fue amante de Lenin, con el conocimiento de su esposa. El mito del líder-héroe de moralidad intachable que quiso legar el estalinismo se rompe entonces para dar paso a un hombre lleno de pasiones y debilidades».
Inessa Armand, la amante de Lennin
Inessa Armand, la amante de Lennin- Wikimedia
Desde que conoció a Inessa, Lenin inició una relación con ambas. Nadia, de hecho, llegó a proponerle en varias ocasiones que se fuera con su nueva amante. Sin embargo, el revolucionario se negó, pues siempre consideró a la que oficialmente fue su esposa como un pilar básico de su vida. Al final, parece que los tres se acostumbraron a esta extraña situación.
Ducret llega a tildar al líder revolucionario, a Nadia y a Inessa como un «trío» cuyo pegamento no solo era nuestro protagonista, sino también la buena relación de amistad que mantenían ambas. A ellas, de hecho, les unía el carácter y su pasión por el feminismo. Este raro triángulo amoroso queda perfectamente definido en una carta escrita por la misma Nadia: «Todos queríamos mucho a Inessa, siempre parecía estar de buen humor. Todo parecía más cálido y más vivo cuando ella estaba presente».

«¡Chorradas!» sexuales

Ya con aquellas dos mujeres de la mano, y después de cientos de discursos hablando de revolución e injusticias, Lenin comenzó a ganarse una legión de seguidores a comienzos del siglo XX. Lo curioso es que muchos de ellos eran mujeres que se sentían atraídas, como afirma Ducret, «de forma hipnótica por él». Nuestro protagonista, sabedor de que era como un imán para el sexo opuesto, explotó esta faceta haciéndose pasar por un defensor del feminismo. «No puede haber un verdadero movimiento de masas sin las mujeres», solía señalar. Sin embargo, la realidad es que únicamente apoyaba el levantamiento de las hembras en el trabajo, y no en el ámbito sexual.
«Aunque yo no sea un asceta, esa pretendida “nueva vida sexual” de la juventud me parece puramente burguesa»
La autora llega incluso a afirmar que su forma de actuar da a entender que no tenía empatía por el sexo contrario. Así lo demuestran varios comentarios que hizo sobre la liberación sexual de la mujer: «Considero esa superabundancia de teorías sexuales, la mayor parte de las cuales son hipótesis, y a menudo hipótesis arbitrarias, como procedentes de una necesidad personal de justificar ante la moral burguesa la propia vida anormal o hipertrofiada».
No se dejó influir, ni quiera, por las teorías de Freud ni de sus seguidores, como él mismo señaló: «El texto más difundido en este momento es el folleto de un joven camarada de Viena sobre la cuestión sexual. ¡Chorradas! La discusión sobre las hipótesis de Freud le confiere un aire “culto” e incluso científico, pero en el fondo no es más que una vulgar redacción escolar».
A su vez, Lenin se dedicó a cargar contra la idea de la libertad sexual. Y es que, para él, aquello era una mera excusa burguesa para satisfacer los más bajos instintos. «Aunque yo no sea un asceta, esa pretendida “nueva vida sexual” de la juventud —y a veces también de la edad madura— me parece puramente burguesa, como una extensión del burdel burgués. [...] Sin duda conocéis esa famosa teoría según la cual la satisfacción de las necesidades sexuales será, en la sociedad comunista, tan sencilla vaso de agua ha enloquecido totalmente a nuestra juventud».
a mujer de Lenin, Krupskaia (segunda a la izquierda), junto al cadáver de su marido.
La mujer de Lenin, Krupskaia (segunda a la izquierda), junto al cadáver de su marido.- ABC
El líder revolucionario llegó, incluso, a señalar que las mujeres no podían aspirar a una liberación sexual debido a que no contaban con «conocimientos profundos y variados sobre el tema». A Clara Zetkin, una popular teórica del feminismo, le espetó que jamás había conocido a una hembra capaz de leer «El Capital», consultar un horario de trenes o jugar al ajedrez. Así lo afirma, al menos, la autora en su obra «Las mujeres de los dictadores».
Sin embargo, y a pesar de todo ello, Lenin solía estar rodeado siempre de mujeres. Al parecer, porque se fiaba más de ellas que de los hombres. Así lo afirmaba Danilkin a «Russia Today» hace apenas unas jornadas: «Era un polemista. Daba mucha importancia a los matices, a las pequeñas diferencias. Por eso su entorno le detestaba. Era un compañero poco fiable. Por ejemplo, cuando era presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, en una sesión podía apoyar un punto de vista, pero cambiar de opinión con facilidad poco después. Se puede decir que no tenía amigos. Sin embargo, esto quedó compensado con una gran cantidad de amistades femeninas».

lunes, 5 de marzo de 2018

Murió José Triana, el último clásico de los dramaturgos cubanos


José "Pepe" Triana, dramaturgo cubano fallecido a los 81 años de edad en París, el domingo 4 de marzo de 2018, lee poesía en Miami.(Foto Archivo, Cortesía J. Gálvez)
José "Pepe" Triana (Hatuey, Camagüey, 1931-París 2018), fue autor de la conocida obra teatral "La Noche de los Asesinos" (Premio Casa de las Américas, 1965), se exilió en Francia en 1980.
“Sin patria, pero sin amo”, así murió treinta y ocho años después de salir de Cuba el dramaturgo y poeta José “Pepe” Triana la noche de este domingo, según informó a Martí Noticias su amigo el novelista William Navarrete. Tenía 87 años.
Triana (Hatuey, Cuba 1931), a quien se consideraba un clásico vivo de la dramaturgia cubana, arrastró desde finales los años 60 del siglo XX, lo que persigue a los creadores que han llegado al pináculo de su carrera. “La noche de los asesinos”, obra teatral ganadora del premio Casa de las Américas, 1965 lo siguió marcando como el mayor logro a superar.
José "Pepe" Triana.
José "Pepe" Triana.
“La noche…”, una obra en dos actos que cuenta la historia de los tres hermanos -Cuca, Beba y Lalo- repasa los recuerdos de infancia de una familia que se ha fracturado entre la educación férrea y conservadora y los nuevos giros que ha dado la sociedad cubana. Triana se adelanta en lo que vendrá para la familia, sacando a flote las heridas que cada uno va tirando de la trama.

Aunque nació en Camagüey, sus padres se mudaron a la oriental ciudad de Bayamo, desde allí José Triana se fue a estudiar Filosofía y Letras para graduarse en la Universidad de Oriente.
Como un peregrino e intranquilo ser humano que ha salido de sus propias obras, Pepe se embarca en un viaje hacia Miami y Nueva York para quedarse a residir en Madrid en 1955, ciudad en la que se lanza de lleno como colaborador de los directores Aitor de Goiricelaya y José Moraleda, y actúa en obras de estos dramaturgos. Allí escribe la pieza El Mayor General hablará de Teogonía y el poemario De la madera del sueño.

Una utopía que termina en escape definitivo

Al triunfar la idea de proyecto social de Fidel Castro en 1959 Triana regresa y entiende que ha comenzado un proceso donde las contradicciones entre “vencidos” y “vencedores” –esas categorías que tanto gustan a las mayorías que aplauden-, y se pone a crear obras tan polémicas como Medea en el espejo, El Parque de la Fraternidad, La casa ardiendo, La muerte del Ñeque y la galardonada La noche de los asesinos.
La etapa de desencanto de Triana con la política cultural de la revolución cubana está sazonada por eventos como la Declaración de principios del primer Seminario Nacional de Teatro, las premiaciones de las obras “El justo tiempo humano”, "Fuera del juego", de Heberto padilla" y “Los Siete contra Tebas”, ambas premiadas en el concurso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de 1968, y en la que Triana fue jurado de ésta última.
A finales de ese inquietamente creativo 1968, el director cubano Rubén Vigón lleva a escena El Mayor General hablará de Teogonía, pero la obra muere después de la primera puesta y es suspendida definitivamente por las autoridades cubanas.
Nadie mejor que el crítico y estudioso de la escena en Cuba, Rine Leal, para diseccionar la estética de Triana desde su joya insigne, “La Noche…”:
“La pieza es la tragedia de la purificación, realizada a modo de exorcismo mental y regida por la sangre. Es teatro llevado a sus últimas consecuencias, a una depuración total de elementos, donde solo tres actores incorporan varios personajes, y el escenario único se transforma, por medio del simple juego teatral, en varios lugares de acción. Es una de las obras más complejas y profundas que ha dado nuestra escena, un alarido de liberación y al mismo tiempo una lección de universalización de temas y tratamiento. La noche de los asesinos es cubana sin referencias directas, y sus elementos dramáticos están tratados con tanta imaginación, brillantez y poder teatral, que es probablemente la obra más universal que hayamos producido en 400 años de teatro”.

El exilio como explosión creativa

Es difícil separar a los sucesos del Mariel en 1980 –la huida de la isla de más de 125 mil cubanos inconformes- de cualquier aspecto de la realidad en el país.
Triana se fue a París ese año de 1980 con su esposa Chantal Dumaine, y de ahí en adelante sus obras gozarán de una riada de puestas, publicaciones y la atención de instituciones académicas.
La emisora France Culture, en 1984, realiza una lectura dramatizada de Paroles communes (Palabras comunes, traducción francesa de Carlos Semprún), con la actriz Judith Magre. Al año siguiente, José Triana dirige una lectura pública de Revolico en el Campo de Marte en el Festival de Teatro de Sitges (Barcelona). En 1986, la Royal Shakespeare Company estrena Worlds Apart (Palabras comunes, traducción de Kate Littlewood, adaptación de Peter Whelan, dirección de Nick Hamm) en el teatro de Stratford-upon-Avon.
El novelista William Navarrete (izq.) junto al dramaturgo José Triana.
El novelista William Navarrete (izq.) junto al dramaturgo José Triana.
Su obra poética busca los caminos que no ha encontrado en su expresión dramatúrgica. Pepe se embarcó en la lírica con los poemarios Aproximaciones (Málaga, Plaza de la Marina, 1989) y Cuaderno de familia (Málaga, Dador, 1991.
En Cuba, después de la mítica puesta de “La noche…” en 1966 con Teatro Estudio y Vicente Revuelta al frente, tuvieron que pasar 21 años para que el insistente Julio César Ramírez y su Teatro D’Dos llevaran la historia de Cuca, Beba y Lalo.
Aun así Triana siempre tiraba anclas hacia Cuba. En una entrevista concedida al diario El Nuevo Herald, aseveró que consideraba un “privilegio que sea montado por los belgas, checos, húngaros, españoles, mexicanos, argentinos, aquí en Miami o en Nueva York, pero el centro mío está en Cuba”.

Reacciones a la muerte del dramaturgo

Desde París, el novelista cubano William Navarrete informó a Martí Noticias de la fatídica noticia. El escritor señaló que había recibido la confirmación de la propia esposa de Triana.
Navarrete escibió inmediatamente en su cuenta de Facebook: “Acaba de fallecer en París hace apenas una hora el escritor cubano José Triana. Gran amigo y vecino que extrañaré mucho. Tenía 87 años. Mis condolencias para su esposa Chantal Dumaine y sus hermanas Gladys y Lyda. "Pepe", como todos le llamábamos, era el último gran dramaturgo cubano de su generación”.
En Miami, el poeta y promotor cultural Joaquín Gálvez lamentó la pérdida para la cultura cubana. Gálvez, quien por varios años animó la tertulia La Otra Esquina de las Palabras, en Café Demetrio, de Coral Gables; recibió allí al dramaturgo cubano y escribió al respecto:
“Siempre recordaré aquella memorable presentación de su libro “Poesía completa” en La Otra Esquina de las Palabras, el 16 de enero de 2012, junto a su amiga la poeta Magali Alabau, donde hizo gala de su ser espontáneo con la alegría y profundidad que lo caracterizaban”, indicó Joaquín.
De izq. a der., Joaquín Gálvez, José Triana, Magali Alabau y José Prats Sariol, en Miami, 2012.
De izq. a der., Joaquín Gálvez, José Triana, Magali Alabau y José Prats Sariol, en Miami, 2012.
También el periodista Wilfredo Cancio Isla, hoy Director de Noticias de Radio Martí, reseñó el acontecimiento bajo el título “Falleció José Triana, el mítico autor de La Noche de los Asesinos”.
“Imágenes escritas en el viento que aún sobreviven en una memoria teatral en fuga. El mito que prevalece: una puesta en escena que movilizó al público habanero y a miles de asistentes al Festival Internacional de Teatro de 1966 y se llevó el Premio Gallo de Oro. Dos elencos para no olvidar: los experimentados Vicente Revuelta, Miriam Acevedo y Ada Nocceti, y los entonces jóvenes Adolfo Llauradó, Ingrid González y Flora Lauten”, refirió Cancio.
A José Triana le sobreviven sus hermanas Gladys, pintora residente en Nueva York, y Lyda Triana, en Madrid.
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    Luis Felipe Rojas

    Luis Felipe Rojas Rosabal, 1971. Narrador, poeta y realizador audiovisual. Tiene publicados -entre otros- los poemarios Para dar de comer al perro de pelea (2013) y Máquina para borrar humanidades (2015). Conduce el programa Contacto Cuba, de Radio Martí. Periodista dedicado al tema de los Derechos Humanos, ha recibido seminarios de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Lector voraz, amante del running, las artes plásticas y la música alternativa. Es autor del blog Cruzar las alambradas . Siga a Luis Felipe Rojas en @alambradas.

 

TOMADO DE:  https://www.martinoticias.com/a/muere-jose-triana-dramaturgo-clasico-teatro-cuba/163475.html