viernes, 23 de marzo de 2018

La forja recobrada de García Lorca

LITERATURA

El poeta granadino durante su estancia en Estados Unidos en 1931 EM
El Instituto Cervantes emprende el proyecto de recuperar la obra dispersa e inédita del escritor Arturo Barea, una de las figuras principales de la literatura del exilio, con un ensayo sobre el poeta granadino nunca antes publicado en España
Es hora de Barea. De Arturo Barea. De recobrar o descubrir el pulso de un escritor que es también parte de la conciencia traspapelada de un país partido en dos cuando la Guerra Civil. Barea escribió del bando democrático, del lado de la República. Y levantó una de las cumbres de la memoria vencida de la guerra: La forja de un rebelde, que antes se publicó en el extranjero y en plena Segunda Guerra Mundial. Todo un récord de extravagancia. Como Chaves Nogales acabó refugiado en Inglaterra, y desde allí continuó apuntalando su obra (en España sólo se publicó un libro suyo en vida, el primero, Valor y miedo, 1938). Buena parte de su escritura fue borrada del canon oficial, hurtada y víctima del musgo de la desidia.
Extremeño de 1897, le dieron sepultura en Faringdon el 24 de diciembre de 1957. Más de la mitad de su obra la trabajó en el país de exilio, con su mujer de cómplice y bujía. Escribiendo aquí y allá. Haciéndose sitio en la radio, la BBC, con el seudónimo de Juan de Castilla. Y dictando conferencias que trabajaba con un rigor picapedrero. De entre tantos papeles queda mucho inédito en España. Barea tuvo un éxito fuera que aquí no ha llegado. Aún queda mucho por descubrir qué hizo y en ese empeño está el Instituto Cervantes, que inaugura la colección Los Galeotes con un volumen revelador: Lorca, el poeta y su pueblo, ahora con prólogo de Ian Gibson y al cuidado del poeta Juan Marqués.
De este texto audaz tuvo la culpa el éxito de La forja de un rebelde en Inglaterra. A Barea le cayeron algunos encargos y, entre esos, una conferencia sobre el poeta de Granada. Su asesinato fue noticia mundial. Y Barea triunfó hasta extender la conferencia a 174 folios que despliegan un ensayo de primera calidad sobre la figura y legado del autor de Romancero gitano. El novelista estudió la relación de Lorca con el pueblo, con la muerte, con el sexo y con su arte. O sea, disección el Lorca total y despertó el apetito por su poesía. «Se trata de un libro con la misión de poner a una minoría de británicos en contacto con las raíces de la obra de un inmenso poeta español asesinado por los enemigos de la democracia en Granada», explica Gibson. «Barea no sólo cumplió con creces su cometido, sino que su trabajo sirve como invitación a todos los que aman la literatura, españoles incluidos, a emprender la aventuras de profundizar en el mundo de uno de los genios poéticos más asombrosos jamás nacidos en este país. O en cualquier rincón del universo».
Aquí no sólo se insiste en el poderoso voltaje de la escritura del poeta, sino que demuestra cómo la poesía de los necesarios es extraordinariamente de todos. Barea habla de raíces y alas. De pueblo y de sueño. De pulsión y de rabia. De daño y de bosques. De risa y amores. De la explosión de las bombas. Es un Lorca propio y suyo: temperamental y telúrico, pero también frágil y niño. Y de él dice esto: «Hacia 1898 España lo había perdido todo. El poeta de esta juventud más joven iba a ser Federico García Lorca, en cuya poesía apenas ocurre la palabra España y que nunca intervino en lucha alguna social o política; pero que fue un recipiente y un transmisor tan sensitivo de las emociones españolas que su obra adquirió una vida propia, después de su asesinato».
Entre los muchos méritos de esta edición, más allá del rescate de un autor que urge ser recobrado, está descubrir cómo alguien tan a lo lejos de aquella España de carbonilla interpretaba con calentura al poeta. Cómo entra a saco y con acierto en la interpretación de los símbolos lorquianos. Pero también como escurre el signo de su homosexualidad, dejando veladuras pero escapando de decirlo. Algo que es síntoma de época. Pero en lo esencial Barea no falló la diana: «Las fuerzas emocionales que él generó pasaron a formar parte, aún sin forma concreta, del vago movimiento revolucionario de España, aunque esta no fuera su intención. Y así tenía que ser inevitable, a mi juicio, que fuera asesinado por la sombría brutalidad del fascismo y que su obra se convirtiera en una bandera. De este Lorca es del que quiero hablar». Y lo hizo. Y ahora lo sabemos. Pues este texto se publicó en 1957 en Argentina, editorial Losada, y nunca más se supo de él en español. Ni en España. Pero Lorca no acaba nunca: «Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,/ con una forma clara que tuvo ruiseñores».
  1. Mario Vargas Llosa: "¿Pero conoce usted algún liberal español?"
  2. Memorias de hambre y dolor
  3. La gran familia de los Premios Loewe
TOMADO DE:  http://www.elmundo.es/cultura/literatura/2018/03/21/5ab163c622601d743b8b4688.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario