lunes, 18 de noviembre de 2019


La Esfera de Papel
Literatura

El día en que odiaron a Marcel Proust: viejo, esnob y de derechas


Thierry Laget escribe la historia del motín contra A la sombra de las muchachas en flor, criticada por ser la obra decadente, vana e incomprensible de un escritor vampiresco

Marcel Proust en 1900.
¿Cuánto hace que leímos En busca del tiempo perdido? ¿Cinco años, 15 años, 30 años? ¿Encontraremos alguna vez el momento de releerlo como nos prometimos entonces? Mientras buscan su tiempo, los lectores de Proust se conforman con coleccionar réplicas que mantengan viva la añoranza. Proust y España, Proust enamorado, Proust y la música, Proust y sus editores... Son algunos de los asuntos que han alimentado libros y ciclos durante los últimos años. Ahora, podemos sumar un tema más para la colección: Proust y la gente que odiaba a Proust. Los interesados pueden buscar en Proust, Premio Goncourt. Un motín literario, el libro de Thierry Laget que acaba de publicar Ediciones del Subsuelo.
Un resumen: en 1913, Por el camino de Swann fue candidato al premio Goncourt y sacó un voto. Luego llegó la guerra y luego, el Goncourt de diciembre 1919 (hace ahora un siglo), que tenía un favorito claro: Las cruces de madera, de Roland Dorgelès, era un conmovedor relato de trincheras, patriótico y noble. Tenía al público de su lado. Pero A la sombra de las muchachas en flor se coló en la fiesta, le quitó el premio a Dorgelès y media Francia enfureció. «Premian al viejo», escribió Louis Aragon: «Nunca imaginamos que un snob laborioso fuera a recibir ese premio».
¿Qué se le reprochaba a Proust? Todo. Se le reprochaba que escribiera mal, que escribiera sobre un mundo de refinamientos y naderías cuando Francia aún lloraba a sus muertos, que fuera rico y que fuera viejo (tenía 48 años). También se le reprochaba que le gustasen los hombres y le cargaban los pecados del jurado del Goncourt, en el que, es cierto, había algún personaje sospechoso.
La conclusión era sorprendente: Proust era el escritor de la derecha, representante de unos privilegios insoportables cuando Francia compartía el sufrimiento de la guerra.
¿Proust de derechas? El único recuerdo de política que queda de En busca del tiempo perdido es el caso Dreyfus, en el que Proust se alineaba con los progresistas. «En 1919, Proust era un desconocido; pocas personas sabían que había sido un ferviente dreyfusard. Como escribía en Le Figaro, que era el periódico de la burguesía conservadora, y como su principal apoyo para el premio fue Léon Daudet, que era editorialista de L'Action française, un diario monárquico, la gente imaginó que compartía esas ideas. Además, en su novela se vio la obra de un nostálgico del mundo aristocrático. Y, como su adversario estaba cercano a los socialistas, se inventó una especie de antagonismo político entre ellos: si Dorgelès era la izquierda, Proust sólo podía ser de derechas. La verdad es que Proust iba mucho más allá de estas oposiciones: describe un mundo entero en su complejidad y riqueza. ¿Dante, Cervantes, Shakespeare son de derechas o de izquierdas? ¿Tiene sentido esta pregunta para obras que abarcan siglos y dan testimonio de lo que es más profundo en la experiencia humana?».
Quién habla es Thierry Laget, el autor de Proust, Premio Goncourt. Un motín literario. Y en sus palabras deja caer que el verdadero motivo para desdeñar A la sombra de las muchachas en flor no es la política ni el esnobismo; el verdadero motivo es que el reto de leer a Proust es mucho y no todos están a la altura.
¿Estaba el lector de 1919 preparado para Proust? ¿Había libros que hubieran allanado el camino? «Yo no creo que la lectura de Proust sea difícil, ni en 1919 ni en 2019. Lo difícil es encontrar el tiempo para aprender a caminar al ritmo de la narración. En cuanto tenemos el ritmo correcto todo es extraordinariamente fácil y grato. La única dificultad para los lectores de 1919 era que solo tenían dos de las siete novelas de En busca del tiempo perdido y podía haber confusión ante un libro que parece no tener intriga ni construcción».
¿Entonces, por qué la incomprensión? «¿Era posible entender, en ese momento, la novedad radical de una novela así, que envuelve todo lo real, desde el amor hasta la música, desde la homosexualidad hasta la muerte? La Academia Goncourt supo hacerlo. Pero el propio Proust adivinó las dificultades que tendría que superar. Dijo: 'De vez en cuando, llega un escritor nuevo y original [...] Este nuevo escritor suele ser fatigoso de leer y difícil de entender porque ve las cosas a través de nuevas relaciones'».
Proust es un personaje casi cómico en el libro de Laget. Sus enemigos lo caracterizan como a un vampiro que, en vez de sangre, bebe leche en sus fantasmagóricas salidas nocturnas. Para algunos es tan millonario como un Rotschild; para otros está arruinado y vive patéticamente. Él mismo es ingenuamente vanidoso y se presta al juego con torpeza. Recibe a los peores periodistas de París en su apartamento y queda como un idiota en sus crónicas. «Es cierto que Proust buscó la gloria con una aspiración casi infantil. Pero él era consciente del valor de lo que había escrito y deseaba una recompensa pública por los años de trabajo y soledad. Los actores y los cantantes de ópera saludan al final de la actuación: el público los aplaude. Los escritores no suelen tener ese honor. Y a veces se lo merecen».
Sólo falta preguntar por Dorgelès, el Salieri de esta historia. «Las cruces de madera es una de las novelas francesas más bellas sobre la guerra de 1914. Es el testimonio de un periodista, conmovedor y muy humano, pero no es el trabajo de un escritor que forja su lenguaje. Si no hubiera encontrado a Proust en su camino, habría tenido el Goncourt en 1919 pero no creo que estuviésemos hablando de él ahora».
 TOMADO DE:
 https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/11/18/5dcc378bfdddff36b98b466f.html

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